Libro Estados del Alma
 
 

CAPITULO DOS

El Alma Reprochadora: Una exposición de su recorrido,
mundo, localización, estado, wárid, atributos,
y los remedios a usar para liberarse de ellos
y ascender al tercer Estadio; es decir,
el estadio en el cual el alma se torna Inspirada.

Su recorrido es ‘por’ Dios.
Su mundo es el Reino Intermedio [barzakh].
Su localización es el corazón.

 
 

Su estado es el amor.
Su wárid es la Shari’a.
Sus atributos son: reproche, reflexión, envanecimiento, objetar a otras personas, ostentación secreta, y el amor por la fama y el liderazgo.

Pueden quedar rastros del Alma Incitadora en ella; no obstante, a pesar de ellos es capaz de reconocer la verdad como verdad y la falsedad como falsedad, y reconocer sus atributos como censurables. Se realizan buenas acciones, vigilias nocturnas, ayunos, y así en más, pero éstas están contaminadas con el envanecimiento y la ostentación secreta. El poseedor de un alma semejante oculta sus buenas acciones y actúa por Dios [no por la gente], sin embargo le gusta que otros descubran sus acciones. Ama que lo alaben y lo elogien por sus acciones, pero detesta esa tendencia, que reconoce en sí mismo, y es incapaz de borrarla enteramente de su corazón. Borrarla enteramente significaría que es sincero y está a salvo; sin embargo, incluso las personas sinceras están aún en grave peligro, dado que les gusta saber que son sinceras, y esto en sí mismo equivale a ostentación secreta. En cuanto a la ostentación abierta, es actuar para ser visto por los demás; eso es ‘idolatría oculta’, que es totalmente condenable.

Sabe que si posees estos atributos estás en el segundo estadio y tu alma se llama Reprochadora. Es un estadio en el cual nunca se está a salvo de los peligros, aun cuando uno sea sincero en su conducta, como se explicó antes. Es el segundo estadio en el viaje de los Invitados32, los buscadores de la extinción [faná] de sí mismos y la subsistencia [baqá] por medio de su Señor. Se les ordena morir antes de su tiempo, habiendo recibido de su Dueño el mandato: ‘¡Muere antes de que mueras!’ Se esfuerzan por lo tanto para morir la muerte del yo. En cuanto a los Rectos [abrár], que son los Compañeros de la Mano Derecha, es su morada última y su estadio más elevado. Es por eso que se ha dicho que ‘Los buenos actos de los Rectos son los malos actos de los Invitados’, porque estos últimos no se detienen en este segundo estadio, sino que ascienden de un estadio a otro hasta que alcanzan el séptimo. Hay por lo tanto cinco estadios más después de éste, cuyas circunstancias analizaremos en detalle en los capítulos siguientes. Los Invitados no se detienen en este estadio debido a los grandes peligros y la fatiga constante que involucra; porque su estado más elevado es la sinceridad, y los sinceros están en peligro, y la salvación de este peligro es sólo por medio de la extinción a la visión de la propia sinceridad, por medio de atestiguar contemplativamente [shuhúd] que nadie causa el movimiento o la quietud sino Dios el Exaltado.

Esta contemplación depende de que se recorra el sendero de los Invitados, porque los Rectos ni siquiera perciben su fragancia. Por medio de ambas cosas, la prueba y el develamiento, los Invitados adquieren la certeza de que Dios el Exaltado ha prescrito los actos de adoración para proporcionarles puertas de entrada a través de las cuales aquellos que Él desea entran a Su Presencia. Así pasan a través de ellas a Él, para poder someterse ante Él y contemplarlo con sus ojos interiores. No obstante ni les conceden a esos [actos] mucha consideración ni dependen de ellos, ni los admiran, sino que ven que fue por Su gracia que Dios les destrabó las puertas de esos actos de adoración, les permitió entrar, y los hizo merecedores de ser aceptados [por Él]. Las personas que están en tal estadio no tienen necesidad alguna de sinceridad. Ni siquiera se les cruza por la mente, porque no perciben ninguna de sus obras como propias, y por lo tanto perciben que no hay acto alguno que no provenga de Dios y que merezca, por lo tanto, queja alguna. Opuesto a eso, los Rectos nunca alcanzan esa visión contemplativa; se perciben a sí mismos como habiendo creado sus acciones y por lo tanto se requiere que muestren sinceridad en ellas. Porque no ven que Dios el Exaltado es el creador de todos los actos, probablemente se quejarán de algunos y por consiguiente se verán sometidos a un trabajo agobiante y fatiga. Se convierten entonces en tales que aunque fueran a esconderse en la cueva de una lagartija, Dios causaría allí adentro una u otra cosa que los perjudicaría. Eso se debe a la naturaleza humana dentro de ellos que causa envanecimiento, arrogancia, rencor, envidia, mal carácter, odio, enemistad, estar absorto en ganarse la vida, y otras cosas semejantes. Esas cosas inevitablemente producen aflicciones, fatiga, y una constricción del pecho.

Se hace necesario proporcionar un ejemplo para explicar la diferencia entre los Rectos y los Invitados, y entre el trabajo agobiante de los primeros y el reposo de estos últimos. El ejemplo es el de un gran árbol maligno que tiene muchas ramas, cada una de las cuales produce una clase de veneno letal. Un grupo de personas llega y procede a cortar las ramas, dejando intactos el tronco junto con su suministro de agua. Ni cortan el tronco ni el suministro de agua, para que se seque y puedan librarse así de él. Por lo tanto son incapaces de librarse enteramente de los venenos, porque cada vez que cortan una rama, otra crece rápidamente, dado que el tronco permanece. Llega otro grupo y procede a cortarle el suministro de agua al árbol. Ahora las ramas se debilitarán y cesarán de producir veneno, y esas personas se librarán de ellas y se verán aliviadas de la necesidad de cortarlas repetidamente, porque probarían que es imposible librarse de ellas enteramente, dado que cuando se cortan algunas ramas, otras crecen en su lugar. Ese árbol representa el estómago humano, y las ramas los atributos censurables que hemos mencionado. Los productos del árbol representan las consecuencias exteriores de esos atributos. Los Rectos, habiendo aprendido por haberlo puesto a prueba que esos atributos son ruinosos, tanto en este mundo como en el próximo, se esfuerzan por removerlos gradualmente, pero son incapaces de verse enteramente libres de ellos. Cuando se liberan de uno de ellos un día, reaparece al día siguiente, y así permanecen hasta su muerte. Eso se debe a que llenarse el estómago fortalece su naturaleza y su sangre se hace más abundante, de modo que el Demonio se torna más capaz de sujetarlos. El Profeta, que las bendiciones y la paz sean con él, dijo: ‘Para el hijo de Adán no hay peor recipiente para llenar que su estómago, y ‘El Demonio corre dentro de vosotros con la sangre, por lo tanto estrechad sus senderos con el hambre’. No hay duda alguna de que aquellos a quienes el demonio sujeta y corre por sus venas como sangre, deben exhibir atributos censurables y ser incapaces de completar la remoción de cualquiera de ellos, aun cuando puedan ser removidos temporalmente como consecuencia del temor que se despierta al oír de los horrores de la tumba, los dos ángeles, el infierno y sus guardianes, y la Resurrección. Sin embargo, cada vez que el temor se aplaca, los atributos reaparecen.

En cuanto a los Invitados, aprenden de ambas maneras, por medio de la prueba y por la experiencia, que el estómago está en el origen de la corrupción y los atributos censurables, y por lo tanto se esfuerzan por reducir sus efectos malignos reduciendo la ingestión de comida. Entonces son capaces de librarse de todos los atributos censurables y adquirir los meritorios. Es así porque comen menos, beben menos, duermen menos, y hablan menos. El hombre hambriento que mantiene la vigilia por la noche no se siente inclinado a hablar. Se aíslan de la gente, y ningún rastro de los atributos censurables sobrevive en sus corazones.

Si has comprendido este ejemplo, habrás captado la diferencia entre los Rectos y los Invitados. Debes saber que los Rectos son aceptables para Dios; son gente de taqwá, pero no obstante son incapaces de librarse de todas las imperfecciones y por lo tanto son incapaces de verse enteramente libres de las aflicciones, tanto en este mundo como en el próximo. Sin embargo, Dios ha prometido que los recompensará en el más allá. En cuanto a los Invitados, son los pocos que están inmersos en la contemplación de lo Real, tanto así que olvidan la creación y nunca piensan en los placeres de este mundo, ni en las delicias del próximo. ¿De dónde, entonces, puede sobrevenirles un perjuicio?

El dicho del Profeta (swas) ‘Si un creyente fuera a meterse en la cueva de una lagartija, Dios causaría algo allí que lo perjudicaría, y hadiths similares, se refieren a los Rectos; y ahora ya tienes consciencia de su estado.

Sabe que si te ocupas constantemente con el Nombre que tu sheik te ha inculcado, el sendero se te acortará; por otro lado si lo demoras y descuidas, el sendero se te alargará, de modo que sólo cúlpate a ti mismo. Jihád es una obligación, y la esencia de ello es abandonar todos los hábitos. Los hábitos son muchos, pero los sheiks han determinado aquellos pilares del sendero de los cuales no se puede prescindir. Son seis: Comer, dormir y hablar menos; aislarse de la gente; hacer rememoración constantemente y reflexionar eficazmente. Se requiere la moderación en cada una de estas cosas; de aquí que han dicho que la comida y las otras cosas sólo se deben reducir, no abandonar totalmente. En este sendero, lo eficaz es comer sólo cuando se tiene hambre, y luego no llegar a la saciedad. El Profeta (swas) omitía la cena cuando había almorzado, y omitía el almuerzo cuando había cenado.

En este estadio ocúpate con el segundo Nombre, esto es, Alláh. Indica esa Esencia cuya existencia es necesaria y merecedora de alabanza. Corta la letra final y todos los otros Nombres, en esta instancia la ‘h’. Eso es lo que las autoridades sobre esta cuestión han declarado. Usa este Nombre en abundancia, porque sólo con la abundancia te beneficiarás y aparecerán las maravillas. Haz esto mientras estás parado, sentado y acostado, día y noche33. Establécete momentos en los que te sentarás frente a la qibla, cierra los ojos, y pronuncia esta invocación que es el Nombre Máximo. Pronúncialo con fuerza y en voz alta. Levanta tu rostro y luego bájalo a tu pecho, sin girar ni a la derecha ni a la izquierda, contrariamente a lo que estabas haciendo cuando invocabas el primer Nombre, que era girar de derecha a izquierda. Enfatiza la ‘A’ de Alláh, corta la ‘h’, prolonga la ‘á’ que la precede. Ten cuidado de no apurarte tanto como para decir Allahaláhalá. Eso sólo sucederá si no enfatizas la ‘A’, pero si lo haces, no sucederá.

Sabe que en este estadio estarás lleno de pensamientos y susurros, especialmente si la pronunciación de tu invocación está a medio camino entre ser silenciosa o en voz alta. Sin embargo, cuando invocas en voz alta los pensamientos disminuirán. Esta invocación es un fuego con el cual quemas todos los pensamientos y susurros. El sendero de la Gente de Allah [al-qawm] es ardor y esfuerzo. Aquellos que consumen su esfuerzo fervientemente y sinceramente obtienen todo lo que desean, mientras que aquellos que lo demoran y lo descuidan se ven obstruidos en el camino. Hay numerosas obstrucciones, la mayor de las cuales es depender de los seres creados, sentirse inclinado hacia ellos, y mantener su compañía íntima. ¿Cómo puede tener esperanzas de arribar el que se mezcla con ellos y mantiene su compañía de la manera en que ellos lo hacen entre ellos, es decir, hablando, bromeando, riendo y así en más? Si deseas los estadios exaltados, abandona la creación y concéntrate en tu Señor. Siéntete alejado, apartado de toda la gente, hasta que digan de ti que estás loco34; sólo entonces verás maravillas, Dios mediante. Pero si no te ajustas a lo que se ha dicho, tus días pasarán en la aflicción y el trabajo penoso y no alcanzarás nada de lo que deseas. Ten determinación y esfuérzate, no te contentes con trivialidades y mera verbosidad, ponte a prueba, no seas crédulo con tu alma, cuéntale a tu sheik acerca de lo malo que hay en ella y no le ocultes nada. Sé sincero en tu búsqueda y en tu esfuerzo, y las maravillas y los secretos del corazón se develarán para ti. Entrarás en el Mundo de las Similitudes [`álam al-mithá], que es un mundo diferente del mundo en que te encuentras ahora. Es el primer estadio de los Invitados, y allí el caminante contempla eso que los cinco sentidos no pueden captar. Es un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, y usualmente le llega al caminante mientras está sentado, y luego ve lo que ve. La condición es que él sea consciente del tiempo y el lugar y de su estado entre el sueño y la vigilia, porque de otro modo es sólo un sueño y por lo tanto se debe descartar en lo que a esto se refiere.

Sabe que Dios ha dictaminado que la progresión del segundo estadio al tercero ocurra sólo de la mano de un gnóstico [`ári]35, un guía que conoce los estadios y condiciones del sendero. Lo mismo se aplica a la progresión del tercer al cuarto estadio, excepto que entonces se requiere la ayuda de un guía perfecto, no sólo de uno que tenga conocimiento. El guía perfecto es más que un gnóstico. En cuanto a la promoción del cuarto estadio al quinto, sexto, y séptimo, no requiere usualmente de un guía.

Es Dios Quien concede el éxito.