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La
religión es facilidad. El camino no tiene fin.
La compasión es el atributo principal de Al-lâh
y de Su enviado. En estas tres frases se podrían
resumir las enseñanzas del Dr. Mohsen.
La
traducción de esta parte de su Pequeña
Guía viene solicitada por algunos creyentes en
España que le han conocido o han leído
sobre lo que enseña.
Como discípulo de Abû-l Hasan ash-Shâdilî
y descendiente de Abû-l 'Abbâs de Murcia,
podemos decir que su verdadera enseñanza no se
transmite por conceptos sino por ese trato directo y
continuado entre el maestro y los que quieren seguir
el Camino.
Si hemos seleccionado este capítulo de Consejos
de conducta es por la insistencia del autor en recalcar
que el camino no es una teoría sino vida, que
el objetivo está mucho más allá
de la limitación física y psíquica
de nuestra individualidad en este mundo, y que sólo
mediante la transformación interior y exterior
es cómo el vaso puede adquirir la posición
propicia para el descenso del Conocimiento "desde
arriba".
Pedimos disculpas si el deseo de precisión al
traducir nos lleva a utilizar expresiones poco familiares
en nuestra lengua
Consejos de conducta
1.- No comiences nada, ni pequeño ni grande,
si no es con "bismillâh ar-Rahmân ar-Rahîm",
"en el nombre de Al-lâh, el Todocompasivo
y Misericordioso", siendo consciente de lo que
esto significa. Significa, entre otras cosas, que esa
acción no la haces por tu autoridad ni por tu
fuerza sino por Su Nombre, glorificado y exaltado sea,
por Su Autoridad, Su Poder y Su fuerza. Busca en cada
cosa Su agrado y obedécele en lo que ha ordenado.
2.- La intención correcta es condición
para que maduren tus actos y para que sean del agrado
de Al-lâh. Por cada cosa que hace la persona recibe
recompensa, siempre que se de en ello la intención
correcta, según el dicho del Profeta Muhammad,
con él sean la paz y la bendición de Al-lâh:
"Toda acción se mide por su intención;
cada persona recibe aquello que ha buscado."
Por tanto, la condición para que una acción
tenga buen resultado es la pureza de la intención.
Al-lâh no acepta ninguna acción que no
esté hecha sinceramente por Él.
Debes darte cuenta de que esa pureza de intención
requerida ha de mantenerse a lo largo de la realización
de la acción, pues podría empezarse algo
por Al-lâh pero durante la ejecución introducirse
otros propósitos.
Pregúntate antes de hacer nada: "¿Voy
a hacer esto por Al-lâh, o por otra cosa? ¿Está
esto de acuerdo con la Ley Divina?". Asegúrate
mediante la reflexión de que no interfieren otros
propósitos durante la realización. Si
esto ocurriera, pide perdón a Al-lâh y
vuélvete a Él: "¡Al-lâh!,
Te pido perdón por toda acción en la que
he buscado sólo Tu rostro pero se han introducido
en ella otros propósitos."
3.- No obstante, también debes considerar que
ninguna intención o acción es correcta
si no se ajusta a lo que agrada a Al-lâh, es decir,
a la Ley Divina; y no a lo que nos agrade a nosotros
mismos, aunque con ello se quiera agradar a Al-lâh.
En religión no cabe la invención (bid'a).
La invención en religión se llama innovación
y está prohibida terminantemente.
Pero la innovación no es lo mismo que hacer voluntariamente
obras rectas o permitidas, aunque no estén estipuladas,
siempre que estén en consonancia con la buena
costumbre.[1] En este caso la práctica es meritoria,
pues hay que diferenciar entre la innovación,
que es lo que contradice las reglas de la religión
y sus principios, y el establecimiento de una práctica
buena en materia de religión que sea para bien
y esté de acuerdo con sus normas y principios.[2]
4.- Cuando hagas algo pon toda tu resolución
y esfuerzo para hacerlo con precisión, perfección
y lo mejor acabado que puedas, pues dijo el Profeta
Muhammad, con él sean la paz y la bendición
de Al-lâh: "Al-lâh quiere que cuando
alguien de entre vosotros haga algo, lo haga a la perfección."
Esto no te será posible si no es con la ayuda
de Al-lâh y con Su asistencia, así que
permanece siempre con el ánimo de un pobre siervo
necesitado de la inspiración de Al-lâh
y de Su aprobación, preguntando y rogando.
5.- Debes saber bien que Al-lâh es el que da y
el que retiene; que, en realidad, Él es la Causa
Única de todos los acontecimientos. Pídele
constantemente, de palabra y de obra, Su ayuda y aprobación,
y espera siempre lo mejor de Al-lâh, con inmensa
confianza en que Él te dará y te concederá.
Debes saber también que si Él ha permitido
que cayeras en errores y pecados, Él es también
quien puede perdonarlos y no tenerlos en cuenta, y que
esas faltas y pecados, si los tratas con arrepentimiento
y buenas obras y los utilizas para corregir tu conducta
y aprender de los errores, entonces se volverán
algo positivo e incluso de una ayuda enorme para, en
adelante, vencer las dificultades. Por el contrario,
esos mismos pecados serán de efecto negativo
si te quedas anclado en ellos, lamentándote por
ellos pero sin arrepentimiento ni corrección;
si no tienes en buen concepto a Al-lâh y no Le
tienes confianza. Él ha hecho que Su compasión
se adelante a Su ira.
6.- Debes saber que la esencia de la adoración
es la súplica. Has de saber que Al-lâh
responde a toda petición, excepto cuando aquello
que se pide es injusto o rompe lazos de familia. Si
no te concede lo que le pides en esta vida, te lo dará
más tarde y mejor, en la otra. A Al-lâh
le gusta escuchar la voz de Su siervo creyente. Cualquiera
que busca la ayuda de Al-lâh, Al-lâh acude
en su ayuda. El Islam no se realiza sino en dos aspectos
que no se separan nunca, y que Él ha resumido
en el primer capítulo del Corán, que dice:
"Sólo a Ti adoramos y sólo a Ti pedimos
ayuda."
Así que busca la ayuda de Al-lâh y busca
que te guíe y te indique lo mejor en todos los
asuntos, grandes y pequeños, como nos dijo que
hiciéramos el Enviado de Al-lâh y como
lo hizo él mismo, pidiendo siempre a Al-lâh
todo lo que necesites, aunque lo consideres de poca
importancia.
7.- Es preciso dedicar una gran atención a las
obligaciones religiosas básicas y cumplirlas
lo mejor posible, con preferencia a otras cosas que
les siguen en importancia entre los deberes religiosos.
Los cinco pilares del Islam son los principales fundamentos
de la religión y hacerlos bien y con constancia
es lo primero que debe ocuparnos.
8.- Aquello que es condición necesaria para cumplir
un mandato, es por ello también un mandato. Así,
por ejemplo, no se puede hacer bien la oración
si no se conocen sus obligaciones y lo que es necesario
para cumplirla debidamente. Con respecto a lo que es
imprescindible para la realización de la oración,
se puede conocer por los libros de Derecho islámico.
En cuanto a la buena realización y su conocimiento
profundo, digamos que consiste en que procures hacer
las diferentes oraciones en los momentos prescritos
para ello, que te dirijas a ella siendo consciente de
lo que significa, que entres con la intención
clara, que digas "Al-lâhu akbar" (Al-lâh
es más grande) al comenzar, reconociendo la inmensidad
divina; que recites a continuación el Corán
con pausa y precisión; que te inclines lleno
de taquà [3] hacia Al-lâh y te postres
con total humildad; que pronuncies el testimonio de
fe (shahâda) con toda sinceridad; que acabes saludando
lleno de compasión.
En cuanto a su conocimiento profundo, diría que
la oración consiste en que pongas el Paraíso
a tu derecha y el Fuego a tu izquierda, el paso estrecho
bajo tus pies, la balanza a la altura de tus ojos y
al Señor de Gloria y Poder delante, como si Lo
vieras; porque si no Lo ves, el sí te ve.
9.- Haz que tu preocupación no se limite a seguir
las órdenes de la Ley y hacer bien los distintos
movimientos de la oración, sino que también
profundices en sus significados e implicaciones internas.
¿Qué beneficio tiene la oración
con todos sus movimientos si la mente está dispersa
y el corazón está sin dirección
ni pureza de intención, sin humildad ni sinceridad?
10.- Profundizar en la religión con calma y suavidad
es garantía de firmeza, continuidad y avance,
tal y como dijo el Profeta, la paz y las bendiciones
de Al-lâh sean con él: "Esta religión
es sólida y fuerte. Adentraos en ella con calma
y suavidad".
La intensidad de la fuerza de voluntad necesaria para
profundizar en la religión debe estar de acuerdo
con la capacidad de cada persona. El adentrarse en la
religión, o en cualquier asunto, con brusquedad
y aspereza cuando no podemos soportarlo, hace que se
produzca retroceso y rechazo en la constancia y calidad
de la práctica religiosa, además de afectar
al equilibrio de la persona.
11.- Dar testimonio de que no hay otro dios que el Único
Dios (lâ ilâha illâ Al-lâh)
implica necesariamente estar convencido de mente y de
corazón de la divinidad y señorío
de Al-lâh. Esta certeza se manifiesta a través
de, al menos, uno de estos tres aspectos: la palabra,
las obras o el conocimiento.
El Profeta dijo: "Renovad vuestra fe diciendo lâ
ilâha illâ Al-lâh".
12.- Que tus acciones predilectas sean ejecución
exacta de lo que Al-lâh te ha ordenado y apartarte
de lo que Al-lâh te ha prohibido.
Aunque pienses lo contrario, lo que Al-lâh te
ha ordenado hacer te conviene más y es mejor
que las buenas obras que tú puedas idear y las
cuales Él no te ha prescrito.
No desprecies nunca las faltas pequeñas ni te
dejes llevar hacia lo que Él ha prohibido, sea
lo que sea. Pide perdón a Al-lâh por todo
aquello en lo que pones intención de hacer y
luego no haces.
13.- Debes cuidar tanto la limpieza exterior como la
interior. La limpieza exterior se conoce por la Ley
externa y consiste en librarse y apartarse de las acciones
prohibidas. La limpieza interior consiste en eliminar
el rencor, la envidia, la difamación, la ostentación,
el orgullo, la codicia, la soberbia, las malas intenciones,
etc; es decir, todas aquellas malas cualidades que pueden
significar una forma oculta de idolatría. Esto
requiere vigilar y examinar el propio alma en compañía
de un guía que conozca las enfermedades del alma
y su tratamiento.
Tanto la limpieza exterior como la interior están
ordenadas por Al-lâh en sus palabras: "Apartaos
del mal, el manifiesto y el oculto."
14.- Iniciarse en la Vía, especialmente en las
primeras fases del camino, es hacer muchas obras rectas
y adquirir los atributos del creyente, según
el Corán y los consejos del noble Profeta, con
él sean las bendiciones y la paz de Al-lâh.
No hay duda de que, en general, lo que beneficia es
dedicarse a la realización de actos positivos
y no fijarse en los asuntos prohibidos, ya que una de
las mejores maneras de eliminar el efecto de las malas
acciones es ahogarlas con ríos de actos buenos
y rectos que ocupen todo nuestro tiempo.
Hay que ser constantes en la búsqueda de la ayuda
de Al-lâh, mediante la súplica (du'â')
y el recuerdo (dhikr), para hacer efectivo el arrepentimiento
y adquirir los atributos de los que aman a Al-lâh.
15.- Debes saber que para progresar en la Vía
se requiere pensar bien de Al-lâh el Altísimo
y de todos los musulmanes.
Pensar bien de Al-lâh significa, entre otras cosas,
tener confianza en que toda la ayuda procede de Él,
tener la certeza de que todo lo que sucede es para nuestro
propio bien si sabemos sacar provecho profundizando
en el conocimiento de Al-lâh; Aquél que
todo lo sabe mientras nosotros no sabemos.
Pensar bien de los musulmanes supone no enemistarse
con alguien que diga "lâ ilâha illâ
Al-lâh", porque, en principio, tiene a Al-lâh
por aliado. De acuerdo con un dicho del Profeta, la
paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él,
una persona que cometa "pecados del tamaño
de la tierra" pero que llegue a Al-lâh sin
asociar a nada ni a nadie con Él, Al-lâh
le concederá otro tanto de perdón. No
te enfades con nadie porqueno sabes lo que alberga realmente
su corazón y n conoces cómo acabará
su vida. Lo que debes rechazar son sus malas obras,
esas son tus verdaderas enemigas, pero no debes nunca
odiar a la persona misma. Sólo puedes detestar
a quien sea enemigo de Al-lâh -y eso sólo
es el caso de shirk-, idólatra o ateo que ataque
a Al-lâh o a Su enviado. En este caso debes apartarte
de él, tal y como el profeta Ibrahim, la paz
de Al-lâh sea con él, hizo con respecto
a su padre: "Y cuando vio claro que era enemigo
de Al-lâh, se aparto de él." (Corán,
9:114)
16.- La fe se manifiesta de tres modos: acatando lo
que está ordenado por Al-lâh, evitando
lo que está prohibido y aceptando de buen grado
Su decreto.
Debes, pues, completar tu fe con este estado de satisfacción
(ridâ).
Si no puedes aceptar de pleno agrado lo que Él
ha decretado que ocurra, ten al menos paciencia (sabr).
Los que tienen paciencia son los que aguantan las aflicciones
y dolores que Al-lâh les envía y no pierden
la compostura ante el Señor del Universo.
Pídele a Al-lâh que te haga alcanzar el
estado de satisfacción, en el que encontrarás
dulzura en todo lo que te llegue de Él, porque
tendrás la certeza de que todo lo que hace contigo
es para tu bien.
Que te sirva de ejemplo lo que dijo 'Umar ibn Jattâb,
que Al-lâh esté complacido con él:
"En toda desdicha que me ocurre veo que Al-lâh
me ha agraciado de tres maneras: la primera, que no
haya sido una desgracia en materia de religión;
la segunda, que no haya sido mayor de lo que ha sido,
sabiendo que con ello Al-lâh ha apartado de mí
algo mucho peor; y la tercera, que con ello Al-lâh
me haga rendir cuentas por faltas de las que, de otro
modo, tendría que responder en la otra vida."
Has de saber que el creyente sufre desdichas en esta
vida porque Al-lâh desea purificarlo para que
regrese a Él limpio de las faltas. Sobre este
asunto está recogido un dicho del Profeta, la
paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él,
que afirma: "El creyente es como el tallo de una
planta que el viento dobla y endereza hasta que se seca."
17.- Debes saber que el amor a Al-lâh y a Su enviado
se divide en dos aspectos: el amor como sentimiento
en el corazón y el amor como deseo de cumplir
con los mandatos de Al-lâh y de seguir el ejemplo
de Su enviado.
El amor a Al-lâh y a Su enviado no se hará
realidad sin estos dos aspectos juntos, pues ¿cómo
podemos seguir a quién no se ama? Si alguien
lo hace será con dificultad y sin sinceridad,
lo que no conduce a ninguna parte, ya que, en definitiva,
a quien se el pide cuentas es al corazón, lugar
donde reside nuestra capacidad de elección. A
este respecto, dice el Sagrado Corán: "El
día en que no servirán de nada ni bienes
ni hijos, en el que sólo contará quien
llegue a Al-lâh con un corazón sano."
18.- El principio de la pureza está en debilitar
las ataduras con el mundo (duniâ) dentro de los
límites que Al-lâh ha prescrito. Para ello
debes comer moderadamente, cuidando la calidad y limpieza
de los alimentos, y controlar las pasiones del cuerpo
y del alma.
El principio de la sabiduría está en el
silencio. Pon atención y analiza bien todo lo
que te sucede y después recapacita y medita.
El principio de la perfección es tener presente
a Al-lâh en todo momento y ponerte a Su servicio
de día y de noche con una aspiración alta
y un propósito efectivo. Eso no puede darse si
la persona se olvida de su Señor, con la barriga
llena y el alma y la razón apáticas y
oscurecidas por las pasiones.
19.- Debes frecuentar a quien su compañía
te beneficie por su carácter y su buena conducta.
Cuando una persona frecuenta la compañía
de quien le hace recordar a Al-lâh y la Otra Vida,
esa persona va adquiriendo cualidades y estados de la
otra, si Al-lâh quiere y en la medida en que Al-lâh
lo disponga. Y cuando a una persona le ocurre eso, entonces
ha tomado a Al-lâh por compañero al recordarlo.
Y la mejor forma de recuerdo es la recitación
del Corán. Al-lâh dice: "Nosotros
hemos hecho descender el Recuerdo", y un dicho
del
Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lâh sean
con él, afirma: "Yo me siento con quien
me recuerda".
También dice el Profeta, la paz y las bendiciones
de Al-lâh sean con él: "La gente del
Corán es la gente de Al-lâh y es Su preferida."
Frecuenta el trato de las personas rectas y sinceras
para entrar con ellos en la Compasión de Al-lâh.
Si lo son verdaderamente, entonces estarán siempre
en presencia de Al-lâh, especialmente en los momentos
dedicados a Su recuerdo. Con ello habrás obedecido
la orden divina: "Manténte con aquéllos
que recuerdan a su Señor de día y de noche
buscando Su Rostro, y no les vuelvas la cara buscando
los adornos de la vida de aquí abajo; y no obedezcas
a quien hemos hecho que su corazón se olvide
de Nuestro recuerdo y ha seguido su deseo, habiéndose
así perdido." (Corán, 18:28)
20.- Debes establecer en tu interior un equilibrio sutil
entre la humildad y la modestia, por un lado, y la fortaleza
y la confianza en Al-lâh, por el otro. Que tu
humildad y pobreza ante Al-lâh no tomen aspecto
de derrota mostrando debilidad e inseguridad, pues eso
no corresponde con la confianza que hay que tener en
Al-lâh. Por otra parte, una confianza en Al-lâh
mal entendida abre la puerta a enfermedades del alma
tales como la autoestima, el orgullo o la soberbia.
Permanece junto a tu guía o maestro en estado
de sometimiento, de confianza, de sinceridad y de total
atención. De esta manera podrás recibir
de él, además del conocimiento, el estado
adecuado del corazón, la pureza del alma y un
espíritu noble y claro.
21.- No te comportes ante nadie como si fueras un maestro;
por el contrario, adopta siempre la actitud de quien
está dispuesto a escuchar y aprender, y medita
sobre aquello que se diga en tu presencia porque es
lo que Al-lâh ha hecho que tengas delante, con
una razón y un propósito de los que siempre
puedes obtener beneficio espiritual.
No intervengas en una conversación si no es con
un propósito claro, con amabilidad y dispuesto
a ceder ante tu interlocutor, sin dobles intenciones
ni rencor. Actúa siempre de acuerdo con lo que
dijo el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lâh
sean con él: "El que crea en Al-lâh
y la Otra Vida, que hable bien o que se calle."
Adopta siempre una de estas tres actitudes:
1. La de aquél que quiere a sus semejantes y
no busca otra cosa que el amor y la fraternidad en Al-lâh.
2. La de aquél que aspira a aumentar su conocimiento
y amablemente pregunta y pide explicaciones.
3. Cuando estés seguro de que aquello sobre lo
que se habla contradice sin ninguna duda un texto explícito
del Corán o de la Sunna, entonces debes corregir
con buena voluntad y palabras amables. En cambio, si
se trata de una opinión personal sobre la que
no existe ningún texto con una evidencia clara,
entonces pregunta y dialoga, sin discutir. Ten en cuenta
que tu interlocutor quizá tenga razón
y tú no comprendas lo que ha querido decir o
la intención de sus palabras. Debes mantener
siempre esta actitud, especialmente con aquellas personas
que te superen en edad, piedad o conocimiento.
22.- No te limites nunca a un solo punto de vista ni
te aferres tercamente a la opinión de nadie,
incluida la tuya propia. Debes saber que no ha habido
ni habrá ninguna persona que actúe y hable
de manera absolutamente correcta ni completamente equivocada.
De todo el mundo podemos adquirir cualidades positivas
y rechazar cualidades negativas, excepto del sello de
todos los profetas, el protegido de todo error, que
Al-lâh lo bendiga y le dé paz. Por lo tanto,
en la medida en que te sea posible, ordena y organiza
tu vida, tanto en los grandes asuntos como en los de
aparente poca importancia, de acuerdo al método
y la forma de nuestro maestro Muhammad.
23.- Concentra tu atención en corregir el equilibrio
entre la razón, el alma y el cuerpo. Debes luchar
contra las pasiones provocadas por tu propio ego (nafs)
porque éste es tu más cercano y peor enemigo.
Al-lâh dice: "Luchad contra los infieles
que están cerca de vosotros." (Corán,
9:123) Y no hay peor infiel que ese ego que tienes dentro
cuando niega los favores de Al-lâh y no los agradece.
Has de saber que si luchas contra tu propio ego, entonces
tu alma podrá realizarse plenamente y ello te
permitirá dedicarte a la lucha externa contra
los enemigos de Al-lâh.
24.- Para poder organizar correctamente tu tiempo no
permitas que ningún aspecto de tu vida se imponga
sobre los demás. Si para establecer el equilibrio
consideras que debes dedicar parte del tiempo a la diversión,
debes saber que esa diversión también
será querida por Al-lâh si con ello buscas
tratar tu alma para poder hacer el bien a los demás
y para poder realizar con sinceridad tus actos de adoración.
Has de saber que tu Señor tiene derechos sobre
ti, que tu familia tiene derechos sobre ti y que tu
alma tiene derechos sobre ti. Dale a cada uno lo que
debes.
25.- La capacidad para alcanzar tus objetivos depende,
sobre todo, de la sinceridad con la que te dirijas a
Al-lâh, sometiéndote a Él. El recuerdo
de Al-lâh y la meditación son los medios
más importantes para clarificar dichos objetivos
y para concentrarte en ellos.
26.- No dejes de hacer nada de aquello que hayas prometido
a Al-lâh hacer. Si te has atrasado en hacer una
devoción concreta que te hayas fijado, hazla
aunque sea más tarde; así serás
contado entre los que tienen constancia. El Profeta,
la paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él,
ha dicho: "Las mejores obras son las que se hacen
con constancia, aunque sean pocas."
27.- Ten siempre la intención de practicar el
bien aunque luego no puedas hacerlo. Si en alguna ocasión
te has propuesto hacer el mal conscientemente, busca
entonces refugio en Al-lâh, porque todas aquellas
malas obras que tengas la intención de hacer
y que al final no lleves a cabo Al-lâh las considerará
como buenas obras, así como aquellas buenas obras
que te hayas propuesto hacer, aunque luego no las lleves
a cabo. Tal y como afirma el Profeta, la paz y las bendiciones
de Al-lâh sean con él: "las acciones
se miden por sus intenciones."
28.- Cuando hables a otras personas de hacer el bien,
sé tú el primero en poner en práctica
tus consejos y piensa que es a ti a quien van dirigidas
esas palabras en primer lugar. Las personas suelen valorar
más los actos que las palabras. Esfuérzate,
por tanto, en ser un buen ejemplo para los demás,
uniéndote con ello a los herederos del Profeta,
la paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él.
29.- Intenta mantenerte siempre en estado de pureza
ritual (wudû'). Renueva la ablución cada
vez que lo necesites. Has de saber que estás
siempre en presencia de Al-lâh, así que
manténte siempre limpio, tanto interior como
exteriormente, y no sólo cuando vayas a hacer
la oración ritual (salât). Procura hacer
dos postraciones (rak'at) después de cada ablución,
tal y como recomendó el Profeta, la paz y las
bendiciones de Al-lâh sean con él.
30.- Que digas "lâ ilâha illâ
Al-lâh" (no hay más dios que Dios)
es la mejor fórmula de recuerdo que puedes emplear
por el grado de conocimiento y el estado espiritual
que proporciona. El Profeta dijo: "Lo mejor que
he dicho y que han dicho los profetas anteriores a mí
es lâ ilâha illâ Al-lâh."
Recuerda a Al-lâh en todas las circunstancias
y estados de ánimo, siguiendo así el ejemplo
del Enviado. Dijo 'Â'isha, la madre de los creyentes,
que Al-lâh esté complacido con ella: "El
Enviado de Al-lâh recordaba a Al-lâh en
todo momento."
31.- Trata de recitar el Corán diariamente y
medita sobre sus significados. Fíjate durante
su lectura en aquellos atributos y cualidades que Al-lâh
quiere de Sus siervos y procura adquirirlos. Aléjate
de aquellos atributos del alma que Al-lâh aborrece.
Ten en cuenta que todo lo que Al-lâh ha revelado
en Su Libro no es simplemente para que lo aprendas de
memoria, sino para que lo interiorices y lo pongas en
práctica, en la medida de tus posibilidades.
El peor de los musulmanes es aquél que aprende
la totalidad o parte del Sagrado Corán de memoria
y luego lo olvida o no pone en práctica lo que
ha aprendido. Cada versículo del Sagrado Corán
es un testigo en tu favor o en tu contra.
32.- Nada más despertar sigue el consejo del
Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lâh sean
con él: "Cuando alguno de vosotros se duerme,
Satán le ata al cuello tres nudos. Si al despertar
recuerda a Al-lâh se desata el primero, si después
hace la ablución (wudû') se suelta el segundo
y si hace la oración (salât) se desata
el tercero."
33.- Pídele a Al-lâh que siempre te permita
ser de los creyentes rectos; así serás
de los aliados del Enviado de Al-lâh, tal y como
afirma el Sagrado Corán: "Si os aliáis
contra el Profeta, Al-lâh es su Protector y Gabriel
y los creyentes rectos, apoyados por los ángeles"
(Corán, 66:4). También el Profeta, la
paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él,
afirma: "Mis aliados son Al-lâh y los creyentes
rectos."
Por lo tanto, considérate siempre aliado, seguidor
y compañero del Enviado de Al-lâh y esfuérzate
en ser consecuente con ello mediante tu creencia, tus
palabras y tus actos.
Que Al-lâh te ayude y me ayude, te proteja y me
proteja del mal de la gente y de sus injusticias y agresiones.
Toda la alabanza sea para Al-lâh, Señor
de los mundos. No hay poder ni fuerza sino en Al-lâh,
el Altísimo, el Inmenso.
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