Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 20
Abu Yahl y Hamzah

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El crecimiento ininterrumpido del número de los creyentes en la Meca trajo consigo un incremento correspondiente de la hostilidad de los incrédulos. Un día, cuando algunos de los principales hombres del Quraysh se hallaban reunidos en el Hichr atizándose implacablemente entre sí la cólera contra el Profeta, sucedió que éste en persona entró en el Santuario.
Dirigiéndose hacia la esquina oriental de la Kaabah, besó la Piedra Negra y comenzó a dar las siete vueltas

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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Cuando pasó junto al Hichr elevaron sus voces profiriendo ignominiosas calumnias contra él; por la expresión de su rostro estaba claro que había escuchado sus palabras. Pasó junto a ellos de nuevo una segunda vez y volvieron a difamarlo Pero, mientras hacía lo mismo la tercera vez que pasaba a su lado, se detuvo y dijo: "¡Oh Quraysh! ¿Queréis escucharme? ¡Ciertamente que, por Aquél en cuyas manos está mi alma, os traigo inmolación!"

Esta palabra y la forma en que la dijo pareció dejarlos paralizados como por hechizo. Ninguno de ellos se movió ni habló, hasta que al fin el silencio fue roto por uno de los que se habían mostrado más violentos, diciendo con toda amabilidad:
"Sigue tu camino, ¡oh Abu-l-Qasim!, porque, por Dios, tú no eres un necio ignorante." Sin embargo, no duró mucho el respiro, porque pronto comenzaron a culparse a sí mismos por haberse atemorizado tan inexplicable-mente, y juraron que, en el futuro, habrían de enmendar esta debilidad pasajera.

Uno de los peores enemigos del Islam era un hombre de Majzum llamado Amr y conocido por su familia y amigos como Abu-l-Hakam, nombre que los musulmanes no tardaron en convertir en Abu Yaht, "el padre de la ignorancia". Era nieto de Mugirah y sobrino del ya entrado en años Walid, que era el jefe del clan. Abu Yahl estaba seguro de que sucedería a su tío, y ya se había establecido una cierta posición en la Meca a través de su riqueza y su hospitalidad ostentosa, y en parte también por haberse hecho temido a causa de su implacabilidad y prontitud para vengarse de cualquiera que se le opusiera. Había sido el más incansable de todos los hombres que habían controlado las entradas de la Meca durante la reciente Peregrinación y el más ruidoso en su denuncia del Profeta como un brujo peligroso. Era también el primero a la hora de perseguir a los creyentes más indefensos de su propio clan, y de incitar a otros clanes a hacer lo mismo. Pero un día, a pesar suyo y de manera indirecta, rindió a la nueva religión un gran servicio.

El Profeta se encontraba sentado fuera de la Mezquita, cerca de la Puerta de Sala, llamada así porque los peregrinos salían por ella para cumplir el rito de pasar siete veces entre la colina de Safa, que está cerca de la Puerta, y la colina de Marwah, a unos 450 metros hacia el norte. Una roca cerca del pie de Safa señala el punto de inicio del antiguo rito, y el Profeta se hallaba solo en este lugar santificado cuando Abu Yahl entró en la Mezquita para unirse a los qurayshíes que estaban reunidos en el Hichr. El Profeta, embargado por la tristeza, se puso de pie y regresó a su casa.

Apenas se había marchado cuando, por la dirección opuesta, apareció Hamzah de vuelta de caza, con el arco colgando del hombro. Tenía por costumbre, siempre que regresaba de cazar, hacer los honores a la Casa Sagrada antes de reunirse con su familia. Viéndolo acercarse, cerca de la Puerta de Safa, una mujer salió de su casa y lo abordó. Era ella una liberta del ya fallecido Abd Allah ibn Yudan de Taym, el hombre que veinte años antes había sido uno de los principales introductores del pacto de caballería, "Hilf al-Fudul." Los Yudan eran primos de Abu Bakr, y ella misma, mostrándose bien dispuesta hacia el Profeta y su religión, se había sentido ultrajada por los insultos de Abu Yahl, todas y cada una de cuyas palabras había acertado a oír. "Abu Umarah,"' le dijo a Hamzah, "ojalá hubieses visto cómo Muhammad, el hijo de tu hermano, fue tratado hace un momento por Abu-l-Hakam, el hijo de Hisham. Lo encontré aquí sentado, y de la forma más odiosa lo injurió y vilipendió. Luego lo dejó" ella señaló entonces hacia la Mezquita para indicar a dónde había ido "y Muhammad no respondió ni una palabra." Hamzah, hombre de naturaleza amable y maneras sencillas, era sin embargo el hombre más valiente del Quraysh, y cuando se excitaba podía llegar a ser el más formidable y el más inflexible. Su fornido cuerpo se sintió sacudido entonces por una cólera como nunca había experimentado antes, y su cólera liberó algo en su alma, dando conclusión a una resolución ya medio formada. Entrando a grandes zancadas en la Mezquita se fue derecho hacia Abu Yahl, y, de pie, por encima de él, alzó su arco y lo descargó con todas las fuerzas sobre su espalda. "¿Quieres insultarlo," dijo "ahora que yo soy de su religión y ahora que afirmo lo que él afirma? Devuélveme golpe por golpe, si puedes." A Abu Yahl no le faltaba coraje, aunque en esta ocasión, evidentemente, sintió que era mejor dar por concluido el incidente. Así, cuando algunos de los majzumíes presentes se levantaron con la intención de ayudarlo, él les hizo señas para que se sentasen, diciendo: "Dejad a Abu Umarah, porque por Dios que injurié al hijo de su hermano de una forma absolutamente repugnante."


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