Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 35
Muchas emigraciones

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EL Profeta animaba ahora a sus seguidores de la Meca a emigrar a Yathrib. Pero uno de ellos ya lo había hecho. La muerte de Abu Talib había privado a su sobrino Abu Salamah de un protector, y éste se vio obligado a buscar refugio frente a su propio clan. Partió pues hacia el norte, montando a su esposa, con su hijo Salamah en los brazos, en un camello que él guiaba. Pero Umm Salamah era de la otra rama Majzum, los Bani Mugirah, y prima carnal de Abu Yahl. Algunos miembros de su familia salieron en pos de ellos y le arrebataron de las manos la cuerda del camello a Abu Salamah.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Éste se encontró ampliamente superado en número, y viendo inútil resistirse le dijo a su mujer que se volviese con ellos. Ya encontraría la forma de que se reuniera con él. Pero cuando su rama del Majzum se enteró de esto se encolerizó con los Bani Mugirah y, para colmo de males, pidieron la custodia del niño. Así pues los tres se encontraron cruelmente separados hasta que todo el clan tuvo compasión de ella y le permitió tomar a su hijo y reunirse con su marido. Se puso en camino a camello, completamente sola salvo con Salamah, pero al cabo de casi seis millas se encontró con un hombre de Abd al-Dar, Uthman Ibn Talhah, aún un incrédulo, que insistió en acompañarla hasta el final del viaje. Se habían enterado de que Abu Salamah estaba en Quba, un pueblo situado en el punto más meridional de Yathrib, donde el oasis se introduce en la extensión de lava que es una de "las dos extensiones de piedras negras"; así que cuando los palmerales se ofrecieron a su vista Uthman dijo: "Tu marido se encuentra en este pueblo, entra pues en él con la bendición de Dios". Y él se volvió de nuevo hacia la Meca. Umm Salamah nunca olvidó su bondad y jamás dejó de elogiarlo por su nobleza.

Después del Segundo Juramento de Aqabah, los musulmanes del Quraysh comenzaron a emigrar en número considerable. Entre los primeros en partir se contaron algunos primos del Profeta, hijos e hijas de Yahsh y Umaymah, Abdallah y su hermano ciego Abu Ahmad y sus dos hermanas Zaynab y Hamnah. Junto con ellos se fueron muchos otros de los Bani Asad que desde hacía mucho eran confederados de los Abdu Shams. Hamzah y Zayd se marcharon, dejando por el momento a sus mujeres en la Meca, pero Uthman se llevó consigo a Ruqayyah, mientras que Omar se llevó a su mujer Zaynab, su hija Hafsah y su hijo pequeño Abdallah. El marido de Hafsah, Junays de Sahm, también estaba con ellos. Abu Sabrah, el medio hermano de Abu Salamah, partió acompañado de su esposa, Umm Kulthum, que era hija de Suhayl. Otros primos jóvenes del Profeta que entonces emigraron fueron Zubayr y Tulayb.

En cuestión de poco tiempo todos sus compañeros más íntimos habían abandonado la Meca excepto Abu Bakr y Ali. Abu Bakr le había pedido al Profeta permiso para emigrar, pero éste le había dicho: "No te precipites en marcharte, porque puede que Dios te dé un compañero". Comprendió Abu Bakr con ello que tenía que esperar al Profeta, y dio instrucciones para que alimentasen con hojas de acacia a dos de sus camellos con vistas al viaje de ambos a Yathrib.

El Quraysh hizo cuanto pudo para detener las emigraciones. La otra hija de Suhayl se había ido con su marido Abu Hudhayfah, tal y como habían emigrado a Abisinia anteriormente, pero Suhayl estaba determinado a que esta vez no se le escapase su hijo Abdallah, por lo cual mantuvo una estre­cha vigilancia sobre él. Lo mismo le vino a suceder a Hisham, el hijo del líder shamsí As, que igualmente había estado entre los emigrantes a Abisi­nia. Su hermano Amr era quien había sido enviado por el Quraysh para poner al Negus en contra de los refugiados musulmanes, y Hisham había sido testigo de su fracaso e incomodidad. Omar, que era el primo de Hisham -sus madres eran hermanas- había dispuesto que ahora viajarían juntos a Yathrib, abandonando la Meca por separado y reuniéndose en los espinos de Adat a unas diez millas al norte de la ciudad. Ayyash de Majzum también tenía que viajar con ellos; pero a la hora y lugar acordados no hubo ninguna señal de Hisham, por lo que Omar y su familia prosiguieron su camino con Ayyash ya que habían acordado que no se esperarían. El padre y el hermano de Hisham se habían enterado de su plan y lo habían retenido por la fuerza, y tanto lo presionaron que incluso al cabo de pocos días lo persuadieron para que renunciase al Islam.

En cuanto a Ayyash, llegó a Yathrib con Omar, pero sus dos medio hermanos, Abu Yahl y Harith, lo siguieron y le dijeron que su madre, que lo era también de ellos dos, había jurado no peinarse ni cobijarse del sol hasta que volviese a verlo. Avyash se quedó muy preocupado con esto, pero Omar le dijo: "No quieren nada más que apartarte de tu religión; porque, por Dios, si los piojos molestasen a tu madre, usaría el peine, y si se sintiese agobiada por el calor de la Meca buscaría cobijo". Pero Ayyash no quiso escuchar: insistió en volver a la Meca para liberar a su madre de su juramento. También tenía la intención de recuperar algún dinero que había dejado atrás. Pero cuando habían recorrido la mitad del camino Abu Yahl y Harith cayeron sobre él, lo ataron de pies y manos y lo llevaron a casa como prisionero, diciendo cuando entraban en la ciudad: "¡Oh gentes de la Meca, haced con vuestros necios como nosotros hemos hecho con el nuestro!". Al igual que Hisham, Ayyash fue inducido a renunciar al Islam, pero en ninguno de los casos esto fue definitivo. Después de un tiempo se encontraban llenos de remordimientos, hasta el punto de suponer que no había expiación posible para un pecado tan grande; y esa era también la opinión de Omar. Pero más tarde vino la Revelación: "¡Oh Mis siervos, que habéis sido pródigos contra vosotros mismos, no desesperéis de la Misericordia de Dios! Ciertamente Dios perdona la totalidad de los pecados. Él es el Indulgente, el Misericordioso. Y volveos hacia vuestro Señor arrepentidos y someteos a Él antes de que el castigo os llegue, pues entonces no seréis ayudados." (XXXIX, 53-54). Omar anotó estas palabras y halló un medio de enviárselas a Hisham, quien dijo: "Cuando me llegó levanté el escrito junto a mis ojos y lo bajé alejándolo de ellos, pero no podía comprenderlo, hasta que dije: '¡Oh Dios!, hazme entenderlo'. Entonces Dios puso en mi corazón que había sido revelado por nuestra causa con respecto a lo que decíamos de nosotros mismos y a lo que se decía de nosotros". Hisham se lo mostró a Ayyash y los dos renovaron su Islam y esperaron su oportunidad para escapar.


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