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Nuestro
Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él) esperó que el ángel
Gabriel (Quiera Allah ser complacido con él)
trajese la respuesta de la Divina Fuente.
Este llegó y enseño a nuestro Maestro
(Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él), a decir la illaha illa Llah
mientras giraba
su bendita cara hacia la derecha, y a decir `ill Llah'
- "salvo
Allah" mientras giraba su cara hacia la izquierda,
en dirección a su
bendito y puro corazón. El repitió esto
tres veces; nuestro Maestro
mismo (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con
él) lo repitió
tres veces y luego lo enseño a Hazrat `Alí
quiera Allah ser
complacido con él, haciendo que lo repitiese
tres veces. Entonces
enseñó la divina Confesión de la
Unidad de la misma manera a sus
Compañeros. Hazrat `Alí fue el primero
en pedir por ello y fué el
primero a quien se instruyó en esto.
Entonces un día cuando recién habían
regresado de una gran batalla,
el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él) dijo a
sus seguidores, `Nosotros hemos retornado de una pequeña
batalla para
entablar una gran guerra,' aludiendo a la lucha con
nuestro propio
ego, nuestro bajo ser, que es el significado de la Confesión
de la
Unidad. `Vuestro más grande enemigo', dijo él,
`se encuentra debajo de
vuestras costillas.'
El amor divino no cobrará vida en usted hasta
que el enemigo, los
deseos de su carne, mueran y le abandonen.
Primero ha de desembarazarse usted de ese ego que impulsa
su ser
entero hacia el mal: entonces a pesar que continúe
pecando, tendrá una
consciencia parcial. Habrá un sentimiento de
auto-reproche - pero esto
no es suficiente. Debe pasar esa etapa hasta el nivel
en el que la
verdad le sea revelada, la verdad de lo bueno y de lo
malo. Entonces
dejar usted de hacer lo malo y hará lo que es
bueno; de esta manera
su ser será purificado. Oponiéndose a
su carne usted debe combatir en
contra de los deseos animales de ésta - glotonería,
sueño excesivo,
ocupaciones frívolas - y en contra de las características
de la bestia
salvaje dentro suyo: negatividad, cólera, combatividad
y agresividad.
Luego usted debe trabajar para liberarse de los malignos
hábitos del
ego: arrogancia, orgullo, envidia, venganza, codicia
y todas las otras
aflicciones y enfermedades del cuerpo y del corazón.
Unicamente
aquellos que son capaces de hacer estas cosas son arrepentidos
verdaderos y alcanzan limpieza y pureza.
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