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Este libro esta integrado
por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo
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Capitulo 1
La Casa de Dios
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EL Libro del Génesis nos cuenta que Abraham no tenía hijos,
ni esperanza de descendencia, y que una noche Dios lo llamó fuera
de su tienda y le dijo: "Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas."
Y mientras Abraham contemplaba las estrellas oyó que la voz decía:
"Así de numerosa será tu descendencia." (15:5).
La esposa de Abraham, Sara, tenía entonces setenta y seis anos,
habiendo sobrepasado hacía ya tiempo la edad de tener hijos, mientras
que él contaba ochenta y cinco; ella le dio, pues, su esclava egipcia
Agar para que pudiera tomarla como segunda esposa. Pero surgió
el resentimiento entre la señora y la esclava, y Agar huyó
de la cólera de Sara y clamó a Dios en su aflicción.
Y Dios le envió un ángel con el mensaje: "Yo multiplicaré
tu descendencia, que por lo numerosa no podrá contarse." El
ángel también le dijo: "Mira, has concebido y parirás
un hijo, y lo llamarás Ismael; porque ha escuchado Dios tu aflicción."
(16:10-11>. Entonces Agar regresó con Abraham y Sara y les contó
lo que había dicho el ángel y, cuando tuvo lugar el parto,
Abraham puso por nombre a su hijo Ismael, que significa "Dios oirá".
Cuando el muchacho alcanzó la edad de trece años, Abraham
estaba en su centésimo año y Sara tenía noventa años;
entonces Dios habló de nuevo con Abraham y le prometió que
Sara también le daría un hijo que se debería llamar
Isaac. Temiendo que su hijo primogénito pudiese perder por ello
el favor a los ojos de Dios, Abraham suplicó: "Ojalá
que viva a tus ojos Ismael". Y Dios le dijo: "También
te he escuchado en cuanto a Ismael. Yo /0 bendigo y lo convertiré
en una gran nación pero mi pacto lo estableceré con Isaac,
el que te parirá Sara el año que viene por este tiempo."
(17:20-21).
Sara dio a luz a Isaac y ella misma lo amamantó, y cuando fue destetado,
ella le dijo a Abraham que Agar y su hijo no debían permanecer
por más tiempo en su casa. Abraham se afligió profundamente
por esto, debido a su amor por Ismael; pero de nuevo Dios le habló
y le dijo que siguiese el consejo de Sara, que no se acongojase, y de
nuevo le prometió que Ismael sería bendito.
No una sino dos grandes naciones habrían de mirar a Abraham como
a su padre; dos grandes naciones, esto es, dos poderes guiados, dos instrumentos
con los que opera la Voluntad del Cielo, porque Dios no promete como bendición
lo que es profano, ni hay ante Dios más grandeza que la grandeza
en el espíritu. Abraham fue así la fuente de dos corrientes
espirituales, que no tenían que fluir juntas, sino cada una en
su propio cauce; confió a Agar e Ismael a la bendición de
Dios y al cuidado de sus ángeles con la certeza de que todo les
iría bien.
Dos corrientes espirituales, dos religiones, dos mundos para Dios; dos
círculos, por lo tanto dos centros. Un lugar nunca es sagrado por
la elección del hombre, sino porque ha sido elegido en el Cielo.
Había dos centros sagrados dentro de la órbita de Abraham:
uno de ellos estaba cerca, el otro posiblemente todavía no lo conocía;
y fue a este otro al que Agar e Ismael fueron guiados, en un valle yermo
de Arabia a unos cuarenta días de camello al sur de Canaán.
El valle se llamaba Becca, dicen. algunos que a causa de su angostura;
se halla circundado de colinas por todas partes excepto por tres pasos,
uno al norte, otro al sur y un tercero que se abre hacia el Mar Rojo,
que se encuentra a cincuenta millas al oeste. Los libros no nos cuentan
cómo Agar y su hijo alcanzaron Becca; quizás algunos viajeros
los recogieron. El valle se encontraba en una de las grandes rutas de
caravanas, llamada, generalmente, "la ruta del incienso", pues
el perfume, el incienso y otras mercancías semejantes del Sur de
Arabia llegaban al Mediterráneo por este camino. Sin duda, Agar
fue guiada para que abandonase la caravana, tan pronto como llegaron al
lugar. No transcurrió mucho tiempo antes de que madre e hijo fueran
vencidos por la sed, hasta el extremo de que Agar temió que Ismael
se estuviese muriendo. Según las tradiciones de sus descendientes,
Ismael clamó a Dios desde donde yacía en la arena, y su
madre se colocó sobre una roca al pie de un promontorio cercano
para ver si se divisaba alguna ayuda. Al no ver nada, se apresuró
hacia otra atalaya, pero desde allí tampoco se veía ni un
alma. Medio enajenada, pasó en total siete veces de un punto al
otro, hasta que al final de la séptima carrera, cuando se sentaba
para descansar sobre la roca más distante, el Ángel le habló.
En palabras del Génesis:
Y oyó Dios la voz del niño, y el ángel de Dios llamó
a Agar desde los cielos, diciendo: "¿Qué tienes, Agar?
No temas, que ha escuchado Dios la voz del niño que aquí
está. Levántate, toma al niño y cógele de
la mano, pues he de hacerle un gran pueblo." Y abrió Dios
los ojosa Agar, y ella vio un pozo. (21:17-20)
El agua era un manantial que Dios hizo brotar de la arena al toque del
talón de Ismael; a partir de entonces, el valle se convirtió
pronto en un alto de caravanas, a causa de la excelencia y abundancia
del agua, y a la fuente se la llamó Zamzam.
En cuanto al Génesis, es el libro de Isaac y sus descendientes,
no de la otra línea de Abraham. De Ismael nos dice: Fue Dios con
el niño, y creció y habitó en el desierto, y de mayor
fue arquero. (21-20). Después de eso apenas menciona su nombre,
excepto para informarnos de que los dos hermanos, Isaac e Ismael , juntos
enterraron a su padre en Hebrón y que, algunos años más
tarde, Esaú se casó con su prima, la hija de Ismael. Podemos
encontrar un elogio indirecto de Ismael y de su madre en el Salmo que
comienza ¡Cuán amables son Tus moradas, oh Señor de
las Huestes!, en el que se explica el milagro de Zamzam como consecuencia
del paso de Ismael y su madre por el valle: Bienaventurado el hombre que
tiene en ti su fortaleza y anhela frecuentar tus subidas. Aun pasando
por el árido valle de Beca, se le hace todo fuentes. (Salmo 84:
5-6)
Cuando Agar e Ismael llegaron a su destino, a Abraham todavía le
quedaban setenta y cinco años de vida, y visitó a su hijo
en el lugar sagrado hacia el que Agar había sido guiada. El Corán
nos cuenta que Dios le mostró el sitio exacto, cerca de la fuente
de Zamzam, sobre el cual Ismael y él tenían que levantar
un santuario (Corán, XII, 26) y se les dijo cómo tenía
que construirse. Su nombre, Kaabah, cubo, se debe a su forma, que es aproximadamente
cúbica, y sus cuatro esquinas apuntan a los cuatro puntos cardinales.
Pero el objeto más sacro de ese lugar sagrado es una piedra celestial
que, se dice, un ángel trajo a Abraham desde la cercana colina
de Abu Qubays, donde había sido conservada desde que llegó
a la tierra. "Descendió del Paraíso más blanca
que la leche, pero los pecados de los hijos de Adán la hicieron
negra." (Dicho del Profeta, Tir. VII, 49. Véase la clave de
referencias, p. 395). Colocaron esta piedra negra en la esquina oriental
de la Kaabah y, cuando el santuario estuvo terminado, Dios habló
nuevamente a Abraham y le ordenó instituir el rito de la Peregrinación
a Becca o la Meca, como más tarde vino a llamarse: ¡Purifica
mi casa para los que la circunvalan y para los que están de pie,
y para los que se inclinan y prosternan! ¡Y proclama a los hombres
la peregrinación para que vengan a ti, a pie o montados en flacos
camellos, venidos de pasos anchos y profundos. (Corán, XXII, 26~27).
Ahora bien, Agar había contado a Abraham cómo buscó
ayuda. Abraham entonces, como parte del rito de la Peregrinación,
estableció que los peregrinos recorrieran siete veces la distancia
entre Safá y Marwah, como habían pasado a llamarse los dos
promontorios entre los que ella había corrido.
Más tarde, Abraham hizo la siguiente plegaria, quizás estando
en Canaán, mirando en torno suyo hacia los ricos pastos y los campos
de cereales y trigo: ¡Señor! He establecido a una parte de
mi descendencia en un valle sin cultivar, junto a tu Casa Sagrada...!
¡Inclina hacia ellos los corazones de los hombres! ¡Provéelos
de frutos! Quizás, así, sean agradecidos. (XIV, 37).
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