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El
mandato de buscar el conocimiento está dirigido
tanto a los hombres como a las mujeres.Aisha
destacó por su gran sabiduría acerca del
din. El Profeta, que Al-lâh lo bendiga y le dé
paz, dijo a sus Compañeros: «Tomad la mitad
de vuestro din de Humayra' (Aisha)». Las informaciones
que tenemos de los Compañeros dan fe del enorme
saber que poseía.«Cada
vez que nosotros, los Compañeros del Profeta,
encontrábamos cualquier dificultad ante un hadiz
nos dirigíamos a Aisha, quien a través
de su explicación nos mostraba que lo conocía
al detalle», dijo Abu Musa al-Ash'ari.«Nunca
vi a nadie más sabio que Aisha en el aprendizaje
del Qur’án, asuntos hereditarios, legitimidad
e ilegitimidad, poesía y literatura, historia
árabe y genealogía», afirmó
‘Urwa Ubn az-Zubayr.lbn
al-Jawzi hizo mención en «La Crema de la
Crema» de Hisham ibn 'Urwa que 'Urwa dijo a Aisha:
«¡Umm! No me sorprende que sepas de poesía,
ya que eres la hija de Abu Bakr, el más versado
(en poesía), pero me maravillo ante tu dominio
de la medicina». Ella le dio una palmada en la
espalda y le dijo:
«El Mensajero de Al-lâh, que Al-lâh
lo bendiga y le dé paz, estaba enfermo y no cesaban
de venir delegaciones de árabes de todos los
lados. Le recetaban remedios para su enfermedad y yo
lo trataba. De ahí proviene mi conocimiento».«Aisha
se encargaba de proclamar fatwa (dar consejo legal)
durante los califatos de Abu Bakr, de Umar, Uzman y
demás hasta su muerte».Abu
'Abdullah al-Ghafiqi dice en su libro «La sombra
de la nube» a propósito de Aisha: «En
ella se reunían la mayor parte de las transmisiones
y el fiqh más completo de entre aquellos que
daban fatwa. Acudían a ella personas, desde las
tierras más recónditas por su conocimiento
de la Sunna y de aquello que es obligatorio. Recitaba
la poesía de los árabes con gran pureza.
Era asombrosa en el tafsir (comentarios sobre el Qur’án),
elocuencia y poseía un amplio saber de medicina».
Trasmitió su conocimiento a por lo menos 77 hombres
y 8 mujeres, de los cuales 14 (11 hombres y 3 mujeres)
eran sus parientes. En
«Comentario del Camino de Muhammad» an-Nabulisi
escribe lo siguiente: «Nada puede decirse de una
mujer que se implique en cualquier aspecto de la búsqueda
de conocimiento y en su enseñanza. Aisha solía
estudiar las ciencias y aclaraba temas oscuros a hombres
excepcionales. También corregía a un grupo
de Compañeros en numerosos hadices. El grupo
estaba compuesto por 'Umar y su hijo, Abu Hurayra, lbn
'Abbas, 'Uzman ibn 'Affan, 'Ali ibn Abi Talib, lbn az-Zubayr,
Zayd, Abu'd-Darda', Abu Sa'id, al-Bara', Fatima bint
Qays entre otros». «Jamás
he encontrado a nadie con tanto saber sobre lo que es
halal y sobre lo que es haram, cultura general, poesía
y medicina como Aisha» dijo 'Urwa. «He visto
a los
Compañeros consultar a Aisha sobre problemas
hereditarios» (Al-Hakim), dijo Masruq.
Esto
no sólo ocurría con Aisha. También
era el caso del resto de las mujeres del Profeta y las
Compañeras como Umm Sulaym, Umm ad-Darda', Fatima
bint Qays, al-Adawiyya, y otras mujeres que vinieron
después. Tanto estas mujeres, como los hombres
solían enseñar a la gente. Este hecho
se confirma en los libros de Hadiz, de historia y en
las colecciones biográficas (Tabaqat).
El
Profeta deseaba ver a las mujeres tan bien educadas
como a los hombres en el Islam. El siguiente ejemplo
es una muestra de que las mujeres pueden recibir enseñanza
de los hombres: el Profeta mandó a 'Umar ibn
al-Khattab para que informara a las mujeres del Ansar
sobre las bases de Islam. En Kitab at-Tabaqat al-Kabir
de lbn Sa'd, Umm 'Atiyya relata que cuando el Mensajero
de Al-lâh llegó a Medina ordenó
a las mujeres del Ansar que se reunieran en una casa;
a continuación envió a Umar ibn al-Khattab
para que les trasmitiera las enseñanzas del Islam.
La colección de hadices de Al-Bujari incluye
un capítulo dedicado al Imam, que advertía
y enseñaba a las mujeres. En él menciona
a lbn 'Abbas cuando narra que el Profeta salió
con Bilal.«El Profeta pensó que no le habían
oído bien, así que dio unos consejos a
las mujeres». Ad-Dimamini afirmó que «ésta
es la razón de la presencia de las mujeres en
las reuniones y asambleas, a condición de que
estén libres de la tentación».
Ahora mencionaremos brevemente a algunas mujeres que
destacaron en este campo: Asma'
bint Abu Bakr, la hermana de Aisha
Según el Isaba, Umar solía preguntar a
Asma bint Abu Bakr sobre la interpretación de
sueños, ya que ella enseñaba acerca de
éste y otros asuntos. Al-Qastallani (1:295) dice
lo siguiente con respecto a Asma', en su capítulo
sobre la limpieza de sangre del Sahih: «conocía
la ciencia de la interpretación de sueños.
lbn Sirin la aprendió de lbn al-Musayyab, éste
la aprendió de Asma', que a su vez la había
aprendido de su padre». En esta cadena de transmisión,
vemos que lbn al-Musayyab recibió la enseñanza
de Asma'. Umm
ad-Darda'
Al-Qastallani también mencionó que Awn
ibn Abdul-lâh dijo: «Umm ad-Darda' estaba
con nosotros un día y relatamos un hadiz en su
presencia. Después le preguntamos si la habíamos
aburrido y ella contestó: «No me habéis
aburrido. Vine en busca de adoración a Medina
y no he encontrado nada más agradable para mí
que el recuerdo mutuo del conocimiento» o dijo
«el recordarse mutuamente el fiqh».
Numerosas mujeres destacaron en ello desde el comienzo.
Tomemos el caso de esta mujer: «Ibn 'Abdu’-l-Barr
mencionó que Umar ibn al-Khattab ordenó:
«No permitáis que la dote de las mujeres
supere las cuarenta awqiya, aunque sea la hija de alguien
con parientes paternos, es decir, Zayd ibn al-Husayn
al-Harithi. Si superase esta cantidad, entregaré
el excedente al tesoro público». Una mujer
alta y de nariz ancha se levantó desde el grupo
de las mujeres y le dijo: «No es así»,
«¿Por qué?» dijo él,
«porque Al-lâh dice “una vez que le
hayas entregado una gran dote, no cojas nada de la misma”».
(4:20). A lo que Umar respondió: «La mujer
tiene razón y el hombre no».
En la siguiente generación también encontraremos
a mujeres excepcionales:Amra
bint Abdu'r-Rahman
Cercana a Aisha, solía dar su opinión
sobre aspectos legales a la generación que siguió
a la de los Compañeros. Fue la experta más
destacada sobre las transmisiones de Aisha. Su opinión
anulaba las de otras autoridades. lbn Sa'd se refiere
a ella como una alima o erudita. En el «Muwatta»
de Imam Malik, se la considera como la autoridad principal
en tres asuntos legales: la prohibición de desenterrar
tumbas, la prohibición de vender fruta no madura,
y el efecto de las malas cosechas en la venta de productos
agrícolas. En una ocasión, revocó
la decisión de su sobrino que había ordenado
cortar la mano de un hombre acusado de robar anillos
de hierro. Esto nos muestra que su opinión y
autoridad eran aceptadas en asuntos que iban desde los
negocios hasta los castigos, hudud. Malik la toma como
su precedente legal, que le aclara detalles sobre el
hayy. A través de estos ejemplos vemos un saber
que se extendía a todos los campos del fiqh.
Umm
Waraqa Recitaba
el Qur’án y se piensa que ayudó
a 'Umar a reunir todos los textos que componen el Qur’án.
Hafsa
bint Sirin Hermana
del famoso Tabi', Muhammad ibn Sirin. A los doce años
había memorizado el Qur’án y sus
conocimientos eran tales que su hermano le preguntaba
cómo leer sus partes difíciles u oscuras.
Cada noche leía la mitad del Qur’án;
oraba y ayunaba constantemente. Era considerada más
inteligente que sus contemporáneos, al-Hasan
al-Basri y su hermano lbn Sirin. Murió después
de 100/718, cuando tenía 70 o 90 años.
Se la recuerda como tradicionalista, jurista y sufi.
Antes
de seguir con un análisis más en detalle
sobre la transmisión del conocimiento, mencionaremos
a algunas mujeres excepcionales y sabias que destacaron
por su papel en la transmisión de este. Transmisión
que ha perdurado a lo largo de los siglos. En general,
en el mundo musulmán al principio de la Edad
Media no existía prohibición alguna para
que las mujeres estudiaran, sino al contrario, el Islam
animaba a ello. Como consecuencia, muchas mujeres se
dieron a conocer como estudiosas religiosas, escritoras,
poetas, doctoras y profesoras por derecho propio.
Nafisa
bint al-Hasan (?-208/824)
Descendiente de 'Ali; su autoridad en la ciencia del
Hadiz fue tal que, Imam ash-Shafi'i, cuando estaba en
la cúspide de su fama en Egipto, se sentó
en su círculo en al-Fustat. Imam ash-Shafi'í
dejó escrito en su testamento que pararan su
féretro delante de su casa, de camino hacia el
cementerio. Karima
bint Ahmad al-Marwaziyya
Vivió cien años y murió en La Meca
a mediados del siglo V o VI. Era la autoridad principal
sobre los escritos de al-Bujari debido a la excelencia
de sus fuentes. Shuhda
bint Abi Nasr Ahmad al-Ibari (?574/11.78)
Estuvo considerada como una de las grandes eruditas
de su época. Conocida como al-Katiba (la escritora)
y Fakhr an-Nisa' (Gloria de las Mujeres), enseñaba
los textos de al-Bujari y otros más, a un gran
número de estudiantes. Daba conferencias públicas
en una de las principales mezquitas de Bagdad sobre
temas diversos. Zaynab
bint ash-Sha'ri (?-615/1218) Solía
reunirse y recibir iyazas de varios estudiosos. lbn
Khallikan recibió un iyaza de ella. 'A’isha
bint Muhammad ibn 'Abdu’l-Hadi No
había muchos hombres que igualaran su posición
en la transmisión del hadiz. Nació en
Damasco a principios del siglo VIII/XIV y a los 4 años
se la llevó ante Abu'lAbbas Ahmad ibn al-Hajjar,
un destacado muhaddiz o erudito en el Hadiz. Aprendió
de él dos pequeñas recopilaciones. Más
tarde estudió la recopilación Sahih de
Muslim con 'Abdul-lâh. ibn Hasan y otros, y la
Sira de lbn Hisham. Reunió iyazas de distintos
eruditos en Aleppo, Hama, Nablus y Heron, y se convirtió
en una persona buscada por los sabios que viajaban.
Fue maestra de lbn Hajar. El historiador Ibn al-‘Imad
la llamó la «muhaddiza de Damasco»
y afirmó que su transmisión era la más
fiable de su tiempo.Hubo
otras mujeres que también adquirieron renombre
en la transmisión del Hadiz, como Jadiya bint
Ibrahim ibn Ishaq ad-Dimashqiya, que murió en
80311400-140. A su muerte era la única autoridad
para al-Qasim ibn 'Asakir. También estaban Maryani
bint Ahmad (?-805/1402-3) y Fatima bint Khalil (?838/1434),
a ambas les compusieron mashyakas (lista de aquellas
personas con autoridad para trasmitir un hadiz). lbn
Hajar tuvo entre sus maestros a Fátima. Vemos,
por tanto, que las mujeres participaban activamente
en la transmisión viva del conocimiento.
Umm
Hani Maryam (778-871/1376-1466)
Su abuelo la llevó a escuchar al menos a diez
profesores de La Meca y El Cairo y recibió iyazas
de otros doce profesores. Memorizó el Qur’án
y estudió los seis libros de la tradición
casi en su totalidad, especialmente al-Bujari y una
versión abreviada del fiqh. Tuvo cuatro hijos,
y cada uno de ellos se especializó en una de
las cuatro escuelas del fiqh. Se nombró a su
segundo marido como administrador del waqf (fundación
benéfica) de su abuelo. Cuando éste murió,
Umm heredó la responsabilidad de la administración
y haciendo uso de ella adquirió una propiedad
de gran extensión. Ante esta decisión,
algunos miembros de su familia pusieron en duda la validez
de su transacción así como su competencia
para llevarla a cabo. Finalmente su acción fue
justificada y se ratificó la capacidad de las
mujeres para administrar grandes propiedades waqf
Adh-Dhahabi
refería de lo recogido a través de tres
mujeres como mínimo y as-Safádi (?-764/1362)
recibió iyazas de al menos ocho mujeres. lbn
Hajar tuvo cincuenta y dos profesoras y mencionó
a doce que eran musnida (transmisoras de una colección
de tradiciones). Entre los 172 profesores de As-Subki
(?-771/1370) diecinueve eran mujeres. Mientras que fueron
treinta y tres las mujeres que formaban parte de las
130 fuentes del Hadiz de As-Suyuti. Era
en el campo del Hadiz, que precisa una memorización
muy rigurosa, donde más destacaban las mujeres.
El fiqh, en cambio, centrado en el debate y la discusión
sobre temas concretos de derecho, contaba con la participación
de menor número de damas. No obstante, las mujeres
también podían actuar como muftíes
o faqihs. Durante el siglo IV/X, vemos en Bagdad a dos
mujeres que pronunciaban fatwas: Umm 'Isa bint Ibrahim
(?- 328/939) y Amat al-Wahid (?-377-987), hija del juez
shafi'í Abu 'Abdul-lâh al-Husayn al-Muhamili.
Fátima
de Samarcanda vivió en Aleppo en el siglo VI/XII
y despuntó por su sabiduría en el fiqh.
Hacía correcciones en las sentencias que dictaba
su marido. En
el siglo VII/XIII, destacaron por su conocimiento de
la ley: una faqiha cuyo nombre era 'Ayn as'h-Shams bint
Ahmad de Isfalian (?-610/1213) y una zahida dedicada
al derecho llamada Umm al-Baqa' Khadija bint al-Hasan
(?-631/1243). lbn
Hajar sólo menciona a dos mujeres por su dominio
del fiqh: Umm Zaynab Fatima bint al-Abbas (?-714/1314)
de Bagdad, poeta mística y predicadora que conocía
la ley islámica a fondo, y Umm al-'Izz Nudar
bint Ahmad (702-730/1302-1329), otra predicadora, también
alabada por lbn Taymiyya por su entendimiento del fiqh.
As-
Sakhawi nombra a numerosas mujeres estudiosas, entre
las cuales cita a dos conocedoras del fiqh: 'A’isha
bint 'Ali (761-840/1359-1436) (también llamada
Umm 'Abdul-lâh, Umm al- Fadl, y Sitt al-'Ayish),
erudita hanbalí del Cairo. Recibió iyazas
de varios maestros sirios y egipcios, leía el
Qur’án y estudió caligrafía,
historia, costumbres, poesía y derecho. Dos de
sus estudiantes fueron lbn Hajar al-'Asqalani y al-Maqrizi.
Las fuentes recuerdan y subrayan su comprensión
e inteligencia. Durante
el siglo X/XVI destacaron tres mujeres por su conocimiento
del fiqh. Una de ellas recibió una iyaza que
le permitía actuar como una faqiha. La sheija
sufí de Damasco ‘A’isha al-Ba 'uniyya
bint Yusuf (?-922/1516), autora de varios libros sobre
tasawwuf; se trasladó a El Cairo donde solía
enseñar y aconsejar sobre asuntos legales. También
hay que mencionar a Jadiya bint Muhammad al-Bayluni
(?- 930/1523) que siguió, en Aleppo, la escuela
hanafí (a pesar de que su padre y sus hermanos
eran shafi’íes). Lo que nos indica que
su conocimiento no provenía de la familia.
Más
tarde, en el siglo XII/XVIII, Zubayda bint As‘ad
(?- 1194/1780), hija y hermana de los principales fuqaha
del Imperio Otomano, fue destacada poeta en persa y
turco. No
encontramos demasiadas mujeres implicadas en el campo
del usul al-fiqh (metodología legal), ni tampoco
en el del kalam (teología). Aunque hay algunas
que despuntan en ello como Zaynab at-Tukhiyya (d. 894/1388),
hija de 'Ali ibn Muhammad ad-Diruti al-Mahalli. De joven
memorizó el Qur’án y le enseñaron
los libros clave de la madhhab shafi’í.
Tras su matrimonio continuó estudiando la ciencia
del Hadiz: de al-Bujari y Muslim. El
desarrollo de la erudición también se
daba en el oeste, Marruecos y Mauritania, y más
al sur. En un libro sobre la mezquita Qarawlyyin en
Fez, su autor, el Dr. 'Abdu' l-Hadi at-Tazi, dice lo
siguiente: «Tomó
parte en su fundación una de las damas sobresalientes
de Fez, Fatima bint Muhammad al-Fihri, que destacaba
sobre las otras mujeres cultas. En la historia de Marruecos
se distinguen muchas mujeres por su erudición:
al-Amira Tamima, hermana de 'Ali ibn Yusuf, que vivía
en la zona de la mezquita Qarawiyyin; Jayrana al-Fasiyya
que hacía una labor importante al difundir el
credo asharita entre las mujeres de Fez; y la poeta
Sara bint Ahmad ibn ' Uzman (750 d.Hé.). Se decía
que Ibn Salmun (741 d.Hé.) alardeaba de haber
recibido su iyaza. Solía intercambiar poesía
con Ibn Rashid al-Fihri. También estaban Umm
al-Banin al-'Ubudiyya, faqiha y muftí, y su hermana
Fátima; ambas pertenecían a una familia
de hombres y mujeres de renombre. Por último
señalaremos también a la muftí
Umm al-Banin. Todas ellas asistían a las clases
de sheij al-'Abdusi (848 d.Hé.). Y solían
continuar sus estudios en una sesión especial.
La Qarawiyyin disponía de espacios que facilitaban
la asistencia de las mujeres para escuchar directamente
a los grandes sheijs al mismo tiempo que lo hacían
los estudiantes masculinos». Maryam,
la hermana de Fátima construyó la mezquita
de al-Andalus en Fez. Más tarde ésta se
convirtió en una filial de la mezquita de Qarawiyyin
y llegó a ser un centro de enseñanza.
A principios del siglo IV después de la Héjira,
al-'Aliyya, hija de sheij at-Tayyib ibn Kiran, solía
enseñar en esta escuela sobre varios temas, a
través de una cortina. Las mujeres asistían
a sus clases después de la oración de
'asr y los hombres antes de la oración de dhuhr.
En
el sur de Marruecos y en Mauritania encontramos a las
siguientes mujeres cultas y sufies: Fátima bint
Muhammad al-Hilaliyya, Khadija bint Imam Muhammad al-
'Atiq ash-Shanqiti, y Rabi'a bint Shaykh Muhammad al-Hadrami,
la nieta de sheij Ma'al-'Aynayn ash-Shanqiti (706/1307-?).Maryam,
hija de sheij 'Uthman dan Fodio, compuso diversos poemas
en Fulfulde (Nigeria), además de un comentario
sobre el compendio legal Mukhtasar de sheij Kalil, también
en Fulfulde. Su hija Asma', de igual modo,
fue conocida por haber desarrollado un método
de enseñanza que mencionaremos más adelante.
Claro
que, también había mujeres implicadas
en áreas de conocimiento no religiosas. lbn an-Nadim
menciona, a varias mujeres gramáticas. El poeta
abasí, Abu Nuwas, recitaba poemas compuestos
por cincuenta poetisas. Hay un libro sobre medicina
escrito por una dama india llamada Rusa y otro, sobre
alquimia, escrito por una egipcia. 'Ijliyya bint al-
'Ijli trabajaba en la corte de Sayf ad-Dawla (333-357/944-967)
haciendo astrolabios. Thana, esclava del tutor de uno
de los hijos del califa abasí, al-Mansur, solía
ser enviada al calígrafo más importante
de aquella época, Ishaq ibn Hammad, para ser
formada en este arte. Probablemente habrá muchas
más expertas en otros campos, pero lo que estamos
tratando aquí, principalmente, se refiere al
conocimiento del din.
Capítulo 2
La mujer y el sistema educativo
Para una mujer es obligatorio adquirir un conocimiento
completo de sus obligaciones religiosas, como el salat
(oración), el saum (ayuno de Ramadán),el
zakat (impuesto) y el hayy (peregrinación), además
de otras aspectos sociales como el comercio y los negocios.
Si el mando no es capaz de proporcionar este conocimiento,
la mujer, bajo la ley islámica, tiene la obligación
de buscar este conocimiento. El famoso sheij nigenano,
sheij Uzman dan Fodio, dice lo siguiente en Irshad al-Ijwan:
«Si
él le niega el permiso, ella podrá ir en
esta búsqueda sin su permiso y no tendrá
ninguna culpa, ni incurrirá en ninguna falta por
ello.
El gobernante deberá obligar al marido a permitir
que su mujer se eduque, igual que le debería obligar
a que la mantenga; no obstante el conocimiento es superior
al mantenimiento, sin duda alguna». En
Nur al-Albab, afirmó que los estudiosos que se
opusieran a la educación de las mujeres eran hipócritas
«demonios entre los hombres» «¡Cómo
pueden dejar a sus mujeres, hijas y sirvientas en la oscuridad
de la ignorancia y del error, mientras enseñan
a sus estudiantes día y noche! No persiguen más
que fines egoístas; enseñan a sus estudiantes
sólo para exhibirse y por orgullo. Esto es un gran
error». Y
añadía que enseñar a los estudiantes
es voluntario, mientras que enseñar a la familia
propia es obligatorio. En el mismo libro decía
lo siguiente: «¡Mujeres
musulmanas!. No escuchéis a aquellos que están
equivocados y que hacen equivocarse a los otros; a aquellos
que tratan de engañaros pidiéndoos que obedezcáis
a vuestros maridos sin pediros antes que obedezcáis
a Al-lâh y a su Mensajero. Dicen que la felicidad
de una mujer reside en obedecer a su marido; lo dicen
sólo para satisfacer fines egoístas y para
saciar sus deseos a través de vosotras. Os obligan
a hacer cosas que ni Al-lâh, ni su Mensajero os
han impuesto, como cocinar, lavar ropa, y cosas similares,
sin embargo no os exigen que llevéis a cabo las
tareas reales que Al-lâh y su Mensajero os han impuesto».
Sheij
Dan Fodio, en su libro al-Irshad, también expone
que las mujeres deberían exigir su derecho a la
educación.
Tanto las mujeres como los hombres han sido creados con
el único objeto de servir a Al-lâh y ello
no se puede conseguir sin una educación verdadera:
«Si
la mujer exige al marido sus derechos sobre asuntos religiosos
y le plantea que le eduque en la religión o le
permita buscar esa educación en otra parte; por
ley, si el caso se llevará al gobernador, éste
tendría que obligar al marido a dar permiso a la
mujer, igual que si ella le estuviera exigiendo derechos
mundanos, ya que los derechos religiosos son superiores
y prioritarios». El
sheij formula la siguiente pregunta en al-Irshad: «según
la ley indica, las mujeres deberían ir en busca
del conocimiento que sus maridos no pueden ofrecerles;
¿qué ocurre cuando un estudioso va a enseñar
sobre Islam en un lugar que no se puede dividir en dos
zonas para el público, sabiendo que las mujeres
acudirán? “Debería permitir que mujeres
y hombres asistieran a su enseñanza; pero previniendo
que se entremezclen en su presencia y si eso ocurre debería
poner a un lado a los hombres y a otro a las mujeres”».El
derecho que tienen, por lo tanto, las mujeres a recibir
la educación de sus maridos o si no, a buscarla
en otra parte, está reconocido por todos los eruditos.
Uno de los primeros estudiosos de la escuela maliquí
llamado lbn al-Hajj, un crítico severo del comportamiento
demasiado liberal de las mujeres de El Cairo en aquel
momento, escribió:
«Si una mujer exige el derecho a tener una educación
religiosa y lleva el caso a un juez, su petición
estará justificada porque tiene derecho a que el
marido la enseñe o a acudir a otra parte para adquirir
esta instrucción. El juez tendrá que obligar
al marido a cumplir está exigencia, igual que lo
haría con sus derechos no religiosos, ya que sus
derechos religiosos son los más importantes».
Ahora
pasaremos a hablar brevemente del sistema educativo en
Islam. El sistema educativo tradicional islámico
era informal: la transmisión del conocimiento dependía
de una relación personal con el maestro, que frecuentemente
se basaba en el pago de una cantidad. Los estudiantes
una vez instruidos recibían una iyaza, una certificación
otorgada por un maestro que acreditaba al estudiante para
enseñar una materia en concreto o trasmitir un
libro o una colección de tradiciones específicas.
La
madrasa formalizó en cierta manera el proceso,
pero a su vez, abrió puertas a que más gente
estudiara. Antes de los siglos V/XI, las mezquitas eran
los principales lugares para la enseñanza. Los
maestros eran pagados por los estudiantes, por el gobernador
o por algún benefactor.
La madrasa Nizamiyya que se estableció en Bagdad
en 459/1067, ofrecía sueldos a los profesores;
los estudiantes también recibían algún
dinero y, en ocasiones, alojamiento. Con ello se favorecía
a los estudiantes, al aligerar la carga económica
que suponía el estudio.Durante
el periodo mameluco hubo un gran número de mujeres
benefactoras de las madrasas. Datan de esta misma época
al menos cinco madrasas establecidas por damas en El Cairo,
mientras que en Damasco fundaron siete. A veces era la
mujer quien hacía el papel de supervisora administrativa
de estas instituciones. Era frecuente la existencia de
condiciones que aseguraran la dirección de la madrasa
llevada a cabo por mujeres.Además
de dedicarse a la creación de instituciones educativas,
tomaban parte activamente en el aprendizaje. Según
comenta lbn al-Hajj, era frecuente que las mujeres se
reunieran con los hombres en las mezquitas para oír
a los sheijs la lectura de libros en voz alta. Y añadía:
«Veamos
lo que hacen las mujeres cuando los hombres se reúnen
con un sheij para escuchar la lectura de libros. Ellas
acuden a escuchar estas lecturas; los hombres se sientan
a un lado, y las mujeres en otro situado frente a ellos.
En ocasiones, incluso alguna se entusiasma con la situación;
otra se levanta, se vuelve a sentar y grita en voz alta».Era
tan habitual la intervención de las mujeres en
la educación, que as-Sakhawi dijo lo siguiente
sobre una de ellas, «Si tenemos en cuenta que su
familia es conocida por ser culta, no dudo que ella haya
obtenido iyazas». De esta manera, reconocía
que las mujeres de su tiempo eran cultas. De las 1.075
mujeres que aparecen en ad-Daw’ al-Lami’,
un diccionario biográfico del siglo IX/XV cuyo
autor es as-Sakhawi, 411 aparecen mencionadas en la lista
por logros educativos: por memorizar el Corán,
por haber estudiado con algún erudito o por haber
recibido alguna iyaza. Muchas de las citas son demasiado
breves como para dar detalles. As-Sakhawi también
menciona a hombres que recibieron iyazas de mujeres eruditas.
El mismo dice haber estudiado o recibido iyazas de 68
mujeres.Durante
aquella época no eran necesarios unos espacios
separados para la enseñanza.
Los historiadores refieren, que en El Cairo de los mamelucos
había chicas cuyos padres o hermanos las llevaban
a clases a una madrasa. EL camino más común
por el que accedían las mujeres al aprendizaje,
era recibiendo las enseñanzas de parientes masculinos
bien formados.Por
otra parte algunas casas particulares estaban destinadas
exclusivamente a la enseñanza de mujeres. Se recuerda
a una dama bien educada del siglo XV, cuya familia tradicionalmente
se dedicaba a la instrucción religiosa de las mujeres
«Su casa era un lugar de reunión para viudas
o divorciadas, y se formaba a las chicas jóvenes»En
el año 684/1286 se fundó la institución
Ribat al-Baghdadiyya por una de las hijas de Baibars,
un sultán mameluco, y hubo muchas más. También
en las residencias se ofrecía educación.
En ellas las mujeres de edad, las divorciadas o las viudas
sin cobijo tenían un lugar para vivir hasta su
muerte o hasta un nuevo matrimonio. La sheija que se ocupaba
de administrar la institución, también enseñaba
regularmente el fiqh a las residentes.Esto
ocurría en un ambiente urbano y sofisticado como
existía en El Cairo. Pero también había
otros métodos de enseñanza en los ámbitos
rurales.
La hija de ‘Uthman dan Fodio, Asma’, difundió
una manera de impartir la enseñanza que ha continuado
vigente hasta nuestros días. Elegía a mujeres
maduras, sabias, inteligentes y de carácter responsable
para que dirigieran los grupos de mujeres en las aldeas,
y daba a cada líder de grupo un símbolo
de autoridad. Así acudían, en grupos sin
escolta a la capital Sokoto, donde Asma las recibía
y les ayudaba a resolver sus problemas. Les hacía
aprender poemas llenos de contenido; ellas los memorizaban
y volvían al pueblo a enseñarlos. Los poemas
eran fáciles de recordar, desarrollaban la memoria
y trasmitían el conocimiento. A Asma la siguió
su hermanastra Maryam en esta tarea. El califa solía
pedirle consejo acerca de los asuntos de Kano. Su influencia
perduró hasta la llegada de lo británicos.
Jean
Boyd, describe en 1404/1984 a la Modibo de Kware (Hajara),
la tataranieta de Sheij ‘Uthman, nacida alrededor
de 1318/1901. Se casó a los doce años con
el hijo del gobernador de Kasarawa y continuó su
educación bajo la dirección de dos maestros
(un hombre y una mujer). Hablaba árabe y hausa,
y poseía una colección de libros y manuscritos.
Nombraba a las líderes de los grupos y les ponía
un turbante como distintivo. Cada aldea de Kware tenía
alumnos. Solían venir a visitarle desde muy lejos.
En el mes de marzo de 1984, Boyd vio llegar a un grupo
de nueve, que traían cereales para darlos como
sadaqa (limosna). Ella solía ofrecer consejo y
resolvía las desavenencias y malentendidos. Por
la noche las mujeres se acercaban a escucharla recitar
Corán, mientras que durante el día enseñaba
a niños y a niñas.Nos
preguntamos, ¿Qué ha ocurrido? Al final
del periodo mameluco había numerosas mujeres cultas
que tenían iyazas y enseñaban. Sin embargo
en el siglo XIX casi no se encuentran.
Algo sucedió durante este periodo. Falta un estudio
a fondo de este momento, tal y como mencionamos en el
prólogo. Personalmente, creo que la influencia
europea jugó un papel importante en ello, quizás
también fuera un proceso de infiltración
cultural como ha ocurrido con el hinduismo en el Subcontinente
indio. De todos modos convendría investigarlo y
observar las diferencias existentes en el Subcontinente
indio antes y después de 1857, cuando el gobierno
de los mogoles llegó a su fin. Es probable que
la inseguridad, causada por la colonización, fuera
un motivo, tal y como lo fue el resentimiento provocado
por la actitud despreciativa de los colonialistas. Sin
duda, el cambio fue menos aparente en zonas como Mauritania
y el norte de Nigeria, donde la influencia europea era
menor, y quizás hoy se puedan encontrar a mujeres
que conocen el Muwatta del Imam Malik de memoria.Como
hemos visto, no existe ningún fundamento para argumentar
que la educación esté prohibida para las
mujeres en el din. Sino al contrario, es obligatorio,
tanto para las mujeres como para los hombres, el saber
por completo las obligaciones del din. Aunque mucho nos
tememos que más de un hombre dejen también
de cumplir con esta obligación.Además
de la necesidad obvia de satisfacer las exigencias religiosas
individuales, existen otras razones prácticas para
que esto sea una obligación. Son las mujeres las
primeras que educan a los niños, como indica el
proverbio «la madre es la madrasa». Lo mismo
viene a decir el proverbio inglés «la mano
que mece la cuna domina el mundo». ¡Cómo
podría una madre ignorante de los fundamentos del
din transmitirlos a sus hijos! Las sesiones de cuatro
horas en la mezquita (experiencia que a menudo resulta
ser negativa para los niños) tampoco van a suplir
esa carencia. Las madres, al dar su conocimiento a los
niños, forman a los individuos que, a su vez, constituirán
la sociedad y su estructura económica, social y
política. En otras palabras, ella es la responsable
de las células que componen la sociedad. ¿Recibirán
éstas el conocimiento o la ignorancia del din?En
este contexto es donde mejor se puede entender la siguiente
frase del Profeta, que Al-lâh lo bendiga y le dé
paz, «El paraíso se encuentra a los pies
de la madre». Este hadiz se refiere también
al recién nacido, recién llegado del jardín,
quien si no es educado para ser musulmán, se convertirá
más tarde en un judío o cristiano o en adorador
del fuego.Hoy
en día la obligación de trasmitir el conocimiento
del din adquiere particular importancia. El Profeta, que
Al-lâh lo bendiga y le dé paz, dijo, «Una
de las señales de la Hora Final será la
desaparición del conocimiento y el establecimiento
de la ignorancia ... » (Bujari). Sin duda, es lo
que está ocurriendo hoy en día. La vida
y el entorno social se orientan cada vez más hacia
valores no musulmanes, incluso en los países musulmanes.
Por eso, si los niños no reciben la educación
y el ejemplo en casa y desde pequeños, tendrán
que empezar de cero, y en la mayoría de los casos
no tendrán ni tiempo para hacerlo.Es
imprescindible que, como a los hombres, se les dé
también a las mujeres un lugar en el aprendizaje
y la enseñanza. Primero hay que quererlo; si se
quiere, hay que luchar para conseguirlo, porque la sociedad
moderna tiende a dejarlo a un lado; una vez obtenido,
hay que trasmitirlo.
Como
ya hemos visto, durante los últimos 300 años,
las mujeres participaban activamente en la transmisión
del conocimiento, a veces incluso estudiaban con hombres
o les enseñaban en otros casos. Esta práctica,
de alguna manera, se ha perdido en la actualidad y es
necesario recuperarla.Para
finalizar y, haciendo referencia a la posición
del conocimiento, Abu’d-Darda’ relató
que el mensajero de Al-lâh dijo:«Al-lâh
facilitará el camino al Jardín a cualquiera
que tome el camino en busca de conocimiento. Los ángeles
extienden sus alas con placer sobre lo que el buscador
hace. Todos, tanto en el cielo como en la tierra, piden
misericordia para el que tiene conocimiento, incluidos
los peces que viven bajo el agua. La superioridad del
hombre de conocimiento sobre el hombre de devoción,
es equivalente a la superioridad de la luna sobre los
otros planetas. La gente de conocimiento son los herederos
de los Profetas.
Los Profetas no legan ni dinares, ni dirhams, legan conocimiento.
Quien lo tome, habrá tomado una amplia porción»
(Abu Dawud y at-Tirmidhi)Esto
se aplica a las mujeres y a los hombres por igual.Cuando
llega el momento de la acción, si el saber es incompleto
no ocasionará una acción eficaz. La acción
beneficiosa, como veremos en el siguiente capítulo,
sólo nace de un conocimiento bien fundado
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