Libro Estados del Alma
 
 

CAPITULO TRES

El Alma Inspirada: Su recorrido, mundo,
localización, estado, atributos,
y el remedio con el cual recorrerlo
y elevarse al cuarto Estadio
en donde el alma se llama Serena

Su recorrido es ‘sobre’ Dios, lo que significa que en este estadio la vista del caminante sólo recae en Dios el Exaltado, dado que la realidad de la fe lo ha impregnado interiormente, y en su visión contemplativa se ha extinguido cualquier otra cosa que no sea Dios.

 
 

Su mundo es el Mundo de los Espíritus.
Su localización es el espíritu.
Su estado es el amor apasionado.
Su wárid es la gnosis [ma`rífa].
Sus atributos son: liberalidad, resignación, conocimiento, perdonar a la gente, invitarlas a la rectitud, aceptar sus excusas, y ver que Dios el Exaltado está sosteniendo todo lo que camina sobre la tierra por el copete36. No queda así objeción alguna a ningún ser creado. Entre sus atributos también están el anhelo, transportes, llanto, inquietud, rechazo de la creación y prestar atención a lo Real, variabilidad [talwfn], una sucesión de constricción [qabd] y expansión [bast], la ausencia de temor y esperanza, placer en el canto agradable, ser transportado con deleite al escucharlo, amor por el dhikr, afabilidad, alegría con Dios, proferir palabras de sabiduría y conocimiento, y visión contemplativa. Estos atributos y otros similares son aquellos del Alma Inspirada, que se llama así porque lo Real (¡Exaltado es Él!) la inspira tanto con corrupción como con rectitud37, y ha llegado a oír sin intermediarios los susurros de los ángeles y aquellos del demonio, mientras que en el estadio anterior no oía nada, estando todavía cerca del estado de los animales. Debido a que se oyen los susurros del ángel y del demonio, este estadio es difícil, y el caminante necesita un guía que lo saque de las oscuridades de las dudas y lo lleve a la luz de las teofanías [tajalliyyát].

En este estadio el estado del caminante es débil y es incapaz de diferenciar entre la Majestuosidad y la Belleza, ni puede diferenciar entre lo que le sugiere el ángel y lo que le insinúa el demonio, porque no está enteramente libre de su naturaleza [inferior] y las implicancias de su estado humano. Está en peligro, si lo llega a olvidar, de caer a lo Más Bajo de lo Inferior38, es decir, de vuelta al primer estadio, aquel en el cual el Alma se llama Incitadora. Regresaría entonces a su patrón habitual de comer demasiado, beber demasiado, dormir demasiado, y a mezclarse despreocupadamente con la gente; y sus creencias podrían verse corrompidas. Podría llegar entonces a abandonar sus actos de devoción, cometer pecados, y luego pretender que es un hombre de tawhf a quien le han sido develadas las cosas y que se ha convertido en una autoridad sobre la contemplación, y puede llegar a alegar que otros que se esfuerzan en la obediencia tienen velada esa contemplación. Una vez que su creencia se corrompe, perece junto con el resto de aquellos que perecerán. El fuego de su [naturaleza inferior] se libera sobre su corazón y quema cualquier fe que contenga. Su esfuerzo y trabajo duro se han desperdiciado y no logra ninguno de sus deseos; por el contrario, se convierte en un demonio, él mismo extraviado y llevando a otros al extravío. Capta visiones fugaces de imaginaciones demoníacas y las toma por manifestaciones Divinas. Esto sucede después que su naturaleza humana se ha debilitado y su espiritualidad se ha fortalecido, y la sordera de su corazón se ha ido y su liberación está más cerca, cuando le resta muy poco para entrar en la presencia del Rey Augusto, cuando los precursores del tawhid están empezando a aparecer y su autodisciplina, su esfuerzo, y su despojamiento se han fortalecido.

La razón por la que esta catástrofe le acontece a este caminante cuando se va aproximando al estadio de la perfección, es que aún no está alejado del primer estadio, aquel en el cual el alma se denomina Incitadora; y cuando debido a su autodisciplina [mujáhada] se remueven algunos de los velos, también desaparece el temor que causaba su presencia. Ese temor solía refrenarlo de pecar y lo impulsaba a más devociones. Pocos son aquellos, que cuando su temor se apacigua, mantienen su escrupulosa adhesión a la shari’a. Se te urge por lo tanto, en este estadio, a seguir a tu sheik, incluso si tu ego te insinúa que estás más cerca [de Dios] que él. Debes adherir a la shari’a, conformarte a las reglas de cortesía, forzarte a realizar tu awrád, y restringir a tu alma con las cadenas de la tariqa, aun cuando ella encuentre eso difícil. En este estadio, el alma está inclinada a la libertad y el descuido, y lo requerido es oponérsele hasta que llega al reposo al alcanzar el cuarto estadio, en donde se la llamará Serena.

Ese estadio Sereno significa felicidad en las dos moradas39, y cada vez que un caminante pone su pie allí adentro se salva con la ayuda de Dios de todas las enfermedades del alma, dado que ha ascendido al primer estado de perfección. ¡Elévate entonces, O buscador de perfección! Abandona las trivialidades del alma, no te dejes engañar por cualquier tawhid que se te haya aparecido, y no lo conviertas en la causa de tu derrota u obstrucción en tu búsqueda. Por el contrario, has uso de ello para romper cualquier velo de luz que aún permanece. No te distraigas por esos destellos que percibes de los mundos superiores mientras vas recorriendo tu sendero, porque esos son velos que te impedirán acercarte a la Esencia Superior y pueden ser la causa de tu regreso al nivel de los animales. Manténte con las cosas que te han llevado a alcanzar tu estado de develación y estarás a salvo del peligro. Eso significa continuar manteniendo las vigilias nocturnas, ayunos, aislamiento de la humanidad, y silencio, y sostenerte firmemente de tu sheik, si es uno que es perfecto. Infórmale de los pensamientos que se te ocurren, ya sean buenos o malos. Cuanto más creas en tu sheik más te verás impelido al Mundo de la Santidad [`álam al-quds], y más débil será la influencia de tu naturaleza humana.

En este estadio te puede suceder que empieces a pensar que eres más entendido que tu sheik. Esa noción te separaría del flujo de su asistencia espiritual [madad]. Por lo tanto expulsa ese pensamiento leyendo acerca de los atributos de los perfectos, y cuando llegues a reconocerlo como perfecto, ponte en sus manos con la convicción de que tu salvación está en sus manos. Soporta cualquier perjuicio que pueda provenir de él40. Sé con él como un cadáver en las manos del que lo lava, que lo mueve como quiere. Cuídate de criticar cualquiera de sus estados, y si percibes cualquier objeción dentro tuyo, infórmaselo y arrepiéntete ante él. Puede suceder que lo veas en una situación que merezca ser criticada. Puedes verlo, por ejemplo, reprochando a su sirviente por desperdiciar algo sin valor alguno, o mostrándose irritado por la pérdida de esa cosa. Contraataca tu crítica con el pensamiento de que los estados del Perfecto no deben medirse con la misma vara que aquellos de los demás, y nadie sino Dios el Exaltado conoce la realidad interior del Perfecto.

Si eres incapaz de encontrar un sheik perfecto, sánate a ti mismo conformándote a la shari’a, manteniendo las invocaciones regulares tal como han sido transmitidas desde el Profeta (swas), pidiendo por el perdón en abundancia, y manteniendo la compañía de los rectos. Estas cosas se aplican cuando estás en peligro y el mal que se encuentra en tu alma está dominando al bien. Por otro lado, si no estás en peligro, y el bien en tu alma ha dominado al mal, entonces siéntete deleitado y transportado, desecha las restricciones, aparta toda turbidez, no te preocupes ni por el paraíso ni por el infierno, y no prestes atención a los que te critican por desechar las restricciones, incluso al costo de que se enojen contigo y te rechacen. El objetivo de tu búsqueda es tan diferente del objetivo de la suya que ninguna armonía es posible entre ustedes, porque su propósito es bajo y el tuyo exaltado, y esos son opuestos que no se pueden unir. Apártate entonces de aquellos que le dan la espalda a Nuestro recuerdo y sólo quieren la vida de este mundo. [53:28]

Lo esencial de todo esto es que este tercer estadio es uno que contiene tanto el bien como el mal, de modo que si el bien vence al mal, se eleva a los estadios superiores, pero si el mal vence al bien, se ve rebajado al nivel más bajo, de modo que el caminante debe volver a agotar y humillar su alma en la forma en que se describió antes. El signo de que el bien está venciendo al mal es que te ves a ti mismo interiormente vivo con la realidad de la fe [imán], y exteriormente vivo con la shari’a del Islam. Esto es tener la certeza interior de que todo lo que se encuentra en la existencia se mueve de acuerdo a la voluntad Divina y por la habilidad Divina, y no obstante permanecer exteriormente activo en obediencia y muy alejado de todos los pecados mayores y la mayoría de los menores, ya sea estando entre la gente o en soledad.

Este es el signo de que el bien está venciendo al mal. En cuanto al mal venciendo al bien, el signo es que la vivencia del caminante de la realidad de la fe se incrementa, pero sobrevive y continúa mucho de su naturaleza humana. No se conforma exteriormente con la shari’a, abandona las devociones y puede llegar a cometer pecados, lo que no es de extrañar. Eso se debe a que cuando su percepción de la realidad se fortalece y ve que sus actos están de acuerdo con la voluntad Divina, las luces de haqiqa le velan los secretos de la shari’a. Consecuentemente se aparta de la puerta de entrada a la Presencia Divina, se detiene con los destellos [lawá’ih] que le vienen bien a su disposición, y pierde tanto su mundo como su religión. El mal que hay en él vence al bien y se convierte en un zindiq que no adhiere a religión alguna.

Sabe que la satisfacción de Dios y sus teofanías [tajalliyyát] alcanzan a Su siervo solamente a través de la puerta de la obediencia, mientras que Su ira, destierro, y lejanía le acaecen al siervo solamente a través de la puerta de los pecados. Párate entonces humildemente ante las puertas de la shari’a y pídele a tu Señor por todo lo que necesitas, porque te responderá y no te verás rechazado y decepcionado. Ten cuidado de no engañarte con cualquier cosa que te pueda aparecer en este estadio y que traerá consigo destierro y maldición; estarías siguiendo así tu capricho y te estarías apartando del sendero de Dios. ¡Que Él quiera hacerse cargo de tu guía!

Ayúdate a obtener tus deseos en este estadio recitando el tercer Nombre, que es Hú. Acompáñalo al principio con el vocativo Yá, luego [recítalo] sin él. Que esto sea en todo momento, mientras estás parado, sentado, o acostado, de día y de noche, de modo que por medio de su baraka puedas escapar al peligro de este estadio. También cercena cualquier apego al primer y segundo estadio que todavía pueda albergar el alma, porque la naturaleza propia es más poderosa que cualquier atributo adquirido. De aquí que el alma espera tu momento de inatención, cuando dejas de contenerla y reprenderla, y reasume inmediatamente su patrón anterior.

En este estadio, el ejercicio de la contención sobre el alma se lleva a cabo por medio del amor apasionado, transportes de deleite, anhelo por la reunión y la reintegración con el Bienamado, recordando los encuentros con el amado, y disfrutando la belleza del rostro del amado. Estas cosas fortalecen el corazón del caminante en su fervoroso progreso, y cada vez que siente que está retrocediendo, su corazón se rompe y llora más y más.

Sabe, O `árif [gnóstico], que en este estadio eres un ser espiritual sutil sobre quien el sol de la contemplación está amaneciendo, hacia quien la información de la perfección se esta acercando, y sobre quien está soplando la brisa de la reunión. La mayoría de los velos se han levantado de tu corazón, especialmente los más gruesos, y tus mayores y más perversos deseos han desaparecido. Porque este es el estadio del espíritu, y el espíritu aún tiene velada la contemplación de la belleza de lo Real, y todavía alberga deseos que le impiden arribar a Su Presencia. Sin embargo, esos son velos de luz y deseos que son aceptables, dado que son el deseo de ver lo Real y lograr la contemplación y la reunión. Se deben a un anhelo dominante que lleva a demandar la cosa antes de su tiempo; y esa es la condición de todos los amantes apasionados. En este estadio eres un amante apasionado, deleitándote en la humildad y la necesidad, incapaz de soportar la separación de tu amado. Desecha la restricción, que no te importe el escándalo, pero ten cuidado de no caer en el pensamiento de que desechar las restricciones significa abandonar las obligaciones de la shari’a, como pueden llegar a pensar aquellos que se extravían y llevan a otros al extravío, esos desviados y herejes que todavía viven en el mundo de la naturaleza [física] y no tienen ningún conocimiento de haqiqa y no adhieren a la shari’a. Ellos abandonan oraciones rituales y ayunos, persiguen sus apetitos, y cometen pecados, mientras pretenden ser personas de tawhid y amantes de la presencia Divina. En cuanto a desechar la restricción de la manera legalmente sancionada, su propósito es remover algunas de las barreras que te obstruyen de acercarte a tu Bienamado. Esas barrera son bastante numerosas y sólo se pueden remover desechando la restricción de la manera sancionada por la shari’a. Las ropas suntuosas, por ejemplo, son una de tales barreras. Aquellos afligidos por ese hábito se involucran en las estratagemas y esfuerzos [mundanos] necesarios para poder permitirse ropas semejantes y eso los excluye de su Bienamado. Si desechan larestricción y usan cualquiera cosa que tengan a mano y fácilmente obtenible, y se concentran en cambio en su Bienamado, ese será uno de los beneficios de esta condición. Otras cuestiones deben ser consideradas bajo la misma luz.

Cuando haces eso y el ego que te está obstruyendo muere, y los rúhdnis se dirigen a ti con órdenes y prohibiciones, no les prestes atención. No permitas que su comunicación contigo te cause ni alegría ni tristeza, y concéntrate solamente en tu Bienamado. Es mejor para ti que no oigas nada, dado que oír tales cosas puede llegar a detenerte en tu viaje, porque esos son asuntos extraños tales como nunca antes has oído, y puedes llegar a pensar que has alcanzado el final de tu búsqueda; tu determinación puede entonces flaquear de modo que retornas a tu naturaleza [inferior]. Este es uno de los riesgos de este estadio, de modo que cuídate de ello. Pide a tu Señor (¡Trascendente es Él) que te asista para vencer cualquier cosa que pueda obstruir tu sendero hacia Él, porque es sólo por medio de Él que Lo puedes alcanzar.

En este estadio experimentarás también el estado de Extinción [faná] que te asistirá para ascender al cuarto estadio, que es donde el alma se torna Serena. La Extinción en este estadio es una condición que le sucede al caminante y hace que no perciba las cosa sensoriales. Esta es la no-conciencia de la absorción, no la del desmayo o la del sueño. En ella, la propia percepción sensorial del entorno está afectada, de modo que el ojo, por ejemplo, no tiene consciencia de lo que ve a pesar de verlo. El estado del caminante se torna como el del hombre que ha sufrido una pérdida y que al pasar al lado de un amigo, lo mira a la cara pero no lo saluda. Cuando se le pregunta: ‘¿Por qué pasas a mi lado sin saludarme?’, responde: ‘¡Por Dios, ni siquiera te vi, tan dolorosa es mi pérdida!’ De modo similar, el oído oye sonidos, pero es como si no los oyera. Y así es con los otros sentidos. La mente tampoco tiene consciencia de su propio contenido. Este estado sólo puede ser verdaderamente conocido por aquellos que realmente lo atraviesan. Esta es la primera extinción; la segunda le ocurre al caminante en el quinto estadio, en donde el alma se llama Contenta, y la tercera extinción es la desaparición de toda su existencia humana en el estado Unitario. Eso que se extingue son los atributos del siervo, no su existencia misma, porque su existencia no queda absorbida en Dios, como pueden pensar algunas gentes ignorantes que pronuncian falsedades concernientes a Dios. Pero cuando el siervo se aproxima a Dios en servidumbre y se despoja de los atributos reprensibles que se oponen a esa servidumbre, entonces Dios le concede, a través de Su gracia, los atributos meritorios para reemplazarlos. El Que Todo Lo Puede es Dios y el impotente es el siervo.

Sabe que durante la primera extinción llegas a oír el habla de los rúhánis, pero no a través de tu sentido del oído, y no eres capaz de entender nada de ello. Cuando el estado de extinción declina, te llega entonces la comprensión de lo que se ha dicho y lo que se te ha inspirado, y entonces eres capaz de ver lo que han inscripto en el espejo de tu corazón. A partir de entonces, cada vez que hables, pronunciarás palabras de sabiduría.

¡O Dios! ¡Tú que das cuando se te pide! ¡No nos prives a nosotros, y a todos los amantes, de esta extinción! ¡Que la parte que nos toca de ella no sea la carencia; no permitas que este mundo sea nuestra principal preocupación, ni el límite de nuestro conocimiento! ¡Quítanos todo lo que nos impediría llegar a Ti, por el honor de aquel a quien Tú honras, que Tus bendiciones y paz sean con él!

Hay seis ‘causas’ de extinción: remembranza (dhíkr), reflexión [fikr], hambre, vigilias nocturnas, silencio, y reclusión. La más importante de ellas es el hambre. Por lo tanto, O buscador de la extinción, no abandones en este estadio la autodisciplina y el esfuerzo, aun cuando lo encuentres difícil, y no olvides sus beneficios anteriores. No te decepciones por cualquier destello [bariqat] que se te aparezca sin que seas capaz de identificarlo como satánico o divino, porque sabes que es en este tercer estadio donde ocurre la confusión, cuando el caminante es incapaz de distinguir entre la inspiración que viene del ángel y la que viene de Iblis. Cuando se le preguntó a al Junayd41: ‘¿Ahora que has alcanzado a Dios por qué usas las cuentas del rosario?’ Respondió: ‘No abandonaré eso que me trajo al objeto de mi búsqueda’. No te decepciones entonces, O caminante, por lo que se te pueda aparecer, no sea que abandones esas cosas que sabes por experiencia que son puras y buenas y te permiten, con la asistencia de Dios, alcanzar las partes difíciles del sendero. Porque el ego es un enemigo y no debes confiar en él, incluso cuando has alcanzado los rangos exaltados. Persevera en la autodisciplina y el esfuerzo, y tu amor aumentará, y disfrutarás de tu estado de anhelo, intoxicación, y la exclusión de la restricción. El estadio del amor apasionado es un estadio de tal deleite, que debido a la intensidad de ese deleite, el amante se siente renuente a ascender a un estadio más elevado; aun cuando éste forma un velo entre él y el Bienamado. No desea escapar de la pena, aflicción, congoja, y otras cosas causadas por el amor apasionado; por el contrario, desea que ese estado dure. El estado de amor apasionado es un estado aceptable para los amantes, aunque comparado con aquellos superiores puede ser menospreciado. De modo que cuando recuerda aquellos días, el Hombre Perfecto los lamenta por la exclusión de la restricción y el descuido que implicaron. Pero con la autodisciplina y el esfuerzo es un estado verdadero, y su poseedor es veraz en cualquier poesía amorosa que produzca. En ausencia de autodisciplina y esfuerzo, por contraste, es falsa y su poseedor es un mentiroso, no tiene ningún efecto en los corazones de los demás, y es repulsiva al oído.

En este estadio, que es el del espíritu (siendo el espíritu la morada del amor apasionado con sus transportes e intoxicación), el caminante permanece allí durante un largo tiempo; porque el amante se olvida a sí mismo e incluso a su Bienamado, tan ocupado está con pronunciar Su Nombre y con el deleite de alabar Su Belleza en sus poemas. Eso sucede cuando el estado es el de Expansión [bast]; pero cuando es uno de Constricción [qabd] después de la expansión, y despierta del estado de sueño del amor apasionado, su pecho se constriñe y su corazón se entristece severamente, y es así que se torna humilde y tranquilo. Estos dos estados se alternan en el caminante hasta que asciende al cuarto estadio en donde adquiere firmeza en el amor; entonces la constricción y la expansión se transforman en respeto reverente [hayba] e intimidad [uns]. Estos últimos dos estados son estados que se alternan en el hombre perfeccionado y sólo se pueden conocer por experiencia. La diferencia entre el respeto reverente y la Constricción es que la persona se torna impaciente con el segundo pero no con el primero, y la diferencia entre la intimidad y la Expansión es que el segundo es dominante y puede llevar a una falta de cortesía con lo Real (¡Trascendente es Él), pero no así el primero.

Para resumir: temor y esperanza, constricción y esperanza, respeto reverente e intimidad, y Majestuosidad y Belleza, no son más que dos estados cuyos nombres cambian con los cambios en las personas y los estadios. Cuando le suceden a alguien cuya alma todavía es Incitadora o Reprochadora, se llaman ‘temor’ y ‘esperanza’. Cuando le acaecen a alguien cuya alma es la Inspirada, se llaman ‘constricción’ y ‘expansión’. Cuando le ocurren a alguien cuya alma es Serena, Contenta, o Placentera, se llaman ‘respeto reverente’ e ‘intimidad’. Y cuando le ocurren a alguien cuya alma es Perfecta, se llaman ‘Majestuosidad’ y ‘Belleza’. De aquí que temor y esperanza son para el principiante; constricción y expansión son para el intermedio; respeto reverente e intimidad para el perfecto; y Majestad y Belleza para el vicegerente [califa].

Sabe que los secretos magníficos están ocultos en la destitución y la servidumbre. Toma, por lo tanto, el sendero de la humildad y la humillación, y te convertirás en uno de los ‘siervos libres’. No obtendrás ninguno de tus deseos sino a través de la servidumbre. Puedes llegar a obtener algunos sin servidumbre, pero cualquier cosa que obtengas de esa manera, nunca será completa. Ibn `Ata’illáh dice en sus Hikam42, ‘Planta tu existencia en la tierra de la oscuridad, porque el fruto que crece de aquello que no ha sido plantado, nunca es completo’. Otro Sufí dijo cierta vez: ‘Nuestro sendero sólo es adecuado para aquellos cuyos egos han sido usados para limpiar tachos de basura’. E Bishr ibn al-Harith43 dijo, ‘No sé de ningún hombre que habiendo deseado ser conocido no haya perdido su religión y haya quedado expuesto’. Entierra entonces tu existencia y aguarda el momento oportuno hasta que los siguientes dichos del Profeta se conviertan en una realidad para ti : ‘Muere antes de que mueras’, y ‘Quien desee contemplar a un hombre muerto caminando por la tierra que mire a Abú Bakr al-Siddiq19’. En tu caso esa muerte tomará el lugar de la muerte natural, de modo que cuando llegue el ángel encargado de tomar tu espíritu para llevarte de una morada a otra, te saludará con un salám y te tratará bondadosamente, dado que ya has experimentado la muerte voluntaria a la que se refieren las palabras: ‘Muere antes de que mueras’. Esta es la extinción de la que hablamos antes en este capítulo, y es un estado en donde no queda en el caminante ninguna inclinación ya sea por riqueza, hijos, o cualquier otra cosa, en donde no tiene temor alguno por ningún tipo de cosa perjudicial. Indudablemente ese es el estado de los muertos. Además, así como el Mundo Intermediario se devela para que los muertos lo contemplen, así lo hace el Mundo de las Similitudes[`álam al-mitháf], y ambos son parte del Malakút. Lo que ve el caminante cuando entra en el Mundo de las Similitudes varía de acuerdo a su aptitud y disposición.

Si eres uno de aquellos que no han alcanzado ninguno de estos estados, deberías entonces desearlos apasionadamente y esforzarte para lograrlos, porque quien así busca algo con sinceridad y determinación lo logrará, por el poder de Dios. Usa por lo tanto la clase de autodisciplina y esfuerzo que hemos mencionado, y recita constantemente el tercer Nombre, porque los Nombres poseen propiedades innegables que se hacen manifiestas sólo cuando la invocación se repite abundantemente y se mantiene la cortesía. Eso significa que el invocador debe enfrentar la qibla toda vez que sea posible, sentarse sobre las rodillas o estar parado, mantener su mente libre, escuchar atentamente la invocación, tener pureza interna y externa, y mantener la pureza ritual [wudú’]. Si, mientras sustentas la cortesía de este modo, también estás manteniendo la shari’a, entonces tu estado es aceptado. No te impacientes e inquietes si la Apertura no es inminente, porque debe llegar, incluso después de una demora. La condición para eso es la rectitud [istiqáma] y el mantenimiento de la shari’a. Usa esta invocación parte del tiempo: Hú illá Hú. Esta es una invocación formidable. Dila como si te estuvieras dirigiendo a tus partes corporales, diciéndoles que nada tiene existencia sino lo Real.

Esta es la visión contemplativa de los perfeccionados. ¡Que Dios nos conceda unirnos a ellos, por el honor de Su bienamado, que las bendiciones y la paz sean con él!