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El,
por consiguiente, se trajo a sus parientes más
cercanos de entre los qurayshíes y los asentó
en el valle, junto al Santuario: su hermano Zuhrah,
su tío Taym, Majzum, el hijo de otro tío,
y uno o dos primos menos cercanos. Estos y su descendencia
fueron conocidos como el Quraysh de la Hondonada; mientras
que a los parientes más lejanos de Qusayy, establecidos
en los barrancos de las colinas circundantes y en los
campos, más allá de la ciudad, se les
conoció como el Quraysh de los alrededores. Qusayy
gobernó como rey sobre todos ellos, con poder
indiscutido, y cada año le pagaban un tributo
por sus rebaños para poder alimentar a los peregrinos
que eran demasiado pobres para abastecerse ellos mismos.
Hasta entonces los guardianes del Santuario habían
vivido en tiendas en torno a éste, pero Qusayy
les dijo que se construyeran casas, habiéndose
ya él edificado una espaciosa morada que era
conocida como la Casa de la Asamblea.
Reinaba
la armonía, pero la simiente de la discordia
estaba a punto de ser sembrada. Una acusada característica
del linaje de Qusayy era que en cada generación
hubiese un hombre de preeminencia indiscutible. Entre
los cuatro hijos de Qusayy este hombre era Abdu Manaf,
que ya recibía honores en vida de su padre. Pero
Qusayy prefería a su primogénito, Abd
al-Dar, aunque era el menos capacitado de todos; y poco
antes de su muerte le dijo: "Hijo mío, igualaré
tu rango al de los otros a pesar de que los hombres
les honran más que a ti. Nadie entrará
en la Kaabah excepto a quien tú se la abras,
ninguna mano salvo la tuya anudará para el Quraysh
su insignia de guerra, ni ningún peregrino extraerá
agua para beber en la Meca si tú no le das el
derecho para ello, ni comerá alimento si no es
suministrado por ti, ni el Quraysh decidirá sobre
ningún asunto si no es en tu casa."1 Habiéndole
así investido con todos sus derechos y poderes,
le transfirió la propiedad de la Casa de la Asamblea.
Por devoción filial, Abdu Manaf aceptó
sin discutir los deseos de su padre; pero en la generación
siguiente la mitad del Quraysh se agrupó alrededor
del hijo de Abdu Manaf, Hashim, sin duda el hombre más
notable de su tiempo, y exigió que los derechos
fueran transferidos del clan de Abd al-Dar a su clan.
A Hashim y a sus hermanos los apoyaban los descendientes
de Zuhra y Jaym, al igual que los descendientes de Qusayy
excepto los de la línea mayor. Los descendientes
de Majzum y de otros primos lejanos mantenían
que los derechos debían permanecer en la familia
de Abd al-Dar. Los sentimientos se excitaron tanto que
las mujeres del clan de Abdu Manaf llevaron junto a
la Kaabah una jofaina llena de rico perfume, y Hashim
y sus hermanos y todos los aliados mojaron en ella sus
manos y juraron solemnemente que nunca se abandonarían
los unos a los otros, frotando sus manos perfumadas
sobre las piedras de la Kaabah para confirmar su pacto.
Fue así como este grupo de clanes fue conocido
como los Perfumados. Los aliados de Abd al-Dar hicieron
igualmente juramento de unión, y se les conoció
como los Confederados. La violencia estaba estrictamente
prohibida no sólo en el Santuario sino también
dentro de un amplio círculo de varias millas
de diámetro alrededor de la Meca.
Los
dos bandos estaban a punto de salir del recinto sagrado
para entablar una batalla a muerte cuando se sugirió
un compromiso, y se acordó que los hijos de .Abdu
Manaf deberían tener los derechos de cobrar tributo
y proveer a los peregrinos de alimento y bebida, mientras
que los hijos de Abd al-Dar conservarían las
llaves de la Kaabah y sus otros derechos, y que su casa
continuaría siendo la Casa de la Asamblea.
Los
hermanos de Hashim se mostraron de acuerdo en que él
debía tener responsabilidad del abastecimiento
de los peregrinos. Cuando se acercó la época
de la Peregrinación, Hashim se levantó
en la asamblea y dijo: "¡Oh, hombres de Quraysh!
vosotros sois los vecinos de Dios, la gente de su Casa,
y en esta fiesta vienen a vosotros los visitantes de
Dios, los peregrinos, a su Casa. Son los huéspedes
de Dios y ningún huésped tiene más
derecho a vuestra generosidad que Sus huéspedes.
Si mi propia riqueza fuese suficiente no os cargaría
con este peso." (1.1,87).
Hashim
era tenido en gran honor, tanto en casa como fuera de
ella. Fue él quien estableció los dos
grandes trayectos de caravanas que salían de
la Meca, la caravana de Invierno al Yemen y la caravana
de Verano al noroeste de Arabia, y, más allá
de ésta, a Palestina y Siria, entonces bajo gobierno
bizantino como parte del Imperio Romano. Ambos trayectos
discurrían a lo largo de la antigua ruta del
incienso y una de las primera paradas principales de
las caravanas de verano era el oasis de Yathrib, a once
jornadas en camello al norte de la Meca. Este oasis
había estado en otro tiempo habitado principalmente
por judíos, pero ahora lo controlaba una tribu
árabe procedente de Arabia meridional. Los judíos,
sin embargo, siguieron viviendo allí con notable
prosperidad, tomando parte en la vida general de la
comunidad a la vez que mantenían su propia religión.
Por lo que se refiere a los árabes de Yathrib,
tenían ciertas tradiciones matriarcales y se
les conocía colectivamente como los hijos de
Qaylah, por uno de sus antepasados. Pero ahora se habían
ramificado en dos tribus que se llamaban Aws y Jazrach,
por los dos hijos de Qaylah.
Una
de las mujeres más influyentes de Jazrach era
Salma, la hija de Amr, del clan de Nayyar, y Hashim
le pidió que se casase con él. Ella consintió
a condición de que el control de sus asuntos
permaneciese por completo en sus propias manos, y cuando
le dio un hijo mantuvo consigo al niño en Yathrib
alrededor de catorce años. Hashim no sentía
aversión por esto ya que a pesar de la fiebre
del oasis, que era más un peligro para los visitantes
que para los que allí habitaban, el clima era
más sano que el de la Meca. Él, además,
iba a menudo a Siria y permanecía con Salma y
su hijo a la ida y a la vuelta. Pero la vida de Hashim
no estaba destinada a ser larga. Durante uno de sus
viajes enfermó en Gaza, Palestina, y allí
murió.
Hashim
tenía dos hermanos carnales, Abdu Shams y Muttalib,
y un medio hermano, Nawfal. Abdu Shams se encontraba
sumamente ocupado con el comercio en Yemen y, más
tarde, también en Siria, mientras que Naiwfal
no lo estaba menos en Iraq, también a causa del
comercio, y ambos se ausentaban de la Meca durante largos
períodos. Por éstas y quizás también
por otras razones el hermano pequeño de Hashim,
Muttalib, se hizo cargo de los derechos del abastecimiento
de agua a los peregrinos y de recoger el tributo para
alimentarlos, y ahora sintió que era su deber
pensar sobre el asunto de su propio sucesor. Hashim
había tenido tres hijos de otras esposas aparte
de Salma. Pero si era cierto todo lo que se decía,
ninguno de éstos, como tampoco ninguno de los
hijos del propio Muttalib, podía compararse con
el hijo de Salma. A pesar de su juventud, Shaybah, así
le había llamado su madre, ya mostraba inequívocas
dotes de mando y continuamente llegaban a la Meca excelentes
informes de él traídos por viajeros que
pasaban por el oasis. Finalmente, Muttalib fue a verlo,
y lo que vio le incitó a solicitar a Salma que
le confiase el cuidado de su sobrino. Salma no estaba
dispuesta a dejar marchar a su hijo y el muchacho se
negaba a abandonar su madre sin su consentimiento. Aun
así, Muttalib no se desanimó e hizo ver
a ambos, madre e hijo, que las posibilidades que podía
ofrecer Yathrib no podían compararse con las
de la Meca. Por su condición de custodios de
la Casa Sagrada, el gran centro de peregrinación
para toda Arabia, el Quraysh era considerado y respetado
por encima de cualquier otra tribu árabe y era
muy probable que Shaybah desempeñase un día
la función que su padre había tenido,
convirtiéndose así en uno de los jefes
del Quraysh. Para ello tenía, en primer lugar,
que integrarse en su gente. Ningún simple exiliado
llegado de fuera podía alcanzar tal honor. Salma
quedó impresionada por sus argumentos; además,
sí su hijo se marchaba a la Meca le sería
fácil visitarlo allí, del mismo modo que
él podría visitarla; así pues,
permitió que partiese. Muttalib montó
a su sobrino consigo en el camello, y mientras cabalgaban
hacia la Meca oyó que algunos curiosos decían
al ver al joven desconocido: "Abd al-Muttalib",
es decir, "el siervo de al-Muttalib". "Os
equivocáis", dijo, "él es nada
menos que el hijo de mi hermano Hashim". Las risas
con que recibieron sus palabras no fueron sino el preludio
de la diversión que se produjo en toda la ciudad
cuando la historia de la metedura de pata corrió
de boca en boca, y, desde aquel día, el joven
fue conocido cariñosamente como Abd al-Muttalib.
Poco
tiempo después de su llegada, se vio envuelto
en una disputa acerca de los bienes de su padre con
su tío Nawfal, pero con la ayuda de su tío
tutor y la presión ejercida desde Yathrib, Abd
al-Muttalib pudo asegurar sus derechos. Y no iba a decepcionar
las esperanzas que su temprano porvenir había
despertado. Cuando, después de varios años,
falleció Muttalib, nadie disputó la capacidad
de su sobrino para atender a los peregrinos. Incluso
se decía que sobrepasaba a su padre y a su tío
en el cumplimiento de su labor.
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