Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 
Capítulo 30
Paraíso y eternidad
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Otro de los emigrados que regresaron y que pidieron ayuda contra su propia gente fue el cuñado de Omar, Uthman Ibn Mazun, porque sabía bien que sus primos Umayyah y Ubayy lo perseguirían. Esta vez fue el Majzum quien salvaguardó a un hombre de otro clan: Walid mismo tomó a Uthman bajo su protección; pero cuando Uthman vio que sus compañeros musulmanes eran perseguidos mientras él permanecía a salvo, fue a Walid y renunció a su amparo.
 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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"Hijo de mi hermano" dijo Uthman, "¿te ha dañado alguien de mi gente?" "Nada de eso," respondió Uthman, "pero yo tenía la protección de Dios, y no deseo la de nadie salvo la de Él." Se fue pues con Walid a la Mezquita y lo absolvió públicamente de su protección.

Algunos días después sucedió que el poeta Labid estaba recitando para el Quraysh y Uthman se hallaba presente entre la gran multitud que se había reunido para oírlo. A un nivel por encima del talento general que los árabes tenían para la poesía estaban muchos poetas de claro ingenio como Abu Talib, Hubayrah y Abu Sufyan, el hijo de Harith. Pero, más allá de éstos, había unos pocos que eran considerados grandes, y Labid era, en la opinión general, uno de ellos. Era probablemente el más grande poeta árabe viviente, y el Quraysh se sentía privilegiado de contar con su presencia. Uno de los versos que entonces recitó comenzaba:

"Ved aquí, que todo excepto Dios es nada."

"Has dicho la verdad", dijo Uthman.

Labid continuó: "Y todas las delicias se desvanecerán."

"Mentiste", exclamó Uthman. "La delicia del Paraíso nunca desaparecerá." Labid no estaba acostumbrado a que lo interrumpieran; en cuanto al Quraysh, no solamente estaban asombrados y escandalizados sino también llenos de vergüenza, ya que el poeta era su invitado. "¡Oh hombres del Quraysh!", dijo éste, "quienes se sentaban con vosotros como amigos nunca solían ser maltratados. ¿Desde cuándo sucede esto?" Uno de los reunidos se levantó para expresar las excusas de la tribu. "Este hombre no es más que un necio," dijo, "uno de la cuadrilla de necios que han abandonado nuestra religión. No dejes que tu alma se altere por lo que ha dicho." Uthman, entonces, replicó con tanta vehemencia que el que hablaba se acercó a él y le golpeó en el ojo, por lo que la ceja se le amorató; Walid, que estaba sentado cerca, le hizo notar que su ojo nunca habría tenido que padecer si hubiese permanecido bajo su protección. "No," dijo Uthman, "mi ojo sano es ciertamente un pobre necesitado de lo que le ha sucedido a su hermano en el camino de Dios. Estoy bajo Su protección, que es más poderosa y decisiva que la tuya." "Ven, hijo de mi hermano," dijo Walid, "renueva tu pacto conmigo." Pero Uthman rehusó.

El Profeta no estuvo presente en aquella reunión. Pero le llegaron noticias del poema de Labid y de lo que había sucedido. El único comentario suyo del que se tiene constancia fue: "Las palabras más verdaderas que un poeta jamás ha dicho son: 'Ved aquí, todo excepto Dios es nada'." (B. LXIII, 26). No censuró a Labid por lo que había dicho después de esto. Podía considerarse que el Poeta había querido decir "todas las delicias terrenas se desvanecen" ; por otro lado, todos los Paraísos y Delicias que son Eternos pueden considerarse como incluidos en Dios o en "la Faz de Dios." Por aquella época se había producido la Revelación: "Todo perece salvo su Faz" (XXVII, 88), y en una Revelación anterior están las palabras: "Eterna es la Faz de tu Señor, el Señor de la Majestad y el Honor." (LV, 27). Donde está esta Nobleza Eterna, allí tienen que estar sus recipientes y también sus delicias.

Se produjo en aquel tiempo una Revelación más explícita que contenía el siguiente pasaje. El primer versículo se refiere al Juicio: "El día en que esto ocurra, ningún alma hablará sin Su permiso, algunas serán desdichadas, y otras dichosas. En cuanto a las desdichadas, en el Fuego estarán; en él, sollozos y suspiros serán su porción, y allí morarán mientras perduren los cielos y la tierra, a menos que Le plazca a tu Señor. Ciertamente tu Señor es siempre hacedor de lo que quiere. Y en cuanto a las dichosas, en el Jardín estarán, y allí morarán mientras perduren los cielos y la tierra, a menos que le plazca a tu Señor. Un don que no será retirado." (XI, 105-108).

Las palabras finales muestran que no es la Voluntad de Dios que el don del Paraíso para el hombre después del Juicio le sea arrebatado como lo fue su primer Paraíso. Otras cuestiones relativas a este pasaje fueron respondidas por el mismo Profeta, que continuamente hablaba a sus seguido­res sobre la Resurrección, el Juicio, el Infierno y el Paraíso. En una ocasión dijo: "Dios, que acerca a su Misericordia a quien Él quiere, hará entrar en el Paraíso a las gentes del Paraíso y en el Infierno a las gentes del Infierno. Entonces dirá (a los ángeles): "Buscad a aquél en cuyo corazón podáis hallar fe del peso de un grano de semilla de mostaza, y sacadle del Infierno." Entonces sacarán a una multitud de hombres y dirán: "Señor Nuestro, no hemos dejado allí a ninguno de los que nos ordenaste", y Él dirá: "Volved y sacad a aquél en cuyo corazón encontréis el peso de un átomo de bien". Entonces sacarán a una multitud de hombres y dirán: "Señor Nuestro, no hemos dejado nada de bondad allí." Luego, los ángeles intercederán, y los Profetas y los creyentes. Entonces Dios dirá: "Los ángeles han intercedido, y los profetas han intercedido, y los creyentes han intercedido. Solamente queda la intercesión del Más Misericordioso de los misericordiosos. Él sacará del fuego a los que no hicieron ningún bien y los arrojará a un río a la entrada del Paraíso que se llama el Río de la Vida." (M.I, 79; B. XCVII, 24).

Y de las gentes del Paraíso dijo el Profeta: "Dios dirá a la gente del Paraíso: '¿Estáis satisfechos?' Y ellos responderán: '¿Cómo no habríamos de estar satisfechos, ¡oh Señor!, puesto que nos has otorgado aquello que no has dado a ninguna otra de tus criaturas?' Entonces dirá Él: "¿No os parece que podría daros algo mejor que eso?" Y ellos dirán: "¿Qué cosa, oh Señor, puede ser mejor?", y Él dirá: "Haré descender sobre vosotros Mi Ridwan.'' (M. LI, 2). La beatitud final del Ridwan, a menudo traducido por "Buena Felicidad" se interpreta con la significación que tendría la aceptación final y absoluta por parte de Dios de un alma, llevándola consigo y hacia su Eterna y Beatífica Felicidad. Este Paraíso supremo no tiene que tomarse como excluyente del que es conocido como el Paraíso en el sentido ordinario, pues el Corán promete que para cada alma bendita habrá dos Paraísos (LV, 46). Y hablando de su propio estado en el Más Allá, el Profeta lo describe como una doble bendición, "el encuentro con mi Señor, y el Paraíso." (I.I. 1000).


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