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[Eso debería involucrar] hambre, vigilias nocturnas,
aislamiento50, y remembranza constante, de modo que
cuando participan todo eso ya les es familiar y no es
probable que esas cosas los ahuyenten. Otra más
es participar con la intención de desapegarse
del mundo y concentrarse solamente en Dios. Otra todavía
es que deben sentir que son inferiores a la más
inferior de las personas, más inferiores que
los pecadores, ni qué decir de los virtuosos,
para que Dios los pueda aceptar, porque Dios está
con los desconsolados51. Y además otra condición
es refrenarse de pedirle cualquier cosa en absoluto
a Dios durante el retiro, ya sea mundano o referido
al otro mundo, sino sólo adorarlo a Él.
Sabe
que los Khalwatis, así como otras de las tariqas
Muhammadan, están relacionados con al Junayd,
que Dios esté complacido con él, porque
él es el ‘Maestro del Grupo’. Toda
tariqa se ramifica después en diferentes tariqas
de acuerdo al número de grandes sheiks que la
han regido y han asumido las tareas de guiar y la composición
de awrád.
Los
Khalwatis, igual que los Naqshbandis son mejor conocidos
en Turquía, Siria, y la India. Los Shadhilis
y los Qádris son mejor conocidos en el Maghrib.
Comparten un origen común, como acabamos de decir,
y están todos de acuerdo en que es necesario
poseer determinación, agotar esfuerzos, abandonar
la pereza, permanecer insatisfecho con uno mismo, evitar
la persecución de los apetitos y hábitos
propios, y mantener un dhikr constante. Sayyidi Mustafá
al-Bakri49, que Dios esté complacido con él,
dice: ‘La primera persona de la cadena Khalwati
[silsila] a quien se denominó así, fue
el ilustre practicante escolástico, mi hermano
Muhammad al-Bálisi52, quien debido a su retiros
extremadamente numerosos [khalwas] fue llamado “el
Khalwati”. El nombre se extendió después
a sus seguidores que se hicieron conocidos como los
Khalwatis y se extendieron en varias ramas’.
Sabe
que el signo de los Khalwatis es la investidura con
Khirqa común, que es la ‘corona’
que se usa en la cabeza, un birrete redondo de lana
blanca que indica el recorrido por el sendero del Sufismo
y la blancura del corazón. Está bordado
de una manera especial y rodeado de cuatro jalálas
para indicar que el Señor rodea a su siervo desde
todas las direcciones y para indicar independencia a
través de Dios, como en ‘Dondequiera que
os volváis, allí encontraréis la
Faz de Dios’. [2:114] Algunos dejan el centro
negro para indicar la extinción, y algunos usan
el signo ‘o’ en el centro para indicar la
Esencia que engloba el mundo con conocimiento, habilidad,
y sustento, pero no de alguna manera física.
Algunos colocan un botón en el centro para indicar
Tawhf de los Nombres, Atributos, y Esencia; y otros
ponen debajo del botón cuatro círculos
de terciopelo que son negros, rojos, verdes, o blancos,
para indicar los cuatro emblemas de los Rifa’is,
Ahmadis, Qádiris, y Dasúqis, de acuerdo
a lo que se sabe usaba cada uno de esos polos espirituales
[aqtáb]. Aparte de eso los cuatro Khirqas son
antiguos y se los puede rastrear hasta el Profeta, que
las bendiciones y la paz de Dios sean con él,
e indican las cuatro muertes: la muerte negra, la muerte
roja, y así en más53. Además, los
Khalwatis enrollan alrededor de su ‘corona’
un turbante negro para indicar nobleza, maestría
y fundamentos firmes, porque el negro es estable y no
cambia. Se sabe que Sayyidi Ahmad al-Rifá’i,
que Dios esté complacido con él, lo usaba,
pero [fundamentalmente] está conectado con el
maestro de toda la creación, que las bendiciones
y la paz de Dios sean con él, porque su turbante
era negro, como se declara en el Shamá’il54
y otros libros. Lo mismo se aplica a los otros khirqas.
Los khirqas sufíes son muy numerosos. El emblema
de algunos es una túnica remendada, el de otros
el turbante, u otros artículos de ropa [que ahora
están en desuso]. Algunos confieren a sus discípulos
una camisa, otros un ajubba55, siendo este el khirqa
especial que indica que llegará a usar la túnica
de la Sucesión Muhammadan [khiláfa] después
de su sheik. Algunos tienen coronas diferentes de las
que acabamos de describir; tal, por ejemplo, es la Wafá’i
khirqa56, que está acompañada por un chal
blanco que tiene un símbolo indicando absorción
en la perfección de la Belleza [Divina].
Estas
condiciones establecidas por el Profeta para usar el
khirqa son para el recorrido del camino y necesitan
del permiso del sheik En cuanto a usarlo simplemente
para gratificar el deseo propio, no es de beneficio
alguno; por el contrario, es un signo de haberse extraviado,
dado que su indicación de que uno se ha convertido
en un hombre de Dios no es más que una pretensión
falsa. Esto les sucede a muchos que pretenden ser fuqará’57,
se encuentran con muchos otros que poseen signos, khirqas,
y tipos especiales de ropa, toman su voto de fidelidad
y aducen así una afiliación a Sayyidi
Ahmad al-Badawi58, a Ibráhim al-Dassúqi59,
u otros. Pueden incluso llegar a usar eso como una trampa
para obtener el dinero de otras personas con falsas
pretensiones. Dirían, por ejemplo, ‘Yo
soy un Ahmadi’60, lo que es una mentira, dado
que es una condición, para poder estar afiliado
a un imán, conocer su método, comportarse
en consecuencia, y adquirir las cualidades corteses
que él mismo había poseído. Sin
embargo, si llegan a usar el khirqa por su baraka, se
refrenan de imponerse a otra gente, y no pretenden nada,
ni exteriormente ni interiormente, es de esperar que
recibirán algo de su baraka. Es por eso que un
cierto gnóstico observó cierta vez: ‘El
khirqa del Pueblo es, para aquellos que lo merecen,
una luz y un adorno, mientras que para otros es fatuidad
y oscuridad’.
¡O Dios! ¡Te rogamos que nos concedas excelencia
en la cortesía [adab], conformidad con el Corán
y el sunna de Tu misericordioso y compasivo
Profeta, y alejamiento del ego y el demonio
execrable, por el honor del Profeta,
que las bendiciones y la paz
de Dios sean con él!
Ámín
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