Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 47
Muertes y matrimonios
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UNO de los primeros actos del Profeta de regreso de Badr había sido visitar la tumba de su hija Ruqayyah, y Fatimah fue con él. Era ésta la primera aflicción que habían sufrido en el círculo intimo de la familia desde la muerte de Jadiyah, y Fatimah estaba muy apenada por la pérdida de su hermana. Sus ojos derramaban copiosas lágrimas cuando se sentó junto a su padre al borde de la tumba de su hermana, y él la consoló y procuró secar sus lágrimas con el extremo de su manto.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Con anterioridad el Profeta se había manifestado contra las lamentaciones por los muertos, pero esto había llevado a un mal entendido, y cuando regresaban del cementerio se escuchó la voz de Omar que se alzaba airada contra las mujeres que estaban llorando a los mártires de Badr y a Ruqayyah. "Omar, déjalas llorar", dijo el Profeta. Y luego añadió: "Lo que viene del corazón y del ojo, eso procede de Dios y Su Misericordia, pero lo que viene de la mano y de la lengua, eso es de Satanás." (I.S. VIII, 24). Al decir la mano se refería a los golpes en el pecho y al laceramiento de las mejillas, y mediante la lengua quería decir el vociferante clamor a que todas las mujeres se entregaban como una formalidad social.

Fatimah era la más joven de sus hijas; por aquella época tenía veinte años. El ya habíá hablado de Ah a su familia como el marido más adecuado para ella, aunque no había habido ningún contrato formal. Abu Bakr y Umar habían pedido ambos su mano, pero el Profeta les había quitado las ilusiones, no diciéndoles que ya estuviera prometida a otro sino señalando que tenía que esperar el momento designado por el Cielo. Fue solamente en las semanas que siguieron a su retorno de Badr cuando tuvo la certeza de que el momento había llegado y entonces dirigió a Ah palabras de ánimo con el deseo de que solicitase la mano de la muchacha. Ah, al principio, se mostró indeciso a causa de su extremada pobreza. No había heredado nada de su padre, porque la ley de la nueva religión prohibía a un creyente heredar de un incrédulo. Pero había adquirido una humilde morada cerca de la Mezquita, y puesto que no había duda sobre los deseos del Profeta, se dejó persuadir. Una vez hecho el contrato formal el Profeta insistió en la celebración de un banquete de bodas. Se sacrificó un carnero y algunos de los Ansar aportaron ofrendas de grano. Abu Salamah, primo del novio y de la novia, estaba deseoso de ayudar, tanto más cuanto que debía mucho al padre de Ah, que le había brindado protección contra Abu Yahl y otros miembros hostiles de su clan. Así pues, Umm Salamah fue con Aishah para preparar la casa para la pareja nupcial y cocinar la comida. Se trajo arena fina del lecho del río y fue derramada sobre el suelo de tierra de la casa. El tálamo nupcial era una piel de carnero y había un cobertor descolorido de tela listada del Yemen. Para que sirviera de almohada rellenaron un cojín de cuero con fibra de palma. Luego dispusieron dátiles e higos para que los invitados los comiesen además de la comida principal, y llenaron el pellejo del agua con agua perfumada. Hubo unanimidad en considerar este banquete de bodas como uno de los mejores ofrecidos en Medina en aquel tiempo.

Cuando el Profeta se retiró, como señal a los invitados para que dejasen solos a los recién casados, le dijo a Ah que no se aproximase a la novia hasta que él hubiera regresado, lo cual hizo poco después de haber partido el último invitado. Umm Ayman todavía estaba allí, ayudando a poner la casa en orden después de la celebración. El Profeta tuvo en su vida muchas relaciones especiales que no eran compartidas más que por él y la persona en cuestión. Una de éstas fue con Umm Ayman. Cuando él pidió permiso para entrar fue ella quien se acercó a la entrada. "¿Dónde está mi hermano?" dijo ella. "¿Quién es vuestro hermano?" "Ah, el hijo de Abu Talib", respondió. "¿Cómo puede ser él vuestro hermano," dijo ella, "cuando lo habéis casado con vuestra hija?" "El es lo que acabo de decir", respondió el Profeta, y le pidió que le trajese agua, lo cual hizo. Habiendo tomado un trago se enjuagó la boca y escupió de nuevo el agua al vaso. Entonces, cuando Ah vino, le ordenó que se sentase delante de él, y tomando un poco del agua en su mano se la roció sobre los hombros, el pecho y los brazos. Luego llamó a Fatimah, que se acercó a él tropezándose con su manto por el temor y reverencia que sentía por su padre. Le hizo lo mismo que a Ah, e invocó bendiciones sobre ambos y sobre su descendencia. (I.S. VIII, 12-15).

En el año que siguió al retorno de Badr la familia de Omar sufrió dos pérdidas. La primera fue la muerte de su yerno Junays, el marido de su hija Hafsah. Había sido uno de los emigrados a Abisinia, y a su regreso había tenido lugar el matrimonio. Hafsah solamente tenía dieciocho años al enviudar. Era hermosa e inteligente por igual, habiendo aprendido como su padre a leer y escribir. Al ver que la muerte de Ruqayyah había dejado a Uthman tan desconsolado, Omar le ofreció a Hafsah en matrimonio.


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