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Su
estado es el amor.
Su wárid es la Shari’a.
Sus atributos son: reproche, reflexión, envanecimiento,
objetar a otras personas, ostentación secreta,
y el amor por la fama y el liderazgo.
Pueden
quedar rastros del Alma Incitadora en ella; no obstante,
a pesar de ellos es capaz de reconocer la verdad como
verdad y la falsedad como falsedad, y reconocer sus
atributos como censurables. Se realizan buenas acciones,
vigilias nocturnas, ayunos, y así en más,
pero éstas están contaminadas con el envanecimiento
y la ostentación secreta. El poseedor de un alma
semejante oculta sus buenas acciones y actúa
por Dios [no por la gente], sin embargo le gusta que
otros descubran sus acciones. Ama que lo alaben y lo
elogien por sus acciones, pero detesta esa tendencia,
que reconoce en sí mismo, y es incapaz de borrarla
enteramente de su corazón. Borrarla enteramente
significaría que es sincero y está a salvo;
sin embargo, incluso las personas sinceras están
aún en grave peligro, dado que les gusta saber
que son sinceras, y esto en sí mismo equivale
a ostentación secreta. En cuanto a la ostentación
abierta, es actuar para ser visto por los demás;
eso es ‘idolatría oculta’, que es
totalmente condenable.
Sabe
que si posees estos atributos estás en el segundo
estadio y tu alma se llama Reprochadora. Es un estadio
en el cual nunca se está a salvo de los peligros,
aun cuando uno sea sincero en su conducta, como se explicó
antes. Es el segundo estadio en el viaje de los Invitados32,
los buscadores de la extinción [faná]
de sí mismos y la subsistencia [baqá]
por medio de su Señor. Se les ordena morir antes
de su tiempo, habiendo recibido de su Dueño el
mandato: ‘¡Muere antes de que mueras!’
Se esfuerzan por lo tanto para morir la muerte del yo.
En cuanto a los Rectos [abrár], que son los Compañeros
de la Mano Derecha, es su morada última y su
estadio más elevado. Es por eso que se ha dicho
que ‘Los buenos actos de los Rectos son los malos
actos de los Invitados’, porque estos últimos
no se detienen en este segundo estadio, sino que ascienden
de un estadio a otro hasta que alcanzan el séptimo.
Hay por lo tanto cinco estadios más después
de éste, cuyas circunstancias analizaremos en
detalle en los capítulos siguientes. Los Invitados
no se detienen en este estadio debido a los grandes
peligros y la fatiga constante que involucra; porque
su estado más elevado es la sinceridad, y los
sinceros están en peligro, y la salvación
de este peligro es sólo por medio de la extinción
a la visión de la propia sinceridad, por medio
de atestiguar contemplativamente [shuhúd] que
nadie causa el movimiento o la quietud sino Dios el
Exaltado.
Esta
contemplación depende de que se recorra el sendero
de los Invitados, porque los Rectos ni siquiera perciben
su fragancia. Por medio de ambas cosas, la prueba y
el develamiento, los Invitados adquieren la certeza
de que Dios el Exaltado ha prescrito los actos de adoración
para proporcionarles puertas de entrada a través
de las cuales aquellos que Él desea entran a
Su Presencia. Así pasan a través de ellas
a Él, para poder someterse ante Él y contemplarlo
con sus ojos interiores. No obstante ni les conceden
a esos [actos] mucha consideración ni dependen
de ellos, ni los admiran, sino que ven que fue por Su
gracia que Dios les destrabó las puertas de esos
actos de adoración, les permitió entrar,
y los hizo merecedores de ser aceptados [por Él].
Las personas que están en tal estadio no tienen
necesidad alguna de sinceridad. Ni siquiera se les cruza
por la mente, porque no perciben ninguna de sus obras
como propias, y por lo tanto perciben que no hay acto
alguno que no provenga de Dios y que merezca, por lo
tanto, queja alguna. Opuesto a eso, los Rectos nunca
alcanzan esa visión contemplativa; se perciben
a sí mismos como habiendo creado sus acciones
y por lo tanto se requiere que muestren sinceridad en
ellas. Porque no ven que Dios el Exaltado es el creador
de todos los actos, probablemente se quejarán
de algunos y por consiguiente se verán sometidos
a un trabajo agobiante y fatiga. Se convierten entonces
en tales que aunque fueran a esconderse en la cueva
de una lagartija, Dios causaría allí adentro
una u otra cosa que los perjudicaría. Eso se
debe a la naturaleza humana dentro de ellos que causa
envanecimiento, arrogancia, rencor, envidia, mal carácter,
odio, enemistad, estar absorto en ganarse la vida, y
otras cosas semejantes. Esas cosas inevitablemente producen
aflicciones, fatiga, y una constricción del pecho.
Se
hace necesario proporcionar un ejemplo para explicar
la diferencia entre los Rectos y los Invitados, y entre
el trabajo agobiante de los primeros y el reposo de
estos últimos. El ejemplo es el de un gran árbol
maligno que tiene muchas ramas, cada una de las cuales
produce una clase de veneno letal. Un grupo de personas
llega y procede a cortar las ramas, dejando intactos
el tronco junto con su suministro de agua. Ni cortan
el tronco ni el suministro de agua, para que se seque
y puedan librarse así de él. Por lo tanto
son incapaces de librarse enteramente de los venenos,
porque cada vez que cortan una rama, otra crece rápidamente,
dado que el tronco permanece. Llega otro grupo y procede
a cortarle el suministro de agua al árbol. Ahora
las ramas se debilitarán y cesarán de
producir veneno, y esas personas se librarán
de ellas y se verán aliviadas de la necesidad
de cortarlas repetidamente, porque probarían
que es imposible librarse de ellas enteramente, dado
que cuando se cortan algunas ramas, otras crecen en
su lugar. Ese árbol representa el estómago
humano, y las ramas los atributos censurables que hemos
mencionado. Los productos del árbol representan
las consecuencias exteriores de esos atributos. Los
Rectos, habiendo aprendido por haberlo puesto a prueba
que esos atributos son ruinosos, tanto en este mundo
como en el próximo, se esfuerzan por removerlos
gradualmente, pero son incapaces de verse enteramente
libres de ellos. Cuando se liberan de uno de ellos un
día, reaparece al día siguiente, y así
permanecen hasta su muerte. Eso se debe a que llenarse
el estómago fortalece su naturaleza y su sangre
se hace más abundante, de modo que el Demonio
se torna más capaz de sujetarlos. El Profeta,
que las bendiciones y la paz sean con él, dijo:
‘Para el hijo de Adán no hay peor recipiente
para llenar que su estómago, y ‘El Demonio
corre dentro de vosotros con la sangre, por lo tanto
estrechad sus senderos con el hambre’. No hay
duda alguna de que aquellos a quienes el demonio sujeta
y corre por sus venas como sangre, deben exhibir atributos
censurables y ser incapaces de completar la remoción
de cualquiera de ellos, aun cuando puedan ser removidos
temporalmente como consecuencia del temor que se despierta
al oír de los horrores de la tumba, los dos ángeles,
el infierno y sus guardianes, y la Resurrección.
Sin embargo, cada vez que el temor se aplaca, los atributos
reaparecen.
En
cuanto a los Invitados, aprenden de ambas maneras, por
medio de la prueba y por la experiencia, que el estómago
está en el origen de la corrupción y los
atributos censurables, y por lo tanto se esfuerzan por
reducir sus efectos malignos reduciendo la ingestión
de comida. Entonces son capaces de librarse de todos
los atributos censurables y adquirir los meritorios.
Es así porque comen menos, beben menos, duermen
menos, y hablan menos. El hombre hambriento que mantiene
la vigilia por la noche no se siente inclinado a hablar.
Se aíslan de la gente, y ningún rastro
de los atributos censurables sobrevive en sus corazones.
Si
has comprendido este ejemplo, habrás captado
la diferencia entre los Rectos y los Invitados. Debes
saber que los Rectos son aceptables para Dios; son gente
de taqwá, pero no obstante son incapaces de librarse
de todas las imperfecciones y por lo tanto son incapaces
de verse enteramente libres de las aflicciones, tanto
en este mundo como en el próximo. Sin embargo,
Dios ha prometido que los recompensará en el
más allá. En cuanto a los Invitados, son
los pocos que están inmersos en la contemplación
de lo Real, tanto así que olvidan la creación
y nunca piensan en los placeres de este mundo, ni en
las delicias del próximo. ¿De dónde,
entonces, puede sobrevenirles un perjuicio?
El
dicho del Profeta (swas) ‘Si un creyente fuera
a meterse en la cueva de una lagartija, Dios causaría
algo allí que lo perjudicaría, y hadiths
similares, se refieren a los Rectos; y ahora ya tienes
consciencia de su estado.
Sabe
que si te ocupas constantemente con el Nombre que tu
sheik te ha inculcado, el sendero se te acortará;
por otro lado si lo demoras y descuidas, el sendero
se te alargará, de modo que sólo cúlpate
a ti mismo. Jihád es una obligación, y
la esencia de ello es abandonar todos los hábitos.
Los hábitos son muchos, pero los sheiks han determinado
aquellos pilares del sendero de los cuales no se puede
prescindir. Son seis: Comer, dormir y hablar menos;
aislarse de la gente; hacer rememoración constantemente
y reflexionar eficazmente. Se requiere la moderación
en cada una de estas cosas; de aquí que han dicho
que la comida y las otras cosas sólo se deben
reducir, no abandonar totalmente. En este sendero, lo
eficaz es comer sólo cuando se tiene hambre,
y luego no llegar a la saciedad. El Profeta (swas) omitía
la cena cuando había almorzado, y omitía
el almuerzo cuando había cenado.
En
este estadio ocúpate con el segundo Nombre, esto
es, Alláh. Indica esa Esencia cuya existencia
es necesaria y merecedora de alabanza. Corta la letra
final y todos los otros Nombres, en esta instancia la
‘h’. Eso es lo que las autoridades sobre
esta cuestión han declarado. Usa este Nombre
en abundancia, porque sólo con la abundancia
te beneficiarás y aparecerán las maravillas.
Haz esto mientras estás parado, sentado y acostado,
día y noche33. Establécete momentos en
los que te sentarás frente a la qibla, cierra
los ojos, y pronuncia esta invocación que es
el Nombre Máximo. Pronúncialo con fuerza
y en voz alta. Levanta tu rostro y luego bájalo
a tu pecho, sin girar ni a la derecha ni a la izquierda,
contrariamente a lo que estabas haciendo cuando invocabas
el primer Nombre, que era girar de derecha a izquierda.
Enfatiza la ‘A’ de Alláh, corta la
‘h’, prolonga la ‘á’
que la precede. Ten cuidado de no apurarte tanto como
para decir Allahaláhalá. Eso sólo
sucederá si no enfatizas la ‘A’,
pero si lo haces, no sucederá.
Sabe
que en este estadio estarás lleno de pensamientos
y susurros, especialmente si la pronunciación
de tu invocación está a medio camino entre
ser silenciosa o en voz alta. Sin embargo, cuando invocas
en voz alta los pensamientos disminuirán. Esta
invocación es un fuego con el cual quemas todos
los pensamientos y susurros. El sendero de la Gente
de Allah [al-qawm] es ardor y esfuerzo. Aquellos que
consumen su esfuerzo fervientemente y sinceramente obtienen
todo lo que desean, mientras que aquellos que lo demoran
y lo descuidan se ven obstruidos en el camino. Hay numerosas
obstrucciones, la mayor de las cuales es depender de
los seres creados, sentirse inclinado hacia ellos, y
mantener su compañía íntima. ¿Cómo
puede tener esperanzas de arribar el que se mezcla con
ellos y mantiene su compañía de la manera
en que ellos lo hacen entre ellos, es decir, hablando,
bromeando, riendo y así en más? Si deseas
los estadios exaltados, abandona la creación
y concéntrate en tu Señor. Siéntete
alejado, apartado de toda la gente, hasta que digan
de ti que estás loco34; sólo entonces
verás maravillas, Dios mediante. Pero si no te
ajustas a lo que se ha dicho, tus días pasarán
en la aflicción y el trabajo penoso y no alcanzarás
nada de lo que deseas. Ten determinación y esfuérzate,
no te contentes con trivialidades y mera verbosidad,
ponte a prueba, no seas crédulo con tu alma,
cuéntale a tu sheik acerca de lo malo que hay
en ella y no le ocultes nada. Sé sincero en tu
búsqueda y en tu esfuerzo, y las maravillas y
los secretos del corazón se develarán
para ti. Entrarás en el Mundo de las Similitudes
[`álam al-mithá], que es un mundo diferente
del mundo en que te encuentras ahora. Es el primer estadio
de los Invitados, y allí el caminante contempla
eso que los cinco sentidos no pueden captar. Es un estado
intermedio entre el sueño y la vigilia, y usualmente
le llega al caminante mientras está sentado,
y luego ve lo que ve. La condición es que él
sea consciente del tiempo y el lugar y de su estado
entre el sueño y la vigilia, porque de otro modo
es sólo un sueño y por lo tanto se debe
descartar en lo que a esto se refiere.
Sabe
que Dios ha dictaminado que la progresión del
segundo estadio al tercero ocurra sólo de la
mano de un gnóstico [`ári]35, un guía
que conoce los estadios y condiciones del sendero. Lo
mismo se aplica a la progresión del tercer al
cuarto estadio, excepto que entonces se requiere la
ayuda de un guía perfecto, no sólo de
uno que tenga conocimiento. El guía perfecto
es más que un gnóstico. En cuanto a la
promoción del cuarto estadio al quinto, sexto,
y séptimo, no requiere usualmente de un guía.
Es
Dios Quien concede el éxito.
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