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Debes
saber sin lugar a duda que en el cuerpo humano se encuentran
dos grandes fuerzas. Ambas quisieran declararse regentes
y dueñas del reino físico y de todo el
ser.
Una
de estas fuerzas es el yo inferior, la otra, el alma
divina. Satán es asistente del yo inferior, mientras
que al alma divina la asiste Dios Todo Misericordioso;
quien logra someter al yo inferior y a Satán,
es superior a los ángeles.
Y
honramos a los hijos de Adán. (C. 17:70)
Una persona en la que el yo inferior y Satán
controlan al alma divina y a la razón vivirá
en este mundo como un animal, o caerá incluso
más bajo que el nivel animal desde el punto de
vista del error y la maldad.
Son
como ganado, no, aún más desviados. (C.7:79)
Cuando el yo inferior ejerce el control, la razón
se convierte en su esclava, hasta que finalmente deja
de merecer el nombre de razón. Aquel que comete
toda clase de perversidades de las que ni las bestias
serían capaces, se aleja de la Verdad, y enfrenta
el desastre en este mundo y el tormento en el Más
Allá. Si alguien puede lograr reformar su yo
inferior, colocándolo bajo el control del alma
divina y el intelecto universal, obtendrá la
auténtica libertad en este mundo transitorio.
Pero si sucede lo contrario, la persona será
para siempre esclava del yo inferior.
La fuerza llamada yo inferior tiene siete niveles. Los
buscadores de la Verdad que desean transformar su yo
inferior para alcanzar el nivel del Ser Humano Perfecto
(al-Insan al-Kamil) proceden por medio de :
La Ley Sagrada (shári'a), el camino místico
(táriqa), la experiencia real (jáqiqa),
la gnósis (márifa), la cardinalidad (qutbíia),
la proximidad (qurbíia) y la calidad de siervo
(ubudíia).
Sus corazones y mentes alcanzan la paz en este mundo,
mientras que en el Más Allá, entran al
Paraíso de las Acciones, el Paraíso de
los Atributos, y el Paraíso de la Esencia, para
ser reyes eternamente y obtener el perdón divino.
Para poder alcanzar la bendición eterna y transformar
el yo inferior, uno debe mantenerse firme y no soltar
la cuerda salvavidas de Al-láh, el sagrado Corán,
seguir la conducta ejemplar del Bienamado de la Verdad,
el noble Mujámmad Mustafá —Al-láh
lo bendiga y le dé paz— y andar el camino
de los verdaderos santos que son los siervos amados
de Al-láh el Todo Glorioso.
Con la limitada razón que nos ha sido dada, es
imposible para nosotros conocer y encontrar al Exaltado
Señor. Podemos imaginar que lo hemos encontrado,
pero entonces el dios que conocemos es nuestra propia
ilusión. Para conocer y encontrar a Al-láh,
Exaltado sea, y estar en la Verdad, debemos seguir el
sagrado Corán, que es nuestro más preciado
regalo de la Verdad Divina; debemos obtener Su aprobación
aceptándolo como Él se da a conocer en
Su libro sagrado; debemos entrar al Paraíso y
contemplar Su belleza.
Los caminos de Al-láh son tan numerosos como
las respiraciones de todas Sus creaturas. Sin embargo,
no es posible alcanzar la unión con Al-láh,
Exaltado sea, sin pasar por la puerta de Mujámmad,
Su Bienamado, y beber el vino del amor de la mano del
Amigo Íntimo de Al-láh.
¡Oh buscador de la Verdad! Hemos dicho que el
yo inferior tiene siete niveles, ahora vamos a explicarlos
para que quien busca la Verdad pueda evaluar su nivel
de logro, y con este entendimiento, evite el ser rebajado
en el mundo eterno, y alejarse de la Verdad.
Los
siete grados del yo
•
El yo dominante (al-nafs al-ammara): Caracteriza a los
incrédulos y disolutos.
• El yo censor (al-nafs al-lawwama): Caracteriza
a los que no se arrepienten.
• El yo inspirador (al-nafs al-muljhima): Caracteriza
a los estudiosos.
• El yo tranquilo (al-nafs al-mutmainna): Caracteriza
a aquellos que practican sinceramente lo que saben.
• El yo contento (al-nafs al-radiyya): Caracteriza
a los Amigos de Al-láh.
• El yo complaciente (al-nafs al-mardiyya): Caracteriza
a los Íntimos de Al-láh.
• El yo puro (al-nafs al-safiyya): El yo o estación
de los nobles Profetas y reverenciados Mensajeros.
EL
YO DOMINADOR
Wa-ma
ubarriu nafsi inna-n-nafsa la-ammaratun bi-s-sui.
Y no estoy libre de culpa ciertamente el alma se inclina
al mal. (C.12:53)
El
yo dominador se empeña en alejarnos de lo bueno,
y de realizar la Verdad. Mientras estamos bajo su control,
nos desvía constantemente hacia la negatividad,
haciéndonos errar. Conduce el corazón
y el alma de su víctima a la más degradante
disipasión. El yo dominador es el yo natural
de los no creyentes, tiranos, hipócritas, y descarriados
de todo tipo. Es el yo de la negatividad, y de quienes
cometen las siguientes transgresiones:
• Sostener que Al-láh no es el único
Dios, que existen dioses aparte de Al-láh (shirk).
• Negarse a reconocer y aceptar la religión
del Islám (kufr).
• Ignorar a Al-láh el Altísimo.
• No prestar atención a Al-láh,
Su Mensajero, Su Libro, los ángeles, la muerte,
la tumba, el Más Allá, la Resurrección,
la Balanza, el Recuento, el Paraíso y el Infierno.
No temer al castigo ni a la recompensa; imaginar que
las ganancias mundanas pueden durar para siempre (qafla).
• Persistir en la perpetración irrestricta
de errores mayores, como el asesinato, el consumo de
alcohol, actividades sexuales ilícitas, la explotación
de los huérfanos, dar falso testimonio o extender
rumores maliciosos.
• Ser arrogante y tener una actitud condescendiente
hacia la demás gente; negarse a aceptar lo que
otros dicen aun cuando sea verdad.
• Ser avaro, codicioso e insaciable.
• Ser miserable y mezquino, sin dar nada a uno
mismo ni a los demás.
• Entregarse al libertinaje, sin detenerse ante
nada para satisfacer los apetitos carnales, sin respetar
el honor ni la virtud.
• Ser propenso al enojo, con o sin causa.
• Ser envidioso, deseando ver a otros privados
de su buena fortuna.
• Guardar rencor, conservando sentimientos de
malicia, pesar o deseo de venganza.
Quienes
transgreden en tales formas, aun si se adhieren al Islám
externamente, su destino es el Infierno. En el niver
del yo dominador, son igual que los no creyentes. Si
declaran lícita cualquiera de las transgresiones
que hemos mencionado, se apartan de la religión
del Islám. Pero si reconocen sus errores, siguen
siendo musulmanes, aunque impíos. Hay que temer
el fin de tal gente. Se distinguen de los incrédulos
en un solo punto, en que profesan la Unidad Divina.
Quien comete dichas transgresiones desagradables para
Al-láh y Su Mensajero, que los Amigos de Dios
detestan, y han sido declaradas ilícitas por
unanimidad entre los hombres de conocimiento, y considerados
horribles por los ángeles y amantes de la Verdad,
pertenece a la estación del yo dominador. Si
se arrepienten y llevan a cabo acciones positivas, si
son firmes, sinceros y constantes en su arrepentimiento,
entonces Al-láh el Altísimo los libera
de la conducta transgresora. En verdad, la continua
Afirmación de la Unidad es el único remedio,
curación y salvación de la aflicción
del yo dominador. Lá ilájha il-Al-láh,
No hay otro Dios más que Al-láh.
Esta afirmación, acompañada de la súplica
contrita y doliente del perdón de Dios, traerá
la salvación en un breve lapso de tiempo.
EL
YO CENSOR
Wa-la
uqsimu bi-n-nafsi-l-lawwamah.
Y llamo para que sea testigo al espíritu de autoreproche
(evita el mal). (C.75:2)
El
yo censor es en ocasiones iluminado espiritualmente.
Puede ser obediente a Al-láh, el Mensajero, el
Libro y la fuerza del alma divina. Puede rebelarse a
veces, pero después lo lamenta. Entonces se pregunta
a sí mismo, reprochándose, "¿Por
qué abandoné mi arrepentimiento y desobedecí
a mi Señor?" Este yo es inherente a aquellos
creyentes que experimentan un sentimiento de culpa cuando
yerran, y que se reprochan sus caídas.
Éstos son los nueve atributos del yo censor:
•
Orgullo santurrón: una actitud condescendiente
y farisaica.
• Disipación: una actitud flagrantemente
indebida.
• Ignorancia: poco conocimiento de la Verdad.
• Somnolencia: una tendencia a dormir demasiado.
• Glotonería: comer y beber en exceso.
• Avaricia: deseo de poseer cualquier cosa en
se posa su ávido ojo.
• Falta de caridad: una conducta cruel y despiadada
hacia sus semejantes.
• Fatuidad: amor extravagante por las ropas.
• Pláticas ociosas: tendencia a pasar el
tiempo en conversaciones frívolas.
Para librarse en estos nueve vicios, es necesario arrepentirse
y ejercitar el autocontrol. Si se falla en hacer esto,
esta vida sólo puede resultar en llanto inútil
y en lamentaciones en el Más Allá.
Según algunos santos, los cuatro atributos del
yo censor son: la insentatez, el disimulo, el orgullo
santurrón y el libertinaje. Consideran que este
yo es muy cercano al yo dominador e igualmente peligroso
para nuestro bienestar espiritual.
Para quienes aflige el yo censor el remedio es el nombre
de la Majestad: Al-láh.
Por lo tanto, la repetición del nombre divino
Al-láh será su práctica y lo recordarán
sin cesar.
EL
YO INSPIRADOR
Fa-alhamaha
fururaha wa-taqwaha.
Y Él le imprimió al yo un sentido del
error y la piedad. (C.1:9)
El
yo inspirador tiene un carácter bendito porque
la Verdad Divina concede el conocimiento a aquellos
que lo alcanzan. Este yo es inherente a los estudiosos
entre los creyentes. Son ocho las propiedades del yo
inspirador:
•
Conociemiento
• Humildad
• Arrepentimiento
• Paciencia
• Gratitud
• Generosidad
• Contentamiento; y
• Fortaleza (perseverancia ante las adversidades).
Cuando
una persona combina todas estas cualidades, el Señor
empapa su corazón en el conocimiento, enseñándole
cosas que nunca conoció. Quien ha alcanzado esta
etapa debe luchar para trascenderla, de lo contrario
será culpable de insinceridad al fallar en actua
sobre el conocimiento que se ha recibido. ¡Oh
Señor, concédeme el actuar con base en
la sinceridad!
La invocación asociada con el yo inspirador es
el pronombre divino Jhú: Ia Jhú ¡Oh
Esencia!
EL
YO TRANQUILO
Quienes
alcanzan este nivel son librados de su naturaleza inferior
y se convierten en creaturas favorecidas, destinadas
al Paraíso. Por eso, bendita sea la cualidad
de este yo que por la buena gracia de Al-láh,
el Exaltado, el corazón es colmado de luz divina.
Su dueño olvida todos los atributos que desagradan
a Dios y comienza a poseer un carácter digno
de ser alabado. El yo tranquilo es inherente a los creyentes
estudiosos que practican lo que saben con absoluta sinceridad.
Estos son los siete atributos de quienes alcanzan este
yo:
•
Acción basada en la sinceridad
• Completa confianza en el Señor
• Alegría pura
• Austeridades
• Adoración
• Gratitud; y
• Contento
Con
la graciosa ayuda de Al-láh el Todopoderoso,
aun este nivel puede ser trascendido. La clave reside
en la inquebrantable sinceridad en todas las acciones.
Uno puede ser clavado al más alto nivel del yo
contento por la invocación constante del nombre
divino de la Verdad: Jhaq.
EL
YO CONTENTO
Irji
ila rabbiki radiyatan
Regresa a tu Señor, contento. (C. 89:28)
Al-láh
el Todo Glorioso se complace en aquellos que alcanzan
el nivel del yo contento, inherente a Sus Amigos Íntimos,
los santos. Estas siete cualidades se manifiestan en
los Santos de Al-láh que alcanzan el estadio
del yo contento:
•
Sinceridad
• Renunciación
• Remembranza
• Abstinencia
• Restricción
• Poderes milagrosos; y
• Austeridad.
El
noble nombre que se invoca en esta estación es
Jhai: El Viviente. No es posible llegar a esta estación
por el propio esfuerzo, sino tan sólo por el
agraciado favor de la Verdad Divina.
EL
YO COMPLACIENTE
Irji
ila rabbiki radiyatan mardiya.
Retorna a tu Señor complacido, complaciente con
Él. (89:28)
En
el sexto nivel, el yo no sólo está contento
con Al-láh sino que también Lo complace
a Él. ¿Puede imaginarse el noble valor
que un siervo posee ante Al-láh, cuando la Verdad
y su siervo se agradan mutuamente? Quienes alcanzan
este grado se convierten en íntimos amigos de
Al-láh y tienen acceso a los secretos divinos.
Los seis atributos del yo complaciente:
•
Renunciación a todo salvo a Al-láh
• Amor hacia las creaturas de Al-láh
• Cercanía con Al-láh
• Contemplación de la obra de Al-láh
• Contentamiento con el destino asignado por Al-láh;
y
• Conocimiento íntimo y verdadero de Al-láh
el Exaltado, como Él merece ser conocido.
Con
la ayuda de Al-láh, aquellos que tienen estas
seis cualidades realmente perfeccionadas pueden elevarse
al nivel del yo puro, en donde comulgan con la Verdad
en cada respiración, y obtienen acceso a la presencia
misma de Al-láh. ¡Oh Señor, por
Tu generosidad y gracia, llévanos también
a esta estación en honor de Tu glorioso nombre
y en honor de Tu Profeta!
El nombre invocado en este nivel es Ia Qaiúm:
¡Oh Autosuficiente!
EL
YO PURO
El
séptimo nivel se llama también el yo perfecto
o el yo justo. El yo puro es un nivel tan exaltado que
aunque la Verdad no está confinada al espacio,
se dice que es "la Estación del Misterio
entre la Esencia y el siervo". La naturaleza y
el carácter de esta estación son tan profundamente
secretos que sería trivial tratar de describirlo.
Quien no ls experimente no puede conocerla, y los que
la han experimentado no pueden decirlo, porque es la
estación de "Dos arcos de distancia",
la estación de los santos Profetas y Mensajeros.
Las seis propiedades del yo puro son:
•
Unicidad Divina
• Esencia
• Alabanza
• Cualidades Divinas
• Consumación; y
• Deleite Supremo.
¡Oh
Al-láh, concédenos que podamos experimentar
los misterios de esta estación! Amén,
en honor de la sangre de Juseín.
El nombre invocado por el alma pura es el noble nombre
de Qahhar: El Triunfante.
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