Es absolutamente llamativo e intrigante el hecho de
que a pesar de que mueren 70 millones de personas
cada año no veamos ninguna tendencia generalizada
a dejar de considerar la muerte --abierta o solapadamente--
como una catástrofe o como algo extraño
y hasta detestable. Estamos tan condicionados culturalmente
a negar esta parte de nuestra condición humana
--y muchas otras, por cierto--, que no es raro ver
que, a la hora de enfrentar la muerte física
propia o la muerte de un ser cercano, muchas almas
nos sintamos perdidas, confundidas y faltas de paz
durante el proceso.
En el Sagrado Corán, la escritura revelada
del Islam, como en otras escrituras igualmente sagradas,
se nos informa acerca de la experiencia de la muerte.
Hay numerosas alusiones a la muerte en este libro
de luz y clara guía. El Corán nos informa
que en nuestra existencia viajamos por etapas y que
'toda alma llegará a tener un sorbo de lo que
es la muerte': "Ciertamente, huyes de la muerte
y está habrá de encontrarte inevitablemente:
es entonces cuando retornarás al que conoce
lo visible y lo no visto y Él te habrá
de decir lo que has estado haciendo". "
Todo perece excepto Su Rostro". " Ciertamente
pertenecemos a Dios y a Él hemos de retornar".
Los místicos del Islam desarrollaron una visión
de lo que trasciende la existencia terrenal y de lo
que es indispensable de esta existencia temporal para
realizar lo que verdaderamente somos. El mulá
Sadra, un místico islámico poco conocido
en Occidente, explica que el potencial total de la
naturaleza primordial del ser humano no puede ser
actualizada sin cuerpos o formas corpóreas
ya que sólo sobre la base de las imágenes
correctas, el alma está en capacidad de extraer,
de inferir, o destilar los significados aparentemente
inconexos, y así poder comprender su propio
mundo, su origen, su retorno.
Barzakh es el término que utiliza la revelación,
el sagrado Corán, para nombrar una realidad
intermedia que separa y abarca lo que hay a cada lado.
Es el nombre que se le da al mundo de lo imaginal,
los reinos intermedios del ser que separan el reino
de los espíritus del reino de las formas corpóreas.
''Ha dejado que los dos mares se encuentren libremente
pero entre ambos hay un espacio, (barzakh) que no
traspasan'', afirma el Corán. barzakh
Como el mundo de los espíritus, el barzakh
es inmaterial pero posee forma, configuración,
imagen, apariencia, aspecto, contorno y condición
así como el mundo o el reino de lo corpóreo.
Sin este reino intermedio, el ser espiritual, luminoso
y suelto, libre, inconexo, de la materia, no podría
tener contacto con los seres del mundo corpóreo.
Para Muheiddín Ibn al-Arabí, otro gran
pilar del misticismo islámico ampliamente apreciado
en Occidente, "Barzakh es la conjunción
de dos mares: el mar de significados espirituales
y el mar de los objetos sensoriales. Las cosas sensoriales
no pueden ser significado y los significados no pueden
ser sensoriales. Pero el Mundo Imaginal o barzakh,
le da forma corpórea a los significados.
El reino imaginal se ve claramente reflejado barzakh
en la facultad imaginativa que experimentamos claramente
al soñar; en sueños vemos, oímos,
olemos, degustamos y sentimos sin que haya objetos
al alcance de nuestros sentidos. Esta habilidad, según
el gran maestro andaluz, surge de que el ser humano
es, en realidad, el macrocosmos que en sí contiene
todo mientras su imaginación es el lugar donde
se manifiesta el atributo divino al-Musawwir, El que
da forma.
La conclusión a la que llega Sadra es que después
de la muerte, el ser humano existe en el en un cuerpo
imaginal cuya substancia es generada por él
mismo. Esto no quiere decir que es imaginario; de
hecho, se percibe como más real que este mundo
ya que se aproxima más a la realidad divina
o a la escencialidad de la conciencia divina. En los
sueños esta facultad imaginal despliega formas,
reviste de forma los significados espirituales. En
las palabras del Profeta del Islám, Mujámmad,
paz para él, 'la gente está dormida
pero cuando mueren, despiertan'. Al-Ghazzali, otro
gran místico sufi, nos hace el servcio de poner
las cosas en claro: "Ya que el sueño es
el hermano de la muerte, a través de la experiencia
del sueño podemos comprender estados que el
estado de vigilia desconoce". Al Ghazzali nos
explica que nuestras obras, nuestros actos, tienen
espíritu o realidades que no pueden ser percibidos
en este mundo pero que sí emergen tras la muerte
porque en el próximo mundo o barzakh, las formas
están subordinadas a lo espiritual así
que allí serán vistas las formas de
las realidades espirituales que en este mundo no se
proyectan a nivel externo o no son aparentes. Las
formas, figuras, apariencias que vemos en sueños
corresponden a los significados espirituales que contienen.
El Profeta decía que en el Día de la
Unidad, el espíritu de lo mundano será
presentado con una forma abominable de la cual todos
querremos huir despavoridos y se nos dirá:
''Este es el mundo que tanto se esforzaron en poseer''.
A la hora de su muerte, el ser humano no experimenta
otra cosa sino a sí mismo; sus intenciones,
sus pensamientos, sus obras, ahora externalizadas
e incorporadas al mundo de la imagen y las formas.
El ser humano despierta ahora a las realidades de
sus propias palabras, de sus propios actos y rasgos
morales, a su sustancia moral. Todo lo que ha permanecido
oculto en este mundo, se manifiesta externamente.
La muerte sólo descorre los velos que no nos
permiten la visión de las realidades que son
todo ello.
En las palabras del más conocido místico
sufi, Yelaludín Rumi, el autor del Masnaví,
el llamado Corán persa: ''Tu eres tu pensar,
hermano, el resto es fibra y huesos. Si piensas en
rosas, eres un jardín de rosas; si piensas
en espinas, eres combustible para la hoguera. Nuestra
propia existencia es el infierno o el paraíso.
A la hora de la muerte inevitablemente se actualizará
nuestra verdad, tendremos que confrontarnos a nosotros
mismos si es que no lo hemos hecho ya''.
Nada de lo que experimentamos o vemos en la próxima
vida es ajeno a nuestras almas pero la realidad del
alma, --que es una forma de Dios--, en realidad no
tiene límites. Por eso no es sorprendente que
los místicos califiquen las experiencias del
próximo mundo como más substanciales
y más permanentes que las que experimentamos
en el mundo de la forma material.
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