El Secreto de los Secretos
 
 

PREFACIO

"Y cuando vuestro Señor dijo a los ángeles, Yo voy a colocar en la tierra un vicerregente ... y El enseñó a Ad n todos los nombres ... Y cuando Nosotros dijimos a los ángeles: Hagan homenaje a
Adán, ellos hiciéronle homenaje ...
(Sura Al-Baqarah, 2:30, 31, 34)

Cuando Allah creó a Adán (Quiera Allah ser complacido con é‚l) lo hizo superior a los ángeles al dotarle con el conocimiento de la esencia de la creación entera. Los Nombres enseñados a Adán (Quiera Allah ser complacido con él) eran los atributos y las cualidades de Allah. Cada divina cualidad especial involucrada en la creación de un objeto se manifiesta en él. Cuando Adán (Quiera Allah ser complacido con él) recibió los Nombres, todas esas cualidades fueron implantadas dentro de su ser, y por medio de ellas él comprendió el universo entero.

Allah le colocó entonces dentro del mundo para servir como Su
vicerregente. Los descendientes de Adán (Quiera Allah ser complacido con él) heredaron este don como una capacidad potencial, que varía de Individuo en individuo de acuerdo a su naturaleza. Así como difieren los talentos de las personas, también lo hacen sus grados de
responsabilidad para con Allah, y las formas particulares que han de asumir sus vicerregencias. Aún en los niveles más elevados esto es válido, y así es como se encuentra ejemplificado en la Sura Kahf (18:60/82) por los diferentes roles jugados por Moisés (Quiera Allah bendecirle), quien fue la corporización de la rectitud moral, y por Khidr (Quiera Allah bendecirle) que se constituyó en el evidenciador de la intuición mística. Sin embargo, la suprema vicerregencia, universal y abarcante, se manifestó en el Profeta Muhammad (Que la Paz
y las Bendiciones de Allah sean con él).

Para todo individuo es necesario entender la naturaleza y alcances
de esta aptitud potencial. Solamente entonces podrá aquilatar sus
vínculos reales con el universo así como con su Creador, y cumplir su misión, la función de vicerregencia que ha aceptado. Y únicamente en tales circunstancias tomar comprensión del significado y sentido profundos de los divinos decretos traídos por el Santo Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Faltando esta penetración se da el peligro de que las enseñanzas de la religión permanezcan como una escasa vestidura externa a la que se adhiere superficialmente, pero que no es activada desde lo interno.

Cuando ocurre esto, la práctica de la religión se torna una regla de
costumbres y convenciones, y la presencia de Allah dentro del corazón no se realiza. Si bien es cierto que el Paraíso está prometido a quienes simple y sencillamente siguen las órdenes de Allah y las instrucciones del Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con ‚l), también está dicho que "Aquellos de entre vosotros que son creyentes, y los de conocimiento serán elevados en su rango" (Sura Al-Muyadilah, 58:11), e igualmente que, "Son iguales los sabios a los ignorantes?" (Sura Al-Zumar, 39:9).

Prologo

Introduccion

Introduccion al Lector
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Capitulo I: El Regreso del hombre a su fuente original
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Capitulo II: El descenso del Hombre a lo mas bajo de lo mas bajo
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Capitulo III: El descenso del Hombre a lo mas bajo de lo mas bajo
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Capitulo IV: Sobre el Conocimiento
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Capitulo V: Sobre el arrenpentimiento y la enseñanza mediante la palabra
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Capitulo VI: Sobre el Misiticismo Islámico y los Sufíes

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Capitulo VII: Sobre la Recordacion
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Capitulo VIII: Las Condiciones Necesarias para la Recordacion
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Capitulo IX: Sobre la Vision de Allah
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Capitulo X: Los velos de la Luz
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Capitulo XI: El Jubilo de ser bueno y el Sufrimiento de ser rebelde
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Capitulo XII: Los Derviches
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Capitulo XIII: Sobre la Purificacion del Ser
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Capitulo XIV: Sobre el significado de la Adoracion Ritual
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Capitulo XV: Sobre la Purificacion del Hombre perfecto
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Capitulo XVI: Sobre la Caridad
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Capitulo XVII: Sobre el Ayuno prescripto por la religion y el
Ayuno espiritual

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Capitulo XVIII: Sobre la Peregrinacion a la Mecca
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Capitulo XIX: Sobre atestiguar la Divina Verdad

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Capitulo XX: Sobre el Apartamiento del Mundo dentro de la Reclusion
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Capitulo XXI: Sobre las Plegarias y Recitaciones 
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Capitulo XXII: Sobre los Sueños
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Capitulo XXIII: Sobre los Seguidores del Sendero Mistico
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Capitulo XXIV: Postfacio
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La Sura Al-Waqi'ah nos muestra que la división final de la humanidad ser hecha en tres categorías y no únicamente en dos las gentes destinadas al Infierno, las gentes destinadas al Paraíso, y, de entre los últimos, las gentes "más cercanas a Allah" (Sura Al-Waqi'ah 56:7-11).

En el recuento final, aquellos que se han esforzado y hayan sido bendecidos con el conocimiento de sí mismos y de su Señor, obtendrán un nivel más alto. Porque este saber aumenta el amor de uno por Allah y el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), y cuanto más uno ama, más cerca puede aproximarse. Con tal comprensión, uno entiende que las prácticas de la religión son la forma de la
sabiduría, y que mediante la aceptación de la forma uno apresa la substancia. Los modos y maneras de aprehender la substancia dentro de la forma constituyen lo que se llama Sufismo.

"Sirr al-asr r" , brinda dentro de su breve extensión la esencia substancial del Sufismo. Aunque muchos Sufíes habían escrito antes que él, fue Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani, quiera Allah ser complacido con él, quien más claramente definió el sendero y explicó los términos que desde entonces, han tomado uso aceptado. En este libro él da una exposición Sufi de los deberes fundamentales del Islam - plegaria, ayuno, caridad y peregrinación. Al hacerlo, construye un puente entre sus dos más famosos trabajos, "Ghunyat al-t libin", `Riqueza para los Buscadores', cuyo propósito es inspirar a hombres y mujeres a ser
buenos Musulmanes practicantes, y "Futuh al-ghayb", `Revelación de lo Desconocido', una tardía colección de conferencias sobre temas
místicos. A menos que uno pase a través de "Sirr al-asr r" puede que no sea capaz de apreciar todo lo que el Sheikh dice en "Futuh al-ghayb". Así, "Sirr al-asr r" es un portal de ingreso a la ciudad
del conocimiento.

Al traducir este libro al inglés, el Sheikh Tosun Bayrak ha rendido un enorme servicio a quienes no saben árabe o no logran hallar el texto en su lenguaje original. Si es la voluntad de Allah, este trabajo iluminar muchísimas almas, y conducir a los que ya han recibido iluminación dentro de las más altas regiones del
conocimiento.

Quiera Allah hacer llover las bendiciones sobre el alma de Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani, quiera Allah ser complacido con él, y conducirnos a todos nosotros dentro de ese más profundo y más alto reino del saber, para que podamos todos ser elevados a la condición de aquellos `más cercanos a Allah.

Sayed Ali Ashraf Director General, Academia Islámica Cambridge



INTRODUCCION DEL TRADUCTOR
Sheikh Tosun Bayrak a l-Jerrahi al-Halveti

El venerable Muhyiddin Abu Muhammad `Abdul-Qadir al-Jilani, que su alma sea santificada, es `al-ghawth al-a`zam'- la manifestación del atributo de Allah de `el Todo-Poderoso', que escucha el grito pidiendo ayuda y salva a quienes lo necesitan, y `al-qutb al-a`zam' - el polo, el centro, la cumbre de la evolución espiritual, el gobernante espiritual del mundo, la fuente de la sabiduría, el contenedor de todo conocimiento, el ejemplo de la fe y del Islam; un verdadero heredero de la perfección del Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), un hombre perfecto, y el fundador de la Qadiriyya, la mística orden que se ha expandido a lo lejos y a lo ancho y ha preservado el verdadero significado del Sufismo Islámico a través de esos siglos hasta nuestros tiempos.

Nació en el año 470 A.H. (1077-78 E.C.) en la región llamada al-Jil en lo que hoy en día es Irán. Esta fecha se basa en la declaración que hizo a su hijo en relación a que contaba dieciocho años cuando fue a Baghdad, el año que murió el famoso erudito al-Tamimi. Esto ocurrió en el año 488 D.H. Su madre, Ummul-Khayr Fátima bint al-Sheikh `Abdullah Sem¡, pertenecía al linaje del Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), a través del nieto de este, el venerable Husayn. Su madre relata lo siguiente:

Mi hijo `Abdul-Qadir nació en el mes de Ramadán. Sin importar mis persistentes esfuerzos se rehusaba a mamar durante las horas del día. Durante toda su infancia, jamás probó alimento durante el mes de ayuno.

Cierto Ramadán durante su infancia, el comienzo del mes cayó en un día nublado en el que la gente no podía ver la luna nueva. Ignorando si el mes de ayuno estaba realmente iniciado o no, fueron a ver a Ummul-Khayr y le preguntaron si el niño había tomado algún alimento ese día. En vista que no era así, asumieron que el ayuno había comenzado.

El venerable `Abdul-Qadir relata lo siguiente:

Cuando yo era un niño pequeño, todos los días era visitado por un ángel bajo la forma de un hermoso hombre joven. El caminaba junto a mí desde nuestro hogar hasta la escuela y hacía que los niños me diesen un lugar en la primera fila de la clase. El permanecía conmigo durante el día entero y luego me llevaba de regreso a mi
hogar. Yo aprendía en un solo día más que todo cuanto los otros estudiantes lograban en una semana. Quien era él, yo lo ignoraba.

Un día se lo pregunté y me dijo, `Yo soy uno de los ángeles de Allah. El me envió a ti y me pidió que permaneciese contigo mientras tu estudies.'

Hablando nuevamente sobre su niñez, nos relata:

Cada vez que surgía en mí el deseo de ir a jugar con los otros niños, escuchaba una voz diciéndome: `Ven a Mí en lugar de ello, Oh bendito, ven a Mí.' En mi terror yo huía, a buscar apoyo en los brazos de mi madre. Hoy en día, aún en mis más intensas devociones y largos retiros, no puedo escuchar esa voz tan claramente como entonces.

Cuando alguien le preguntó que fue lo que le llevó a su elevado nivel espiritual, contestó: `La veracidad que le prometí a mi madre.' Y a continuación, relató la siguiente historia:

Cierto día, en las vísperas de `Id al-Adha , fui a nuestros campos para ayudar a labrar el terreno. Mientras caminaba detrás del buey, éste giró su cabeza, me miró y dijo: 'Tú no has sido creado para esto!' Yo me asusté mucho, corrí a mi hogar y me trepé al techo plano de la casa. Mientras miraba, vi los peregrinos reunidos en las planicies de `Arafat, en Arabia, como si se hallasen delante mío. Fui a ver a mi madre, que para ese entonces ya era viuda, y le pedí, `Envíame al sendero de la Verdad, dame permiso para ir a Baghdad, adquirir conocimiento, vivir con los sabios y con los cercanos a Allah.' Mi madre me preguntó cuál era el motivo para este súbito pedido. Yo le conté lo que me había pasado. Ella lloró, pero trajo ochenta piezas de
oro, que era cuanto mi padre nos había dejado como herencia. Puso a un costado cuarenta piezas para mi hermano y las otras cuarenta, las cosió dentro de la axila de mi chaqueta. Luego ella me dió permiso para partir, pero antes de dejarme ir, me hizo prometerle que diría la verdad y sería veraz, sin importar lo que
pasara. Luego me envió con estas palabras; `Quiera Allah protegerte y guiarte, hijo mío. Yo me separo de lo que me es más he querido, por el amor de Allah. Sé que no podré verte nuevamente hasta el día del Juicio Final.'

Me uní a una pequeña caravana que iba con rumbo a Baghdad. Mientras estábamos dejando atrás la ciudad de Hamad , nos atacó una banda de ladrones formada por sesenta jinetes. Se apoderaron de todo cuanto tenía cada uno de nosotros. Uno de ellos se llegó hasta mí y me interrogó: `Joven, qué tienes tú?' Le contesté que
tenía cuarenta piezas de oro. Me dijo: `Dónde?' Le repliqué: `Debajo de mi axila.' Se rió y me dejó solo. Otro bandido se acercó y me demandó lo mismo, y le dije la verdad. El también me dejó solo. Deben haber comentado el incidente a su líder, porque este me llamó al lugar donde estaban dividiendo el botín y me
preguntó si tenía algo de valor. Yo le expliqué que poseía cuarenta piezas de oro, cosidas dentro de mi chaqueta, debajo de mi brazo. El se apoderó de mi chaqueta, desgarró la axila, y
halló el oro. Entonces me preguntó, lleno de asombro: `Cuando tu dinero se hallaba seguro, qué fue lo que te impulsó a persistir en decirnos que lo tenías y su escondite?' Le contesté `Yo debo decir la verdad bajo cualquier circunstancia, tal y como se lo prometí a mi madre.' Cuando el jefe de los bandidos escuchó esto,
rompió en llanto y se lamentó: `Yo he renegado de mi promesa a Quien me creó. He robado y he matado. Qué me pasará ?' Y los otros, al verlo dijeron, `Tú has sido nuestro líder todos estos años en el pecado. ­ Sé ahora también nuestro líder en el arrepentimiento!' Todos ellos, los sesenta, se aferraron a mí mano, se arrepintieron, y enderezaron sus caminos. Esos sesenta fueron los primeros que tomaron mi mano y hallaron el perdón de
sus pecados.

Cuando el venerable `Abdul Qadir llegó a Baghdad, tenía dieciocho años de edad. Al arribar a las puertas de la ciudad, apareció Khidr y le impidió el paso. Le comunicó que era la orden de Allah que durante los siete años siguientes, no entrase a Baghdad.

Khidr le llevó a unas ruinas en el desierto y le dijo: `Quédate aquí, y no abandones este lugar.' Permaneció allí durante tres años.

Cada año, Khidr aparecía ante él y le decía que continuase donde se hallaba.

El santo relata sobre estos años: Durante mi estadía en los desiertos en las afueras de Baghdad, todo cuanto parece bello, pero es temporal y de este mundo, vino para seducirme. Allah me protegió de sus perjuicios. El Diablo, apareciéndose bajo diferentes maneras y formas, continuamente se acercaba a mí, a tentarme, para molestarme y para combatirme. Allah me hizo victorioso sobre él. Mi ego me visitaba diariamente en mi propia forma y apariencia, rogándome que fuera su amigo. Cuando yo me rehusaba, me atacaba. Allah me otorgó la victoria en mi lucha sin fin contra él. A su tiempo fui capaz de hacerle mi prisionero y le mantuve conmigo durante todos esos años, forzándole a permanecer en las ruinas del desierto. Durante un año entero comí el pasto y las raíces que pude encontrar y no bebí nada de agua. Otro año bebí agua, pero no comí ni una brizna
de alimento. Durante otro año, ni comí, ni bebí, ni dormí. A través de todo este tiempo, mi vida transcurrió en las ruinas de los antiguos reyes de Persia, en Karkh. Caminaba descalzo por encima de las espinas y no sentía nada. Cuando a veces, veía una colina, la trepaba. No concedí ni un minuto de descanso o de respiro a mi ego, a los deseos inferiores de mi carne.

Al final de los siete años escuché una voz en la noche: `Oh 'Abdul-Qadir, ahora se te permite entrar en Baghdad'.

Llegué a Baghdad y pasé unos pocos años allí. Muy pronto no pude soportar la rebelión, la maldad, y las intrigas que dominaban la ciudad. Para salvarme del daño de esta ciudad degenerada y para resguardar mi fe, partí. Todo lo que llevé conmigo fue mi Corán. Cuando estaba llegando a los portales de la ciudad, en mi camino al aislamiento en el desierto, escuché una voz: `Dónde vas? dijo ella , `Vuelve. Tú debes servir a la gente.'

`Qué me importa la gente?' protesté `Tengo que salvar mi fe!'
`Regresa, y jamás temas por tu fe, la voz continuó,
`Nada te hará daño nunca.' Yo no pude ver al que hablaba. Entonces algo me ocurrió.

Cortados mis vínculos con el mundo exterior, caí en un estado de meditación interna. Hasta el día siguiente me concentré en un deseo y supliqué a Allah que El pudiese apartar los velos para mí de modo que yo supiese lo que debería hacerse.

Al día siguiente, mientras estaba deambulando a través de una vecindad llamada Muzaffariyya, un hombre a quien yo jamás había visto abrió la puerta de su casa y me llamó: `Ven, entra, `Abdul-Qadir!' Cuando estaba llegando a su puerta, él me dijo: `Dime, que deseabas tú de Allah? Qué fue lo que suplicaste ayer?'
Yo estaba helado, con estupefacción. No podía hallar palabras para responderle. El hombre escrutó mi cara y cerró la puerta de un golpe con tal violencia que se levantó el polvo todo alrededor mío y me cubrió desde la cabeza hasta los pies. Me alejé preguntándome qué era lo que había pedido a Allah el día anterior. Luego recordé. Regresé para decírselo al hombre, pero no pude encontrar la casa ni a él. Yo estaba muy preocupado, ya que me dí cuenta que se trataba de un hombre cercano a Allah. De
hecho, más tarde pude saber que era Hammd al-Dabbs, quien se convirtió en mi sheikh.

En una noche fría y lluviosa, una mano invisible condujo a Hazrat `Abdul-Qadir hacia el `tekke', la logia mística, del Sheikh Hammd ibn Muslim al-Dabbs. El sheikh, sabiendo por divina inspiración de su venida, había hecho cerrar las puertas de su logia y apagar las luces.

Cuando `Abdul-Qadir se sentó en el umbral de la puerta cerrada, le llegó el sueño. Tuvo una emisión nocturna, por lo que fue al río, se bañó, e hizo su ablución. Se durmió nuevamente, y ocurrió lo mismo siete veces durante esa noche. Cada vez, él se bañaba y hacía su ablución en las heladas aguas del río. A la mañana, las puertas fueron abiertas y él entró a la logia Sufi. El Sheikh Hammd se puso de pie para recibirlo. Llorando de alegría, lo abrazó, y le dijo: `Oh hijo mío `Abdul-Qadir, la buena fortuna es nuestra hoy, pero mañana será
tuya. No abandones jamás este sendero.' El Sheikh Hammd se convirtió en su primer maestro en las ciencias del misticismo. Fue tomando su mano que realizó los votos e ingresó en el sendero de los Sufíes.

El relata: Estudié‚ con muchos maestros en Baghdad, pero cada vez que no lograba entender algo, o llegaba a un secreto que yo deseaba conocer, era el Sheikh al-Dabbs quien me iluminaba. Algunas veces lo dejaba para buscar conocimiento de otros para aprender teología, tradiciones, ley religiosa, y otras ciencias. Cada vez
que regresaba, él me decía: `Adónde has estado? Nosotros hemos tenido tantos alimentos maravillosos para nuestros cuerpos, mentes, y almas mientras tú te habías ido, y no hemos guardado nada para ti!' Otras veces, él decía: `Por el amor de Allah, adónde vas? Acaso hay alguien por aquí que sepa más que tú?'

Sus derviches me hostigaban sin descanso, y me decían: `Tú eres un hombre de leyes y un hombre de letras, un hombre de conocimiento, un hombre de ciencia. Qué tienes que hacer entre nosotros? Porqué no te vas?' Y el sheikh los amonestaba y les decía: `Que la vergüenza caiga sobre ustedes! Yo juro que no hay nadie como él entre ustedes. Ninguno de vosotros se elevará más allá de los dedos de sus pies! Si ustedes piensan que yo soy áspero con él, y me imitan, sepan que lo hago para traerle a la perfección y para probarlo. Yo le veo en el reino espiritual robusto como una roca, tan grande como una montaña.'

Hazrat `Abdul-Qadir fue el ejemplo más claro del hecho de que, en el Islam, la búsqueda del conocimiento constituye una obligación sagrada para todos los hombres y las mujeres, desde la cuna hasta la tumba.
El siguió a los más grandes sabios de su época. Memorizó el Sagrado Corán y aprendió su interpretación de `Ali Abul-Waf al-Qayl, Abul-Khattb Mahu£z, y Abul-Hasan Muhammad al-Q d¡. De acuerdo a ciertas fuentes, él estudió con Q d¡ Ab£ Sa`¡d al-Mub rak ibn `Al¡ al-Muharram¡, el más grande sabio de su tiempo en Baghdad.

No obstante que Hazrat `Abdul-Q dir adquirió las ciencias del sendero místico del
Sheikh Hammd al-Dabbs y entró al camino Sufi por su mano, le fué dado el manto derviche, el símbolo del manto del Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con ‚el), por Qadr Abu Said. El linaje
espiritual de Qadr Abu Sa`id pasa a través del Sheikh Abdul-Hasan `Alí ibn Muhammad al-Qurashi, Abdu-Faraj al-Tarsus¡, al-Tamimi, el Sheikh Abu Bakr al-Shibli, Abdul-Qasim al-Junayd, Sari al-Saqati, Ma`ruf al-Karkhi, Dawud al-T, Habib al-`Ajam, y Hasan al-Basri, hasta Hazrat `Alí ibn Abu Talib. Hazrat `Alí tomó el manto de servicio de las manos de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), el Amado del Señor del Universo, y él del arcángel Gabriel, y él de la Divina Verdad.

Alguien preguntó al Sheikh `Abdul-Qadir qué había recibido él, de Allah El Más Elevado. Su respuesta fue:

`Buena conducta y conocimiento.' Qadi Abu Said al-Muharram¡ dijo, `Sin duda, `Abdul-Qadir al-Jilani tomó el manto del derviche de mi mano, pero mi propio manto de servicio me llegó también de su mano.'

Abu Sa`id al-Muharram¡ enseñaba en una escuela que le pertenecía, situada en B b al-`Azj en Baghdad. Mas tarde entregó esa escuela al Sheikh `Abdul-Qadir, quien comenzó su enseñanza allí.

El Sheikh `Abdul-Qadir tenía más de cincuenta años para ese momento. Sus palabras eran tan efectivas y milagrosas que transformaban a los que las escuchaban. Sus estudiantes y congregación aumentaron en
número muy rápidamente. Muy pronto no había más lugar para acomodar a sus seguidores, dentro o alrededor de la escuela.

El Sheikh `Abdul-Q dir nos cuenta sobre los comienzos de su enseñanza:

Una mañana ví al Mensajero de Allah. El me preguntó: "Porqué no hablas? Yo dije, `No soy más que un persa, cómo podría hablar en el hermoso idioma árabe de Baghdad?' `Abre tu boca,' me dijo. Yo lo hice. El sopló su aliento siete veces dentro de mi boca y dijo, `Ve, encara la humanidad e invítalos al sendero de tu Señor con sabias y bellas palabras.'

Yo hice mi plegaria del mediodía, y al darme vuelta vi mucha gente esperando que yo hablara. En ese instante, me excité mucho y mi lengua se atascó. Entonces se presentó el bendito Imam `Alí El se acercó hasta mí y me pidió que abriese mi boca, luego sopló su propio aliento dentro de ella, por seis veces. Yo le pregunté:
`Porqué no has soplado siete veces, como lo ha hecho el Mensajero de Allah?' El dijo, `Debido a mi respeto hacia él,' y desapareció.

Desde mi boca brotaron las palabras: `La mente es un buceador, que se sumerge en las profundidades del mar del corazón para encontrar las perlas de la sabiduría. Cuando él las trae a las orillas de su ser, se vuelcan fuera en forma de palabras que surgen de sus labios, y con ellas él compra inapreciables devociones en los mercados de adoración de Allah ... ' Después dije: `En una noche como una de las mías, si uno de vosotros
matase sus bajos deseos, esa muerte poseería un sabor tan dulce, que él ya no podría degustar ninguna otra cosa en este mundo!'

A partir de ese momento, ya fuera que estuviese despierto o dormido, cumplí mi deber de enseñar. Había en mí una tan inmensa cantidad de sabiduría sobre fe y religión. Si no hablaba y la volcaba fuera, sentía que finalizaría ahogándome. Al comenzar a enseñar, tenía solamente dos o tres estudiantes. Cuando me escucharon, su número aumentó a setenta mil. Ni la escuela ni sus alrededores alcanzaban para contener a sus seguidores. Se hizo necesario ubicar más espacio. Ricos y pobres colaboraron para añadir edificios, los ricos contribuyendo financieramente, y los pobres con su esfuerzo. También las mujeres de Baghdad hicieron su labor. Una joven que se desempeñaba sin paga, como obrera, trajo a su esposo, el que no consentía en hacerlo gratis, y se lo presentó al sheikh. `Este es mi esposo,' explicó. `He recibido veinte piezas de oro de él como dote. Le devolveré sin cargo la mitad, y por la otra mitad deseo que él trabaje aquí.' Acto seguido, entregó a Hazrat `Abdul-Qadir el oro, y el hombre comenzó su tarea. Cuando el dinero se terminó continuó en su puesto. No obstante, el sheikh siguió pagándole, porque sabía que estaba necesitado.

Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani era la autoridad, el Imam, en materia religiosa, teología y la ley, así como el líder de las ramas Shafi y Hanbal del Islam. Era un hombre de gran sabiduría y conocimiento.

Todos se beneficiaban con él. Sus plegarias eran inmediatamente aceptadas, tanto cuando oraba por el bien como cuando lo hacía por castigo. Llevó a cabo muchos milagros. El era un hombre perfecto, de consciencia continua y permanente recuerdo de Allah, meditando, pensando, tomando, y dando lecciones. Poseía un corazón tierno, una gentil naturaleza y una faz sonriente. Era sensitivo y tenía los mejores modales. Gozaba de un carácter aristocrático, desinteresado y dadivoso, tanto de cosas materiales como de consejo y conocimiento. Amaba la gente, pero particularmente a quienes eran creyentes y servían y adoraban al Uno en Quien ellos creían.

Su porte era varonil y vestía bien. No hablaba excesivamente, pero cuando lo hacía, su lenguaje era rápido, y cada vocablo, cada sílaba eran nítidos. Su discurso era bello y veraz. Decía la verdad sin temores, porque no le preocupaba si era elogiado o criticado y condenado.

Cuando el Califa al-Muqtaf¡ nombró a Yahya ibn Said, en el cargo de Qadi, o Juez Principal, Hazrat `Abdul-Qadir le acusó en público, diciendo: `Tú has nombrado al peor de los tiranos como juez sobre los creyentes. Veamos como respondes por ti mismo mañana cuando seas presentado ante el Gran Juez, el Señor del Universo!' Al escuchar esto, el califa empezó a temblar y rodaron sus lágrimas. El juez fue inmediatamente removido.

La población de la ciudad de Baghdad era presa de degeneración moral y en las conductas. A través de su influencia, la mayor parte de las gentes de la ciudad se arrepintieron y siguieron la correcta moral y las prescripciones del Islam. El llegó a ser amado y respetado por todos, y su influencia se esparció por todos los confines. Así como los justos le amaban, los opresores y los perversos le temían. Mucha gente, incluyendo reyes, visires y sabios se llegaron hasta él para plantearle interrogantes y buscar soluciones. Muchos Judíos y
Cristianos abrazaron el Islam a través suyo.

Había en Baghdad un sacerdote muy sabio e influyente, que tenía muchos seguidores. Este hombre poseía un vasto conocimiento, no sólo de las tradiciones Judaica y Cristiana, sino también del Islam. Era versado en el Islam y el Sagrado Corán, y sentía gran amor y aprecio por el Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). El califa respetaba al sacerdote y confiaba que él y sus seguidores se convertirían en Musulmanes algún día. De cierto, estaba listo para aceptar la religión, salvo por una cosa. El obstáculo que se lo impedía, lo que no podía aceptar ni comprender, era la ascensión física a los cielos del Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), durante su tiempo de vida.

La Ascensión tuvo lugar cuando una noche, el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) fue llevado en cuerpo y alma desde Medina hasta Jerusalén, y desde allí hasta los siete cielos, donde vio muchas cosas. Visitó el Paraíso y el Infierno, y fue más allá de ellos para encontrarse con su Señor, Quien habló noventa mil palabras con él. Regresó antes que su lecho se hubiese enfriado, y antes que una hoja que había tocado al pasar hubiese cesado de estremecerse.

La mente del sacerdote no podía aceptar la ascensión del Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) y su regreso para contarla. En verdad, cuando el mismo Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), la declaró al día siguiente en que tuviese lugar, muchos Musulmanes no creyeron, y abandonaron su religión. Esto constituye una prueba para la fe‚ verdadera, ya que la mente no puede concebir algo así.

El califa presentó al sacerdote a todos los sabios y maestros de esa época, a fin de cancelar sus dudas, pero ninguno de ellos obtuvo el éxito. Entonces una noche él envió un mensaje a Hazrat `Abdul-Qadir, preguntándole si él podía convencer al sacerdote de la verdad de la Ascensión.

Cuando Hazrat `Abdul-Qadir llegó al palacio, halló al sacerdote y al califa jugando al ajedrez. Mientras el sacerdote levantaba una pieza del juego para moverla, sus ojos se encontraron con los del sheikh.

Parpadeó ... y al abrirlos nuevamente, ­ se halló a sí mismo ahogándose en un correntoso río! Gritó pidiendo ayuda y un joven pastor saltó al río para salvarlo. Cuando el pastor lo aferró se dio cuenta que estaba desnudo, y que se había transformado en una joven muchacha!

El pastor la sacó del agua y le preguntó de quién era hija, y donde vivía. Al mencionar el sacerdote a Baghdad, el pastor dijo que se encontraban a una distancia de unos pocos meses de viaje de esa ciudad. El pastor la honró, la mantuvo y protegió, pero eventualmente, ya que ella no tenía lugar adonde ir, se casó con ella. Tuvieron tres hijos, que fueron creciendo.

Cierto día, mientras ella lavaba ropa en el mismo río donde había aparecido muchos años antes, se resbaló y cayó al agua. Cuando abrió
sus ojos, el sacerdote se encontró a sí mismo sentado enfrente del califa, sosteniendo la pieza de ajedrez y aún mirando a los ojos de Hazrat `Abdul-Qadir, el que le dijo: `Ahora, venerable sacerdote, todavía tú descrees?'

No enteramente seguro de lo que le había pasado, y pensando que se trataba de un sueño, respondió con las palabras: `Qué quieres decir?' Quizás te agradaría ver a tu familia?' inquirió el santo. Cuando él abrió las hojas de la puerta, allí estaban parados, el pastor y los tres niños. Al ver esto, el sacerdote creyó. El y su congregación se hallan entre los cinco mil Cristianos, que se convirtieron en Musulmanes por las manos de Hazrat `Abdul-Qadir.

En su enseñanza y su servicio a la humanidad, aplicó cualidades que heredó de los más elevados. El dijo:
Un maestro espiritual no lo es verdaderamente a menos que posea doce cualidades.

Dos de ellas provienen de los atributos de Allah El Más Elevado. Estas son:

1- El ocultar las faltas del hombre y del resto de la creación, no solamente a otros, sino aún de sí mismos, y

2- el tener compasión y perdón para inclusive el peor de los pecados.

Dos cualidades son heredadas del Profeta Muhammad (Que la paz y las Bendiciones de Allah sean con él)

3- Amor

4- Y dulzura.

De Hazrat Abu Bakr, el primero de los cuatro Califas, un verdadero maestro, hereda

5- veracidad,

6- honestidad

7- y sinceridad, así como devoción y generosidad.


De Hazrat `Umar

8- justicia,

9- e imponer lo correcto e impedir la maldad.


De Hazrat `Uthman,

10- Humildad, y permanecer despierto y orar mientras el resto de la humanidad sigue dormida.


De Hazrat `Ali,

11-Conocimiento

12- Coraje.

El fue un padre devoto para todas las decenas de miles de sus seguidores. Los conocía por su nombre, y cuidaba de sus asuntos mundanos, así como de sus condiciones espirituales. Les ayudaba y salvaba de desastres, aún cuando se encontrasen en el otro extremo del mundo. Era un niño con los niños, y los trataba con las más profunda de las ternuras y compasiones. Con aquellos mucho más viejos que él, se convertía en aún más anciano que ellos, y les brindaba su respeto. El mantenía el trato con los pobres y los débiles; no buscaba la compañía de los famosos o de los poderosos. Con tales gentes se comportaba como si fuese el rey del verdadero Rey.

Uno de los hijos de su sirviente relataba que su padre, Muhammad Ibn al-Khidr, sirvió al Sheikh `Abdul-Qadir durante trece años. Jamás notó que ninguna mosca se posara en él, ni tampoco jamás lo observó sonarse
la nariz. Aunque el sheikh trataba a los débiles y pobres con gran
respeto, su servidor jamás lo vio levantarse cuando llegaban sultanes, ni tampoco él los visitaba, ni comía del alimento de ellos, excepto
una sola vez. Cuando se presentaba un rey a visitarlo, él abandonaba la sala de recepción y regresaba después que el rey y su comitiva estaban acomodados, de manera que todos ellos se veían obligados a
levantarse para saludarlo. Cuando escribía una misiva al califa, decía que `Abdul-Qadir le ordenaba hacer esto o aquello, y que era una obligación del califa el obedecerle, ya que él era su líder. Cuando el califa recibía tales cartas, él las besaba antes de leerlas, y decía: `El sheikh tiene razón, ­ sin duda él está diciendo la verdad!'

Uno de los grandes juristas de esa ‚poca, Abu-Hasan, relata: Yo escuché‚ al califa al-Muqtafi decir a su ministro Ibn Hubayra:`El Sheikh `Abdul-Qadir me está ridiculizando, subrayando muy claro a cuantos están alrededor suyo que me está aludiendo a mí.

Me han informado que apuntó a una palmera datilera en su huerto y dijo "Mejor que te comportes. No vayas demasiado lejos o haré que te decapiten!" Ve a él, háblale en privado y dile: "Tú no debes satirizar ni amenazar al califa. Has de saber que el rango del califa es sagrado y ha de ser respetado."

El vizir Ibn Hubayra fue al sheikh y lo halló en compañía de una vasta multitud. Al hablar, súbitamente en cierto punto, declaró: "De cierto, a él también lo decapitaría". El visir percibió que el sheikh se refería a él mismo, y aterrorizado huyó y le relató al califa lo que había ocurrido. Este se conmovió hasta las lágrimas y dijo: "Verdaderamente, el sheikh es grande."

Y fue a verlo él mismo. El sheikh le dio muchos consejos y el califa lloró y lloró.'

No obstante que era extraordinariamente compasivo y tenía el mejor carácter y modales - gentil y caritativo, cumplidor de sus promesas era justo, e inflexible en su justicia. Jamás mostró indignación por nada que a él le fuera hecho, pero si se cometía alguna acción perversa en perjuicio de la fe‚ y de la religión, su ira se hacía
motivo de pavor, y su castigo era rápido y riguroso. Un sheikh de ese tiempo, Abu-Najib al-Suhrawardi, cuenta:

En el año 523 de la Hégira, yo estaba con el Sheikh Hammd, el maestro del Sheikh `Abdul-Qadir, quien también estaba presente.

El Sheikh `Abdul-Qadir hizo una declaración grandilocuente. Ante ella, el Sheikh Hammd le dijo: `Oh `Abdul-Qadir, tú hablas demasiado aparatosamente! Temo para ti la desaprobación de Allah.'

`Abdul-Qadir puso su mano sobre el pecho del Sheikh Hammd. `Mira mi palma con el ojo de tu corazón,' dijo, `y dime lo que está escrito sobre ella.' Cuando el Sheikh Hammd no pudo, `Abdul-Qadir sacó su mano del pecho del sheikh y le mostró la palma. Sobre ella había una escritura luminosa que decía: `El ha recibido setenta promesas de Allah de que jamás se verá frustrado'.

Cuando el Sheikh Hammad vio esto, dijo, `Jamás podría hacerse una objeción a un hombre bendecido con una divina promesa como esa. Allah bendice a quien El desea entre Sus servidores.'

El Sheikh `Abdul-Qadir, acostumbraba a decir:

Ninguno de mis seguidores morirá antes de arrepentirse. Todos ellos morirán como fieles servidores de Allah. Cada uno de mis buenos seguidores habrá salvado a siete de sus pecadores hermanos del fuego del infierno. Si en el distante occidente, las partes privadas de uno de mis seguidores fuesen inadvertidamente expuestas, nosotros, no obstante que nos encontrásemos en el lejano oriente, las cubriríamos antes de que nadie lo notase.

Me ha sido dado un libro, un libro tan largo como el alcance de la vista del ojo común, que contiene los nombres de todos los que me seguirán, hasta el fin de los tiempos. Con la bendición de Allah, nosotros los salvaremos a todos. Benditos son los que me ven. Yo anhelo a los que no me verán.

Todos los que se le unían estaban siempre en paz y alegres. Alguien le preguntó: `Sabemos la condición de los buenos seguidores y lo que les aguarda en el Mas Allá . Pero, qué pasará con los malos?' El respondió: `Los buenos me son devotos, y yo soy devoto en salvar a los malos.'

Una jovencita seguidora del sheikh vivía en Ceilán. Cierto día fue atacada en un lugar solitario, por un hombre con el propósito de deshonrarla. Ya impotente, ella gritó: Sálvame, Oh mi sheikh `Abdul-Qadir!' En ese momento el sheikh estaba haciendo su ablución en Baghdad. La gente le vio detenerse, tomar coléricamente su zapato de madera y arrojarlo en el aire. Nadie lo vio descender. El zapato cayó sobre la cabeza del delincuente que estaba intentando ultrajar a la niña en Ceilán, y le mató. Se dice que el zapato aún está allí,
conservado como una reliquia.

Cuenta Sahl ibn `Abdullah al-Tustari que cierto día, los seguidores del Sheikh `Abdul-Qadir lo perdieron de vista. Miraron por todos los lugares para hallarlo. Alguien les dijo que había sido visto caminando hacia el Río Tigris, y sus seguidores corrieron hacia allá, para buscarlo. Cuando llegaron a la ribera, el sheikh venía por el medio del río, caminando sobre las aguas hacia ellos. Todos los peces sacaban sus cabezas afuera, dándole la bienvenida.

Era el momento de la plegaria del mediodía. Por encima de ellos apareció una enorme alfombra extendida sobre sus cabezas, que cubríala totalidad del cielo. Era de color verde, y bordadas sobre ella en oro y plata estaban las siguientes palabras:

`De cierto, para los amigos de Allah, no hay ni temor ni lamentación.' (Sura Yunus 10:62).

`Oh, familia del Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con vosotros. En verdad, solamente El es digno de alabanza y El más glorioso!' (Sura Hud 11:73)

El tapiz, que flotaba como la alfombra voladora del profeta Salomón, descendió a tierra. La gente, inspirada, tranquila y pacífica, caminó hacia él. El sheikh, vestido con hermosos ropajes, puso sus pies encima, y así, les condujo en plegaria. Cuando elevó sus manos y dijo: `Allah es grande,' una luz verde emanó de su boca, cubriendo el cielo.

Al final de la plegaria ‚él abrió sus manos y dijo: `Oh Señor, por deferencia a mi ascendiente tu amado Muhammad, que la paz sea con él, y por causa de aquellos entre tu creación que te temen y te aman, no
tomes a ti a ninguno de mis seguidores hasta que sean perdonados de sus pecados y que su fe sea completa.' Todos y cada uno escucharon el murmullo de los ángeles diciendo: `Amin.' Después de los ángeles, también ellos dijeron `Amin.' Entonces todos percibieron una voz que partía del interior de ellos, que decía: "Regocijáos! Yo he aceptado vuestras plegarias.'


El Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dice: `El sheikh perfecto es como un profeta para su pueblo'.

Ciertamente Hazrat `Abdul-Qadir fue uno de esos sheikhs perfectos, que abrió para las gentes las puertas de la felicidad en este mundo y los portales del Paraíso en el siguiente. Fue solamente después que Hazrat `Abdul-Qadir hubo logrado maestría sobre su ego y llegase a ser un hombre perfecto, y únicamente por la
inspirada orden del Sagrado Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), que se convirtió en un maestro y estableció contacto con la gente. También en ese momento, y siguiendo el ejemplo de su antecesor el Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), contrajo matrimonio con cuatro esposas, cada una un modelo de virtud y devota a él. Tenía cincuenta y un años de edad.

Procreó cuarenta y nueve hijos, veintisiete niños, y veintidós niñas. Cierto día sus esposas se allegaron a él y dijeron: `Oh poseedor del mejor de los caracteres, tu pequeño hijo ha muerto, y no hemos visto una sola lágrima en tus ojos, ni tampoco has mostrado tú ningún signo de tristeza o de cuidado. No tienes un poco de compasión por alguien que es una parte de ti? Nosotras estamos encogidas por el dolor, sin embargo tú sigues adelante con tus asuntos como si nada hubiese
ocurrido. Tú eres nuestro maestro, nuestro guía, nuestra esperanza para este mundo y para el Más Allá , pero si tu corazón es duro y no hay misericordia en él, cómo podemos nosotras, que confiamos en aferrarnos a ti en el día del Juicio Final, tener fe en que tú nos
salvarás?'

El sheikh les dijo: `Oh mis queridas amigas, no piensen que mi corazón es duro. Yo compadezco al infiel por su infidelidad. Yo me apiado del perro que me muerde y suplico a Allah que deje esa costumbre, no porque me importe ser mordido, sino porque otros le arrojarán piedras. Acaso no saben ustedes que mi compasión es
heredada de aquél a quien Allah envió como una misericordia sobre el universo?'

Las mujeres dijeron: `Ciertamente, si te condueles aún del perro que te muerde, cómo es que no muestras ningún sentimiento por tu propio hijo, que ha sido golpeado por la espada de la muerte?'

El sheikh dijo: `Oh mis entristecidas compañeras, ustedes lloran porque se sienten separadas de su hijo al que aman. Yo estoy siempre con aquél que amo. Ustedes han visto a su hijo en el sueño que es este
mundo, y ustedes le han perdido en otro sueño. Allah dice: "Este mundo no es sino un sueño." Es un sueño para los que se encuentran dormidos.

Yo estoy despierto. Yo vi a mi hijo cuando él se hallaba dentro del círculo del tiempo. Ahora él ha caminado fuera de ese círculo. Yo aún le veo y él está conmigo. El juega alrededor mío, exactamente como antes lo hacía. Porque cuando uno ve lo que es real con el ojo del corazón, ya sea muerto o vivo, la verdad no desaparece.'

Cierto día, el sheikh y algunos de sus seguidores estaban viajando a pie en el desierto. Era el mes de Ramadán, y la arena ardía. El relata:

Yo me encontraba cansado y sediento en demasía. Mis seguidores estaban caminando adelante mío. De súbito, una nube apareció encima nuestro, como una sombrilla, protegiéndonos del hirviente sol. Enfrente nuestro emergió una fuente surgiente y una palmera datilera cargada con frutas maduras. Finalmente brotó una luz redonda, más brillante que el sol, fija, y apartada de éste. Una voz llegó desde esa dirección, y dijo: `Oh gentes de `Abdul-Qadir, Yo soy vuestro Señor! ­ Coman y beban, porque Yo he hecho legítimo para ustedes lo que había dispuesto como prohibido para otros!' Mi gente, que se hallaba adelante, corrió hacia la fuente para beber y a la palmera datilera para comer de ella. Yo les grité que se detuviesen, y levantando mi cabeza en dirección a la voz, clamé: `Yo me refugio en Allah del maldecido Diablo!'

La nube, la luz, la fuente y la palmera datilera, todo desapareció. El Diablo se plantó delante nuestro, en toda su fealdad. Preguntó `Como supiste que era yo?' Contesté al Maldito que había sido arrojado fuera de la misericordia de Allah que el discurso de Allah no es un sonido escuchado con los oídos, ni proviene desde afuera. Aún más, yo sabía que las leyes de Allah son constantes y valen para todos. El no las cambia ni
convierte aquello que es prohibido en permitido para quienes El favorece.

Al escuchar esto, el Diablo intentó su última tentación, la de incitar la arrogancia. `Oh `Abdul-Qadir,' dijo, `Yo he engañado a setenta profetas con esta triquiñuela. Tu conocimiento es vasto, tu sabiduría es aún mayor que la de los profetas!' Entonces, señalando a mis seguidores, continuó, `Es este puñado de
estúpidos tu único acompañamiento? El mundo entero debiera aceptarte, porque tú eres igual a un profeta.'

Yo dije: `Yo me refugio de ti en mi Señor Quien es el Escuchador de Todo, y el Sapiente de Todo. Porque no es mi conocimiento, ni mi sabiduría, lo que me ha salvado de ti, sino la misericordia de mi Señor.'

El veía todo como proveniente de Allah, hacía todo por motivo de Allah, y no atribuía nada a ningún ser creado, incluyéndose él mismo.

Elogios o críticas, beneficios o pérdidas, todo era igual para él. Su conocimiento lo abarcaba todo y su sabiduría era suprema. Consideraba que los que saben y no aplican su conocimiento, no son mejores que
burros cargando pesados libros.


Uno de los grandes sheikhs de su tiempo, el Sheikh Muzaffar Mansur ibn al-Mubarak al-Wasiti, relata:

Yo fui a visitar al Sheikh `Abdul-Qadir, con algunos de mis estudiantes. Llevaba un libro sobre filosofía en mi mano. El nos dio la bienvenida, nos observó, y luego me dijo: `Qué amigo malo y sucio llevas en tu mano! Ve y lávalo!' Yo quedé espantado por las iracundas palabras del sheikh. El no podía saber el contenido del libro, que yo amaba y que había casi memorizado. Debatí conmigo mismo si me levantaba y escondía el libro en algún sitio, para luego recogerlo a mi partida. Cuando estaba por hacerlo, él me miró de una manera extraña y ya no pude moverme de mi lugar. Luego me ordenó que le diese el libro. Mientras hacía esto, lo abrí para darle una mirada final. ­Y vi solamente vacías páginas en blanco! Todo cuanto estaba escrito había desaparecido.

Le entregué el libro. El lo tomó, lo hojeó en partes, y me lo devolvió diciendo, `Aquí está "La Sabiduría del Corán" por Ibn D ris.' Yo lo tomé y al abrirlo, vi, fuera de toda duda, que el libro de filosofía se había transformado en "Fad 'il al-Qura n" por Ibn D ris, escrito en la más hermosa de las caligrafías.

Entonces él me dijo: `Deseas que tu corazón se doblegue cuando digas tu arrepentimiento?' Yo le respondí: `Sin duda, lo deseo.'

El me dijo: `Entonces, ponte de pie'. Mientras me levantaba, sentí que todos mis conocimientos de filosofía descendían de mi mente y se enterraban en el suelo. De todo ello, no permaneció en mi memoria ni la menor palabra.

En otra oportunidad una gran cantidad de gente estaba reunida alrededor del Sheikh `Abdul-Q dir, esperando que él hablase. El permaneció sentado por un largo tiempo, sin emitir una sola palabra; la congregación también seguía sentada, aguardando en silencio.Después de un cierto lapso de tiempo, un extraño éxtasis se apoderó de Él y permaneció sentado por un largo tiempo, sin emitir una sola palabra; la congregación también seguía sentada, aguardando en silencio.

Después de un cierto lapso de tiempo, un extraño éxtasis se apoderó de
ellos, como si hubiesen sido vaciados de pensamiento o imaginación.

Entonces todos ellos al unísono tuvieron un mismo pensamiento; `¨En qué está pensando el sheikh?'
Tan pronto como este interrogante surgió en sus mentes, Hazrat `Abdul-Qadir habló. `Hace un momento, un hombre fué transportado desde la Mecca hasta Baghdad en un instante, se arrepintió en mi presencia,
y voló de regreso,' dijo.

La congregaci¢n pensó al unísono: `Porqué un hombre que puede volar desde la Mecca hasta Baghdad en un segundo, habría de necesitar arrepentirse?'

El dijo: `Volar en el aire es una cosa, pero sentir amor es algo diferente. Yo le enseñé como amar.'

`Abdull h Zkayal relata esto:

En el año 560 yo estaba en la escuela de Hazrat `Abdul-Qadir. Cierto día lo vi abandonar su casa con su bastón en la mano. Me dije a mí mismo, `­ Desearía que me mostrase un milagro con ese bastón!' El me miró, y sonriendo, enterró parte del bastón dentro de la arena. Instantáneamente se tornó en un rayo de intensa luz
elevándose hasta fuera de la vista en el cielo, iluminando todo durante una hora. Entonces él tomó ese rayo de luz y se transformó nuevamente en un bastón común. El me miró y dijo, `Oh Zayal, es esto todo cuanto tú deseabas?'

A sus manos más de cinco mil Judíos y Cristianos se convirtieron en Musulmanes. Más de cien mil rufianes, delincuentes, asesinos, ladrones y bandidos se arrepintieron y se hicieron devotos Musulmanes y pacíficos derviches. El explica como alcanzó esa bendencida condición:

Durante veinticinco años deambulé por los desiertos de Iraq. Dormí en ruinas. Me quedé en reclusión durante once años, en un lugar de Shustar, donde se hallan los restos de un castillo en el medio del desierto, a doce días de viaje desde Baghdad. Le prometí a mi Señor que no comería ni bebería hasta que alcanzase
perfección espiritual. En el día cuadragésimo llegó un hombre con una hogaza de pan y algún alimento y los colocó delante mío, para luego desaparecer. Mi carne gritaba, `­ Tengo hambre, estoy hambriento!' mi ego susurraba, `Tu promesa hacia Allah se encuentra cumplida. Porqué no comes?' Pero yo no rompí mi voto a
Allah.

Por azar sucedió que el sabio Abu Sa'¡d al-Muharram¡ pasó por el lugar. Escuchó los gritos de hambre de mi carne, a pesar que yo estaba sordo a ellos. El se acercó y contemplando mi demacrado
estado me dijo, `Qué‚ es lo que veo y escucho, Oh `Abdul-Qadir?'

`No te preocupes, amigo mío,' le dije. `Es solamente la voz de la desobediencia de mi insubordinado ego, mientras que el alma, en verdad te lo digo, está prosternada delante de su Señor y se encuentra plena de esperanza, paz y alegría.'

`Compláceme y ven a mi escuela en B b al-`Azj,' me pidió. Yo no contesté, pero internamente me dije, `No dejar‚ este lugar salvo una orden divina.' No mucho más tarde, Khidr se presentó a mí y me dijo, `Ve y únete a Abu Sa'¡d'.

Cuando recibí la orden, fuí a Baghdad, a la escuela de Ab Sa'¡d, y lo hallé‚ aguardándome a la entrada. `­ Yo te rogué que vinieras!" dijo. Luego me invistió con el manto del derviche. Desde ese momento en adelante nunca lo dejé‚.

Durante cuarenta años jamás dormí a la noche. Hice mi plegaria de la mañana con la ablución que había tomado para mi oración nocturna. Leía el Corán para que el sueño no me venciese. Me paraba en un pie y me apoyaba contra la pared con una mano. No cambié‚ esta posición hasta que hube terminado la lectura del
Sagrado Libro.

Cuando no podía vencer yo mismo el sueño, escuchaba una voz que sacudía cada célula de mi cuerpo. Ella decía, `Oh `Abdul-Q dir, Yo no te he creado para dormir! Tú eras nada. Yo te di la vida para que, mientras estés vivo, no estés desatento de Nosotros.'

Un día, alguien le preguntó: `Oh `Abdul-Qadir, nosotros oramos, ayunamos y nos negamos a los bajos deseos de nuestra carne, igual que tú. Cómo es que no recibimos altos estados místicos y la habilidad de llevar a cabo milagros, como tú?'

El respondió: `Yo veo que ustedes no solamente intentan competir conmigo en los actos creyendo que hacen lo que yo hago, cuando en realidad meramente hacen lo que me ven hacer - sino que reprochan a Allah por no darles las mismas recompensas! Allah es mi testigo en que nunca he comido o bebido a menos que escuchase a mi Creador decir:

"Come y bebe - tú Me lo debes, por el cuerpo que Yo te he dado."

Tampoco jamás hice una sola cosa sin la orden de mi Señor.' El Sheikh `Al¡ ibn Mus fir relata:
Yo estaba entre cientos de personas reunidas para escucharlo al aire libre. Mientras él hablaba, una espesa lluvia comenzó a caer y algunas personas empezaron a partir. El cielo estaba obscuro de nubes que prometían más lluvia. Hazrat `Abdul-Qdir elevó su cabeza y sus manos en plegaria y dijo, `Oh Señor, yo deseo reunir
a la gente para Ti. Acaso Tú estás intentando alejarla de mí?'

Tan pronto como él dijo esto, la lluvia encima nuestro se detuvo. Ni una sola gota cayó sobre nosotros hasta que él terminó de hablar, a pesar que estaba lloviendo fuera del lugar donde nos encontrábamos congregados.

Yahy ibn Jina al-Ad¡b recuerda:

El Sheikh `Abdul-Qadir acostumbraba a intercalar poesía en sus charlas. Un día el estaba hablando acerca del alma y recitó este poema:

Mi alma, antes que llegara a ser en el reino de la nada, Te amaba.
Si ahora yo abandonase el reino del amor,
Podrían mis pies alejarme?

Internamente, me dije a m¡ mismo: `Veamos cuantos poemas recitar hoy.' Tenía conmigo un tramo de cordel, y le hacía un nudo debajo de mi manto, cada vez que él recitaba un verso. Yo estaba sentado alejado, y verme le hubiera sido imposible. El me miró y me dijo `Yo trato de desenredar, ­y parece que tú hallas satisfacción en atar nudos!'

Su devoto servidor Abdul-Rid relata lo que sigue:
Cierto día cuando estaba predicando, el sheikh se interrumpió en
el medio de una sentencia y declaró: `No continuar‚ a menos que ustedes me den cien piezas de oro, ahora mismo!' Rápidamente la gente reunió cien dinares y los colocaron en mis manos. Todos estaban sacudidos, sin saber que hacer, mirándolo con asombro. Yo le alcancé el dinero. El me devolvió los cien dinares, mientras
me decía: `Oh, Abul-Rid , ve al cementerio de Sh£n¡ziyyah. Allí
encontrarás un anciano tocando el laúd para los sepulcros. Entrégale este oro y tráeme al anciano.'

Yo fui y allí estaba ciertamente el anciano, tocando su laúd y cantando para las tumbas. Yo le ofrecí mis salutaciones, y le di la bolsa conteniendo el oro. El quedó espantado, lanzó un largo grito, y perdió el sentido.
Cuando revivió, le llevé al Sheikh `Abdul-Qadir, quien le pidió
que subiese al púlpito. El hombre ascendió los escalones con el laúd en sus hombros. `Amigo, diles tu historia,' le invitó el sheikh.

El tocador de laúd nos dijo que durante su juventud, él había sido un cantante popular de fama. Sin embargo al llegar a la vejez, nadie ya lo buscó, ni deseó escucharlo más. Triste y abandonado por todo el mundo, ese mismo día él hizo un voto de que nunca cantaría más para nadie, exceptuando los muertos. Había ido al cementerio, y mientras estaba allí, cantando y tocando el laúd, ­ la tumba más cercana se abrió en dos! El difunto levantó su cabeza y dijo: `Toda tu vida has cantado para los muertos.
Canta una vez para el Siempre-Viviente, para Allah. Ciertamente El te otorgará más de lo nunca antes te haya sido dado más de lo que tú jamás hayas esperado recibir!' Al ver y escuchar esto, se desmayó de temor y estupefacción. Luego, al retornar sus sentidos, comenzó a cantar así:

Oh Mi Señor, el día en que Te encuentre no tendré‚ nada para
entregar salvo ruegos en mis labios y esperanza de misericordia
en mi corazón.

Todo ser reunido en Tu presencia con esperanza, ­ ay de mí si soy
dejado con las manos vacías!

Si solamente los buenos llegasen rogando a Tu puerta, ¨a quién
irían a pedir los pecadores?

Oh Señor, cuando yo esté avergonzado ante Ti en el Día de la Rendición
de Cuentas, no me salvarás Tú, del Fuego?

Abul-Rid continúa relatando:

En el medio del verso yo llegué a él con los cien dinares de mi maestro como recompensa por sus súplicas a su Señor, y en su sorpresa, él perdió los sentidos.

El tocador de laúd, con lágrimas brotando de sus ojos, se desmayó. Arrojó al suelo su laúd y lo rompió. El sheikh dijo, `Si esta es la recompensa de Allah por la honestidad de alguien que tomó su vida como un juego, cuál ser el premio del servidor de
Allah que es puro y leal toda su vida? Preserven la sinceridad en su corazón, porque sin ella ustedes no progresarán hacia su Señor ni siquiera una pulgada.'

`Abdul-Samad ibn Hum m era uno de los hombres más ricos en Baghdad. Un hombre mundano, orgulloso, y arrogante, creía que era dueño del mundo y de la gente que trabajaba para él. Suponía que los controlaba,
haciendo con ellos cualquier cosa que deseaba. Un materialista en todo el sentido de la palabra, tenia aversión profunda por el sheikh y negaba sus milagros. Este es su relato: Como ustedes saben, a mí nunca me agradó el sheikh. No obstante que soy un hombre pudiente y tengo todo cuanto pueda desear, jamás estaba contento, feliz o en paz.

Un día viernes, mientras pasaba cerca de su escuela, escuché el llamado a la oración. Me dije a mí mismo, `Echemos una mirada más de cerca a este hombre que impresiona a otros con sus así llamados, milagros. Iré a hacer mi plegaria del viernes en su mezquita.'

La mezquita estaba repleta. Empujando hacia adelante, en medio de la multitud, conseguí un lugar justo delante del púlpito. El sheik comenzó a decir su sermón y las ideas que exponía me irritaron.

De súbito sentí la necesidad de evacuar mi vientre con terrible urgencia. No había modo de salir de la mezquita. Yo quedé horrorizado ante la terrible vergüenza, ya que estaba a punto de defecar allí mismo y en ese instante. Mi cólera hacia el sheikh se incrementó.

En ese momento él descendió calmosamente los escalones del púlpito y se paró al lado mío. Mientras continuaba hablando, me cubrió con el ruedo de su manto. De súbito me encontré en un hermoso y verde valle donde corría un arroyo de aguas cristalinas. No había nadie a la vista. De inmediato hice mi necesidad, me lavé, y tomé mi ablución en el arroyo. Cuando decidí cumplir mi plegaria, me hallé nuevamente debajo del manto del sheikh. El levantó su ruedo y subió nuevamente los escalones hasta el púlpito.

Yo quedé estupefacto. No solamente se sentía aliviado mi vientre, sino también lo estaba mi corazón. Todo el descontento, la cólera y los sentimientos negativos se habían evaporado de él.

Después de la plegaria, abandoné la mezquita y caminé hacia mi hogar. En el camino, me di cuenta que había perdido la llave de mi caja fuerte. Regresé a la mezquita y la busqué pero no la pude hallar en ninguna parte. Tuve muchas dificultades para conseguir que el cerrajero abriese mi caja fuerte.

Al día siguiente, tenía que hacer un viaje de negocios. A tres días de distancia de Baghdad, pasamos por un valle muy hermoso.

Como si una fuerza nos arrastrase, llegamos hasta la ribera de un arroyo increíblemente bello. Inmediatamente reconocí que este era
el lugar donde yo había estado, y el arroyo en el que me había lavado. Nuevamente lo hice así, en el mismo sitio. ­Y allí encontré la llave perdida, de mi caja fuerte! Cuando retorné a Baghdad, me convertí en un seguidor del sheikh.

Una mujer de Baghdad, muy impresionada con la fama y las riquezas del sheikh, decidió dejar su hijo al cuidado de Hazrat `Abdul-Qadir.

Le llevó al niño, le dijo `Toma este hijo como el tuyo propio - yo renuncio todo derecho a él - y críalo para que llegue a ser como tú.'

El sheikh aceptó al niño y comenzó a enseñarle piedad, ascetismo y la negación de los bajos deseos del ego.
Después de algún tiempo, la madre vino a ver a su hijo, y le halló delgado y pálido, comiendo una costra de pan. Ella se encolerizó con el sheikh y pidió estar ante su presencia. Cuando llegó ante él, lo encontró bien vestido, sentado en una agradable habitación y comiendo un pollo. `Mientras tú comes tu pollo, ella le reprochó, `mi pobre
hijo, el que yo dejé a tus cuidados, no tiene más que un pedazo de pan viejo!'

El sheikh colocó su mano sobre los huesos del pollo. `En el nombre de Allah Quien revive los huesos desde el polvo, levántate!' Al sacar el sheikh su mano, el pollo estaba vivo. Corrió por encima de la mesa, diciendo: `­ No hay dios sino Allah y Muhammad es Su Mensajero y el Sheikh `Abdul-Qadir es el amigo de Allah y Su Mensajero!'

El sheikh se volvió hacia la mujer y le dijo: `Cuando tu hijo pueda hacer esto, el también podrá comer cualquier cosa que desee.'

Más adelante en su vida, una noche estaban en su casa cincuenta personas de la élite de Baghdad . La reunión incluía todos los grandes sheikhs de su tiempo, entre ellos Hafiz Abul-`Izz `Abdul-Mughith ibn Harb.

Este recuerda:


Esa noche el sheikh estaba realmente inspirado. Perlas de sabiduría brotaban de su boca. Todos nosotros estábamos en un perfecto estado de paz y beatitud, de una clase que jamás habíamos experimentado antes. En un momento dado, el sheikh señaló su pie y declaró, `Este pie está por encima de los cuellos de todos los santos.' No bien había él dicho esto, cuando uno de sus estudiantes, el Sheikh `Ali ibn al-Hili, se arrojó a los pies de su maestro. Tomó el pie del sheikh y lo colocó sobre su propio cuello. Entonces todo el resto de nosotros, hicimos lo mismo.

Otro de los presentes, el Sheikh Ab£ Sa'id al-Kaylawi, dijo: Cuando él dijo, `Este pie está por encima de los cuellos de todos los santos,' yo sentí la verdad de Allah manifestarse en mi corazón. Vi a todos los santos del mundo parados en su presencia, llenando completamente mi visión. Los que eran de este mundo estaban presentes corporalmente; aquellos que habían muerto lo hacían espiritualmente. El cielo estaba lleno de ángeles y otros seres invisibles al ojo. Un grupo de ángeles descendió y confirió al santo el manto del Mensajero de Allah (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Mientras todos nos prosternábamos y estirábamos nuestros cuellos, escuchamos una voz sin sonido que decía `Oh sultán de la época, guía de la religión, del lugar, Oh ejecutor de la palabra de Allah el Compasivo, heredero del Libro Sagrado, representante del Mensajero de Allah, Oh aquél a cuyas órdenes son entregados la tierra y los cielos, cuya plegaria es aceptada, cuando él pide por lluvia, esta viene, y brota leche de los pechos secos, Oh amado y respetado de la creación entera ...'

Después que el Sheikh `Abdul-Qadir pronunció esas palabras, no solo aquellos que se encontraban presentes, sino todos los hombres de religión sintieron un acrecentamiento de su conocimiento y de su sabiduría, en la divina luz de sus corazones y en sus niveles espirituales.

Cuando este acontecimiento fue conocido en el mundo, Musulmanes, todos los sheikhs y maestros pusieron sus cabezas en el suelo en enorme humildad y aceptaron su liderazgo. Pecadores de entre las gentes se
acercaron a su presencia, se arrepintieron, y se convirtieron en puros. Bandidos, ladrones, delincuentes se allegaron a él, y se hicieron sus seguidores. El llegó a ser el centro, el polo.

Trescientos trece santos de la época, entre ellos diecisiete en la sagrada ciudad de la Mecca, sesenta en Iraq, cuarenta en Irán, veinte en el Egipto, treinta en Damasco, once en Abisinia, siete de Ceilán, veintisiete en el Oeste, cuarenta y siete en las tierras inaccesibles más allá del Monte Qaf, siete de las tierras de Gog y Magog, y veinticuatro en las islas de los océanos, todos escucharon y pusieron sus cabezas en el suelo en obediencia - con la excepción de un Persa.

Este Persa era un muy devoto sheikh. Oraba más que nadie y ayunaba continuamente. Hizo numerosas peregrinaciones a la Kaa'bah, y tenía mucha ambición por el logro del placer de Allah. Durante cincuenta
años permaneció recluso del mundo con sus cuatrocientos discípulos, a los que hizo trabajar día y noche para perfeccionarse. Tenía enormes conocimientos, y podía obrar milagros. Cuando le llegó el aviso de la
declaración de Hazrat `Abdul-Qadir, se encontraba en Peregrinación con sus discípulos, en la sagrada ciudad de la Mecca. Ya sea que haya desmerecido la grandeza de Hazrat `Abdul-Qadir, o que sobreestimase la
suya propia, se rehusó a bajar su cerviz en obediencia a la llamada de`Abdul-Qadir. Aquella noche soñó que partiendo desde la Mecca llegaba a Bizancio y allí adoraba un ídolo. Deprimido por este ominoso sueño, reunió sus discípulos y les dijo que debía ir de inmediato a Bizancio, donde confiaba en descubrir el significado de su sueño. Sus leales discípulos le siguieron a Bizancio.

Cuando entraron a la ciudad el sheikh vio a una hermosa muchacha parada en un balcón. Su cabello era negro como la noche, sus ojos eran lunas gemelas con cejas arqueadas como tiernas hoces sobre ellos, su mirada una tentación para los amantes. Sus húmedos labios, del color de los rubíes, tornaban sedientos a cualquiera que los mirase. Su boca era tan pequeña que ni siquiera las palabras podían atravesarla, su estrecha cintura estaba ceñida por el cinturón de los idólatras.

Tan pronto como el sheikh la vio, su corazón se encendió en fuego, sus ojos quedaron fijos sobre ella, su voluntad se deslizó de sus manos.

Mientras su corazón se llenaba de amor por ella, la religión y la fé lo abandonaron.
Aún con toda su belleza, esa mujer no era más que una meretriz, una tentación del Diablo. El sheikh permaneció a la puerta de esta ramera pagana, con la boca abierta, sus ojos fijos en el balcón, esperando verla. Interiormente, él estaba en pleno tormento. Pensaba que todos esos años de ayuno en que atormentaba su carne, no había sufrido como ahora. Buscó en su conocimiento, en su razonamiento, para encontrar la
lógica de esta situación, pero toda razón y conocimiento le habían abandonado. Sus compañeros se acercaron a él, en terror y aflicción, y le rogaron que se apartase, que se arrepintiese, que orase. El sheikh
replicó que antes de hacerlo, se arrepentiría del absurdo de alejarse del mundo y sus placeres por motivo de su fe, y que en cuanto a orar y suplicar, lo haría más bien a esta muchacha que a Dios. Cuando se le recordó el castigo de Allah y el Infierno, dijo que la separación de su amada y el fuego del amor en su corazón podrían alimentar siete Infiernos. Sus discípulos le imploraron por largo tiempo, pero al ver que sus esfuerzos no producían ningún efecto en el sheikh, le dejaron.

El sheikh permaneció un mes entero a la puerta de la prostituta pagana. El polvo fue su cama y el umbral su almohada. Dormía en la calle, junto a los perros callejeros.
Finalmente la bella pagana se aproximó a la puerta para encontrarlo y le dijo: `­ Oh anciano que te llamas a ti mismo, un sheikh y un Musulmán, estás tan intoxicado con el vino de atribuir iguales a Dios, que te muestras en ese estado en esta pagana calle!' El sheikh dijo, `Yo abandonaré no solo mi religión sino mi vida por un toque de tus labios.' La ramera dijo, `­ Avergonzate, esclavo decrépito de tus pasiones! "Cómo te atreves a sugerir besarme, cuando más bien estás cercano a envolverte en tu mortaja e irte a tu sepulcro? ­ Vete! Yo no
puedo amarte.' Sin importar cuánto ella le insultase, el sheikh permanecía a su puerta. Entonces ella descendió nuevamente a él y le dijo, `Si tu amor por mí es como tú dices, entonces has de renegar del Islam, quema el Corán, inclina tu cabeza y prostérnate delante de los ídolos y bebe vino.' El dijo: `No puedo en verdad todavía abandonar el Islam, ni puedo quemar el Corán, pero estoy dispuesto a brindar con vino por tu
belleza.' Ella dijo, `Entonces ven, y bebe vino conmigo. Muy pronto estarás de acuerdo en hacer todas las otras cosas que te he pedido.'

Mientras él sorbía vino de sus manos, su corazón y su mente ardían con fuego. Intentó recordar el Corán que tenía memorizado, los libros que hubo leído y escrito sobre el Islam, pero los había olvidado todos.
Borracho, trató de tocarla. Ella dijo: `No, hasta que te conviertas en un pagano como yo y hayas quemado tu Corán.' El arrojó su Corán y su manto de derviche al fuego, abandonó su fe y se inclinó ante los dioses paganos, e intentó nuevamente tocarla. Ella le dijo: `Tú viejo baboso, esclavo de tu pasión, que no posees ni bienes mundanos ni fama, cómo puede una mujer como yo ser acariciada por tal clase de mendigo? Yo necesito plata y oro y seda. En vista que tú no tienes nada, ­ aparta tu horrible ser y vete! Transcurrió más tiempo. El pobre anciano, desgastado, permanecía ante la puerta. Finalmente, cierto día, ella se entregó a él.

Entonces ella dijo: `Ahora, hablemos de mi precio, Oh sucio viejo, ve‚ y cuida mi piara de cerdos durante un año.' Sin protestas, el otrora sheikh de la Kaa`bah, se convirtió en un porquerizo.

Las tristes noticias del sheikh que no inclinó su cabeza ante Hazrat Abdul-Qadir se desparramaron, y sus discípulos, que lo abandonaron, llegaron a Baghdad. Allí pidieron ver al sheikh `Abdul-Qadir. Cuando
le dijeron lo ocurrido, que el sheikh había dejado su religión, se había convertido en un pagano y reducido a un porquerizo, Hazrat `Abdul-Qadir dijo: `Si uno no se somete y se transforma en el cordero de un pastor, entonces se hace porquerizo de una piara de chanchos.

Porque cada hombre tiene su propia manada de mil cerdos, mil ídolos en su corazón, salvo que los ahuyente mediante la sumisión y el arrepentimiento.' Después los reprendió por el abandono de su sheikh y les dijo que por respeto a él debieran aún haberse hecho paganos!

Añadió que un amigo real es aquél en quien se puede confiar durante la desgracia, porque en momentos afortunados todos pretenden ser amigos. Luego oró por el descarriado sheikh y les dijo que regresaran a
Bizancio y le transmitiesen que `Abdul-Qadir le invitaba a volver.

Los discípulos partieron prontamente hacia Bizancio. Hicieron plegarias por su sheikh durante todo el camino. Ayunaron y pidieron a Allah que otorgase a su sheikh las recompensas. Enviaron innúmeras bendiciones al Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) y rogaron por su intercesión. La flecha de la plegaria alcanzó su blanco. Al llegar al sheikh le hallaron radiante entre los muchos cerdos, y cuando le dijeron de la llamada de Hazrat `Abdul-Qadir, se arrancó el ceñidor de los paganos, derramó torrentes de lágrimas de arrepentimiento, elevó sus manos al cielo en agradecimiento, y todo cuanto él había abandonado - el Corán, los secretos divinos - le regresó y fue rescatado de su miseria y locura. Entonces tomó un baño, realizó sus abluciones y se cubrió con el manto del derviche. A continuación, partió para Baghdad. Mientras ocurría esto, la muchacha pagana vio en un sueño, una luz que descendía sobre ella y escuchó estas palabras: `Sigue a tu sheikh, abraza su fe, conviértete en el polvo debajo de sus pies. Tú que has sido manchada, eres ahora tan pura como lo es él. Le llevaste a tu camino. Entra ahora en el suyo.'

Cuando se despertó, su ser se hallaba transformado. Corrió para alcanzar al sheikh y sus discípulos. Corrió,
sin comer ni beber, por encima de planicies y de montañas. Finalmente, en el medio del desierto, cayó al suelo. Ella oró: `Oh Tú Quien me has creado, perdóname, no me aniquiles. Si me rebelé contra Tu fe y Tu
sendero, lo hice en ignorancia, así como mi sheikh lo hizo en arrogancia. Tú le has perdonado, absuélveme a mí también. Yo me entrego y acepto la verdadera fe Allah dispuso que el sheikh, quien se hallaba no muy lejos, escuchara las palabras de la muchacha; él y sus discípulos retornaron hasta donde ésta yacía. Ella dijo `Por tu causa la vergüenza me consume. Instrúyeme en el Islam para que pueda enfrentar a mi Señor en el sendero.' Mientras el sheikh atestiguaba su fe, y de sus compañerosbrotaba llanto de júbilo, la joven les deseó bienaventuranza y se reunió con su Señor. Ella, una gota en el mar de la ilusión, regresó al océano de la Verdad y el sheikh llegó a Baghdad y en humildad, estiró su cuello debajo de los pies de Hazrat `Abdul-Qadir. A medida que la influencia de Hazrat `Abdul-Qadir se esparcía a todos los rincones del mundo, muchos de sus discípulos obtuvieron posiciones de importancia y numerosos gobernantes de hombres se convirtieron en sus discípulos. El facultó a incontables seguidores suyos para actuar como sus representantes, de acuerdo con las habilidades, cualidades internas y rangos espirituales de cada uno. De varios hizo maestros espirituales y juristas de otros. Algunos fueron nombrados gobernantes y detentadores de poder mundano.

Existía un derviche que desde que ingresara al servicio de Hazrat `Abdul-Qadir estuvo durante cuarenta años realizando todo esfuerzo para complacerle. El veía como otros discípulos mucho más jóvenes que é, y que habían pasado mucho menos tiempo con el sheikh, eran delegados por éste para recibir importantes posiciones. Cierto día se acercó a Hazrat `Abdul-Qadir e hizo su pedido. Le había servido durante tantos años, y ahora estaba más cercano a la ancianidad. "Por qué no podía también él, recibir un puesto substancial y elevado como algunos de los otros? Mientras hablaba, arribó desde la India un grupo de emisarios.

Deseaban que Hazrat `Abdul-Qadir nombrase un maharajah para su reino. El sheikh contempló a su derviche, y le dijo, `Quisieras este puesto? Te sientes cualificado para él? El derviche no cabía en su alegría. Después que los emisarios se alejaron, el sheikh dijo al derviche, `Si tú sientes encontrarte cualificado para servir en mi nombre, te nombraré para ese reino en la India. Tengo una condición. Has de prometer que me darás la mitad de todos los beneficios y bienes que recibirás durante tu reinado.' El derviche prestamente aceptó.

El derviche era cocinero en la escuela de Hazrat `Abdul-Qadir. Ese día se estaba preparando un postre al que era necesario revolver continuamente. Después de su charla con el sheikh, él regresó a la cocina para mezclar el pesado postre en un gran caldero con una cuchara de madera. Mientras se encontraba ocupado en ello, fue llamado para acompañar a los emisarios a la India como su rey, y así, partió. El derviche se convirtió en un maharajah. Amasó enorme riqueza, construyó muchos palacios para sí mismo, se casó y tuvo un hijo.
Eventualmente, olvidó todo cuanto se refería a su sheikh y a su promesa.

Cierto día recibió un mensaje notificándole que el Sheikh `Abdul-Qadir estaba llegando para visitar su reino. Se alistó para agasajarlo con gran pompa. Después de lujosas ceremonias, procesiones, y fiestas, fueron dejados solos para hablar. El sheikh hizo presente al maharajah el acuerdo de ambos: él tomaría la mitad de todo cuanto éste hubiese acumulado durante su reinado. El maharajah se molestó al serle recordada su promesa, pero no obstante admitió que al día siguiente prepararía sus cuentas de todo cuanto poseía y que ofrecería
la mitad al sheikh. Su ambición y su hambre de riquezas - que se había incrementado muchas veces a medida que adquiría mas y más caudales - no le permitieron rendir una cuenta honesta de su hacienda. Al día siguiente trajo una lista y la entregó al sheikh. Aunque ésta enumeraba muchos palacios y tesoros, solamente representaba una fracción de lo que él poseía en realidad.

El Sheikh `Abdul-Qadir pareció estar satisfecho con su parte. Luego habló. `He escuchado que también tienes un hijo.' El maharajah respondió: `Sí, desafortunadamente solo uno. Si tuviese dos, gustosamente te daría uno.' `A pesar de todo, trae al niño,' replicó el sheikh. `Siempre podremos compartirlo.' El muchacho fue llevado a presencia de ellos. El sheikh desenvainó su afilada espada y la sostuvo sobre la cabeza del niño. `Tú tendrás la mitad, ­y yo tendré la mitad!' declaró. El padre, horrorizado, extrajo su daga y con las dos manos, la
hundió en el corazón del sheikh. De inmediato sus ojos parpadearon; al abrirlos se halló a sí mismo al borde del caldero de postre, blandiendo la cuchara de madera dentro del recipiente. Hazrat `Abdul-Qadir lo contempló y le dijo: `Como ves, tú no estás aún listo para ser mi representante. Todavía no has entregado todo, incluyéndote a ti mismo, a mí.'


El mismo se había dado por entero a Allah. Sus noches transcurrían con poco o ningún sueño, en solitaria plegaria y meditación. Pasaba sus días como un verdadero seguidor del Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) al servicio de la humanidad. Por tres veces a la semana decía en público sermones a cientos de personas. Cada día, por la mañana y por la tarde daba lecciones sobre comentarios al Corán, tradiciones Proféticas, teología, ley religiosa y Sufismo. Su tiempo después de la plegaria del mediodía lo ocupaba dando consejos y en consultas con la gente, ya fueren ellos mendigos o reyes, que venían desde todas las partes del mundo. Antes de las oraciones de la caída del sol, ya fuese que lloviese o tronase, partía
a las calles para distribuir pan entre los pobres. Como su vida era de perenne ayuno, comí únicamente una vez al día, después de la plegaria del ocaso, y nunca solo. Sus servidores se paraban en su puerta preguntando a los que pasaban por allí si estaban hambrientos, de modo que pudieran compartir su mesa.

Falleció en sábado, el octavo día de II Rabi, en el año 561 A.H., 1166 E.C., a la edad de 91 años. Su bendecida tumba, en la academia de B b al-Daraja, en Baghdad, se ha convertido en un importante lugar de
peregrinación para Sufíes y todo Musulmán.
Cuando contrajo la enfermedad a cuya causa murió, su hijo
`Abdul-`Aziz vió que estaba sufriendo grandes dolores, sacudiéndose y revolviéndose en el lecho. `No tengas preocupación por mí,' dijo a su hijo. `Yo estoy siendo dado vuelta una y otra vez en el conocimiento de Allah.'


Cuando su hijo `Abdul-Jabbar le preguntó donde sentía dolor, le dijo: `Todo en mi duele, excepto mi corazón. No hay dolor en él, ya que está con Allah.' Cuando su hijo `Abdul-Wahhab le pidió: `Dame algún consejo final en base al cual yo pueda actuar después que tú hayas dejado este mundo.' El dijo: `Teme a Allah y a nadie más. Que tu esperanza provenga de Allah y confía todas tus necesidades a El; espera y desea nada de
nadie, excepto de El. Apóyate en Allah y en ningún otro. Únete con El, únete con El, únete con El.'

Antes de abandonar este mundo, echó una mirada a su alrededor y dijo a los presentes: `Han venido a mí otros, a quienes ustedes no ven. ­ Hagan lugar para ellos y muéstrenles cortesías! Yo soy el núcleo dentro de la cáscara. Me ven con ustedes, pero estoy con alguien más. Es mejor que ahora me dejen.' Luego, dijo: `­ Oh ángel de la muerte, yo no te temo, como tampoco temo a nada, excepto a El, Quien me ha asistido con su amistad, y ha sido generoso para conmigo!' - En el último momento elevó sus manos y dijo: `No existe ningún dios, salvo Allah, y Muhammad es Su Profeta. Que la Gloria sea con Allah, el Exaltado, el Siempre-Viviente, que la gloria sea con El, el Todo-Poderoso, Quien subyuga a Sus servidores mediante la muerte.'

Luego emitió un estentóreo grito y dijo: `­Allah, Allah, Allah!' y su bendita alma abandonó su cuerpo.Que la complacencia de Allah sea con su alma y que su espíritu interceda por este faqír, el escritor de estas palabras, y por aquellos que las leen.


UNA ALOCUCION AL LECTOR
(Tomado de una carta escrita por Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani)

Querido Amigo,
Tu corazón es un espejo pulido. Tú debes frotarlo hasta que permanezca limpio del velo del polvo que se ha acumulado sobre él, porque está destinado a reflejar la luz de los secretos divinos. Cuando la luz proveniente de `Allah [Quien] es la luz de los cielos y de la tierra ... ' comience a brillar sobre las regiones de tu corazón, la lámpara del corazón se encenderá. La lámpara del corazón `está dentro de un cristal, el cristal es como si fuese una estrella de luz resplandeciente ...' Luego se hunde el dardo relampagueante del descubrimiento divino en el interior de ese corazón. Este relámpago en forma de dardo emanará de las tormentosas nubes del significado que no viene `ni del Oriente ni del Occidente, inflamado desde un bendito árbol de olivo ... ' y arrojar luz sobre el árbol del descubrimiento, tan pura, tan transparente, que `esparce luz aunque el fuego no la
toque'. (1) Entonces, la lámpara de la sabiduría se enciende por sí misma. ¨

Cómo puede permanecer apagada cuando la luz de los secretos de Allah fulgura sobre ella? Si únicamente la luz de los divinos secretos brilla sobre él, el cielo nocturno de los secretos resplandece con miles de estrellas

y por las estrellas [tú] hallas [tu] camino ...' (2) No son las estrellas las que nos guían, sino la divina luz. Porque Allah ha `...engalanado el bajo cielo con belleza [en] las estrellas.' (3) Con tan solo que la lámpara de los secretos divinos haya comenzado a arder en tu ser interior, el resto vendrá ya sea de inmediato o bien de poco a poco. Algo, tú ya sabes, y algo nosotros te diremos aquí. Lee, escucha, trata de entender. Los obscuros cielos de la inconsciencia se encenderán por la divina presencia y la paz y la belleza de la luna
llena, que se elevará desde el horizonte esparciendo `luz sobre la luz', (4) siempre ascendiendo en el cielo, pasando a través de sus preordenadas etapas tal como Allah ha `... ordenado para ella Mansiones' (5) hasta que brille en gloria en el centro del cielo, dispersando las tinieblas de la irresponsabilidad. `[Yo juro] por la
noche cuando se encuentra inmóvil ... (6) ... Por la gloriosa luz del amanecer ...' (7) tu noche de inconsciencia ver la brillantez del día. Entonces tú inhalarás el perfume de la recordación y `te arrepentirán en las horas tempranas de la mañana' (8) de tu inconsciencia y lamentarás tu vida disipada en el sueño. Tú escucharás
las canciones de los ruiseñores mañaneros y les oirás decir: `Ellos estaban en la costumbre de dormir muy poco por la noche, y en las horas de la madrugada, ellos [eran hallados] orando por perdón.' (9)

`Allah guía hacia Su luz a quien El le place.' (10) Entonces verás desde el horizonte del Divino Razonamiento elevarse el sol del conocimiento interior. Se trata de tu propio y privado sol, porque tú eres aquél a `quien Allah guía' y te hallas `en el recto sendero 'y no eres aquél que `El deja en el error.' (11) Y así comprenderás el secreto de que: `No le es dado al sol alcanzar a la luna, ni puede la noche sobrepasar al día. Cada uno nada a lo largo de [su] órbita (designada].' (12) Finalmente, el nudo será desatado en acuerdo con `las parábolas que
Allah ha expresado para los hombres, y Allah es el Conocedor de todas las cosas,' (13) y los velos serán apartados y las coberturas rotas, revelando lo fino debajo de lo tosco; la verdad descubrirá su cara.

Todo esto tendrá comienzo cuando el espejo de tu corazón sea purificado. La luz de los divinos secretos caerá sobre él -si estás dispuesto- y pides por El, de El, con El.

N O T A S
1. Lo anterior es citado del Versículo de la Luz (Sura Al-Nur 24:35)
2. Sura Al-Nahl (16:16).
3. Sura Ya Sin (36:36).
4. Sura Al-Nur (24:35).
5. Sura Ya Sin (36:39).
6. Sura Al-Duha (93:02).
7. Sura Al-Duha (93:01).
8. Sura Al'Imran (3:17).
9. Sura Al-Fatiha (1:17-18).
10. Sura Al-Nur (24:35).
11. Sura Al-A`raf (7:178).
12. Sura Ya Sin (36:40).
13. Sura Al-Nur (24:35).


SOBRE EL COMIENZO DE LA CREACION

Quiera Allah acordarte éxito en actos que Le complazcan y encuentren Su aprobación.
Piensa, graba en tu mente y comprende lo que yo digo. Allah El Más Elevado creó primeramente a partir de la divina luz de Su propia Belleza, la luz de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Así Lo declara en la divina tradición proveniente desde El, relatada por el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él): Yo hé creado el alma de Muhammad desde la luz de Mi Manifestación (`wajh').

Esto es enunciado por nuestro Maestro el Mensajero de Allah (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) en sus palabras: `Allah creó primeramente mi alma. El la creó inicialmente como una divina luz,' `Allah creó al principio la Pluma,' `Allah creó en el comienzo el Intelecto,' Lo que se significa por todo cuanto es mencionado como primeramente creado, es la creación de la verdad de Muhammad, la realidad oculta de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). El es también [como su Señor] designado por muchos bellos nombres. Se le llama `Nur', la Divina Luz, porque él fue‚ purificado de la obscuridad escondida debajo del atributo de la fuerza y la ira (`jalal') de Allah. Allah El Más Elevado dice en Su Sagrado
Corán: `Ha llegado hasta vosotros, desde Allah, una luz y un Libro descifrable'. (Sura Al-Ma'idah, 5:15)

El es denominado el Intelecto Total (`'aql al-kull') ya que lo vio y lo comprendió todo. Se le llama la Pluma (al-qalam) porque esparció sabiduría y conocimiento, y volcó saber dentro del reino de las letras. El alma de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), es la esencia de todos los seres, el comienzo y la realidad del universo. El así lo indica, con estas palabras: `Yo soy desde Allah y los creyentes son desde mi'. Allah El Más Elevado creó todas las almas a partir de su alma en el reino de los seres primeramente creados, en la mejor de las formas. `Muhammad' es el nombre de toda la humanidad dentro del reino de las almas (` lam al-arw h). El es la fuente, el hogar de todo y cada cosa.

Cuatro mil años después de la creación de la luz de Muhammad, Allah creó el Trono Celestial (`'arsh') a partir de la luz del ojo de Muhammad. El creó el resto de la creación a partir del Trono Celeste. Luego envió las almas a descender hasta los más bajos niveles de la creación, hasta el reino de este mundo material, hasta los dominios de la materia y nuestros cuerpos. `Entonces Nosotros hicimos que el descendiese hasta lo más bajo de lo bajo,' (Sura Al-Tin, 95:5). El envió esa luz desde donde fuera creada, el Ultimo Reino (`'alam al-l h£t') que es el reino de la manifestación de la Esencia de Allah, de la unidad, del ser absoluto - hasta el dominio de los divinos Nombres, la manifestación de los atributos divinos, el reino de la inteligencia causal del Alma Total.

En ese ámbito El vistió las almas con ropajes de luz. Estas almas son denominadas `almas-sultan'. Cubiertas con vestiduras de luz, ellas descendieron al reino de los ángeles. Allí El las cubrió con las brillantes indumentarias de los ángeles y allí fueron llamadas `almas espirituales'. Luego El causó que bajasen hasta
el mundo de la materia, de agua y fuego, tierra y éter; y se convirtieron en almas humanas. Entonces, utilizando los materiales de este mundo, El creó los cuerpos de carne.

`Nosotros te creamos de ella [la tierra], a ella Nosotros te retornaremos, y desde ella te originaremos una segunda vez.' (Sura Ta-Ha, 20:55)

Después de estas etapas, Allah ordenó a las almas que ingresaran dentro de sus cuerpos, y por Su voluntad ellas entraron. `Así cuando Yo le hice a él completo y exhalé dentro de él Mi Alma ...' (Sura Sad, 38:72)

Llegó una época en que estas almas comenzaron a unirse ellas mismas a la carne y olvidaron su origen y su solemne convenio. No recordaron que cuando Allah las creó en el reino de las almas, El les preguntó: `Acaso no soy Yo vuestro Señor?', ellas habían contestado `­ Sin duda!' Olvidaron su promesa, y cómo habían sido creadas, olvidaron la ruta de regreso a su hogar; pero Allah es misericordioso, la fuente de toda ayuda y seguridad para Su creación. El había tenido piedad de ellas, as¡ pues El les entregó sus divinos libros y mensajeros con el propósito de recordarles su origen.

`Y ciertamente Nosotros enviamos a Moisés con Nuestros mensajes [diciendo]: Conduce a tu gente desde la obscuridad hasta la luz, y recuérdales de los días de Allah ...' (Sura Ibrahim 14:5)

Es decir, `Recordar a las almas los días cuando ellas estaban en unión con Allah.'

A este mundo vinieron muchos mensajeros, cumplieron con sus deberes, y desaparecieron. Todo ello fue con el propósito de traer el mensaje a los hombres y despertar a las gentes a sus responsabilidades. Pero en
el decurso del tiempo se han hecho cada vez menos las personas que lo recuerdan a El, que se vuelven hacia El, los que desean regresar a su origen divino; son más escasos los individuos que ya han llegado a su
a su fuente y desaparecieron. Los profetas continuaron viniendo y el divino mensaje continuó hasta que apareció el gran espíritu de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), el último de los mensajeros que salvaron a los pueblos del desvío. Allah El Más Elevado lo envió para abrir los ojos de los corazones de los irreflexivos. Su propósito fué‚ despertarlos del sueño de la inconsciencia y unirlos con la Eterna Belleza, con la Causa, con la Esencia de Allah. En Su Sagrado Corán, Allah dice:

`Dí: Este es mi sendero. Yo llamo a Allah con la certeza de la visión interior - Yo, y aquellos que me siguen ...'
(Sura Yusuf, 12:108)

para señalar el camino de nuestro Maestro, el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero de Allah, para indicarnos nuestra meta, nos dice: `Mis compañeros son como las estrellas en el cielo. Si tú sigues a cualquiera de ellos, encontrarás el verdadero sendero.' Esta intuición se inicia en el ojo del alma. Este ojo se abre en el corazón del corazón de aquellos que son cercanos a Allah, los que son amigos de Allah. De todas las ciencias del mundo material no hay ninguna que se halle orientada para entregarnos este espontáneo discernimiento: es menester un saber que emana desde los ámbitos escondidos, una penetrante visión que nos inunda desde la consciencia divina: `... a quien Nosotros hemos enseñado el conocimiento que proviene desde Nuestra Divina Presencia.' (Sura Al-Kahf, 18:65).

Lo que es preciso para el hombre es encontrar aquellos que poseen esta intuición, cuyos ojos del corazón están abiertos, y ser inspirado por ellos. Un maestro tal, que inculque dentro de uno el conocimiento, ha de estar cercano a Allah y ser capaz de ver dentro del Ultimo Dominio. Oh hijos de Adán, hermanos y hermanas, despierten, arrepiéntanse, ya que a través del arrepentimiento estarán pidiendo a su Señor, Su sabiduría. ­ Hagan un esfuerzo e inténtenlo! Allah les ordena:

`Y apresúrate al perdón de tu Señor y a un Jardín tan amplio como los cielos y la tierra, que se encuentra preparado para los virtuosos [quienes temen y aman a Allah]':

`Aquellos que son caritativos tanto en la prosperidad como en la adversidad y aquellos quienes refrenan [su] ira y perdonan a los hombres. Y Allah ama los hacedores del bien [a otros].' (Sura Al'Imran, 3:133-34).

Entren en el sendero, únanse a la caravana espiritual para regresar a su Señor. Muy pronto el camino se tornará impracticable, y no quedará ningún compañero de viaje. Nosotros no hemos llegado a este tosco y ruinoso mundo para descansar; no fuimos enviados aquí para comer, beber y defecar. El espíritu de nuestro Maestro, el Profeta de Allah, (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), les está observando. El se conduele al ver vuestra condición. El sabía lo que sobrevendría cuando dijo: `Mi dolor es por mi amado pueblo, los que vendrán en los tiempos postreros.'

Cualquier cosa que nos llegue, lo hace de una de dos formas, ya sea evidente, o bien oculta: evidente, bajo la forma de los preceptos de la religión, oculta en la forma de sabiduría. Allah El Más Elevado nos ordena transformar en armonioso nuestro ser exterior mediante la adhesión a los preceptos religiosos, y poner nuestro ser interior en orden a través de la adquisición de la sabiduría. Cuando el ser exterior y el ser interior se funden en uno solo, y la sabiduría se une con la religión, alcanzamos el nivel de la verdad, como el árbol frutal, que primeramente produce las hojas, luego los retoños, y después las flores que se convierten en fruto.

`El ha hecho que los dos océanos fluyan libremente - se encuentran el uno con el otro: Entre ellos hay una barrera por encima de la cual no pueden pasar.' (Sura Al-Rahman, 55:20).

Los dos han de unificarse. La verdad no puede ser obtenida solamente a través del conocimiento tangible de los sentidos, del universo material. Por esa ruta es imposible alcanzar la meta, que es el origen, la Esencia. La verdadera adoración precisa de ambas, la religión y la sabiduría. Allah el Más Elevado dice, sobre la
adoración: `A jinns y hombres Yo no les he creado exceptuados de adorarme a Mi.' (Sura Al-Dhariyat, 51:36).

En otras palabras, `ellos son creados de modo que puedan conocerme a Mí.' Cuando no se lo conoce a El cómo puede uno verdaderamente alabarlo a El, solicitar Su ayuda y servirlo a El? La sabiduría que uno necesita a fin de conocerlo El, puede lograrse solamente levantando la negra cortina que cubre el espejo de nuestro corazón, limpiándolo hasta hacerlo brillar. Entonces los ocultos tesoros de la belleza divina pueden comenzar a reflejarse en el secreto del espejo del corazón. Allah El Más Elevado, hablando a través de Su amado Profeta (Que la paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dice: `Yo era un tesoro escondido, Yo dispuse ser conocido, por lo tanto Yo cree‚ la Creación. 'En consecuencia el propósito divino, en la creación del hombre es que‚ este adquiera sabiduría, para conocer a su Señor. Hay dos niveles de sabiduría divina. Uno es el conocimiento de los atributos de Allah, y el otro el de la Esencia de Allah. Al adentrarse en los atributos de Allah, el hombre material saborea tanto este mundo como el del más allá . Pero la sabiduría que nos lleva al conocimiento de la Esencia de Allah se halla en el espíritu santo, en el hombre que posee el saber de los misterios del más allá . La confirmación de esto la hace Allah, al decir: `... y Nosotros lo fortalecimos a él [Jesús], con el espíritu santo ...' (Sura Al-Baqarah, 2:87). Los que conocen la Esencia de Allah encuentran este poder a través del espíritu santo que a ellos les ha sido dado. Ambos niveles son obtenidos mediante una sabiduría que debe tener dos aspectos: la sabiduría espiritual interna, y el conocimiento exterior de las cosas manifestadas. Para lograr el bien, estamos en necesidad de ambas. El Profeta de Allah (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con El), los explicadas¡: `El conocimiento se localiza en dos partes. Una es la lengua del hombre, que constituye una prueba - de la existencia de Allah. - La otra se halla en el corazón del hombre.

Esto es lo necesario para la realización de nuestras esperanzas.' El hombre necesita primeramente el conocimiento religioso. Esta es la educación en la cual uno recibe enseñanza de las manifestaciones exteriores de la Esencia de Allah, reflejada en este mundo de atributos y de nombres. Después que uno ha obtenido destreza en esto, es el turno de la educación interior en los secretos mediante los cuales uno se adentra en los reinos de la sabiduría divina y llega a conocer la verdad. En la primera etapa uno debe dejar de lado todo cuanto no está de acuerdo con los preceptos religiosos. De hecho, las equivocaciones - los errores en buena conducta y carácter - han de ser eliminados, como los Sufíes requieren. Para lograr eso uno ha de practicar realizando cosas en contra de los deseos de nuestro propio ego, actos que son difíciles de aceptar por los deseos de la carne. Pero al ejecutar estos esfuerzos uno ha de estar atento, de modo que no sean hechos para que otros los vean o se hable acerca de ellos. Se deben hacer estas cosas por consideración de Allah, buscando únicamente Su complacencia. Allah dice:

` ... así el que alberga la esperanza de encontrar a su Señor, que haga acciones rectas y que no asocie a nadie en el servicio de su Señor.' (Sura Al-Kahf, 18:110).

El dominio descripto como el reino de la sabiduría es el primeramente-creado Reino Final. Ese reino es el origen, el hogar al cual uno aspira a regresar. Allí es donde fue creado el espíritu santo. Lo que se quiere significar por el espíritu santo es el espíritu humano. Este fue creado en la mejor de las formas. La verdad ha sido implantada en el centro del corazón como la propiedad de Allah, confiada a usted para su salvaguardia. Se hace manifiesta con el verdadero arrepentimiento y con el honesto esfuerzo de aprender la religión. Su belleza fulgura en la superficie cuando uno recuerda continuamente a Allah, repitiendo la Confesión de la
Unidad: la illaha illa Llah "No hay dios sino Allah". En la primera etapa uno dice la Confesión de la Unidad con su lengua: luego cuando el corazón cobra vida, uno la recita internamente con el corazón. Los Sufíes se refieren a los estados espirituales por el nombre de `tifl' , "bebé" , porque ese bebé nace y es nutrido en el corazón, y allí crece. El corazón, como una madre, da nacimiento, amamanta, alimenta, y sustenta al hijo del corazón. Así como se imparten las ciencias mundanas a los niños, el hijo del corazón recibe la enseñanza
de la sabiduría interior. Como un niño común, todavía no sucio por los pecados mundanos, el hijo del corazón es puro, libre de negligencia, egoísmo y duda. En un niño la pureza toma a menudo la apariencia de
belleza física; en el mundo de los sueños, la pureza del hijo del corazón aparece con la forma de los ángeles. Uno tiene la esperanza de entrar al Paraíso como una recompensa por las buenas acciones, pero los dones del Paraíso vienen aquí a través de las manos del hijo del corazón.

`En Jardines de beatitud ... en rededor de los cuales los escoltan jóvenes, cuya edad jamás se alterará.'
(Sura Al-Waqi'ah, 56:12-17). `Y alrededor de ellos se mueven muchachos de su progenie, como si
fuesen perlas escondidas.' (Sura Al-Tur, 52:24). Estos son los hijos del corazón, los estados inspirados de los Sufíes, llamados "niños" , debido a su belleza y pureza. Sin embargo ellos son estas cualidades personificadas en la carne, en la forma de seres humanos. Debido a su dulce y gentil naturaleza ellos son los niños del corazón. No obstante, el niño es el verdadero hombre quien es capaz de cambiar la apariencia de la creación porque está conectado con el Creador. El es el auténtico representante de la humanidad. De acuerdo
a ‚él, no existe la materia, ni tampoco él mismo se considera materia. No hay velo, no hay obstáculo, entre su ser y la Esencia de Allah.

Nuestro Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allahsean con él), explica este estado: `Yo existo, durante un lapso de tiempo, con Allah. En ese momento, nada puede interponerse entre nosotros, ni siquiera el ángel más cercano a El, como tampoco un profeta.' Este "profeta" que no puede colocarse entre nuestro Maestro (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) y Allah, es la existencia material, temporal, del Profeta mismo (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). El ángel más cercano a Allah es la divina Luz de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), la primera creación. En ese estado inspirado él se halla tan vecino a su Señor que ni su existencia material, ni siquiera su alma,
pueden colocarse entre ellos. El Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), describe esa iluminada condición, diciendo: `Existe un Paraíso de Allah en el que no hay palacios, ni jardines, ni
ríos de miel y leche, un paraíso donde uno contempla solamente la mirada divina.' Allah confirma esto: "[Algunos] rostros en ese día serán brillantes, mirando a su Señor" (Sura Al-Qiyamah, 75:22-23), y el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con ‚él) dice: `En ese día ustedes verán a su Señor tan claramente como la luna llena.'

Pero este es un nivel tal, que si se aproximase a él algún ser creado - aún un ángel - su ser material ardería hasta las cenizas. Allah habla a través de Su Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él):

Si Yo apartase los velos de Mi atributo de Poder, por solamente una fisura, todo se quemaría, hasta donde Mi ojo puede alcanzar a ver.'

El arcángel Gabriel (Quiera Allah ser complacido con él), quien acompañó en su Ascensión al séptimo cielo al Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), aseveró que si hubiese dado un paso más, se habría visto inflamado en llamas


CAPITULO PRIMERO
EL REGRESO DEL HOMBRE A SU FUENTE ORIGINAL

El hombre ha de ser considerado desde dos puntos de vista: su ser material y su ser espiritual. En las apariencias del ser material todos somos más o menos iguales. En consecuencia, a este respecto, uno
puede aplicar leyes generales a la humanidad. Cada persona es diferente en su ser espiritual, escondida detrás de las apariencias.

Por lo tanto, le corresponden leyes especiales y privadas. De acuerdo con las leyes generales, el hombre puede regresar a su origen mediante la ejecución de ciertos pasos. Para ello sigue las ordenanzas evidentes de nuestra religión, como una guía; a medida que las practica, va progresando. Ascendiendo de nivel en nivel, puede alcanzar la etapa del sendero espiritual, e ingresar dentro del reino de la sabiduría. Esto le coloca ya, en una dignidad muy alta. El Profeta (Que la Paz y las bendiciones de Allah sean con él), alaba esa dignidad, diciendo: `Hay un nivel, en el que todas las cosas pueden ser adquiridas - y es la sabiduría divina.' Para llegar a ese nivel uno ha de abandonar en primer término, las falsas apariencias y la hipocresía de hacer cosas de modo que otros las puedan ver o escuchar. Luego uno ha de fijarse a sí mismo, tres objetivos. Estos tres objetivos son, en realidad, tres paraísos.

El primero se llama `Ma'w ' - el paraíso de la seguridad del hogar. Ese es el paraíso terrestre. El segundo se llama `Na`¡m' - el jardín del deleite de la gracia de Allah con Sus criaturas, el cual es el paraíso dentro del reino de los ángeles. El tercero se llama `Firdaws' - el paraíso del cielo. Este es el paraíso dentro del reino de la unidad de la mente causal, hogar de las almas, de los divinos Nombres y atributos. Estas son las recompensas, las bellezas de Allah, que el hombre material degustará en sus esfuerzos en las tres sucesivas
etapas del conocimiento: esfuerzos en seguir los preceptos religiosos (`sharíah'); esfuerzos para eliminar la multiplicidad dentro de sí mismo, comnbatiendo con la causa de esta multiplicidad que es su ego, a fin de alcanzar el estado de unidad y acercarse a su Creador (`taríqah'); y finalmente, en sus esfuerzos para elevarse al estado de sabiduría divina (`ma`rifah') en donde, y por lo cual, conseguira conocer a su Señor. El Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), a la conclusión de la tradición previamente citada (`Hay un nivel, en el que todas las cosas pueden ser adquiridas - y es la sabiduría divina'), dice: `Con ella se aprende la verdad, que reúne dentro suyo todas las causas y todo lo bueno. Entonces uno ha de actuar de acuerdo
con esa verdad. También debe ver la falsedad y accionar teniéndola en cuenta, abandonando todo cuanto se le relacione.' Y él dice, `Oh Señor, muéstranos la verdad y haz que nos toque seguirla, enséñanos lo que es falso y haz que nos sea fácil evitarlo.' Y: `El que conoce su ser y se opone con honestidad a sus perniciosos caprichos, llega a conocer a su Señor y sigue Sus deseos.'

Estas son las reglas generales que se aplican al ser material del hombre. Luego está el ser espiritual del hombre, o el hombre espiritual, que es llamado el hombre puro. Su meta es la cercanía total a Allah. El único camino para este fin es el conocimiento de la verdad (`haqíqah'). En el primeramente-creado reino del ser absoluto de la unicidad, este conocimiento es llamado Unidad. Uno puede confiar en alcanzar la meta de este sendero mientras transcurre la vida mundana. En ese estado no existe diferencia entre estar despierto y estar dormido, ya que en el sueño el alma puede encontrar ocasión de escapar hacia su verdadero hogar, el reino de las almas, y regresar trayendo noticias. Nosotros denominamos a esto el sueño veraz. Este acontecimiento puede ser parcial, como en el caso de los sueños; también puede ser total, como en el caso de la Ascensión
del profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Allah confirma esto así:

`Allah toma las almas [de los hombres] en el momento de su muerte, y de los que no mueren, durante su sueño. Luego El retiene aquellas sobre las cuales El ha emitido el decreto de la muerte, y envía las otras de retorno hasta que se haya cumplido su término. Seguramente hay signos en esto para la gente que
reflexiona.' (Sura Al-Zumar, 39:42).

El Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con ‚é), se refiere a este estado diciendo: `El sueño de los sabios es más valioso que la adoración de los ignorantes.' Los sabios son los que han adquirido el conocimiento de la verdad que no tiene letras ni sonido. Ese conocimiento se recibe por medio de la continua repetición del divino Nombre de la Unidad con la lengua secreta. Los sabios son aquellos cuyo núcleo central se torna divina luz mediante la luz de la unidad.

Allah habla a través de Su Profeta (Que la Paz y las Bendiciones deAllah sean con él), y dice: El hombre es Mi secreto y Yo soy su secreto. El conocimiento interior de la esencia espiritual (`'ilm al-b tin') es un secreto
de Mis secretos. Unicamente Yo pongo esto en el corazón de Mi buen servidor, y nadie puede saber su estado, que no sea Yo.

y: Yo soy como Mi servidor Me conoce. Cuando él Me busca y Me recuerda, Yo estoy con él. Si él Me busca interiormente, Yo le busco a El, con Mi Esencia. Si él Me recuerda y Me menciona en buena compañía, Yo le recuerdo y lo declaro como Mi buen servidor en mejor compañía.

En todo cuanto aquí se dice, la única manera de satisfacer nuestro deseo es la meditación - el medio de conocimiento que el hombre común tan raramente utiliza. No obstante el Profeta de Allah (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dice: `Un momento de reflexión es más valioso que un año de adoración'. `Un momento de reflexión es más valioso que setenta años de adoración'. `Un momento de reflexión es más valioso que más de mil años de adoración.' El valor de cada acción se halla escondido en la esencia de la
verdad. El acto de un momento de meditación aparece aquí como teniendo tres valores diferentes:

Quien contempla un asunto y quiere saber su causa, encuentra que cada una de sus partes tiene muchas otras que le son propias, y halla que cada una de ellas es el motivo de muchas otras cosas. Esta es la
contemplación que vale por un año de adoración.

La meditación de quien contempla sus devociones y busca la causa y la razón y llega a conocerlas, vale por setenta años de adoración. La meditación de quien contempla la divina sabiduría con un fuerte deseo de conocer a Allah El Más Elevado, vale por mil años de adoración, porque éste es el verdadero conocimiento.

El verdadero conocimiento es el estado de unidad. El sabio amante se une con su Amado. Desde este reino de materialidad, volando con las alas espirituales él se eleva a gran altura hasta el ámbito de los logros, porque los devotos caminan hacia el Paraíso, pero los sabios vuelan a los reinos cercanos a su Señor.

Los amantes tienen ojos en sus corazones. Ellos ven, mientras otros miran ciegos. Tales alas ellos tienen, no de carne ni sangre. ­ Vuelan hacia los ángeles, para encontrar a su Señor!

Este vuelo ocurre en el mundo interior de los sabios. Ellos reciben el honor de ser llamados verdaderos hombres, los amados de Allah, Sus íntimos, Sus novias. El santo Beyazid al-Bistami, quiera Allah santificar su secreto, dice: `Los poseedores de sabiduría son las novias de Allah El Más Elevado.' Otros también los describen diciendo que aquellos que han llegado cerca de Allah se convierten en las novias de Allah.

Unicamente el amante poseedor de novias las conoce íntimamente. Estos sabios servidores que se hacen íntimos de Allah, no obstante ser hermosos, están cubiertos bajo la apariencia de hombres comunes. Allah
habla a través de Su Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), diciendo Yahy ibn Mu' dh al-R z¡, quiera Allah santificar su secreto, dice: `Los amados de Allah son el perfume de Allah sobre este mundo, pero únicamente los creyentes verdaderos y sinceros poseen narices para olerlos.' Los fieles huelen ese bello perfume y lo siguen. Ese aroma crea en sus corazones un anhelo por su Señor. Cada uno a su manera, apura su paso, sus esfuerzos, sus devociones. El grado de su ansia, su deseo y la velocidad de su paso se encuentran en proporción a su liviandad, por haberse desembarazado del peso de su ego mundano. Porque cuanto más se libera uno de las burdas vestiduras del mundo, más y más percibe la tibieza de Su Creador, y más y más cerca de la superficie aflora nuestro ser interior. La cercanía a la verdad se encuentra en relación
con la cantidad de falsa materialidad que hemos: `Mis íntimos están ocultos bajo Mis cúpulas.

Nadie puede reconocerlos sino Yo.' Las cúpulas bajo las cuales Allah esconde Sus amigos son sus apariencias, ordinarias e indistinguibles. Cuando uno mira a una novia, cubierta por su velo nupcial, qué es lo
que uno puede ver, sino el velo? desechado. Al irse uno desprendiendo de sus propios múltiples aspectos, más se aproxima a la única verdad. El íntimo de Allah es el que se ha llevado a sí mismo a la nada. Unicamente entonces puede él ver la existencia de la verdad. No queda ya voluntad en él para elegir. No hay "yo" que sobre, salvo la existencia única, que es la verdad. No obstante que toda clase de milagros se hayan producido a través suyo para dar prueba de su rango, él mismo no les otorga la más mínima relevancia. En esa condición no hay secretos expuestos, porque la divulgación de los secretos de la divinidad constituye infidelidad.

En un libro llamado `Mirs d' se encuentra escrito: `Todos los hombres a través de los cuales se dan los milagros, están cubiertos con un velo que los aísla de sus rangos, de los que por otra parte tampoco se preocupan.

Para ellos las oportunidades en que los milagros surgen son consideradas similares a los períodos de menstruación de las mujeres. Los Santos que son íntimos con Allah han de viajar a través de al menos mil etapas, la primera de las cuales es la puerta de los milagros. Solamente aquellos que son capaces de traspasar esta puerta sin recibir daño, pueden alcanzar las otras etapas. Si se involucraran, si se dejaran envolver, no irían a ningún lado.