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La
Sura Al-Waqi'ah nos muestra que la división final
de la humanidad ser hecha en tres categorías
y no únicamente en dos las gentes destinadas
al Infierno, las gentes destinadas al Paraíso,
y, de entre los últimos, las gentes "más
cercanas a Allah" (Sura Al-Waqi'ah 56:7-11).
En el recuento final, aquellos que se han esforzado
y hayan sido bendecidos con el conocimiento de sí
mismos y de su Señor, obtendrán un nivel
más alto. Porque este saber aumenta el amor de
uno por Allah y el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah sean con él), y cuanto más uno
ama, más cerca puede aproximarse. Con tal comprensión,
uno entiende que las prácticas de la religión
son la forma de la sabiduría,
y que mediante la aceptación de la forma uno
apresa la substancia. Los modos y maneras de aprehender
la substancia dentro de la forma constituyen lo que
se llama Sufismo.
"Sirr al-asr r" , brinda dentro de su breve
extensión la esencia substancial del Sufismo.
Aunque muchos Sufíes habían escrito antes
que él, fue Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani, quiera
Allah ser complacido con él, quien más
claramente definió el sendero y explicó
los términos que desde entonces, han tomado uso
aceptado. En este libro él da una exposición
Sufi de los deberes fundamentales del Islam - plegaria,
ayuno, caridad y peregrinación. Al hacerlo, construye
un puente entre sus dos más famosos trabajos,
"Ghunyat al-t libin", `Riqueza para los Buscadores',
cuyo propósito es inspirar a hombres y mujeres
a ser buenos
Musulmanes practicantes, y "Futuh al-ghayb",
`Revelación de lo Desconocido', una tardía
colección de conferencias sobre temas
místicos. A menos que uno pase a través
de "Sirr al-asr r" puede que no sea capaz
de apreciar todo lo que el Sheikh dice en "Futuh
al-ghayb". Así, "Sirr al-asr r"
es un portal de ingreso a la ciudad
del conocimiento.
Al traducir este libro al inglés, el Sheikh Tosun
Bayrak ha rendido un enorme servicio a quienes no saben
árabe o no logran hallar el texto en su lenguaje
original. Si es la voluntad de Allah, este trabajo iluminar
muchísimas almas, y conducir a los que ya han
recibido iluminación dentro de las más
altas regiones del
conocimiento.
Quiera Allah hacer llover las bendiciones sobre el alma
de Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani, quiera Allah ser complacido
con él, y conducirnos a todos nosotros dentro
de ese más profundo y más alto reino del
saber, para que podamos todos ser elevados a la condición
de aquellos `más cercanos a Allah.
Sayed Ali Ashraf Director General, Academia Islámica
Cambridge
INTRODUCCION
DEL TRADUCTOR
Sheikh Tosun Bayrak a l-Jerrahi al-Halveti
El venerable Muhyiddin Abu Muhammad `Abdul-Qadir al-Jilani,
que su alma sea santificada, es `al-ghawth al-a`zam'-
la manifestación del atributo de Allah de `el
Todo-Poderoso', que escucha el grito pidiendo ayuda
y salva a quienes lo necesitan, y `al-qutb al-a`zam'
- el polo, el centro, la cumbre de la evolución
espiritual, el gobernante espiritual del mundo, la fuente
de la sabiduría, el contenedor de todo conocimiento,
el ejemplo de la fe y del Islam; un verdadero heredero
de la perfección del Profeta Muhammad (Que la
Paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
un hombre perfecto, y el fundador de la Qadiriyya, la
mística orden que se ha expandido a lo lejos
y a lo ancho y ha preservado el verdadero significado
del Sufismo Islámico a través de esos
siglos hasta nuestros tiempos.
Nació en el año 470 A.H. (1077-78 E.C.)
en la región llamada al-Jil en lo que hoy en
día es Irán. Esta fecha se basa en la
declaración que hizo a su hijo en relación
a que contaba dieciocho años cuando fue a Baghdad,
el año que murió el famoso erudito al-Tamimi.
Esto ocurrió en el año 488 D.H. Su madre,
Ummul-Khayr Fátima bint al-Sheikh `Abdullah Sem¡,
pertenecía al linaje del Profeta Muhammad (Que
la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
a través del nieto de este, el venerable Husayn.
Su madre relata lo siguiente:
Mi hijo `Abdul-Qadir nació en el mes de Ramadán.
Sin importar mis persistentes esfuerzos se rehusaba
a mamar durante las horas del día. Durante toda
su infancia, jamás probó alimento durante
el mes de ayuno.
Cierto Ramadán durante su infancia, el comienzo
del mes cayó en un día nublado en el que
la gente no podía ver la luna nueva. Ignorando
si el mes de ayuno estaba realmente iniciado o no, fueron
a ver a Ummul-Khayr y le preguntaron si el niño
había tomado algún alimento ese día.
En vista que no era así, asumieron que el ayuno
había comenzado.
El venerable `Abdul-Qadir relata lo siguiente:
Cuando yo era un niño pequeño, todos los
días era visitado por un ángel bajo la
forma de un hermoso hombre joven. El caminaba junto
a mí desde nuestro hogar hasta la escuela y hacía
que los niños me diesen un lugar en la primera
fila de la clase. El permanecía conmigo durante
el día entero y luego me llevaba de regreso a
mi
hogar. Yo aprendía en un solo día más
que todo cuanto los otros estudiantes lograban en una
semana. Quien era él, yo lo ignoraba.
Un día se lo pregunté y me dijo, `Yo soy
uno de los ángeles de Allah. El me envió
a ti y me pidió que permaneciese contigo mientras
tu estudies.'
Hablando nuevamente sobre su niñez, nos relata:
Cada vez que surgía en mí el deseo de
ir a jugar con los otros niños, escuchaba una
voz diciéndome: `Ven a Mí en lugar de
ello, Oh bendito, ven a Mí.' En mi terror yo
huía, a buscar apoyo en los brazos de mi madre.
Hoy en día, aún en mis más intensas
devociones y largos retiros, no puedo escuchar esa voz
tan claramente como entonces.
Cuando
alguien le preguntó que fue lo que le llevó
a su elevado nivel espiritual, contestó: `La
veracidad que le prometí a mi madre.' Y a continuación,
relató la siguiente historia:
Cierto día, en las vísperas de `Id al-Adha
, fui a nuestros campos para ayudar a labrar el terreno.
Mientras caminaba detrás del buey, éste
giró su cabeza, me miró y dijo: 'Tú
no has sido creado para esto!' Yo me asusté mucho,
corrí a mi hogar y me trepé al techo plano
de la casa. Mientras miraba, vi los peregrinos reunidos
en las planicies de `Arafat, en Arabia, como si se hallasen
delante mío. Fui a ver a mi madre, que para ese
entonces ya era viuda, y le pedí, `Envíame
al sendero de la Verdad, dame permiso para ir a Baghdad,
adquirir conocimiento, vivir con los sabios y con los
cercanos a Allah.' Mi madre me preguntó cuál
era el motivo para este súbito pedido. Yo le
conté lo que me había pasado. Ella lloró,
pero trajo ochenta piezas de
oro, que era cuanto mi padre nos había dejado
como herencia. Puso a un costado cuarenta piezas para
mi hermano y las otras cuarenta, las cosió dentro
de la axila de mi chaqueta. Luego ella me dió
permiso para partir, pero antes de dejarme ir, me hizo
prometerle que diría la verdad y sería
veraz, sin importar lo que
pasara. Luego me envió con estas palabras; `Quiera
Allah protegerte y guiarte, hijo mío. Yo me separo
de lo que me es más he querido, por el amor de
Allah. Sé que no podré verte nuevamente
hasta el día del Juicio Final.'
Me uní a una pequeña caravana que iba
con rumbo a Baghdad. Mientras estábamos dejando
atrás la ciudad de Hamad , nos atacó una
banda de ladrones formada por sesenta jinetes. Se apoderaron
de todo cuanto tenía cada uno de nosotros. Uno
de ellos se llegó hasta mí y me interrogó:
`Joven, qué tienes tú?' Le contesté
que
tenía cuarenta piezas de oro. Me dijo: `Dónde?'
Le repliqué: `Debajo de mi axila.' Se rió
y me dejó solo. Otro bandido se acercó
y me demandó lo mismo, y le dije la verdad. El
también me dejó solo. Deben haber comentado
el incidente a su líder, porque este me llamó
al lugar donde estaban dividiendo el botín y
me
preguntó si tenía algo de valor. Yo le
expliqué que poseía cuarenta piezas de
oro, cosidas dentro de mi chaqueta, debajo de mi brazo.
El se apoderó de mi chaqueta, desgarró
la axila, y
halló el oro. Entonces me preguntó, lleno
de asombro: `Cuando tu dinero se hallaba seguro, qué
fue lo que te impulsó a persistir en decirnos
que lo tenías y su escondite?' Le contesté
`Yo debo decir la verdad bajo cualquier circunstancia,
tal y como se lo prometí a mi madre.' Cuando
el jefe de los bandidos escuchó esto,
rompió en llanto y se lamentó: `Yo he
renegado de mi promesa a Quien me creó. He robado
y he matado. Qué me pasará ?' Y los otros,
al verlo dijeron, `Tú has sido nuestro líder
todos estos años en el pecado. Sé
ahora también nuestro líder en el arrepentimiento!'
Todos ellos, los sesenta, se aferraron a mí mano,
se arrepintieron, y enderezaron sus caminos. Esos sesenta
fueron los primeros que tomaron mi mano y hallaron el
perdón de
sus pecados.
Cuando el venerable `Abdul Qadir llegó a Baghdad,
tenía dieciocho años de edad. Al arribar
a las puertas de la ciudad, apareció Khidr y
le impidió el paso. Le comunicó que era
la orden de Allah que durante los siete años
siguientes, no entrase a Baghdad.
Khidr le llevó a unas ruinas en el desierto y
le dijo: `Quédate aquí, y no abandones
este lugar.' Permaneció allí durante tres
años.
Cada año, Khidr aparecía ante él
y le decía que continuase donde se hallaba.
El santo relata sobre estos años: Durante mi
estadía en los desiertos en las afueras de Baghdad,
todo cuanto parece bello, pero es temporal y de este
mundo, vino para seducirme. Allah me protegió
de sus perjuicios. El Diablo, apareciéndose bajo
diferentes maneras y formas, continuamente se acercaba
a mí, a tentarme, para molestarme y para combatirme.
Allah me hizo victorioso sobre él. Mi ego me
visitaba diariamente en mi propia forma y apariencia,
rogándome que fuera su amigo. Cuando yo me rehusaba,
me atacaba. Allah me otorgó la victoria en mi
lucha sin fin contra él. A su tiempo fui capaz
de hacerle mi prisionero y le mantuve conmigo durante
todos esos años, forzándole a permanecer
en las ruinas del desierto. Durante un año entero
comí el pasto y las raíces que pude encontrar
y no bebí nada de agua. Otro año bebí
agua, pero no comí ni una brizna
de alimento. Durante otro año, ni comí,
ni bebí, ni dormí. A través de
todo este tiempo, mi vida transcurrió en las
ruinas de los antiguos reyes de Persia, en Karkh. Caminaba
descalzo por encima de las espinas y no sentía
nada. Cuando a veces, veía una colina, la trepaba.
No concedí ni un minuto de descanso o de respiro
a mi ego, a los deseos inferiores de mi carne.
Al final de los siete años escuché una
voz en la noche: `Oh 'Abdul-Qadir, ahora se te permite
entrar en Baghdad'.
Llegué a Baghdad y pasé unos pocos años
allí. Muy pronto no pude soportar la rebelión,
la maldad, y las intrigas que dominaban la ciudad. Para
salvarme del daño de esta ciudad degenerada y
para resguardar mi fe, partí. Todo lo que llevé
conmigo fue mi Corán. Cuando estaba llegando
a los portales de la ciudad, en mi camino al aislamiento
en el desierto, escuché una voz: `Dónde
vas? dijo ella , `Vuelve. Tú debes servir a la
gente.'
`Qué me importa la gente?' protesté `Tengo
que salvar mi fe!'
`Regresa, y jamás temas por tu fe, la voz continuó,
`Nada te hará daño nunca.' Yo no pude
ver al que hablaba. Entonces algo me ocurrió.
Cortados mis vínculos con el mundo exterior,
caí en un estado de meditación interna.
Hasta el día siguiente me concentré en
un deseo y supliqué a Allah que El pudiese apartar
los velos para mí de modo que yo supiese lo que
debería hacerse.
Al día siguiente, mientras estaba deambulando
a través de una vecindad llamada Muzaffariyya,
un hombre a quien yo jamás había visto
abrió la puerta de su casa y me llamó:
`Ven, entra, `Abdul-Qadir!' Cuando estaba llegando a
su puerta, él me dijo: `Dime, que deseabas tú
de Allah? Qué fue lo que suplicaste ayer?'
Yo estaba helado, con estupefacción. No podía
hallar palabras para responderle. El hombre escrutó
mi cara y cerró la puerta de un golpe con tal
violencia que se levantó el polvo todo alrededor
mío y me cubrió desde la cabeza hasta
los pies. Me alejé preguntándome qué
era lo que había pedido a Allah el día
anterior. Luego recordé. Regresé para
decírselo al hombre, pero no pude encontrar la
casa ni a él. Yo estaba muy preocupado, ya que
me dí cuenta que se trataba de un hombre cercano
a Allah. De hecho,
más tarde pude saber que era Hammd al-Dabbs,
quien se convirtió en mi sheikh.
En
una noche fría y lluviosa, una mano invisible
condujo a Hazrat `Abdul-Qadir hacia el `tekke', la logia
mística, del Sheikh Hammd ibn Muslim al-Dabbs.
El sheikh, sabiendo por divina inspiración de
su venida, había hecho cerrar las puertas de
su logia y apagar las luces.
Cuando
`Abdul-Qadir se sentó en el umbral de la puerta
cerrada, le llegó el sueño. Tuvo una emisión
nocturna, por lo que fue al río, se bañó,
e hizo su ablución. Se durmió nuevamente,
y ocurrió lo mismo siete veces durante esa noche.
Cada vez, él se bañaba y hacía
su ablución en las heladas aguas del río.
A la mañana, las puertas fueron abiertas y él
entró a la logia Sufi. El Sheikh Hammd se puso
de pie para recibirlo. Llorando de alegría, lo
abrazó, y le dijo: `Oh hijo mío `Abdul-Qadir,
la buena fortuna es nuestra hoy, pero mañana
será
tuya. No abandones jamás este sendero.' El Sheikh
Hammd se convirtió en su primer maestro en las
ciencias del misticismo. Fue tomando su mano que realizó
los votos e ingresó en el sendero de los Sufíes.
El relata: Estudié con muchos maestros
en Baghdad, pero cada vez que no lograba entender algo,
o llegaba a un secreto que yo deseaba conocer, era el
Sheikh al-Dabbs quien me iluminaba. Algunas veces lo
dejaba para buscar conocimiento de otros para aprender
teología, tradiciones, ley religiosa, y otras
ciencias. Cada vez
que regresaba, él me decía: `Adónde
has estado? Nosotros hemos tenido tantos alimentos maravillosos
para nuestros cuerpos, mentes, y almas mientras tú
te habías ido, y no hemos guardado nada para
ti!' Otras veces, él decía: `Por el amor
de Allah, adónde vas? Acaso hay alguien por aquí
que sepa más que tú?'
Sus derviches me hostigaban sin descanso, y me decían:
`Tú eres un hombre de leyes y un hombre de letras,
un hombre de conocimiento, un hombre de ciencia. Qué
tienes que hacer entre nosotros? Porqué no te
vas?' Y el sheikh los amonestaba y les decía:
`Que la vergüenza caiga sobre ustedes! Yo juro
que no hay nadie como él entre ustedes. Ninguno
de vosotros se elevará más allá
de los dedos de sus pies! Si ustedes piensan que yo
soy áspero con él, y me imitan, sepan
que lo hago para traerle a la perfección y para
probarlo. Yo le veo en el reino espiritual robusto como
una roca, tan grande como una montaña.'
Hazrat `Abdul-Qadir fue el ejemplo más claro
del hecho de que, en el Islam, la búsqueda del
conocimiento constituye una obligación sagrada
para todos los hombres y las mujeres, desde la cuna
hasta la tumba.
El siguió a los más grandes sabios de
su época. Memorizó el Sagrado Corán
y aprendió su interpretación de `Ali Abul-Waf
al-Qayl, Abul-Khattb Mahu£z, y Abul-Hasan Muhammad
al-Q d¡. De acuerdo a ciertas fuentes, él
estudió con Q d¡ Ab£ Sa`¡d
al-Mub rak ibn `Al¡ al-Muharram¡, el más
grande sabio de su tiempo en Baghdad.
No obstante que Hazrat `Abdul-Q dir adquirió
las ciencias del sendero místico del
Sheikh Hammd al-Dabbs y entró al camino Sufi
por su mano, le fué dado el manto derviche, el
símbolo del manto del Profeta (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con el), por Qadr Abu
Said. El linaje
espiritual de Qadr Abu Sa`id pasa a través del
Sheikh Abdul-Hasan `Alí ibn Muhammad al-Qurashi,
Abdu-Faraj al-Tarsus¡, al-Tamimi, el Sheikh Abu
Bakr al-Shibli, Abdul-Qasim al-Junayd, Sari al-Saqati,
Ma`ruf al-Karkhi, Dawud al-T, Habib al-`Ajam, y Hasan
al-Basri, hasta Hazrat `Alí ibn Abu Talib. Hazrat
`Alí tomó el manto de servicio de las
manos de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah
sean con él), el Amado del Señor del Universo,
y él del arcángel Gabriel, y él
de la Divina Verdad.
Alguien preguntó al Sheikh `Abdul-Qadir qué
había recibido él, de Allah El Más
Elevado. Su respuesta fue:
`Buena conducta y conocimiento.' Qadi Abu Said al-Muharram¡
dijo, `Sin duda, `Abdul-Qadir al-Jilani tomó
el manto del derviche de mi mano, pero mi propio manto
de servicio me llegó también de su mano.'
Abu
Sa`id al-Muharram¡ enseñaba en una escuela
que le pertenecía, situada en B b al-`Azj en
Baghdad. Mas tarde entregó esa escuela al Sheikh
`Abdul-Qadir, quien comenzó su enseñanza
allí.
El Sheikh `Abdul-Qadir tenía más de cincuenta
años para ese momento. Sus palabras eran tan
efectivas y milagrosas que transformaban a los que las
escuchaban. Sus estudiantes y congregación aumentaron
en
número muy rápidamente. Muy pronto no
había más lugar para acomodar a sus seguidores,
dentro o alrededor de la escuela.
El Sheikh `Abdul-Q dir nos cuenta sobre los comienzos
de su enseñanza:
Una
mañana ví al Mensajero de Allah. El me
preguntó: "Porqué no hablas? Yo dije,
`No soy más que un persa, cómo podría
hablar en el hermoso idioma árabe de Baghdad?'
`Abre tu boca,' me dijo. Yo lo hice. El sopló
su aliento siete veces dentro de mi boca y dijo, `Ve,
encara la humanidad e invítalos al sendero de
tu Señor con sabias y bellas palabras.'
Yo hice mi plegaria del mediodía, y al darme
vuelta vi mucha gente esperando que yo hablara. En ese
instante, me excité mucho y mi lengua se atascó.
Entonces se presentó el bendito Imam `Alí
El se acercó hasta mí y me pidió
que abriese mi boca, luego sopló su propio aliento
dentro de ella, por seis veces. Yo le pregunté:
`Porqué no has soplado siete veces, como lo ha
hecho el Mensajero de Allah?' El dijo, `Debido a mi
respeto hacia él,' y desapareció.
Desde mi boca brotaron las palabras: `La mente es un
buceador, que se sumerge en las profundidades del mar
del corazón para encontrar las perlas de la sabiduría.
Cuando él las trae a las orillas de su ser, se
vuelcan fuera en forma de palabras que surgen de sus
labios, y con ellas él compra inapreciables devociones
en los mercados de adoración de Allah ... ' Después
dije: `En una noche como una de las mías, si
uno de vosotros
matase sus bajos deseos, esa muerte poseería
un sabor tan dulce, que él ya no podría
degustar ninguna otra cosa en este mundo!'
A partir de ese momento, ya fuera que estuviese despierto
o dormido, cumplí mi deber de enseñar.
Había en mí una tan inmensa cantidad de
sabiduría sobre fe y religión. Si no hablaba
y la volcaba fuera, sentía que finalizaría
ahogándome. Al comenzar a enseñar, tenía
solamente dos o tres estudiantes. Cuando me escucharon,
su número aumentó a setenta mil. Ni la
escuela ni sus alrededores alcanzaban para contener
a sus seguidores. Se hizo necesario ubicar más
espacio. Ricos y pobres colaboraron para añadir
edificios, los ricos contribuyendo financieramente,
y los pobres con su esfuerzo. También las mujeres
de Baghdad hicieron su labor. Una joven que se desempeñaba
sin paga, como obrera, trajo a su esposo, el que no
consentía en hacerlo gratis, y se lo presentó
al sheikh. `Este es mi esposo,' explicó. `He
recibido veinte piezas de oro de él como dote.
Le devolveré sin cargo la mitad, y por la otra
mitad deseo que él trabaje aquí.' Acto
seguido, entregó a Hazrat `Abdul-Qadir el oro,
y el hombre comenzó su tarea. Cuando el dinero
se terminó continuó en su puesto. No obstante,
el sheikh siguió pagándole, porque sabía
que estaba necesitado.
Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani era la autoridad, el Imam,
en materia religiosa, teología y la ley, así
como el líder de las ramas Shafi y Hanbal del
Islam. Era un hombre de gran sabiduría y conocimiento.
Todos se beneficiaban con él. Sus plegarias eran
inmediatamente aceptadas, tanto cuando oraba por el
bien como cuando lo hacía por castigo. Llevó
a cabo muchos milagros. El era un hombre perfecto, de
consciencia continua y permanente recuerdo de Allah,
meditando, pensando, tomando, y dando lecciones. Poseía
un corazón tierno, una gentil naturaleza y una
faz sonriente. Era sensitivo y tenía los mejores
modales. Gozaba de un carácter aristocrático,
desinteresado y dadivoso, tanto de cosas materiales
como de consejo y conocimiento. Amaba la gente, pero
particularmente a quienes eran creyentes y servían
y adoraban al Uno en Quien ellos creían.
Su porte era varonil y vestía bien. No hablaba
excesivamente, pero cuando lo hacía, su lenguaje
era rápido, y cada vocablo, cada sílaba
eran nítidos. Su discurso era bello y veraz.
Decía la verdad sin temores, porque no le preocupaba
si era elogiado o criticado y condenado.
Cuando el Califa al-Muqtaf¡ nombró a Yahya
ibn Said, en el cargo de Qadi, o Juez Principal, Hazrat
`Abdul-Qadir le acusó en público, diciendo:
`Tú has nombrado al peor de los tiranos como
juez sobre los creyentes. Veamos como respondes por
ti mismo mañana cuando seas presentado ante el
Gran Juez, el Señor del Universo!' Al escuchar
esto, el califa empezó a temblar y rodaron sus
lágrimas. El juez fue inmediatamente removido.
La población de la ciudad de Baghdad era presa
de degeneración moral y en las conductas. A través
de su influencia, la mayor parte de las gentes de la
ciudad se arrepintieron y siguieron la correcta moral
y las prescripciones del Islam. El llegó a ser
amado y respetado por todos, y su influencia se esparció
por todos los confines. Así como los justos le
amaban, los opresores y los perversos le temían.
Mucha gente, incluyendo reyes, visires y sabios se llegaron
hasta él para plantearle interrogantes y buscar
soluciones. Muchos Judíos y
Cristianos abrazaron el Islam a través suyo.
Había en Baghdad un sacerdote muy sabio e influyente,
que tenía muchos seguidores. Este hombre poseía
un vasto conocimiento, no sólo de las tradiciones
Judaica y Cristiana, sino también del Islam.
Era versado en el Islam y el Sagrado Corán, y
sentía gran amor y aprecio por el Profeta Muhammad
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él).
El califa respetaba al sacerdote y confiaba que él
y sus seguidores se convertirían en Musulmanes
algún día. De cierto, estaba listo para
aceptar la religión, salvo por una cosa. El obstáculo
que se lo impedía, lo que no podía aceptar
ni comprender, era la ascensión física
a los cielos del Profeta Muhammad (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), durante su
tiempo de vida.
La Ascensión tuvo lugar cuando una noche, el
Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él) fue llevado en cuerpo y alma desde Medina
hasta Jerusalén, y desde allí hasta los
siete cielos, donde vio muchas cosas. Visitó
el Paraíso y el Infierno, y fue más allá
de ellos para encontrarse con su Señor, Quien
habló noventa mil palabras con él. Regresó
antes que su lecho se hubiese enfriado, y antes que
una hoja que había tocado al pasar hubiese cesado
de estremecerse.
La mente del sacerdote no podía aceptar la ascensión
del Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él) y su regreso para contarla. En verdad,
cuando el mismo Profeta (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah sean con él), la declaró al día
siguiente en que tuviese lugar, muchos Musulmanes no
creyeron, y abandonaron su religión. Esto constituye
una prueba para la fe verdadera, ya que la mente
no puede concebir algo así.
El califa presentó al sacerdote a todos los sabios
y maestros de esa época, a fin de cancelar sus
dudas, pero ninguno de ellos obtuvo el éxito.
Entonces una noche él envió un mensaje
a Hazrat `Abdul-Qadir, preguntándole si él
podía convencer al sacerdote de la verdad de
la Ascensión.
Cuando Hazrat `Abdul-Qadir llegó al palacio,
halló al sacerdote y al califa jugando al ajedrez.
Mientras el sacerdote levantaba una pieza del juego
para moverla, sus ojos se encontraron con los del sheikh.
Parpadeó ... y al abrirlos nuevamente,
se halló a sí mismo ahogándose
en un correntoso río! Gritó pidiendo ayuda
y un joven pastor saltó al río para salvarlo.
Cuando el pastor lo aferró se dio cuenta que
estaba desnudo, y que se había transformado en
una joven muchacha!
El pastor la sacó del agua y le preguntó
de quién era hija, y donde vivía. Al mencionar
el sacerdote a Baghdad, el pastor dijo que se encontraban
a una distancia de unos pocos meses de viaje de esa
ciudad. El pastor la honró, la mantuvo y protegió,
pero eventualmente, ya que ella no tenía lugar
adonde ir, se casó con ella. Tuvieron tres hijos,
que fueron creciendo.
Cierto día, mientras ella lavaba ropa en el mismo
río donde había aparecido muchos años
antes, se resbaló y cayó al agua. Cuando
abrió sus
ojos, el sacerdote se encontró a sí mismo
sentado enfrente del califa, sosteniendo la pieza de
ajedrez y aún mirando a los ojos de Hazrat `Abdul-Qadir,
el que le dijo: `Ahora, venerable sacerdote, todavía
tú descrees?'
No enteramente seguro de lo que le había pasado,
y pensando que se trataba de un sueño, respondió
con las palabras: `Qué quieres decir?' Quizás
te agradaría ver a tu familia?' inquirió
el santo. Cuando él abrió las hojas de
la puerta, allí estaban parados, el pastor y
los tres niños. Al ver esto, el sacerdote creyó.
El y su congregación se hallan entre los cinco
mil Cristianos, que se convirtieron en Musulmanes por
las manos de Hazrat `Abdul-Qadir.
En su enseñanza y su servicio a la humanidad,
aplicó cualidades que heredó de los más
elevados. El dijo:
Un maestro espiritual no lo es verdaderamente a menos
que posea doce cualidades.
Dos de ellas provienen de los atributos de Allah El
Más Elevado. Estas son:
1- El ocultar las faltas del hombre y del resto de la
creación, no solamente a otros, sino aún
de sí mismos, y
2- el tener compasión y perdón para inclusive
el peor de los pecados.
Dos cualidades son heredadas del Profeta Muhammad (Que
la paz y las Bendiciones de Allah sean con él)
3- Amor
4- Y dulzura.
De Hazrat Abu Bakr, el primero de los cuatro Califas,
un verdadero maestro, hereda
5- veracidad,
6- honestidad
7- y sinceridad, así como devoción y generosidad.
De Hazrat `Umar
8- justicia,
9- e imponer lo correcto e impedir la maldad.
De Hazrat `Uthman,
10- Humildad, y permanecer despierto y orar mientras
el resto de la humanidad sigue dormida.
De Hazrat `Ali,
11-Conocimiento
12- Coraje.
El fue un padre devoto para todas las decenas de miles
de sus seguidores. Los conocía por su nombre,
y cuidaba de sus asuntos mundanos,
así como de sus condiciones espirituales. Les
ayudaba y salvaba de desastres, aún cuando se
encontrasen en el otro extremo del mundo. Era un niño
con los niños, y los trataba con las más
profunda de las ternuras y compasiones. Con aquellos
mucho más viejos que él, se convertía
en aún más anciano que ellos, y les brindaba
su respeto. El mantenía el trato con los pobres
y los débiles; no buscaba la compañía
de los famosos o de los poderosos. Con tales gentes
se comportaba como si fuese el rey del verdadero Rey.
Uno de los hijos de su sirviente relataba que su padre,
Muhammad Ibn al-Khidr, sirvió al Sheikh `Abdul-Qadir
durante trece años. Jamás notó
que ninguna mosca se posara en él, ni tampoco
jamás lo observó sonarse
la nariz. Aunque el sheikh trataba a los débiles
y pobres con gran respeto,
su servidor jamás lo vio levantarse cuando llegaban
sultanes, ni tampoco él los visitaba, ni comía
del alimento de ellos, excepto
una sola vez. Cuando se presentaba un rey a visitarlo,
él abandonaba la sala de recepción y regresaba
después que el rey y su comitiva estaban acomodados,
de manera que todos ellos se veían obligados
a
levantarse para saludarlo. Cuando escribía una
misiva al califa, decía que `Abdul-Qadir le ordenaba
hacer esto o aquello, y que era una obligación
del califa el obedecerle, ya que él era su líder.
Cuando el califa recibía tales cartas, él
las besaba antes de leerlas, y decía: `El sheikh
tiene razón, sin duda él está
diciendo la verdad!'
Uno de los grandes juristas de esa poca, Abu-Hasan,
relata: Yo escuché al califa al-Muqtafi
decir a su ministro Ibn Hubayra:`El Sheikh `Abdul-Qadir
me está ridiculizando, subrayando muy claro a
cuantos están alrededor suyo que me está
aludiendo a mí.
Me
han informado que apuntó a una palmera datilera
en su huerto y dijo "Mejor que te comportes. No
vayas demasiado lejos o haré que te decapiten!"
Ve a él, háblale en privado y dile: "Tú
no debes satirizar ni amenazar al califa. Has de saber
que el rango del califa es sagrado y ha de ser respetado."
El vizir Ibn Hubayra fue al sheikh y lo halló
en compañía de una vasta multitud. Al
hablar, súbitamente en cierto punto, declaró:
"De cierto, a él también lo decapitaría".
El visir percibió que el sheikh se refería
a él mismo, y aterrorizado huyó y le relató
al califa lo que había ocurrido. Este se conmovió
hasta las lágrimas y dijo: "Verdaderamente,
el sheikh es grande."
Y fue a verlo él mismo. El sheikh le dio muchos
consejos y el califa lloró y lloró.'
No obstante que era extraordinariamente compasivo y
tenía el mejor carácter y modales - gentil
y caritativo, cumplidor de sus promesas era justo, e
inflexible en su justicia. Jamás mostró
indignación por nada que a él le fuera
hecho, pero si se cometía alguna acción
perversa en perjuicio de la fe y de la religión,
su ira se hacía
motivo de pavor, y su castigo era rápido y riguroso.
Un sheikh de ese tiempo, Abu-Najib al-Suhrawardi, cuenta:
En el año 523 de la Hégira, yo estaba
con el Sheikh Hammd, el maestro del Sheikh `Abdul-Qadir,
quien también estaba presente.
El Sheikh `Abdul-Qadir hizo una declaración grandilocuente.
Ante ella, el Sheikh Hammd le dijo: `Oh `Abdul-Qadir,
tú hablas demasiado aparatosamente! Temo para
ti la desaprobación de Allah.'
`Abdul-Qadir puso su mano sobre el pecho del Sheikh
Hammd. `Mira mi palma con el ojo de tu corazón,'
dijo, `y dime lo que está escrito sobre ella.'
Cuando el Sheikh Hammd no pudo, `Abdul-Qadir sacó
su mano del pecho del sheikh y le mostró la palma.
Sobre ella había una escritura luminosa que decía:
`El ha recibido setenta promesas de Allah de que jamás
se verá frustrado'.
Cuando el Sheikh Hammad vio esto, dijo, `Jamás
podría hacerse una objeción a un hombre
bendecido con una divina promesa como esa. Allah bendice
a quien El desea entre Sus servidores.'
El Sheikh `Abdul-Qadir, acostumbraba a decir:
Ninguno de mis seguidores morirá antes de arrepentirse.
Todos ellos morirán como fieles servidores de
Allah. Cada uno de mis buenos seguidores habrá
salvado a siete de sus pecadores hermanos del fuego
del infierno. Si en el distante occidente, las partes
privadas de uno de mis seguidores fuesen inadvertidamente
expuestas, nosotros, no obstante que nos encontrásemos
en el lejano oriente, las cubriríamos antes de
que nadie lo notase.
Me ha sido dado un libro, un libro tan largo como el
alcance de la vista del ojo común, que contiene
los nombres de todos los que me seguirán, hasta
el fin de los tiempos. Con la bendición de Allah,
nosotros los salvaremos a todos. Benditos son los que
me ven. Yo anhelo a los que no me verán.
Todos
los que se le unían estaban siempre en paz y
alegres. Alguien le preguntó: `Sabemos la condición
de los buenos seguidores y lo que les aguarda en el
Mas Allá . Pero, qué pasará con
los malos?' El respondió:
`Los buenos me son devotos, y yo soy devoto en salvar
a los malos.'
Una jovencita seguidora del sheikh vivía en Ceilán.
Cierto día fue atacada en un lugar solitario,
por un hombre con el propósito de deshonrarla.
Ya impotente, ella gritó: Sálvame, Oh
mi sheikh `Abdul-Qadir!' En ese momento el sheikh estaba
haciendo su ablución en Baghdad. La gente le
vio detenerse, tomar coléricamente su zapato
de madera y arrojarlo en el aire. Nadie lo vio descender.
El zapato cayó sobre la cabeza del delincuente
que estaba intentando ultrajar a la niña en Ceilán,
y le mató. Se dice que el zapato aún está
allí,
conservado como una reliquia.
Cuenta Sahl ibn `Abdullah al-Tustari que cierto día,
los seguidores del Sheikh `Abdul-Qadir lo perdieron
de vista. Miraron por todos los lugares para hallarlo.
Alguien les dijo que había sido visto caminando
hacia el Río Tigris, y sus seguidores corrieron
hacia allá, para buscarlo. Cuando llegaron a
la ribera, el sheikh venía por el medio del río,
caminando sobre las aguas hacia ellos. Todos los peces
sacaban sus cabezas afuera, dándole la bienvenida.
Era el momento de la plegaria del mediodía. Por
encima de ellos apareció una enorme alfombra
extendida sobre sus cabezas, que cubríala totalidad
del cielo. Era de color verde, y bordadas sobre ella
en oro y plata estaban las siguientes palabras:
`De
cierto, para los amigos de Allah, no hay ni temor ni
lamentación.' (Sura Yunus 10:62).
`Oh, familia del Profeta, que la paz y las bendiciones
de Allah sean con vosotros. En verdad, solamente El
es digno de alabanza y El más glorioso!' (Sura
Hud 11:73)
El tapiz, que flotaba como la alfombra voladora del
profeta Salomón, descendió a tierra. La
gente, inspirada, tranquila y pacífica, caminó
hacia él. El sheikh, vestido con hermosos ropajes,
puso sus pies encima, y así, les condujo en plegaria.
Cuando elevó sus manos y dijo: `Allah es grande,'
una luz verde emanó de su boca, cubriendo el
cielo.
Al final de la plegaria él abrió
sus manos y dijo: `Oh Señor, por deferencia a
mi ascendiente tu amado Muhammad, que la paz sea con
él, y por causa de aquellos entre tu creación
que te temen y te aman, no
tomes a ti a ninguno de mis seguidores hasta que sean
perdonados de sus pecados y que su fe sea completa.'
Todos y cada uno escucharon el murmullo de los ángeles
diciendo: `Amin.' Después de los ángeles,
también ellos dijeron `Amin.' Entonces todos
percibieron una voz que partía del interior de
ellos, que decía: "Regocijáos! Yo
he aceptado vuestras plegarias.'
El Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él), dice: `El sheikh perfecto
es como un profeta para su pueblo'.
Ciertamente Hazrat `Abdul-Qadir fue uno de esos sheikhs
perfectos, que abrió para las gentes las puertas
de la felicidad en este mundo y los portales del Paraíso
en el siguiente. Fue solamente después que Hazrat
`Abdul-Qadir hubo logrado maestría sobre su ego
y llegase a ser un hombre perfecto, y únicamente
por la
inspirada orden del Sagrado Profeta (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), que se convirtió
en un maestro y estableció contacto con la gente.
También en ese momento, y siguiendo el ejemplo
de su antecesor el Profeta Muhammad (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), contrajo matrimonio
con cuatro esposas, cada una un modelo de virtud y devota
a él. Tenía cincuenta y un años
de edad.
Procreó cuarenta y nueve hijos, veintisiete niños,
y veintidós niñas. Cierto día sus
esposas se allegaron a él y dijeron: `Oh poseedor
del mejor de los caracteres, tu pequeño hijo
ha muerto, y no hemos visto una sola lágrima
en tus ojos, ni tampoco has mostrado tú ningún
signo de tristeza o de cuidado. No tienes un poco de
compasión por alguien que es una parte de ti?
Nosotras estamos encogidas por el dolor, sin embargo
tú sigues adelante con tus asuntos como si nada
hubiese ocurrido.
Tú eres nuestro maestro, nuestro guía,
nuestra esperanza para este mundo y para el Más
Allá , pero si tu corazón es duro y no
hay misericordia en él, cómo podemos nosotras,
que confiamos en aferrarnos a ti en el día del
Juicio Final, tener fe en que tú nos
salvarás?'
El sheikh les dijo: `Oh mis queridas amigas, no piensen
que mi corazón es duro. Yo compadezco al infiel
por su infidelidad. Yo me apiado del perro que me muerde
y suplico a Allah que deje esa costumbre, no porque
me importe ser mordido, sino porque otros le arrojarán
piedras. Acaso no saben ustedes que mi compasión
es
heredada de aquél a quien Allah envió
como una misericordia sobre el universo?'
Las mujeres dijeron: `Ciertamente, si te condueles aún
del perro que te muerde, cómo es que no muestras
ningún sentimiento por tu propio hijo, que ha
sido golpeado por la espada de la muerte?'
El sheikh dijo: `Oh mis entristecidas compañeras,
ustedes lloran porque se sienten separadas de su hijo
al que aman. Yo estoy siempre con aquél que amo.
Ustedes han visto a su hijo en el sueño que es
este
mundo, y ustedes le han perdido en otro sueño.
Allah dice: "Este mundo no es sino un sueño."
Es un sueño para los que se encuentran dormidos.
Yo estoy despierto. Yo vi a mi hijo cuando él
se hallaba dentro del círculo del tiempo. Ahora
él ha caminado fuera de ese círculo. Yo
aún le veo y él está conmigo. El
juega alrededor mío, exactamente como antes lo
hacía. Porque cuando uno ve lo que es real con
el ojo del corazón, ya sea muerto o vivo, la
verdad no desaparece.'
Cierto día, el sheikh y algunos de sus seguidores
estaban viajando a pie en el desierto. Era el mes de
Ramadán, y la arena ardía. El relata:
Yo me encontraba cansado y sediento en demasía.
Mis seguidores estaban caminando adelante mío.
De súbito, una nube apareció encima nuestro,
como una sombrilla, protegiéndonos del hirviente
sol. Enfrente nuestro emergió una fuente surgiente
y una palmera datilera cargada con frutas maduras. Finalmente
brotó una luz redonda, más brillante que
el sol, fija, y apartada de éste. Una voz llegó
desde esa dirección, y dijo: `Oh gentes de `Abdul-Qadir,
Yo soy vuestro Señor! Coman y beban, porque
Yo he hecho legítimo para ustedes lo que había
dispuesto como prohibido para otros!' Mi gente, que
se hallaba adelante, corrió hacia la fuente para
beber y a la palmera datilera para comer de ella. Yo
les grité que se detuviesen, y levantando mi
cabeza en dirección a la voz, clamé: `Yo
me refugio en Allah del maldecido Diablo!'
La nube, la luz, la fuente y la palmera datilera, todo
desapareció. El Diablo se plantó delante
nuestro, en toda su fealdad. Preguntó `Como supiste
que era yo?' Contesté al Maldito que había
sido arrojado fuera de la misericordia de Allah que
el discurso de Allah no es un sonido escuchado con los
oídos, ni proviene desde afuera. Aún más,
yo sabía que las leyes de Allah son constantes
y valen para todos. El no las cambia ni
convierte aquello que es prohibido en permitido para
quienes El favorece.
Al escuchar esto, el Diablo intentó su última
tentación, la de incitar la arrogancia. `Oh `Abdul-Qadir,'
dijo, `Yo he engañado a setenta profetas con
esta triquiñuela. Tu conocimiento es vasto, tu
sabiduría es aún mayor que la de los profetas!'
Entonces, señalando a mis seguidores, continuó,
`Es este puñado de estúpidos
tu único acompañamiento? El mundo entero
debiera aceptarte, porque tú eres igual a un
profeta.'
Yo dije: `Yo me refugio de ti en mi Señor Quien
es el Escuchador de Todo, y el Sapiente de Todo. Porque
no es mi conocimiento, ni mi sabiduría, lo que
me ha salvado de ti, sino la misericordia de mi Señor.'
El veía todo como proveniente de Allah, hacía
todo por motivo de Allah, y no atribuía nada
a ningún ser creado, incluyéndose él
mismo.
Elogios o críticas, beneficios o pérdidas,
todo era igual para él. Su conocimiento lo abarcaba
todo y su sabiduría era suprema. Consideraba
que los que saben y no aplican su conocimiento, no son
mejores que
burros cargando pesados libros.
Uno de los grandes sheikhs de su tiempo, el Sheikh Muzaffar
Mansur ibn al-Mubarak al-Wasiti, relata:
Yo fui a visitar al Sheikh `Abdul-Qadir, con algunos
de mis estudiantes. Llevaba un libro sobre filosofía
en mi mano. El nos dio la bienvenida, nos observó,
y luego me dijo: `Qué amigo malo y sucio llevas
en tu mano! Ve y lávalo!' Yo quedé espantado
por las iracundas palabras del sheikh. El no podía
saber el contenido del libro, que yo amaba y que había
casi memorizado. Debatí conmigo mismo si me levantaba
y escondía el libro en algún sitio, para
luego recogerlo a mi partida. Cuando estaba por hacerlo,
él me miró de una manera extraña
y ya no pude moverme de mi lugar. Luego me ordenó
que le diese el libro. Mientras hacía esto, lo
abrí para darle una mirada final. Y vi solamente
vacías páginas en blanco! Todo cuanto
estaba escrito había desaparecido.
Le entregué el libro. El lo tomó, lo hojeó
en partes, y me lo devolvió diciendo, `Aquí
está "La Sabiduría del Corán"
por Ibn D ris.' Yo lo tomé y al abrirlo, vi,
fuera de toda duda, que el libro de filosofía
se había transformado en "Fad 'il al-Qura
n" por Ibn D ris, escrito en la más hermosa
de las caligrafías.
Entonces él me dijo: `Deseas que tu corazón
se doblegue cuando digas tu arrepentimiento?' Yo le
respondí: `Sin duda, lo deseo.'
El me dijo: `Entonces, ponte de pie'. Mientras me levantaba,
sentí que todos mis conocimientos de filosofía
descendían de mi mente y se enterraban en el
suelo. De todo ello, no permaneció en mi memoria
ni la menor palabra.
En otra oportunidad una gran cantidad de gente estaba
reunida alrededor del Sheikh `Abdul-Q dir, esperando
que él hablase. El permaneció sentado
por un largo tiempo, sin emitir una sola palabra; la
congregación también seguía sentada,
aguardando en silencio.Después de un cierto lapso
de tiempo, un extraño éxtasis se apoderó
de Él y permaneció sentado por un largo
tiempo, sin emitir una sola palabra; la congregación
también seguía sentada, aguardando en
silencio.
Después
de un cierto lapso de tiempo, un extraño éxtasis
se apoderó de
ellos, como si hubiesen sido vaciados de pensamiento
o imaginación.
Entonces todos ellos al unísono tuvieron un mismo
pensamiento; `¨En qué está pensando
el sheikh?'
Tan pronto como este interrogante surgió en sus
mentes, Hazrat `Abdul-Qadir habló. `Hace un momento,
un hombre fué transportado desde la Mecca hasta
Baghdad en un instante, se arrepintió en mi presencia,
y voló de regreso,' dijo.
La congregaci¢n pensó al unísono:
`Porqué un hombre que puede volar desde la Mecca
hasta Baghdad en un segundo, habría de necesitar
arrepentirse?'
El dijo: `Volar en el aire es una cosa, pero sentir
amor es algo diferente. Yo le enseñé como
amar.'
`Abdull h Zkayal relata esto:
En el año 560 yo estaba en la escuela de Hazrat
`Abdul-Qadir. Cierto día lo vi abandonar su casa
con su bastón en la mano. Me dije a mí
mismo, ` Desearía que me mostrase un milagro
con ese bastón!' El me miró, y sonriendo,
enterró parte del bastón dentro de la
arena. Instantáneamente se tornó en un
rayo de intensa luz
elevándose hasta fuera de la vista en el cielo,
iluminando todo durante una hora. Entonces él
tomó ese rayo de luz y se transformó nuevamente
en un bastón común. El me miró
y dijo, `Oh Zayal, es esto todo cuanto tú deseabas?'
A
sus manos más de cinco mil Judíos y Cristianos
se convirtieron en Musulmanes. Más de cien mil
rufianes, delincuentes, asesinos, ladrones y bandidos
se arrepintieron y se hicieron devotos Musulmanes y
pacíficos derviches. El explica como alcanzó
esa bendencida condición:
Durante veinticinco años deambulé por
los desiertos de Iraq. Dormí en ruinas. Me quedé
en reclusión durante once años, en un
lugar de Shustar, donde se hallan los restos de un castillo
en el medio del desierto, a doce días de viaje
desde Baghdad. Le prometí a mi Señor que
no comería ni bebería hasta que alcanzase
perfección espiritual. En el día cuadragésimo
llegó un hombre con una hogaza de pan y algún
alimento y los colocó delante mío, para
luego desaparecer. Mi carne gritaba, ` Tengo hambre,
estoy hambriento!' mi ego susurraba, `Tu promesa hacia
Allah se encuentra cumplida. Porqué no comes?'
Pero yo no rompí mi voto a
Allah.
Por azar sucedió que el sabio Abu Sa'¡d
al-Muharram¡ pasó por el lugar. Escuchó
los gritos de hambre de mi carne, a pesar que yo estaba
sordo a ellos. El se acercó y contemplando mi
demacrado estado
me dijo, `Qué es lo que veo y escucho,
Oh `Abdul-Qadir?'
`No te preocupes, amigo mío,' le dije. `Es solamente
la voz de la desobediencia de mi insubordinado ego,
mientras que el alma, en verdad te lo digo, está
prosternada delante de su Señor y se encuentra
plena de esperanza, paz y alegría.'
`Compláceme y ven a mi escuela en B b al-`Azj,'
me pidió. Yo no contesté, pero internamente
me dije, `No dejar este lugar salvo una orden
divina.' No mucho más tarde, Khidr se presentó
a mí y me dijo, `Ve y únete a Abu Sa'¡d'.
Cuando recibí la orden, fuí a Baghdad,
a la escuela de Ab Sa'¡d, y lo hallé
aguardándome a la entrada. ` Yo te rogué
que vinieras!" dijo. Luego me invistió con
el manto del derviche. Desde ese momento en adelante
nunca lo dejé.
Durante cuarenta años jamás dormí
a la noche. Hice mi plegaria de la mañana con
la ablución que había tomado para mi oración
nocturna. Leía el Corán para que el sueño
no me venciese. Me paraba en un pie y me apoyaba contra
la pared con una mano. No cambié esta posición
hasta que hube terminado la lectura del
Sagrado Libro.
Cuando no podía vencer yo mismo el sueño,
escuchaba una voz que sacudía cada célula
de mi cuerpo. Ella decía, `Oh `Abdul-Q dir, Yo
no te he creado para dormir! Tú eras nada. Yo
te di la vida para que, mientras estés vivo,
no estés desatento de Nosotros.'
Un
día, alguien le preguntó: `Oh `Abdul-Qadir,
nosotros oramos, ayunamos y nos negamos a los bajos
deseos de nuestra carne, igual que tú. Cómo
es que no recibimos altos estados místicos y
la habilidad de llevar a cabo milagros, como tú?'
El respondió: `Yo veo que ustedes no solamente
intentan competir conmigo en los actos creyendo que
hacen lo que yo hago, cuando en realidad meramente hacen
lo que me ven hacer - sino que reprochan a Allah por
no darles las mismas recompensas! Allah es mi testigo
en que nunca he comido o bebido a menos que escuchase
a mi Creador decir:
"Come y bebe - tú Me lo debes, por el cuerpo
que Yo te he dado."
Tampoco jamás hice una sola cosa sin la orden
de mi Señor.' El Sheikh `Al¡ ibn Mus fir
relata:
Yo estaba entre cientos de personas reunidas para escucharlo
al aire libre. Mientras él hablaba, una espesa
lluvia comenzó a caer y algunas personas empezaron
a partir. El cielo estaba obscuro de nubes que prometían
más lluvia. Hazrat `Abdul-Qdir elevó su
cabeza y sus manos en plegaria y dijo, `Oh Señor,
yo deseo reunir
a la gente para Ti. Acaso Tú estás intentando
alejarla de mí?'
Tan pronto como él dijo esto, la lluvia encima
nuestro se detuvo. Ni una sola gota cayó sobre
nosotros hasta que él terminó de hablar,
a pesar que estaba lloviendo fuera del lugar donde nos
encontrábamos congregados.
Yahy ibn Jina al-Ad¡b recuerda:
El Sheikh `Abdul-Qadir acostumbraba a intercalar poesía
en sus charlas. Un día el estaba hablando acerca
del alma y recitó este poema:
Mi alma, antes que llegara a ser en el reino de la nada,
Te amaba.
Si ahora yo abandonase el reino del amor,
Podrían mis pies alejarme?
Internamente, me dije a m¡ mismo: `Veamos cuantos
poemas recitar hoy.' Tenía conmigo un tramo de
cordel, y le hacía un nudo debajo de mi manto,
cada vez que él recitaba un verso. Yo estaba
sentado alejado, y verme le hubiera sido imposible.
El me miró y me dijo `Yo trato de desenredar,
y parece que tú hallas satisfacción
en atar
nudos!'
Su
devoto servidor Abdul-Rid relata lo que sigue:
Cierto día cuando estaba predicando, el sheikh
se interrumpió en el
medio de una sentencia y declaró: `No continuar
a menos que ustedes me den cien piezas de oro, ahora
mismo!' Rápidamente la gente reunió cien
dinares y los colocaron en mis manos. Todos estaban
sacudidos, sin saber que hacer, mirándolo con
asombro. Yo le alcancé el dinero. El me devolvió
los cien dinares, mientras
me decía: `Oh, Abul-Rid , ve al cementerio de
Sh£n¡ziyyah. Allí encontrarás
un anciano tocando el laúd para los sepulcros.
Entrégale
este oro y tráeme al anciano.'
Yo fui y allí estaba ciertamente el anciano,
tocando su laúd y cantando para las tumbas. Yo
le ofrecí mis salutaciones, y le di la bolsa
conteniendo el oro. El quedó espantado, lanzó
un largo grito, y perdió el sentido.
Cuando revivió, le llevé al Sheikh `Abdul-Qadir,
quien le pidió que
subiese al púlpito. El hombre ascendió
los escalones con el laúd en sus hombros. `Amigo,
diles tu historia,' le invitó el sheikh.
El tocador de laúd nos dijo que durante su juventud,
él había sido un cantante popular de fama.
Sin embargo al llegar a la vejez, nadie ya lo buscó,
ni deseó escucharlo más. Triste y abandonado
por todo el mundo, ese mismo día él hizo
un voto de que nunca cantaría más para
nadie, exceptuando los muertos. Había ido al
cementerio, y mientras estaba allí, cantando
y tocando el laúd, la tumba más
cercana se abrió en dos! El difunto levantó
su cabeza y dijo: `Toda tu vida has cantado para los
muertos.
Canta una vez para el Siempre-Viviente, para Allah.
Ciertamente El te otorgará más de lo nunca
antes te haya sido dado más de lo que tú
jamás hayas esperado recibir!' Al ver y escuchar
esto, se desmayó de temor y estupefacción.
Luego, al retornar sus sentidos, comenzó a cantar
así:
Oh Mi Señor, el día en que Te encuentre
no tendré nada para
entregar salvo ruegos en mis labios y esperanza de misericordia
en mi corazón.
Todo ser reunido en Tu presencia con esperanza,
ay de mí si soy
dejado con las manos vacías!
Si solamente los buenos llegasen rogando a Tu puerta,
¨a quién
irían a pedir los pecadores?
Oh Señor, cuando yo esté avergonzado ante
Ti en el Día de la Rendición
de Cuentas, no me salvarás Tú, del Fuego?
Abul-Rid continúa relatando:
En el medio del verso yo llegué a él con
los cien dinares de mi maestro como recompensa por sus
súplicas a su Señor, y en su sorpresa,
él perdió los sentidos.
El tocador de laúd, con lágrimas brotando
de sus ojos, se desmayó. Arrojó al suelo
su laúd y lo rompió. El sheikh dijo, `Si
esta es la recompensa de Allah por la honestidad de
alguien que tomó su vida como un juego, cuál
ser el premio del servidor de Allah
que es puro y leal toda su vida? Preserven la sinceridad
en su corazón, porque sin ella ustedes no progresarán
hacia su Señor ni siquiera una pulgada.'
`Abdul-Samad ibn Hum m era uno de los hombres más
ricos en Baghdad. Un hombre mundano, orgulloso, y arrogante,
creía que era dueño del mundo y de la
gente que trabajaba para él. Suponía que
los controlaba,
haciendo con ellos cualquier cosa que deseaba. Un materialista
en todo el sentido de la palabra, tenia aversión
profunda por el sheikh y negaba sus milagros. Este es
su relato: Como ustedes saben, a mí nunca me
agradó el sheikh. No obstante que soy un hombre
pudiente y tengo todo cuanto pueda desear, jamás
estaba contento, feliz o en paz.
Un día viernes, mientras pasaba cerca de su escuela,
escuché el llamado a la oración. Me dije
a mí mismo, `Echemos una mirada más de
cerca a este hombre que impresiona a otros con sus así
llamados, milagros. Iré a hacer mi plegaria del
viernes en su mezquita.'
La mezquita estaba repleta. Empujando hacia adelante,
en medio de la multitud, conseguí un lugar justo
delante del púlpito. El sheik comenzó
a decir su sermón y las ideas que exponía
me irritaron.
De súbito sentí la necesidad de evacuar
mi vientre con terrible urgencia. No había modo
de salir de la mezquita. Yo quedé horrorizado
ante la terrible vergüenza, ya que estaba a punto
de defecar allí mismo y en ese instante. Mi cólera
hacia el sheikh se incrementó.
En ese momento él descendió calmosamente
los escalones del púlpito y se paró al
lado mío. Mientras continuaba hablando, me cubrió
con el ruedo de su manto. De súbito me encontré
en un hermoso y verde valle donde corría un arroyo
de aguas cristalinas. No había nadie a la vista.
De inmediato hice mi necesidad, me lavé, y tomé
mi ablución en el arroyo. Cuando decidí
cumplir mi plegaria, me hallé nuevamente debajo
del manto del sheikh. El levantó su ruedo y subió
nuevamente los escalones hasta el púlpito.
Yo quedé estupefacto. No solamente se sentía
aliviado mi vientre, sino también lo estaba mi
corazón. Todo el descontento, la cólera
y los sentimientos negativos se habían evaporado
de él.
Después de la plegaria, abandoné la mezquita
y caminé hacia mi hogar. En el camino, me di
cuenta que había perdido la llave de mi caja
fuerte. Regresé a la mezquita y la busqué
pero no la pude hallar en ninguna parte. Tuve muchas
dificultades para conseguir que el cerrajero abriese
mi caja fuerte.
Al día siguiente, tenía que hacer un viaje
de negocios. A tres días de distancia de Baghdad,
pasamos por un valle muy hermoso.
Como si una fuerza nos arrastrase, llegamos hasta la
ribera de un arroyo increíblemente bello. Inmediatamente
reconocí que este era el
lugar donde yo había estado, y el arroyo en el
que me había lavado. Nuevamente lo hice así,
en el mismo sitio. Y allí encontré
la llave perdida, de mi caja fuerte! Cuando retorné
a Baghdad, me convertí en un seguidor del sheikh.
Una mujer de Baghdad, muy impresionada con la fama y
las riquezas del sheikh, decidió dejar su hijo
al cuidado de Hazrat `Abdul-Qadir.
Le llevó al niño, le dijo `Toma este hijo
como el tuyo propio - yo renuncio todo derecho a él
- y críalo para que llegue a ser como tú.'
El sheikh aceptó al niño y comenzó
a enseñarle piedad, ascetismo y la negación
de los bajos deseos del ego.
Después de algún tiempo, la madre vino
a ver a su hijo, y le halló delgado y pálido,
comiendo una costra de pan. Ella se encolerizó
con el sheikh y pidió estar ante su presencia.
Cuando llegó ante él, lo encontró
bien vestido, sentado en una agradable habitación
y comiendo un pollo. `Mientras tú comes tu pollo,
ella le reprochó, `mi pobre hijo,
el que yo dejé a tus cuidados, no tiene más
que un pedazo de pan viejo!'
El sheikh colocó su mano sobre los huesos del
pollo. `En el nombre de Allah Quien revive los huesos
desde el polvo, levántate!' Al sacar el sheikh
su mano, el pollo estaba vivo. Corrió por encima
de la mesa, diciendo: ` No hay dios sino Allah
y Muhammad es Su Mensajero y el Sheikh `Abdul-Qadir
es el amigo de Allah y Su Mensajero!'
El sheikh se volvió hacia la mujer y le dijo:
`Cuando tu hijo pueda hacer esto, el también
podrá comer cualquier cosa que desee.'
Más adelante en su vida, una noche estaban en
su casa cincuenta personas de la élite de Baghdad
. La reunión incluía todos los grandes
sheikhs de su tiempo, entre ellos Hafiz Abul-`Izz `Abdul-Mughith
ibn Harb.
Este recuerda:
Esa
noche el sheikh estaba realmente inspirado. Perlas de
sabiduría brotaban de su boca. Todos nosotros
estábamos en un perfecto estado de paz y beatitud,
de una clase que jamás habíamos experimentado
antes. En un momento dado, el sheikh señaló
su pie y declaró, `Este pie está por encima
de los cuellos de todos los santos.' No bien había
él dicho esto, cuando uno de sus estudiantes,
el Sheikh `Ali ibn al-Hili, se arrojó a los pies
de su maestro. Tomó el pie del sheikh y lo colocó
sobre su propio cuello. Entonces todo el resto de nosotros,
hicimos lo mismo.
Otro
de los presentes, el Sheikh Ab£ Sa'id al-Kaylawi,
dijo: Cuando él dijo, `Este pie está por
encima de los cuellos de todos los santos,' yo sentí
la verdad de Allah manifestarse en mi corazón.
Vi a todos los santos del mundo parados en su presencia,
llenando completamente mi visión. Los que eran
de este mundo estaban presentes corporalmente; aquellos
que habían muerto lo hacían espiritualmente.
El cielo estaba lleno de ángeles y otros seres
invisibles al ojo. Un grupo de ángeles descendió
y confirió al santo el manto del Mensajero de
Allah (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con
él). Mientras todos nos prosternábamos
y estirábamos nuestros cuellos, escuchamos una
voz sin sonido que decía `Oh sultán de
la época, guía de la religión,
del lugar, Oh ejecutor de la palabra de Allah el Compasivo,
heredero del Libro Sagrado, representante del Mensajero
de Allah, Oh aquél a cuyas órdenes son
entregados la tierra y los cielos, cuya plegaria es
aceptada, cuando él pide por lluvia, esta viene,
y brota leche de los pechos secos, Oh amado y respetado
de la creación entera ...'
Después que el Sheikh `Abdul-Qadir pronunció
esas palabras, no solo aquellos que se encontraban presentes,
sino todos los hombres de religión sintieron
un acrecentamiento de su conocimiento y de su sabiduría,
en la divina luz de sus corazones y en sus niveles espirituales.
Cuando este acontecimiento fue conocido en el mundo,
Musulmanes, todos los sheikhs y maestros pusieron sus
cabezas en el suelo en enorme humildad y aceptaron su
liderazgo. Pecadores de entre las gentes se
acercaron a su presencia, se arrepintieron, y se convirtieron
en puros. Bandidos, ladrones, delincuentes se allegaron
a él, y se hicieron sus seguidores. El llegó
a ser el centro, el polo.
Trescientos trece santos de la época, entre ellos
diecisiete en la sagrada ciudad de la Mecca, sesenta
en Iraq, cuarenta en Irán, veinte en el Egipto,
treinta en Damasco, once en Abisinia, siete de Ceilán,
veintisiete en el Oeste, cuarenta y siete en las tierras
inaccesibles más allá del Monte Qaf, siete
de las tierras de Gog y Magog, y veinticuatro en las
islas de los océanos, todos escucharon y pusieron
sus cabezas en el suelo en obediencia - con la excepción
de un Persa.
Este Persa era un muy devoto sheikh. Oraba más
que nadie y ayunaba continuamente. Hizo numerosas peregrinaciones
a la Kaa'bah, y tenía mucha ambición por
el logro del placer de Allah. Durante cincuenta
años permaneció recluso del mundo con
sus cuatrocientos discípulos, a los que hizo
trabajar día y noche para perfeccionarse. Tenía
enormes conocimientos, y podía obrar milagros.
Cuando le llegó el aviso de la
declaración de Hazrat `Abdul-Qadir, se encontraba
en Peregrinación con sus discípulos, en
la sagrada ciudad de la Mecca. Ya sea que haya desmerecido
la grandeza de Hazrat `Abdul-Qadir, o que sobreestimase
la
suya propia, se rehusó a bajar su cerviz en obediencia
a la llamada de`Abdul-Qadir. Aquella noche soñó
que partiendo desde la Mecca llegaba a Bizancio y allí
adoraba un ídolo. Deprimido por este ominoso
sueño, reunió sus discípulos y
les dijo que debía ir de inmediato a Bizancio,
donde confiaba en descubrir el significado de su sueño.
Sus leales discípulos le siguieron a Bizancio.
Cuando entraron a la ciudad el sheikh vio a una hermosa
muchacha parada en un balcón. Su cabello era
negro como la noche, sus ojos eran lunas gemelas con
cejas arqueadas como tiernas hoces sobre ellos, su mirada
una tentación para los amantes. Sus húmedos
labios, del color de los rubíes, tornaban sedientos
a cualquiera que los mirase. Su boca era tan pequeña
que ni siquiera las palabras podían atravesarla,
su estrecha cintura estaba ceñida por el cinturón
de los idólatras.
Tan pronto como el sheikh la vio, su corazón
se encendió en fuego, sus ojos quedaron fijos
sobre ella, su voluntad se deslizó de sus manos.
Mientras su corazón se llenaba de amor por ella,
la religión y la fé lo abandonaron.
Aún con toda su belleza, esa mujer no era más
que una meretriz, una tentación del Diablo. El
sheikh permaneció a la puerta de esta ramera
pagana, con la boca abierta, sus ojos fijos en el balcón,
esperando verla. Interiormente, él estaba en
pleno tormento. Pensaba que todos esos años de
ayuno en que atormentaba su carne, no había sufrido
como ahora. Buscó en su conocimiento, en su razonamiento,
para encontrar la
lógica de esta situación, pero toda razón
y conocimiento le habían abandonado. Sus compañeros
se acercaron a él, en terror y aflicción,
y le rogaron que se apartase, que se arrepintiese, que
orase. El sheikh
replicó que antes de hacerlo, se arrepentiría
del absurdo de alejarse del mundo y sus placeres por
motivo de su fe, y que en cuanto a orar y suplicar,
lo haría más bien a esta muchacha que
a Dios. Cuando se le recordó el castigo de Allah
y el Infierno, dijo que la separación de su amada
y el fuego del amor en su corazón podrían
alimentar siete Infiernos. Sus discípulos le
imploraron por largo tiempo, pero al ver que sus esfuerzos
no producían ningún efecto en el sheikh,
le dejaron.
El sheikh permaneció un mes entero a la puerta
de la prostituta pagana. El polvo fue su cama y el umbral
su almohada. Dormía en la calle, junto a los
perros callejeros.
Finalmente
la bella pagana se aproximó a la puerta para
encontrarlo y le dijo: ` Oh anciano que te llamas
a ti mismo, un sheikh y un Musulmán, estás
tan intoxicado con el vino de atribuir iguales a Dios,
que te muestras en ese estado en esta pagana calle!'
El sheikh dijo, `Yo abandonaré no solo mi religión
sino mi vida por un toque de tus labios.' La ramera
dijo, ` Avergonzate, esclavo decrépito de
tus pasiones! "Cómo te atreves a sugerir
besarme, cuando más bien estás cercano
a envolverte en tu mortaja e irte a tu sepulcro?
Vete! Yo no
puedo amarte.' Sin importar cuánto ella le insultase,
el sheikh permanecía a su puerta. Entonces ella
descendió nuevamente a él y le dijo, `Si
tu amor por mí es como tú dices, entonces
has de renegar del Islam, quema el Corán, inclina
tu cabeza y prostérnate delante de los ídolos
y bebe vino.' El dijo: `No puedo en verdad todavía
abandonar el Islam, ni puedo quemar el Corán,
pero estoy dispuesto a brindar con vino por tu
belleza.' Ella dijo, `Entonces ven, y bebe vino conmigo.
Muy pronto estarás de acuerdo en hacer todas
las otras cosas que te he pedido.'
Mientras él sorbía vino de sus manos,
su corazón y su mente ardían con fuego.
Intentó recordar el Corán que tenía
memorizado, los libros que hubo leído y escrito
sobre el Islam, pero los había olvidado todos.
Borracho, trató de tocarla. Ella dijo: `No, hasta
que te conviertas en un pagano como yo y hayas quemado
tu Corán.' El arrojó su Corán y
su manto de derviche al fuego, abandonó su fe
y se inclinó ante los dioses paganos, e intentó
nuevamente tocarla. Ella le dijo: `Tú viejo baboso,
esclavo de tu pasión, que no posees ni bienes
mundanos ni fama, cómo puede una mujer como yo
ser acariciada por tal clase de mendigo? Yo necesito
plata y oro y seda. En vista que tú no tienes
nada, aparta tu horrible ser y vete! Transcurrió
más tiempo. El pobre anciano, desgastado, permanecía
ante la puerta. Finalmente, cierto día, ella
se entregó a él.
Entonces ella dijo: `Ahora, hablemos de mi precio, Oh
sucio viejo, ve y cuida mi piara de cerdos durante
un año.' Sin protestas, el otrora sheikh de la
Kaa`bah, se convirtió en un porquerizo.
Las tristes noticias del sheikh que no inclinó
su cabeza ante Hazrat Abdul-Qadir se desparramaron,
y sus discípulos, que lo abandonaron, llegaron
a Baghdad. Allí pidieron ver al sheikh `Abdul-Qadir.
Cuando
le dijeron lo ocurrido, que el sheikh había dejado
su religión, se había convertido en un
pagano y reducido a un porquerizo, Hazrat `Abdul-Qadir
dijo: `Si uno no se somete y se transforma en el cordero
de un pastor, entonces se hace porquerizo de una piara
de chanchos.
Porque cada hombre tiene su propia manada de mil cerdos,
mil ídolos en su corazón, salvo que los
ahuyente mediante la sumisión y el arrepentimiento.'
Después los reprendió por el abandono
de su sheikh y les dijo que por respeto a él
debieran aún haberse hecho paganos!
Añadió que un amigo real es aquél
en quien se puede confiar durante la desgracia, porque
en momentos afortunados todos pretenden ser amigos.
Luego oró por el descarriado sheikh y les dijo
que regresaran a
Bizancio y le transmitiesen que `Abdul-Qadir le invitaba
a volver.
Los discípulos partieron prontamente hacia Bizancio.
Hicieron plegarias por su sheikh durante todo el camino.
Ayunaron y pidieron a Allah que otorgase a su sheikh
las recompensas. Enviaron innúmeras bendiciones
al Profeta Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él) y rogaron por su intercesión.
La flecha de la plegaria alcanzó su blanco. Al
llegar al sheikh le hallaron radiante entre los muchos
cerdos, y cuando le dijeron de la llamada de Hazrat
`Abdul-Qadir, se arrancó el ceñidor de
los paganos, derramó torrentes de lágrimas
de arrepentimiento, elevó sus manos al cielo
en agradecimiento, y todo cuanto él había
abandonado - el Corán, los secretos divinos -
le regresó y fue rescatado de su miseria y locura.
Entonces tomó un baño, realizó
sus abluciones y se cubrió con el manto del derviche.
A continuación, partió para Baghdad. Mientras
ocurría esto, la muchacha pagana vio en un sueño,
una luz que descendía sobre ella y escuchó
estas palabras: `Sigue a tu sheikh, abraza su fe, conviértete
en el polvo debajo de sus pies. Tú que has sido
manchada, eres ahora tan pura como lo es él.
Le llevaste a tu camino. Entra ahora en el suyo.'
Cuando se despertó, su ser se hallaba transformado.
Corrió para alcanzar al sheikh y sus discípulos.
Corrió,
sin comer ni beber, por encima de planicies y de montañas.
Finalmente, en el medio del desierto, cayó al
suelo. Ella oró: `Oh Tú Quien me has creado,
perdóname, no me aniquiles. Si me rebelé
contra Tu fe y Tu
sendero, lo hice en ignorancia, así como mi sheikh
lo hizo en arrogancia. Tú le has perdonado, absuélveme
a mí también. Yo me entrego y acepto la
verdadera fe Allah dispuso que el sheikh, quien se hallaba
no muy lejos, escuchara las palabras de la muchacha;
él y sus discípulos retornaron hasta donde
ésta yacía. Ella dijo `Por tu causa la
vergüenza me consume. Instrúyeme en el Islam
para que pueda enfrentar a mi Señor en el sendero.'
Mientras el sheikh atestiguaba su fe, y de sus compañerosbrotaba
llanto de júbilo, la joven les deseó bienaventuranza
y se reunió con su Señor. Ella, una gota
en el mar de la ilusión, regresó al océano
de la Verdad y el sheikh llegó a Baghdad y en
humildad, estiró su cuello debajo de los pies
de Hazrat `Abdul-Qadir. A medida que la influencia de
Hazrat `Abdul-Qadir se esparcía a todos los rincones
del mundo, muchos de sus discípulos obtuvieron
posiciones de importancia y numerosos gobernantes de
hombres se convirtieron en sus discípulos. El
facultó a incontables seguidores suyos para actuar
como sus representantes, de acuerdo con las habilidades,
cualidades internas y rangos espirituales de cada uno.
De varios hizo maestros espirituales y juristas de otros.
Algunos fueron nombrados gobernantes y detentadores
de poder mundano.
Existía un derviche que desde que ingresara al
servicio de Hazrat `Abdul-Qadir estuvo durante cuarenta
años realizando todo esfuerzo para complacerle.
El veía como otros discípulos mucho más
jóvenes que é, y que habían pasado
mucho menos tiempo con el sheikh, eran delegados por
éste para recibir importantes posiciones. Cierto
día se acercó a Hazrat `Abdul-Qadir e
hizo su pedido. Le había servido durante tantos
años, y ahora estaba más cercano a la
ancianidad. "Por qué no podía también
él, recibir un puesto substancial y elevado como
algunos de los otros? Mientras hablaba, arribó
desde la India un grupo de emisarios.
Deseaban que Hazrat `Abdul-Qadir nombrase un maharajah
para su reino. El sheikh contempló a su derviche,
y le dijo, `Quisieras este puesto? Te sientes cualificado
para él? El derviche no cabía en su alegría.
Después que los emisarios se alejaron, el sheikh
dijo al derviche, `Si tú sientes encontrarte
cualificado para servir en mi nombre, te nombraré
para ese reino en la India. Tengo una condición.
Has de prometer que me darás la mitad de todos
los beneficios y bienes que recibirás durante
tu reinado.' El derviche prestamente aceptó.
El derviche era cocinero en la escuela de Hazrat `Abdul-Qadir.
Ese día se estaba preparando un postre al que
era necesario revolver continuamente. Después
de su charla con el sheikh, él regresó
a la cocina para mezclar el pesado postre en un gran
caldero con una cuchara de madera. Mientras se encontraba
ocupado en ello, fue llamado para acompañar a
los emisarios a la India como su rey, y así,
partió. El derviche se convirtió en un
maharajah. Amasó enorme riqueza, construyó
muchos palacios para sí mismo, se casó
y tuvo un hijo.
Eventualmente, olvidó todo cuanto se refería
a su sheikh y a su promesa.
Cierto día recibió un mensaje notificándole
que el Sheikh `Abdul-Qadir estaba llegando para visitar
su reino. Se alistó para agasajarlo con gran
pompa. Después de lujosas ceremonias, procesiones,
y fiestas, fueron dejados solos para hablar. El sheikh
hizo presente al maharajah el acuerdo de ambos: él
tomaría la mitad de todo cuanto éste hubiese
acumulado durante su reinado. El maharajah se molestó
al serle recordada su promesa, pero no obstante admitió
que al día siguiente prepararía sus cuentas
de todo cuanto poseía y que ofrecería
la mitad al sheikh. Su ambición y su hambre de
riquezas - que se había incrementado muchas veces
a medida que adquiría mas y más caudales
- no le permitieron rendir una cuenta honesta de su
hacienda. Al día siguiente trajo una lista y
la entregó al sheikh. Aunque ésta enumeraba
muchos palacios y tesoros, solamente representaba una
fracción de lo que él poseía en
realidad.
El Sheikh `Abdul-Qadir pareció estar satisfecho
con su parte. Luego habló. `He escuchado que
también tienes un hijo.' El maharajah respondió:
`Sí, desafortunadamente solo uno. Si tuviese
dos, gustosamente te daría uno.' `A pesar de
todo, trae al niño,' replicó el sheikh.
`Siempre podremos compartirlo.' El muchacho fue llevado
a presencia de ellos. El sheikh desenvainó su
afilada espada y la sostuvo sobre la cabeza del niño.
`Tú tendrás la mitad, y yo tendré
la mitad!' declaró. El padre, horrorizado, extrajo
su daga y con las dos manos, la
hundió en el corazón del sheikh. De inmediato
sus ojos parpadearon; al abrirlos se halló a
sí mismo al borde del caldero de postre, blandiendo
la cuchara de madera dentro del recipiente. Hazrat `Abdul-Qadir
lo contempló y le dijo: `Como ves, tú
no estás aún listo para ser mi representante.
Todavía no has entregado todo, incluyéndote
a ti mismo, a mí.'
El mismo se había dado por entero a Allah. Sus
noches transcurrían con poco o ningún
sueño, en solitaria plegaria y meditación.
Pasaba sus días como un verdadero seguidor del
Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él) al servicio de la humanidad. Por tres
veces a la semana decía en público sermones
a cientos de personas. Cada día, por la mañana
y por la tarde daba lecciones sobre comentarios al Corán,
tradiciones Proféticas, teología, ley
religiosa y Sufismo. Su tiempo después de la
plegaria del mediodía lo ocupaba dando consejos
y en consultas con la gente, ya fueren ellos mendigos
o reyes, que venían desde todas las partes del
mundo. Antes de las oraciones de la caída del
sol, ya fuese que lloviese o tronase, partía
a las calles para distribuir pan entre los pobres. Como
su vida era de perenne ayuno, comí únicamente
una vez al día, después de la plegaria
del ocaso, y nunca solo. Sus servidores se paraban en
su puerta preguntando a los que pasaban por allí
si estaban hambrientos, de modo que pudieran compartir
su mesa.
Falleció
en sábado, el octavo día de II Rabi, en
el año 561 A.H., 1166 E.C., a la edad de 91 años.
Su bendecida tumba, en la academia de B b al-Daraja,
en Baghdad, se ha convertido en un importante lugar
de
peregrinación para Sufíes y todo Musulmán.
Cuando
contrajo la enfermedad a cuya causa murió, su
hijo
`Abdul-`Aziz vió que estaba sufriendo grandes
dolores, sacudiéndose y revolviéndose
en el lecho. `No tengas preocupación por mí,'
dijo a su hijo. `Yo estoy siendo dado vuelta una y otra
vez en el conocimiento de Allah.'
Cuando
su hijo `Abdul-Jabbar le preguntó donde sentía
dolor, le dijo: `Todo en mi duele, excepto mi corazón.
No hay dolor en él, ya que está con Allah.'
Cuando su hijo `Abdul-Wahhab le pidió: `Dame
algún consejo final en base al cual yo pueda
actuar después que tú hayas dejado este
mundo.' El dijo: `Teme a Allah y a nadie más.
Que tu esperanza provenga de Allah y confía todas
tus necesidades a El; espera y desea nada de
nadie, excepto de El. Apóyate en Allah y en ningún
otro. Únete con El, únete con El, únete
con El.'
Antes de abandonar este mundo, echó una mirada
a su alrededor y dijo a los presentes: `Han venido a
mí otros, a quienes ustedes no ven. Hagan
lugar para ellos y muéstrenles cortesías!
Yo soy el núcleo dentro de la cáscara.
Me ven con ustedes, pero estoy con alguien más.
Es mejor que ahora me dejen.' Luego, dijo: ` Oh
ángel de la muerte, yo no te temo, como tampoco
temo a nada, excepto a El, Quien me ha asistido con
su amistad, y ha sido generoso para conmigo!' - En el
último momento elevó sus manos y dijo:
`No existe ningún dios, salvo Allah, y Muhammad
es Su Profeta. Que la Gloria sea con Allah, el Exaltado,
el Siempre-Viviente, que la gloria sea con El, el Todo-Poderoso,
Quien subyuga a Sus servidores mediante la muerte.'
Luego emitió un estentóreo grito y dijo:
`Allah, Allah, Allah!' y su bendita alma abandonó
su cuerpo.Que
la complacencia de Allah sea con su alma y que su espíritu
interceda por este faqír, el escritor de estas
palabras, y por aquellos que las leen.
UNA
ALOCUCION AL LECTOR
(Tomado de una carta escrita por Hazrat `Abdul-Qadir al-Jilani)
Querido
Amigo,
Tu corazón es un espejo pulido. Tú debes
frotarlo hasta que permanezca limpio del velo del polvo
que se ha acumulado sobre él, porque está
destinado a reflejar la luz de los secretos divinos.
Cuando la luz proveniente de `Allah [Quien] es la luz
de los cielos y de la tierra ... ' comience a brillar
sobre las regiones de tu corazón, la lámpara
del corazón se encenderá. La lámpara
del corazón `está dentro de un cristal,
el cristal es como si fuese una estrella de luz resplandeciente
...' Luego se hunde el dardo relampagueante del descubrimiento
divino en el interior de ese corazón. Este relámpago
en forma de dardo emanará de las tormentosas
nubes del significado que no viene `ni del Oriente ni
del Occidente, inflamado desde un bendito árbol
de olivo ... ' y arrojar luz sobre el árbol del
descubrimiento, tan pura, tan transparente, que `esparce
luz aunque el fuego no la
toque'. (1) Entonces, la lámpara de la sabiduría
se enciende por sí misma. ¨
Cómo puede permanecer apagada cuando la luz de
los secretos de Allah fulgura sobre ella? Si únicamente
la luz de los divinos secretos brilla sobre él,
el cielo nocturno de los secretos resplandece con miles
de estrellas
y por las estrellas [tú] hallas [tu] camino ...'
(2) No son las estrellas las que nos guían, sino
la divina luz. Porque Allah ha `...engalanado el bajo
cielo con belleza [en] las estrellas.' (3) Con tan solo
que la lámpara de los secretos divinos haya comenzado
a arder en tu ser interior, el resto vendrá ya
sea de inmediato o bien de poco a poco. Algo, tú
ya sabes, y algo nosotros te diremos aquí. Lee,
escucha, trata de entender. Los obscuros cielos de la
inconsciencia se encenderán por la divina presencia
y la paz y la belleza de la luna
llena, que se elevará desde el horizonte esparciendo
`luz sobre la luz', (4) siempre ascendiendo en el cielo,
pasando a través de sus preordenadas etapas tal
como Allah ha `... ordenado para ella Mansiones' (5)
hasta que brille en gloria en el centro del cielo, dispersando
las tinieblas de la irresponsabilidad. `[Yo juro] por
la
noche cuando se encuentra inmóvil ... (6) ...
Por la gloriosa luz del amanecer ...' (7) tu noche de
inconsciencia ver la brillantez del día. Entonces
tú inhalarás el perfume de la recordación
y `te arrepentirán en las horas tempranas de
la mañana' (8) de tu inconsciencia y lamentarás
tu vida disipada en el sueño. Tú escucharás
las canciones de los ruiseñores mañaneros
y les oirás decir: `Ellos estaban en la costumbre
de dormir muy poco por la noche, y en las horas de la
madrugada, ellos [eran hallados] orando por perdón.'
(9)
`Allah guía hacia Su luz a quien El le place.'
(10) Entonces
verás desde el horizonte del Divino Razonamiento
elevarse el sol del conocimiento interior. Se trata
de tu propio y privado sol, porque tú eres aquél
a `quien Allah guía' y te hallas `en el recto
sendero 'y no eres aquél que `El deja en el error.'
(11) Y así comprenderás el secreto de
que: `No le es dado al sol alcanzar a la luna, ni puede
la noche sobrepasar al día. Cada uno nada a lo
largo de [su] órbita (designada].' (12) Finalmente,
el nudo será desatado en acuerdo con `las parábolas
que
Allah ha expresado para los hombres, y Allah es el Conocedor
de todas las cosas,' (13) y los velos serán apartados
y las coberturas rotas, revelando lo fino debajo de
lo tosco; la verdad descubrirá su cara.
Todo esto tendrá comienzo cuando el espejo de
tu corazón sea purificado. La luz de los divinos
secretos caerá sobre él -si estás
dispuesto- y pides por El, de El, con El.
N O T A S
1.
Lo anterior es citado del Versículo de la Luz
(Sura Al-Nur 24:35)
2. Sura Al-Nahl (16:16).
3. Sura Ya Sin (36:36).
4. Sura Al-Nur (24:35).
5. Sura Ya Sin (36:39).
6. Sura Al-Duha (93:02).
7. Sura Al-Duha (93:01).
8. Sura Al'Imran (3:17).
9. Sura Al-Fatiha (1:17-18).
10. Sura Al-Nur (24:35).
11. Sura Al-A`raf (7:178).
12. Sura Ya Sin (36:40).
13. Sura Al-Nur (24:35).
SOBRE
EL COMIENZO DE LA CREACION
Quiera Allah
acordarte éxito en actos que Le complazcan y
encuentren Su aprobación.
Piensa, graba en tu mente y comprende lo que yo digo.
Allah El Más Elevado creó primeramente
a partir de la divina luz de Su propia Belleza, la luz
de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él). Así Lo declara en la divina tradición
proveniente desde El, relatada por el Profeta (Que la
Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él): Yo hé creado el alma
de Muhammad desde la luz de Mi Manifestación
(`wajh').
Esto
es enunciado por nuestro Maestro el Mensajero de Allah
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él)
en sus palabras: `Allah creó primeramente mi
alma. El la creó inicialmente como una divina
luz,' `Allah creó al principio la Pluma,' `Allah
creó en el comienzo el Intelecto,' Lo que se
significa por todo cuanto es mencionado como primeramente
creado, es la creación de la verdad de Muhammad,
la realidad oculta de Muhammad (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah sean con él). El es también [como
su Señor] designado por muchos bellos nombres.
Se le llama `Nur', la Divina Luz, porque él fue
purificado de la obscuridad escondida debajo del atributo
de la fuerza y la ira (`jalal') de Allah. Allah El Más
Elevado dice en Su Sagrado
Corán: `Ha llegado hasta vosotros, desde Allah,
una luz y un Libro descifrable'. (Sura Al-Ma'idah, 5:15)
El
es denominado el Intelecto Total (`'aql al-kull') ya
que lo vio y lo comprendió todo. Se le llama
la Pluma (al-qalam) porque esparció sabiduría
y conocimiento, y volcó saber dentro del reino
de las letras. El alma de Muhammad (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), es la esencia
de todos los seres, el comienzo y la realidad del universo.
El así lo indica, con estas palabras: `Yo soy
desde Allah y los creyentes son desde mi'. Allah El
Más Elevado creó todas las almas a partir
de su alma en el reino de los seres primeramente creados,
en la mejor de las formas. `Muhammad' es el nombre de
toda la humanidad dentro del reino de las almas (` lam
al-arw h). El es la fuente, el hogar de todo y cada
cosa.
Cuatro mil años después de la creación
de la luz de Muhammad, Allah creó el Trono Celestial
(`'arsh') a partir de la luz del ojo de Muhammad. El
creó el resto de la creación a partir
del Trono Celeste. Luego envió las almas a descender
hasta los más bajos niveles de la creación,
hasta el reino de este mundo material, hasta los dominios
de la materia y nuestros cuerpos. `Entonces Nosotros
hicimos que el descendiese hasta lo más bajo
de lo bajo,' (Sura Al-Tin, 95:5). El envió esa
luz desde donde fuera creada, el Ultimo Reino (`'alam
al-l h£t') que es el reino de la manifestación
de la Esencia de Allah, de la unidad, del ser absoluto
- hasta el dominio de los divinos Nombres, la manifestación
de los atributos divinos, el reino de la inteligencia
causal del Alma Total.
En ese ámbito El vistió las almas con
ropajes de luz. Estas almas son denominadas `almas-sultan'.
Cubiertas con vestiduras de luz, ellas descendieron
al reino de los ángeles. Allí El las cubrió
con las brillantes indumentarias de los ángeles
y allí fueron llamadas `almas espirituales'.
Luego El causó que bajasen hasta
el mundo de la materia, de agua y fuego, tierra y éter;
y se convirtieron en almas humanas. Entonces, utilizando
los materiales de este mundo, El creó los cuerpos
de carne.
`Nosotros te creamos de ella [la tierra], a ella Nosotros
te retornaremos, y desde ella te originaremos una segunda
vez.' (Sura Ta-Ha, 20:55)
Después
de estas etapas, Allah ordenó a las almas que
ingresaran dentro de sus cuerpos, y por Su voluntad
ellas entraron. `Así cuando Yo le hice a él
completo y exhalé dentro de él Mi Alma
...' (Sura Sad, 38:72)
Llegó una época en que estas almas comenzaron
a unirse ellas mismas a la carne y olvidaron su origen
y su solemne convenio. No recordaron que cuando Allah
las creó en el reino de las almas, El les preguntó:
`Acaso no soy Yo vuestro Señor?', ellas habían
contestado ` Sin duda!' Olvidaron su promesa, y
cómo habían sido creadas, olvidaron la
ruta de regreso a su hogar; pero Allah es misericordioso,
la fuente de toda ayuda y seguridad para Su creación.
El había tenido piedad de ellas, as¡ pues
El les entregó sus divinos libros y mensajeros
con el propósito de recordarles su origen.
`Y ciertamente Nosotros enviamos a Moisés con
Nuestros mensajes [diciendo]: Conduce a tu gente desde
la obscuridad hasta la luz, y recuérdales de
los días de Allah ...' (Sura Ibrahim 14:5)
Es decir, `Recordar a las almas los días cuando
ellas estaban en unión con Allah.'
A este mundo vinieron muchos mensajeros, cumplieron
con sus deberes, y desaparecieron. Todo ello fue con
el propósito de traer el mensaje a los hombres
y despertar a las gentes a sus responsabilidades. Pero
en
el decurso del tiempo se han hecho cada vez menos las
personas que lo recuerdan a El, que se vuelven hacia
El, los que desean regresar a su origen divino; son
más escasos los individuos que ya han llegado
a su
a su fuente y desaparecieron. Los profetas continuaron
viniendo y el divino mensaje continuó hasta que
apareció el gran espíritu de Muhammad
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
el último de los mensajeros que salvaron a los
pueblos del desvío. Allah El Más Elevado
lo envió para abrir los ojos de los corazones
de los irreflexivos. Su propósito fué
despertarlos del sueño de la inconsciencia y
unirlos con la Eterna Belleza, con la Causa, con la
Esencia de Allah. En Su Sagrado Corán, Allah
dice:
`Dí: Este es mi sendero. Yo llamo a Allah con
la certeza de la visión interior - Yo, y aquellos
que me siguen ...'
(Sura Yusuf, 12:108)
para
señalar el camino de nuestro Maestro, el Profeta
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él).
El Mensajero de Allah, para indicarnos nuestra meta,
nos dice: `Mis compañeros son como las estrellas
en el cielo. Si tú sigues a cualquiera de ellos,
encontrarás el verdadero sendero.' Esta intuición
se inicia en el ojo del alma. Este ojo se abre en el
corazón del corazón de aquellos que son
cercanos a Allah, los que son amigos de Allah. De todas
las ciencias del mundo material no hay ninguna que se
halle orientada para entregarnos este espontáneo
discernimiento: es menester un saber que emana desde
los ámbitos escondidos, una penetrante visión
que nos inunda desde la consciencia divina: `... a quien
Nosotros hemos enseñado el conocimiento que proviene
desde Nuestra Divina Presencia.' (Sura Al-Kahf, 18:65).
Lo que es preciso para el hombre es encontrar aquellos
que poseen esta intuición, cuyos ojos del corazón
están abiertos, y ser inspirado por ellos. Un
maestro tal, que inculque dentro de uno el conocimiento,
ha de estar cercano a Allah y ser capaz de ver dentro
del Ultimo Dominio. Oh hijos de Adán, hermanos
y hermanas, despierten, arrepiéntanse, ya que
a través del arrepentimiento estarán pidiendo
a su Señor, Su sabiduría. Hagan
un esfuerzo e inténtenlo! Allah les ordena:
`Y apresúrate al perdón de tu Señor
y a un Jardín tan amplio como los cielos y la
tierra, que se encuentra preparado para los virtuosos
[quienes temen y aman a Allah]':
`Aquellos que son caritativos tanto en la prosperidad
como en la adversidad y aquellos quienes refrenan [su]
ira y perdonan a los hombres. Y Allah ama los hacedores
del bien [a otros].' (Sura Al'Imran, 3:133-34).
Entren en el sendero, únanse a la caravana espiritual
para regresar a su Señor. Muy pronto el camino
se tornará impracticable, y no quedará
ningún compañero de viaje. Nosotros no
hemos llegado a este tosco y ruinoso mundo para descansar;
no fuimos enviados aquí para comer, beber y defecar.
El espíritu de nuestro Maestro, el Profeta de
Allah, (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con
él), les está observando. El se conduele
al ver vuestra condición. El sabía lo
que sobrevendría cuando dijo: `Mi dolor es por
mi amado pueblo, los que vendrán en los tiempos
postreros.'
Cualquier cosa que nos llegue, lo hace de una de dos
formas, ya sea evidente, o bien oculta: evidente, bajo
la forma de los preceptos de la religión, oculta
en la forma de sabiduría. Allah El Más
Elevado nos ordena transformar en armonioso nuestro
ser exterior mediante la adhesión a los preceptos
religiosos, y poner nuestro ser interior en orden a
través de la adquisición de la sabiduría.
Cuando el ser exterior y el ser interior se funden en
uno solo, y la sabiduría se une con la religión,
alcanzamos el nivel de la verdad, como el árbol
frutal, que primeramente produce las hojas, luego los
retoños, y después las flores que se convierten
en fruto.
`El ha hecho que los dos océanos fluyan libremente
- se encuentran el uno con el otro: Entre ellos hay
una barrera por encima de la cual no pueden pasar.'
(Sura Al-Rahman, 55:20).
Los dos han de unificarse. La verdad no puede ser obtenida
solamente a través del conocimiento tangible
de los sentidos, del universo material. Por esa ruta
es imposible alcanzar la meta, que es el origen, la
Esencia. La verdadera adoración precisa de ambas,
la religión y la sabiduría. Allah el Más
Elevado dice, sobre la
adoración: `A jinns y hombres Yo no les he creado
exceptuados de adorarme a Mi.' (Sura Al-Dhariyat, 51:36).
En
otras palabras, `ellos son creados de modo que puedan
conocerme a Mí.' Cuando no se lo conoce a El
cómo puede uno verdaderamente alabarlo a El,
solicitar Su ayuda y servirlo a El? La sabiduría
que uno necesita a fin de conocerlo El, puede lograrse
solamente levantando la negra cortina que cubre el espejo
de nuestro corazón, limpiándolo hasta
hacerlo brillar. Entonces los ocultos tesoros de la
belleza divina pueden comenzar a reflejarse en el secreto
del espejo del corazón. Allah El Más Elevado,
hablando a través de Su amado Profeta (Que la
paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
dice: `Yo era un tesoro escondido, Yo dispuse ser conocido,
por lo tanto Yo cree la Creación. 'En consecuencia
el propósito divino, en la creación del
hombre es que este adquiera sabiduría,
para conocer a su Señor. Hay dos niveles de sabiduría
divina. Uno es el conocimiento de los atributos de Allah,
y el otro el de la Esencia de Allah. Al adentrarse en
los atributos de Allah, el hombre material saborea tanto
este mundo como el del más allá . Pero
la sabiduría que nos lleva al conocimiento de
la Esencia de Allah se halla en el espíritu santo,
en el hombre que posee el saber de los misterios del
más allá . La confirmación de esto
la hace Allah, al decir: `... y Nosotros lo fortalecimos
a él [Jesús], con el espíritu santo
...' (Sura Al-Baqarah, 2:87). Los que conocen la Esencia
de Allah encuentran este poder a través del espíritu
santo que a ellos les ha sido dado. Ambos niveles son
obtenidos mediante una sabiduría que debe tener
dos aspectos: la sabiduría espiritual interna,
y el conocimiento exterior de las cosas manifestadas.
Para lograr el bien, estamos en necesidad de ambas.
El Profeta de Allah (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con El), los explicadas¡: `El conocimiento
se localiza en dos partes. Una es la lengua del hombre,
que constituye una prueba - de la existencia de Allah.
- La otra se halla en el corazón del hombre.
Esto
es lo necesario para la realización de nuestras
esperanzas.' El hombre necesita primeramente el conocimiento
religioso. Esta es la educación en la cual uno
recibe enseñanza de las manifestaciones exteriores
de la Esencia de Allah, reflejada en este mundo de atributos
y de nombres. Después que uno ha obtenido destreza
en esto, es el turno de la educación interior
en los secretos mediante los cuales uno se adentra en
los reinos de la sabiduría divina y llega a conocer
la verdad. En la primera etapa uno debe dejar de lado
todo cuanto no está de acuerdo con los preceptos
religiosos. De hecho, las equivocaciones - los errores
en buena conducta y carácter - han de ser eliminados,
como los Sufíes requieren. Para lograr eso uno
ha de practicar realizando cosas en contra de los deseos
de nuestro propio ego, actos que son difíciles
de aceptar por los deseos de la carne. Pero al ejecutar
estos esfuerzos uno ha de estar atento, de modo que
no sean hechos para que otros los vean o se hable acerca
de ellos. Se deben hacer estas cosas por consideración
de Allah, buscando únicamente Su complacencia.
Allah dice:
` ... así el que alberga la esperanza de encontrar
a su Señor, que haga acciones rectas y que no
asocie a nadie en el servicio de su Señor.' (Sura
Al-Kahf, 18:110).
El
dominio descripto como el reino de la sabiduría
es el primeramente-creado Reino Final. Ese reino es
el origen, el hogar al cual uno aspira a regresar. Allí
es donde fue creado el espíritu santo. Lo que
se quiere significar por el espíritu santo es
el espíritu humano. Este fue creado en la mejor
de las formas. La verdad ha sido implantada en el centro
del corazón como la propiedad de Allah, confiada
a usted para su salvaguardia. Se hace manifiesta con
el verdadero arrepentimiento y con el honesto esfuerzo
de aprender la religión. Su belleza fulgura en
la superficie cuando uno recuerda continuamente a Allah,
repitiendo la Confesión de la
Unidad: la illaha illa Llah "No hay dios sino Allah".
En la primera etapa uno dice la Confesión de
la Unidad con su lengua: luego cuando el corazón
cobra vida, uno la recita internamente con el corazón.
Los Sufíes se refieren a los estados espirituales
por el nombre de `tifl' , "bebé" ,
porque ese bebé nace y es nutrido en el corazón,
y allí crece. El corazón, como una madre,
da nacimiento, amamanta, alimenta, y sustenta al hijo
del corazón. Así como se imparten las
ciencias mundanas a los niños, el hijo del corazón
recibe la enseñanza
de la sabiduría interior. Como un niño
común, todavía no sucio por los pecados
mundanos, el hijo del corazón es puro, libre
de negligencia, egoísmo y duda. En un niño
la pureza toma a menudo la apariencia de
belleza física; en el mundo de los sueños,
la pureza del hijo del corazón aparece con la
forma de los ángeles. Uno tiene la esperanza
de entrar al Paraíso como una recompensa por
las buenas acciones, pero los dones del Paraíso
vienen aquí a través de las manos del
hijo del corazón.
`En Jardines de beatitud ... en rededor de los cuales
los escoltan jóvenes, cuya edad jamás
se alterará.'
(Sura Al-Waqi'ah, 56:12-17). `Y alrededor de ellos se
mueven muchachos de su progenie, como si
fuesen perlas escondidas.' (Sura Al-Tur, 52:24). Estos
son los hijos del corazón, los estados inspirados
de los Sufíes, llamados "niños"
, debido a su belleza y pureza. Sin embargo ellos son
estas cualidades personificadas en la carne, en la forma
de seres humanos. Debido a su dulce y gentil naturaleza
ellos son los niños del corazón. No obstante,
el niño es el verdadero hombre quien es capaz
de cambiar la apariencia de la creación porque
está conectado con el Creador. El es el auténtico
representante de la humanidad. De acuerdo
a él, no existe la materia, ni tampoco
él mismo se considera materia. No hay velo, no
hay obstáculo, entre su ser y la Esencia de Allah.
Nuestro
Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de
Allahsean con él), explica este estado: `Yo existo,
durante un lapso de tiempo, con Allah. En ese momento,
nada puede interponerse entre nosotros, ni siquiera
el ángel más cercano a El, como tampoco
un profeta.' Este "profeta" que no puede colocarse
entre nuestro Maestro (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah sean con él) y Allah, es la existencia
material, temporal, del Profeta mismo (Que la Paz y
las Bendiciones de Allah sean con él). El ángel
más cercano a Allah es la divina Luz de Muhammad
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
la primera creación. En ese estado inspirado
él se halla tan vecino a su Señor que
ni su existencia material, ni siquiera su alma,
pueden colocarse entre ellos. El Profeta (Que la Paz
y las Bendiciones de Allah sean con él), describe
esa iluminada condición, diciendo: `Existe un
Paraíso de Allah en el que no hay palacios, ni
jardines, ni
ríos de miel y leche, un paraíso donde
uno contempla solamente la mirada divina.' Allah confirma
esto: "[Algunos] rostros en ese día serán
brillantes, mirando a su Señor" (Sura Al-Qiyamah,
75:22-23), y el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah sean con él) dice: `En ese día
ustedes verán a su Señor tan claramente
como la luna llena.'
Pero este es un nivel tal, que si se aproximase a él
algún ser creado - aún un ángel
- su ser material ardería hasta las cenizas.
Allah habla a través de Su Profeta (Que la Paz
y las Bendiciones de Allah sean con él):
Si Yo apartase los velos de Mi atributo de Poder, por
solamente una fisura, todo se quemaría, hasta
donde Mi ojo puede alcanzar a ver.'
El
arcángel Gabriel (Quiera Allah ser complacido
con él), quien acompañó en su Ascensión
al séptimo cielo al Profeta (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), aseveró
que si hubiese dado un paso más, se habría
visto inflamado en llamas
CAPITULO
PRIMERO
EL REGRESO DEL HOMBRE A SU FUENTE ORIGINAL
El
hombre ha de ser considerado desde dos puntos de vista:
su ser material y su ser espiritual. En las apariencias
del ser material todos somos más o menos iguales.
En consecuencia, a este respecto, uno
puede aplicar leyes generales a la humanidad. Cada persona
es diferente en su ser espiritual, escondida detrás
de las apariencias.
Por lo tanto, le corresponden leyes especiales y privadas.
De acuerdo con las leyes generales, el hombre puede
regresar a su origen mediante la ejecución de
ciertos pasos. Para ello sigue las ordenanzas evidentes
de nuestra religión, como una guía; a
medida que las practica, va progresando. Ascendiendo
de nivel en nivel, puede alcanzar la etapa del sendero
espiritual, e ingresar dentro del reino de la sabiduría.
Esto le coloca ya, en una dignidad muy alta. El Profeta
(Que la Paz y las bendiciones de Allah sean con él),
alaba esa dignidad, diciendo: `Hay un nivel, en el que
todas las cosas pueden ser adquiridas - y es la sabiduría
divina.' Para llegar a ese nivel uno ha de abandonar
en primer término, las falsas apariencias y la
hipocresía de hacer cosas de modo que otros las
puedan ver o escuchar. Luego uno ha de fijarse a sí
mismo, tres objetivos. Estos tres objetivos son, en
realidad, tres paraísos.
El primero se llama `Ma'w ' - el paraíso de la
seguridad del hogar. Ese es el paraíso terrestre.
El segundo se llama `Na`¡m' - el jardín
del deleite de la gracia de Allah con Sus criaturas,
el cual es el paraíso dentro del reino de los
ángeles. El tercero se llama `Firdaws' - el paraíso
del cielo. Este es el paraíso dentro del reino
de la unidad de la mente causal, hogar de las almas,
de los divinos Nombres y atributos. Estas son las recompensas,
las bellezas de Allah, que el hombre material degustará
en sus esfuerzos en las tres sucesivas
etapas del conocimiento: esfuerzos en seguir los preceptos
religiosos (`sharíah'); esfuerzos para eliminar
la multiplicidad dentro de sí mismo, comnbatiendo
con la causa de esta multiplicidad que es su ego, a
fin de alcanzar el estado de unidad y acercarse a su
Creador (`taríqah'); y finalmente, en sus esfuerzos
para elevarse al estado de sabiduría divina (`ma`rifah')
en donde, y por lo cual, conseguira conocer a su Señor.
El Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él), a la conclusión de la tradición
previamente citada (`Hay un nivel, en el que todas las
cosas pueden ser adquiridas - y es la sabiduría
divina'), dice: `Con ella se aprende la verdad, que
reúne dentro suyo todas las causas y todo lo
bueno. Entonces uno ha de actuar de acuerdo
con esa verdad. También debe ver la falsedad
y accionar teniéndola en cuenta, abandonando
todo cuanto se le relacione.' Y él dice, `Oh
Señor, muéstranos la verdad y haz que
nos toque seguirla, enséñanos lo que es
falso y haz que nos sea fácil evitarlo.' Y: `El
que conoce su ser y se opone con honestidad a sus perniciosos
caprichos, llega a conocer a su Señor y sigue
Sus deseos.'
Estas son las reglas generales que se aplican al ser
material del hombre. Luego está el ser espiritual
del hombre, o el hombre espiritual, que es llamado el
hombre puro. Su meta es la cercanía total a Allah.
El único camino para este fin es el conocimiento
de la verdad (`haqíqah'). En el primeramente-creado
reino del ser absoluto de la unicidad, este conocimiento
es llamado Unidad. Uno puede confiar en alcanzar la
meta de este sendero mientras transcurre la vida mundana.
En ese estado no existe diferencia entre estar despierto
y estar dormido, ya que en el sueño el alma puede
encontrar ocasión de escapar hacia su verdadero
hogar, el reino de las almas, y regresar trayendo noticias.
Nosotros denominamos a esto el sueño veraz. Este
acontecimiento puede ser parcial, como en el caso de
los sueños; también puede ser total, como
en el caso de la Ascensión
del profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con él). Allah confirma esto así:
`Allah toma las almas [de los hombres] en el momento
de su muerte, y de los que no mueren, durante su sueño.
Luego El retiene aquellas sobre las cuales El ha emitido
el decreto de la muerte, y envía las otras de
retorno hasta que se haya cumplido su término.
Seguramente hay signos en esto para la gente que
reflexiona.' (Sura Al-Zumar, 39:42).
El
Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean
con é), se refiere a este estado diciendo:
`El sueño de los sabios es más valioso
que la adoración de los ignorantes.' Los sabios
son los que han adquirido el conocimiento de la verdad
que no tiene letras ni sonido. Ese conocimiento se recibe
por medio de la continua repetición del divino
Nombre de la Unidad con la lengua secreta. Los sabios
son aquellos cuyo núcleo central se torna divina
luz mediante la luz de la unidad.
Allah habla a través de Su Profeta (Que la Paz
y las Bendiciones deAllah sean con él), y dice:
El hombre es Mi secreto y Yo soy su secreto. El conocimiento
interior de la esencia espiritual (`'ilm al-b tin')
es un secreto
de Mis secretos. Unicamente Yo pongo esto en el corazón
de Mi buen servidor, y nadie puede saber su estado,
que no sea Yo.
y:
Yo soy como Mi servidor Me conoce. Cuando él
Me busca y Me recuerda, Yo estoy con él. Si él
Me busca interiormente, Yo le busco a El, con Mi Esencia.
Si él Me recuerda y Me menciona en buena compañía,
Yo le recuerdo y lo declaro como Mi buen servidor en
mejor compañía.
En
todo cuanto aquí se dice, la única manera
de satisfacer nuestro deseo es la meditación
- el medio de conocimiento que el hombre común
tan raramente utiliza. No obstante el Profeta de Allah
(Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él),
dice: `Un momento de reflexión es más
valioso que un año de adoración'. `Un
momento de reflexión es más valioso que
setenta años de adoración'. `Un momento
de reflexión es más valioso que más
de mil años de adoración.' El valor de
cada acción se halla escondido en la esencia
de la
verdad. El acto de un momento de meditación aparece
aquí como teniendo tres valores diferentes:
Quien
contempla un asunto y quiere saber su causa, encuentra
que cada una de sus partes tiene muchas otras que le
son propias, y halla que cada una de ellas es el motivo
de muchas otras cosas. Esta es la
contemplación que vale por un año de adoración.
La
meditación de quien contempla sus devociones
y busca la causa y la razón y llega a conocerlas,
vale por setenta años de adoración. La
meditación de quien contempla la divina sabiduría
con un fuerte deseo de conocer a Allah El Más
Elevado, vale por mil años de adoración,
porque éste es el verdadero conocimiento.
El verdadero conocimiento es el estado de unidad. El
sabio amante se une con su Amado. Desde este reino de
materialidad, volando con las alas espirituales él
se eleva a gran altura hasta el ámbito de los
logros, porque los devotos caminan hacia el Paraíso,
pero los sabios vuelan a los reinos cercanos a su Señor.
Los amantes tienen ojos en sus corazones. Ellos ven,
mientras otros miran ciegos. Tales alas ellos tienen,
no de carne ni sangre. Vuelan hacia los ángeles,
para encontrar a su Señor!
Este
vuelo ocurre en el mundo interior de los sabios. Ellos
reciben el honor de ser llamados verdaderos hombres,
los amados de Allah, Sus íntimos, Sus novias.
El santo Beyazid al-Bistami, quiera Allah santificar
su secreto, dice: `Los poseedores de sabiduría
son las novias de Allah El Más Elevado.' Otros
también los describen diciendo que aquellos que
han llegado cerca de Allah se convierten en las novias
de Allah.
Unicamente el amante poseedor de novias las conoce íntimamente.
Estos sabios servidores que se hacen íntimos
de Allah, no obstante ser hermosos, están cubiertos
bajo la apariencia de hombres comunes. Allah
habla a través de Su Profeta (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), diciendo Yahy
ibn Mu' dh al-R z¡, quiera Allah santificar su
secreto, dice: `Los amados de Allah son el perfume de
Allah sobre este mundo, pero únicamente los creyentes
verdaderos y sinceros poseen narices para olerlos.'
Los fieles huelen ese bello perfume y lo siguen. Ese
aroma crea en sus corazones un anhelo por su Señor.
Cada uno a su manera, apura su paso, sus esfuerzos,
sus devociones. El grado de su ansia, su deseo y la
velocidad de su paso se encuentran en proporción
a su liviandad, por haberse desembarazado del peso de
su ego mundano. Porque cuanto más se libera uno
de las burdas vestiduras del mundo, más y más
percibe la tibieza de Su Creador, y más y más
cerca de la superficie aflora nuestro ser interior.
La cercanía a la verdad se encuentra en relación
con la cantidad de falsa materialidad que hemos: `Mis
íntimos están ocultos bajo Mis cúpulas.
Nadie puede reconocerlos sino Yo.' Las cúpulas
bajo las cuales Allah esconde Sus amigos son sus apariencias,
ordinarias e indistinguibles. Cuando uno mira a una
novia, cubierta por su velo nupcial, qué es lo
que uno puede ver, sino el velo? desechado. Al irse
uno desprendiendo de sus propios múltiples aspectos,
más se aproxima a la única verdad. El
íntimo de Allah es el que se ha llevado a sí
mismo a la nada. Unicamente entonces puede él
ver la existencia de la verdad. No queda ya voluntad
en él para elegir. No hay "yo" que
sobre, salvo la existencia única, que es la verdad.
No obstante que toda clase de milagros se hayan producido
a través suyo para dar prueba de su rango, él
mismo no les otorga la más mínima relevancia.
En esa condición no hay secretos expuestos, porque
la divulgación de los secretos de la divinidad
constituye infidelidad.
En un libro llamado `Mirs d' se encuentra escrito: `Todos
los hombres a través de los cuales se dan los
milagros, están cubiertos con un velo que los
aísla de sus rangos, de los que por otra parte
tampoco se preocupan.
Para ellos las oportunidades en que los milagros surgen
son consideradas similares a los períodos de
menstruación de las mujeres. Los Santos que son
íntimos con Allah han de viajar a través
de al menos mil etapas, la primera de las cuales es
la puerta de los milagros. Solamente aquellos que son
capaces de traspasar esta puerta sin recibir daño,
pueden alcanzar las otras etapas. Si se involucraran,
si se dejaran envolver, no irían a ningún
lado.
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