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Consejos
para estudiantes del sufismo
y derviches principiantes.
Derivado de Hazreti Kushayri (K.S.)
Bismillah-ir- Rahman-ir-Rahim
El principiante que da sus primeros pasos en este camino debe establecer
sinceridad y lealtad consigo mismo igual que para con el Camino. Para
construir su futuro en un fundamento firme, lo primero que tiene que hacer
es limpiar su relación con su Creador de toda duda, descuido y
deformación y basar esta atadura con Dios sobre pruebas firmes,
que son: El Sagrado Qu’ran, la tradición del Profeta (SAWS)
y las enseñanzas de su sheij –además de seguir las
oraciones obligatorias como otros rezos asignados a él con lealtad
y sin fallo-.
El principiante debe dedicarse a su orden particular. Pertenecer al mismo
tiempo a otras sectas que no están en la misma línea de
enseñanza es algo muy feo, especialmente si está hecho con
el propósito de beneficio – también señala
su ignorancia en el camino que intenta seguir -.
El sufí puede decir con toda
razón:
“mi noche se ha convertido en día a través de la luz
de Tu Rostro”.
La noche está oscura en todas partes aparte de donde uno se esfuerza
para conseguir la unión con la Fuente de la Luz.
En toda la historia del Islam ha habido hombres que pretendían
tener conocimiento, muchas veces verdaderos teólogos.
Sin excepción, todos ellos se inclinaron finalmente por respeto,
delante de algún sheij. Incluso los imanes de sectas.
Hazreti Hanbali y Hazreti Shafii (R.A.) se encontraron un día con
Hazreti Sayban Rai, uno de los literatos de los sufíes. En contra
de la protesta de Imán Shafii, Hazreti Hanbali insistía
en probar al Sheij y preguntó:
“¡Oh Sayban Rai!, ¿qué es una cosa lícita
para uno que ha olvidado hacer una de las cinco oraciones diarias y que
también olvidó cuál?
Hazreti Sayban contestó: “¡Oh Ahmed!, este es un corazón
que está al descuido de Dios Todopoderoso. Lo que es lícito
para él es educar este corazón para que no sea desatento
con su Creador.” Hazreti Hanbeli se desmayó.
Así, para el principiante,
la postura más firme es considerar a su sheij la única fuente
para él, la persona más grande entre todos los hombres y
debe estar satisfecho con una evolución lenta. El debe estar agradecido
por cualquier ración de lo desconocido que le llega como su parte.
No debe aspirar a ser igual a otros sufíes. El no debe imaginarse
que, quizás podría recibir de cualquiera, en otra parte,
algo más.
Lo mejor para él es imitar a aquellos que están más
avanzados que él.
El principiante puede tener talento para aprender a través de imitación
o a través del entendimiento de instrucciones y pruebas pero en
ambos casos, la unión con la gente que sigue un sistema particular
es unión con la Verdad.
Si el principiante ha establecido firmemente su fe en Dios entonces es
lícito y necesario para el desarrollar su conocimiento sobre la
sharia, el fundamento de la práctica religiosa. Allí donde
él encuentra diferentes opiniones en estos asuntos debe elegir
lo que pide precaución o abstinencia.
La sharia es para la gente ordinaria cuya fe es débil, mientras
los sufíes no deben tener otra meta que tener y guardar el amor
y consentimiento de su Creador. Un dervish, plenamente desarrollado, si
necesita mirar a las leyes de la sharia para justificar sus acciones,
ha fallado en su promesa con Dios porque debería haber encontrado
la respuesta en su corazón. Es lícito para el principiante
tener un sheij de quien puede aprender los buenos modales y el comportamiento
que son sufismo. No es posible de otra manera. Por esto Hazreti Bayazi
Bistami dijo: “El sheij de aquellos que no tienen sheij es el diablo.”
Sheij Abu Ali Dakkak dice: “Un árbol que no se ha plantado
y cuidado puede crecer y producir hojas pero no llevará fruto.
El novicio que no tiene a un sheij que le enseñe como actuar en
cada momento va a servir al diablo de su ego, carne y deseos.”
El segundo paso en el desarrollo
del principiante es reconocer y pedir perdón a Dios Todopoderoso
por todos sus pecados y errores. Esto debe estar acompañado de
una intención y esfuerzo de abandonar todos sus pecados y errores
que haya cometido, igual si sean grandes o pequeños, igual si sean
pensamientos o actos.
Entonces debe buscar a todos los que han sufrido por sus actos malos,
uno por uno, pedirles perdón y reparar lo que ha mal hecho. Sin
esto no hay progreso.
Lo siguiente debe ser el esfuerzo
de separarse del apego, logros y pasiones relacionadas con este mundo,
porque faragh-i-qalb (retiro del corazón) de las pasiones y pensamientos
de este mundo es una condición de este Camino.
A este nivel, lo primero que hay que abandonar es la preocupación
por la propiedad. Esto es lo que impide a uno llegar a la Verdad. No hay
ningún solo caso en el cual el principiante no ha vuelto atrás
al principio si no ha principalmente abandonado su atracción por
la propiedad.
Para librar al corazón de todo lo mundanal, el principiante tiene
que abandonar la ambición de rango y posición. Esto es un
estorbo terrible en el Camino. No hay esperanza para el desarrollo hasta
que uno no llega a un estado donde las dos cosas, el aprecio y el rechazo
de la gente le dan igual.
La peor cosa que puede pasar al principiante es recibir el aprecio de
la gente porque la gente no posee la sabiduría para reconocer el
verdadero valor en el hombre y están impresionados por aquello
que se exhibe. Esto es un veneno mortal para el novicio.
El principiante que se ha limpiado
de la ambición de propiedad y rango puede ahora establecer su relación
con Dios de una manera sana y puede actuar según su promesa con
Dios y seguir la Voluntad de Dios. Una señal de esto es la plena
confianza del alumno en su sheij, y el no oponerse o hacer objeciones
acerca de lo que diga el sheij. Si esto pasa la principio del camino igual
como otras deficiencias que pueden ocurrir al principio del aprendizaje,
esto señala lo que va a pasar durante el resto de su vida.
Incluso objeciones que se le ocurren en la mente son ilícitas y
más, si uno atribuye cualquier valor a sí mismo en este
mundo o en el próximo o piensa que hay una persona más baja
que él mismo, cualquier diferencia supuesta por el principiante
es insana en el Camino.
Este trabajo no es el de encontrar el valor de uno mismo, este trabajo
es el de encontrar a Dios.
Hay una gran diferencia entre uno que desea alcanzar cualquier estado,
sea en éste o en el otro mundo, y uno que simplemente desea complacer
a Dios.
El novicio debe aprender a guardar
un secreto incluso al botón de su propio abrigo. La única
excepción es su sheij.
Al contrario, si ocultara a su sheij un solo respiro no sería leal
con su maestro. Y si se ha opuesto de cualquier manera a su sheij, lo
tiene que confesar inmediatamente en la presencia del sheij, sometiéndose
a cualquier castigo que le puede estar dado.
Pretender no ver los fallos de sus
dervishes y perdonar sus errores no es correcto para el sheij, porque
esto es como si gastara la Justicia de Dios por el bien de su propio confort.
Tampoco es correcto enseñar al principiante el Dhikr antes de que
el sheij no haya probado al novicio en cuanto a que tenga la suficiente
fuerza para oponerse a la tristeza, pena, enfermedad, pobreza, pérdida
y degradación; que siempre va a aceptar su lote y que no optará
por la salida más fácil, prefiriendo reducir la velocidad,
parar o estar perezosos. El novicio debe prometer esto y dar prueba de
esto antes de ser instruido en el Dhikr.
Retardarse en la ejecución de sus deberes significa que el alumno,
por su pereza, se va a quedar en su nivel actual y no va a avanzar. Parar
es peor que retardar e incluso peor que hacer una pausa, porque parar
significa abandonar el Camino.
Las instrucciones del Dhikr para
el novicio empiezan con la repetición de la palabra sagrada que
le está dada oralmente. El próximo paso es acoplar el corazón
también y más adelante ni la lengua ni el corazón
deben estar preocupados por otra cosa que el Dhikr. Después las
instrucciones físicas de la limpieza y ablución, un estado
que debe ser continuo, no dormir antes de caerse de sueño, disminuir
la consumición de comida poco a poco, estar cada vez menos en contacto
con gente ordinaria, intentar controlar sus pensamientos, excluir pensamientos
bajos y negativos, librar su corazón del apetito de la carne e
imaginación nociva.
Debes saber que, en un principio,
cuando uno se retira de la gente ordinaria, uno apenas puede protegerse
contra la imaginación dañina. Esta imaginación incluso
afecta a la fe y la oración y aumenta en los casos de alumnos que
tienen una fe y devoción fuerte. Shaitan entra en una casa donde
hay un tesoro.
Estas son pruebas que el principiante tiene que pasar y él puede
estar a salvo de ellos por el conocimiento de la sharia y con la guía
de su sheij. Paciencia y continuidad son muy importantes. Además
de seguir los consejos del sheij, leer las ayats del Qu’ran y meditar
sobre ellas ayudará seguro.
Estas imaginaciones dañinas ocurren mucho durante el tiempo de
la oración o meditación. El novicio sabe perfectamente de
que se trata, sin embargo sigue la imaginación llenándole
con tristeza, aumentando hasta los más repugnantes grados que uno
no puede ni verbalizar.
La única salvación es dejar de dar importancia y atención
a estas imaginaciones y pedir a Dios Omnipotente que lo salve a uno de
ellas.
Esto no está producido por shaitan sino por las oposiciones del
propio ego. Por esto si les das la espalda y no les prestas atención,
van a desaparecer.
El novicio no debe abandonar la
fuente de sus enseñanzas que él ha encontrado, y antes de
que su corazón no alcance a su Señor, no debe viajar de
un lado a otro. Esto es un veneno mortal para él.
Alguien que se va, imaginándose que va a encontrar otras fuentes,
nunca va a recibir lo que él espera. Si Él quiere el mal
para un novicio, Él le destierra hacia otros sitios que aquel al
que él pertenece y le devuelve, para estar bajo la influencia de
los deseos de su ego, su viejo camino y estado.
Si el principiante es joven, lo
mejor que puede hacer es servir a los dervishes mayores, y nunca debe
olvidar que él está en el nivel más bajo.
Esto es un trabajo exterior porque todavía no ha llegado el tiempo
para el trabajo interno. Un principiante joven debe estar ocupado físicamente
para estar constantemente cansado. Confort y paz para él le van
a conducir a la aflicción e imaginación.
No se le debe invitar a los encuentros
y conversaciones de los dervishes mayores. Esto es dañino para
él. Si, como una prueba está invitado a uno de estos encuentros,
entonces debe servir, mostrar respeto, evitar objeciones en sus sentimientos,
pensamientos y acciones, lo que puede disgustar al sheij, y únicamente
intentar crear un ambiente confortable para los demás. Pase lo
que pase, nunca debe olvidar que le sheij y los dervishes mayores siempre
tienen razón, y si sus sentimientos son negativos, él siempre
está equivocado, porque este es el sitio donde debe servir a cualquiera
pero nadie le debe algo. No puede hacer objeciones ni discutir. Incluso
si él sabe con seguridad que él tiene razón, debe
callarse. No debe reír abiertamente, no debe ni molestarse ni enfurecerse.
Si no sigue estas leyes, de buen comportamiento, nada bueno le va a llegar.
En esta compañía, su pleno estado debe estar en armonía
incluso interiormente con los dervishes mayores. Si discrepa con los demás,
debe acordarse de Dios Todopoderoso. Él le va a proteger.
Si le ofrecen algo de comer debe tomar un trocito pero nunca debe sentarse
con ellos para llenarse la barriga. Tampoco debe intentar superar a los
demás en su adoración, usando su rosario, recitando el Qu’ran
y haciendo sus oraciones obligatorias. Incluso si esto no fuera exhibicionismo,
si estaría en contra de la meta de los sufíes, que es vaciar
sus corazones y mentes de todo material mundano: reeducar sus modales,
librarse del desatento, seguro no solo de aumentar sus oraciones y buenos
actos.
Según los sufíes, el recuerdo de Dios en el corazón,
hecho en secreto tiene mucho más valor que las oraciones superrogatorias
y recitaciones audibles.
La fuerza del principiante es la
paciencia: aguantar los problemas y penas con buen humor sin importar
de donde y cuando vienen; aceptar todo lo que puede encontrar, incluso
pobreza y hambre; nunca decir, si le viene algo bueno, que esto es demasiado,
ya sea mucho o poco.
El que no pueda hacer esto es mejor
que deje el Camino para irse a la plaza a satisfacer los deseos de su
ego.
El novicio sigue sin fallo las recitaciones
de un número especificado de esmas que su sheij le ha dado y prefiere,
para esto y otras oraciones y meditaciones, el aislamiento.
Si durante estos deberes le ocurre algo especial o si tiene un sueño
extraordinario, no debe prestar atención ni buscar satisfacción
en esto o esperar recibir más de dichos sucesos extraordinarios.
Todo esto se puede convertir en una barrera para el pleno compromiso del
novicio con Dios. La mejor cura es informar a su sheij inmediatamente
de lo sucedido para que el corazón se permanezca claro y limpio
de la arrogancia e imaginación.
Para el sheij es necesario guardar los secretos de los estados extraordinarios
de su alumno y disminuir su valor ante el novicio, porque estas son las
aflicciones y pruebas para el principiante, las cuales tiene que superar
y dejar atrás.
Si el alumno está bastante fuerte para no prestar atención
a esto, estará muy próximo a descubrir la verdad y va a
ver cosas mucho más grandes.
El primer paso para el novicio que
desea entregarse al sufismo es ir con el sheij que le está destinado,
donde quiera que esté; vivir cerca de él y hasta que no
ha llegado su aceptación, no salir de este sitio.
Tampoco se debe olvidar que el propósito es visitar al dueño
de la casa, no a la casa. El verdadero viaje en este sendero es el de
alejarse del propio ego y su bajo yo.
Esto es mejor que mil peregrinaciones a la Ka’ba mientras se olvida
del Dueño de la Ka’ba.
Después de haber sido presentado
al sheij, el principiante debe dar muestra interna y externamente de respeto
y amor para el sheij, y si el sheij le honra dándole una tarea,
debe considerarlo como el regalo más grande.
El novicio debe tener una irrompible fe en que su sheij es sin pecado
y siempre tiene razón. Incluso si observa algo que parece en contra
de las leyes del Sendero o las leyes de la religión, no debe comentarlo
y mezclar así lo correcto y lo incorrecto en su cabeza. En lo que
tiene que preocuparse el novicio no es en las palabras o acciones del
sheij sino en las obligaciones suyas, porque él no es capaz de
ver que relación existe entre el sheij y Al-lah.
Atribuir cualquier buena voluntad o título de sufi al principiante
que todavía está atado a la propiedad o a algo mundanal
es prematuro. Incluso si el novicio desea regalar algo y está pensando
a quién o qué es lo que debe dar, teniendo así un
sentimiento de preferencia en su corazón, está en el error
y a punto de volver al carácter mundanal que él desea abandonar.
¿No es su propósito dejar este mundo atrás?
Verdaderamente, la meta no es reunir buenas obras, la meta es vaciar y
limpiar el corazón.
Resumiendo, tener o no tener le deba dar igual.
La única prueba de la potencialidad
del alumno para conseguir la salvación, paz y bienaventuranza es
la aceptación del corazón de su sheij y el amor de su sheij
hacia él. Si un alumno es rechazado por el corazón del sheij,
verá los resultados tarde o temprano: el amante de Dios no ama
a los que no aman a Dios y a aquellos que no cumplen con sus deberes indicados
por la Ley religiosa.
Uno de los peores desastres que
le puede pasar al novicio es el sentimiento enfermo de envidia y de celos
hacia sus hermanos y hermanas en el Camino. Una especie de tristeza por
no poseer el estado superior de otros que lo ha alcanzado únicamente
por la Gracia de Dios. El debe estar contento con su destino.
¡Oh novicio!. Si ves a alguien que es superior a ti, sé su
siervo, porque esto es lo que se espera de la gente cuyo propósito
es llegar a Dios. En esta comunidad tuya tienes que preferir a cualquiera
antes que a ti. Si tienes hambre, da lo que tienes a otros, igual es si
están hambrientos o no.
Conviértete en estudiante humilde (aunque supieras mucho más)
ante personas que pretenden ser maestros o sheijs.
Un buen siervo de Al-lah que dice “La hawla wa la kuwwata ila billahi”
(No tengo medios ni poder, todo es de Al-lah), llega a este hermoso estado
que es uno de los regalos más grandes y privilegiados que Dios
nos ha concedido.
Durante el ritual sagrado del Dhikrullah,
las leyes de comportamiento que el novicio tiene que seguir son las siguientes:
1. No debe actuar de acuerdo con
su propia voluntad e individualmente. Si lo hace, con seguridad esto lo
va a llevar al error.
2. Si aunque no está actuando
según su propia voluntad entra en un estado diferente al de los
demás, le estará perdonado por su debilidad.
3. Si este estado desaparece, debe
hacer un esfuerzo para volver a la
calma y normalidad. Pero intentar seguir en este estado de éxtasis
(wajd) porque le gusta, no tiene excusa. Si hace de esto un hábito,
caerá en su evolución muy atrás de los demás
y va detener su propio
desarrollo hacia la búsqueda de la verdad. Entonces su meta será
simplemente divertirse.
4. El alumno que se mueve y actúa
en armonía con los demás durante el Dhikrullah se anula
a sí mismo, pero toma fuerza de los demás en el círculo
de dervishes.
5. Si el sheij o dervishes mayores que están a cargo del Dhikrullah
indican libertad de movimiento, seguir estas instrucciones es un caso
diferente.
Cualquiera que demuestra demasiado
aprecio o cumplimientos hacia un
novicio le está haciendo daño porque el alumno no tiene
la fuerza de superar, en su estado espiritual, el orgullo (ujub) y la
hipocresía (riya). Es necesario para él luchar contra los
deseos de rangos y fama.
Si un novicio recae en preocupaciones
mundanas como el deseo por fama, posición, propiedad, interés
por las mujeres y no tiene el recurso de consulta con un sheij, puede
hacer un viaje, cambiar de sitio para salvarse de esta situación.
No hay nada peor para el principiante que la ambición de conseguir
fama y una posición alta, no solo en los asuntos mundanos sino
también en el Sendero del sufismo.
Una de las leyes del buen adab (comportamiento)
es que el conocimiento del novicio no debe sobrepasar su estado. No debería
aprender más de lo que puede digerir, no debería hablar
sobre cosas que no ha experimentado. Si hace estas cosas, nunca llegará
a dichos estados.
Los sheijs dicen:
Ten cuidado de un hombre que habla de su propia sabiduría. No puede
ser más que un ignorante. Si el conocimiento de un hombre es mayor
a su estado, este hombre es simplemente un hombre de conocimiento pero
no un hombre del Camino.
En su servicio, sin pretensiones, a los pobres, los sufis, los dervishes
y los sheijs deben recordar al novicio siempre que los deseos de aquellos
a quienes él sirve son mensajeros de buena voluntad para su corazón,
debe poner toda su fuerza y energía en esto.
Si llega a su corazón: “haz esto o lo otro como servicio
para tus hermanos”, debe creer que ésta es una comunicación
proveniente de los corazones de sus hermanos. Debe soportar todos los
problemas y penas, críticas e incluso insultos de aquellos a quienes
él sirve. No debe esperar agradecimiento, al contrario, él
debe pensar que su servicio es incompleto y debe pedir perdón a
los hermanos por sus faltas. Y aunque él no crea que su servicio
falla debe aumentar y mejorar su servicio y sus buenos actos.
El principiante en el Camino del
sufismo debe seguir las leyes de la sharia (ortoxia islámica) y
las reglas del buen comportamiento (adab), no buscar las cosas ilícitas,
siempre evitar las cosas dudosas, debe controlar su mano, lengua y apetito
sexual.
Incluso en caso de extrema necesidad debe el novicio evitar pedir algo
a la gente.
Uno debe proteger su pureza con un constante esfuerzo contra las demandas
de su propio ego y sus propios deseos.
Uno debe considerar incluso los tiempos gastados en oración y meditación
como un descuido y siempre debe aspirar de mejorar.
Un novicio debe cumplir sus promesas. Su mayor promesa es la entrada en
el Sendero. Cualquier cosa que podría dañar esta gran promesa
es simular a la vuelta de la incredulidad, estando echado en el camino
religioso. Por otra parte el novicio debe tener cuidado de lo que promete.
Por ejemplo, debe tener cuidado de hacer oraciones voluntarias o recitaciones
largas, etc. Uno debe darse cuenta que cumplir solo con los mínimos
deberes obligatorios apropiadamente ya sobrepasa la propia fuerza.
Un alumno no debería incluso aceptar deberes del Camino sufí
hasta que no esté plenamente capacitado para cumplir con sus deberes
obligatorios en la religión.
Estar satisfecho con poco y tener
confianza en Dios deber ser el estado del novicio, porque “el sufí
es el hijo del ahora”.
Si el novicio está preocupado con asuntos del futuro o tiene curiosidad
para cosas que están fuera del presente o incluso si tiene esperanzas,
entonces no tiene posibilidad de evolución. No debe identificarse
ni con el pasado ni con el futuro.
El alumno no debe poseer más de lo que necesita porque las cosas
que uno posee apagan la luz del ahora. El novicio no debe tener fe en
las cosas que él posee sino debe tener fe en Dios.
Un novicio y un sufí no deben aceptar el regalo de una mujer, porque
un regalo lleva al afecto, afecto al amor y amor al contacto físico.
Como esto es así, ¿qué se puede pensar de una persona
que intenta atraer la gracia y los regalos de las mujeres?
El novicio debe alejarse de la gente
que ama este mundo, porque ellos son unos aprovechadores. Mientras esta
gente va a intentar aprovecharse del novicio, él va a sufrir pérdida.
Dios Altísimo dice en Su Santo Qu’ran:
“No obedezcas a los que están
distraídos porque esto va a influir en tu corazón y vas
a olvidar Nuestro recuero.” Al-Kahf (18)
El buen musulmán gasta de
su cartera para acercarse a Dios, pero el sufí, para llegar a la
Verdad, limpia su corazón de la gente ordinaria y del conocimiento
inútil.
Que Dios Altísimo haga de
estas líneas una ocasión para iluminar vuestros corazones.
Toda Sabiduría y regalo vienen de Él. Él es El Sabio
y El Misericordioso.
Toda gracia Le pertenece.
Que la paz, las bendiciones y beneficencia sean con nuestro Maestro Muhammad,
su familia, descendencia, compañeros y con todos los santos. Amín
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