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La
Condicion de la mujer
"La situación de la mujer en un contexto islámico es
una de las piedras angulares de toda crítica occidental al mundo
musulmán. La imaginería europea ha elaborado un espectáculo
fantástico de harenes, mujeres sumisas y crueles déspotas
que ejercen contra ellas toda suerte de iniquidades. La mujer es el prototipo
de la marginación en una sociedad dominada por el hombre: oculta
tras su velo vive una existencia en la que carece de protagonismo, víctima
de una opresión sin límites que sufre con ancestral fatalismo.
Por supuesto, Occidente ha descubierto otra de sus misiones históricas,
liberar a las musulmanas de su triste realidad.
Lo que sucede es que se ha inventado morbosamente uana imagen satisfactoria
y sobre ella se trabaja, al margen de que se responda o no a una situación
verdadera. Incluso se ha convertido en un negocio rentable: las librerías
de todo el mundo cuentan con un magnífico surtido de obras que
traducen el grito desesperado de mujeres destrozadas que piden socorro
desde el anonimato de sus vidas escondidas tras espesos velos que les
niegan la condicion humana. Y son libros con éxito garantizado.
Nada hay que le guste más a Occidente que esas tragedias que le
hacen olvidar sus propios crímenes. El discurso sobre la mujer
musulmana está plagado de tópicos que, al convertirse en
usuales, parecen prácticamente irrefutables. Son repetidos hasta
la saciedad y ejemplificados con patéticos relatos que inciden
siempre en lo mismo.
Es verdad que la mujer musulmana es invisble e irrelevante, pero hay que
añadir que así es sólo para los occidentales. Efectivamente,
no les interesa para nada la mujer musulmana, sino el cumplimiento de
sus estereotipos. Con una arrogancia estúpida se presentan ante
el mundo musulmán con sus arquetipos de moda, cosntatan que no
se cumplen, y no tienen reparos en denunciar al Islam como retrógrado.
Lo que sucede es que el Islam no se doblega ante la última idea
de ninguna vanguardia salvífica. La mujer musulmana no es vista
por los occidentales, no les interesa, no les preocupa cuáles pueden
ser sus problemas o inquietudes. A Occidente lo único que le mueve
es el tenaz deseo de corroborarse una y otra vez. Tan inseguro está
de sus valores que necesita comprobar que son universalmente aceptados
y aplaudidos.
La mujer musulmana es invisible para Occidente, pertence a un mundo que
todavía no ha podido violar, y ello exaspera a una cultura que
cree que lo puede manipular todo. Incapaz de rasgar el velo, se satisface
en las mentiras que inventa sobre aquello que está detrás
de lo que no puede desvelar. La mujer musulmana simboliza todo ese universo
interior e inexplicable del Islam al que no llega la mirada de quién
no tiene respeto.
Ofuscado por sus propias convicciones, Occidente no quiere percatarse
de que la mayoría de los verdaderos problemas que afectan a la
mujer musulmana derivan de las contradicciones a las que se ha sometido
al mundo musulmán. No queriendo sentirse culpable, lanza acusaciones
contra las tradiciones islámicas: ¿Quiere esto decir que
el bien de la mujer musulmana está en negarse a sí misma
completamente y rendirse a los supuestos logros de quienes la humillan
como parte de pueblos a los que se han impuesto por la fuerza? Si la civilización
occidental fuera lo que pretende, la única posible y destino obligado
de la humanidad, habría que reconocer que las musulmanas han sido
capaces de dar pasos mucho más rápidos que las propias europeas.
Pero esto en lugar de ser señal de la superioridad occidental,
lo es de la vitalidad de la mujer que se supone absolutamente negada por
el Islam. Pero como no es cierto que Occidente sea un modelo válido
para todas las culturas, las musulmanas optan, por doloroso que resulte
a la prepotencia imperialista de Occidente, por el Islam como valor en
el que se sienten cómodas y protagonistas. Son las mujeres las
que están dando fuerza a los movimentos islámicos que luchan
por la supervivencia del Islam en su propia tierra. Son las mujeres las
que dan un carácter intensamente islámico a esos movimientos.
Aunque no se suela decir, son precisamente las más cultas las que
abanderan las causas de los pueblos musulmanes, y sin complejos absurdos
se revisten con sus velos afirmando su condición de mujeres musulmanas.,
signo de sus protestas y de su adhesión a una forma de entender
la vida que nada tiene que ver con la histeria y crispación del
"mundo civilizado".
Podemos, si queremos, repetir hasta la saciedad que el Islam es un atraso
para las mujeres. Pero no estaremos diciendo nada. El Islam es, para la
mujer como para el hombre, esencialmente lo mismo: una vía que
conduce a Allah, es decir, un camino de superación, una puerta
hacia un infinito que significa desembarazarse de tonterías, recuperando
una cordura imprescindible para todos. El Islam es sabiduría, y
sabiduría es la conjunción de conocimiento y acto. Necesitamos
de la sensatez del Islam para construir un mundo mejor. El criterio, válido
para todos los seres humanos, está contenido en la Shahada, en
el "no" a los dioses, en la contínua búsqueda
de Allah, que siempre lo trasciende todo y, en esa búsqueda, progresar
en el sentido de la tolerancia y el universalismo, fomentando un encuentro
verdadero entre las diversas manifestaciones del genio del Hombre."
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