Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 78
Después de la victoria
-------------------------------------------


El Profeta realizó la Peregrinación Menor, desde Yiranah y luego retornó a Medina. Poco antes de su llegada le dio alcance Urwah de Thaqif, el hombre que en Hudaybiyah había quedado tan impresionado por la reverencia de los musulmanes por su jefe[i]. Urwah había estado ausente en el Yemen durante la reciente campaña y los relatos que había escuchado a su regreso de la milagrosa victoria de Hunayn habían terminado por decidirle a prestar su juramento de fidelidad al Profeta. Una vez hecho esto, le pidió su permiso para volver a Taif e invitar a su población al Islam. "Te matarán", dijo el Profeta. "Enviado de Dios", prosiguió Urwah, "les soy más querido que un primogénito." "Te matarán", insistió el Profeta. Pero cuando Urwah le pidió su permiso por tercera vez, dijo: "Ve, pues, si lo deseas".

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

Indice

Inicio Libros
Inicio Sufismo
 
 

Y sucedió como el Profeta había dicho: rodearon su casa con arqueros y en seguida fue herido de muerte por una flecha. Su familia le preguntó, mientras agonizaba, lo que pensaba de su muerte y él les contestó: "Es una gracia que Dios en su Liberalidad me ha concedido". A continuación les pidió que lo enterrasen con los mártires que recientemente habían caído durante el asedio de Taif y ellos así lo hicieron. Cuando le contaron al Profeta su muerte, comentó: "Urwah es como el hombre de Yasin (la azora XXXXVI del Corán). Llamó a su pueblo a Dios y ellos lo mataron" (W. 961). El hombre era Habib, un carpintero de Antioquía que invitó a su pueblo a aceptar el mensaje de Jesús después de que habían ahuyentado al apóstol Pedro y a otros. Le dieron muerte y, en palabras del Corán: "Se le dijo: 'Entra en el Paraíso'. El dijo: '¡Ojalá mi pueblo supiera cómo Dios me ha perdonado los pecados y me ha hecho estar entre los honrados!' (XXXVI, 26-7). Después de la muerte de Urwah, su hijo y su sobrino abandonaron Taif y acudieron al Profeta, en Medina, donde se convirtieron al Islam y vivieron con su primo Mugirah, que era uno de los Emigrados.

La muerte de Abdallah ibn Rawahah en Mutah había privado al Profeta no sólo de uno de sus apreciados Compañeros sino también de un notable poeta, ya que se dice que consideraba los versos de Abdallah como de calidad semejante a los de Hassan y Kaab ibn Malik. Sin embargo, según la opinión general había dos poetas árabes en aquel tiempo que eclipsaban a todos los demás. Uno era Labid[ii]; el otro era Kaab ibn Malik, hijo de uno de los principales poetas de la generación anterior, Zuhayr ibn Abi Salma. Aunque era un hombre de Muzaynah, Kaab había pasado la mayor parte de su vida con Gatafan y, por tanto, no había caído bajo la influencia islámica, que era tan fuerte en su propia tribu. Su hermano Buyayr se había convertido al Islam después de Hudaybiyah, pero Kaab rechazabá ruidosamente la nueva religión y escribió versos satíricos contra el Profeta, el cual hizo saber que quien matase al ofensor estaría haciendo un servicio a la causa de Dios. Buyayr ya había insistido, en vano, a su hermano para que visitase al Profeta y le pidiese su perdón. "No mata a quien acude a él arrepentido", le había dicho, y ahora, después de la victoria de la Meca, completó sus anteriores mensajes con un poema en el que aparecían estas líneas:


Sólo hacia Dios, no hacia Uzza ni Lat,

puede ser tu escape, si escapar puedes,

en un día en que no hay escapatoria

ni huida de los hombres

salvo para aquél cuyo corazón es puro

en el sometimiento a Dios.


Con las nuevas y multitudinarias conversiones al Islam por todas partes, Kaab se sintió como si la tierra se cerrase sobre él y, temiendo por su vida, se encaminó a Medina, a la casa de un hombre de Yuhaynah, un amigo suyo, con el cual hizo su profesión de Islam. Al día siguiente se unió a la congregación en la plegaria del alba, después de la cual se dirigió al Profeta y puso su mano en la suya, diciendo: "¡Enviado de Dios!, si Kaab, el hijo de Zuhayr, viniera a ti arrepentido, convertido al Islam, pidiéndote que le otorgaras inmunidad, ¿lo recibirías?" Y cuando el Profeta respondió que lo haría, dijo Kaab: "Yo, Enviado de Dios, soy Kaab el hijo de Zuhayr". Uno de los Ansar se incorporó de inmediato y pidió permiso para cortarle la cabeza, pero el Profeta dijo: "Dejadlo en paz, porque ha venido arrepentido y ya no es como era. Entonces Kaab recitó una oda que había compuesto para la ocasión. Era en el tradicional estilo beduino, de espléndida dicción y muy melodiosa, con muchas vívidas descripciones de la naturaleza; pero lo esencial de la composición se hallaba en la petición de perdón. Concluía con un pasaje en alabanza del Profeta y los Emigrados, que comienza:


El Enviado una luz es, fuente de luz;

una cimitarra india, una espada desnuda

de las espadas de Dios.

En medio de los compañeros del Quraysh,

cuando en el valle de la Meca el Islam

escogieron, los hombres dijeron: "¡Marchaos!"

Se fueron, no como cobardes, no como

hombres que huyen

tambaleándose sobre sus monturas y

pobremente armados,

sino como héroes, orgullosos y de noble porte,

vestidos para el encuentro

con brillantes mallas

del tejido de David.[iii]


Cuando hubo terminado, el Profeta se despojó de su manto de rayas yemení y lo arrojó sobre los hombros del poeta en reconocimiento a su dominio del lenguaje. (I.H. 893). Pero después le dijo a uno de sus Compañeros: "¡Ojalá que hubiera hablado bien de los Ansar, porque en verdad se lo merecen!", y esto llegó a oídos de Kaab, que compuso otro poema en elogio de los Ansar, explayándose en su valor y coraje en la batalla, la garantía de su protección y su generosidad como anfitriones. (I.H. 893).

Estaba ya claro que no se haría esperar mucho el nacimiento del niño de Mariyah. Salma, que había atendido a Jadiyah en el nacimiento de todos sus hijos, era por aquel entonces una mujer mayor. Hacia veinticinco años que había ayudado a traer a Fatimah al mundo, pero sin embargo insistió en que haría lo mismo con este nuevo hijo del Profeta y, cuando se consideró que el nacimiento era inminente, se trasladó al barrio donde vivía Mariyah en Medina Alta.

El niño nació por la noche y aquella misma noche Gabriel visitó al Profeta y se dirigió a él como nunca antes lo había hecho: "¡Oh Padre de Ibrahim!" Nada más producirse el alumbramiento, Salma envió a su marido Abu Rafi para que le dijera al Profeta que había tenido un varón y, a la mañana siguiente, en la Mezquita, después de la plegaria del alba, el Profeta informó del nacimiento a los Compañeros. "Y le he puesto el nombre", añadió, "de mi padre: Ibrahim". Hubo gran regocijo en Medina y una fuerte rivalidad entre las mujeres de los Ansar sobre quién debía ser el ama de leche. La elección recayó en la esposa de un herrero de Medina Alta que vivía cerca del recién nacido. El Profeta visitaba a su hijo casi todos los días y, a menudo, se echaba la siesta allí.

Otras veces Ibrahim era llevado a la casa de su padre. Aishah cuenta que un día el Profeta se lo llevó a ella en los brazos y dijo: "Observa su parecido a mí". "No veo ningún parecido", respondió ella. "¿No ves cuán clara es su piel y su carne qué hermosa es?", dijo el Profeta. "Todos los que se crían con leche de oveja son regordetes y de piel blanca", le respondió Aishah. Uno de los pastores tenía instrucciones de proveer de leche todos los días al ama del niño.

El Profeta permaneció en Medina seis meses después de su regreso de la Meca y, durante ese tiempo envió varias expediciones pequeñas. Una de ellas, bajo la dirección de Ali, fue contra la tribu de Tayy, cuyo territorio estaba al noreste de Medina. Ali había sido enviado antes a destruir el santuario de Manat en Qudayd, junto al Mar Rojo; de manera que de los tres centros principales de idolatría de Arabia solamente quedaba el de al-Lat de Taif. Pero el templo de Fuls era un centro de adoración de ídolos para las gentes de Tayy que no eran cristianas y el principal objeto de la incursión era destruir el templo. Tayy era la tribu del poeta Hatim[iv]; su hijo Adi, cristiano como su padre, le había sucedido a su muerte en la jefatura de la tribu.

Al producirse la súbita llegada de Ali y sus hombres, Adi se escapó con sus familiares más próximos; una de sus hermanas, sin embargo, fue hecha prisionera, al igual que se hizo con muchos otros de la tribu. Cuando fue llevada ante el Profeta, en Medina, se arrojó a sus pies y le rogó que la liberase. "Mi padre siempre liberaba al cautivo", le dijo, "agasajaba bien al huésped, colmaba al hambriento y consolaba al afligido. Nunca le dio la espalda al que buscaba un favor. Soy la hija de Hatim". El Profeta respondió con palabras amables y, volviéndose a los que estaban a su alrededor, dijo: "Dejadla ir, porque su padre amó las costumbres nobles, y Dios igualmente las ama".

Mientras tanto, un hombre de su tribu había venido para pedir su liberación y el Profeta la puso a su cuidado y le dio un camello y vestidos finos. Fue ella en busca de su hermano Adi y lo persuadió para que acudiese a Medina. Allí abrazó el Islam, jurando fidelidad al Profeta, quien le confirmo su jefatura de Tayy. Adi demostró más tarde ser un aliado fiel e influyente.

Fue durante estos mismos meses, a comienzos de Rayab, cuando le llego al Profeta la noticia de la muerte del Negus. Después de la siguiente plegaria ritual que había que hacer en la Mezquita, se volvió hacia la congregación, y dijo: "Hoy ha muerto un hombre recto. Por lo tanto, levantaos y pedid por vuestro hermano Ashamah." (B. LXIII, 37). Entonces los dirigió en la oración funeraria. Más tarde llegarían de Abisinia unos relatos: una luz, se decía, se podía ver brillando día y noche en la tumba del rey. (I.I. 223).

--------------------------------------------------------------------------------
[i] Véase el final del capítulo 66, "El dilema del Quraysh".
[ii] Véase el principio del capítulo 30, "Paraíso y eternidad".
[iii] Según el Corán (34:10), David inventó la cota de malla.
[iv] Véase el principio del capítulo 13, "La casa".


siguiente