Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 81
Los Grados

--------------------------------------------------------------------------------

Los motivos espirituales estaban pobremente representados en mu­chas de las conversiones que recientemente habían tenido lugar y no tardó mucho en producirse la siguiente Revelación: "Los árabes del desierto dicen: 'Tenemos fe'. Di tú: 'No tenéis fe'. Mejor decid: 'Nos hemos sometido', porque la fe no ha entrado en vuestros corazones. Y si obedecéis a Dios y a su Enviado, Él no disminuirá nada de vuestros actos" (XLIX, 14).

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

Indice

Inicio Libros
Inicio Sufismo
 
 

Esta aleya completó la jerarquía del Islam, constituyendo la sumisión sin fe el grado inferior. Los grados superiores, es decir, los grados de la fe, son el tema -o mejor, uno de los temas- de la Aleya de la Luz, que había sido revelada al Profeta unos meses antes de la Tregua de Hudaybiyah. Dios es la Luz y este Nombre equivale en parte a Sus Nombres la Verdad y el Conocedor. La Verdad es el objeto del conocimiento y ambos son la luz opuesta a la oscuridad del error y la ignorancia. La luz es una, pero se manifiesta con diferentes grados de intensidad en la creación, grados de guía que irradian de la Verdad y grados de fe que irradian del Conocimiento.

El Corán afirma constantemente, tanto de sí mismo como de otros men­sajes revelados, que son "Luz", y ciertamente se le podría llamar "el Libro de la Luz" en virtud de sus continuas referencias a la iluminación de la guía que él da y a la iluminación de la fe que él aviva en las almas de los hombres. La Aleya de la Luz, que describe una serie de receptáculos ilumi­nados por la luz divina, puede interpretarse como una definición de cuatro grados de iluminación: "Dios es la Luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara. La lámpara está dentro de un cristal. El cristal es como si fuera un astro resplandeciente. Se enciende de un árbol bendito, un olivo que no es ni del este ni del oeste, cuyo aceite casi alumbra aunque el fuego no lo haya tocado. Luz sobre luz. Dios guía Su luz hacia quien Él quiere, Dios expone parábolas a los hombres, y Él es el Conocedor de todas las cosas" (XXIV, 35).

En primer lugar se encuentra, en orden ascendente, la hornacina, que está iluminada pero que en sí misma no es luminosa. Luego está el cristalino recipiente de vidrio, sobre el cual se menciona el brillo del aceite, y finalmente está la llama misma. La mención de los símbolos recuerda otra aleya que comienza con la misma frase: "Dios expone parábolas a los hombres", pero que añade la razón: "quizás así reflexionen" (LIX, 21); y la totalidad de la Aleya de la Luz es una llamada a la reflexión. Muchos de los comentadores del Corán, incluidos algunos de los más antiguos, han dicho que la hornacina es el pecho del creyente y que el cristal es su corazón. Abdallah, el hijo de Abbas, probablemente repitiendo algo que su padre había oído de labios del mismo Profeta, ha transmitido: "La guía de Dios en el corazón del creyente es como aceite puro que brilla antes de que el fuego lo haya tocado, y cuando el fuego lo toca aumenta sin cesar su esplendor. Así es el corazón en el creyente: actúa conducido por la guía hasta que el conocimiento le llega". (Tab. Tafsir.). En la Aleya de la Luz los diferentes grados son indicados de una forma simbólica más que directa. Pero en otras partes, comenzando por algunas de las primeras Revelaciones, el Corán es más explícito. En una de éstas la humanidad es dividida en tres grupos: los de la derecha, los de la izquierda y los adelantados. Los de la derecha son los salvados, los de la izquierda son los condenados. En cuando a los adelantados, es decir, los del grado superior, también llamados los siervos de Dios[i], se dice de ellos que éstos son los allegados (a Dios), empleándose esta expresión también para los Arcángeles al distinguirlos de los Ángeles. Otra de las primeras Revelaciones introduce una tercera categoría en la jerarquía de los creyentes, los justos, que están entre los adelantados y los de la derecha. La relación entre estos tres grados puede inferirse de lo que dice el Corán sobre las bendiciones del Paraíso. Mientras que a los de la derecha se les da agua pura corriente para beber, sólo los adelantados tienen acceso directo a las fuentes más elevadas, mientras que a los justos se les da un brebaje que ha sido mezclado en una de estas fuentes, lo cual sugiere que son ellos quienes siguen los pasos de los adelantados. (LXXVI, 5; LXXXIII, 27).

Grados de superioridad están también implícitos por la Revelación en su mención del corazón. Hablando de la mayoría, dice: "No están ciegos sus ojos, sino los corazones que sus pechos encierran" (XXII, 46)[ii]. El Profeta, por otro lado, como los Profetas anteriores a él, dijo que su corazón estaba despierto, lo que quiere decir que sus ojos estaban abiertos. El Corán indica que esta posibilidad puede ser compartida, si acaso sólo hasta cierto punto, también por otros, porque a veces se dirige directamente a los dotados de intelecto. (XII, 111; XIII, 19; etc.). Se cuenta que el Profeta dijo de Abu Bakr: "Él os sobrepasa no por mucho ayunar y hacer plegarias, sino por algo que está fijo en su corazón"[iii].

El Profeta hablaba con frecuencia de la superioridad de algunos de sus seguidores sobre otros, y en la Meca, en el momento de la victoria, cuando en su presencia Jalid replicó agriamente a Abd al-Rahman ibn Awf al ha­berle éste censurado, dijo: "Tranquilo, Jalid, deja a mis Compañeros, por­que aunque tuvieras el Monte Uhud todo de oro y lo gastaras por la causa de Dios, no alcanzarías el mérito de ninguno de mis Compañeros." (I.I.853).

Según la Revelación, las diferencias entre un grado y otro son mayores en la otra vida que en ésta: "Mira cómo hemos favorecido a unos por encima de otros; y ciertamente el Más Allá es superior en grados y superior en excelen­cia" (XVII, 21). Y el Profeta dijo: "La gente del Paraíso verá el elevado lugar que está por encima de ellos como ahora ven el planeta brillante[iv] en el horizonte oriental o en el occidental." (M. LI, 4). Las disparidades entre hombre y hombre también se reflejan en la forma de su enseñanza, parte de la cual estaba reservada para los pocos que podían comprenderla. Abu Hurayrah dijo: "He guardado en mi memoria dos tesoros de conocimiento que recibí del Enviado de Dios. Uno de ellos lo he divulgado, pero si hiciera público el otro cortaríais este cuello", y señaló hacia su propio cuello. (B. III, 42).

Durante la marcha de regreso a Medina, después de las victorias de la Meca y Hunayn, el Profeta dijo a algunos de sus Compañeros: "Regresamos de la Guerra Santa Menor a la Guerra Santa Mayor"; y cuando uno de ellos preguntó: "¿Cuál es la Guerra Santa Mayor, Enviado de Dios?", respondió el Profeta: "La guerra contra el alma"[v]. El alma del hombre caído está dividida contra si misma. Acerca de estos aspectos inferiores el Corán dice: "El alma incita al mal" (XII, 53). Su mejor parte, es decir, la conciencia, es denominada "el alma que reprueba" (LXXV, 2) y es ésta la que entabla la Guerra Santa Mayor, con la ayuda del Espíritu, contra el alma inferior.

Finalmente está el alma pacificada, o lo que es lo mismo, la totalidad del alma que ya no está dividida contra sí misma, una vez que la batalla ha sido ganada. Ésas son las almas de quienes han alcanzado el grado más elevado, el nivel de los más adelantados, los siervos de Dios, los allegados. El Corán se dirige a esta alma perfecta con las palabras: "¡Oh alma pacífica, retorna a tu Señor, complacida con Él y Él complacido contigo[vi]. Entra entre Mis siervos, entra en Mi Paraíso" (LXXXIX, 27-30). La doble naturaleza de esta bendición recuerda la promesa del Corán acerca de dos paraísos para el alma bendita, y también la referencia del Profeta a su propio estado final como "el encuentro con mí Señor y el Paraíso". Para el alma pacificada, la entrada en Mi Paraíso corresponde al encuentro con mi Señor, mientras que la entrada entre Mis siervos corresponde al Paraíso, es decir, al segundo Paraíso. El Paraíso Supremo, el de Dios, el encuentro con mi Señor, no es otro que el Ridwan. La siguiente aleya había sido revelada hacia poco: "Dios ha prometido a los creyentes y a las creyentes jardines por los que fluyen ríos, en los que habitarán eternamente; moradas excelentes en los Paraísos del Edén. Pero el Ridwan de Dios es aún mejor. Ésa es la beatitud infinita" (IX, 72).

El Profeta también habló del grado supremo en tanto en cuanto podía ser alcanzado durante la vida en la tierra, y este hadiz es uno de los llama­dos hadíces "qudsí", porque transmiten las palabras directas de Dios: "Mi servidor se acerca continuamente a Mí a través de obras meritorias hasta que Yo lo amo, y cuando Yo lo amo Yo soy el oído a través del cual él oye, Yo soy su vista, mediante la que él ve, y la mano con la que él puede atrapar. Yo soy su pie, con el que camina" (B. LXXXI, 37).

La principal de las devociones meritorias es el dhikr Allah, que puede traducirse por "el recuerdo de Dios o la invocación de Dios". En una de las primeras Revelaciones le fue ordenado al Profeta: "Recuerda, invocándolo, el nombre de tu Señor, y dedícate a Él con plena devoción" (LXXIII, 8). Una Revelación posterior dice: "La plegaria preserva de la deshonestidad y de lo abominable. Pero el recuerdo de Dios es más importante aún" (XXIX, 45). Con referencia a la ceguera del corazón y a su cura el Profeta dijo: "Para cada cosa hay un barniz que quita la herrumbre, y el barniz del corazón es el recuerdo de Dios"[vii]. Y cuando le preguntaron quién disfrutaría del rango más elevado en la estima de Dios el Día de la Resurrección, dijo: "Los hombres y mujeres que recuerdan a Dios mucho invocándolo". Y cuando le preguntaron si estarían por encima incluso del hombre que había luchado por la causa de Dios, respondió: "Aunque empuñe su espada contra los infieles e idólatras hasta que esté rota y manchada de sangre, aun así, el que recuerda a Dios tiene un grado más excelente que el suyo" (Tir. XLV).

--------------------------------------------------------------------------------
[i] LXVI,6; LXXXIX, 29. El Corán emplea el término "siervos de Dios" con dos sentidos, uno completamente inclusivo -incluso Satanás es su siervo- y el otro sumamente exclusivo, como en los versículos citados, y tembién en el siguiente, que se dirige a Satanás: "Pero no tendrás ninguna autoridad sobre mis siervos" (XVII, 65).
[ii] Véase capítulo 29, "La prohibición y su revocación".
[iii] Al-Hakim al-Tirmidhi, Nawadir al-Usul.
[iv] Venus
[v] Bayhaqui, Zuhd. Bayhaqui, Daawat.
[vi] Se refiere al Ridwan mutuo. Véase el final del capítulo 30, "Paraíso y Eternidad".
[vii] Bayhaqui, Daawat.



siguiente