| |
En la introducción al libro, el autor resume
muy brevemente las conclusiones de su estudio, que se
basa en versículos coránicos, en hadices
y en los libros tradicionales que relatan la biografía
del Profeta. Esas conclusiones demuestran lo lejos que
están las sociedades islámicas del modelo
instaurado por Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Las fuentes
que ha utilizado el autor dan un alcance mayor a sus
conclusiones, porque son dados a la reflexión
de los musulmanes que busquen recuperar lo esencial
del Islam.
El
autor dice en la introducción al libro:
Las conclusiones más importantes a las que he
llegado en este estudio son:
En el campo de la personalidad de la mujer:
1- La mujer musulmana era, en la época del Profeta,
absolutamente consciente de su condición de mujer
y con frecuencia la reivindicó, y el Islam reconoció
ese hecho. El Corán dice: "Allah ha creado
al varón y a la hembra". Desde este punto
de partida, la mujer musulmana, como tal, participó
activamente en la construcción del Islam.
2- Palabras relevantes del Profeta sobre este hecho
son las que pronunció al decir: "Las mujeres
son hermanas de los hombres", lo que implicaba
la legitimidad de su participación en todo lo
que atañe al Islam, sin restricciones.
3- El hadiz en el que el Profeta dijo que las mujeres
son 'menos inteligentes que los hombres' ha sido malinterpretado
y peor aún ha sido su aplicación en el
Derecho. El Profeta se dirigía a las mujeres,
con el tono de un maestro que no hace concesiones; no
estaba dirigiendo sus palabras a los hombres para informarles
de cómo son las mujeres.
En el campo de la vestimenta y los adornos:
1- Llevar el rostro al descubierto era lo normal en
la época del Profeta, y es el fundamento en lo
que respecta a este tema. El niqâb -el velo con
el que algunas mujeres se cubrían el rostro,
salvo los ojos y la frente, era una costumbre coqueta
de la época y no tiene relevancia en el Derecho.
2- Arreglos moderados para tener una mejor presencia
con los que las musulmanas de esa época adornaban
sus caras, sus manos (embelleciéndolas con tintes)
o su ropa, son perfectamente lícitos e incuestionables.
3- El Profeta no impuso nunca una forma determinada
de vestir para las mujeres. Sólo dijo que debían
cubrir convenientemente sus cuerpos y hacerlo con sentido
del pudor, consejos que también dio a los hombres.
No existe, por tanto, una vestimenta islámica
ni un uniforme para las musulmanas.
4- No había normas sobre la vestimenta que dificultaran
los movimientos de las mujeres; es más, lo que
se pretendía era facilitarles una activa vida
social dentro del contexto de la época.
En el campo de la participación en la vida social:
1- La orden de permanencia en sus casas y el velamiento
completo sólo afectó a las esposas del
Profeta, cuyo papel era destacado así: la gente
tenía que ir a ellas, y no a la inversa, y no
verles el rostro. Ello lo demuestra el que las Compañeras
del Profeta jamás siguieron esas normas.
2- Las musulmanas participaban en todas las actividades
comunes, con entusiasmo y dinamismo, tal como exigía
la creación de una nueva civilización.
3- Las restricciones no afectaban a la vida social sino
que señalaban la necesidad de mantenerse en el
pudor para preservar la dignidad de la mujer en esas
relaciones. Pretendían proteger, no evitar o
entorpecer.
4- El derecho al trabajo le fue reconocido a la mujer
musulmana espontáneamente, y consta, por ejemplo,
que participaron en la enseñanza como discípulas
y maestras, y en labores sociales y se les reconoció
también el derecho al esparcimiento y el ocio.
En lo político, la mujer fue tan firme como el
hombre en defender el Islam incluso en las épocas
de persecución. Las mujeres participaron activamente
en la organización del Islam, en los juramentos
de fidelidad al Profeta, en su defensa, y emigraron
de Meca a Medina en pie de igualdad. Participaban y
opinaban en las asambleas (shûrà) y dirigieron
oposiciones contra las mayorías. Las mujeres
musulmanas trabajaron en las labores de regadío,
en las de la agricultura en general, en las industrias
artesanales, en la dirección de los trabajos,
en la salud, en la limpieza y en labores domésticas,
lo que les permitía llevar una vida digna para
ellas y para sus familias, llevando incluso en muchas
ocasiones la delantera a sus maridos, si bien el Islam
insistía en que sobre los varones pesaba la obligación
de mantener a sus mujeres. Precisamente porque se reconocía
el derecho de la mujer al trabajo y a la propiedad,
el Islam gravó sobre ella el impuesto del Zakat,
al igual que pesa sobre cada varón. Y el Zakat
no es otra cosa que colaborar en la construcción
del Islam, por lo que el esfuerzo de las mujeres es
igual de meritorio que el de los hombres. Con su aportación,
la mujer se destacaba como participante en todo.
Es cierto que las circunstancias del nacimiento de una
civilización son propicias para el desarrollo
de todas las aptitudes, tanto de las mujeres como de
los hombres, pero hay que recordar que el carácter
ejemplar de los primeros tiempos del Islam tiene, por
un lado, valor de derecho, con lo que las mujeres musulmanas
tienen una justificación legal y autorizada en
todas sus demandas actuales. Por otro lado, un estudio
atento de los primeros tiempos del Islam para su actualización
demanda un incremento de los derechos de la mujer en
atención de la realidad de estos tiempos, en
consonancia con las enseñanzas de los avances
que Islam supuso en su tiempo original.
5- Fruto de la participación de la mujer en pie
de igualdad con el hombre fue el crecimiento de su conciencia
como mujer, alcanzando esta conciencia un elevado grado
de madurez, que le permitió grandes realizaciones.
En el campo familiar:
1- La mujer musulmana tiene derecho a elegir a su esposo
y a separarse de él cuando deje de amarlo, sin
causarle perjuicio (por lo que debe devolverle parte
de la dote que él le haya entregado). En Derecho
musulmán, se llama Talâq al derecho del
hombre a divorciarse de su mujer y Jal' al que tiene
la mujer.
2- Distribución de las responsabilidades dentro
del seno de la familia, colaborando ambos en el mantenimiento
del hogar y en la educación de los hijos.
3- Ambos esposos son iguales en derechos, como sentencia
el Corán: "Tienen los mismos derechos y
obligaciones, y los hombres tienen un grado sobre ellas".
El grado (dáraÿa) que tienen sobre ellas
es el derecho que emana de la obligación que
pesa sobre los hombres de mantener económicamente
a la familia, y ese grado se concreta en el deber de
la mujer de esforzarse en amarlo, ser dulce con él,
adornarse para él, acompañarlo en sus
preocupaciones, etc., siempre y cuando el hombre cumpla
con sus deberes respecto a su esposa (no implica sometimiento
a arbitrariedades ni tolerar malos tratos).
4- El Islam limitó la poligamia en favor de las
mujeres, por lo que nada impide que se tomen medidas
para reforzar la dignidad de las mujeres en el matrimonio
y controlar las libertades del hombre.
5- La función principal de la mujer está
en regir su familia y gobernar su casa, pero ello no
le impidió en la época del Profeta tener
otros intereses y desarrollarlos activamente. El mismo
Profeta realizaba labores domésticas, limpiaba,
fregaba, guisaba, se cosía su ropa, se adornaba
para sus esposas, etc., y no las criticó jamás
si desatendían sus obligaciones, facilitándoles
otras actividades. La coordinación en la familia
es siempre lo deseable para posibilitar el desarrollo
de todos.
En el campo de la sexualidad:
1- El placer sexual es disfrute en esta vida y Allah
lo ha prometido como recompensa más allá
de la vida, por lo que es un bien y realizarlo es una
forma de acercarse a Allah siempre y cuando se haga
honestamente y en conformidad a las enseñanzas
de la Sharî'a.
2- El Profeta quería que los musulmanes y las
musulmanas tuvieran actividad sexual, y de ello él
mismo dio ejemplo, para desenturbiar el ánimo
y purificar el corazón. El oscurantismo en la
sexualidad no ha sido la tónica del Islam.
3- Al estimular que los jóvenes se casaran entre
sí en edad temprana reconocía la urgencia
del apetito sexual, al que había que dar cauce.
Lo que no toleraban los musulmanes eran las traiciones,
la clandestinidad y los abusos. Para ello, el Profeta
facilitó el matrimonio, el divorcio, aconsejaba
la sensualidad, la coquetería, el trato amable
entre hombres y mujeres, dentro siempre de un sentido
saludable del pudor.
regreso
siguiente
|
|