Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 38
La entrada en Medina

--------------------------------------------------------------------------------

El Profeta había alcanzado el oasis el lunes 27 de septiembre del año 622 de la era cristiana. Pronto varios mensajeros pusieron de mani­fiesto que el pueblo de Medina estaba impaciente por su llegada a la ciudad, por lo que solamente permaneció tres días completos en Quba, durante los cuales puso los cimientos de una mezquita, la primera que se construiría en el Islam. El viernes por la mañana salió de Quba, y a medio­día él y sus compañeros se detuvieron en el valle de Ranuna para hacer la plegaria con el clan jazrachí de los Bani Salim, que los estaba esperando.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

Indice

Inicio Libros
Inicio Sufismo
 
 

Fue ésta la primera Plegaria del viernes que se hizo en el país que de ahora en adelante iba a ser su hogar. Algunos de sus parientes de los Bani Al-Na­yyar habían venido para recibirlo, y algunos de los Bani Amr lo habían escoltado desde Quba, lo cual hizo que el número de personas reunidas ascendiera a unas cien aproximadamente. Después de la plegaria el Profeta se montó en Qaswa, y Abu Bakr y otros del Quraysh también montaron sus camellos y se encaminaron con él hacia la ciudad. A derecha e izquierda de ellos, vestidos con armadura y con la espada en la mano, cabalgaban hom­bres de Aws y Jazrach, como guardia de honor y a modo de demostración de que el juramento que le habían prestado no era una palabra vana, aun­que todos bien sabían que en aquel momento y en aquel lugar no necesita­ba ninguna protección. Jamás había habido un día de mayor regocijo. "¡Ha llegado el Profeta de Dios!" era el alegre grito que salía de las gargantas de cada vez más hombres, mujeres y niños que se alineaban a lo largo de la ruta. Qaswa fijaba el paso lento y majestuoso de la procesión a medida que pasaba entre los jardines y palmerales del sur de Medina. Las casas eran toda­vía pocas y alejadas entre sí, pero gradualmente entraron en distritos con una mayor concentración de construcciones y fueron muchas las invitaciones insistentes que se le hicieron. "Apéate aquí, ¡oh Enviado de Dios!, porque tenemos para ti fuerza, protección y abundancia." Más de una vez un hom­bre o un grupo de gentes del mismo clan tomaron el ronzal de Qaswa. Pero en cada ocasión el Profeta los bendijo y dijo: "Dejadla seguir su camino, porque está bajo el mandato de Dios".

En un punto pareció como si la camella se dirigiese hacia las casas de los parientes más cercanos del Profeta de la rama Adi del gran clan jazrachí de Nayyar, porque se volvió hacia la parte oriental de la ciudad, donde vivía la mayoría del clan. Pero pasó de largo junto al lugar donde el Profeta había vivido con su madre siendo niño y junto a todas las restantes casas de los que le eran más próximos, a pesar de los insistentes ruegos para que estableciese su hogar allí. El Profeta les dio la misma respuesta que había dado a los otros, y no tuvieron más remedio que resignarse. Ya había llega­do a las casas de la rama Bani Malik de los Nayyar. A este subclán pertene­cían dos de los seis hombres que le habían prestado fidelidad el año ante­rior al primer Aqabah, Asad y Awf y aquí Qaswa se desvió desde el camino hacia un gran patio con tapia que contenía unas pocas palmeras datileras y las ruinas de un edificio. Un extremo había sido usado en otro tiempo como cementerio. Había también un lugar reservado para secar dátiles. Lentamente la camella se abrió camino hacia el recinto fragoso que Asad había establecido como lugar para hacer las plegarias, y allí a su entrada se arrodilló. El Profeta soltó la rienda pero no descabalgó, y después de un momento se levantó Qaswa y pausadamente comenzó a alejarse, pero no habían andado mucho cuando se detuvo, se volvió sobre sus pasos y regresó a donde se había arrodillado primero. Entonces volvió a arrodillarse, y esta vez extendió su cuello contra el suelo. El Profeta se apeó y dijo: "Esta, si Dios quiere, es la morada" (B. LXIII).

Preguntó entonces quién era el propietario del patio. Muadh, el hermano de Awf, le dijo que pertenecía a dos muchachos huérfanos, Sahí y Suhayl. Estaban bajo la tutoría de Asad y el Profeta le pidió que se los trajese, pero ellos ya estaban allí y se acercaron al Profeta. Les preguntó si le venderían el patio, y les dijo que pusiesen un precio, pero ellos contestaron: "No, te lo damos, oh Enviado de Dios". No quiso él sin embargo tomarlo como un obsequio, y con la ayuda de Asad fijó el precio. Mientras tanto Abu Ayyub Jalid, que vivía cerca, había descargado el equipaje y lo había introducido en su casa. Vinieron ahora otros del clan y pidieron al Profeta que fuese su huésped, pero él dijo: "Un hombre tiene que estar con su equipaje." Abu Ayyub había sido el primero del clan en prestar fidelidad en el segundo Juramento de Aqabah. Él y su mujer se retiraron entonces a la parte supe­rior de su casa, dejando el piso bajo para el Profeta, y Asad condujo a Qaswa al patio de su propia casa, que se encontraba muy cerca.


siguiente