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Ella dedicó los últimos años de
su preciosa vida a este diálogo fecundo y dejó
el testimonio de estas ricas vivencias personales en
sus tres últimos libros: "Una luz en mi
corazón, mi camino hacia el Islam"; "La
mujer musulmana es un ángel de luz"; "Irán,
una luz en mi camino". Estos son sus tres testimonios
más importantes que legó a todos los que
buscan profundizar en la naturaleza humana y han llegado
a la convicción de que occidente por sí
solo no tiene las respuestas a los interrogantes más
profundos de nuestro ser. Para quienes buscan a Dios
y rescatar a Occidente de su decadencia, estos testimonios
son de un gran valor, pues les ayudará a despejar
los prejuicios en torno a tres temas importantes, una
primera aproximación en general al Islam, el
tema de la mujer y algunos asuntos relacionados a ella
y a la situación de la República Islámica
de Irán a través del viaje que realizó
Gabriela en el año 2000 a ese país. Para
nosotros son además un hermoso recuerdo de esa
alma tan sensible para las cosas del espíritu
que tenía nuestra querida Gabriela.
As-salamu alaikum Gabriela ua Rahmatullahi ua Barakatuhu
(La paz sea contigo, la Misericordia y la Bendición
de Dios).
La mujer es ante todo un ser humano, un milagro de Dios,
de su creación como también lo es el hombre.
Hay diferencias biológicas muy importantes que
naturalmente indican funciones y un rol diferente a
la mujer y al hombre, un destino que debemos tener muy
en cuenta para no obstaculizar el proceso de crecimiento,
de evolución de nuestra especie.
Muchas culturas primitivas se han destruido bajo el
impacto de una civilización extranjera, la incapacidad
de clasificar las ideas y de conectarlas, introduciendo
así algún orden en la concepción
mental que el hombre tiene del universo.
Estamos en una época de la Historia de la Humanidad
en que debemos hacer una revisión, hay que examinar,
investigar, reflexionar acerca de los derechos y obligaciones
en el sistema familiar del rol de la mujer.
La estructura familiar en una sociedad, afecta el desarrollo
histórico en todas las culturas y civilizaciones,
de todas las religiones, filosofías, organizaciones
políticas y sociales y estructuras económicas.
En occidente estamos pasando por una crisis de la institución
de la familia. Me parece importante ir un poco atrás
en el tiempo, el pensamiento racional griego se separa
de los procesos del pensamiento mágico y transfiere
el centro del poder creador simbólicamente, del
vientre femenino al cerebro masculino. La diosa "Atenea
nace de la cabeza de Zeus", aquí nace la
distorsión a nivel cultural, en occidente todavía
la sufrimos al dar mayor importancia y valorizar más
la cultura racional que a la naturaleza. Aparte comienzan
a valorarse las ideas, los pensamientos filosóficos,
que sin duda son abstractos más que a la vida
como hecho concreto. En la época de Pericles
se llegó a la degradación de la posición
y rango social de la mujer, fue cuando se la desprestigia
más.
La Grecia de siglo VI sufre una terrible esterilidad,
cuando desaparece la fe religiosa, se reduce a un sistema
exclusivamente racional y se llega a un callejón
sin salida. La creación de la imaginación
si no ésta acompañada de la conexión
del ser con su esencia, con Dios, se priva de la visión
y el pensamiento lógico sin la creatividad imaginativa
conectada con su centro esencial es algo hueco, vacío.
Una combinación armoniosa se basa en los elementos
masculinos racionales y en los femeninos intuitivos
mancomunados. El carácter esencialmente masculino
de la cultura helénica, con su dedicación
estacionada en la lógica abstracta y el escepticismo,
impiden la supervivencia de la interpretación
de los mitos. Hoy sufrimos en occidente esta consecuencia
que llevó a la incertidumbre que reina con respecto
al valor de la institución familiar.
Considero que en todas las culturas la mujer es un pilar
fundamental, ella da la vida, que es una manifestación
natural del poder creador. La naturaleza de la mujer
tiene una correlación íntima entre sus
ciclos menstruales y las fases de la luna o el movimiento
de las mareas. Está comprobado científicamente
que el funcionamiento de las hormonas femeninas (estrógenos)
aumenta la percepción sensorial y hace que la
mujer sea más sensible al acondicionamiento de
las presiones sociales y de los valores tradicionales
que los hombres que son más burdos y más
individualistas, les afecta menos las opiniones y los
sentimientos de los demás. La mujer tiene una
sensibilidad interna mucho mayor, que encuentra su reflejo
exterior en su mayor sensibilidad respecto a sus relaciones
sociales.
El hombre en cuerpo y mente es más independiente,
está menos involucrado en su ser fisiológico.
Es menos sensible frente a los otros. La mujer está
orientada biológicamente hacia la intuición,
la receptividad, la sensibilidad. Estos rasgos también
están condicionados por la educación social.
Estudios científicos han revelado que el pensamiento
femenino es más global, tiene en cuenta todos
los elementos que se encuentran presentes, el pensamiento
masculino es más analítico.
La mujer tiende naturalmente a conservar la estructura
preestablecida. La mujer tiende a centrarse en los motivos
y sentimientos subjetivos de una circunstancia. El hombre
se centra en el objetivo, en los resultados y éxitos
exteriores.
Toda conducta social y cultural emerge del contexto
biosocial. La incertidumbre nace cuando no está
claro el sentido de haber venido al mundo, el sentido
de la vida, la falta de fe en reconocerse como fragmentos
de la unidad de un todo, de Dios Misericordiosísimo,
Sapientísimo, Poderosísimo. Cuando no
reconoce que aún negando a Dios, está
regido por los ciclos naturales, el día, la noche,
el calor, el frío, la lluvia, la sequía,
todo esto hace a la armonía de la naturaleza
de su belleza, en su melodía, en su grandeza,
en su bondad, en su libertad (en su creación)
y su gran fuerza generativa y regenerativa.
El gran drama de fin de este siglo en el mundo occidental
es haber olvidado cultivar la espiritualidad, elevarla,
llegar a dominar los instintos, cultivar el afán
de perfección, el impulso que desde la aurora
de la civilización se observa en una minoría.
Deberíamos vencer el mal empleando toda nuestra
energía en obras valiosas que distinguen nuestra
especie.
La mujer en occidente a partir de comienzos del siglo
XX, conquista rápidamente espacios nunca antes
imaginados, comienza a ser protagonista en la vida artística,
en la vida política, en la vida religiosa, económica,
en todos los órdenes que solamente a los hombres
les pertenecía.
A medida que va avanzando en esta necesidad de igualarse
en sus posibilidades de demostrar sus capacidades intelectuales
con el hombre, no crece y se desarrolla mancomunada
con él, sino que lo desafía y aquí,
desde mi criterio personal, está el gran error
que llevó al caos, a la inestabilidad de la institución
familiar, a la crisis de los jóvenes que se pierden
en el camino del alcohol, la droga, como consecuencia
el SIDA, la anorexia, bulimia, el gran desamor de la
madre.
La mujer en esta lucha enfrentada con el hombre descuida
su rol fundamental, el ser madre, cuidar de su esposo,
de sus hijos y tambalea la institución familiar.
Sin lugar a dudas un pecado, un desatino, se desequilibra
la sociedad, tambalean sus estructuras sociales, políticas,
económicas, se pierden los valores morales, el
pudor. Se produce un caos, provocado; la gran causante
es la mujer en su ambición de protagonismo sin
un rumbo cierto, de autonomía sin sentido real.
Actuando por impulsos destructivos para toda la especie
va contra su propia naturaleza elaborando ideologías
abstractas inventadas por una imaginación perversa
que retrasan el proceso evolutivo de la raza humana,
y con argumentos en el aire. Los intelectuales que defendieron
la libertad e igualdad como derechos naturales de los
seres humanos, no tuvieron otro argumento que la orden
dada en la naturaleza, en el origen en la creación
divina. Las diferencias entre el hombre y la mujer hoy
están muy claras desde punto de vista científico,
las diferentes disciplinas, tanto la biología,
la psicología, a la luz de nuevos descubrimientos
confirman que la mujer y el hombre son iguales como
seres humanos, pero tienen tipos de características
y dos tipos de psicología diferentes.
Lo que debía suceder es que cada sexo continúe
moviéndose en su órbita y en su dirección
natural. Por ejemplo en Polonia, un país occidental
que sufre continuas guerras desde Boleslaw I (año
996) la mujer tenía el rol de defender su descendencia
y a su vez ser administradora de todos sus bienes familiares,
mientras el hombre iba a la guerra.
Debido a estas circunstancias del destino, la mujer
pasa a ser el principal pilar en el que se sostenía
la institución familiar. Una nación por
excelencia agrícola, debía pensar dónde
y cómo sembrar, vender el producto de lo sembrado,
educar sus hijos, defenderse de posibles ataques. Pero
en tantos siglos pasados de sufrimientos, el hombre
al ir a la guerra, tenía certeza de que su esposa
no lo iba a traicionar ni con el pensamiento. La mujer
debía ser casta físicamente, espiritualmente,
intelectualmente. Esto hacía respetarla y mantenía
su integridad, la de su núcleo familiar y la
de toda la comunidad. Sin duda las circunstancias muchas
veces fuerzan a que se tengan que cumplir con roles
para los que no estamos preparados. Pero cuando hay
valores morales inquebrantables, hay armonía,
equilibrio interno y externo.
La gran desgracia es que se ha olvidado, al ser íntimo
aquí, en Occidente. La historia es el gran campo
de batalla entre el bien y el mal. El poder del hombre
de inspiración surge de su mente, de su imaginación
y el poder de la mujer de inspiración surge de
su ser emotivo. No se trata de inteligencia, de comprensión
intelectual, las mujeres son tan inteligentes como los
hombres. Pero fisiológicamente y psíquicamente,
nosotras las mujeres en un nivel profundo, somos quiénes
proporcionamos los sentimientos, las emociones vitales
que subyacen a todas las realizaciones culturales de
los hombres.
Lo que da el poder creador es la correlación
entre la mujer y el hombre, ni masculino, ni femenino,
puede conseguir nada sin la contribución del
otro. La institución del matrimonio, nace como
una necesidad de establecer un ordenamiento social,
es una unión legítima entre un hombre
y una mujer, que hace a la familia cuando la cumple
con su función de procreación.
La mayoría de leyes y tradiciones que gobiernan
la sociedad humana, desde las más primitivas
hasta las más elaboradas se preocupan ante todo,
por controlar y disciplinar la relación entre
el hombre y la mujer, integrándola en la estructura
social y garantizando la permanencia de la relación
de pareja. "La raza humana debe su unidad y universalidad
en buena parte al tabú del incesto, en cuanto
esta prohibición ha ligado entre sí a
poblaciones cada vez mayores y dispersas y a la institución
del matrimonio por medio de la que ha dado cohesión
social a grupos cada vez mayores de seres humanos",
como afirma Amaury de Riencourt.
El matrimonio constituye la institución social
más duradera en la raza humana y es el pilar
de la familia. No es un mero intercambio de intereses,
de mercancías como lo fue en sociedades primitivas.
En un "hecho social en su totalidad" así
lo definió el antropólogo Marcel Mauus,
tiene un significado y una trascendencia religiosa,
social, ética, jurídica, sentimental,
mágica, económica. No es un solo interés
material, se comparten dones, es un gran acontecimiento
en la vida. Se juegan simpatías, emociones, poderes.
Me dice una artista plástica uruguaya Agó
Paez Vilaró "Se ha puesto el poder en la
materia y definitivamente la materia nos ha llevado
a estar sumergidos en un baño de lodo, en la
oscuridad, en esta situación de confusión,
de ira, violencia, incertidumbre, indiferencia, egoísmo,
hipocresía, vanidad, adormecidos. Se perdió
la dignidad humana, consecuencia de la falta de fe,
de amor, de hacer florecer las virtudes".
Es la gran causa del deterioro como también sucedió
en el gran Imperio Romano que perdió la dignidad
moral y el orgullo cívico. La erosión
del espíritu de familia en la Roma de Marco Aurelio,
hubo un gran vacío provocado por la emancipación
de la mujer y termina derrumbándose el Imperio.
En nuestro presente el gran avance tecnológico
se desarrolla en una dimensión de posibilidades
infinitas, hay una realidad actual que es el gran poder
de las comunicaciones, tomo como ejemplo programas de
televisión que penetran en el hogar, interrumpen
la armonía y la comunicación familiar
ofreciendo una programación mediocre, que desde
los años ochenta hasta ahora cada día
va en decadencia, presentan el sexo como un juego exclusivamente
producto del deseo, algo alejado del amor, se persigue
una libertad a través de relaciones "libres"
que es una farsa, una mentira, que fomenta y conduce
a la promiscuidad, al vacío interior tanto de
la mujer, como del hombre, la violencia que hoy pueden
mostrarnos a través de dibujos animados dirigidos
a los niños, en las series cortas, en películas
es cruel, es oscura, es lamentable y peor aún
las consecuencias que sufrimos en la sociedad, las ilusiones
que venden a través de programas que dan premios
millonarios por no hacer nada, simplemente hablar por
teléfono y decir el nombre y el apellido. Es
infinita la lista de comercialización de la mentira,
subestimando la sensibilidad y la inteligencia de las
personas durante veinticuatro horas, cada día
de la semana durante los trescientos sesenta y cinco
días del año...
Sin lugar a dudas esto no es un hecho aislado, casual
que ocurre en un país de los cinco continentes,
esto es una realidad que está pensada, globalizada,
digitada por mentes diabólicas que solamente
persiguen enriquecimientos a través de los que
pretenden dominar las mayorías que duermen en
la ignorancia, en el deterioro cotidiano de su vida
en el mundo, que están alejadas completamente
del conocimiento, de la verdad, de los valores morales
reales, esclavizadas por consumir y aturdirse sin pensar
lo que el sistema manipula fríamente sin importarle
el caos y la destrucción y el derrumbe al que
se conduce a la humanidad. Es una lástima que
el maravilloso avance científico, que con ritmo
vertiginoso crece y se desarrolla por la inteligencia
de investigadores, de estudiosos, sea tan mal orientado
y en lugar de ser un aporte para el enriquecimiento
del conocimiento, de la psiquis, del espíritu,
de la evolución, se convierta en el peor causante
de la destrucción que sufrimos de nuestra naturaleza
ya en los pies del siglo XXI.
En una situación en que lo maravilloso del universo
ya no tiene sentido, se pierde, se impone impetuosamente
el derecho a la vulgaridad, la mediocridad es un derecho
adquirido y es la que reina en todos los niveles.
"La barbarie es ausencia de normas y de posible
apelación" (Ortega y Gasset).
Estamos retrocediendo todo el proceso evolutivo de la
especie humana.
La convivencia humana va cayendo en un pozo, en una
trampa, se debe despertar y colaborar para encontrar
nuevamente la luz y renacer.
No debemos aceptar más el rebrote del primitivismo
y de la barbarie.
Debemos exigirnos ir por un camino recto, ser mejores,
cumpliendo con nuestros deberes, esforzándonos
en la perfección sobre nosotros mismos, no ir
más a la deriva, encontrar el rumbo cierto, que
el objetivo sea la nivelación entre la mente,
el espíritu, la psiquis y el físico.
Tengo la intuición, la certeza que la mujer musulmana
que desde hace quince siglos se ha resistido a contaminarse,
que hasta hoy sus valores morales, su pudor son inquebrantables
su certidumbre de estar en el mundo cumpliendo un rol
fundamental como madre, como esposa, como protagonista
activa en todos los órdenes de la sociedad, será
la gran protagonista del siglo XXI, con su ejemplo y
su sabiduría podrá ayudar al renacimiento
de los valores, de espiritualidad, del amor y del crecimiento
intelectual.
"Pude comprobar una vez que la sabiduría
está dentro, que la fuente está en nosotros
y que debemos buscar ese centro, que allí se
en cuentra, la paz, la verdad, el amor y el equilibrio.
Tener el coraje de encontrar el verdadero valor en el
sentido de la propia vida y de ahí al prójimo"
(Agó Paéz Vilaró).
Los mensajes las advertencias, las respuestas a tantos
interrogantes que acosan y nublan nuestra vida, están
en esa sabiduría milenaria que atesoramos en
nuestro fuero interior, en esa conciencia que no podemos
quebrantar.
Hay demasiados intereses en manipularnos y hacernos
objeto del consumo masivo a través de fantasías
inventadas que confunden, el bien con el mal, libertad
con esclavitud, pero estoy convencida de que sólo
la luz, el camino del bien, el amor al prójimo,
el desarrollo de las virtudes que enaltecen nuestra
condición femenina será lo que triunfará.
Se salvará la institución familiar y la
estabilidad social podrá florecer como nunca
antes.
Así podremos en próximos siglos llevar
a vivir con mayor equidad, valorando con profundidad
el milagro de estar por tan breve estadía en
el mundo, en el Planeta Tierra.
Las mujeres tenemos que por fin asumir y ser responsables
de nuestra misión en la vida, se buscan libertades,
emancipaciones que sólo nos alejan completamente
de nuestra naturaleza femenina y se distorsiona absolutamente
todo.
El Papa Juan Pablo II, en Roma declaró que el
"Amor libre, no es ni amor, ni libre". Estoy
completamente de acuerdo con éste concepto, el
amor es entrega, compromiso, altruismo verdadero, luz,
es devoción por brindar lo mejor de uno en cualquier
orden y situación; libertad es elegir el bien,
nosotras mujeres occidentales creemos ser libres pues
se nos presentan muchas opciones de elección,
por ejemplo cuando decidimos ir al cine, no "hay
censuras", pero en muchas oportunidades no tenemos
posibilidad de elegir lo que es saludable y nutre y
enriquece el intelecto y el espíritu. Pues los
mensajes de las películas están ante todo
bien pensados desde el punto de vista de la conveniencia
del mercado, en segundo lugar piensan la temática
que van a desarrollar, así ocurre sucesivamente
con toda la información, el gran objetivo es
el enriquecimiento de quienes las manejan.
Esto no es libertad, esto es condicionar el ser pensante
a nivel subconsciente. Libertad es evolucionar sin discriminar,
sin aislarse, es integración, es ir hacia lo
perfectible, es no ser esclavo de los pensamientos foráneos,
es dejar fluir la energía que somos libremente,
es no retrasar los procesos de evolución de la
especie.
Deberíamos aceptarnos tal como somos y exclusivamente
exigirnos para ser mejores seres humanos, personas,
profesionales, artistas, campesinas, obreras...
Cada una en la actividad que se desarrolla y en todo
momento sin descuidar el rol de madres, de esposa, de
hija, de abuela, de hermana, en la familia que constituimos.
Así logramos armonía en el entorno más
íntimo, en el social, en la comunidad que vivimos
y por consecuencia a nivel universal.
Hubo una suerte de iluminación que favoreció
a la mujer islámica, el Imam Jomeini con su inteligencia
e ilustración, con su alto nivel espiritual,
con su sabiduría y con su gran sensibilidad pudo
valorar la importancia del protagonismo de la mujer
en la sociedad, impulsó al desarrollo y crecimiento
de la mujer preservando su integridad moral y espiritual.
Todas las mujeres islámicas deben al Imam Jomeini
este gran impulso que las ayudó a evolucionar
y a ocupar los más altos cargos políticos,
destacarse en lugares de primer nivel científico,
siempre sin descuidar el rol de esposa, de madre, de
hija.
La mujer musulmana conquista espacios en la sociedad
mancomunada con el hombre no lo desafía. Así
logró un equilibrio físico, psíquico,
espiritual en su comunidad.
En los rostros de las mujeres musulmanas se refleja
la armonía de su ser íntimo, hay un esplendor
que la eleva silenciosamente a través de los
siglos.
Después de mi estadía en Irán,
tengo la firme convicción que la mujer musulmana
será la gran protagonista del siglo XXI.
regreso
suiguiente
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