Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 49
Guerra intermitente

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UN importante resultado secundario de Badr y de las expediciones que la precedieron fue que Yuhaynah y las otras tribus cercanas al Mar Rojo se convirtieran en firmes aliados de Medina. Esto significaba que la ruta costera hacia Siria quedaba virtualmente excluida a las caravanas de la Meca, y esto hizo que se plantease la pregunta: ¿No sería posible reducir aún más el poder del Quraysh obstaculizándole el acceso hacia el norte por el este del mismo modo que por el oeste?

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Este peligro latente de ninguna manera había escapado a la atención del Quraysh, que ya había dado algunos pasos encaminados al fortalecimiento de sus alianzas con Sulaym y Gatafan, a través de cuyo territorio tenían que pasar las caravanas si tomaban la ruta nororiental hacia la cabecera del golfo Pérsico y de allí hacia el Iraq. Estas tribus vivían en la gran llanura de Nachd al este de la Meca y Medina. Las caravanas de la Meca hacían su séptima parada en mitad de la fértil región que ocupaba Sulaym, y esta tribu en particular estaba siendo incitada por el Quraysh para que no desperdiciara ninguna ocasión de asolar las inmediaciones de Yathrib siempre que las viese vulnerables.

Durante los meses siguientes, el Profeta fue advertido de tres incursiones proyectadas sobre los límites orientales del oasis, dos por Sulaym y una por Gatafan. En cada caso se les anticipó penetrando inmediatamente en su territorio, y en cada caso tuvieron noticias de su aproximación y desaparecieron antes de que el Profeta alcanzara el lugar donde se habían reunido. Pero una de estas expediciones, sin embargo, se saldó con un notable éxito. Fue contra las tribus gatafanies de Thalabah y Muharib, y en esta ocasión el Profeta decidió seguir a los esquivos beduinos hasta sus medio ocultas fortalezas en las colinas del norte de Nachd, con la ayuda de un hombre de Thalabah que abrazó el Islam y ofreció sus servicios como guía. Desde el llano ascendieron al territorio de los Muharib, y un repentino chaparrón dejó empapados a algunos de los hombres, incluido el Profeta, antes de haber podido cobijarse. El Profeta se apartó un poco de los otros, se quitó las dos prendas mojadas y las colgó de un árbol para que se secasen, mientras que él se echó debajo del árbol y pronto fue vencido por el sueño. Pero todos los movimientos de la partida y los suyos en particular habían sido observados por multitud de ojos invisibles, y cuando se despertó encontró un hombre de pie, junto a él, con la espada desenvainada. No era otro que Duthur, el jefe de Muharib, que había sido en gran parte responsable de la preparación de la proyectada incursión que le habían anunciado al Profeta. "¡Oh Muhámmad!", dijo, "¿Hoy quién te protegerá de mí?" "Dios" respondió el Profeta, después de lo cual Gabriel, vestido todo de blanco, apareció entre ambos y, poniendo su mano en el pecho del hombre, lo empujó hacia atrás. Se le cayó la espada y el Profeta se hizo con ella. Gabriel desapareció de la visión de Duthur y éste comprendió que había visto a un ángel. "¿Quién te protegerá de mí?" dijo el Profeta. "Nadie", respondió Duthur. "Atestiguo que no hay más dios que Dios, y que Muhámmad es el Enviado de Dios." El Profeta le devolvió su espada, lo cual conmovió mucho al hombre. Se fueron juntos hacia el campamento y Duthur fue instruido en la religión. Luego volvió con su gente y comenzó a llamarlos al Islam.

Para cuando el ejército hubo regresado del Nachd, Kaab ibn al-Ashraf había dejado la Meca y había vuelto a su fortaleza entre los Baní Nadir, no lejos de los alrededores de Medina. Además de sus poemas, en los que incitaba al Quraysh a tomar venganza por Badr, escribió otros satirizando al Profeta y a sus compañeros, y entre los árabes un poeta de talento equivalía a toda una multitud de hombres, porque sus versos se repetían de boca en boca. Si era bueno, entonces era un poder para el bien; si malo, un poder para el mal que había que suprimir a cualquier precio.

El Profeta le pidió a Dios: "¡Oh Señor! Líbrame del hijo de al-Ashraf de la forma que desees, por el mal que dice y por los poemas que recita." Entonces dijo a quienes estaban presentes: "¿Quién actuará en mi nombre contra el hijo de al-Ashraf, porque me ha inferido gran injuria?" El primero en ofrecerse fue un hombre de Aws, Muhámmad ibn Maslamah, del clan de Saad ibn Muadh. El Profeta le dijo que consultase a Saad, y se presentaron otros cuatro voluntarios. Pero comprendieron que nada podría lograrse sin engaño y mentiras, y sabían que para el Profeta mentir era aborrecible. Fueron pues a hablarle y le dijeron lo que pensaban. Él les dijo que eran libres de decir cualquier cosa que sirviese para su propósito, porque en la guerra era legítimo el engaño, constituyendo una parte de su estrategia, y Kaab les había declarado la guerra.

Kaab fue atraído fuera de su fortaleza con engaño, y luego fue asesinado. Llenos de indignación y de pánico los judíos de Nadir fueron a ver al Profeta y se quejaron de que uno de sus jefes había sido asesinado a traición y sin causa justificada. El Profeta sabía bien que la mayoría de ellos eran tan hostiles al Islam como Kaab lo había sido, y con gran decepción había llegado a aceptarlo. Pero resultaba vital hacerles ver que si los pensamientos hostiles eran tolerables, la acción hostil no lo era. "Si hubiese permanecido como otros de opinión semejante permanecen", dijo, "no habría sido asesinado con mañas. Pero él nos hizo daño y escribió poesía contra nosotros, y ninguno de vosotros hará esto sin que sea ajusticiado." (W. 192). Luego les invitó al establecimiento de un tratado especial con él además del pacto, lo cual hicieron.


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