Muhammad
su vida basada en las fuentes más antiguas
Martin Lings


Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

 

Capitulo 1
La Casa de Dios

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EL Libro del Génesis nos cuenta que Abraham no tenía hijos, ni esperanza de descendencia, y que una noche Dios lo llamó fuera de su tienda y le dijo: "Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas." Y mientras Abraham contemplaba las estrellas oyó que la voz decía: "Así de numerosa será tu descendencia." (15:5).
La esposa de Abraham, Sara, tenía entonces setenta y seis anos, habiendo sobrepasado hacía ya tiempo la edad de tener hijos, mientras que él contaba ochenta y cinco; ella le dio, pues, su esclava egipcia Agar para que pudiera tomarla como segunda esposa. Pero surgió el resentimiento entre la señora y la esclava, y Agar huyó de la cólera de Sara y clamó a Dios en su aflicción. Y Dios le envió un ángel con el mensaje: "Yo multiplicaré tu descendencia, que por lo numerosa no podrá contarse." El ángel también le dijo: "Mira, has concebido y parirás un hijo, y lo llamarás Ismael; porque ha escuchado Dios tu aflicción." (16:10-11>. Entonces Agar regresó con Abraham y Sara y les contó lo que había dicho el ángel y, cuando tuvo lugar el parto, Abraham puso por nombre a su hijo Ismael, que significa "Dios oirá".
Cuando el muchacho alcanzó la edad de trece años, Abraham estaba en su centésimo año y Sara tenía noventa años; entonces Dios habló de nuevo con Abraham y le prometió que Sara también le daría un hijo que se debería llamar Isaac. Temiendo que su hijo primogénito pudiese perder por ello el favor a los ojos de Dios, Abraham suplicó: "Ojalá que viva a tus ojos Ismael". Y Dios le dijo: "También te he escuchado en cuanto a Ismael. Yo /0 bendigo y lo convertiré en una gran nación pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el que te parirá Sara el año que viene por este tiempo." (17:20-21).
Sara dio a luz a Isaac y ella misma lo amamantó, y cuando fue destetado, ella le dijo a Abraham que Agar y su hijo no debían permanecer por más tiempo en su casa. Abraham se afligió profundamente por esto, debido a su amor por Ismael; pero de nuevo Dios le habló y le dijo que siguiese el consejo de Sara, que no se acongojase, y de nuevo le prometió que Ismael sería bendito.
No una sino dos grandes naciones habrían de mirar a Abraham como a su padre; dos grandes naciones, esto es, dos poderes guiados, dos instrumentos con los que opera la Voluntad del Cielo, porque Dios no promete como bendición lo que es profano, ni hay ante Dios más grandeza que la grandeza en el espíritu. Abraham fue así la fuente de dos corrientes espirituales, que no tenían que fluir juntas, sino cada una en su propio cauce; confió a Agar e Ismael a la bendición de Dios y al cuidado de sus ángeles con la certeza de que todo les iría bien.
Dos corrientes espirituales, dos religiones, dos mundos para Dios; dos círculos, por lo tanto dos centros. Un lugar nunca es sagrado por la elección del hombre, sino porque ha sido elegido en el Cielo. Había dos centros sagrados dentro de la órbita de Abraham: uno de ellos estaba cerca, el otro posiblemente todavía no lo conocía; y fue a este otro al que Agar e Ismael fueron guiados, en un valle yermo de Arabia a unos cuarenta días de camello al sur de Canaán. El valle se llamaba Becca, dicen. algunos que a causa de su angostura; se halla circundado de colinas por todas partes excepto por tres pasos, uno al norte, otro al sur y un tercero que se abre hacia el Mar Rojo, que se encuentra a cincuenta millas al oeste. Los libros no nos cuentan cómo Agar y su hijo alcanzaron Becca; quizás algunos viajeros los recogieron. El valle se encontraba en una de las grandes rutas de caravanas, llamada, generalmente, "la ruta del incienso", pues el perfume, el incienso y otras mercancías semejantes del Sur de Arabia llegaban al Mediterráneo por este camino. Sin duda, Agar fue guiada para que abandonase la caravana, tan pronto como llegaron al lugar. No transcurrió mucho tiempo antes de que madre e hijo fueran vencidos por la sed, hasta el extremo de que Agar temió que Ismael se estuviese muriendo. Según las tradiciones de sus descendientes, Ismael clamó a Dios desde donde yacía en la arena, y su madre se colocó sobre una roca al pie de un promontorio cercano para ver si se divisaba alguna ayuda. Al no ver nada, se apresuró hacia otra atalaya, pero desde allí tampoco se veía ni un alma. Medio enajenada, pasó en total siete veces de un punto al otro, hasta que al final de la séptima carrera, cuando se sentaba para descansar sobre la roca más distante, el Ángel le habló. En palabras del Génesis:
Y oyó Dios la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde los cielos, diciendo: "¿Qué tienes, Agar? No temas, que ha escuchado Dios la voz del niño que aquí está. Levántate, toma al niño y cógele de la mano, pues he de hacerle un gran pueblo." Y abrió Dios los ojosa Agar, y ella vio un pozo. (21:17-20)
El agua era un manantial que Dios hizo brotar de la arena al toque del talón de Ismael; a partir de entonces, el valle se convirtió pronto en un alto de caravanas, a causa de la excelencia y abundancia del agua, y a la fuente se la llamó Zamzam.
En cuanto al Génesis, es el libro de Isaac y sus descendientes, no de la otra línea de Abraham. De Ismael nos dice: Fue Dios con el niño, y creció y habitó en el desierto, y de mayor fue arquero. (21-20). Después de eso apenas menciona su nombre, excepto para informarnos de que los dos hermanos, Isaac e Ismael , juntos enterraron a su padre en Hebrón y que, algunos años más tarde, Esaú se casó con su prima, la hija de Ismael. Podemos encontrar un elogio indirecto de Ismael y de su madre en el Salmo que comienza ¡Cuán amables son Tus moradas, oh Señor de las Huestes!, en el que se explica el milagro de Zamzam como consecuencia del paso de Ismael y su madre por el valle: Bienaventurado el hombre que tiene en ti su fortaleza y anhela frecuentar tus subidas. Aun pasando por el árido valle de Beca, se le hace todo fuentes. (Salmo 84: 5-6)
Cuando Agar e Ismael llegaron a su destino, a Abraham todavía le quedaban setenta y cinco años de vida, y visitó a su hijo en el lugar sagrado hacia el que Agar había sido guiada. El Corán nos cuenta que Dios le mostró el sitio exacto, cerca de la fuente de Zamzam, sobre el cual Ismael y él tenían que levantar un santuario (Corán, XII, 26) y se les dijo cómo tenía que construirse. Su nombre, Kaabah, cubo, se debe a su forma, que es aproximadamente cúbica, y sus cuatro esquinas apuntan a los cuatro puntos cardinales. Pero el objeto más sacro de ese lugar sagrado es una piedra celestial que, se dice, un ángel trajo a Abraham desde la cercana colina de Abu Qubays, donde había sido conservada desde que llegó a la tierra. "Descendió del Paraíso más blanca que la leche, pero los pecados de los hijos de Adán la hicieron negra." (Dicho del Profeta, Tir. VII, 49. Véase la clave de referencias, p. 395). Colocaron esta piedra negra en la esquina oriental de la Kaabah y, cuando el santuario estuvo terminado, Dios habló nuevamente a Abraham y le ordenó instituir el rito de la Peregrinación a Becca o la Meca, como más tarde vino a llamarse: ¡Purifica mi casa para los que la circunvalan y para los que están de pie, y para los que se inclinan y prosternan! ¡Y proclama a los hombres la peregrinación para que vengan a ti, a pie o montados en flacos camellos, venidos de pasos anchos y profundos. (Corán, XXII, 26~27).
Ahora bien, Agar había contado a Abraham cómo buscó ayuda. Abraham entonces, como parte del rito de la Peregrinación, estableció que los peregrinos recorrieran siete veces la distancia entre Safá y Marwah, como habían pasado a llamarse los dos promontorios entre los que ella había corrido.
Más tarde, Abraham hizo la siguiente plegaria, quizás estando en Canaán, mirando en torno suyo hacia los ricos pastos y los campos de cereales y trigo: ¡Señor! He establecido a una parte de mi descendencia en un valle sin cultivar, junto a tu Casa Sagrada...! ¡Inclina hacia ellos los corazones de los hombres! ¡Provéelos de frutos! Quizás, así, sean agradecidos. (XIV, 37).

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