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Aquí ‘Extinción’ significa
la eliminación de los atributos humanos hasta
que se alcanza la Subsistencia, pero no inmediatamente.
La
Extinción a la que luego le sigue la Subsistencia
inmediata es la Verdad de la Certeza [baqq al-yaqin].
Ocurre después de la que se está hablando
aquí, es decir, en el séptimo estadio.
El
alma contenta no tiene wárid, porque el wárid
sólo llega cuando todavía quedan atributos,
y en este estadio ya no están allí, ni
siquiera rastros de ellos. Es por eso que en este estadio,
el caminante está extinto, ni subsistiendo por
medio de sí mismo como había estado antes,
ni subsistiendo por medio de Dios como lo estará
en el séptimo estadio. Este es un estadio que
sólo se puede discernir vivencialmente. Sin embargo,
un guía perfecto puede ser capaz de explicárselo
a un buscador que ha alcanzado un grado de perfección.
Los
atributos de esta alma son: desapego de cualquier cosa
que no sea Dios el Exaltado, sinceridad, escrupulosidad,
y una aceptación contenta de todo lo que ocurre
en el universo, sin tan siquiera un temblor del corazón,
sin recurrir a la concentración espiritual para
eludir un perjuicio, y sin objetar absolutamente nada.
Esto se debe a que el alma está absorta en la
contemplación de la Belleza absoluta. Este estadio
no le impide al caminante guiar y aconsejar a la gente,
y nadie oye sus palabras sin beneficiarse de ellas.
Todo esto ocurre mientras el corazón está
ocupado con el Mundo de la Divinidad [I,dhút]
y el Secreto del Secreto.
El
hombre que se encuentra en este estadio está
inmerso en el océano de la cortesía con
Dios el Exaltado. Sus oraciones nunca son rechazadas;
sin embargo, debido a la modestia y la cortesía,
nunca permite que su lengua pronuncie un ruego a menos
que se vea forzado a ello. Cuando se ve forzado ruega,
y su oración nunca es rechazada.
Es
honorable a la vista de los seres creados, respetado
por todos los hombres, importantes e insignificantes,
porque ha recibido la palabra de la Presencia de Cercanía:
‘Hoy estás firmemente establecido en Nuestro
favor y a Nuestro cuidado’45. Los seres creados
están obligados a respetarlo, pero no depende
de ellos, especialmente si es pobre y ellos lo tratan
bien, porque las almas están naturalmente inclinadas
a amar a aquellos que las tratan bien. Dedícate
entonces a tu Señor, porque si así lo
haces su anhelo por ti aumentará, y si mereces
una parte de lo que ellos poseen, te llegará
sin que haya acción de su parte. No dependas
de ellos, ni albergues deseo alguno por lo que ellos
poseen. No los rechaces debido a su entusiasmo contigo.
Cuando lleguen a ti con amor no los hagas huir de tu
Señor.
En
este estadio, dedícate al quinto Nombre, que
es Hayy [Siempre Viviente]. Significa El Unico que posee
vida y sobre quien no ejerce dominio la muerte. Repítelo
abundantemente, de modo que tu extinción pueda
irse y ser reemplazada por la subsistencia por medio
del que está Vivo, y luego entras al sexto estadio
y se te promueve de estar parado ante el umbral a los
sitios del Bienamado.
Sabe
que hay Nombres que se llaman ‘Nombres Subsidiarios’,
y son: al-Wahháb [el Dador de Todo], que significa
Aquel que da sin que se le pida; al-Fattás [el
Revelador], que significa Aquel que abre los tesoros
de Su misericordia para todos Sus siervos; al-Wáhid
[el Úbicador], Él en cuya Esencia no hay
multiplicidad; al-Ahad [el Único], Aquel que
no puede ser dividido ni calificado; al-Samad [el Saciador],
Aquel a quien todos acuden para el cumplimiento de todos
sus deseos.
Observa
que la invocación usando todos estos Nombres
y sus subsidiarios debe ser con sukún [es decir,
sin vocal] a continuación de la última
consonante.
En
este estadio dedícate a al-Fattáh o a
al-Wahháb, junto con Al-Hayy, para facilitar
tu progreso al sexto estadio, del cual tienes una imperativa
necesidad.
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