Historias Sufies
 
 

El Profeta Moisés (as)
se quejó ante Dios:
Estoy intentando trabajar para Ti
pero todos hablan en mi contra .

Dios respondió: "
Moisés, tú sólo eres carne y sangre.
Yo soy Su Creador y Su Sustento: ¡
Y también hablan
en mi contra!

 

 

 

 
 
La Barca


Estaba mirando el río cuando la voz me preguntó:
¿ que haces mirando sin hacer la barca?

Sabia muy bien que yo no estaba haciendo nada y que no podía permitírmelo.
Bueno veraz conteste como haciendo tiempo...
Estoy viendo si vale la pena...

Mi experiencia anterior me dice que quizás no valga la pena construir la barca para después no poder navegar en este río.
Años antes he construido hermosas barcas, que llene de muchas cosas valiosas y mientras lo hacia el río se seco, o nunca llego a tener el agua suficiente como para navegar en él.
Hoy con mi experiencia prefiero esperar a que el río tenga el caudal adecuado y luego que este segura , Si construiré la barca!

_Quizás el río piense al revés. piense lo mismo de ti. Porque no le hablas...Quizás sea solo un problema de comunicación...
Si puedes comunicarte con él en el mismo idioma, quizás puedan ser uno en el camino....

_Lo intentaré, lo prometo.
Así pasaron días sin saber como comunicarme con el río. Al amanecer me sentaba a su orilla y fijamente lo miraba tratando de encontrar la manera de comenzar el diálogo.
Como hablar con un río? En que idioma?
Solo escuchaba el sonido del agua al chocar con las piedras de la orilla.
Cuando el sol estuvo bien alto en el cielo, comencé a sentir mucho calor, resolví entrar en el río fresco a mitigar el calor.
El río me abrazo, acaricio toda mi piel y comencé a ser una con él, aprendí a sentirlo, luego bebí para mitigar mi sed, bañe mi interior con él, lo hice parte de mi.
Su contacto fue fundamental para que nuestras energías se intercambiaran, el éxtasis que produjo en mi al sentirlo dentro, al sentir que éramos uno, despertó el verbo.
Entonces le pregunté porque no crecía para que una barca pudiera navegar en él, a lo que me respondió en tono triste:

Para que haré el esfuerzo de crecer para quien no quiere navegar en mi....
Prefiero estar seco y que tiren piedras en mi lecho, a ser fuerte y abundante y que nadie beba ni navegue en mí...
No quiero ser fuente de agua pura y que los hombres pasen por mi lado sin beber de ella , eso es aun mas doloroso que estar seco y no tener que dar....

_Pero si tu me das un buen cause yo construiré la barca! respondí apresurada

_Si tu no confías en mi, porque he de confiar yo en ti? No sería mejor que nuestra confianza sea parte de esta relación de amor que ha comenzado hoy?
A partir de hoy formo parte de ti, pero día a día cuando bebas de mi, te transformarás en mi esencia. Seremos uno con el universo, eso es AMOR

_ Así pasamos la noche filosofando del amor, cuando el sol ilumino el mundo, comencé a construir la barca.
Cuando esta estuvo preparada me lance en el vigoroso cause que me llevaba a toda velocidad. Disfrutábamos del frío y el calor, del día y la noche, y nos alimentábamos mutuamente.
Llego un día que los dos fuimos a parar al mar, él ya no era río, era el inmenso mar al que tanto había soñado llegar.
Y yo? Era río, mar, niebla, lluvia, rocío, era felicidad...

Porque siempre esperamos del otro, porque nos cuesta dar el primer paso?
Porque no entendemos que Amar es Dar, sin esperar pago contra reembolso?
Es nuestro Ego que nos impide entregar sin esperar.
Pero que claro de decir ... y difícil de aceptar
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El Pastor Sordo

Había una vez un pobre pastor de cabras. Todos los días, en busca de pastos frescos, llevaba su rebaño a una colina que dominaba el pueblo donde vivía con su familia. Era sordo, pero esto no le importaba en absoluto. Un día su esposa se olvidó de darle la bolsa que contenía su almuerzo y tampoco envió a su hijo para que se lo llevara, como había ocurrido en otras ocasiones, aun cuando el sol estuviese en todo su apogeo.
"Iré a casa por ella" pensó el pastor, "no puedo quedarme aquí sin comer nada hasta que el sol se esconda".
De repente vio a un hombre que estaba cortando arbustos en la ladera de la colina. Se acercó a él y le dijo: "Hermano, por favor vigila las cabras para que no se pierdan, pues a mi esposa se le ha olvidado tontamente mi comida, y debo regresar al pueblo por ella". Pero el que cortaba los arbustos también era sordo y no comprendió lo que quería el pastor.
Entonces le dijo: "¿Porqué habría de darte alguno de los arbustos que estoy cortando para mis propios animales? Tengo dos borregos y una vaca en mi casa, y he de caminar mucho para hallarles comida. No, vete de aquí, pues no quiero saber nada de gente como tú, que solo quieren quitarme lo poco que me pertenece".
E hizo un ademán de burla con la mano, riéndose estentóreamente. El pastor no oyó lo que el hombre le dijo y contestó: "Oh, gracias por aceptar, generoso amigo; iré tan rápido como sea posible. Bendito seas, ahora me siento tranquilo".
Corrió hacia la aldea y fue hasta su humilde choza. Encontró a su esposa enferma con fiebre y a la esposa del vecino atendiéndola. Tomó su bolsa de comida y regresó corriendo a la colina. Contó las cabras cuidadosamente y no faltaba ninguna. El cortador de arbustos todavía estaba ocupado en su trabajo, y el pastor dijo para sí:
"¡Caramba, qué excelente persona es ésta tan digna de confianza! ¡Ha cuidado mis cabras para que no se extravíen y ni siquiera busca agradecimiento por su servicio! Lo obsequiaré con esta cabra lisiada que, de todas maneras, pensaba matar. Será una rica cena para él y su familia". De manera que cargando la cabra sobre los hombros, corrió exclamando: "Oh, hermano, he aquí un regalo por haber cuidado de mis cabras mientras yo estaba ausente. Mi pobre esposa tiene fiebre, y eso lo explica todo. Prepara esta cabra Para tu cena de hoy; ves, tiene una pata lisiada, y, de todas maneras, pensaba matarla".
Pero el otro no oyó sus palabras, y gritó furioso:
"¡Despreciable cabrero, no vi lo qué pasó mientras estuviste ausente. ¿Cómo puedo ser responsable de la pata de tu infernal animal? ¡Yo estaba ocupado cortando estos arbustos y no tengo idea de cómo fue que pasó! Lárgate de aquí o te golpearé".
El pastor estaba asombrado por los gestos de furia que hacía el hombre, pero no podía oír lo que decía, así que llamó a un hombre que pasaba por ahí, montado en un fino caballo. "Noble señor, te suplico, por favor, que me digas de qué está hablando este cortador de arbustos. Soy sordo, y no sé por qué me ha rechazado el regalo de la cabra con tal furia".
El cabrero y el cortador de arbustos le empezaron a gritar al viajero, que desmontó y caminó hacia ellos. Era ladrón de caballos y sordo como una tapia. Se había perdido y quería preguntarles dónde estaba. Pero, cuando vio los gestos de furia de los otros dos hombres, dijo: "Sí, hermanos, robé el caballo, lo confieso, pero no sabía que os pertenecía. ¡Os suplico que me perdonéis, pues tuve un momento de tentación y actué sin pensar!".
"No tuve nada que ver con la pata lisiada de la cabra" gritaba el cortador de arbustos.
"Haz que me diga por qué no acepta mi regal" urgía el cabrero. "¡Sólo quería dársela como una muestra de aprecio!"
"Ciertamente admito haber robado el caballo" decía el ladrón, "pero soy sordo y no puedo oír cual de vosotros es el dueño".
En ese momento apareció un viejo derviche por el camino polvoriento hacia la aldea. El cortador de arbustos corrió hacia él y tirando de su manto, dijo: "Venerable derviche, soy un hombre sordo que no puede entender nada de lo que estos dos están diciendo. Por favor, juzga sabiamente y explícanos qué gritan los otros".
Sin embargo, el derviche era mudo y no podía responder pero se acercó a ellos y observó detenidamente las caras de los tres sordos, que habían dejado de hablar. Los miró a uno por uno, por tanto tiempo y tan fijamente, que empezaron a sentirse muy molestos.
Los chispeantes ojos negros del derviche profundizaban en los ojos de los hombres, buscando la verdad, buscando encontrar algo que le diera la clave de la situación. Pero los otros comenzaron a sentir miedo de que los embrujara, o de que fuera a controlar su voluntad de alguna manera. Y de repente el ladrón saltó sobre el caballo y se fue galopando. Inmediatamente el cabrero comenzó a reunir a sus animales y a conducirlos a la cima de la montaña. El segador de arbustos, bajando la vista, empacó sus arbustos en una red y, echándosela a los hombros, corrió hacia su casa.
El derviche continuó su viaje, pensando que el habla puede ser una forma de comunicación tan inútil que seria lo mismo no tenerla.

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El Soñador

Una vez vino del desierto a la gran ciudad de Sharia un hombre que era un soñador, y no tenía nada mas que sus ropas y efectos personales. Mientras caminaba por las calles miraba con asombro los templos, torres y palacios, pues la ciudad de Sharia era de gran belleza. Habló mucho con los paseantes, preguntándoles sobre su ciudad, pero ellos no entendían su idioma, ni él el de ellos. A medio día paró delante de una gran posada. Estaba construida de mármol amarillo y la gente entraba y salía constantemente. "Debe ser un lugar sagrado" se dijo así mismo y entró. Pero cual fue su sorpresa al encontrase una sala de gran esplendor y una gran compañía de hombres y mujeres sentadas en varias mesas. Estaban comiendo y bebiendo mientras escuchaban a los músicas.

"No" dijo el soñador, esto no es un lugar de adoración. Debe ser una fiesta dada por el príncipe al pueblo en celebración de algún gran acontecimiento. En aquel momento, un hombre a quien tomó por el esclavo del príncipe, se le aproximó y le dijo que se sentara. Fue servido con carne y vino y con los mejores dulces. Cuando estuvo satisfecho, el soñador se levantó para partir. Un hombre grande le paró en la puerta, estaba magníficamente vestido "Seguramente debe ser el mismo príncipe" dijo el soñador en su corazón y se inclinó y le agradeció. Cuando el gran hombre habló en el idioma de la ciudad: "Señor no has pagado tu comida", el soñador no le entendió y volvió a agradecerle de corazón. Cuando el hombre grande miró mas de cerca al soñador. Y vió que era un extranjero, vestido eso sí en pobres ropas y que no tenía por lo tanto de donde pagar su comida. El hombre golpeó sus manos y a su llamada vinieron cuatro vigilantes de la ciudad. Cuando cogieron al soñador entre ellos situándose dos a cada lado, el soñador les miró con placer. "Estos" dijo, "son hombres distinguidos".

Caminaron juntos hasta la Casa de Justicia y entraron. El soñador vio delante suyo, sentado en un trono, a un venerable hombre con gran barba y vestido majestuosamente. Y pensó que era el rey. Y se alegro mucho de haber sido traído ante él.

El vigilante relata al juez, que era aquel venerable hombre, el cargo contra el soñador y el juez le asigna dos abogados, uno para presentar el cargo y el otro para defender al extranjero. Y los abogados se pusieron de pie, uno detrás del otro y presentaron cada uno sus argumentos. Mas el soñador pensó que estaba escuchando su bienvenida y su corazón se llenó de gratitud hacia el rey y el príncipe por todo lo que estaban haciendo por él.

Así la sentencia le fue dada al soñador, a quien se le colgó en su cuello una tableta con su crimen escrito y se le hizo atravesar la ciudad sobre un caballo sin ensillar con un trompetista y un tamborilero precediéndole. Los habitantes de la ciudad corrieron hacia esta comitiva al oír el ruido y cuando vieron al soñador se rieron de él. Y los niños corrieron detrás suyo en grupos de calle en calle. Y el corazón del soñador estaba extasiado y su ojos brillaban al mirarlos, pues para él, la tablilla era un signo de bendición del rey y la procesión era en su honor.

Durante dicho recorrido, vio entre la multitud a un hombre que era del desierto como él y su corazón se lleno de alegría y le gritó:
"Amigo! ¿Donde estamos? ¿Qué ciudad anhelada por el corazón es esta? ¿Cual es la raza de estos huéspedes pródigos que celebran al huésped afortunado en sus palacios, cuyos príncipes son sus compañeros y cuyos reyes ponen sobre su pecho un amuleto y le abren la hospitalidad de una ciudad que desciende del cielo? Y aquel que era también del desierto no le respondió. Solo sonrió y sacudió ligeramente su cabeza. Y la procesión siguió de largo. Y el rostro del soñador siguió transportado de alegría y sus ojos llenos de luz.
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Sin Problemas

Un hombre que vivía en condiciones suficientemente holgadas, fue un día a ver a cierto sabio que tenía reputación de poseer todo el conocimiento. Y le dijo:
"Gran Sabio, no tengo problemas materiales y, sin embargo, siempre estoy descontento. Durante años he tratado de ser feliz, de encontrar una respuesta a mis pensamientos interiores y de tener una relación correcta con el mundo. Por favor, aconséjame para poder curarme de esta enfermedad".
El sabio respondió:
"Mi amigo, lo que está escondido para algunos es aparente para otros. También lo que es aparente para algunos está oculto para otros. Tengo la respuesta para tu enfermedad, aunque no es un remedio ordinario. Debes viajar, buscando al hombre más feliz del mundo. Tan pronto lo encuentres, deberás pedirle su camisa y ponértela".
El hombre, desde ese momento, sin descanso comenzó a buscar a hombres felices. Uno después de otro los interrogaba y todos contestaron: "Sí, soy feliz, pero hay otro que lo es más".
Después de viajar de un país a otro durante muchos, muchos días, encontró el bosque donde todos decían que vivía el hombre más feliz del mundo.
Oyó la risa a través de los árboles y apresuró el paso, hasta que llegó a un claro donde había un hombre sentado.
"¿Eres el hombre más feliz del mundo, como dice toda la gente?" le preguntó:
"Claro que lo soy" dijo el otro.
"Mi nombre es Fulano; mi condición tal y cual, y mi remedio, prescripto por el sabio más grande, es vestir tu camisa. Por favor dámela; te daré en cambio lo que quieras de lo que tengo".
El hombre más feliz lo miró fijamente y luego se rió. Se rió y se río y se rió. Cuando se había calmado un poco, el hombre inquieto, un tanto enojado ante esta reacción, le dijo:
"¿Estás loco para reírte de un pedido tan serio?"
"Quizá" dijo el hombre más feliz, "pero si te hubieras molestado en mirar, habrías visto que no poseo camisa".
"Entonces, ¿qué debo hacer ahora?"
"Ahora quedarás curado. El luchar por obtener algo inalcanzable proporciona el ejercicio para lograr algo que se necesita: como cuando un hombre reúne todas sus fuerzas para saltar un arroyo como si fuera mucho más ancho de lo que es. Siempre consigue llegar al otro lado".
Entonces, el hombre más feliz del mundo se quitó el turbante cuyo extremo le tapaba la cara. El hombre inquieto vio que era el mismo gran sabio que le había aconsejado.
"Pero, ¿Por qué no me dijiste todo esto hace años, cuando fui a verte?" preguntó el hombre inquieto, desconcertado.
"Porque entonces no estabas maduro para comprender. Necesitabas ciertas experiencias, y tenías que recibirlas de tal manera que asegurara que las habías de vivir".
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Hombre de Inmerecida Reputación de Piadoso
Santo Bistami

En cierto país, vivía un hombre con una gran reputación de piadoso y devoto. Asumiendo que esa reputación era merecida, un hombre que intentaba realizar el Peregrinaje a Meca, se acercó a él y le confió a la hija para su cuidado.
Luego se unió a la caravana de peregrinos y partió hacia el Hijaz, la parte de Arabia donde se encuentra la sagrada ciudad de Meca.
Cuando hubieron pasado unos pocos días, el maldito Satanás tentó al pobre hombre a aprovecharse de la chica encomendada a su cuidado. Luego de una prolongada lucha con sus pasiones, el hombre finalmente sucumbió y desfloró a la desafortunada muchacha. Sintió remordimiento cuando el hecho había sido consumado, pero ya era muy tarde. Preguntándose a si mismo que le diría al padre a su regreso del Peregrinaje, y como volvería a mirar a alguien a los
ojos, comenzó a maldecirse a si mismo, llorando, gimiendo, tratando de arrepentirse y buscando el perdón. Pero en despecho de todo esto, no encontraba salida a su situación. Estaba lejos de corregir el mal que había hecho, y sin esperanza y deprimido, confió su horrible secreto a un hombre erudito. No podía mezclarse libremente entre la gente como solía hacerlo, ya que sentía vergüenza de que lo vean en público. La causa de su desgracia era su destreza de haberse hecho pasar por un hombre piadoso y devoto, cuando su carácter no era verdaderamente perfecto. A pesar de que estaba dominado por
su baja naturaleza, él había dado la impresión de haber vencido sus
pasiones.
Como un camino por el cual él pudiera escapar de esta calamidad, el sabio erudito a quién había consultado, le aconsejó casarse con la chica que había deshonrado, asignarle a ella una parte de sus riquezas y luego exiliarse por un tiempo. Mientras tanto, se pondría a si mismo bajo la enseñanza de un santo, de modo de aprender verdaderamente el auto control.
Este santo, le dijo el erudito, vivía en la ciudad de Bistam y se llamaba Santo Abu Yazid. "Ve y preséntate ante él. Sólo él es capaz de entrenarte, enseñarte el auto control y transformarte en el hombre que meramente pareces ser ahora".
El pobre hombre desposó a su protegida, le dio la mitad de su dinero, y luego la divorció antes de partir a la ciudad de Bistam. En cada parada de su viaje, él respondía lo siguiente a todos aquellos que le preguntaban de donde era y hacia donde iba:
"Me han dicho que en Bistam vive un santo de nombre Abu Yazid al Bistami y voy a visitarlo". El veía que muchos con los que hablaba criticaban a este venerable santo, pero esto no lo hizo cambiar de opinión respecto de su búsqueda.
Cuando eventualmente llegó a Bistam, se sorprendió al escuchar que muchos de sus habitantes atacaban verbalmente contra el venerable Sheikh al cual debía encontrar. "Allah, Allah", él profería, "He escuchado a un demonio por cuarenta años. Ahora he tenido mi escarmiento y he pagado un alto precio. En mi camino hacia aquí, no he oído una sola buena palabra acerca de esta persona la cual me recomendaron que buscara. Ahora veo que incluso sus conciudadanos hablan pestes de él. Todo esto se ve muy raro, pero al menos
debo verlo una vez".
Con estos pensamientos rondando su cabeza, comenzó a preguntar donde vivía el venerable Abu Yazid al-Bistami.. La casa se encontraba en las afueras de la ciudad y estaba realmente exhausto cuando llegó al lugar. Comenzó a mirar alrededor ; y que es lo que vio?. Un radiante individuo de barba blanca sentado al lado de una hermosa y excepcionalmente bella chica, quien le estaba dando algo de beber de un vaso que ella misma sostenía.
A la vista de todo esto, se auto convenció de que todas las cosas que le habían dicho debían ser verdad. Allí decidió que no había razón para el encuentro después de todo, pero justo cuando se estaba alejando de la puerta, el venerable Sheikh se paró y la abrió, llamándolo por su nombre.
Siendo un extraño en una ciudad donde nadie lo conocía, el hombre estaba muy asombrado de oír a alguien llamándolo por su nombre. Lleno de curiosidad, se acercó nuevamente. El radiante individuo, a quién acababa de ver bebiendo de un vaso sostenido por una joven chica, ahora lo estaba invitando a entrar, diciéndole con una sonrisa:
"Tú querías verme. Habiéndote causado tanta dificultad el llegar hasta acá, sería difícil para ti irte sin haberte encontrado conmigo!".
Aún habiéndole dado la bienvenida como un honorable invitado, el hombre se sentó clavando su mirada en el barril y el vaso, tratando de entender lo que había visto. Advirtiendo esto, el venerable Sheikh decidió mandar las sospechas de su invitado a descansar. "Por qué mantienes fija tu mirada en ese barril?" le preguntó y luego agregó: "Esta casa pertenecía a un Zoroastra. Cuando se la compré, había vino en ese barril que ves allí. Convertí el vino en vinagre y lo doné y ahora tengo agua ".
Pero recordando la escena que había visto antes, el pobre amigo comenzó a pensar para si: "Una buena explicación, pero que acerca de la hermosa mujer y lo que le estaba dando de beber no hace mucho?".
El venerable Sheikh pareció haber leído los pensamientos, por lo que se enfureció, su rostro se sonrojó y la vena en su frente sobresalió, mientras decía con dura voz: "La chica que has visto es mi hija!".
El hombre estaba completa y terriblemente avergonzado de sus pensamientos malignos. Se arrojó a los pies del Sheikh, mientras clamaba: "Perdóneme, amable señor, se lo ruego! En todo el viaje hasta aquí, y luego en el momento de haber arribado a la ciudad, no he oído sino indignas insinuaciones contra ti. He sido influenciado en mi mente pero las cosas malas que he escuchado. Perdona mi curiosidad, pero por qué no dejas que la gente sepa lo realmente inocente que eres? Por qué no reparas tu mismo estas ofensas?".
Con calmada dignidad, el venerable Sheikh respondió:
"Yo no estoy seguro de mi mismo. Suponte que me doy a mi mismo una reputación de piadoso y puro, y mis hermanos en Islam me confían sus hijas para su cuidado mientras ellos realizan el Peregrinaje. ¿Que sucedería si traiciono esa confianza y luego
tengo que andar deambulando por la tierra en busca de la cura para mi sufrimiento?".
Tal era el carácter del venerable Abu Yazid al-Bistami. En cuanto a aquellos que se equiparan a si mismos con tales dignos Amigos de Allah, sin haber corregido sus propias faltas y antes de haber llegado a la fe, el Shaytan (Diablo) en persona se entretiene ante su propia auto decepción.
Se dice que una gallina una vez se ilusionó con la idea de poner un huevo tan grande como el de un ganso. Se esforzó tanto en poner su imaginario huevo que finalmente explotó.
La gente generalmente habla pestes de los Santos de Allah, sin embargo ellos nunca se lamentan acerca de este vulgar maltrato y abuso.
Estando con sus Amigos, ellos no sienten lo que otros le tiran. Cuando los amantes se funden en un cariñoso abrazo, acaso el amante advierte alguna espina?
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El hombre de vida inexplicable


Había una vez un hombre llamado Mojud.
Vivía en un pueblo
Donde había obtenido un puesto
Como funcionario público.

Y parecía que iba a terminar sus días
Como Inspector de pesos y medidas.

Un día mientras caminaba
Por los jardines de un antiguo edificio
Cerca de su hogar, Khidr,
El misterioso guía de los Sufis,
Se le apareció vestido de un verde centellante.

Y le dijo:
<¡Hombre de brillantes perspectivas!
Deja tu trabajo y encuéntrame junto al río
Dentro de tres días>.
Luego desapareció.

Mojud tembloroso fue a ver a su superior
Y le dijo que debía partir.
Todos en el pueblo se enteraron
Y dijeron: < ¡Pobre Mojud
Se ha vuelto loco >.
Pero como había muchos candidatos
Para su puesto pronto lo olvidaron.

El día convenido,
Mojud encontró a Khidr quién le dijo:
< Quítate tu ropa y arrójate a la corriente
tal vez alguien te salvará >.

Así lo hizo Mojud
aunque se preguntaba si estaba loco.

Cómo el podía nadar no se ahogó;
Pero fue arrastrado por la corriente
un largo trecho antes de que un pescador
Lo subiera a su barca diciendo:
< ¡Hombre insensato!
La corriente es fuerte.
¿Qué estás tratando de hacer? >.
Mojud dijo:<No lo sé realmente >.

< ¡Estás Loco! >, dijo el pescador
< Pero te llevaré a mi choza de juncos
más allá del río,
y veremos que se puede hacer por ti >.

Cuando descubrió que Mojud
Era un hombre educado,
Aprendió de el a leer y a escribir.
Mojud ayudaba también al pescador
En su trabajo y a cambio se le alimentaba.
Pasados unos meses,
Apareció Khidr nuevamente,
Esta vez a los pies de la cama de Mojud,
Y le dijo:
< Levántate ahora y deja a este pescador,
se te proveerá lo necesario >.
Mojud abandonó inmediatamente la choza,
Vestido como un pescador y deambuló
Hasta llegar a un camino.
Al romper el alba
vio a un granjero en su asno
que iba hacia el mercado,
< ¿Buscas trabajo?, preguntó el granjero.
<Por que necesito alguien que me ayude
a traer algunas compras >.
Mojud le siguió.
Trabajo para el granjero casi dos años
Para entonces había aprendido
mucho de agricultura,
pero nada más.

Una tarde mientras estaba embalando lana,
Khidr se le apareció y le dijo:
< Deja tu trabajo
y camina hasta la ciudad de Mosul,
y usa tus ahorros para convertirte
en un mercader de pieles >.

Mojud obedeció.
En Mosul se hizo conocido
Como mercader de pieles
Y nunca vio a Khidr
Mientras ejercía su oficio.
Durante tres años
Había ahorrado una gran cantidad
de dinero, y estaba pensando
en comprar una casa,
cuando Khidr se le apareció y le dijo:
< Dame tu dinero,
Deja este pueblo y ve
A la distante ciudad de Samarkand,
Y allí trabajaba para un almacenero >.
En este momento comenzó a mostrar
indudables signos de iluminación.
Curaba enfermos,
Ayudaba a sus prójimos, mientras
Trabajaba en el almacén,
En su tiempo libre, y su conocimiento
de los misterios se hizo más y más profundo.

Clérigos, filósofos y otros le visitaban
Y le preguntaban:
< ¿Con quien estudiaste? >.

< Es difícil decirlo >, contestaba Mojud.

< Sus discípulos le preguntaban :
¿ Cómo empezaste tu carrera? >.

El contestaba :
< Como funcionario público >.
< ¿Y lo abandonaste para dedicarte
a sacrificios y mortificaciones? >

< No, lo abandoné simplemente >.
Ellos no lo entendían.

Y la gente se le acercaba
Para escribir la historia de su vida
Y le preguntaban :
< ¿Qué has sido en tu vida? >.

< Salté al río,
me convertí en pescador,
luego abandoné la choza de juncos
en medio de la noche.
Luego me volví granjero.
Cuando estaba embalando lana,
cambié y me fui a Mosul, donde
cambié y me convertí en un mercader de pieles.
Ahorré allí algún dinero pero lo regalé.
Luego caminé hasta Samarkand,
Y trabajé para un almacenero
Y aquí estoy ahora >.

< Pero este inexplicable comportamiento
no arroja ninguna luz
sobre tus extraños talentos
y maravillosos ejemplos >.

< Así es >, dijo Mojud
Y los biógrafos inventaron
una maravillosa y excitante historia
sobre Mojud ya que todos los santos
deben tener su historia.,
y la historia debe estar hecha
de acuerdo al gusto del oyente,
y no con las realidades de la vida.

Y a nadie se le permite
hablar de Khidr directamente.
Es por eso que esta historia
no es verdadera,
es la representación de una vida,
Es la vida real de uno de los mas grandes Sufis.
UD también puede ser Mojud y tener una vida parecida
Una vida inexplicable
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La Historia de las Ciudades

Historia de un VIAJERO

Mientras yo erraba en este mundo temporal, Allah me condujo a un sendero recto. Caminando sobre él, en un estado entre ensueño y vigilia como si estuviese en un sueño, llegué a una ciudad que estaba totalmente en la oscuridad. Era tan vasta, que yo no podía ver ni concebir sus limites. Esta ciudad contenía todo lo que fue creado. Había gentes de todas las naciones y razas. Las calles estaban tan apiñadas, que uno apenas podía caminar, y tan ruidoso era todo que uno escasamente podía escucharse a sí mismo, o a otros. Todas las feas acciones de todas las criaturas, todos los pecados conocidos y desconocidos para mí, estaban a mi alrededor.
Con temor y asombro contemplaba esa extraña escena...

Lejos, en la distancia, en el aparente centro de esta ciudad, había todavía otra ciudad, con altos muros, ¡enorme en tamaño!.

Lo que observé a mi alrededor me condujo a pensar que nunca, desde el comienzo del tiempo, había habido un rayo de luz proveniente del sol de la verdad que hubiera caído sobre esta ciudad. No solamente estaban el cielo y los caminos y casas de esta ciudad en total tinieblas, sino que sus ciudadanos, quienes eran como murciélagos, poseían mentes y corazones tan oscuros como la noche. Su naturaleza y su conducta eran como aquellas de los perros salvajes.
Gruñendo y peleando unos con otros por un bocado de comida, obsesionados por la lujuria y la ira, se mataban y se desgarraban en pedazos unos a otros.
Sus únicos placeres eran las bebidas intoxicantes y el sexo desvergonzado, sin discriminación entre masculino y femenino, esposas y esposos ajenos. Su costumbre era mentir, hacer trampas, habladurías, difamar y robar. Con total ausencia de consideración por otros, conciencia, o temores de Allah. Muchos entre ellos se llamaban a sí mismos Musulmanes.
De hecho algunos de ellos eran considerados hombres sabios, sheijs, maestros, hombres de conocimiento y predicadores.

Algunos de entre ellos que tomaron conciencia de los mandamientos de Allah, de lo que es correcto y legitimo a los ojos de Allah y de los hombres, y de aquello que Allah prohíbe, trataron de actuar de acuerdo con ello, gustaron de ello, y no pudieron asociarse más con la gente de la ciudad. Tampoco pudieron los habitantes de la ciudad tolerarlos.
Escuché que habían tomado refugio en la ciudad amurallada que había visto en el centro de este reino y hacia allí me encaminé.

Me quedé en esta ciudad por un tiempo...
Ahí encontré alguien que podía escucharme y entender lo que yo decía. Le pregunté el nombre del lugar. Me dijo que era -Ammara-, la ciudad arrogante, la ciudad de la libertad, donde cada uno hacia lo que le placía.
Pregunté acerca de su condición. Él me dijo que era la ciudad de la alegría, que provenía de su falta de cuidado y desenfado. En la hermosa oscuridad que la rodeaba, cada uno pensaba que él era el único. Le pregunte el nombre de su gobernante.
Me informó que era llamado -Aqli Ma'ash-, Su alteza la Habilidad, un astrólogo, un encantador y un ingeniero que construía cosas, un médico que daba vida a quienes de otra manera hubieran muerto, un inteligente y culto rey que no tenia igual en este mundo.
Sus consejeros y ministros eran llamados Lógica, sus jueces dependían de la antigua ley del Sentido Común, sus administradores eran llamados Imaginación y Ensueño.
Me dijo que todos los ciudadanos eran totalmente leales a su gobernante, no solamente respetándolo y apreciándolo a él y a su gobierno, sino amándolo, ya que todos sentían una afinidad en sus naturalezas, en sus costumbres y en sus conductas.

Yo, poseyendo la misma inteligencia, y con ella sabedor de que indudablemente el rey de esta ciudad era el amo de todas las ciencias de este mundo, quise aprender estas ciencias a fin de ser rico y famoso. Me quedé por un tiempo a su servicio, aprendiendo de él muchas cosas habilidosas. Aprendí comercio, política, ciencias militares, a manufacturar armas, las leyes de los hombres y las artes para glorificar al hombre. Me hice de nombradía mundial. A medida que los hombres me señalaban con sus dedos y hablaban sobre mí, ¡mi ego se solazaba!.
Ya que todas las partes de mi ser estaban totalmente bajo la influencia de mi inteligencia mundana, todas ellas encontraron energía en el solazarse de mi ego y corrieron a gastar esa energía en los deleites mundanos y los placeres de la carne, sin consideración ninguna acerca de si todo ello haría mal a otros o aún a mi mismo.

Algo dentro mío vio, en algunos momentos que todo esto estaba mal, pero yo no tenia ni la fuerza ni la habilidad para impedirlo. Ese algo que pudo ver, estaba penado, y deseaba salir de la oscuridad de ese rey. Cierto día me dirigí a Su alteza la Habilidad y con atrevimiento le pregunté: "¿Cómo es que los hombres de conocimiento de vuestro reino jamás actúan guiados por su conocimiento y temen a Allah?, ¿Cómo es que nadie en esta ciudad teme el castigo de la Allah, pero temen vuestro castigo?, ¿Como es que no hay aquí luz, ni afuera, ni en el corazón de vuestro pueblo?, ¿Cómo es que vuestros súbditos poseen apariencia de seres humanos, y sin embargo su naturaleza es igual a la de los animales salvajes, y peor aún?...

El respondió: "¡YO!...el que puede descubrir como derivar beneficio personal de esta mundo, aún si mi beneficio es la perdida de ellos... Yo, soy el ideal de ellos. Yo, tengo un agente dentro de cada uno de ellos. Ellos son mis servidores y los servidores de mis agentes en ellos... pero yo también tengo un amo que me guía, y ese es ¡El Diablo!... Nadie aquí es capaz de cambiar su camino...todos están satisfechos y piensan de sí mismo como si fuesen mejores que otros. Ninguno posee la voluntad de cambiar, y en consecuencia, no cambiarán".

Al escuchar estas palabras, deseé dejar la ciudad, y me propuse escapar.
Pero sabiendo del poder y control del rey sobre todo, le pedí permiso para partir...! "¡Oh, Mi soberano absoluto", le dije; "Ud.a hecho tanto por este humilde servidor y me ha dado todo lo que poseo! Qué alegre vida he llevado bajo su mando! Ud me vistió con ricas pieles, me dió compañía para diversión y juegos. No me a prohibido ni borracheras ni apuestas. He saboreado todos los placeres, y siento que he recibido mi porción. ¿Sabia Ud que yo llegué a esta ciudad como viajero? Permítame ahora ir a ese castillo que veo en el medio de su ciudad.

El rey me respondió, diciendo, "Mi poder se extiende también sobre ese castillo. Ese distrito se llama -Lawwama- el autoreproche -, pero su pueblo no es el mismo que nosotros vemos aquí. En esta arrogante ciudad , nuestro ídolo es el diablo. Ni el ni yo culpamos a nadie por lo que hacen. Por lo tanto, ninguno de ellos lamenta lo que han hecho, ya que vivimos en imaginación.
En la ciudad del auto reproche, la imaginación no tiene poder total. Ellos también hacen lo que es llamado pecado; cometen adulterio, satisfacen su lujuria con hombres y mujeres por igual, beben y juegan, roban y asesinan, pasan rumores y difaman como hacemos nosotros, pero a menudo ven lo que han hecho, lo lamentan y se arrepienten".

Tan pronto terminé de hablar con mi amo, apresurado corrí hacia los portones de la ciudad del auto reproche. Sobre los portones estaba escrito:

*at-ta' ibu min adh-dhanbi ka-man la adhnaba*
" Aquel que se ha arrepentido es como aquel que nunca cometió pecado"

Yo dí el santo y seña con la intención de arrepentirme de mis pecados y entré a la ciudad.

Pude ver que estaba considerablemente menos poblada de muchedumbres que la Ciudad de la Oscuridad. Diría que su población era la mitad de la de la ciudad que yo había dejado.

Cuando hube permanecido allí por un tiempo, descubrí que había un hombre de conocimiento, que sabía el Sagrado Corán, y exponía sobre él. Fui a verlo y le salude. El devolvió mi saludo deseándome la paz y las bendiciones de Allah. A pesar de haberme dicho el soberano de la Ciudad de la Oscuridad que el también reinaba aquí, lo verifiqué con mi maestro, y le pregunté el nombre de su gobernante. Me confirmó que estaba bajo la jurisdicción de Su Alteza la Habilidad, aunque tenía sus propios administradores, cuyos nombres eran: Arrogancia, Hipocresía, Intolerancia y Fanatismo.

Entre la población había muchos hombres de conocimiento, muchos hombres que aparentemente eran virtuosos, devotos y rectos. Hice amistad con estos hombres y descubrí que estaban afligidos con arrogancia, egoísmo, envidia, ambición, intolerancia y en su amistad había mucha insinceridad. Eran hostiles entre si, armándose trampas el uno al otro. Lo que puedo decir por lo mejor de ellos que oraban e intentaban seguir los mandamientos de Allah porque temían al castigo de Allah y al Infierno, y tenían esperanza en una vida eterna y placentera en el Paraíso.

Pregunté a uno de ellos sobre la ciudad de la oscuridad afuera de los muros y me quejé de la gente que la habitaba. Estuvo de acuerdo, y me dijo que la población de esa ciudad consistía de infieles corruptos, sediciosos, y asesinos. No tenían fé ni jamás oraban. Dijo que eran borrachos, adúlteros y pederastas; eran totalmente inconscientes y descuidados. Pero de tiempo en tiempo, mediante alguna misteriosa guía, eran conducidos a la ciudad del auto reproche. Entonces se daban cuenta de lo que habían echo, lo lamentaban, se arrepentían y pedían perdón. Pero mientras permanecían en su oscura ciudad,me dijo, ellos no sabían lo que estaban haciendo, de modo que jamás se les ocurría lamentarlo o pedir perdón.
Por lo tanto, no se ayudaban entre sí, y nadie intercedía por ellos.

Cuando yo recién había llegado a la ciudad del auto reproche, había visto que en su centro había otro castillo más. Interrogué al letrado habitantes sobre el mismo; me dijo que se lo llamaba "Mulhima", la Ciudad del Amor y la Inspiración. Le pregunté sobre su gobernante, y me dijo que era llamado "Agli Ma' Ad", Su alteza la Sabiduría, Conocedor de Allah. Este rey, me dijo mi informante, tenía un primer ministro cuyo nombre era Amor.

"Si alguna vez alguno de nosotros penetra en la ciudad del Amor y la Inspiración, continuó, no lo aceptamos de regreso en nuestra ciudad. Por cualquiera que vaya allí se convierte en uno igual al resto de la población de la ciudad, totalmente unido a ese primer ministro. Se enamora de él, y está dispuesto a dar cualquier cosa, todo lo que tiene, sus posesiones, su familia e hijos, aun su vida, en aras de ese primer ministro llamado Amor.
Nuestro sultán, Su alteza la Habilidad, encuentra este atributo absolutamente inaceptable. Él recela de la influencia de aquellos que poseen esta cualidad, porque tanto su lealtad como sus acciones, parecen ser ilógicas y no son comprensibles al sentido común".

"Nosotros escuchamos que la gente de esa ciudad invocan a Allah con himnos y canciones, aún con el acompañamiento de la flauta de lengüeta, con tamboriles y tambores, y al hacerlo pierden sus sentidos y ascienden al éxtasis. Nuestros líderes religiosos y teólogos encuentran esto inaceptable de acuerdo con nuestras reglas de ortodoxia. Por lo tanto ninguno de ellos ni siquiera sueña de poner un pie en la ciudad del Amor y de la Inspiración".

Cuando terminé de escuchar esto, sentí un terrible desagrado por la Ciudad del Auto Reproche, y corrí hacia las puertas de la bendecida Ciudad del Amor y de la Inspiración.
En sus portones estaba escrito:

*bab ul-jannati maktub: la ilaha illa Llah*

Yo recité en voz alta la sagrada frase -la ilaha illa Llah- "No hay Dios si no Allah"...
Me prosterné, y ofrecí mis sinceros agradecimientos. Ante ello, las puertas se abrieron y entré.

Pronto encontré un alojamiento de derviches, donde ví al elevado y al humilde, al rico y al pobre, juntos como un solo ser. Los vi amándose y respetándose uno al otro sirviéndose entre si con consideración, reverencia y deferencia, en un continuo estado de pura alegría. Estaban charlando, cantando sus canciones y sus conversaciones eran cautivantes, hermosas, y siempre sobre Allah, y él mas Allá; espirituales, alejados de toda ansiedad, o pesar, como si morasen en el Paraíso. No escuché ni vi nada que semejara a una disputa o querella, nada perjudicial o dañoso. No había intriga ni malicia, envidia ni habladuría. Sentí inmediatamente paz, consolación y alegría entre ellos.

Vi a un hermoso anciano, la conciencia y la sabiduría brillando a través de él. Fui atraído hacia él, me acerque y me dirigí a él: "Oh mi apreciado, yo soy un pobre viajero, y aún uno enfermo, buscando un remedio para mi enfermedad de oscuridad e inconsciencia...¿Hay un médico en esta ciudad del Amor y la Ìnspiración que pueda curarme?".

Él permaneció en silencio por un momento. Le pregunte su nombre. Me dijo que se llamaba "Hidaya", Guía. Y luego dijo: "Mi sobrenombre es Veracidad. Desde tiempos inmemoriales ni una sola inexactitud a atravesado por estos labios. Mi deber y mi mandato es el enseñar a aquellos quienes sinceramente buscan la unión con El Amado". Y a usted le digo...:

" Y sirve a tu Señor hasta que llegue a tí aquello que es certero".
(Surah Hijr, 99)

" Y Recuerda el nombre de tu Señor y elévate
en ofrenda de tu ser a Él con entera devoción".
(Surah Muzammil, 8)

"También usted es un sincero amante: escúcheme con el oído de su corazón. Hay cuatro distritos en esta ciudad del Amor y la inspiración a la cual usted ha venido. Estos cuatro distritos están uno dentro del otro".
"El distrito más externo es llamado "Muqallid", el distrito de los imitadores.
El experimentado médico que usted busca para curar sus males, no está dentro de este distrito. Tampoco está la farmacia que tenga medicamento para la enfermedad de la desatención, oscuridad del corazón y oculto politeísmo. A pesar de que usted encontrará muchos que se hacen conocer como médicos del corazón...toman la apariencia de tales, usan vestimentas y se ponen grandes turbantes; declarándose así mismos como hombres sabios, mientras intentan esconder su ignorancia, su depravación, su falta de carácter; incapaces de probar lo que claman ser; buscando fama, y ambiciosos por el mundo...ellos mismos están enfermos con la enfermedad de sí mismos. Ellos asignan socios a Allah, y son maestros solamente de la imitación.

"Ellos esconden bien su intriga, duplicidad, y malicia. Son inteligentes, perceptivos, alegres y amantes de la buena vida. A pesar de que sus lenguas aparentan estar pronunciando las plegarias y los nombres de Allah y usted los encuentra a menudo en los círculos de los derviches, sus mentes que los guían no les señalan para que vean la influencia y beneficio de sus plegarias. Por lo tanto Uds. no encontrara en ellos el bálsamo para suavizar los dolores de la inconsciencia y de la desmemoria".

"Usted bien puede dejar este distrito de los imitadores y tomar refugio en el distrito de "Mujahid", el distrito de los guerreros".

Yo seguí su aviso y fui hacia ese distrito. Las gentes que allí encontré eran débiles y delgadas; gentiles, pensativos, agradecidos, devotos de la plegaria, obedientes, ayunadores, contemplativos y meditativos. Su fuerza estribaba en poner en acción aquello que sabían.
Yo intimé con ellos, y vi que habían abandonado todas las fallas de carácter producidas por el egoísmo, la egolatría y las sombras de la inconsciencia. Poseían un gran talento para servir, estaban complacidos con Su Señor y contentos con su condición.
Permanecí en el distrito de los gentiles guerreros por muchos años. Actúe como ellos actuaban y viví como ellos vivían, observando como yo actuaba y como yo vivía, sin dejar escapar un instante en negligencia. Aprendí y mostré paciencia y tolerancia...supe estar contento y satisfecho con mi parcela. Realmente estaba contento y satisfecho!!

Luché duramente día y noche, con mi ego, pero todavía me quedaba el politeísmo de muchos "mi-s" y "yoes" combatiéndose entre ellos, aún a pesar de que todos enfrentaban al mismo Dios. Esta, mi enfermedad de "shirk khafi" -disponer muchos "yoes" como socios de Allah- arrojaba pesadas sombras sobre mi corazón, escondía la verdad y me mantenía en el descuido.

Pregunté a los médicos del distrito, ¡les rogué!. Les hablé de mi enfermedad, el oculto politeísmo, la horrible negligencia, la oscuridad del corazón, y pedí por ayuda. Ellos me dijeron: "Aún en este lugar de aquellos quienes batallan con sus egos, no existe cura para tus males, porque..."

"El es contigo dondequiera que tu estás".
(Surah Hadid ,4)

Entonces me aconsejaron que viajara hacia el castillo de "Mutma' ina", la Ciudad de la Paz y la Tranquilidad. Cerca de esa ciudad, se encontraba un distrito denominado "Munajaat wa Muraqaba" -súplica y meditación-. Quizás allí, dijeron ellos, había un medico para curarme.

Cuando llegué al distrito de la meditación vi a sus habitantes quietos y pacíficos, recordando a Allah internamente, recitando Sus Bellos Nombres. A todos y a cada uno de ellos les había nacido un hijo del corazón. Permanecían de pie, con sus cabezas inclinadas en la presencia de su Señor, silenciosos, melancólicos, tristes, en profunda veneración. A pesar de que su exterior parecía aniquilado y ruinoso, sus corazones brillaban y florecían.

Sus modales eran gentiles y corteses. Escasamente hablaban entre sí, por temor de distraer la atención del otro, del Uno en Cuya presencia ellos se sentían estar, de impedirse permanecer en profunda meditación. Eran livianos como plumas, y sin embargo, su mayor temor era ser una carga y un agobio sobre otros.

Pasé muchos años en el distrito de la meditación y la contemplación. Hice como ellos hacían, y sin duda yo pensaba que estaba finalmente curado del descuido, del politeísmo, y de la inconsciencia. Pero no estaba curado del oculto dualismo del "yo" y del "El" que todavía arrogaba pesadas sombras sobre mi corazón.

Mis lágrimas corrían en torrentes. Miserable y macilento, y en total temor reverente, caí en un extraño estado donde un océano de tristeza me rodeaba. Deseé ahogarme en ese mar. No encontraba otra solución sino morir. Pero no podía hacer ninguna cosa, no poseía voluntad, ni aún para morir.

Mientras permanecía allí impotente, entristecido, en éxtasis, apareció en el lugar el hermoso maestro a quien primero había conocido en extrañas tierras, aquél quien era llamado "Hidaya", el Guía. Me contemplé con ojos compasivos y me dijo: "¡Oh, pobre esclavo de sí mismo, en exilio en estas tierras extranjera! ¡Oh, peregrino lejano de su hogar! ¡Oh, pobre miserable, usted no puede encontrar su cura en este estado de espíritu. Abandone este lugar!. Vaya a ese distrito mas allá, justo al lado de las puertas del castillo de "Mutma ' ina". El nombre de ese barrio es "Fana' " -autoaniquilación-. Allí usted encontrará médicos que se han aniquilado a sí mismo, quienes no poseen ser, los que conocen el secreto de:

"fa-afnu thumma afnu thumma afnu fa-abku thumma abku thumma abku"

"No seas, no seas, no seas, de modo que tu serás, de modo que tu serás, de modo que tu serás para siempre".

De inmediato fui al distrito de la autoaniquilación.
Vi su población muda, sin palabras , como si muertos, carentes de fuerzas en ellos como para emitir palabra alguna. Habían abandonado cualquier esperanza de beneficiarse del hablar y estaban preparados para entregar sus almas al ángel de la muerte. Estaban totalmente desinteresados de si yo estaba allí o no.

No vi realizar acción alguna entre ellos, exceptuando la ejecución de sus plegarias cinco veces al día. Habían perdido el concepto de separación entre este mundo y él Mas Allá, lo habían olvidado. Tanto el dolor como la alegría les eran iguales. Habían abandonado el gusto tanto de las cosas materiales como el de las espirituales. Ningún pensamiento les preocupaba. No recordaban nada, ni tampoco esperaban nada. Toda necesidad y deseo les eran extraños. Habían suprimido aún el suplicar a Allah por aquello que deseaban.

Me quedé con ellos por muchos años. Hice lo que ellos hacían. No me diferenciaba de ellos, pero al no conocer su estado interior, no podía hacer lo que ellos hacían internamente.

Aún, en este lugar entre ellos, sentía gran dolor. Sin embargo cuando deseaba escribir los síntomas de mi enfermedad, me era imposible encontrar un cuerpo, ni existencia alguna, que me permitiera decir "Este es mi cuerpo" o "Este soy yo". Entonces supe que aquello que era "yo", se convertía en mi dueño. Entonces supe que decir "Ese ser es mío", constituye una mentira, y mentir es un pecado para cualquiera. Entonces supe que pedir al verdadero dueño por aquello que era "mío" era el oculto politeísmo del cual había deseado liberarme, ¿Qué era entonces lo que había que hacer...?

Presa de reverente temor; vi que estaba libre de todos mis deseos. Grité y lloré. En mi desesperación, si hubiera llamado ante El y dicho: "¡Oh, Señor!"...hubiera habido entonces dos...yo y El, mi ser y el Uno de quien buscaba ayuda, el querer y el Querido, el deseo y el Deseado, el amante y el Amado, ¡Oh, tantos!. Yo no conocía el remedio.

Los desconsolados lamentos atrajeron la piedad del ángel de la Ìnspiración, a quien su Señor había encargado la enseñanza de los amantes. Con el permiso de su Señor, me leyó del libro de la divina inspiración: "Primero, aniquila tus acciones".

El me lo entregó como regalo. Cuando extendí mi mano para recibirlo, vi que no había tal mano. Era una composición de agua, tierra, éter y fuego. Yo no tenía mano para tomar ni poder para actuar.

Existe sólo Uno que tiene poder, el Todo-Poderoso. Cualquier acción que ocurra a través mío, pertenece al Actor Absoluto. Todo poder, todos los actos, yo los refería a Él, y dejaba todo cuanto ocurría para mí y a través mío, en este mundo. Yo sabía, ya que había sido instruido por el ángel de la Inspiración, lo que constituye la aniquilación de las propias acciones...Y a Allah se deben todas las alabanzas.

La prueba de la necesidad de despojarse de las propias acciones en el sendero a la verdad está en el versículo del Sagrado Corán:

" Qul kullun min ' inda Llahi "

" Dí, toda acción es desde Allah. "

Yo soy iletrado y no he recibido enseñanza, sin embargo Allah, El Mas Alto, en su manifestación de la Verdad Final, me ha agraciado con la habilidad y el poder para enseñar. Ya que lo que aquí esta relatado son acontecimientos que me ocurrieron a mi, experiencias que trajeron un estado de mente y espíritu, y como ha sido dicho: " al-halu la yu ' rafu bil-qal " -los estado no pueden decirse con palabras- no es posible expresar tales estado de forma que otros los puedan apreciar o aún imaginarlos."

Entonces deseé, con el permiso de Allah y con la ayuda del ángel de la Inspiración, desprenderme de mis atributos -aquellas cualidades que hacen la propia personalidad-. Cuando miraba, lo que yo veía no era mío. Cuando yo hablaba, lo que expresaba no era mío. Ni tampoco era mío el contenido. Totalmente impotente, fui desmembrado de todos los atributos, visibles e invisibles, que me distinguían, de todas las cualidades exteriores e interiores que habían hecho de mí lo que era "yo".

Con todo mi ser, mis sentidos y mi espíritu Yo me supuse ser una pura esencia. ¡Entonces percibí que aún esto era dualidad!. ¿Qué debo hacer, qué relación tengo con algo que no me pertenece?. Nuevamente estaba impotente.

Entonces aún mi esencia me fué quitada. Todavía sin embargo yo lo deseaba y lo añoraba a ÉL . Sentí el significado de:

" wa talibu ' ayni ' abdi "
"aquél que Me desea es Mi verdadero servidor".

Aflicción, para este yo dentro mío , ¡no sé que hacer!. En desmayo , mi esperanza esta puesta en esa unión.

" Wa Llahu bi kulli shay ' in muhit "
"Allah es quien abarca todas las cosas"

" huwal-awwalu wal-akhiru waz-zahiru wal-batinu wa huwa bi kulli shay ' in ' alim"
"Aquél que es "Antes del antes y después del después, y todo lo que
es evidente y todo lo que es oculto, y ÉL es el conocedor de todas las cosas"

...Se hizo manifiesto en el secreto de mi corazón.

Todavía entonces deseé que el secreto de: "mutu qabla an 'tamutu" -el morir antes de la muerte- se hiciera realidad en mí. Oh, desgracia! ,nuevamente ésta escondida dualidad de yo y Aquél que anhelo. Esto tampoco puede ser verdad.

¿Qué enfermedad es ésta, que da punzadas de dolor cuando me muevo, cuando deseo, cuando anhelo, cuando pido ayuda, cuando rezo y cuando ruego? ¿Que extraño estado es éste en el que he caído, tan difícil de resolver?.

Desalentado, entregué todo ello ha su Propietario y esperé en el portal del consentimiento en agonía de muerte, sin sentido, sin pensamiento ni percepción, como si muerto, esperando que la muerte me tomara a cada respiración. Permanecí en ese estado no sé por cuanto tiempo.

Siguiendo el consejo: " istafid qalbaka " -" Pregunta a tu corazón"- le dije a mi corazón que me instruyera. Me dijo: "Mientras que exista un resto de tí en tí, no puedes escuchar el llamado de tu Señor: " irji " -" ¡Ven hacia mi! "-.

"Si un gato cayera dentro de un pozo de sal y se ahogara, y con el tiempo su cuerpo se convirtiera en sal, si restara solamente un único pelo, ¿podría esa sal ser usada como alimento? ¡Cuán a menudo, y por cuánto tiempo debaten y discuten los teólogos tales materias!.
Algunos dicen que a pesar del único pelo la sal está limpia, que el cadáver del gato es ahora la sal; y algunos dicen que ese único pelo es tanto el gato como si fuera su cuerpo entero. Por lo tanto la sal esta sucia y es contra la ley el comerla".

Yo sentí la verdad en ello y deseé que ese vestigio de mí en mí, muriese. Tomé ese vestigio y lo sumergí en la beatitud divina. Un éxtasis llegó, desde mí, a mí, por encima de aquello que era mío, cubriéndolo todo, el sabor del cual es imposible de describir. Sin oídos, sin palabras, sin letras, yo escuche la invitación:

" Irji "
" Ven a Mí."

Intenté pensar: "¿Cuál es este estado?. Mi pensamiento no podía pensarlo". Se me hizo saber que el pensamiento no puede pensar sobre el sagrado secreto. Aún ese conocimiento fué apartado de mí tan rápido como me llegara.

"Oh buscador, lo que ha sido dicho aquí no pretende mostrar que yo sé. Por lo tanto se te hará conocer solamente después que yo me haya ido de entre ustedes. Es para el beneficio de los buscadores de la verdad, para los amantes que anhelan el Amado, de modo que les ayude a conocerse a sí mismos, de manera que puedan encontrar en cuál de las ciudades a través de las que yo he viajado están y con cuál de los ciudadanos están haciendo amistades. Cuándo, y si, en sinceridad conocen el lugar donde se hayan, actuarán en consecuencia, y sabrán la dirección de la puerta de la complacencia de la Allah, y estarán agradecidos. Quizás puedan ellos recordar este faqir, el escritor de estas palabras, con una pequeña plegaria.

La paz de Allah , y sus bendiciones sean sobre el escritor original de estas palabras.

*Al Fatihah*

*Este manuscrito pertenece a un Sheikh Naqshbandi (orden sufi) que vivió hace 150 años y fue leído por GranSheikh Safer Efendi (r.a.) a nuestros hermanos Jerrahis de Nueva York en un viaje realizado a Estambul, cuyo Sheikh Tosun Bayrak al-Jerrahi hizo la traducción del Turco Otomano Arcaico al Inglés-Castellano para nuestra comprensión.

Mis queridísimos hijos, Hz. Pir Shah Naqshband, de quien dependía el Sheikh que escribió estas palabras, dice:

"Un derviche sincero que viaje en el sendero de la verdad debiera comparar a menudo su ego con el del Faraón y verse a sí mismo cien mil veces peor que él. Si un derviche no lo siente a sí, no puede en verdad estar en este camino".

Se dice que quienquiera que se ama a sí mismo está afligido con cuatro desastres: arrogancia, envidia, deshonor, y finalmente el de ser detestable, aún a los ojos del populacho.

Hz.Sheikh Sari al-Saqati dice:

"Las fuerzas más grandes y el más grande coraje están manifiestos en aquél que a vencido a su ego hasta la sumisión".

Hz. Nisapuri (q.s.) - dice:

"Quienquiera que es capaz de eliminar la sombra arrojada por su ego sobre su propia vida, se transforma en un benévolo protector bajo cuyo amparo otras gentes pueden tomar refugio".

Hz. Sezai (q.s.) - dice:

"Quienquiera que está bajo las órdenes de su ego, vive en un continuo dolor espiritual. Quienquiera que entrega su pequeña voluntad a cambio de la más grande voluntad de Allah, y espera en las puertas de la complacencia de Allah, siguiendo los mandamientos de Allah, está, en realidad, en el Paraíso"
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Quiera Allah llamarlos y aceptarlos a Uds. todos en su Paraíso en este mundo y en el Más Allá...


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