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Su
wárid es algunos de los secretos de la shari’a.
Sus atributos son: liberalidad, dependencia, templanza,
actividad en adoración, gratitud, contentamiento
con el destino, y fortaleza durante las penurias.
Hay
signos para indicar que el caminante ha alcanzado este
estadio. Entre ellos, que no se desvía en absoluto
de los mandamientos legales, sólo disfruta con
el patrón de comportamiento del Profeta (swas),
y sólo encuentra la serenidad siguiendo sus dichos.
Este es el estadio de la maestría, del Ojo de
la Certeza, y de la fe perfecta, mientras que el estadio
anterior era el de la variabilidad [talwin].
En
este estadio, el caminante es un deleite a los ojos
de los observadores y a los oídos de su audiencia.
Si fuera a hablar sin cesar, sus palabras nunca serían
aburridas o cansadoras, dado que su lengua expresa aquello
que Dios proyecta dentro de su corazón de las
realidades de las cosas y los secretos de la shari’a,
y nunca dice una palabra que no se conforme a las palabras
de Dios y Su Mensajero. Es por eso que en este estadio
el caminante debe sentarse con la gente parte del tiempo,
para darles algo de los favores de Dios que se le conceden
a él, y para exponer la sabiduría contenida
en su corazón. Sin embargo, debes tener tiempo
(para estar solo) con Dios, porque en este estadio estás
en el primer estado de perfección, y por lo tanto
no deberías mantener la compañía
de la gente en todo momento. Eso te privaría
de ascender a los estadios restantes, es decir, al quinto,
sexto, y séptimo.
En
este estadio, dedícate al cuarto Nombre, que
es Haqq [Real], de ambas maneras, con el vocativo Yá
y sin él. No te involucres en lo que te pueda
aparecer, y pide a tu Señor que no te muestre
nada que pueda llegar distraerte de Su servicio y de
estar parado ante Su umbral. Verás así
que entre los hombres de perfección aquellos
que son ‘prudentes’ cuando Dios causa que
aparezcan eventos sobrenaturales [karñmát]
a través de ellos, no se dan cuenta de ellos
y no saben si algo extraordinario ha sucedido o no.
Se ha relatado que uno de ellos pasó una vez
caminando al lado de un hombre que le arrojó
una piedrita que le golpeó el talón. No
sintió nada, pero el hombre que le había
arrojado la piedrita cayó muerto. Se le preguntó
al Santo, ‘¿En dónde están
tu perdón y magnanimidad? ¿Es permisible
dar muerte a un alma que Dios ha declarado sacrosanta?’
Respondió: ‘¡Por Dios! No tengo ningún
conocimiento de lo que están hablando, y no conozco
al hombre. Sin embargo, es costumbre de Dios honrar
a Sus amigos, incluso sin que ellos lo sepan’44.
Historias similares abundan. Comprende, entonces, la
intención, y pide a Dios que te ayude a deshacer
tus velos restantes, porque en este estadio el velo
es amar y desear eventos sobrenaturales [karámát].
No te detengas entonces con esas cosas, porque no son
más que cosas creadas y no contienen ningún
beneficio para ti, ya sea en este mundo o en el próximo.
Sabe, sin embargo, que en sí mismo un karáma
no es algo malo, dado que es un honor de Dios el Exaltado
concedido a Su siervo. Lo malo es amarlo y desearlo.
En este estadio tu alma desea letanías, invocaciones
[awrádj], y oraciones, y ama al Elegido (swas),
con un amor que es diferente del experimentado antes
de este estadio.
No
confíes en tu alma en ningún estadio,
porque la criatura humana sigue siendo presa de tribulaciones,
pruebas y aflicciones a lo largo de toda su vida. Debes
por lo tanto protegerte de sus defectos hasta el día
que mueras.
En
este estadio puedes llegar a experimentar un deseo por
dinero para que te asista en tu servicio a Dios y para
ayudar a tus hermanos. Eso no tiene nada de malo, pero
bajo ciertas condiciones. La primera es que tu intención
sea la que acabamos de mencionar. La segunda es que
tu corazón no debe llegar a preocuparse tanto
por conseguirlo que eso te separe de tu Señor.
La tercera es que cuando te llega algún dinero,
no lo ocultes y pretendas ser pobre.
También
puedes llegar a experimentar, en este estadio, el deseo
de liderazgo, fama, guiar a otros, y de ser un sheik,
para poder reunir a las gentes para que puedan ser guiadas
por tus manos y que Dios te pueda recompensar por ello.
Ten cuidado con eso, porque es un ardid del ego. Sin
embargo, si es Dios quien así te establece en
este estadio, ocasiona que seas conocido, y te viste
con el atuendo de un sheik sin que de tu parte haya
ningún esfuerzo, ningún deseo, y ninguna
iniciativa, lleva a cabo entonces la voluntad de Dios,
porque entonces será mejor para ti que el aislamiento.
El signo de esto es que tus hermanos te aman y obedecen,
mientras que tú no te percibes a ti mismo como
mejor que ellos, sino que los percibes como mejores
que tú, y estás en deuda con ellos por
su creencia de que son inferiores y por su respeto hacia
ti. Si así es como son las cosas entre ustedes,
entonces guíalos bondadosamente, respétalos,
enséñales a amar el sendero, sé
humilde con ellos, y agradece a Dios que te haya calificado
para esta posición de la cual no eres merecedor.
Siéntete siempre en deuda con ellos, y si alguna
vez llegas a pensar que son ellos los que están
en deuda contigo, sabe entonces que no eres uno de los
caballeros de este campo; abandona esa posición,
déjalos, y esfuérzate para liberar a tu
propia alma de sus imperfecciones restantes, porque
eso es más importante para ambos, tú y
ellos.
Algunas
almas son gentiles y bondadosas, nobles e inteligentes
por disposición natural. Cuando cruzan los estadios,
lo hacen sin problemas, y cuando alcanzan el cuarto
merecen convertirse en guías, porque son bondadosas,
afables, y tolerantes por naturaleza, y mientras van
cruzando los estadios se purifican a sí mismas
de las turbiedades de la naturaleza humana. A ellas
no les produce ningún detrimento guiar a sus
hermanos y prescribirles los remedios beneficiosos de
este sendero, bajo las condiciones que se acaban de
mencionar. Esto se aplica en ausencia de un guía
más perfeccionado; pero en su presencia uno debería
verlo como un regalo Divino que le permite a uno descansar
y dejarle el esfuerzo duro a otro. Otras almas son abyectas
y viles. Cuando cruzan las estaciones, y cambian sus
atributos censurables por los meritorios, y alcanzan
el cuarto estadio y se convierten en la Serena, todavía
no califican como guías, dado que carecen de
las condiciones necesarias. No deberían tener
prisa por conseguir eso y deberían completar
su ascenso a los estadios quinto, sexto y séptimo.
Ahora
que ya eres consciente de las diferencias entre las
almas, deberías saber que no hay ninguna diferencia
esencial entre aquellos que, como los Khalwatis, dicen
que los estadios que asciende el caminante son siete,
y aquellos que dicen que son tres. Los no-Khalwatis
no cuentan el primer estadio, en donde el alma se llama
Incitadora, sino que comienzan con el segundo, en donde
se la llama Reprochadora, luego el tercero, en donde
se la llama Inspirada, luego el cuarto, donde se la
llama Serena. No cuentan el quinto, sexto y séptimo,
dado que consideran sólo a las almas naturalmente
puras, que al llegar al cuarto estadio, son indudablemente
perfectas y merecedoras de guiar a otros. En cuanto
a los Khalwatis, los cuentan como siete, considerando
el primero el del Alma Incitadora y el último
el del Alma Perfecta. Sabe que los no-Khalwatis le enseñan
al caminante sólo tres Nombres. Cuando su alma
es Reprochadora, le inculcan La ilaha illa’Lla,
luego, al comienzo de la Inspirada, ¡Allah! ¡Allah!,
y cerca del final, ¡Hú! ¡Hú!
Con este nombre entra en el estado Sereno y no le enseñan
más nombres.
Sabe
que cuando completas el cuarto estadio y tu alma se
torna Serena con la serenidad del Todo Misericordioso,
y no te apartas ni una sola pulgada del seguimiento
del Libro y los sunna, y tu sangre y carne están
impregnadas con el seguimiento de la shari’a,
entonces la Mano de la Misericordia [Divina] te da el
logro de la perfección, que no es igual que el
primer logro al comienzo del viaje. Entonces te olvidas
de las cosas de este mundo y del próximo, a menos
que se encuentren presentes ante ti; y cuando están
ausentes también están ausentes de tu
mente. Eso se debe a que tu corazón está
contemplando continuamente la Belleza y Majestuosidad
de lo Real.
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