Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 25
La Hora

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Uno de los argumentos más frecuentes de los incrédulos era que si Dios verdaderamente tenía un mensaje para ellos debía haber enviado un ángel. A esto el Corán respondía: Si hubiera en la tierra ángeles que anduvieran tranquilamente, habríamos hecho que los bajara del cielo un ángel enviado. (XVII, 95). El descenso de Gabriel de cuando en cuando no lo hacía un Enviado en el sentido coránico del término.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Para eso era necesario estar situado sobre la tierra entre el pueblo al que el mensaje se iba a revelar. La Revelación también decía: Quienes no ponen sus esperanzas en el encuentro con Nosotros dicen ¿Por qué no se nos envían ángeles o por qué no vemos a nuestro Señor? En verdad están demasiado orgullosos de si mismos y son enormemente insolentes. El día que vean a los ángeles no habrá buenas nuevas para los pecadores, y dirán: ¡Que haya una barrera infranqueable! (XXV, 21-22). Es decir, llamarán pero en vano, para que se restablezca la barrera entre el Cielo y la tierra. Ése será el final, cuando el contacto directo con el Cielo cause la destrucción de las condiciones terrenas del tiempo y espacio y la desintegración de la tierra misma. El día en que los hombres serán como polillas diseminadas y las montañas serán como lana cardada. (CI, 4-5). Y Un día que hará encanecer a los niños. (LXXIII, 17). En todo el Corán se anuncia continuamente este final. Es la Hora, que está cerca, al alcance de la mano. Los cielos y la tierra están cargados de ella. (VII, 187). Su momento no ha llegado todavía, y cuando las escrituras hablan de ello como cercano hay que recordar que Ciertamente un día con tu Señor es como mil años de los que vosotros contáis. (XXII, 47). Pero el periodo del mensaje es sin embargo una anticipación de la Hora.

Esto es según la naturaleza de las cosas, no de las cosas terrenas mismas, sino en un contexto más amplío. Porque si hay una intervención Divina para establecer una nueva religión, tiene que haber forzosamente un paso a través de la barrera existente entre el Cielo y la tierra, una abertura no tan grande como para transformar las condiciones terrenas pero lo suficiente como para hacer del tiempo de la misión del Profeta uno sumamente excepcional, como lo fueron los tiempos de Jesús, Moisés, de Abraham y de Noé. El Corán dice de la Noche de la Majestad, Laylat al-Qadr, la noche en que Gabriel se apareció a Muhammad en la cueva del Monte Hira: La Noche de la Majestad es mejor que mil meses. Los ángeles y el Espíritu descienden en ella. (XCVII, 3-4). Y algo de ese estado absolutamente incomparable se desbordó necesariamente en todo el período de la relación entre el Profeta y el Arcángel.
Anticipar la Hora es anticipar el Juicio: y el Corán no hacía mucho que había declarado ser al-Furqan, el Criterio, la Discriminación. Lo mismo tiene que aplicarse a todas las Escrituras reveladas, porque una Revelación es una presencia de lo eterno en lo efímero, y esa presencia espiritual precipita algo de un juicio final. Esto quiere decir que en muchos casos, independientemente por completo de lo que Muhammad pudiera profetizar, los destinos últimos del Paraíso o del Infierno se manifestaban claramente. Las profundidades ocultas del bien y del mal eran convocadas a la superficie. La presencia del Mensajero también tenía que operar un efecto paralelo, porque el poder de atracción de su guía media la total perversidad de quienes se oponían a ella, mientras que atraía a quienes la aceptaban a la misma órbita de su propia perfección.
Era inmediatamente comprensible que la Revelación debía hacer superarse a los buenos. Pero no sólo fue doloroso sino también motivo de perplejidad para muchos creyentes el que aquellos a quienes siempre habían considerado como no malos se convirtiesen de pronto en abiertamente malvados. El Corán les dice que tienen que esperar esto, porque sus versículos aumentan la oposición de sus peores enemigos.

Verdaderamente les hemos dado en este Corán abundantes razones para que presten atención; sin embargo, ello no hace sino aumentar su aversión. (XVII, 41)
Les damos causa para temer y, sin embargo, solamente aumenta su monstruosa rebeldía. (XVII, 60)

Nadie con anterioridad había sido consciente de la naturaleza fundamental de Abu Lahab; por tomar otro ejemplo, Abd al-Rahman ibn Awf había
sido incluso más o menos amigo del jefe de Yumah, Umayyah ibn Jalaf. El Corán ofrece un elevado paralelo al contar cómo se quejaba Noé a Dios de que su mensaje sólo servía para ensanchar la brecha entre él y la mayoría de su pueblo y para extraviarlos más aún.


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