Muerte para
Tiempo Presente
Sheikha Amina Teslima Al Jerrahi
Hoy, como cada día, partirán de este plano de existencia
alrededor de 200,000 preciosas almas humanas morirán, abandonarán
sus cuerpos terrenales y se irán de esta existencia. Otras tantas
harán su arribo. Evidentemente nuestro hermoso planeta es un
vasto y dinámico aeropuerto espiritual. ¿Cómo es
que estar constantemente expuestos a un hecho tan obvio, que ocurre
tan masivamente sin que pueda ocultarse o disimularse, no transforma
radicalmente nuestros criterios para vivir? ¿Cómo es que
podemos vivir toda nuestra vida sin abrazar el hecho fundamental que
llamamos muerte?
Es absolutamente llamativo e intrigante el hecho de que a pesar de que
mueren 70 millones de personas cada año no veamos ninguna tendencia
generalizada a dejar de considerar la muerte --abierta o solapadamente--
como una catástrofe o como algo extraño y hasta detestable.
Estamos tan condicionados culturalmente a negar esta parte de nuestra
condición humana --y muchas otras, por cierto--, que no es raro
ver que, a la hora de enfrentar la muerte física propia o la
muerte de un ser cercano, muchas almas nos sintamos perdidas, confundidas
y faltas de paz durante el proceso.
En el Sagrado Corán, la escritura revelada del Islam, como en
otras escrituras igualmente sagradas, se nos informa acerca de la experiencia
de la muerte. Hay numerosas alusiones a la muerte en este libro de luz
y clara guía. El Corán nos informa que en nuestra existencia
viajamos por etapas y que 'toda alma llegará a tener un sorbo
de lo que es la muerte': "Ciertamente, huyes de la muerte y está
habrá de encontrarte inevitablemente: es entonces cuando retornarás
al que conoce lo visible y lo no visto y Él te habrá de
decir lo que has estado haciendo". " Todo perece excepto Su
Rostro". " Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él hemos
de retornar".
Los místicos del Islam desarrollaron una visión de lo
que trasciende la existencia terrenal y de lo que es indispensable de
esta existencia temporal para realizar lo que verdaderamente somos.
El mulá Sadra, un místico islámico poco conocido
en Occidente, explica que el potencial total de la naturaleza primordial
del ser humano no puede ser actualizada sin cuerpos o formas corpóreas
ya que sólo sobre la base de las imágenes correctas, el
alma está en capacidad de extraer, de inferir, o destilar los
significados aparentemente inconexos, y así poder comprender
su propio mundo, su origen, su retorno.
Barzakh es el término que utiliza la revelación, el sagrado
Corán, para nombrar una realidad intermedia que separa y abarca
lo que hay a cada lado. Es el nombre que se le da al mundo de lo imaginal,
los reinos intermedios del ser que separan el reino de los espíritus
del reino de las formas corpóreas. ''Ha dejado que los dos mares
se encuentren libremente pero entre ambos hay un espacio, (barzakh)
que no traspasan'', afirma el Corán. barzakh
Como el mundo de los espíritus, el barzakh es inmaterial pero
posee forma, configuración, imagen, apariencia, aspecto, contorno
y condición así como el mundo o el reino de lo corpóreo.
Sin este reino intermedio, el ser espiritual, luminoso y suelto, libre,
inconexo, de la materia, no podría tener contacto con los seres
del mundo corpóreo.
Para Muheiddín Ibn al-Arabí, otro gran pilar del misticismo
islámico ampliamente apreciado en Occidente, "Barzakh es
la conjunción de dos mares: el mar de significados espirituales
y el mar de los objetos sensoriales. Las cosas sensoriales no pueden
ser significado y los significados no pueden ser sensoriales. Pero el
Mundo Imaginal o barzakh, le da forma corpórea a los significados.
El reino imaginal se ve claramente reflejado barzakh en la facultad
imaginativa que experimentamos claramente al soñar; en sueños
vemos, oímos, olemos, degustamos y sentimos sin que haya objetos
al alcance de nuestros sentidos. Esta habilidad, según el gran
maestro andaluz, surge de que el ser humano es, en realidad, el macrocosmos
que en sí contiene todo mientras su imaginación es el
lugar donde se manifiesta el atributo divino al-Musawwir, El que da
forma.
La conclusión a la que llega Sadra es que después de la
muerte, el ser humano existe en el en un cuerpo imaginal cuya substancia
es generada por él mismo. Esto no quiere decir que es imaginario;
de hecho, se percibe como más real que este mundo ya que se aproxima
más a la realidad divina o a la escencialidad de la conciencia
divina. En los sueños esta facultad imaginal despliega formas,
reviste de forma los significados espirituales. En las palabras del
Profeta del Islám, Mujámmad, paz para él, 'la gente
está dormida pero cuando mueren, despiertan'. Al-Ghazzali, otro
gran místico sufi, nos hace el servcio de poner las cosas en
claro: "Ya que el sueño es el hermano de la muerte, a través
de la experiencia del sueño podemos comprender estados que el
estado de vigilia desconoce". Al Ghazzali nos explica que nuestras
obras, nuestros actos, tienen espíritu o realidades que no pueden
ser percibidos en este mundo pero que sí emergen tras la muerte
porque en el próximo mundo o barzakh, las formas están
subordinadas a lo espiritual así que allí serán
vistas las formas de las realidades espirituales que en este mundo no
se proyectan a nivel externo o no son aparentes. Las formas, figuras,
apariencias que vemos en sueños corresponden a los significados
espirituales que contienen.
El Profeta decía que en el Día de la Unidad, el espíritu
de lo mundano será presentado con una forma abominable de la
cual todos querremos huir despavoridos y se nos dirá: ''Este
es el mundo que tanto se esforzaron en poseer''.
A la hora de su muerte, el ser humano no experimenta otra cosa sino
a sí mismo; sus intenciones, sus pensamientos, sus obras, ahora
externalizadas e incorporadas al mundo de la imagen y las formas. El
ser humano despierta ahora a las realidades de sus propias palabras,
de sus propios actos y rasgos morales, a su sustancia moral. Todo lo
que ha permanecido oculto en este mundo, se manifiesta externamente.
La muerte sólo descorre los velos que no nos permiten la visión
de las realidades que son todo ello.
En las palabras del más conocido místico sufi, Yelaludín
Rumi, el autor del Masnaví, el llamado Corán persa: ''Tu
eres tu pensar, hermano, el resto es fibra y huesos. Si piensas en rosas,
eres un jardín de rosas; si piensas en espinas, eres combustible
para la hoguera. Nuestra propia existencia es el infierno o el paraíso.
A la hora de la muerte inevitablemente se actualizará nuestra
verdad, tendremos que confrontarnos a nosotros mismos si es que no lo
hemos hecho ya''.
Nada de lo que experimentamos o vemos en la próxima vida es ajeno
a nuestras almas pero la realidad del alma, --que es una forma de Dios--,
en realidad no tiene límites. Por eso no es sorprendente que
los místicos califiquen las experiencias del próximo mundo
como más substanciales y más permanentes que las que experimentamos
en el mundo de la forma material.
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