Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 82
El futuro

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El Profeta ha dicho: "Los mejores de mi pueblo son los de mi generación; luego, los que vienen después de ellos; luego, los siguientes" (B. LXII, 10). Y él se regocijaba con los miembros destacados de su generación, esto es, con aquéllos a los que consideraba sus Compañeros. A diez de ellos que lo visitaron en una ocasión, les prometió el Paraíso.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Éstos eran Abu Bakr, Omar, Uthman, Ali, Abd al-Rahman ibn Awf, Abu Ubaydah, Talhah, Zubayr, Saad de Zuhrah y Said el hijo de Zayd al-Hanif. Ya había dado la misma seguridad a algunos de ellos antes, y los libros de sus tradiciones han conservado muchos de sus grandes elogios de los Diez Prometidos y de otros a los que también dio buenas nuevas del Paraíso, como cuando afirmó: "El Paraíso suspira por tres, por Ali por Ammar[i] y por Salman" (Tir. XLVI, 33). A Fatimah le dijo: "Tú eres la más noble de las mujeres del Paraíso, con la única excepción de la Virgen María, la hija de Imran[ii]". Como predicción del gran papel que desempeñaría Ali como uno de los principales transmisores de su sabiduría a las generaciones futuras, dijo: "Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali es su puerta" (Tir. XLVI, 20); y dijo en general: "Mis Compañeros son como las estrellas; cualquiera que sigáis os guiará rectamente"[iii].

Cuando los hombres regresaron de Tabuk, se habían dicho entre sí que sus días de combate habían terminado y esta idea se vio tan reforzada por la llegada de las diversas delegaciones que continuaron durante todo el año décimo, que muchos de los creyentes se pusieron a vender sus armas y armaduras. Pero cuando el Profeta se enteró de esto les prohibió hacerlo, diciendo: "Mis gentes no dejarán de luchar por la verdad hasta que aparezca el Anticristo". También dijo: "Si supierais lo que Yo sé, reiríais poco y lloraríais mucho" (B. LXXXI, 27) y "No vendrá sobre vosotros un tiempo que no sea seguido de uno peor" (B. XCII, 14). Les advirtió que su pueblo seguiría seguramente a los judíos y cristianos en el sendero de la degeneración: "Seguiréis a los que os precedieron palmo a palmo y codo a codo, hasta el punto de que si ellos descendieran a la madriguera de un reptil ponzoñoso, vosotros los seguiríais" (M. XLVIII, 6). Y hablando de lo más bajo de la decadencia, que será alcanzado por la humanidad en general antes del fin, dijo: "El Islam comenzó como un extraño y se convertirá una vez más en un extraño" (M. 1, 232). Con todo, prometió que Dios no los abandonaría: "Dios enviará a esta comunidad, al comienzo de cada centuria, uno que renovará para ella su religión" (A.D. XXXVI, 1). En otra ocasión, los Compañeros que se encontraban con él le oyeron exclamar más de una vez: "¡Oh hermanos míos!"; ellos le dijeron: "Enviado de Dios, ¿no somos nosotros tus hermanos?", y él contestó: "Vosotros sois mis compañeros. Pero mis hermanos están entre aquéllos que todavía no han venido", -en otras versiones, "que vendrán en los últimos días"-. La forma en que habló dio a entender que se estaba refiriendo a personas de gran eminencia espiritual.

También profetizó que, a pesar de los males de los últimos días, surgirá un jalifa al cual los hombres llamarán el "Mahdí", que significa "el bien guiado": "El Mahdí será de mi estirpe y tendrá la frente ancha y la nariz aquilina. Llenará la tierra de bien y justicia, como había estado llena de mal y opresión. Reinará siete años" (A.D. XXXV, 4).

Pero por último, hacia el final o después de su reinado, aparecerá el Anticristo, "un hombre ciego del ojo derecho, en el que toda luz está extinguida, como si fuera una uva" (M. LII, 20) y causará gran corrupción sobre la tierra y, mediante su poder de obrar maravillas, se ganará cada vez más hombres para su bando. Pero habrá un cierto número de creyentes que luchará contra él. "Cuando se apiñen para luchar", dijo el Profeta, "mientras enderezan las filas para la plegaria cuando se llame a ella, Jesús el hijo de María descenderá y los dirigirá en la plegaria. Y al ver a Jesús, el enemigo de Dios se disolverá como la sal se disuelve en el agua. Si se le dejara, se disolvería hasta perecer, pero Dios lo hará morir a manos de Jesús, que le mostrará su sangre en su lanza" (M. LII, 9).

También habló de muchas señales por las que los hombres podrán saber que está próximo el cumplimiento de estas cosas finales, y como una de estas señales mencionó la excesiva altura de los edificios que los hombres construirían. Pero esa profecía se hizo en una gran ocasión, que se describirá más detalladamente, sobre la autoridad de Abdallah, el hijo de Omar, repitiendo las palabras de su padre.

Omar dijo: "Un día, estando sentados con el Enviado de Dios, se presentó ante nosotros un hombre cuyas ropas eran de una blancura resplandeciente ysus cabellos sumamente negros; no había en él ninguna señal de viaje, pero ninguno de nosotros lo conocía. Se sentó rodilla contra rodilla ante el Profeta, sobre cuyos muslos colocó las palmas de sus manos, diciendo: '¡Muhámmad!, dime qué es la sumisión (islam)'; y el Enviado de Dios respondió diciendo: 'La sumisión es dar testimonio de que no hay divinidad sino Dios y que Muhámmad es el Enviado de Dios, hacer la plegaria, dar el azaque, ayunar el mes de Ramadán y hacer, si se puede, la peregrinación a la Casa Sagrada'. Dijo él: 'Has dicho la verdad', y nos sorprendió que habiéndoselo preguntado, ahora lo corroborase. Luego dijo: 'Dime qué es la fe (imán)'. El Profeta respondió: 'Creer en Dios y Sus Ángeles, Sus libros, Sus Enviados y en el Día del Juicio, y creer que ningún bien o mal viene sino de su Providencia'. 'Has dicho la verdad', dijo de nuevo, y a continuación preguntó: 'Dime qué es la excelencia (ihsan)'. El Profeta respondió: 'Adorar a Dios como si lo vieras, porque aunque tú no lo veas Él, sin embargo, te ve a ti'. ' Has dicho la verdad', volvió a decir, y acto seguido: ' Háblame de sus signos'. A lo que el Profeta respondió: 'Que la esclava dará a luz a su ama[iv], y que los que no eran sino pastores descalzos, desnudos e indigentes, construirán edificios más altos y más altos'. Entonces el extraño se marchó y yo me quedé durante un rato después de haberse ido; entonces me dijo el Profeta: 'i Omar! ¿Sabes tú quién era el que me preguntaba?' Yo dije: 'Dios y Su Enviado son más sabios'. Y me dijo él: 'Era Gabriel, vino para enseñaros vuestra religión'." (M. 1, 1).

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[i] Véase el final del capítulo 26, "Tres preguntas".
[ii] A.H. III, 64. El Corán cuenta cómo los ángeles le dijeron a María: "Él (Dios) te ha escogido entre todas las mujeres del universo". (III, 42).
[iii] F. XXVI, Manaquib al-Sahabah.
[iv] Una mujer que dé a luz una niña se convertirá por ello simplemente en su esclava, debido a la falta de respeto de los hijos de los últimos días por sus padres. La segunda parte del hadiz predice no sólo un caos en el orden social, sino también el triunfo final de la forma de vida sedentaria sobre la nómada, es decir, el sello final impreso sobre el asesinato de Abel por Caín.


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