Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 24
Divisiones familiares

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Alib y Aqil, los hijos mayores de Abu Talib, no habían seguido el ¡ejemplo de sus hermanos menores Yafar y Ah, sino que, al igual que su padre, habían permanecido sin convertirse pero tolerantes. La actitud de Abu Lahab era muy diferente: desde el reciente enfrentamiento con los líderes del Quraysh se había vuelto completamente hostil, y su esposa Umm Yamil, la hermana del líder shamsí Abu Sufyan, había concebido gran odio hacia el Profeta.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Entre ambos obligaron a sus dos hijos a repudiar a Ruqayyah y Umm Kulthum -no hay certeza de si los matrimonios ya se habían realizado o si todavía solamente estaban comprometidos. Sin embargo, la satisfacción de Umm Yamil por esta ruptura disminuyó cuando se enteró de que su rico primo umayya Uthman ibn Affan había pedido la mano de Ruqayyah y la había desposado. Este matrimonio fue muy grato al Profeta y a Jadiyah. Su hija era feliz y su nuevo yerno quería con verdadera devoción a su mujer y a sus suegros. Había también otra consideración que los obligaba a dar gracias: Ruqayyah era la más hermosa de sus hijas y una de las mujeres más bellas de su generación en toda la Meca, y Uthman era un hombre de señalada apostura. Ver a ambos juntos ya era por sí sola una razón para regocijarse. "Dios es Bello y ama la Belleza." No mucho tiempo después de su matrimonio, cuando ambos se encontraban ausentes de la Meca, el Profeta les envió un mensajero, el cual regresó luego mucho más tarde de lo que se esperaba. Cuando comenzó a presentar sus excusas, el Profeta lo interrumpió, diciendo: "Te diré, si lo deseas, qué es lo que te ha retrasado: permaneciste allí mirando fijamente a Uthman y a Ruqayyah y maravillándote por su belleza." (S.205)

La tía del Profeta, Arwa, se decidió por aquel entonces a abrazar el Islam. La causa inmediata de su decisión fue su hijo Tulayb, un joven de quince años, que recientemente había hecho la profesión de fe en casa de Arqam. Cuando se lo contó a su madre, ella dijo: "Si nosotros pudiéramos hacer lo que los hombres hacen, protegeríamos al hijo de nuestro hermano." Pero Tulayb se negó a aceptar vaguedad semejante. "¿Qué te impide abrazar el Islam", dijo él, "y seguirle? Tu hermano Hamzah lo ha hecho." Y cuando ella profirió su habitual excusa de esperar a sus hermanas, él la interrumpió diciendo: "Te ruego por Dios que vayas y lo saludes y le digas que crees en él y des testimonio de que No hay más dios que Dios." Ella hizo lo que le habían pedido, y, habiéndolo hecho, tomó coraje y reprendió a su hermano Abu Lahab por la forma de tratar a su sobrino.

Por lo que se refiere a los parientes de Jadiyah, tan pronto como el Islam se hizo conocido en la Meca, su medio hermano Nawfal se convirtió en uno de sus peores y más violentos enemigos. Esto, sin embargo, no evitó que su hijo Aswad abrazase la religión, lo cual fue para Jadiyah una compensación por la enemistad de Nawfal. Pero constituía un contratiempo el que su sobrino favorito, el shamsí Abu- l-As, que era desde hacía ya algunos años yerno suyo, no se hubiese convertido al Islam, al contrario que su mujer, Zaynab. Ahora los jefes de su clan y otros estaban ejerciendo una fuerte presión sobre Abu-l-As para que se divorciase de su mujer. Llegaron hasta el punto de sugerirle que buscase la novia más rica, mejor relacionada y más hermosa de las disponibles en la Meca, y le prometieron que si se divorciaba de Zaynab unirían sus fuerzas para arreglar el matrimonio en cuestión. Pero Zaynab y Abu- l-As se amaban profundamente: ella siempre albergaba la esperanza y pedía para que se uniese a ella en el Islam, y él, por su parte, dijo con firmeza a sus compañeros de clan que ya tenía a la mujer de su elección y que no quería a ninguna otra. Hakim, otro de los sobrinos de Jadiyah -el hijo de su hermano Hizam, que casi veinte años antes la había obsequiado con Zayd- conservó, de la misma manera que Abu-l-As, el afecto por su tía y su casa sin renunciar a los dioses del Ouraysh; a diferencia de Hakim, Jalid, su hermano, abrazó el Islam.

Ciertamente tú no puedes guiar a quien amas, pero Dios guía a quien le place. (XXVIII, 56). La verdad expresada en este versículo se repite continuamente en el Corán. Pero si tales Revelaciones ayudaban a aliviar el peso del sentido de responsabilidad del Profeta, no impedían, sin embargo, que se entristeciera por la aversión del primo maizumí, Abdallah. Otro caso semejante, que quizás le causaba incluso más tristeza, era el del hijo de su tío Harith, Abu Sufyan, su hermano de leche, primo suyo y en otro tiempo también amigo. Él había esperado que respondiese a su mensaje, mientras que por el contrario el mensaje abrió una brecha entre ellos, y la reserva y frialdad de Abu Sufyan aumentaron con el paso del tiempo, quizás por influencia de su tío Abu Lahab. A otros también les fue dado sentir la verdad del versículo citado arriba: Abu Bakr había sido seguido en el Islam por su esposa Umm Ruman y por Abdallah y Asma, su hijo e hija de otra mujer, probablemente entonces fallecida. Umm Ruman le acababa de dar una segunda hija a la que llamaron Aishah y que fue, al igual que Usamah el hijo de Zayd, uno de los primeros niños que nacieron en el Islam. Abu Bakr, sin embargo, aunque había sido responsable de tantas conversiones, era incapaz de convertir a su propio primogénito, Abd al-Kaabah, que resistía todos los intentos de su padre y su madre era hijo de Umm Ruman para persuadirlo a abrazar su religión.

Si los creyentes tuvieron decepciones, sus oponentes tuvieron la contrariedad de sentirse cara a cara con una nueva e incalculable presencia en la Meca que amenazaba desbaratar su forma de vida y frustrar todos sus proyectos para el futuro, especialmente los que se relacionaban con los planes para los matrimonios de sus hijos. Los Bani Majzum se habían alegrado cuando su compañero de clan, Abdallah, se había opuesto tan tajantemente en la Asamblea a su primo Muhammad. El hermano de Abdallah, Zuhayr, aunque algo menos hostil hacia la nueva religión, también se había resistido a abrazarla. Como Abdallah, él era hijo de Atikah, la hija de Abd al-Muttalib, pero su padre, ya fallecido, había tenido una segunda esposa también llamada Atikah, que le había dado una hija a la que llamaron Hind. La muchacha era una mujer de gran belleza, entonces con diecinueve años de edad, y no hacía mucho que había sido casada con el primo de sus dos medio hermanos, Abu Salamah, de la otra rama del Majzum. Todo el clan estaba satisfecho de este vínculo establecido entre las dos ramas. Grande fue por lo tanto su consternación cuando se conoció el Islam de Abu Salamah, grande, y doble cuando Hind -ó Umm Salamah, como siempre se la conoce- en lugar de abandonar a su marido se convirtió, como él, en uno de los más leales seguidores del Profeta.
Tras morir el padre de Abu Salamah, su madre, Barrah, se había casado con un hombre del clan qurayshi de Amir, del cual había tenido un segundo hijo conocido como Abu Sabrah. Suhayl, el jefe de Amir, había casado recientemente a su hija Umm Kulthum con Abu Sabrah. Barrah, a diferencia de su hermana Arwa, todavía no había abrazado el Islam; sin embargo, Abu Sabrah estaba sujeto a la influencia del Islam no solamente a través de su medio hermano Abu Salamah sino también por su madrastra, Maymunah, la segunda esposa de su padre. El Profeta se refería a Maymunah y a sus tres hermanas, las esposas de Abbas, Hamzah y Yafar, cuando dijo:

"Ciertamente las hermanas son sinceras creyentes." (I.S. VIII, 203). Y el matrimonio de Maymunah trajo al clan de Amir una poderosa presencia de fe.
Suhayl tenía otra hija, Sahlah, que había dado a Abu Hudayfah, el hijo del líder shamsí Utbah. En los últimos tiempos Amir había estado amentando su poder con rapidez y se pensó que este matrimonio era ventajoso para ambos clanes. Poco después, sin embargo, la pareja abrazó el Islam fueron seguidos, o precedidos, por la otra pareja, Abu Sabrah y Umm Kulthum De este modo Suhayl perdió dos hijas para la nueva religión, y dos yernos cuidadosamente escogidos. Igualmente perdió a sus tres hermanos, Hatib Salit y Sakran, y la esposa de Sakran, su prima Sawdah. Aun así, lo peor de todo desde el punto de vista de Suhayl era que su primogénito, Abdallah, también se había convertido en un fiel seguidor del Profeta. Abdallah abrigaba esperanzas de que su padre pudiera unírseles un día, y estas esperanzas eran compartidas por el Profeta mismo, porque Suhayl era un hombre de más piedad e inteligencia que la mayoría de los restantes líderes, e incluso se sabía que había hecho retiros espirituales. Pero hasta ahora se había mostrado hostil hacía la nueva fe, no de forma violenta pero sí decidida, y la desobediencia de sus hijos parecía haber tenido sobre él un efecto endurecedor.

En Abdu Shams, Abu Hudhayfah no era el único hijo de un líder que había desafiado la autoridad paterna. Jalid, que había soñado que el Profeta lo salvaba del fuego, había mantenido en secreto su Islam, pero su padre se enteró de ello y le ordenó que abjurase. Jalid dijo: "Moriré antes que renunciar a la religión de Muhammad" (I.S.IV i, 68), en vista de lo cual fue golpeado inmisericordemente y encerrado en una habitación sin alimento o bebida. Pero al cabo de tres días escapó, y su padre renegó de él sin tomar ninguna otra medida. Utbah fue menos violento y más paciente con Abu Hudhayfah, quien, por otra parte, estaba más apegado a su padre y esperaba que llegase a darse cuenta de los errores de la idolatría.

En cuanto a la línea umayya de Abdu Shams, además del Islam de Uthman y su matrimonio con Ruqayyah, se produjeron otras serias pérdidas. Muchos de sus confederados de los Baní Asad ibn Juzaymah habían profesado igualmente su fe en la nueva religión, catorce en total incluyendo a la familia de los Yahsh que, como primos del Profeta, eran sin duda los líderes. Con estos apreciados confederados Abu Sufyan, el jefe umayya, perdió también a su propia hija, Umm Habibah, a la que había casado con Ubayd AlIad ibn Yahsh, el hermano menor de Abdallah.

En el clan de Adi, en una de sus principales familias, la fuerza del vínculo de la verdad para romper vínculos menores se había prefigurado en la última generación. Nufayl había tenido dos hijos, Jattab y Amr, de dos esposas diferentes; a la muerte de Nufayl, la madre de Jattab se casó con su hijastro Amr y le dio un hijo al que llamaron Zayd. Jattab y Zayd eran casi medio hermanos por parte de madre. Zayd era uno de los pocos hombres que, como Waraqah, veía las prácticas idólatras del Quraysh en lo que realmente eran y no solamente rehusaba tomar parte en ellas él mismo sino que incluso se negaba a comer cualquier cosa que hubiese sido sacrificada a los ídolos. Proclamaba que él adoraba al Dios de Abraham, y no vacilaba en rechazar a su gente en público. Jattab, por su parte, un seguidor incondicional de las prácticas ancestrales del Quraysh, estaba escandalizado por la falta de respeto de Zayd hacia los dioses y diosas que ellos adoraban. Así pues lo acosó hasta el punto de obligarlo a abandonar la hondonada de la Meca y a vivir en las colinas que la dominaban; e incluso organizó una banda de jóvenes a los que dio instrucciones para que no permitiesen a Zayd acercarse al Santuario. En vista de esto el proscrito dejó el Hiyaz y se marchó hasta Mosul en el norte de Iraq y desde allí se dirigió hacia el sudoeste, a Siria, siempre interrogando a los monjes y rabinos acerca de la religión de Abraham, hasta que finalmente conoció a un monje que le dijo que estaba próximo el tiempo en que aparecería un Profeta en el mismo país que había abandonado, que predicaría la religión que él estaba buscando. Zayd volvió entonces sobre sus pasos, pero cuando pasaba por el territorio de los Lajm, en la frontera meridional de Siria, fue atacado y muerto. Cuando Waraqah se enteró de su muerte compuso una elegía en alabanza suya. El Profeta también lo elogió y dijo de él que el día de la Resurreccion será resucitado como si tuviera, él sólo, la valía de un pueblo." (1.1.145).

Muchos años habían pasado ya desde la muerte de Zayd; Jattab también había muerto y su hijo Omar mantenía buenas relaciones con Said, el hijo de Zayd, que se había casado con Fatimah, la hermana de Omar. La grieta entre las dos líneas de la familia se había cerrado. Pero con la llegada del Islam, Said fue uno de los primeros en convertirse, mientras que Omar, cuya madre era hermana de Abu Yahl, se convirtió en uno de sus oponentes más encarnizados. Fatimah siguió a su marido, pero no se atrevían a decirselo a su hermano, conociendo su naturaleza violenta. Omar era acosado por el Islam también por otro lado: su mujer Zaynab era hermana de Uhman el hijo de Mazun del clan de Yumah, y este Uthman era por naturaleza un asceta y había tenido tendencias hacia el monoteísmo antes del descenso de la Revelación. Él y sus dos hermanos estuvieron entre los primeros que respondieron a ella, y ellos y Zaynab tenían también tres sobrinos que habían abrazado el Islam. De Zaynab misma, la esposa de Omar, nada se sabe correspondiente a este período, sin duda porque, con quienquiera que estuviesen sus simpatías, tenía poderosas razones para guardarlas en secreto. Su hermano Uthman era incluso más intransigente que Omar, aunque menos violento.

Zaynab y sus hermanos eran primos menores del jefe de su clan, Umayyah ibn Jalaf, que era uno' de los enemigos más implacables del Islam como lo era su familia más próxima. Fue su hermano Ubayy quien un día presentó un hueso podrido al Profeta y le dijo: "Muhammad, ¿afirmas tu a pesar de todo, que Dios puede devolver esto a la vida?" Entonces, con una sonrisa desdeñosa desmenuzó el hueso en su mano y arrojó los fragmentos a la cara del Enviado, que dijo: "Aún y así, ciertamente afirmo: Él lo resucitará citará, y a ti también cuando estés como este hueso está ahora. Luego El te hará entrar en el fuego." (1.1.145). La siguiente Revelación se refiere a Ubayy: Se olvidó de su propia creación y dijo: ¿Quién dará vida a los huesos cuando estén podridos? Di: Quien les dio la existencia una primera vez, les dará la vida de nuevo. (XXXVI, 78)


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