El Secreto de los Secretos


 

Capitulo XIII
Sobre la Purificacion del Ser


La purificación es el limpiarse a sí mismo. Hay dos clases de
limpieza. Una, exterior, es ordenada por los preceptos de la religión
y es llevada a cabo mediante el lavado de nuestro cuerpo con agua
pura. La otra, que es la purificación interna, se obtiene a través de
la comprensión de la suciedad en nuestro ser, al ser consciente de
nuestros pecados y arrepentirnos de ellos con sinceridad. La
purificación interna necesita de un sendero espiritual y es enseñada
por un maestro espiritual.


De acuerdo a las reglas y preceptos religiosos, uno se hace impuro y
su ablución es rota cuando son expelidos de nuestro cuerpo ciertas
materias corporales, tales como las heces, la orina, el vomito, el
pus, la sangre, el semen, etc. Ello necesita la renovación de la
ablución. En el caso del semen y del sangrado menstrual, es preciso un
lavado total del cuerpo. En otros casos, deben ser lavados las
extremidades expuestas del cuerpo - las manos y antebrazos, la cara y
los pies. Nuestro Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de
Allah sean con él) refiriéndose a la renovación de nuestra ablución,
dijo: `A cada renovación de la ablución, Allah renueva la fe de Su
servidor cuya luz de fe es nuevamente pulida y resplandece más
brillante,' y `La purificación por ablución, al ser repetida,
constituye luz sobre luz.'


También puede ser perdida la pureza interna, quizás más a menudo que
la purificación externa, por mal carácter, baja conducta, acciones
dañosas y actitudes tales como el orgullo, la arrogancia, la mentira,
la murmuración, la difamación, la envidia y la cólera. Los actos
conscientes e inconscientes ejecutados por nuestros sentidos ensucian
el espíritu: la boca que come alimento prohibido, los labios que
mienten y que maldicen, la oreja que escucha el chisme y la
denigración, la mano que golpea, los pies que siguen al opresor. El
adulterio, que también constituye un pecado, no se lleva a cabo
solamente en el lecho; como dice el Profeta (Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), dice: `Los ojos también cometen
adulterio.'


Cuando la pureza interna es ensuciada de esta forma y la ablución
espiritual se halla rota, la renovación de la ablución se opera por el
arrepentimiento sincero. Este se ejecuta mediante la comprensión de
nuestro error, por la dolorosa emoción del remordimiento que mueve al
surtimiento de las lágrimas. Estas constituyen el agua que lava la
suciedad del espíritu. La sinceridad del arrepentimiento necesita del
deseo y la intención de no repetir nunca esa caída, del anhelo de
desprenderse de todas las faltas, del pedir el perdón de Allah, y de
suplicar que El no permita que cometamos nuevamente un pecado así.
La plegaria significa presentarnos a nosotros mismos delante de
nuestro Señor. El contar con la ablución, el encontrarnos en un estado
purificado, es un prerrequisito para la oración. Los sabios saben que
la limpieza de nuestro ser exterior no es suficiente, porque Allah ve
profundamente dentro de nuestro corazón, el que debe haber recibido la
ablución del arrepentimiento. Solamente entonces, la plegaria es
aceptada. Allah dice:

`Esto es lo que fuera prometido para vosotros - para cada uno que

se vuelve [a Allah] en arrepentimiento sincero, que obedece [Su
ley]. (Sura Qaf, 50:32).

La purificación del cuerpo y la ablución exterior de acuerdo con los
preceptos religiosos, se encuentra también atada al tiempo, ya que el
sueño cancela igualmente la ablución. Esta limpieza está unida al día
y a la noche de la vida de este mundo. La limpieza del mundo interno,
la ablución del ser invisible, no se halla limitada por el tiempo. Es
para la vida entera, no solamente para la vida temporal de este mundo,
sino también para la vida eterna del más allá.

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