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LA
MUJER MUSULMANA:
PROTAGONISTA DEL SIGLO XXI
Este artículo que El Muecín publica a continuación
es nuestro homenaje póstumo a nuestra querida hermana Gabriela
González, que Dios tenga Misericordia de ella y le otorgue un lugar
elevado en el paraíso. Gabriela recorrió un largo camino
hasta ver la luz del Islam y el diálogo sincero con él,
con la esperanza de rescatar a Occidente de la decadencia de valores en
que está cayendo. Ella dedicó los últimos años
de su preciosa vida a este diálogo fecundo y dejó el testimonio
de estas ricas vivencias personales en sus tres últimos libros:
"Una luz en mi corazón, mi camino hacia el Islam"; "La
mujer musulmana es un ángel de luz"; "Irán, una
luz en mi camino". Estos son sus tres testimonios más importantes
que legó a todos los que buscan profundizar en la naturaleza humana
y han llegado a la convicción de que occidente por sí solo
no tiene las respuestas a los interrogantes más profundos de nuestro
ser. Para quienes buscan a Dios y rescatar a Occidente de su decadencia,
estos testimonios son de un gran valor, pues les ayudará a despejar
los prejuicios en torno a tres temas importantes, una primera aproximación
en general al Islam, el tema de la mujer y algunos asuntos relacionados
a ella y a la situación de la República Islámica
de Irán a través del viaje que realizó Gabriela en
el año 2000 a ese país. Para nosotros son además
un hermoso recuerdo de esa alma tan sensible para las cosas del espíritu
que tenía nuestra querida Gabriela. As-salamu alaikum Gabriela
ua Rahmatullahi ua Barakatuhu (La paz sea contigo, la Misericordia y la
Bendición de Dios).
La mujer es ante todo un ser humano, un milagro de Dios, de su creación
como también lo es el hombre. Hay diferencias biológicas
muy importantes que naturalmente indican funciones y un rol diferente
a la mujer y al hombre, un destino que debemos tener muy en cuenta para
no obstaculizar el proceso de crecimiento, de evolución de nuestra
especie.
Muchas culturas primitivas se han destruido bajo el impacto de una civilización
extranjera, la incapacidad de clasificar las ideas y de conectarlas, introduciendo
así algún orden en la concepción mental que el hombre
tiene del universo.
Estamos en una época de la Historia de la Humanidad en que debemos
hacer una revisión, hay que examinar, investigar, reflexionar acerca
de los derechos y obligaciones en el sistema familiar del rol de la mujer.
La estructura familiar en una sociedad, afecta el desarrollo histórico
en todas las culturas y civilizaciones, de todas las religiones, filosofías,
organizaciones políticas y sociales y estructuras económicas.
En occidente estamos pasando por una crisis de la institución de
la familia. Me parece importante ir un poco atrás en el tiempo,
el pensamiento racional griego se separa de los procesos del pensamiento
mágico y transfiere el centro del poder creador simbólicamente,
del vientre femenino al cerebro masculino. La diosa "Atenea nace
de la cabeza de Zeus", aquí nace la distorsión a nivel
cultural, en occidente todavía la sufrimos al dar mayor importancia
y valorizar más la cultura racional que a la naturaleza. Aparte
comienzan a valorarse las ideas, los pensamientos filosóficos,
que sin duda son abstractos más que a la vida como hecho concreto.
En la época de Pericles se llegó a la degradación
de la posición y rango social de la mujer, fue cuando se la desprestigia
más.
La Grecia de siglo VI sufre una terrible esterilidad, cuando desaparece
la fe religiosa, se reduce a un sistema exclusivamente racional y se llega
a un callejón sin salida. La creación de la imaginación
si no ésta acompañada de la conexión del ser con
su esencia, con Dios, se priva de la visión y el pensamiento lógico
sin la creatividad imaginativa conectada con su centro esencial es algo
hueco, vacío.
Una combinación armoniosa se basa en los elementos masculinos racionales
y en los femeninos intuitivos mancomunados. El carácter esencialmente
masculino de la cultura helénica, con su dedicación estacionada
en la lógica abstracta y el escepticismo, impiden la supervivencia
de la interpretación de los mitos. Hoy sufrimos en occidente esta
consecuencia que llevó a la incertidumbre que reina con respecto
al valor de la institución familiar.
Considero que en todas las culturas la mujer es un pilar fundamental,
ella da la vida, que es una manifestación natural del poder creador.
La naturaleza de la mujer tiene una correlación íntima entre
sus ciclos menstruales y las fases de la luna o el movimiento de las mareas.
Está comprobado científicamente que el funcionamiento de
las hormonas femeninas (estrógenos) aumenta la percepción
sensorial y hace que la mujer sea más sensible al acondicionamiento
de las presiones sociales y de los valores tradicionales que los hombres
que son más burdos y más individualistas, les afecta menos
las opiniones y los sentimientos de los demás. La mujer tiene una
sensibilidad interna mucho mayor, que encuentra su reflejo exterior en
su mayor sensibilidad respecto a sus relaciones sociales.
El hombre en cuerpo y mente es más independiente, está menos
involucrado en su ser fisiológico. Es menos sensible frente a los
otros. La mujer está orientada biológicamente hacia la intuición,
la receptividad, la sensibilidad. Estos rasgos también están
condicionados por la educación social. Estudios científicos
han revelado que el pensamiento femenino es más global, tiene en
cuenta todos los elementos que se encuentran presentes, el pensamiento
masculino es más analítico.
La mujer tiende naturalmente a conservar la estructura preestablecida.
La mujer tiende a centrarse en los motivos y sentimientos subjetivos de
una circunstancia. El hombre se centra en el objetivo, en los resultados
y éxitos exteriores.
Toda conducta social y cultural emerge del contexto biosocial. La incertidumbre
nace cuando no está claro el sentido de haber venido al mundo,
el sentido de la vida, la falta de fe en reconocerse como fragmentos de
la unidad de un todo, de Dios Misericordiosísimo, Sapientísimo,
Poderosísimo. Cuando no reconoce que aún negando a Dios,
está regido por los ciclos naturales, el día, la noche,
el calor, el frío, la lluvia, la sequía, todo esto hace
a la armonía de la naturaleza de su belleza, en su melodía,
en su grandeza, en su bondad, en su libertad (en su creación) y
su gran fuerza generativa y regenerativa.
El gran drama de fin de este siglo en el mundo occidental es haber olvidado
cultivar la espiritualidad, elevarla, llegar a dominar los instintos,
cultivar el afán de perfección, el impulso que desde la
aurora de la civilización se observa en una minoría. Deberíamos
vencer el mal empleando toda nuestra energía en obras valiosas
que distinguen nuestra especie.
La mujer en occidente a partir de comienzos del siglo XX, conquista rápidamente
espacios nunca antes imaginados, comienza a ser protagonista en la vida
artística, en la vida política, en la vida religiosa, económica,
en todos los órdenes que solamente a los hombres les pertenecía.
A medida que va avanzando en esta necesidad de igualarse en sus posibilidades
de demostrar sus capacidades intelectuales con el hombre, no crece y se
desarrolla mancomunada con él, sino que lo desafía y aquí,
desde mi criterio personal, está el gran error que llevó
al caos, a la inestabilidad de la institución familiar, a la crisis
de los jóvenes que se pierden en el camino del alcohol, la droga,
como consecuencia el SIDA, la anorexia, bulimia, el gran desamor de la
madre.
La mujer en esta lucha enfrentada con el hombre descuida su rol fundamental,
el ser madre, cuidar de su esposo, de sus hijos y tambalea la institución
familiar.
Sin lugar a dudas un pecado, un desatino, se desequilibra la sociedad,
tambalean sus estructuras sociales, políticas, económicas,
se pierden los valores morales, el pudor. Se produce un caos, provocado;
la gran causante es la mujer en su ambición de protagonismo sin
un rumbo cierto, de autonomía sin sentido real.
Actuando por impulsos destructivos para toda la especie va contra su propia
naturaleza elaborando ideologías abstractas inventadas por una
imaginación perversa que retrasan el proceso evolutivo de la raza
humana, y con argumentos en el aire. Los intelectuales que defendieron
la libertad e igualdad como derechos naturales de los seres humanos, no
tuvieron otro argumento que la orden dada en la naturaleza, en el origen
en la creación divina. Las diferencias entre el hombre y la mujer
hoy están muy claras desde punto de vista científico, las
diferentes disciplinas, tanto la biología, la psicología,
a la luz de nuevos descubrimientos confirman que la mujer y el hombre
son iguales como seres humanos, pero tienen tipos de características
y dos tipos de psicología diferentes.
Lo que debía suceder es que cada sexo continúe moviéndose
en su órbita y en su dirección natural. Por ejemplo en Polonia,
un país occidental que sufre continuas guerras desde Boleslaw I
(año 996) la mujer tenía el rol de defender su descendencia
y a su vez ser administradora de todos sus bienes familiares, mientras
el hombre iba a la guerra.
Debido a estas circunstancias del destino, la mujer pasa a ser el principal
pilar en el que se sostenía la institución familiar. Una
nación por excelencia agrícola, debía pensar dónde
y cómo sembrar, vender el producto de lo sembrado, educar sus hijos,
defenderse de posibles ataques. Pero en tantos siglos pasados de sufrimientos,
el hombre al ir a la guerra, tenía certeza de que su esposa no
lo iba a traicionar ni con el pensamiento. La mujer debía ser casta
físicamente, espiritualmente, intelectualmente. Esto hacía
respetarla y mantenía su integridad, la de su núcleo familiar
y la de toda la comunidad. Sin duda las circunstancias muchas veces fuerzan
a que se tengan que cumplir con roles para los que no estamos preparados.
Pero cuando hay valores morales inquebrantables, hay armonía, equilibrio
interno y externo.
La gran desgracia es que se ha olvidado, al ser íntimo aquí,
en Occidente. La historia es el gran campo de batalla entre el bien y
el mal. El poder del hombre de inspiración surge de su mente, de
su imaginación y el poder de la mujer de inspiración surge
de su ser emotivo. No se trata de inteligencia, de comprensión
intelectual, las mujeres son tan inteligentes como los hombres. Pero fisiológicamente
y psíquicamente, nosotras las mujeres en un nivel profundo, somos
quiénes proporcionamos los sentimientos, las emociones vitales
que subyacen a todas las realizaciones culturales de los hombres.
Lo que da el poder creador es la correlación entre la mujer y el
hombre, ni masculino, ni femenino, puede conseguir nada sin la contribución
del otro. La institución del matrimonio, nace como una necesidad
de establecer un ordenamiento social, es una unión legítima
entre un hombre y una mujer, que hace a la familia cuando la cumple con
su función de procreación.
La mayoría de leyes y tradiciones que gobiernan la sociedad humana,
desde las más primitivas hasta las más elaboradas se preocupan
ante todo, por controlar y disciplinar la relación entre el hombre
y la mujer, integrándola en la estructura social y garantizando
la permanencia de la relación de pareja. "La raza humana debe
su unidad y universalidad en buena parte al tabú del incesto, en
cuanto esta prohibición ha ligado entre sí a poblaciones
cada vez mayores y dispersas y a la institución del matrimonio
por medio de la que ha dado cohesión social a grupos cada vez mayores
de seres humanos", como afirma Amaury de Riencourt.
El matrimonio constituye la institución social más duradera
en la raza humana y es el pilar de la familia. No es un mero intercambio
de intereses, de mercancías como lo fue en sociedades primitivas.
En un "hecho social en su totalidad" así lo definió
el antropólogo Marcel Mauus, tiene un significado y una trascendencia
religiosa, social, ética, jurídica, sentimental, mágica,
económica. No es un solo interés material, se comparten
dones, es un gran acontecimiento en la vida. Se juegan simpatías,
emociones, poderes. Me dice una artista plástica uruguaya Agó
Paez Vilaró "Se ha puesto el poder en la materia y definitivamente
la materia nos ha llevado a estar sumergidos en un baño de lodo,
en la oscuridad, en esta situación de confusión, de ira,
violencia, incertidumbre, indiferencia, egoísmo, hipocresía,
vanidad, adormecidos. Se perdió la dignidad humana, consecuencia
de la falta de fe, de amor, de hacer florecer las virtudes".
Es la gran causa del deterioro como también sucedió en el
gran Imperio Romano que perdió la dignidad moral y el orgullo cívico.
La erosión del espíritu de familia en la Roma de Marco Aurelio,
hubo un gran vacío provocado por la emancipación de la mujer
y termina derrumbándose el Imperio.
En nuestro presente el gran avance tecnológico se desarrolla en
una dimensión de posibilidades infinitas, hay una realidad actual
que es el gran poder de las comunicaciones, tomo como ejemplo programas
de televisión que penetran en el hogar, interrumpen la armonía
y la comunicación familiar ofreciendo una programación mediocre,
que desde los años ochenta hasta ahora cada día va en decadencia,
presentan el sexo como un juego exclusivamente producto del deseo, algo
alejado del amor, se persigue una libertad a través de relaciones
"libres" que es una farsa, una mentira, que fomenta y conduce
a la promiscuidad, al vacío interior tanto de la mujer, como del
hombre, la violencia que hoy pueden mostrarnos a través de dibujos
animados dirigidos a los niños, en las series cortas, en películas
es cruel, es oscura, es lamentable y peor aún las consecuencias
que sufrimos en la sociedad, las ilusiones que venden a través
de programas que dan premios millonarios por no hacer nada, simplemente
hablar por teléfono y decir el nombre y el apellido. Es infinita
la lista de comercialización de la mentira, subestimando la sensibilidad
y la inteligencia de las personas durante veinticuatro horas, cada día
de la semana durante los trescientos sesenta y cinco días del año...
Sin lugar a dudas esto no es un hecho aislado, casual que ocurre en un
país de los cinco continentes, esto es una realidad que está
pensada, globalizada, digitada por mentes diabólicas que solamente
persiguen enriquecimientos a través de los que pretenden dominar
las mayorías que duermen en la ignorancia, en el deterioro cotidiano
de su vida en el mundo, que están alejadas completamente del conocimiento,
de la verdad, de los valores morales reales, esclavizadas por consumir
y aturdirse sin pensar lo que el sistema manipula fríamente sin
importarle el caos y la destrucción y el derrumbe al que se conduce
a la humanidad. Es una lástima que el maravilloso avance científico,
que con ritmo vertiginoso crece y se desarrolla por la inteligencia de
investigadores, de estudiosos, sea tan mal orientado y en lugar de ser
un aporte para el enriquecimiento del conocimiento, de la psiquis, del
espíritu, de la evolución, se convierta en el peor causante
de la destrucción que sufrimos de nuestra naturaleza ya en los
pies del siglo XXI.
En una situación en que lo maravilloso del universo ya no tiene
sentido, se pierde, se impone impetuosamente el derecho a la vulgaridad,
la mediocridad es un derecho adquirido y es la que reina en todos los
niveles.
"La barbarie es ausencia de normas y de posible apelación"
(Ortega y Gasset).
Estamos retrocediendo todo el proceso evolutivo de la especie humana.
La convivencia humana va cayendo en un pozo, en una trampa, se debe despertar
y colaborar para encontrar nuevamente la luz y renacer.
No debemos aceptar más el rebrote del primitivismo y de la barbarie.
Debemos exigirnos ir por un camino recto, ser mejores, cumpliendo con
nuestros deberes, esforzándonos en la perfección sobre nosotros
mismos, no ir más a la deriva, encontrar el rumbo cierto, que el
objetivo sea la nivelación entre la mente, el espíritu,
la psiquis y el físico.
Tengo la intuición, la certeza que la mujer musulmana que desde
hace quince siglos se ha resistido a contaminarse, que hasta hoy sus valores
morales, su pudor son inquebrantables su certidumbre de estar en el mundo
cumpliendo un rol fundamental como madre, como esposa, como protagonista
activa en todos los órdenes de la sociedad, será la gran
protagonista del siglo XXI, con su ejemplo y su sabiduría podrá
ayudar al renacimiento de los valores, de espiritualidad, del amor y del
crecimiento intelectual.
"Pude comprobar una vez que la sabiduría está dentro,
que la fuente está en nosotros y que debemos buscar ese centro,
que allí se en cuentra, la paz, la verdad, el amor y el equilibrio.
Tener el coraje de encontrar el verdadero valor en el sentido de la propia
vida y de ahí al prójimo" (Agó Paéz Vilaró).
Los mensajes las advertencias, las respuestas a tantos interrogantes que
acosan y nublan nuestra vida, están en esa sabiduría milenaria
que atesoramos en nuestro fuero interior, en esa conciencia que no podemos
quebrantar.
Hay demasiados intereses en manipularnos y hacernos objeto del consumo
masivo a través de fantasías inventadas que confunden, el
bien con el mal, libertad con esclavitud, pero estoy convencida de que
sólo la luz, el camino del bien, el amor al prójimo, el
desarrollo de las virtudes que enaltecen nuestra condición femenina
será lo que triunfará. Se salvará la institución
familiar y la estabilidad social podrá florecer como nunca antes.
Así podremos en próximos siglos llevar a vivir con mayor
equidad, valorando con profundidad el milagro de estar por tan breve estadía
en el mundo, en el Planeta Tierra.
Las mujeres tenemos que por fin asumir y ser responsables de nuestra misión
en la vida, se buscan libertades, emancipaciones que sólo nos alejan
completamente de nuestra naturaleza femenina y se distorsiona absolutamente
todo.
El Papa Juan Pablo II, en Roma declaró que el "Amor libre,
no es ni amor, ni libre". Estoy completamente de acuerdo con éste
concepto, el amor es entrega, compromiso, altruismo verdadero, luz, es
devoción por brindar lo mejor de uno en cualquier orden y situación;
libertad es elegir el bien, nosotras mujeres occidentales creemos ser
libres pues se nos presentan muchas opciones de elección, por ejemplo
cuando decidimos ir al cine, no "hay censuras", pero en muchas
oportunidades no tenemos posibilidad de elegir lo que es saludable y nutre
y enriquece el intelecto y el espíritu. Pues los mensajes de las
películas están ante todo bien pensados desde el punto de
vista de la conveniencia del mercado, en segundo lugar piensan la temática
que van a desarrollar, así ocurre sucesivamente con toda la información,
el gran objetivo es el enriquecimiento de quienes las manejan.
Esto no es libertad, esto es condicionar el ser pensante a nivel subconsciente.
Libertad es evolucionar sin discriminar, sin aislarse, es integración,
es ir hacia lo perfectible, es no ser esclavo de los pensamientos foráneos,
es dejar fluir la energía que somos libremente, es no retrasar
los procesos de evolución de la especie.
Deberíamos aceptarnos tal como somos y exclusivamente exigirnos
para ser mejores seres humanos, personas, profesionales, artistas, campesinas,
obreras...
Cada una en la actividad que se desarrolla y en todo momento sin descuidar
el rol de madres, de esposa, de hija, de abuela, de hermana, en la familia
que constituimos. Así logramos armonía en el entorno más
íntimo, en el social, en la comunidad que vivimos y por consecuencia
a nivel universal.
Hubo una suerte de iluminación que favoreció a la mujer
islámica, el Imam Jomeini con su inteligencia e ilustración,
con su alto nivel espiritual, con su sabiduría y con su gran sensibilidad
pudo valorar la importancia del protagonismo de la mujer en la sociedad,
impulsó al desarrollo y crecimiento de la mujer preservando su
integridad moral y espiritual.
Todas las mujeres islámicas deben al Imam Jomeini este gran impulso
que las ayudó a evolucionar y a ocupar los más altos cargos
políticos, destacarse en lugares de primer nivel científico,
siempre sin descuidar el rol de esposa, de madre, de hija.
La mujer musulmana conquista espacios en la sociedad mancomunada con el
hombre no lo desafía. Así logró un equilibrio físico,
psíquico, espiritual en su comunidad.
En los rostros de las mujeres musulmanas se refleja la armonía
de su ser íntimo, hay un esplendor que la eleva silenciosamente
a través de los siglos.
Después de mi estadía en Irán, tengo la firme convicción
que la mujer musulmana será la gran protagonista del siglo XXI.
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