Muhammed
su vida basada en las fuentes mas antiguas
Martin Lings

 
 

Capítulo 3
El Quraysh de la hondonada

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UNA de las tribus árabes más poderosas descendientes de Abraham era la de Quraysh. Alrededor de cuatrocientos años después de Cristo, un hombre de Quraysh llamado Qusayy se casó con una hija de Hulayl, que entonces era el jefe de los Juzaah. Hulayl prefería su yerno a sus propios hijos porque Qusayy destacaba entre los árabes de su tiempo; y al morir Hulayl, después de una violenta batalla que concluyó en arbitraje, se acordó que Qusayy debía gobernar la Meca y ser el guardián de la Kaabah.

Este libro esta integrado por 85 capitulo que se presentan en orden correlativo

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El, por consiguiente, se trajo a sus parientes más cercanos de entre los qurayshíes y los asentó en el valle, junto al Santuario: su hermano Zuhrah, su tío Taym, Majzum, el hijo de otro tío, y uno o dos primos menos cercanos. Estos y su descendencia fueron conocidos como el Quraysh de la Hondonada; mientras que a los parientes más lejanos de Qusayy, establecidos en los barrancos de las colinas circundantes y en los campos, más allá de la ciudad, se les conoció como el Quraysh de los alrededores. Qusayy gobernó como rey sobre todos ellos, con poder indiscutido, y cada año le pagaban un tributo por sus rebaños para poder alimentar a los peregrinos que eran demasiado pobres para abastecerse ellos mismos. Hasta entonces los guardianes del Santuario habían vivido en tiendas en torno a éste, pero Qusayy les dijo que se construyeran casas, habiéndose ya él edificado una espaciosa morada que era conocida como la Casa de la Asamblea.

Reinaba la armonía, pero la simiente de la discordia estaba a punto de ser sembrada. Una acusada característica del linaje de Qusayy era que en cada generación hubiese un hombre de preeminencia indiscutible. Entre los cuatro hijos de Qusayy este hombre era Abdu Manaf, que ya recibía honores en vida de su padre. Pero Qusayy prefería a su primogénito, Abd al-Dar, aunque era el menos capacitado de todos; y poco antes de su muerte le dijo: "Hijo mío, igualaré tu rango al de los otros a pesar de que los hombres les honran más que a ti. Nadie entrará en la Kaabah excepto a quien tú se la abras, ninguna mano salvo la tuya anudará para el Quraysh su insignia de guerra, ni ningún peregrino extraerá agua para beber en la Meca si tú no le das el derecho para ello, ni comerá alimento si no es suministrado por ti, ni el Quraysh decidirá sobre ningún asunto si no es en tu casa."1 Habiéndole así investido con todos sus derechos y poderes, le transfirió la propiedad de la Casa de la Asamblea.
Por devoción filial, Abdu Manaf aceptó sin discutir los deseos de su padre; pero en la generación siguiente la mitad del Quraysh se agrupó alrededor del hijo de Abdu Manaf, Hashim, sin duda el hombre más notable de su tiempo, y exigió que los derechos fueran transferidos del clan de Abd al-Dar a su clan. A Hashim y a sus hermanos los apoyaban los descendientes de Zuhra y Jaym, al igual que los descendientes de Qusayy excepto los de la línea mayor. Los descendientes de Majzum y de otros primos lejanos mantenían que los derechos debían permanecer en la familia de Abd al-Dar. Los sentimientos se excitaron tanto que las mujeres del clan de Abdu Manaf llevaron junto a la Kaabah una jofaina llena de rico perfume, y Hashim y sus hermanos y todos los aliados mojaron en ella sus manos y juraron solemnemente que nunca se abandonarían los unos a los otros, frotando sus manos perfumadas sobre las piedras de la Kaabah para confirmar su pacto. Fue así como este grupo de clanes fue conocido como los Perfumados. Los aliados de Abd al-Dar hicieron igualmente juramento de unión, y se les conoció como los Confederados. La violencia estaba estrictamente prohibida no sólo en el Santuario sino también dentro de un amplio círculo de varias millas de diámetro alrededor de la Meca.

Los dos bandos estaban a punto de salir del recinto sagrado para entablar una batalla a muerte cuando se sugirió un compromiso, y se acordó que los hijos de .Abdu Manaf deberían tener los derechos de cobrar tributo y proveer a los peregrinos de alimento y bebida, mientras que los hijos de Abd al-Dar conservarían las llaves de la Kaabah y sus otros derechos, y que su casa continuaría siendo la Casa de la Asamblea.

Los hermanos de Hashim se mostraron de acuerdo en que él debía tener responsabilidad del abastecimiento de los peregrinos. Cuando se acercó la época de la Peregrinación, Hashim se levantó en la asamblea y dijo: "¡Oh, hombres de Quraysh! vosotros sois los vecinos de Dios, la gente de su Casa, y en esta fiesta vienen a vosotros los visitantes de Dios, los peregrinos, a su Casa. Son los huéspedes de Dios y ningún huésped tiene más derecho a vuestra generosidad que Sus huéspedes. Si mi propia riqueza fuese suficiente no os cargaría con este peso." (1.1,87).

Hashim era tenido en gran honor, tanto en casa como fuera de ella. Fue él quien estableció los dos grandes trayectos de caravanas que salían de la Meca, la caravana de Invierno al Yemen y la caravana de Verano al noroeste de Arabia, y, más allá de ésta, a Palestina y Siria, entonces bajo gobierno bizantino como parte del Imperio Romano. Ambos trayectos discurrían a lo largo de la antigua ruta del incienso y una de las primera paradas principales de las caravanas de verano era el oasis de Yathrib, a once jornadas en camello al norte de la Meca. Este oasis había estado en otro tiempo habitado principalmente por judíos, pero ahora lo controlaba una tribu árabe procedente de Arabia meridional. Los judíos, sin embargo, siguieron viviendo allí con notable prosperidad, tomando parte en la vida general de la comunidad a la vez que mantenían su propia religión. Por lo que se refiere a los árabes de Yathrib, tenían ciertas tradiciones matriarcales y se les conocía colectivamente como los hijos de Qaylah, por uno de sus antepasados. Pero ahora se habían ramificado en dos tribus que se llamaban Aws y Jazrach, por los dos hijos de Qaylah.

Una de las mujeres más influyentes de Jazrach era Salma, la hija de Amr, del clan de Nayyar, y Hashim le pidió que se casase con él. Ella consintió a condición de que el control de sus asuntos permaneciese por completo en sus propias manos, y cuando le dio un hijo mantuvo consigo al niño en Yathrib alrededor de catorce años. Hashim no sentía aversión por esto ya que a pesar de la fiebre del oasis, que era más un peligro para los visitantes que para los que allí habitaban, el clima era más sano que el de la Meca. Él, además, iba a menudo a Siria y permanecía con Salma y su hijo a la ida y a la vuelta. Pero la vida de Hashim no estaba destinada a ser larga. Durante uno de sus viajes enfermó en Gaza, Palestina, y allí murió.

Hashim tenía dos hermanos carnales, Abdu Shams y Muttalib, y un medio hermano, Nawfal. Abdu Shams se encontraba sumamente ocupado con el comercio en Yemen y, más tarde, también en Siria, mientras que Naiwfal no lo estaba menos en Iraq, también a causa del comercio, y ambos se ausentaban de la Meca durante largos períodos. Por éstas y quizás también por otras razones el hermano pequeño de Hashim, Muttalib, se hizo cargo de los derechos del abastecimiento de agua a los peregrinos y de recoger el tributo para alimentarlos, y ahora sintió que era su deber pensar sobre el asunto de su propio sucesor. Hashim había tenido tres hijos de otras esposas aparte de Salma. Pero si era cierto todo lo que se decía, ninguno de éstos, como tampoco ninguno de los hijos del propio Muttalib, podía compararse con el hijo de Salma. A pesar de su juventud, Shaybah, así le había llamado su madre, ya mostraba inequívocas dotes de mando y continuamente llegaban a la Meca excelentes informes de él traídos por viajeros que pasaban por el oasis. Finalmente, Muttalib fue a verlo, y lo que vio le incitó a solicitar a Salma que le confiase el cuidado de su sobrino. Salma no estaba dispuesta a dejar marchar a su hijo y el muchacho se negaba a abandonar su madre sin su consentimiento. Aun así, Muttalib no se desanimó e hizo ver a ambos, madre e hijo, que las posibilidades que podía ofrecer Yathrib no podían compararse con las de la Meca. Por su condición de custodios de la Casa Sagrada, el gran centro de peregrinación para toda Arabia, el Quraysh era considerado y respetado por encima de cualquier otra tribu árabe y era muy probable que Shaybah desempeñase un día la función que su padre había tenido, convirtiéndose así en uno de los jefes del Quraysh. Para ello tenía, en primer lugar, que integrarse en su gente. Ningún simple exiliado llegado de fuera podía alcanzar tal honor. Salma quedó impresionada por sus argumentos; además, sí su hijo se marchaba a la Meca le sería fácil visitarlo allí, del mismo modo que él podría visitarla; así pues, permitió que partiese. Muttalib montó a su sobrino consigo en el camello, y mientras cabalgaban hacia la Meca oyó que algunos curiosos decían al ver al joven desconocido: "Abd al-Muttalib", es decir, "el siervo de al-Muttalib". "Os equivocáis", dijo, "él es nada menos que el hijo de mi hermano Hashim". Las risas con que recibieron sus palabras no fueron sino el preludio de la diversión que se produjo en toda la ciudad cuando la historia de la metedura de pata corrió de boca en boca, y, desde aquel día, el joven fue conocido cariñosamente como Abd al-Muttalib.

Poco tiempo después de su llegada, se vio envuelto en una disputa acerca de los bienes de su padre con su tío Nawfal, pero con la ayuda de su tío tutor y la presión ejercida desde Yathrib, Abd al-Muttalib pudo asegurar sus derechos. Y no iba a decepcionar las esperanzas que su temprano porvenir había despertado. Cuando, después de varios años, falleció Muttalib, nadie disputó la capacidad de su sobrino para atender a los peregrinos. Incluso se decía que sobrepasaba a su padre y a su tío en el cumplimiento de su labor.


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