Capitulo
1
El amor Capitulo
2
El amor verdadero Capitulo
3
El amor a Dios Capitulo
4
La remembranza Capitulo
5
La afirmación de la unidad Capítulo
6
Creyentes y no creyentes Capitulo
7
El mundo del testimonio y el mundo de la resurrección
Capitulo
8
Reglas del culto Capitulo
9
El misterio del girar Capitulo
10
La razón humana y el misterio divino Capitulo
11
La ley sagrada y el buscador de la verdad Capitulo
12
El Guía Espiritual Capitulo
13
CONSEJO AL AMANTE Capitulo
14
UNA PLEGARIA BREVE
AUTOBIOGRAFÍA |
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Homenaje
a Muzafer Ozak
¡Oh Allah el
más cercano, la única Conciencia, la única Realidad,
muéstranos por tu tierno y luminoso Favor Divino la Develacion
del Amor en la residencia mística de nuestro Sheikh, en la corte
sublime del Sultán.
Más allá de todos los hombres de letras, aún más
allá de los eruditos en la mística, los amantes derviches
reciben, durante esta vida terrenal, el funeral reservado a los mártires,
porque son mártires del Amor. Estos descendientes de Alí,
iluminado sea, yerno del Profeta Muhammad, la Paz sublime sea con él,
caen prisioneros del Amor y continúan sirviendo como los testigos
del Amor, brindando con cada aliento instrucción, guía,
y aleccionamiento a la humanidad en el sendero místico del Amor.
El valor de estos venerables personajes en la defensa del camino espiritual,
en la defensa de la integridad humana, la amabilidad y la humildad de
estos hombres de conocimiento directo de Dios, son asombrosas.
Oh Allah, oh Amor mismo, intégranos al camino sufí de Alí.
Que recibamos el regalo de estar en la dulce compañía espiritual
de Tu Mensajero adorado. Que veamos el trono sagrado de piel de oveja
teñida azul rey de nuestro Santo y Patrón, el Eje de los
Sufis, Nureddin Jerrahi, que Allah el Altísimo ilumine y santifique
su noble espíritu, y el de su representante ante el mundo moderno,
Muzafer Ashki, autor de este libro de Amor, quien pertenece siempre al
Amor y permanece siempre en el Amor.
Creamos vínculos vivos con todos los preciados seres humanos; queremos
proteger a los pobres; nos deleitamos con el amor del Profeta y en los
misterios de los santos místicos y gnósticos de catorce
siglos del Islam. Engálanos, oh Todopoderoso y Todomisericordioso,
con la capa de los derviches, la vestidura de Luz Divina. Que entonemos
los Bellos Nombres Divinos en la mezquita sagrada del cuerpo humano, viviendo
en espera de las señales de Tu Bendición, hasta en el más
ínfimo e íntimo detalle de la vida diaria. Rezamos únicamente
para que el amor de los amantes del Amor Supremo aumente día con
día. Toda alabanza pertenece a Allah, Señor de la Majestad
y de la Perfección. Oh, la munificencia de Tu Amor.
Oh, la instrucción amorosa de Tu bienamado Profeta que abre la
inmensa satisfacción y la alegría perfecta del camino de
la Verdad que desborda a todas las filosofías y las religiones.
Oh Esencia, lo único que vemos a través de todas las formas
creadas y a través de los innumerables Nombres Divinos.
Ofrecemos nuestra amorosa gratitud. Que el beneplácito de Allah,
Su noble aprobación, sea con Sus humildes siervos que constituyen
el jardín del Paraíso, rociado con la lluvia de la Merced
Divina.
Este siervo de mi maestro Muzafer Ashki, este pordiosero endiosado ante
las puertas de la reunión extática del Amor Divino, suplica
al Señor de todos los universos que los corazones sean colmados
con el amor de Dios. Todo éxito espiritual proviene sólo
de Allah, alabado sea, y todo tiene como base y fundamento el Amor Divino.
Muzafer Ashki, santificada sea su alma, arrebatado constantemente en el
estado místico de la unidad durante su vida terrenal, nos ha presentado
con su vida misma una gran lección sobre el Amor. Como dice este
Sheikh sufi, este experto en Amor: "la bendición del Amor
es tan grande que si el amante, en este estado de contento, placer y delicia,
se perdiera en las ardientes arenas del desierto, el fuego del Amor le
impediría sentir el calor".
Que moremos cuarenta días en el desierto, pasando la noche en vela,
para encontrar el Verdadero Amado. Que descubramos la tienda de campaña
en el desierto floreciente del Amor, la morada del Amado. Que entremos
en el cielo sobre la tierra, donde la Luz Divina quema hasta las cenizas
todas las características negativas, depurando el yo en el océano
del conocimiento espiritual e iluminándolo con el esplendor del
Amor. Rescata nuestra humanidad, oh Amor.
La cáscara de la nuez se ha desvanecido, dejando visible la almendra,
la pura presencia del Amado Supremo. Todos los amores de los enamorados
en todos los niveles del amor se relacionan y se refieren únicamente
al Verdadero Amado. Cuando el velo se rasga, aparece Su claridad absoluta,
pero Su resplandor y Su esplendor aparecen en el velo. Anídanos,
oh Bienamado. Llévanos de la especulación a la verificación.
Danos la dulce convivencia iluminadora de los verdaderos amantes del Amor.
Nuestro Maestro, el más noble Mensajero y más glorioso Profeta
Muhammad, que Allah lo bendiga y le dé Paz, ha llegado a través
de la infinita magnificencia de Dios hacia su Esencia unitaria. Toda la
cadena sucesoria, la alcurnia sublime de los herederos místicos
de Muhammad, la Paz sea con él, hacia nuestro caudillo contemporáneo,
Muzafer Ashki Efendi, iluminado sea su espíritu, han experimentado
esta verdadera unión con la Esencia. Esta unión mística
cura del error de mirar a cualquier objeto de nuestro amor como separado
de la única Realidad, el error de mirarnos a nosotros mismos como
una existencia distinta de la única Realidad. La ilaha ila-llah:
no existe nada y nadie más que la única Realidad. Como nos
alecciona nuestro Sheikh Muzafer Efendi: "Cuando podamos ver a Dios
en el hombre o en la mujer que amamos, estaremos libres del error que
consiste en pensar que Allah es otra cosa distinta de la Unidad. Que Dios
te ampare si divides el amor en dos."
Como exclama nuestro gran Sheikh en las páginas vivas de este libro
del amor: "Déjalo todo y únete al Amor. Mira, el Amor
Divino ha inundado tu ser entero. Entra aquí y ahora en el Paraíso
de la Esencia."
Las palabras, "Yo sólo soy", que el amado Moisés,
la Paz sea con él, escuchaba en el Monte Sinaí, no salieron
de la bendita zarza en llamas, sino directamente de Dios. Asimismo, el
cuerpo y la mente del derviche amante son precisamente esta zarza en las
llamas del éxtasis. No es él quien canta los Bellos Nombres
Divinos en el zikr -círculo girador de los derviches- sino Allah
el más íntimo quien resuena a través de él
con Su Resonancia infinita. Las palabras de aquellos a quienes el Amor
Divino embriaga y aniquila no proviene de ellos.
Estar unificado con el único Amado significa encontrarlo en tí
mismo, hagas lo que hagas y donde quieras que estés; significa
rasgar los velos del yo personal y limitado; significa develar en misterio
de la Unicidad. Como cantaba otro santo sufi, el amado Niyazi, que su
secreto sea guardado: "Nada puede ocultar el Rostro de Dios. Aparte
de El, nada se manifiesta, aunque el ciego crea que El es invisible."
El Dios visible es la Luz Divina, no las formas creadas sino la luz esencial
de la única conciencia que hace visible todas las formas interiores
y exteriores, terrenales y celestiales, de la Creación Divina.
Que seamos sumergidos en la dicha y en el deleite que ocasiona la visión
de la belleza perenne que derrama esta Luz. De ahí que cuando nos
llega la muerte física, nos encontramos ya inmersos en la Belleza
Divina.
Apegarse a cualquier cosa que no sea Dios sería la sola herejía
en el sufismo. Los amantes derviches añoran estar en íntima
comunión con el Amado.
No tiene otra doctrina. Así como el hierro bajo la acción
del fuego se torna al rojo vivo, así le ser humano, bajo la acción
misteriosa del Amor, se transforma en el mismo Amor infinito.
Este Amor real, en el doble sentido de realidad y verdadera realeza, permanece
siempre joven y vital, sin marchitarse, sin decaer, ni perecer.
Allah el más sublime, poderoso y glorioso como es El, ha confirmado
la primicia de este Amor real en Su Santo Corán, la Prueba Decisiva.
Este amor reluce siempre cualesquiera que sean las circunstancias aparentes
de la historia humana, cualesquiera que sean las palabras falsas de las
lenguas malintencionadas en este mundo. Convertirse en esclavo del yo
limitado y de la sociedad limitada es empobrecerse a todos los niveles
en la visión y la experiencia de esta creación como espejo
claro de la Belleza Divina.
El amabilísimo Jesús, el Espíritu de Dios, que la
Paz Divina siempre fluya a través de él, ha vagabundeado
en la tierra, alzando las manos benditas al cielo, pidiendo y suplicando
a la Divina Unicidad por la unión mística de toda la humanidad
sin excepción con su Fuente Original. Siguiendo la guía
de esta luz profética, la guía de este todopoderoso Amor,
los seres de la Realidad de cada generación alcanzan el Amor Real,
uniéndose a sabiendas con lo real por siempre. El Amor es lo primero
de lo primero, lo último de lo último. Después de
que todo se haya desvanecido, el amor queda y perdura por siempre. Se
nos ha concedido la gracia inestimable de poseer este Favor Divino, la
felicidad de poder beber el Vino Divino del Amor. Como dice nuestro gran
Sheikh, el emisario del Amor del mundo moderno: "el Amor es un océano
sin fondo, sin playa, sin principio, sin fin, sin límites."
El amante realizado no puede saciar su sed espiritual por este vino del
Amor.
Hermanos míos, viajeros de la Realidad, el que carece de amor extático
no puede ser derviche, no es digno del nombre sublime de sufi. Como dice
este moderno viñador del Amor, Sheikh Muzafer: "el que peca
con Amor tiene más mérito que el que cumple sus rituales
de la religión sin Amor. El culto sagrado sin Amor es un esfuerzo
en vano. Así, hagas lo que tú hagas, hazlo con Amor."
El tiempo del derviche es el Amor, su íntimo yo es nada más
que el Amor Divino. Los derviches, soberanos del mundo eterno, caminan
con desenfado por las calles de este mundo. Como enseña nuestro
maestro Muzafer Efendi: "El derviche es el hijo del instante; está
listo para renunciar a la misma renunciación." La letanía
del alma derviche, puesta totalmente en libertad por el Amor, es el glorioso
nombre de Allah. Pero no se queda con los Nombres Divinos; descubre y
se une a lo Nombrado. El derviche no tiene preocupaciones ni cuidados.
Su única inquietud es el Amor, su curación espiritual es
el Amor. El Amor es su vida misma, su salud, su solaz.
Que Allah sea el ojo con el que vemos y la lengua con la que hablamos.
Entonces el más allá ser vuelve el más acá.
Esta unión con el Amor nos hace morir antes de morir, transformándonos
en la Vida Divina aún sobre la tierra. Es el estado del hombre
acabado. Es lo que exige el Amor, que seamos transformados en el Amor
Mismo. En éxtasis, Muzafer Efendi cantaba: "Por la fuerza
del Amor se han levantado los cielos y la tierra se ha extendido. Por
la fuerza del Amor ha sido creado el universo entero y su belleza. El
Amor suaviza todos los obstáculos, abre las puertas. El Amor deleita
el entendimiento e ilumina al corazón. Todas las cosas deben su
ser al Amor y sólo al Amor." En el nombre de Allah el más
misericordioso y de su bienadorado Muhammad, el colibrí verde de
la Sabiduría Divina.
Nur al-Jerrahi
México, 1989.
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