Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 53
Venganza

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El Quraysh estaba ahora ocupado con sus muertos y sus heridos. Las pérdidas no habían sido grandes: solamente habían muerto veintidós de tres mil. Luego contaron las víctimas del enemigo y vieron que había unos sesenta y cinco muertos, a muchos de los cuales desconocían. Sólo tres eran Emigrados: Hamzah de Hashim, Musab de Abd al-Dar y Abdallah ibn Yahsh.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Otros pocos cuerpos situados a alguna distancia del centro del campo, unos heridos y otros muertos, escaparon a su atención. Entre éstos se encontraba Shammas, todavía con vida pero sin fuerzas para moverse. En vano buscaron el cuerpo de Muhámmad, y mientras lo hacían Wahshi volvió hacia el cuerpo de Hamzah, le abrió el vientre, le arrancó el hígado y se lo llevó a Hind. "¿Qué se me dará por haber matado al asesino de tu padre?", preguntó Wahshi. "Toda mi parte del botín", fue la respuesta de ella. "Este es el hígado de Hamzah", dijo él y ella lo cogió de sus manos. De un bocado arrancó un trozo, lo masticó y se tragó un pedazo en cumplimiento de su voto y escupió el resto. "Muéstrame dónde está", le dijo Hind; y cuando llegaron al cadáver ella le cortó la nariz, las orejas y otras partes del cuerpo. Entonces se quitó sus collares, pendientes y ajorcas y se las dio a Wahshi, diciendo a las mujeres que estaban con ella que mutilasen a otros muertos. Todas se hicieron ornamentos de venganza con cuanto cortaron de los cuerpos de los musulmanes. Y Hind se subió sobre una roca y entonó un canto triunfal. Uno o dos hombres del Quraysh también buscaron apagar su sed de venganza mutilando los cuerpos, pero sus aliados beduinos se sintieron afrentados. Abu Sufyan estaba golpeando la comisura de la boca de Hamzah con la punta de su lanza, a la vez que decía: "Prueba esto, rebelde" cuando Hulays pasó junto a él. Hulays era el jefe de uno de los clanes de Kinanah, y dijo en voz alta, para que Abu Sufyan pudiera oírle: "¡Hijos de Kinanah! ¿Es posible que este hombre que está haciendo lo que veis con el cuerpo de su primo sea el Señor del Quraysh?" "Maldito seas", dijo Abu Sufyan, "no cuentes esto, no fue más que una debilidad." (I.I.582)

Mientras tanto Abu Amir descubrió el cuerpo sin vida de su hijo Hanzalah; acongojado, se lamentó de su pérdida diciendo: "¿No te previne contra ese hombre?" -se refería al Profeta-. "Pero tú fuiste un hijo obediente a su padre, de naturaleza noble en tu vida, y en tu muerte yaces con la flor de tus compañeros. Si Dios recompensa con el bien a este muerto -señaló a Hamzah- o a cualquiera de los seguidores de Muhámmad, ¡quiera Él recompensarte con el bien!" (W. 274). Entonces miró severamente a Hind y a las otras mujeres y dijo en voz alta: "¡Quraysh! No mutiléis a Hanzalah. ¡Qué importa que fuese mi adversario y el vuestro!". Y respetaron sus deseos.

Era de suponer que Ubayy no se había equivocado, y que el Profeta se encontraba con su ejército en algún lugar elevado sobre la llanura. Pero la batalla había terminado: no podía plantearse el atacar la montaña, y a los esclavos ya se les había dicho que levantasen el campo. Así pues, cuando hubieron enterrado a sus propios muertos y hubieron saciado su sed de venganza en los cadáveres de los enemigos, cargaron en los camellos las armaduras y todo lo demás de que se habían despojado y se prepararon para partir. Pero antes de que lo hicieran Abu Sufyan se montó en su yegua castaña y cabalgó hasta el pie de la montaña, hasta el lugar más cerca de donde el Profeta y sus compañeros habían estado estacionados, y gritó con todas sus fuerzas: "La suerte de la guerra es alternativa, y esto es un día por un día. ¡Exáltate oh Hubal! ¡Haz prevalecer tu religión!" El Profeta le dijo a Omar que fuese a responderle, diciendo: "Dios es lo más Elevado, Supremo en Majestad. Nosotros no somos iguales: nuestros muertos están en el Paraíso, los vuestros en el Infierno." Omar se dirigió pues al borde del precipicio bajo el cual se encontraba Abu Sufyan y le respondió como el Profeta había dicho. Abu Sufyan, habiendo reconocido la voz de Omar, lo llamó: "Te suplico, Omar, que me digas, por Dios, si hemos matado a Muhámmad." "No, por Dios", contestó Omar. "Antes bien, él mismo ahora está escuchando lo que dices." "Creo más en tu palabra que en la de Ibn Qamiah", dijo Abu Sufyan. Se volvió para marcharse, pero dándose la vuelta una vez más, añadió: "Algunos de vuestros muertos han sido mutilados. Por Dios, no me produce ello ningún placer, ni tampoco me encoleriza. Yo ni lo prohibí ni lo ordené." Luego dijo: "¡Que sea Badr nuestro lugar de encuentro el año próximo!" Al oír esto, el Profeta envió a otro de sus compañeros al borde del risco para que gritase su respuesta: "Ese es un encuentro obligado entre nosotros." (I.I.583).

Abu Sufyan cabalgó hacia donde su ejército le estaba esperando en el lugar más alejado de la llanura, y se pusieron en camino hacia el sur. Estaban demasiado lejos para que Omar pudiera discernir claramente su formación, por lo que el Profeta envió a Saad de Zuhrah hacia la llanura para seguirles y ver lo que hacían. "Si guían sus caballos", dijo, "y montan sus camellos, van hacia la Meca. Pero si montan los caballos y guían los camellos, van a Medina, y por Aquél en cuyas manos está mi alma, si ésa es su intención los alcanzaré y los combatiré." Saad bajó al barranco donde Sakb, el caballo del Profeta, había permanecido atado desde su llegada a Uhud y, después de cabalgar detrás de los mequíes hasta que pudo verlos con claridad, se apresuró a regresar con las buenas nuevas de que los jinetes iban montando los camellos y guiaban junto a ellos los caballos. Como uno de ellos, Amr , que había tomado parte con Jalid en la decisiva carga de la caballería, diría años más tarde: "Habíamos oído que Ibn Ubayy había regresado a Medina con un tercio del ejército, y que algunos hombres de Aws y Jazrach se habían quedado en la ciudad. No podíamos tener la certeza de que los que se habían batido en retirada no regresarían al ataque, y muchos de nosotros estaban heridos y casi todos nuestros caballos habían sido alcanzados por las flechas; en consecuencia, proseguimos nuestro camino." (W. 299).
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[1] "El frescor de los ojos" es un término favorito de los árabes para expresar alegría, deleite, etc.
[1] "Agua corriente", llamado así porque sabía amblar.
[1] I.S. I/I, 32-4, da más de diez, incluyendo la madre de Hashim y la madre de Luayy. El nombre de Atikah significa lo mismo que Tahirah, "la Pura".
[1] Ver capítulo 27, "Abisinia".

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