Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 19
Aws y Jazrach
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Las tribus de Aws y Jazrach tenían alianzas con algunas de las tribus judías que vivían junto a ellas en Yathrib. Pero las relaciones entre unos y otros a menudo eran tensas y cargadas de hostilidad, debido en gran parte a que los monoteístas judíos, conscientes de ser el pueblo elegido por Dios, despreciaban a los árabes politeístas, mientras que al mismo tiempo tenían que mostrarles cierto respeto a causa de su mayor poderío.

 

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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En momentos de aspereza y frustración se sabía que los judíos decían: "Prácticamente ha llegado ya el tiempo de un Profeta que tiene que ser enviado; con él os daremos muerte, del mismo modo que Ad e Iram fueron muertos."' Y a sus rabinos y adivinos, cuando se les preguntaba por dónde vendría el Profeta; siempre habían señalado en la dirección del Yemen, que era también para ellos la de la Meca. Así pues, cuando los árabes de Yathrib oyeron que de hecho un hombre en la Meca se proclamaba ahora profeta, aguzaron bien los oídos, y su interés se acrecentó cuando se les contó algo sobre su mensaje, porque ya les eran familiares muchos de los principios de la religión ortodoxa. En momentos de mayor distensión, los judíos les hablaban con frecuencia de la Unidad de Dios y de los fines últimos del hombre, y discutían juntos sobre estos temas. La idea de que resucitarían de la muerte era especialmente difícil de aceptar para los politeístas, y, advirtiendo esto, uno de los rabinos había señalado hacia el sur y había dicho que de allí estaba a punto de llegar un Profeta que afirmaría la verdad de la Resurrección.
Pero su preparación mayor para las noticias de la Meca había venido indirectamente de un judío Tíamado Ibn al-Hayyaban. Emigrado de Siria, en más de una ocasión había salvado de la sequía al oasis gracias a sus plegarias en petición de lluvia. Este hombre santo había muerto por la época en que el Profeta recibió su primera Revelación, y cuando se había sentido próximo a morir como les contaron posteriormente a Aws y a Jazrach- dijo a quienes lo rodeaban: "¡oh judíos! ¿Qué fue, pensad, lo que me hizo abandonar una tierra de pan y vino por una tierra de privaciones y hambre?" "Tú eres quien mejor lo sabe", le respondieron. "Vine a este país", les contestó, "esperando la llegada de un Profeta cuyo tiempo está cerca. Él emigrará a este país. Tenía esperanzas de que me hubiera dado tiempo de seguirle. Su hora la tenéis encima." (1.1.136). De entre quienes oyeron estas palabras, algunos jóvenes judíos las tomaron muy en serio, y gracias a ellas pudieron, cuando llegó el momento, aceptar al Profeta aun no siendo judío.

Pero en general, mientras que los árabes se mostraban a favor del hombre pero contrarios al mensaje, los judíos estaban a favor del mensaje pero contra el hombre. Porque ¿cómo podría enviar Dios un Profeta que no fuera del pueblo elegido? Con todo, cuando los peregrinos traían a Yathrib noticias del Profeta los judíos se interesaban a pesar suyo y vehementemente interrogaban para que les diesen más detalles. Cuando los árabes del oasis se dieron cuenta de esta vehemencia y vieron de qué modo la naturaleza monoteísta del mensaje aumentaba diez veces más el interés de los rabinos, no pudieron evitar sentirse impresionados, como lo estaban los mismos portadores de las nuevas.
Aparte de tales consideraciones, la tribu de Jazrach era plenamente consciente de sus fuertes lazos de parentesco con el mismo hombre que decía ser un profeta y que había visitado Yathrib con su madre siendo niño, y, posteriormente, más de una vez de camino hacia Siria. En cuanto a los Aws, uno de sus hombres principales, Abu Qays, se había casado con una mequí que era tía de Waraqah y también de Jadiyah. Abu Qays había residido a menudo con la familia de su mujer, y respetaba la opinión de Waraqah sobre el nuevo profeta.
Todos estos factores, además de los continuos informes de los peregrinos y de otros visitantes de la Meca, comenzaron a trabajar entonces sobre la población del oasis. Por el momento la mayor parte de su atención se centraba en los urgentes problemas de sus propios asuntos internos. Una disputa que había terminado en derramamiento de sangre entre Aws y Jazrach había involucrado progresivamente a un número cada vez mayor de clanes de las dos tribus. Incluso los judíos habían tomado partido. Ya se habían librado tres batallas, pero, en lugar de ser decisivas, sólo habían conseguido excitar más los ánimos, multiplicando las exigencias de venganza. Parecía inevitable una cuarta batalla de dimensiones mayores que las anteriores, y fue a la vista de esto que los jefes del Aws tuvieron la idea de enviar una delegación a la Meca para pedir al Quraysh su ayuda contra Jazrach.

Mientras estaban esperando una respuesta el Profeta se acercó a ellos y les preguntó si querían algo mejor que aquello a por lo que habían venido. Le dijeron que qué podría ser, y él les habló de su misión y de la religión que había recibido la orden de predicar. Luego les recitó algo del Corán, y cuando hubo terminado, un joven llamado Iyas, hijo de Muadh, exclamó:

"¡Compañeros, por Dios que esto es mejor que aquello a por lo que vinimos!", pero el jefe de la delegación tomó un puñado de tierra y lo arrojó a la cara del joven, diciendo: "¡Cállate! ¡Por mi vida, hemos venido a por otra cosa!" Iyas se quedó callado y el Profeta los dejó. El Quraysh denegó su petición de ayuda y se volvieron para Medina. Poco después de esto murió Iyas, y aquellos que presenciaron su muerte dijeron que, incesantemente, lo habían escuchado dar testimonio de la Unidad de dios, y magnificarlo, alabarlo y glorificarlo hasta el final. De este modo, se le reconoce como el primer hombre de Yathrib que abrazó el Islam.


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