Libro Estados del Alma
 
 

EPILOGO

Sabe que el nombre de los Khalwatis proviene de la palabra khalwa [reclusión en un retiro espiritual]48. Fueron llamados así a pesar del hecho de que otras tariqas también practican khalwa, porque lo hacen con más frecuencia que las otras. La razón de esto es la abundancia de luces, conocimiento, y gnosis que encuentran en ello. Algunos de ellos permanecen allí hasta su muerte, otros entran muchas veces durante el año, otros una vez al año. Hay condiciones y cortesías que deben observarse, como lo menciona Mustafá al-Bakri49 en su libro Hadiyyat al-Ahbáb [Regalo a los Bienamados]Su período mínimo es de tres días; no tiene un máximo, y el óptimo es de cuarenta días. Una de sus condiciones es que aquellos que desean practicarlo deben entrenarse en la autodisciplina antes de participar.

 
 

. [Eso debería involucrar] hambre, vigilias nocturnas, aislamiento50, y remembranza constante, de modo que cuando participan todo eso ya les es familiar y no es probable que esas cosas los ahuyenten. Otra más es participar con la intención de desapegarse del mundo y concentrarse solamente en Dios. Otra todavía es que deben sentir que son inferiores a la más inferior de las personas, más inferiores que los pecadores, ni qué decir de los virtuosos, para que Dios los pueda aceptar, porque Dios está con los desconsolados51. Y además otra condición es refrenarse de pedirle cualquier cosa en absoluto a Dios durante el retiro, ya sea mundano o referido al otro mundo, sino sólo adorarlo a Él.

Sabe que los Khalwatis, así como otras de las tariqas Muhammadan, están relacionados con al Junayd, que Dios esté complacido con él, porque él es el ‘Maestro del Grupo’. Toda tariqa se ramifica después en diferentes tariqas de acuerdo al número de grandes sheiks que la han regido y han asumido las tareas de guiar y la composición de awrád.

Los Khalwatis, igual que los Naqshbandis son mejor conocidos en Turquía, Siria, y la India. Los Shadhilis y los Qádris son mejor conocidos en el Maghrib. Comparten un origen común, como acabamos de decir, y están todos de acuerdo en que es necesario poseer determinación, agotar esfuerzos, abandonar la pereza, permanecer insatisfecho con uno mismo, evitar la persecución de los apetitos y hábitos propios, y mantener un dhikr constante. Sayyidi Mustafá al-Bakri49, que Dios esté complacido con él, dice: ‘La primera persona de la cadena Khalwati [silsila] a quien se denominó así, fue el ilustre practicante escolástico, mi hermano Muhammad al-Bálisi52, quien debido a su retiros extremadamente numerosos [khalwas] fue llamado “el Khalwati”. El nombre se extendió después a sus seguidores que se hicieron conocidos como los Khalwatis y se extendieron en varias ramas’.

Sabe que el signo de los Khalwatis es la investidura con Khirqa común, que es la ‘corona’ que se usa en la cabeza, un birrete redondo de lana blanca que indica el recorrido por el sendero del Sufismo y la blancura del corazón. Está bordado de una manera especial y rodeado de cuatro jalálas para indicar que el Señor rodea a su siervo desde todas las direcciones y para indicar independencia a través de Dios, como en ‘Dondequiera que os volváis, allí encontraréis la Faz de Dios’. [2:114] Algunos dejan el centro negro para indicar la extinción, y algunos usan el signo ‘o’ en el centro para indicar la Esencia que engloba el mundo con conocimiento, habilidad, y sustento, pero no de alguna manera física. Algunos colocan un botón en el centro para indicar Tawhf de los Nombres, Atributos, y Esencia; y otros ponen debajo del botón cuatro círculos de terciopelo que son negros, rojos, verdes, o blancos, para indicar los cuatro emblemas de los Rifa’is, Ahmadis, Qádiris, y Dasúqis, de acuerdo a lo que se sabe usaba cada uno de esos polos espirituales [aqtáb]. Aparte de eso los cuatro Khirqas son antiguos y se los puede rastrear hasta el Profeta, que las bendiciones y la paz de Dios sean con él, e indican las cuatro muertes: la muerte negra, la muerte roja, y así en más53. Además, los Khalwatis enrollan alrededor de su ‘corona’ un turbante negro para indicar nobleza, maestría y fundamentos firmes, porque el negro es estable y no cambia. Se sabe que Sayyidi Ahmad al-Rifá’i, que Dios esté complacido con él, lo usaba, pero [fundamentalmente] está conectado con el maestro de toda la creación, que las bendiciones y la paz de Dios sean con él, porque su turbante era negro, como se declara en el Shamá’il54 y otros libros. Lo mismo se aplica a los otros khirqas. Los khirqas sufíes son muy numerosos. El emblema de algunos es una túnica remendada, el de otros el turbante, u otros artículos de ropa [que ahora están en desuso]. Algunos confieren a sus discípulos una camisa, otros un ajubba55, siendo este el khirqa especial que indica que llegará a usar la túnica de la Sucesión Muhammadan [khiláfa] después de su sheik. Algunos tienen coronas diferentes de las que acabamos de describir; tal, por ejemplo, es la Wafá’i khirqa56, que está acompañada por un chal blanco que tiene un símbolo indicando absorción en la perfección de la Belleza [Divina].

Estas condiciones establecidas por el Profeta para usar el khirqa son para el recorrido del camino y necesitan del permiso del sheik En cuanto a usarlo simplemente para gratificar el deseo propio, no es de beneficio alguno; por el contrario, es un signo de haberse extraviado, dado que su indicación de que uno se ha convertido en un hombre de Dios no es más que una pretensión falsa. Esto les sucede a muchos que pretenden ser fuqará’57, se encuentran con muchos otros que poseen signos, khirqas, y tipos especiales de ropa, toman su voto de fidelidad y aducen así una afiliación a Sayyidi Ahmad al-Badawi58, a Ibráhim al-Dassúqi59, u otros. Pueden incluso llegar a usar eso como una trampa para obtener el dinero de otras personas con falsas pretensiones. Dirían, por ejemplo, ‘Yo soy un Ahmadi’60, lo que es una mentira, dado que es una condición, para poder estar afiliado a un imán, conocer su método, comportarse en consecuencia, y adquirir las cualidades corteses que él mismo había poseído. Sin embargo, si llegan a usar el khirqa por su baraka, se refrenan de imponerse a otra gente, y no pretenden nada, ni exteriormente ni interiormente, es de esperar que recibirán algo de su baraka. Es por eso que un cierto gnóstico observó cierta vez: ‘El khirqa del Pueblo es, para aquellos que lo merecen, una luz y un adorno, mientras que para otros es fatuidad y oscuridad’.


¡O Dios! ¡Te rogamos que nos concedas excelencia
en la cortesía [adab], conformidad con el Corán
y el sunna de Tu misericordioso y compasivo
Profeta, y alejamiento del ego y el demonio
execrable, por el honor del Profeta,
que las bendiciones y la paz
de Dios sean con él!
Ámín