Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 
Capítulo 29
La prohibición y su revocación

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Lo que resultaba tolerable a Omar que Quraysh adorase Sus dios en la Kaabah mientras que los creyentes adoraban a Dios en secreto. Solía, pues, orar delante de la Kaabah y animaba a otros musulmanes a que lo acompañasen. Algunas veces, él y Hamzah iban con un grupo numeroso de creyentes al Santuario, y en tales ocasiones los líderes del Quraysh no se dejaban ver.
 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Para ellos habría sido una perdida de dignidad estar presentes y no intervenir; bien sabían que, de oponerse ellos, Omar no se detendría ante nada.

Estaban determinados, sin embargo, a no permitir que este joven se imaginase que los había vencido; y, presionados por Abu Yahl, decidieron que la mejor solución seria decretar un boicot contra todo el clan de Hashim que, a excepción de Abu Lahab, estaba decidido a proteger a sus componentes tanto si creían que Muhammad era un Profeta como si no. Se redactó, pues, un documento según el cual se prometía que nadie desposaría a una mujer de Hashim o daría su hija en matrimonio a un hombre de Hashim, y nadie les compraría o vendería nada. Esto tenía que continuar hasta que el clan de Hashim proscribiese a Muhammad o hasta que él renunciase a sus pretensiones de profecía. No menos de cuarenta jefes del Quraysh sellaron este acuerdo, aunque no todos estaban a favor de él en igual medida, incluso a algunos de ellos hubo que convencerlos. El clan de Muttalib se negó a abandonar a sus primos hashimíes y, por lo tanto, fue incluido en el boicot. El documento fue colocado solemnemente en el interior de la Kaabah.
En consideración a la seguridad mutua, los Bani Hashim se agruparon en torno a Abu Talib en aquel barrio de la depresión de la Meca donde él y la mayoría del clan vivían. A la llegada del Profeta y Jadiyah con sus allegados, Abu Lahab y su mujer se marcharon y se fueron a vivir a una casa que poseía en otra parte, para demostrar solidaridad con el Quraysh en conjunto.

El boicot no siempre se cumplía rigurosamente, ni era posible cerrar todas las rendijas debido al hecho de que una mujer seguía siendo un miembro de su propia familia después de casarse en otro clan. Abu Yahl estaba constantemente a la expectativa, aunque no siempre podía imponer su voluntad. Un día se encontró con Hakim, el sobrino de Jadiyah, el cual, acompañado por un esclavo que portaba un saco de harina, se dirigía aparentemente hacia las moradas de los Bani Hashim. Los acusó de llevar alimentos al enemigo y amenazó con denunciar a Hakim ante el Quraysh. Mientras estaban discutiendo llegó Abu-l-Bajtari, otro hombre de Asad, y preguntó qué sucedía; cuando se lo explicaron dijo a Abu Yahl: "Es la harina de su tía, y la mujer lo ha enviado a por ella. Déjalo ir tranquilo." Ni Hakim ni Abu-l-Bajtari eran musulmanes, pero el hecho de pasar este saco de harina de un miembro a otro del clan de Asad no podía ser de la incumbencia de nadie fuera del clan. La intromisión del majzumí era escandalosa e intolerable, y, cuando Abu Yahl insistió, Abu-l-Bajtari agarró una quijada de camello y la llevó contra su cabeza con tanta fuerza que medio inconsciente cayó al suelo, pisoteándolo entonces con dureza para satisfacción de Hamzah, que acertó a pasar por allí en aquel momento.

Hakim estaba dentro de sus derechos, pero otros simplemente desafiaban la prohibición por simpatía hacia las víctimas. Hisham ibn Amr de Amir no tenía sangre hashimí, pero su familia tenía estrechas conexiones matrimoniales con el clan, y al amparo de la noche algunas veces llevaba un camello cargado de alimentos a la entrada del barrio de Abu Talib. Luego le quitaba el ronzal y le daba un golpe en la quijada para que pasase por delante de su casa, y otras noches lo llevaba cargado de ropas y otros presentes.

Además de esas ayudas de los incrédulos, los mismos musulmanes de otros clanes, especialmente Abu Bakr y Omar, idearon varias formas de frustrar el boicot. Cuando hubieron pasado dos años, Abu Bakr ya no podía ser considerado como un hombre rico. Pero a pesar de las ayudas había una perpetua escasez de alimentos entre los dos clanes víctimas del boicot, bordeándose a veces el hambre.

Durante los meses sagrados, cuando podían abandonar el refugio e ir de un sitio a otro sin temor de ser molestados, el Profeta con frecuencia iba al Santuario, y los líderes del Quraysh aprovechaban su presencia para insultarle y satirizarlo. Algunas veces, cuando recitaba revelaciones en las que advertía al Quraysh lo que había sucedido a pueblos antiguos, Nadr de Abd al-Dar se ponía de pie y decía: "¡Por Dios, Muhammad no es mejor que yo como orador! Lo que dice nos son sino historias de los antiguos. Han sido escritas para él de la misma manera que las mías han sido escritas para mí." Entonces les contaba las historias de Rustam e Isfandiyar y los reyes de Persia. En relación con esto fue revelado uno de los muchos versículos que se refieren al corazón como a la facultad mediante la cual el hombre tiene visión de las realidades sobrenaturales. El ojo del corazón, aunque cerrado en el hombre caído, puede captar una vislumbre de luz y esto es la fe. Pero un tipo de vida perniciosa hace que se acumule sobre el corazón una capa como de herrumbre, de modo que no puede sentir el origen divino del Mensaje de Dios: "Cuando Te recitan nuestras aleyas dice: ¡Historias de los antiguos! Pero ¡no! Lo que ganaron es herrumbre sobre sus corazones. (LXXXIII, 13-14). En cuanto al estado opuesto a éste, la posibilidad suprema de la visión interior, el Profeta afirmó de sí mismo en más de una ocasión que el ojo de su corazón estaba abierto incluso durante el sueño: "Mi ojo duerme, pero mi corazón está despierto." (1.1.375; B. XIX, 16, etc.).

Otra Revelación, una de las poquísimas que mencionan por el nombre a un contemporáneo del Profeta, se había producido ya afirmando que Abu Lahab y sus mujeres estaban destinados al infierno. (XCI). Umm Yamil oyó esto y se encaminó hacia la Mezquita con una piedra de mortero en la mano en busca del Profeta, que estaba sentado con Abu Bakr. Llegó hasta Abu Bakr y le dijo: "¿Dónde está tu compañero?" Sabía él que se estaba refiriendo al Profeta, que estaba allí, delante de ella, y quedó demasiado asombrado para hablar. "He oído", dijo ella, "que me ha satirizado; y, por Dios, que si le hubiese encontrado le habría roto la boca con esta piedra de mortero." Luego añadió: "En cuanto a mí, ciertamente soy una poetisa." Y recitó una poesía sobre el Profeta:

Desobedecemos al réprobo,
nos mofamos de los mandamientos que dicta,
y odiamos su religión.

Cuando se hubo marchado, Abu Bakr preguntó al Profeta si ella no lo había visto. "No me vio", dijo él. "Dios le quitó la visión de mí." Por lo que se refiere al "Réprobo" -en árabe mudhammam, culpado, el opuesto exacto de muhammad, alabado, glorificado- a algunos qurayshíes les había dado por llamarle así a modo de injuria. Él les decía a sus compañeros: "¿No es maravilloso cómo Dios aparta de mí las injurias del Quraysh? Insultan a Mudhammam, mientras que yo soy Muhammad." (1.1.234)

El boicot sobre Hashim y Muttalib había durado dos años o más y no daba ninguna señal de haber producido los efectos deseados. Tuvo además el efecto indeseable e imprevisto de atraer con más fuerza la atención hacia el Profeta y provocó el que se hablase en toda Arabia de la nueva religión más que nunca. Sin embargo, con independencia de estas consideraciones, muchos qurayshíes comenzaron a pensarse mejor el boicot, en especial los que tenían parientes cercanos entre las víctimas. Había llegado el momento de que se produjera un cambio de parecer, y el primer hombre en actuar fue ese mismo Hisham que tan a menudo había enviado su camello con alimentos y ropa a los hashimíes. Pero sabía que él solo no podía conseguir nada. Se fue, pues, a ver al majzumí Zuhayr, uno de los dos hijos de Atikah, la tía del Profeta, y le dijo: "¿Estás contento de comer y llevar ropas y de casarte con mujeres, cuando sabes cómo les va a los parientes de tu madre? Ellos no pueden ni comprar ni vender, ni casarse ni dar en matrimonio; y juro por Dios que si ellos fueran hermanos de la madre de Abu-l-Hakam" se refería a Abu Yahl- "y tú hubieses acudido a él para que hiciese lo que él te ha instado a hacer, él nunca lo habría hecho." "¡Maldito seas, Hisham!", dijo Zuhayr. "¿Qué puedo hacer yo? No soy más que un solo hombre. Si tuviese conmigo a un hombre más no descansaría hasta anularlo." "He encontrado uno", le respondió Hisham. "¿Quién es?", preguntó Zuhayr. "Yo mismo" le dijo Hisham. "Encuentra un tercero", dijo Zuhayr. Hisham se fue entonces a ver a Mutim ibn Adi, uno de los principales del clan de Nawfal nieto del mismo Nawfal, hermano de Hashim y Muttalíb. "¿Es tu voluntad" dijo él, "que dos de los hijos de Abdu Manaf perezcan mientras que tú sigues consintiendo en seguir al Quraysh? ¡Por Dios! Si les permites hacer esto pronto los encontrarás haciéndote a ti lo mismo." Mutim pidió un cuarto hombre, así que Hisham fue al encuentro de Abu-l-Baj tan de Asad, el hombre que había golpeado a Abu Yahl a causa del saco de harina de Jadiyah; y, cuando éste pidió un quinto hombre, Hisham marchó a ver a otro asadí, Zamah ibn al-Aswad, que consintió en ser el quinto sin pedir un sexto. Todos ellos se comprometieron a reunirse aquella noche en las afueras de Hayun, por encima de la Meca, y todos estuvieron de acuerdo con su plan de acción y se aseguraron que no abandonarían el asunto del documento hasta haber conseguido su anulación. "Yo soy casi el más interesado," dijo Zuhayr, "por ello yo seré el primero que hable."

Al día siguiente temprano se unieron a la concentración de gente en la Mezquita y Zuhayr, vestido con una larga túnica, dio siete vueltas a la Kaabah. Luego se volvió hacia la asamblea y dijo: "¡Oh pueblo de la Meca! Vais seguir comiendo y vistiéndoos bien mientras que los hijos de Hashim perecen, sin poder comprar ni vender? ¡Por Dios, no me sentaré hasta que este inicuo boicot se haya roto!" "¡Mentiroso!" dijo su primo Abu Yahl, no se romperá. '¡Tú eres el mayor mentiroso!, dijo Zamah. "Nosotros no estabamos a favor de que se escribiese cuando fue escrito." "Zamah tiene razón", dijo Abu-l-Bajatari. "No estamos a favor de lo que en él se ha escrito ni, por otra parte, estamos de acuerdo con él." "Ambos tenéis razón", dijo Mutim, "y el que diga que no, es un mentiroso. Ponemos a Dios por testigo de nuestra inocencia al respecto de él y de lo que está escrito en él. Hisham dijo más o menos lo mismo, y cuando Abu Yahl comenzó a acusarlos de haber tramado esto de la noche a la mañana, Mutím lo interrumpió entrando en la Kaabah para traer el documento. Salió triunfal, con un trozo de vitela en la mano: los gusanos se habían comido el documento del boicot: todo menos las palabras de introducción "En Tu Nombre, ¡oh Dios!"

La mayoría del Quraysh ya había sido ganada virtualmente, y esta señal incuestionable fue un argumento final y completamente decisivo. Abu Yahl y uno o dos hombres con puntos de vista parecidos sabían que sería inútil de resistir. El boicot fue revocado formalmente, y un grupo de qurayshíes fue a dar las buenas nuevas a los Bani Hashim y a los Bani Muttalib.
Hubo un gran alivio en la Meca después del levantamiento del boicot y, por el momento, se suavizaron las hostilidades contra los musulmanes. Pronto llegaron a Abisinia informes exagerados de la nueva situación, y algunos de los exiliados se pusieron inmediatamente a hacer preparativos para volver a la Meca; otros, Yafar entre ellos, decidieron proseguir durante un tiempo donde estaban.

Mientras tanto, los líderes del Quraysh concentraron sus esfuerzos para intentar persuadir al Profeta de que aceptase un compromiso. Ésta era la mayor aproximación que, con todo, habían hecho hacia él. Walid y otros jefes propusieron que todos debían practicar las dos religiones. El Profeta se salvó del problema de formular su negativa gracias a una repuesta inmediata que vino directamente del Cielo en una azora de seis versículos:

Di: Oh infieles, yo no adorará lo que vosotros adoráis, ni vosotros adoraréis lo que yo adoro, ni yo he adorado lo que vosotros adoráis, ni habéis adorado vosotros que yo adoro. Para vosotros es vuestra religión y para mí la mía. (CIX).
Como consecuencia, la momentánea buena voluntad había disminuido para cuando los exiliados que regresaban alcanzaron las lindes del recinto sagrado.
Excepto Yafar y Ubaydallah ibn Yahsh, todos los primos del Profeta volvieron. Con ellos vinieron también Uthman y Ruqayyah. Otro shamsí que regresó con Uthman fue Abu Hudayfah. Él podía confiar en su padre, Utbah, para que lo protegiera. Pero Abu Salamah y Umm Salamah no podían esperar más que persecución por parte de su propio clan; por ello, antes de entrar en la Meca, Abu Salamah envió un mensaje a su tío hashimí Abu Talib, pidiéndole protección, para lo cual éste se dispuso, con gran indignación del Majzum. "Has protegido de nosotros a tu sobrino Muhammad," dijeron, "pero, ¿por qué proteges a nuestro propio compañero de clan?" "Él es el hijo de mi hermana", dijo Abu Talib. "Si no protegiese al hijo de mi hermana, no podría proteger al hijo de mi hermano. No tuvieron más elección que la de reconocerle sus derechos de jefatura. Además, en esta ocasión Abu Lahab apoyó a su hermano, y el Majzum sabía que era uno de los más poderosos aliados contra el Profeta; así pues no quisieron ofenderlo. Por su parte, él quizás lamentaba haber manifestado tan claramente, en tiempos de la prohibición, el odio implacable que sentía por su sobrino. No es que su odio hubiera disminuido de ningún modo; pero deseaba mantener unas mejores relaciones con su familia. Y esto era debido a que después de la muerte de su hermano mayor él podría normalmente esperar ocupar su puesto como jefe del clan, y quizás fuese que entonces veía en Abu Talib señales de que el final de su vida estaba próximo.


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