Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 41
Los umbrales de la guerra

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QUIENES son atacados tienen permiso para combatir, porque han sido tratados injustamete, y ciertamente Dios es capaz de ayudarlos a salir victoriosos. Y lo mismo sucede con aquellos que han sido injustamente expulsados de sus hogares, por ninguna razón salvo porque dicen:

"Nuestro Senor es Dios." (XXII, 39-40). El Profeta había recibido esta Revelación poco después de su llegada a Medina. Sabia él, además, que el permiso significaba aquí una orden, y sobre las obligaciones de la guerra se había insistido en el pacto con los judíos. Una Revelación temprana había dicho: "Concede una prórroga a los infieles, déjalos solos por un tiempo." (XII, 39).

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Pero por el momento no podía ser más que un asunto de incursiones. El Quraysh resultaba vulnerable en sus caravanas, y era especialmente en los meses de primavera y de principios de verano cuando su comercio con Siria era más activo y quedaban expuestos a los ataques procedentes de Medina. Durante los meses de otoño e invierno enviaban la mayoría de sus caravanas al sur, principalmente al Yemen y Abisinia.

La información que se recibía en Medina sobre las caravanas pocas veces era muy precisa, y podían sufrir cambios de última hora. Las caravanas mequies en conjunto esquivaron algunas de las primeras incursiones de Medina, pero los musulmanes consiguieron hacer tratados con tribus beduinas situadas en puntos estratégicos a lo largo de la costa del Mar Rojo.

Cuando el Profeta mismo salía designaba a uno de sus Compañeros para que estuviese en el frente de Medina durante su ausencia. El primero que disfrutó de este honor fue el jefe de los Jazrach, Saad ibn Ubadah. Sucedió eso once meses después de la Hégira. Hasta entonces el Profeta no había tomado parte personalmente en las expediciones, y en cada una de estas ocasiones en que se había quedado en Medina había dado al jefe un estandarte blanco enarbolado en una lanza. El primer año solamente envió a sus Compañeros Emigrantes, pero en septiembre del año 623 llegó la noticia de que una rica caravana mequí regresaba del norte escoltada por Umayyah, el jefe de Yumah, con cien hombres armados. Umayyah había sido siempre uno de los más encarnizados enemigos del Islam, y otra razón para el ataque era el botín mismo. Se decía que hasta 2.500 camellos portaban la mercancía en cuestión. Pero los Emigrantés por sí solos no habrían sido enemigos para un centenar de qurayshies; por lo que en esta ocasión el Profeta se puso en marcha con doscientos hombres, más de la mitad de los cuales eran Ansar. Una vez más, sin embargo, la información había sido equivocada y no hubo ningún encuentro. También dejaron escapar, unos tres meses después de la anterior, otra rica caravana, menos custodiada, que el shamsí Abu Sufyan conducía hacia Siria. Las noticias de ésta habían llegado demasiado tarde, y cuando el Profeta y sus hombres alcanzaron Ushayrah en el valle de Yanbu, que se abre al Mar Rojo al sudoeste de Medina, la caravana ya había pasado. Pero Abu Sufyan pronto estaría de regreso de Siria, quizás con una carga todavía más valiosa, y entonces, si Dios quería, no errarían de nuevo a la hora de interceptarle el paso.

Aunque por el momento no había tenido lugar ningún combate, el Quraysh ya estaba alerta ante el peligro de tener un enemigo establecido en Yathrib. Les parecía, sin embargo, que esto de ninguna manera afectaría sus úelaciones comerciales con el sur. Pronto se desilusionaron, porque el Profeta recibió el mensaje de una caravana que venía procedente del Yemen y envió a su primo Abdallah ibn Yahsh con otros ocho Emigrantes para que estuviesen a su acecho cerca de Najlah, entre Taif y la Meca. Era Rayab, uno de los cuatro meses sagrados del año, y el Profeta no dio a Abdallah instrucciones para que atacase la caravana sino simplemente para que trajera noticias de ella. Sin duda deseaba conocer cómo estaban defendidas las caravanas del sur, con vistas a una futura actividad contra ellas.

Poco después de que los Emigrantes alcanzaran su destino y se hubieran apostado en un lugar estratégico no lejos de la ruta principal, una pequeña caravana del Quraysh pasó junto a ellos y luego se detuvo y acampó cerca de donde estaban, sin advertir su presencia. Los camellos iban cargados de pasas de Corinto, cuero y mercancías diversas. Abdallah y sus compañeros se encontraron en un dilema; las únicas instrucciones concretas del Profeta habían sido llevarle noticias, pero no les había prohibido luchar ni había hecho mención del mes sagrado. ¿Estaban aún sujetos a estas convenciones preislámicas?, se preguntaban. Pensaron en la Revelación: Quienes son atacados tienen permiso para combatir, porque han sido tratados injustamente... Quienes han sido expulsados injustamente de sus hogares. (XXII, 39). Estaban en guerra con el Quraysh y habían reconocido al menos a dos mercaderes de la caravana como hombres del Majzum, el cual era de todos los clanes de la Meca el que se había mostrado más hostil al Islam. Era la mañana del último día de Rayab; con la puesta del sol comenzaría Shaban, que no era mes sagrado; para ese momento, aunque ya no protegidos por el calendario, sus enemigos tendrían el amparo de la distancia, porque ya habrían alcanzado el recinto sagrado. Al final, después de muchas vacilaciones, decidieron atacar. Su primera flecha dio muerte a un hombre de Kindah, un confederado del clan de Abdu Shams, con lo cual Uthman, uno de los hombres de Majzum, y Hakam, un liberto, se entregaron, aunque Nawfal, el hermano de Uthman, escapó a la Meca.

Abdallah y sus compañeros se llevaron los prisioneros, los camellos y la mercancía a Medina. Apartó una quinta parte del botín para el Profeta, dividiendo el resto entre sus compañeros y él. Pero el Profeta se negó a aceptar nada y dijo: "No os di permiso para combatir en el mes sagrado", ante lo cual quienes lo habían hecho pensaron que estaban condenados. Sus hermanos de Medina les culparon de su violación de Rayab, mientras que los judíos dijeron que era un mal presagio para el Profeta, y el Quraysh se puso a difundir por todas partes las noticias de que Muhammad había incurrido en sacrilegio. Entonces vino la Revelación: Te preguntan sobre el mes sagrado y sobre el combate en él. Di: Combatir en él es una grave ofensa, pero apartar a los hombres del camino de Dios, negarlo a El y a Su Mezquita Sagrada y expulsar a Su pueblo de ella es más grave para Dios. Y más grave que la matanza es la persecución. (II, 217).

La interpretación del Profeta confirmaba la tradicional prohibición de la guerra durante el mes sagrado pero haciendo una excepción en este caso particular. Así pues tranquilizó a Abdallah y sus compañeros del temor tan grande que tenían y aceptó una quinta parte del botín para el beneficio general de la comunidad. El clan de Majzum envió rescates para sus dos prisioneros, pero su liberto Hakam eligió abrazar el Islam y quedarse en Medina, y, en consecuencia, Uthman regresó solo.

Fue en esta misma luna de Shaban cuando se produjo una Revelación de gran importancia ritual. Sus palabras iniciales hacen referencia al extremQ cuidado del Profeta para orientarse en la dirección correcta para la plegaria. En la Mezquita la dirección la indicaba el mihrab, el nicho de la plegaria situado en el muro de Jerusalén, y cuando estaba fuera de la ciudad podía comprobar la dirección mediante el sol si era de día y por las estrellas si era durante la noche.

Hemos visto cómo se vuelve tu rostro hacia el Cielo. Te haremos volverte hacia una dirección que te gustará. Vuelve, pues, tu rostro hacia la Mezquita Sagrada, y dondequiera que estéis volved vuestro rostro hacia ella. (II, 144).
Se hizo inmediatamente un mihrab en el muro meridional de la Mezquita, mirando hacia la Meca, y el Profeta y sus Compañeros aceptaron con alegría el cambio. Desde entonces los musulmanes se vuelven en la dirección de la Kaabah para la realización de la plegaria ritual y, por extensión, para otros ritos.


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