«Dijo
ella: ¡Consejo de nobles! Dadme un dictamen sobre
mi caso, no tomaré ninguna decisión hasta
que os pronunciéis.
Dijeron:
Nosotros tenemos fuerza y también un ejército
poderoso, pero tuya es la decisión, mira pues
lo que vas a ordenar.
Dijo:
Cuando los reyes invaden una ciudad la devastan y humillan
hasta a sus habitantes más poderosos.
Así
es como actúan.
Voy
a enviarles un regalo y esperaré lo que traigan
de vuelta los mensajeros».
Vemos
que poseía claramente mejor juicio y discernimiento
que sus consejeros. En primer lugar, acuerda enviar
un presente a Suleyman para probarle y averiguar de
este modo si es un rey mundano o un Profeta; lo que
ilustra sobre su manera de enjuiciar y su sabiduría
en tales asuntos.
Más
tarde, cuando visita a Suleyman y se encuentra delante
de su propio trono, que había sido desplazado
desde su palacio y disimulado, dice acerca de él,
«Es muy similar». No se apresura a hacer
juicios precipitados. Es comedida en sus valoraciones
y cuidadosa en sus juicios. Cuando tiene la verdad clara
frente a ella, actúa inmediatamente y con decisión,
tal y como corresponde a un buen gobernante.
Finalmente
confiesa la verdad:
«Oh
señor, he sido injusta conmigo misma, pero me
someto, junto con Suleyman, al Señor de los mundos».
Los
comentaristas afirman que Suleyman la confirmó
como dirigente de su reino, así que no encontramos
ninguna objeción en el Corán a que una
mujer actúe como gobernante.
A
continuación miraremos la intervención
política de las mujeres durante la vida del Profeta
y la de sus Compañeros. La primera muestra que
encontramos se produce a raíz del «Acto
de acatamiento de Aqaba», donde los habitantes
de Medina acordaron proteger y apoyar al Profeta. La
conclusión de este tratado crucial tuvo consecuencias
militares, económicas y políticas muy
importantes para Medina. Hubo dos mujeres que participaron
en estos acontecimientos. Según el Tabaqat de
Ibn Sa’d:
«Durante
la noche en que se acordó el compromiso de Aqaba,
los hombres estrecharon la mano del Profeta de Al-lâh,
que Al-lâh le bendiga y le dé paz. Al-‘Abbas
ibn ‘Abdu’l-Muttalib estrechó la
mano del Profeta. Umm Mani’ y yo permanecíamos
allí. Entonces, mi marido, ‘Arafa Ibn ‘Amr
dijo en voz alta, “Mensajero de Al-lâh,
estas dos mujeres están aquí con nosotros
para jurarte lealtad”. A lo que el Mensajero de
Al-lâh respondió, “Acepto su lealtad
de las misma manera que la acepté de ti, pero
no estrecho la mano de las mujeres". Dijo Umm ‘Umara
Nusayba».
Una
área importante de participación de las
mujeres era la de la guerra y la actividad militar.
Desde los tiempos pre-islámicos, las mujeres
habían tomado parte en los enfrentamientos tribales
y, más tarde, al hacerse musulmanas, continuaron
luchando junto al Profeta Muhammad, que Al-lâh
lo bendiga y le dé paz. Muchos casos lo documentan;
tanto cuando realizaban labores auxiliares, como cuando
participaban en el ámbito de la lucha directa.
Algunas mujeres como Layla al-Ghifariyya, solían
traer agua y curar a los heridos en la batallas. Otras,
como Safiyya bint ‘Abdul Muttalib y Nusayba, lucharon
y mataron al enemigo para protegerse a sí mismas
y al Profeta. Incluso se destacaron aquellas, como Umm
Dahhak bint Mas’ud en la batalla de Jaybar, que
recibieron el botín igual que lo recibían
los hombres, una vez terminada la lucha.
Al-Bujari
y Ahmad ibn Hanbal informaron que ar-Rubayyi bint Mu'awwidh
dijo: «Solíamos participar en las batallas
con el Profeta de Al-lâh. Traíamos agua
para los luchadores, les servíamos y llevábamos
a los muertos a Medina».
Según
Muslim, lbn Majah y Ahmad ibn Hanbal, Umin 'Atiyya al-Ansariyya
dijo: «Acompañé al Mensajero de
Al-lâh siete veces, hacía guardia en el
campamento, cocinaba, trataba a los heridos y cuidaba
a los enfermos».
«Las
mujeres solían ir con el Mensajero de Al-lâh.
en los ataques del ejército para así servir
a los luchadores», dice Malik en al-‘Utibiyya.
Az-Zuhri
dijo: «Las mujeres solían estar presentes
en las batallas, daban agua a los luchadores y cuidaban
de los heridos».
Ibn
Mardawiyya informa en su tafsir que Mu’adha al-Ghifariyya
dijo: «Solía estar cerca del Mensajero
de Al-lâh, que Al-lâh lo bendiga y le dé
paz. Lo acompañé en algunos viajes en
los que me ocupaba de atender a los enfermos y curar
a los heridos».
En
el Tabaqat de Ibn Sa'd se encuentra recogida la biografía
de Umm Sinan, que decía:
«Cuando
el Profeta quería ir a Jaybar, fui donde él
y le dije, "Mensajero de Al-lâh, déjame
ir contigo para traer el agua y cuidar de los enfermos
y de los heridos, en caso de que haya alguno. Vigilaré
las alforjas." A lo que el Mensajero de Al-lâh
respondió, "Tienes la bendición de
Al-lâh para ir. Hay algunas de tus compañeras
que también me han hablado y les he dado permiso,
algunas de ellas son de tu gente. Si lo deseas vete
con tu gente o si lo prefieres ven con nosotros."
A lo que le respondí, "Con vosotros".
Y él dijo, "En ese caso estarás con
Umm Salama, mi esposa". Ella dijo, "Estuve
con ella”».
Ku'ayba
bint Da'ud al-Aslamiyya cuidaba de los enfermos y los
heridos. Cuando Sa’d ibn Mu’ah fue herido
en el Día del Foso, lo llevaron junto a ella
para que lo atendiera. Ella le trató las heridas
hasta que murió. Estuvo en Jaybar con el Profeta
y éste le asignó la parte de un hombre.
Umm
Ayman estuvo presente en Uhud y también en Jaybar
haciendo la misma labor.
En
el «Libro de las Expediciones», al-Bujari
tiene varios capítulos donde se refiere a la
participación de las mujeres en las guerras.
Así se destacan el capítulo del yihad
de las mujeres, el capítulo de la participación
de las mujeres en las batallas marítimas; el
del hombre que lleva a la guerra a una de sus mujeres
y no a la otra; el de las mujeres que van a expediciones
y luchan junto a los hombres y finalmente el que describe
a la gente trayendo a los muertos y heridos del campo
de batalla. En éste último recoge la narración
de Anas el día de la batalla de Uhud, cuando
los seguidores del Profeta fueron derrotados,
«Vi
a Aisha y a Umm Sulaym con los vestidos recogidos. Podía
ver sus tobillos. Llevaban los odres de agua a la espalda.
Más tarde volvieron y los llenaron de nuevo.
Y luego los vaciaron en las bocas de la gente».
Veamos
ahora a aquellas que intervenían en el combate
directo. El día de Uhud, las mujeres se encontraban
en la fortaleza de Hassan ibn Thabit cuando un judío
se acercó a la fortaleza a espiar. Safiyya bint
‘Abdul-Muttalib, la tía del Profeta y hermana
de Hamza, dijo a Hassan que bajara a matarlo. Él
estaba de alguna manera indeciso, entonces ella no esperó,
tomó un vara larga, descendió resueltamente
y abriendo la puerta con sigilo lo mató. (Tabaqat,
lbn Sa'd). Más tarde salió afuera con
una lanza y la blandió ante los rostros de la
gente.
Muslim
menciona que según Anas, Umm Sulaym tenía
un puñal atado con una correa a la cintura en
la Batalla de Hunayn y que declaró: «Lo
traigo conmigo por si alguno de los idólatras
se me acerca, así le abriré el estómago
con ella».
«Oí
al Mensajero de Al-lâh decir, "En la Batalla
de Uhud cada vez que me volvía a la derecha o
a la izquierda la veía luchando junto a mí."».
Dijo Tmar refiriéndose a Nusayba al-Ansariyya.
Nusayba
estuvo presente en el juramento de Aqaba, Uhud, al-Hudaybiyya,
Jaybar, el cumplimiento de Umra (1), Hunayn y la Batalla
de Yamama, en la que le cortaron la mano. Luchaba con
una espada y con un arco. En cada una de las batallas
de Uhud y de Yamama recibió unas doce o trece
heridas. Durante el enfrentamiento de Uhud, en el que
Nusayba luchaba en defensa del Profeta, cuando sólo
quedaba un puñado de gente con él, éste
se dio cuenta de que ella no tenía escudo y vio
a un hombre con escudo que se retiraba. Entonces dijo
al hombre,
«Entrega
tu escudo a quien todavía está luchando»
y señaló a Nusayba. Luego el Profeta indicó
a Nusayba al hombre que había herido a su hijo;
ésta le golpeó en la pierna y cayó
al suelo. Ella contó, que el Mensajero de Al-lâh
sonreía tanto que podía ver sus dientes.
Cuando hirieron gravemente a Nusayba en el cuello, el
Profeta llamó al hijo de ésta y le dijo:
«¡Mira a tu madre! ¡Venda su herida!
¡Qué Al-lâh bendiga a la gente de
vuestra casa!. La resistencia de tu madre es mejor que
la de muchos otros».Y ella le pidió que
rogara a Al-lâh si podrían ser sus compañeros
en el jardín, y el Profeta lo hizo».
Nusayba
describía así la batalla:
«Los
jinetes nos hicieron lo que es propio de ellos. Si hubieran
ido a pie, como nosotros íbamos, los habríamos
derrotado, si Al-lâh lo hubiera querido. En el
momento que un hombre a caballo me atacaba, yo me protegía
de su espada con el escudo y golpeaba las articulaciones
de su caballo; así conseguía que cayera
hacia atrás».
Cuando
el Profeta regresó a Medina, no volvió
a casa hasta que tuvo noticias de ella.
Mientras
Abu Bakr ejercía de califa y los musulmanes se
estaban preparando para luchar contra Musaylima, el
falso Profeta en Yamama, Nusayba pidió permiso
a Abu Bakr para unirse a la expedición. «Sabernos
que vales para la guerra, así que, en el nombre
de Al-lâh, únete a ellos».Tras la
batalla, Jalid ibn al-Walid le curó con aceite
caliente la herida que le dejó la mano amputada.
En
la Batalla de Siffin, Hind, la esposa de Abu Sufayn
y la madre de Mu'awiya, dirigió a las mujeres
contra los bizantinos cuando los musulmanes rompieron
filas. Hay muchos más ejemplos como estos.
La
presencia habitual de las mujeres en la lucha, nos explica
que la participación de Aisha en la Batalla del
Camello (2) no fuera inusual. Sin embargo es en esta
ocasión donde surgen críticas a la participación
de las mujeres en los actos bélicos. Hay que
tener en cuenta, que los datos sobre esta batalla fueron
recogidos 150 años después de que sucediera.
Parece bastante probable, por tanto, que se produjeran
modificaciones de acuerdo con las actitudes y las versiones
partidistas de los hechos, con la intención de
justificar sus posiciones respecto a aquel desgraciado
suceso. La observación cuidadosa de los datos
y los detalles de aquella batalla, nos muestra que no
había objeción a la presencia de Aisha
en el terreno militar en aquel momento. Se afirma, que
Ali dijo al finalizar el episodio, «Si una mujer
pudiera ser califa, Aisha lo habría sido»
(Identificación del hombre de Ibn 'Abdus-Salam.)
Un
año después de la Batalla del Camello,
en la Batalla de Siffin, hubo mujeres luchando tanto
entre los partidarios de Ali como entre los de Mu'awiya.
(Iqd al-Farid).
Durante
las conquistas de Iraq, se produjo un incidente al atacar
al-Mughira ibn Shu'ba a la gente de Maysan, mientras
las mujeres estaban en el campamento base. Una de ellas
temía que el ejército enemigo fuera demasiado
fuerte para el ejército musulmán. Así
que ideó un plan para hacer creer al enemigo
que habían recibido ayuda. Las mujeres hicieron
banderas de sus pañuelos y, bajo su dirección,
marcharon cantando poemas por la victoria de Islam.
Cuando llegaron al campo de batalla, el enemigo creyó
que habían llegado los refuerzos y se retiró.
No
existe un veredicto coránico acerca del lugar
de las mujeres en el campo de batalla, ya sea en la
línea militar o en la retaguardia, sin embargo,
ni el Profeta ni sus Compañeros se opusieron
a su presencia, e incluso les dieron permiso para que
se unieran a la lucha. Esto incrementa el acuerdo de
su legitimidad.
En
otras áreas de la vida pública encontramos
además a mujeres encargándose de funciones
importantes. Destacó como muhtasib (inspector
de mercado), Samra' bint Nuhayk al-Asadiyya. Según
al-Isti'ab, ella se presentó al Profeta y solía
ir a los mercados ordenando los intercambios y comportamientos
justos y prohibiendo los abusos. Solía impedir
los actos incorrectos con un látigo que llevaba
siempre con ella.
Ash-Shifa
bint 'Abdullah desarrolló sus cualidades en la
medicina y se relacionó con la administración,
donde, tuvo una presencia importante a principios de
la lustona musulmana. Su nombre real era Layla. Ash-Shifa,
significa curar y es un título que deriva de
su profesión como curadora. Se convirtió
al Islam antes de la Héjira, y fue una de las
primeras en emigrar de La Meca a Medina. Practicaba
varios tipos de medicina y enseñó a escribir
a Hafsa, la mujer del Profeta, y a otras más.
El Mensajero de Al-lâh solía visitarla
y le dio el derecho a una casa en Medina. La estima
que el Mensajero de Al-lâh le tenía influyó
en los califas siguientes. Umar solía tener muy
en cuenta su opinión y tenía tal respeto
por su competencia, carácter y juicio que la
nombró funcionaria, o waliah, de la administración
del mercado. Posiblemente, éste sea el primer
caso en el que una mujer ocupaba un puesto en la administración
pública, y supuso, sin duda, un precedente.
Antes
de pasar a otro periodo de la historia, hay que mencionar
la controvertida cuestión en tomo al hadiz encontrado
en lbn Hanbal y que se ha citado frecuentemente: «La
gente que confía el poder a una mujer, no prosperará».
Este es un hadiz aislado, que no se ha encontrado en
las colecciones Sahih y fue pronunciado en relación
con el gobierno de los Sasánidas. (Boranduxt,
630-631). No existe ningún hadiz que establezca
un juicio (hukm) en la Shari’a. Algunos creen
que se falseó después de la Batalla del
Camello para denigrar a Aisha. Sin embargo, no hemos
encontrado datos de que se utilizara para censurar a
las mujeres que ocupaban cargos en el poder antes de
esa época. Al-lâhu a'lam.
Si
dirigimos la mirada a otro ámbito de la política,
el de las mujeres como jueces, encontraremos interpretaciones
diversas. Al-Tabari dijo que las mujeres podían
ser nombradas para ocupar una posición judicial
y decidir sobre todos los asuntos. Sin embargo, Abu
Hanifa las excluye de tomar decisiones de peso que impliquen
castigos hadd y qisas (represalia); otros juristas afirman
que las mujeres no pueden bajo ningún concepto
actuar como jueces. También se dice que Abu Hanifa
afirmaba, que sólo podrían actuar en casos
en los que su testimonio fuera aceptado. En un libro
sobre el fiqh hanafí del siglo VI, al-Marghinan,
se establece que una mujer puede actuar como juez en
todos los procesos, salvo en los que traten castigos
hudud. Según me dijeron, el jurista maliquí
lbn Rush adoptó la misma posición que
Abu Hanifa.
Durante
el mandato de los abasíes, Shaghad, la madre
de al-Muqtadir bilah, cuando actuó como regente
de su hijo, estableció un juzgado y nombró
a una mujer como responsable. El primer día nadie
fue. Así que la mujer elegida para el puesto
llamó al famoso cadí Abu'I-Hasan, quien
afirmó que era correcto que una mujer estuviera
a cargo del juzgado, entonces la gente comenzó
a ir al juzgado.
Notas:
(1)
La Umra que el Profeta realizó el año
después que los Quraishitas le impidieran la
realización de Uumbra.
(2)
La batalla del Camello. Uno de los incidentes principales
de la 1ª guerra civil (fitna), en la cual las fuerzas
de Ali derrotaron a los partidarios de Aisha, Talha
y az-Zubayr en el enfrentamiento que se produjo a las
afueras de Basra en el año 36/656.
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