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Su
mundo es el Mundo de los Espíritus.
Su localización es el espíritu.
Su estado es el amor apasionado.
Su wárid es la gnosis [ma`rífa].
Sus atributos son: liberalidad, resignación,
conocimiento, perdonar a la gente, invitarlas a la rectitud,
aceptar sus excusas, y ver que Dios el Exaltado está
sosteniendo todo lo que camina sobre la tierra por el
copete36. No queda así objeción alguna
a ningún ser creado. Entre sus atributos también
están el anhelo, transportes, llanto, inquietud,
rechazo de la creación y prestar atención
a lo Real, variabilidad [talwfn], una sucesión
de constricción [qabd] y expansión [bast],
la ausencia de temor y esperanza, placer en el canto
agradable, ser transportado con deleite al escucharlo,
amor por el dhikr, afabilidad, alegría con Dios,
proferir palabras de sabiduría y conocimiento,
y visión contemplativa. Estos atributos y otros
similares son aquellos del Alma Inspirada, que se llama
así porque lo Real (¡Exaltado es Él!)
la inspira tanto con corrupción como con rectitud37,
y ha llegado a oír sin intermediarios los susurros
de los ángeles y aquellos del demonio, mientras
que en el estadio anterior no oía nada, estando
todavía cerca del estado de los animales. Debido
a que se oyen los susurros del ángel y del demonio,
este estadio es difícil, y el caminante necesita
un guía que lo saque de las oscuridades de las
dudas y lo lleve a la luz de las teofanías [tajalliyyát].
En
este estadio el estado del caminante es débil
y es incapaz de diferenciar entre la Majestuosidad y
la Belleza, ni puede diferenciar entre lo que le sugiere
el ángel y lo que le insinúa el demonio,
porque no está enteramente libre de su naturaleza
[inferior] y las implicancias de su estado humano. Está
en peligro, si lo llega a olvidar, de caer a lo Más
Bajo de lo Inferior38, es decir, de vuelta al primer
estadio, aquel en el cual el Alma se llama Incitadora.
Regresaría entonces a su patrón habitual
de comer demasiado, beber demasiado, dormir demasiado,
y a mezclarse despreocupadamente con la gente; y sus
creencias podrían verse corrompidas. Podría
llegar entonces a abandonar sus actos de devoción,
cometer pecados, y luego pretender que es un hombre
de tawhf a quien le han sido develadas las cosas y que
se ha convertido en una autoridad sobre la contemplación,
y puede llegar a alegar que otros que se esfuerzan en
la obediencia tienen velada esa contemplación.
Una vez que su creencia se corrompe, perece junto con
el resto de aquellos que perecerán. El fuego
de su [naturaleza inferior] se libera sobre su corazón
y quema cualquier fe que contenga. Su esfuerzo y trabajo
duro se han desperdiciado y no logra ninguno de sus
deseos; por el contrario, se convierte en un demonio,
él mismo extraviado y llevando a otros al extravío.
Capta visiones fugaces de imaginaciones demoníacas
y las toma por manifestaciones Divinas. Esto sucede
después que su naturaleza humana se ha debilitado
y su espiritualidad se ha fortalecido, y la sordera
de su corazón se ha ido y su liberación
está más cerca, cuando le resta muy poco
para entrar en la presencia del Rey Augusto, cuando
los precursores del tawhid están empezando a
aparecer y su autodisciplina, su esfuerzo, y su despojamiento
se han fortalecido.
La
razón por la que esta catástrofe le acontece
a este caminante cuando se va aproximando al estadio
de la perfección, es que aún no está
alejado del primer estadio, aquel en el cual el alma
se denomina Incitadora; y cuando debido a su autodisciplina
[mujáhada] se remueven algunos de los velos,
también desaparece el temor que causaba su presencia.
Ese temor solía refrenarlo de pecar y lo impulsaba
a más devociones. Pocos son aquellos, que cuando
su temor se apacigua, mantienen su escrupulosa adhesión
a la shari’a. Se te urge por lo tanto, en este
estadio, a seguir a tu sheik, incluso si tu ego te insinúa
que estás más cerca [de Dios] que él.
Debes adherir a la shari’a, conformarte a las
reglas de cortesía, forzarte a realizar tu awrád,
y restringir a tu alma con las cadenas de la tariqa,
aun cuando ella encuentre eso difícil. En este
estadio, el alma está inclinada a la libertad
y el descuido, y lo requerido es oponérsele hasta
que llega al reposo al alcanzar el cuarto estadio, en
donde se la llamará Serena.
Ese
estadio Sereno significa felicidad en las dos moradas39,
y cada vez que un caminante pone su pie allí
adentro se salva con la ayuda de Dios de todas las enfermedades
del alma, dado que ha ascendido al primer estado de
perfección. ¡Elévate entonces, O
buscador de perfección! Abandona las trivialidades
del alma, no te dejes engañar por cualquier tawhid
que se te haya aparecido, y no lo conviertas en la causa
de tu derrota u obstrucción en tu búsqueda.
Por el contrario, has uso de ello para romper cualquier
velo de luz que aún permanece. No te distraigas
por esos destellos que percibes de los mundos superiores
mientras vas recorriendo tu sendero, porque esos son
velos que te impedirán acercarte a la Esencia
Superior y pueden ser la causa de tu regreso al nivel
de los animales. Manténte con las cosas que te
han llevado a alcanzar tu estado de develación
y estarás a salvo del peligro. Eso significa
continuar manteniendo las vigilias nocturnas, ayunos,
aislamiento de la humanidad, y silencio, y sostenerte
firmemente de tu sheik, si es uno que es perfecto. Infórmale
de los pensamientos que se te ocurren, ya sean buenos
o malos. Cuanto más creas en tu sheik más
te verás impelido al Mundo de la Santidad [`álam
al-quds], y más débil será la influencia
de tu naturaleza humana.
En
este estadio te puede suceder que empieces a pensar
que eres más entendido que tu sheik. Esa noción
te separaría del flujo de su asistencia espiritual
[madad]. Por lo tanto expulsa ese pensamiento leyendo
acerca de los atributos de los perfectos, y cuando llegues
a reconocerlo como perfecto, ponte en sus manos con
la convicción de que tu salvación está
en sus manos. Soporta cualquier perjuicio que pueda
provenir de él40. Sé con él como
un cadáver en las manos del que lo lava, que
lo mueve como quiere. Cuídate de criticar cualquiera
de sus estados, y si percibes cualquier objeción
dentro tuyo, infórmaselo y arrepiéntete
ante él. Puede suceder que lo veas en una situación
que merezca ser criticada. Puedes verlo, por ejemplo,
reprochando a su sirviente por desperdiciar algo sin
valor alguno, o mostrándose irritado por la pérdida
de esa cosa. Contraataca tu crítica con el pensamiento
de que los estados del Perfecto no deben medirse con
la misma vara que aquellos de los demás, y nadie
sino Dios el Exaltado conoce la realidad interior del
Perfecto.
Si
eres incapaz de encontrar un sheik perfecto, sánate
a ti mismo conformándote a la shari’a,
manteniendo las invocaciones regulares tal como han
sido transmitidas desde el Profeta (swas), pidiendo
por el perdón en abundancia, y manteniendo la
compañía de los rectos. Estas cosas se
aplican cuando estás en peligro y el mal que
se encuentra en tu alma está dominando al bien.
Por otro lado, si no estás en peligro, y el bien
en tu alma ha dominado al mal, entonces siéntete
deleitado y transportado, desecha las restricciones,
aparta toda turbidez, no te preocupes ni por el paraíso
ni por el infierno, y no prestes atención a los
que te critican por desechar las restricciones, incluso
al costo de que se enojen contigo y te rechacen. El
objetivo de tu búsqueda es tan diferente del
objetivo de la suya que ninguna armonía es posible
entre ustedes, porque su propósito es bajo y
el tuyo exaltado, y esos son opuestos que no se pueden
unir. Apártate entonces de aquellos que le dan
la espalda a Nuestro recuerdo y sólo quieren
la vida de este mundo. [53:28]
Lo
esencial de todo esto es que este tercer estadio es
uno que contiene tanto el bien como el mal, de modo
que si el bien vence al mal, se eleva a los estadios
superiores, pero si el mal vence al bien, se ve rebajado
al nivel más bajo, de modo que el caminante debe
volver a agotar y humillar su alma en la forma en que
se describió antes. El signo de que el bien está
venciendo al mal es que te ves a ti mismo interiormente
vivo con la realidad de la fe [imán], y exteriormente
vivo con la shari’a del Islam. Esto es tener la
certeza interior de que todo lo que se encuentra en
la existencia se mueve de acuerdo a la voluntad Divina
y por la habilidad Divina, y no obstante permanecer
exteriormente activo en obediencia y muy alejado de
todos los pecados mayores y la mayoría de los
menores, ya sea estando entre la gente o en soledad.
Este
es el signo de que el bien está venciendo al
mal. En cuanto al mal venciendo al bien, el signo es
que la vivencia del caminante de la realidad de la fe
se incrementa, pero sobrevive y continúa mucho
de su naturaleza humana. No se conforma exteriormente
con la shari’a, abandona las devociones y puede
llegar a cometer pecados, lo que no es de extrañar.
Eso se debe a que cuando su percepción de la
realidad se fortalece y ve que sus actos están
de acuerdo con la voluntad Divina, las luces de haqiqa
le velan los secretos de la shari’a. Consecuentemente
se aparta de la puerta de entrada a la Presencia Divina,
se detiene con los destellos [lawá’ih]
que le vienen bien a su disposición, y pierde
tanto su mundo como su religión. El mal que hay
en él vence al bien y se convierte en un zindiq
que no adhiere a religión alguna.
Sabe
que la satisfacción de Dios y sus teofanías
[tajalliyyát] alcanzan a Su siervo solamente
a través de la puerta de la obediencia, mientras
que Su ira, destierro, y lejanía le acaecen al
siervo solamente a través de la puerta de los
pecados. Párate entonces humildemente ante las
puertas de la shari’a y pídele a tu Señor
por todo lo que necesitas, porque te responderá
y no te verás rechazado y decepcionado. Ten cuidado
de no engañarte con cualquier cosa que te pueda
aparecer en este estadio y que traerá consigo
destierro y maldición; estarías siguiendo
así tu capricho y te estarías apartando
del sendero de Dios. ¡Que Él quiera hacerse
cargo de tu guía!
Ayúdate
a obtener tus deseos en este estadio recitando el tercer
Nombre, que es Hú. Acompáñalo al
principio con el vocativo Yá, luego [recítalo]
sin él. Que esto sea en todo momento, mientras
estás parado, sentado, o acostado, de día
y de noche, de modo que por medio de su baraka puedas
escapar al peligro de este estadio. También cercena
cualquier apego al primer y segundo estadio que todavía
pueda albergar el alma, porque la naturaleza propia
es más poderosa que cualquier atributo adquirido.
De aquí que el alma espera tu momento de inatención,
cuando dejas de contenerla y reprenderla, y reasume
inmediatamente su patrón anterior.
En
este estadio, el ejercicio de la contención sobre
el alma se lleva a cabo por medio del amor apasionado,
transportes de deleite, anhelo por la reunión
y la reintegración con el Bienamado, recordando
los encuentros con el amado, y disfrutando la belleza
del rostro del amado. Estas cosas fortalecen el corazón
del caminante en su fervoroso progreso, y cada vez que
siente que está retrocediendo, su corazón
se rompe y llora más y más.
Sabe,
O `árif [gnóstico], que en este estadio
eres un ser espiritual sutil sobre quien el sol de la
contemplación está amaneciendo, hacia
quien la información de la perfección
se esta acercando, y sobre quien está soplando
la brisa de la reunión. La mayoría de
los velos se han levantado de tu corazón, especialmente
los más gruesos, y tus mayores y más perversos
deseos han desaparecido. Porque este es el estadio del
espíritu, y el espíritu aún tiene
velada la contemplación de la belleza de lo Real,
y todavía alberga deseos que le impiden arribar
a Su Presencia. Sin embargo, esos son velos de luz y
deseos que son aceptables, dado que son el deseo de
ver lo Real y lograr la contemplación y la reunión.
Se deben a un anhelo dominante que lleva a demandar
la cosa antes de su tiempo; y esa es la condición
de todos los amantes apasionados. En este estadio eres
un amante apasionado, deleitándote en la humildad
y la necesidad, incapaz de soportar la separación
de tu amado. Desecha la restricción, que no te
importe el escándalo, pero ten cuidado de no
caer en el pensamiento de que desechar las restricciones
significa abandonar las obligaciones de la shari’a,
como pueden llegar a pensar aquellos que se extravían
y llevan a otros al extravío, esos desviados
y herejes que todavía viven en el mundo de la
naturaleza [física] y no tienen ningún
conocimiento de haqiqa y no adhieren a la shari’a.
Ellos abandonan oraciones rituales y ayunos, persiguen
sus apetitos, y cometen pecados, mientras pretenden
ser personas de tawhid y amantes de la presencia Divina.
En cuanto a desechar la restricción de la manera
legalmente sancionada, su propósito es remover
algunas de las barreras que te obstruyen de acercarte
a tu Bienamado. Esas barrera son bastante numerosas
y sólo se pueden remover desechando la restricción
de la manera sancionada por la shari’a. Las ropas
suntuosas, por ejemplo, son una de tales barreras. Aquellos
afligidos por ese hábito se involucran en las
estratagemas y esfuerzos [mundanos] necesarios para
poder permitirse ropas semejantes y eso los excluye
de su Bienamado. Si desechan larestricción y
usan cualquiera cosa que tengan a mano y fácilmente
obtenible, y se concentran en cambio en su Bienamado,
ese será uno de los beneficios de esta condición.
Otras cuestiones deben ser consideradas bajo la misma
luz.
Cuando
haces eso y el ego que te está obstruyendo muere,
y los rúhdnis se dirigen a ti con órdenes
y prohibiciones, no les prestes atención. No
permitas que su comunicación contigo te cause
ni alegría ni tristeza, y concéntrate
solamente en tu Bienamado. Es mejor para ti que no oigas
nada, dado que oír tales cosas puede llegar a
detenerte en tu viaje, porque esos son asuntos extraños
tales como nunca antes has oído, y puedes llegar
a pensar que has alcanzado el final de tu búsqueda;
tu determinación puede entonces flaquear de modo
que retornas a tu naturaleza [inferior]. Este es uno
de los riesgos de este estadio, de modo que cuídate
de ello. Pide a tu Señor (¡Trascendente
es Él) que te asista para vencer cualquier cosa
que pueda obstruir tu sendero hacia Él, porque
es sólo por medio de Él que Lo puedes
alcanzar.
En
este estadio experimentarás también el
estado de Extinción [faná] que te asistirá
para ascender al cuarto estadio, que es donde el alma
se torna Serena. La Extinción en este estadio
es una condición que le sucede al caminante y
hace que no perciba las cosa sensoriales. Esta es la
no-conciencia de la absorción, no la del desmayo
o la del sueño. En ella, la propia percepción
sensorial del entorno está afectada, de modo
que el ojo, por ejemplo, no tiene consciencia de lo
que ve a pesar de verlo. El estado del caminante se
torna como el del hombre que ha sufrido una pérdida
y que al pasar al lado de un amigo, lo mira a la cara
pero no lo saluda. Cuando se le pregunta: ‘¿Por
qué pasas a mi lado sin saludarme?’, responde:
‘¡Por Dios, ni siquiera te vi, tan dolorosa
es mi pérdida!’ De modo similar, el oído
oye sonidos, pero es como si no los oyera. Y así
es con los otros sentidos. La mente tampoco tiene consciencia
de su propio contenido. Este estado sólo puede
ser verdaderamente conocido por aquellos que realmente
lo atraviesan. Esta es la primera extinción;
la segunda le ocurre al caminante en el quinto estadio,
en donde el alma se llama Contenta, y la tercera extinción
es la desaparición de toda su existencia humana
en el estado Unitario. Eso que se extingue son los atributos
del siervo, no su existencia misma, porque su existencia
no queda absorbida en Dios, como pueden pensar algunas
gentes ignorantes que pronuncian falsedades concernientes
a Dios. Pero cuando el siervo se aproxima a Dios en
servidumbre y se despoja de los atributos reprensibles
que se oponen a esa servidumbre, entonces Dios le concede,
a través de Su gracia, los atributos meritorios
para reemplazarlos. El Que Todo Lo Puede es Dios y el
impotente es el siervo.
Sabe
que durante la primera extinción llegas a oír
el habla de los rúhánis, pero no a través
de tu sentido del oído, y no eres capaz de entender
nada de ello. Cuando el estado de extinción declina,
te llega entonces la comprensión de lo que se
ha dicho y lo que se te ha inspirado, y entonces eres
capaz de ver lo que han inscripto en el espejo de tu
corazón. A partir de entonces, cada vez que hables,
pronunciarás palabras de sabiduría.
¡O
Dios! ¡Tú que das cuando se te pide! ¡No
nos prives a nosotros, y a todos los amantes, de esta
extinción! ¡Que la parte que nos toca de
ella no sea la carencia; no permitas que este mundo
sea nuestra principal preocupación, ni el límite
de nuestro conocimiento! ¡Quítanos todo
lo que nos impediría llegar a Ti, por el honor
de aquel a quien Tú honras, que Tus bendiciones
y paz sean con él!
Hay
seis ‘causas’ de extinción: remembranza
(dhíkr), reflexión [fikr], hambre, vigilias
nocturnas, silencio, y reclusión. La más
importante de ellas es el hambre. Por lo tanto, O buscador
de la extinción, no abandones en este estadio
la autodisciplina y el esfuerzo, aun cuando lo encuentres
difícil, y no olvides sus beneficios anteriores.
No te decepciones por cualquier destello [bariqat] que
se te aparezca sin que seas capaz de identificarlo como
satánico o divino, porque sabes que es en este
tercer estadio donde ocurre la confusión, cuando
el caminante es incapaz de distinguir entre la inspiración
que viene del ángel y la que viene de Iblis.
Cuando se le preguntó a al Junayd41: ‘¿Ahora
que has alcanzado a Dios por qué usas las cuentas
del rosario?’ Respondió: ‘No abandonaré
eso que me trajo al objeto de mi búsqueda’.
No te decepciones entonces, O caminante, por lo que
se te pueda aparecer, no sea que abandones esas cosas
que sabes por experiencia que son puras y buenas y te
permiten, con la asistencia de Dios, alcanzar las partes
difíciles del sendero. Porque el ego es un enemigo
y no debes confiar en él, incluso cuando has
alcanzado los rangos exaltados. Persevera en la autodisciplina
y el esfuerzo, y tu amor aumentará, y disfrutarás
de tu estado de anhelo, intoxicación, y la exclusión
de la restricción. El estadio del amor apasionado
es un estadio de tal deleite, que debido a la intensidad
de ese deleite, el amante se siente renuente a ascender
a un estadio más elevado; aun cuando éste
forma un velo entre él y el Bienamado. No desea
escapar de la pena, aflicción, congoja, y otras
cosas causadas por el amor apasionado; por el contrario,
desea que ese estado dure. El estado de amor apasionado
es un estado aceptable para los amantes, aunque comparado
con aquellos superiores puede ser menospreciado. De
modo que cuando recuerda aquellos días, el Hombre
Perfecto los lamenta por la exclusión de la restricción
y el descuido que implicaron. Pero con la autodisciplina
y el esfuerzo es un estado verdadero, y su poseedor
es veraz en cualquier poesía amorosa que produzca.
En ausencia de autodisciplina y esfuerzo, por contraste,
es falsa y su poseedor es un mentiroso, no tiene ningún
efecto en los corazones de los demás, y es repulsiva
al oído.
En
este estadio, que es el del espíritu (siendo
el espíritu la morada del amor apasionado con
sus transportes e intoxicación), el caminante
permanece allí durante un largo tiempo; porque
el amante se olvida a sí mismo e incluso a su
Bienamado, tan ocupado está con pronunciar Su
Nombre y con el deleite de alabar Su Belleza en sus
poemas. Eso sucede cuando el estado es el de Expansión
[bast]; pero cuando es uno de Constricción [qabd]
después de la expansión, y despierta del
estado de sueño del amor apasionado, su pecho
se constriñe y su corazón se entristece
severamente, y es así que se torna humilde y
tranquilo. Estos dos estados se alternan en el caminante
hasta que asciende al cuarto estadio en donde adquiere
firmeza en el amor; entonces la constricción
y la expansión se transforman en respeto reverente
[hayba] e intimidad [uns]. Estos últimos dos
estados son estados que se alternan en el hombre perfeccionado
y sólo se pueden conocer por experiencia. La
diferencia entre el respeto reverente y la Constricción
es que la persona se torna impaciente con el segundo
pero no con el primero, y la diferencia entre la intimidad
y la Expansión es que el segundo es dominante
y puede llevar a una falta de cortesía con lo
Real (¡Trascendente es Él), pero no así
el primero.
Para
resumir: temor y esperanza, constricción y esperanza,
respeto reverente e intimidad, y Majestuosidad y Belleza,
no son más que dos estados cuyos nombres cambian
con los cambios en las personas y los estadios. Cuando
le suceden a alguien cuya alma todavía es Incitadora
o Reprochadora, se llaman ‘temor’ y ‘esperanza’.
Cuando le acaecen a alguien cuya alma es la Inspirada,
se llaman ‘constricción’ y ‘expansión’.
Cuando le ocurren a alguien cuya alma es Serena, Contenta,
o Placentera, se llaman ‘respeto reverente’
e ‘intimidad’. Y cuando le ocurren a alguien
cuya alma es Perfecta, se llaman ‘Majestuosidad’
y ‘Belleza’. De aquí que temor y
esperanza son para el principiante; constricción
y expansión son para el intermedio; respeto reverente
e intimidad para el perfecto; y Majestad y Belleza para
el vicegerente [califa].
Sabe
que los secretos magníficos están ocultos
en la destitución y la servidumbre. Toma, por
lo tanto, el sendero de la humildad y la humillación,
y te convertirás en uno de los ‘siervos
libres’. No obtendrás ninguno de tus deseos
sino a través de la servidumbre. Puedes llegar
a obtener algunos sin servidumbre, pero cualquier cosa
que obtengas de esa manera, nunca será completa.
Ibn `Ata’illáh dice en sus Hikam42, ‘Planta
tu existencia en la tierra de la oscuridad, porque el
fruto que crece de aquello que no ha sido plantado,
nunca es completo’. Otro Sufí dijo cierta
vez: ‘Nuestro sendero sólo es adecuado
para aquellos cuyos egos han sido usados para limpiar
tachos de basura’. E Bishr ibn al-Harith43 dijo,
‘No sé de ningún hombre que habiendo
deseado ser conocido no haya perdido su religión
y haya quedado expuesto’. Entierra entonces tu
existencia y aguarda el momento oportuno hasta que los
siguientes dichos del Profeta se conviertan en una realidad
para ti : ‘Muere antes de que mueras’, y
‘Quien desee contemplar a un hombre muerto caminando
por la tierra que mire a Abú Bakr al-Siddiq19’.
En tu caso esa muerte tomará el lugar de la muerte
natural, de modo que cuando llegue el ángel encargado
de tomar tu espíritu para llevarte de una morada
a otra, te saludará con un salám y te
tratará bondadosamente, dado que ya has experimentado
la muerte voluntaria a la que se refieren las palabras:
‘Muere antes de que mueras’. Esta es la
extinción de la que hablamos antes en este capítulo,
y es un estado en donde no queda en el caminante ninguna
inclinación ya sea por riqueza, hijos, o cualquier
otra cosa, en donde no tiene temor alguno por ningún
tipo de cosa perjudicial. Indudablemente ese es el estado
de los muertos. Además, así como el Mundo
Intermediario se devela para que los muertos lo contemplen,
así lo hace el Mundo de las Similitudes[`álam
al-mitháf], y ambos son parte del Malakút.
Lo que ve el caminante cuando entra en el Mundo de las
Similitudes varía de acuerdo a su aptitud y disposición.
Si
eres uno de aquellos que no han alcanzado ninguno de
estos estados, deberías entonces desearlos apasionadamente
y esforzarte para lograrlos, porque quien así
busca algo con sinceridad y determinación lo
logrará, por el poder de Dios. Usa por lo tanto
la clase de autodisciplina y esfuerzo que hemos mencionado,
y recita constantemente el tercer Nombre, porque los
Nombres poseen propiedades innegables que se hacen manifiestas
sólo cuando la invocación se repite abundantemente
y se mantiene la cortesía. Eso significa que
el invocador debe enfrentar la qibla toda vez que sea
posible, sentarse sobre las rodillas o estar parado,
mantener su mente libre, escuchar atentamente la invocación,
tener pureza interna y externa, y mantener la pureza
ritual [wudú’]. Si, mientras sustentas
la cortesía de este modo, también estás
manteniendo la shari’a, entonces tu estado es
aceptado. No te impacientes e inquietes si la Apertura
no es inminente, porque debe llegar, incluso después
de una demora. La condición para eso es la rectitud
[istiqáma] y el mantenimiento de la shari’a.
Usa esta invocación parte del tiempo: Hú
illá Hú. Esta es una invocación
formidable. Dila como si te estuvieras dirigiendo a
tus partes corporales, diciéndoles que nada tiene
existencia sino lo Real.
Esta
es la visión contemplativa de los perfeccionados.
¡Que Dios nos conceda unirnos a ellos, por el
honor de Su bienamado, que las bendiciones y la paz
sean con él!
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