Develacion del Amor
 
 

Capitulo 3
El amor a Dios

Oh!, mi generoso Maestro! Creaste a este tu siervo y le diste el ser a partir de una gota de agua. No tengo siquiera derecho a decir que te amo, y sin embargo te amo. Siempre me acuerdo de Ti y sé incluso que el hecho de poder recordarte lo debo a Tu Guía.
La sola mención de Tu nombre majestuoso me deja ebrio, aturdido y azorado.
¿Es acaso posible imaginar a alguien en este mundo que, enamorado de lo Divino no se intoxique con su amor? La bendición del amor es tan grande que quien la posee puede perderse en las arenas ardientes del desierto y el fuego del amor hará que no sienta el calor.

 
 

Si el amante cayera al fuego, el calor de su amor extinguiría ese fuego. El fuego del amor derrite los glaciares y los polos.

Si cargara en sus espaldas peñas y montañas, el fuego del amor eliminaría el peso. El amor nos hace olvidar la sed y el hambre y nos sostiene en el camino. A cada criatura le corresponde una cierta porción de amor. Hasta los animales cuando se enamoran son capaces de andar durante días sin comer ni beber. Hasta los pobres camellos, cuando el amor se les sube a la cabeza, no prueban alimento en cuarenta días. En ese estado se les puede hacer llevar varias veces el peso de su carga habitual. Su inclinación y deseo por la amada los vuelve inmunes a cualquier tipo de pena o tormento, hasta el grado de que no se percatan de que existe.

Hablando con franqueza:

Si el camello, un mero animal a fin de cuentas herido de amor desprecia la comida y la bebida, sin importarle la agonía y el sufrimiento, ¿qué evidencia, qué clase de prueba pueden dar como prueba de su amor quienes claman amar a Dios? ¿Son capaces de renunciar a las cosas que prohibe Dios, a Quien dicen amar? El amante no se duerme en la presencia del amado. ¿Cuántas noches se han pasado en vela por amor a Dios? ¿Cuántos días se han privado de alimento y bebida por amor a Dios? ¿Cuántas desventuras y dificultades han sufrido por el amor del Verdadero Amado?

Mi querido amigo:

¿Estás dispuesto a sacrificarte a tí mismo, tu propiedad, tu rango y situación, hasta a tus hijos por el amor del Amado? Si no has sido ni eres capaz de hacer eso, tus pretensiones de amar no provienen más que de la falsedad y la hipocresía. Quien ama a Dios Todopoderoso tiene que sacrificarse por su amor. Tal es el símbolo del amor. Así sea el infierno, el amante verdadero prefiere aún más que al cielo mismo el lugar a donde lo invita el amado. Si lo invita a la muerte, la muerte le parecerá más dulce que la propia vida.
Cuando Ibrahim Hawwas fue interrogado acerca de la naturaleza y significado del amor a Dios, respondió lo
siguiente:

"Consiste en expulsar y borrar del corazón todo lo que desagrada a Dios, Señor de la Majestad y la Perfección, quemar hasta las cenizas todas las características , atributos y deseos negativos, que se aparten de lo que manda el Verdadero Amado, depurar el yo en el océano del conocimiento espiritual e iluminarlo con el esplendor del amor".

Hemos dicho que el sentimiento del amor es la condición resultante de la inclinación del corazón hacia todo lo que complace y encanta nuestra naturaleza.

Cuando esta condición se instala en el corazón y crece en intensidad, se conoce como el Poder Soberano del Amor. En ese punto el amante sacrifica por el amado la lógica y el interés, obe deciéndole en completa sumisión, y está dispuesto a dar todo lo que tiene por el bien del ser amado. La regla según la cual todo lo que el amante posee es para el rescate del amad, alcanza su más alto cumplimiento en esta etapa del amor.

El que no acepte dar la vida por su amor, no puede adjudicarse el título de amante. En el ilustre SuraYusuf del Noble Corán definido por Dios como "la mejor de las historias", se nos revela el episodio de la esposa de Putifar de Egipto, de fabulosa belleza, que por su amor a José, la paz sea con él, "rompió la botella de la vergüenza y la modestia" y sacrificó sus propiedades, su honor, su buen nombre y todas sus riquezas cuyo valor ascendía a setenta camellos cargados de oro, plata, diamantes y perlas, rubíes y esmeraldas, sus palacios y su poder. La historia relata cómo llovían las joyas sobre la persona que le llevara noticias de José o le dijera, "Ví a José".

Su amor a José era tan grande que dio y repartió hasta quedarse sin nada. Lo llamaba por su nombre sin cesar. Lo veía en las estrellas del cielo, e imaginaba su nombre inscrito sobre el sol y la luna.

Y realmente así es. El amante ve en todo al amado; hacia donde dirija la mirada, verá el nombre y la forma del amado, y no vacilará en sacrificarlo todo por su causa.

Zulayka estaba, en realidad, enamorada de Dios, Alabado Sea. La verdad Divina se había manifestado en ella a través de José, bendito sea. En esencia, todos los amores se relacionan y se refieren al Verdadero Amado. No obstante, sus manifestaciones son diversas. El amante atestigüa la manifestación del amado. Por eso el sabio no se limita al amor metafórico sino que tarde o temprano alcanza al Verdadero Amado. El amante ve en su amado al Verdadero Amado. El ser a quien amamos es un velo sobre el Verdadero Amado; cuando el velo se rasga, aparece el Verdadero Amado:

"Cuando el signo de amor es ganado el amado debe quedar atrapado."

De esta manera Zulayka lo sacrificó todo por el amor de José.

Más tarde su belleza y juventud le fueron restituídas por Decreto Divino, y finalmente pudo unirse a José, quien la había honrado fielmente desde que la viera por primera vez. Sin embargo, una vez casada con José, la paz lo acompañe, le dió por huír de él. Se retiraba a lugares apartados para adorar a Dios en la soledad. Cuando José la llamaba a la cama, ella le prometía que iría al día siguiente, si era de noche, o al anochecer si era de día. José le decía: "¿Por qué te alejas de mí ahora que eres mi esposa legítima? En otros tiempos solía huir de tí cuando me llamabas a compartir tu lecho, porque no me eras lícita. Me rehusaba a aceptar tus favores por temor a desobedecer a Dios. Pero ahora que al fin eres mi esposa, ¿por qué huyes de tu legítimo esposo?"

A lo que Zulayka replicaba: "¡Oh Noble José, te amaba antes de conocer a Dios! Pero ahora, ya no es a tí a quién amo. Me parece que tú eras sólo un velo que me ocultaba el rostro de Aquél a quien en verdad amo. A1 rasgarse el velo, he descubierto a mi Señor. Desde que encontré a Dios, Alabado Sea, y le conocí, Su amor me conquistó. Ha expulsado de mi corazón todos los otros amores. Su amor exige ser el único, y nada más que Su amor me intoxica".¿Ha quedado claro?

Cuando le preguntaban a Majnum cuál era su nombre, sin pensar respondía, "Layla":
"Cuando preguntaron a Majnún donde vivía Layla, Desgarrándose el pecho les mostró su corazón en ruinas."
Cuando Layla murió le dijeron: "Layla ha muerto". Pero Majnum respondió:
"¡No! ¡Layla no ha muerto! Vive en mi corazón. ¡Ved, yo soy Layla!"

Un día Majnum visitó el pueblo en donde había vivido Layla. Al llegar frente a su casa, alzó los ojos al cielo. "No mires al cielo, le decían, observa las paredes de su casa, y quizás veas la forma de Layla reflejada en ellas".

Pero él les contestó:

A Majnún preguntaron si Layla era la misma.
Layla se había ido, aunque pronunciaban su nombre todavía.
A mi corazón ha llegado una nueva Layla.
Vete Layla, porque a Dios he encontrado.

Quien ve a su Señor, deja de ver a Layla,
Quien ve lo grande, ya no mira a la gente,
Quien ve la luna, ya no mira la estrella;
Vete Layla, porque a Dios encontré.

Majnún vino ala Caaba lleno de añoranza,
Una vez en el círculo lo sacuden gemidos;
Majnún encontró a Dios cuando nombraba a Layla;
Vete Layla, que a Dios he encontrado.

A Majnún lo servían los esclavos mejores;
Ahora las aves anidan su cabeza,
La montaña y el valle se han vuelto nuestro reposo.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.

Por la montaña, loco, voy tambaleándome;
Y sólo con Dios tendré que ver. Vete Layla,
que este sentimiento apasionado me hastía.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.

Pájaros enormes han hecho su nido en mi cabeza.
Cuando me acuesto a dormir con Dios sueño.
Aléjate Layla, no estorbes mi camino.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.

¡Oh Yunus!, ven, no abandones estos misterios
Cuando has visto la gracia de Dios, ya no puedes tomar otro
No desertes del lugar de la verdad, por amor del bien
Vete Layla, que a Dios ya encontré.

A Dios sueño si llego dormido.
A un lado, Layla, dejame pasar,
abréme el camino, olvídame ya.
Layla se fue, y a mi Señor hallé.

Oh Yunus, acude, el misterio no olvides. El que ha visto la gracia de Dios nada pide. La verdad no abandones. ¡Por Dios!, ni desertes. Layla se fue, y a mi Señor hallé.
Oh Señor, llévanos de la imitación a la verificación, del amor metafórico al amor Real. Danos la compañía y la amistad de los verdaderos amantes de Dios. Danos la gracia de compartir el sentimiento de aquellos cuyo amor es tan grande que los lleva a sacrificarse en cuerpo y alma.
¡Si! Por medio de "Layla" se alcanza a Dios. Del ídolo pasamos a lo duradero. De pensar que Dios comparte Su Divinidad con algún otro, pasamos a reconocer Su Perfecta Unidad. El amor metafórico nos lleva al amor Real. El amor es absolutamente necesario para el ser humano. El amor, ya sea metafórico o Real es un atributo propio de la humanidad. El que esté privado de amor, no será distinto de un asno.

Al término de la construcción de la noble mezquita Beyazid, en Istambul, se llevó a cabo la ceremonia de inauguración. De entre todos los eruditos de aquel tiempo, hombres distinguidos en el campo de las ciencias prácticas y espirituales, el Sultán Beyazid Khan II se dignó asignar para dirigir la ceremonia, al venerable Jamledin, uno de los sheikhs Halveti. El venerable sheikh subió al púlpito para llevar a cabo la sagrada obligación. Los jefes militares y civiles encabezados por el Sultán y el Gran Visir, los principales sabios de la época y una vasta congregación poblaban la mezquita. El venerable Jamaledin Halveti estaba a punto de comenzar su discurso, cuando uno de los presentes se levantó y exclamó:

"¡Oh reverendo sheikh! Vine aquí con la intención de participar en esta piadosa reunión, pero en la multitud he perdido mi asno. Ya que la congregación se encuentra reunida para escuchar tus sabias palabras, desearía preguntar a los presentes si no han visto por allí un asno sin dueño, cuyas características detallaré."

El venerable sheikh sonrió con gentileza y replicó:

"Hermano, por el amor de Dios, ten paciencia y si Dios quiere, encontrarás a tu asno".

Luego agregó, dirigiéndose a la reunión:

"¡Hermanos! ¿Hay entre vosotros alguno que no sepa lo que es el amor, alguien qué jamás haya amado nada en la vida?"

Uno se levantó y dijo:

"¡Oh Sheikh! Yo no sé lo que es el amor; hasta el presente no he amado nada; nunca he sido capaz de amar."
Cuando otros dos se unieron al primero que no sabía lo que era el amor y que decía no haber amado nunca, el venerable Jamaledin Halveti se dirigió al hombre que había perdido su asno:
"Dices que has perdido un asno: mira, aquí te he encontrado estos tres. La única diferencia es que el que se te perdió era cuadrúpedo, y éstos andan en dos pies."

Dicho esto, prosiguió su sermón.

Que el corazón de los fieles quede absuelto y aliviado de su carga con la afirmación del Amor Divino, y el amor del Mensajero de Dios, y que sean iluminados con la luz de la fe. Más hay algo que no debemos olvidar: para aquellos que consideran que el amor es un mero producto del deseo y los instintos animales, quiero advertirles que si así fuera, el asno ocuparía el lugar más alto. El amor no debe confundirse nunca con la lujuria.

Hemos dicho que al afecto intenso se le da el nombre de amor. Siempre y cuando este afecto sea ternura, gusto y extinción de sí mismo en la persona amada en su forma extrema, este amor es una subdivisión de la locura. Al que padece la enfermedad del amor, se le dá el nombre de amante.
Hay dos categorías de amantes: 1) el amante que sufre de amor metafórico y 2) el enamorado del Amor Real.
El afligido de Amor Real es llamado Amante de Dios. Estos son los amantes de Alí, Alabado y Glorificado sea. Este grupo está formado por los ángeles, los Mensajeros de Dios Todopoderoso, y los santos que son sus herederos. Los mejores entre la comunidad también son candidatos a este grupo.

El amor metafórico se da cuando un hombre siente amor profundo por una mujer, al grado de perderse en su amada. Sin em bargo, el amor metafórico lleva al Amor Real. Mientras exclamaba "Layla, Layla", Majnum experimentó la unión con Dios. Como hemos intentado explicar anteriormente, los que se quedan con Layla y no encuentran a Dios, son dignos de compasión. Pues significa que Layla es un velo que les oculta a Dios, y en este sentido se convierte en su desgracia.

El verdadero nombre de Majnum en la leyenda era Qays. Se le dió el nombre o mejor dicho el apodo de Majnum, debido a su amor por Layla. Su amor era tal, que cuando visitaba el pueblo nativo de su amada, besaba los ojos y las patas de los perros diciendo a quienes intentaban detenerlo:

"¡Déjenme en paz! Estos ojos han visto a Layla. Estos pies han andado por donde Layla pisó. Los ojos que la han contemplado, y las patas que han tocado sus huellas son sagrados para mí y dignos de ser besados."
Algunos le decían: "¡Layla es una mujer sin gracia, flacucha y morena! Te buscaremos una más bonita, de aterciopelados ojos de gacela y esbelta". Pero él respondía: "Si vieran a mi Layla como yo la veo, no me harían ese ofrecimiento".

Majnum significa "loco". El apodo de Qays era Majnum o el loco por su Layla. Para un amante auténtico es correcto amar en esa forma. La pasión del amor se manifiesta de acuerdo al modo de ser y el carácter de cada persona. Hay quienes son humanos de forma, y meramente animales de carácter; en ellos el amor toma la apariencia del deseo. Los que están así regidos por el instinto animal, abandonarán al ser amado tan pronto como hayan satisfecho sus deseos. Una vez que alcanzan su objeto, las pasiones se aquietan. Esto no es amor sino lujuria, avidez, apetito. Tales individuos son capaces de matar sin escrúpulos al ser que supuestamente aman. Testimonio de ello son los numerosos encabezados de los diarios en todas partes del mundo sobre crímenes pasionales. En esos casos la lujuria juega la mascarada del amor.

El amor dentro de la institución de la familia, entre marido y mujer, no es producto de los deseos sensuales únicamente. Es algo divino y sagrado, que trasciende con mucho el instinto animal. Por lo tanto, no debernos confundir el amor santificado dentro de la familia con las relaciones efímeras y falsas que hemos descrito, inducidas por las urgencias del instinto animal.

En las relaciones sensuales basadas en la animalidad y disfrazadas de amor, los celos alcanzan a veces extremos en que el supuesto amante puede llegar hasta a dar muerte al ser que ama.
De hecho, lucesos de tal índole son cotidianos.

Esto ni siquiera debe sorprendernos; tal forma de "amor" es frecuente también entre los animales. Por ejemplo, el perro de la casa se pondrá celoso si su amo adopta a otro perro y tratará de morderlo y alejarlo de su dueño si puede. Pero si no, llegará incluso hasta querer morder a su propio amo. Este comportamiento por parte del perro, es el resultado de los celos bajo la apariencia del amor.

Así mismo, entre los animales hay auténticos amantes.

Experimentalmente se ha comprobado que algunas aves de presa son amantes por naturaleza.

En el Amor Real existe también un tipo de celos. Sin embargo, éstos deben distinguirse de los celos ordinarios. Lo que comúnmente conocemos como celos es atributo de los seres imperfectos, en tanto que los Celos, C mayúscula, son una cualidad que se manifiesta en los seres perfectos.

Nuestro Maestro, el Más Noble Mensajero, Muhamed, que Dios lo bendiga y le dé paz, dijo una vez a Umar al Faruk:

"¡Oh Umar! Veo que tienes celos. Yo tengo más celos que tú, y Dios en su Majestad, tiene más celos que yo."

En efecto, los celos pueden ser un atributo aceptable y digno de elogio. Dicho atributo en Dios, Exaltado y Santificado Sea, corresponde a Su perfección, y El confirió a Su Profeta bienamado esta característica.

Dios, Glorificado Sea, está dotado de las cualidades de la Perfección, y exento de cualquier deficiencia; para los fieles el poseer alguno de los atributos propios de Dios, es la mayor bendición y fortuna.

Tú, que buscas la Verdad, Dios, en su Infinta Magnificencia, está celoso. No quiere que sus siervos amen nada más que Su Divina Esencia. Porque El es el único Amado real y verdadero. Ser Amado por ellos, es el derecho de Su Esencia Unitaria. Si los amantes de la Esencia Divina entregan su corazón a cualquier otra cosa que no fuera Dios, el infortunio caerá sobre ellos sin duda. Quienes aman a Dios, deben amarlo sólo a El. Por lo menos, no deben considerar lo que aman como distinto de Dios, pues lo que les hace ver la verdad en aquello que aman, es esencialmente Dios. Todo lo bueno, todas las cualidades específicas de los seres, todo lo que amamos es Su obra. Si amamos el efecto, tenemos que amar la causa. Por eso el sabio nunca podrá separar el efecto de la verdadera causa. Así corno a Moisés se le manifesta la palabra de Dios en el Monte Sinaí, para el amante el objeto de su amor es como el Monte Sinaí. Las virtudes y cualidades especiales que ve ahí son la manifestación del Verdadero Amado y Amigo en el ser del objeto de su amor.

Es por eso que no hay que tomar el efecto por la causa, los nombres por lo nombrado, ni el signo, la palabra, por la cosa significada.

Un día nuestro Maestro, el Glorioso Profeta Muhamed, sentó sobre sus benditas rodillas a sus nietos Hasan y Husein, acariciándolos con ternura. Resultó que su noble y purísima hija, la Radiante Fátima, que Dios se complazca en ella, había cosido los cuellos de las camisas de los niños demasiado ajustados, pensando erróneamente que eran las perneras de sus propios pantalones. Viendo que sufrían incomodidad, el jefe de los Profetas les desabotonó el cuello a los dos príncipes. En ese momento se estremeció al darse cuenta de que su amor hacia sus nietos había alcanzado el mismo grado de su amor a Dios, Alabado Sea, incurriendo por ello en los Celos Divinos.

En ese instante el arcángel Gabriel, la paz sea con él, descendió llevando en sus manos tres chales, uno amarillo, uno rojo y negro el tercero. El arcángel transmitió al bienamado los saludos divinos y le comunicó las órdenes del Todopoderoso, o más bien, estos arcanos misterios:

"¡Mensajero entre los Mensajeros! Dios, Magnífico y Glorioso manda decir al portador de Su Misión:

¿Cómo es posible que aquél que me ama, y a quien amo, Mi más querido amigo, Mi bienamado, bese a sus nietos, a sus retoños, con amor igual a su amor por Mí? Envío un chal amarillo para Hasan, uno rojo para Husein y uno negro para el honorable Mensajero. Vestid cada uno su chal. El negro es el símbolo del luto funerario; Hasan sufrirá el martirio del veneno; Husein el de la daga. Desde el momento en que besó a Hasan en la boca y a Husein en el cuello sus destinos quedaron sellados". Después de proferir estas palabras, el arcángel Gabriel se retiró.

Con el tiempo este anuncio habría de cumplirse. El Imán Hasan murió envenenado a manos de su esposa, mientras que el Imán Husein encontró la muerte en la batalla de Karbalá, en donde fue degollado. Ibrahim Adham, santificado sea su espíritu, nos relata la siguiente historia:

"Conocí a cierto individuo en las montañas del Líbano. Durante los cuarenta días que pasamos juntos, el hombre no comió ni un pedazo de pan, ni tomó una gota de agua. Me quedé atónito al observar ese extraño fenómeno. Poco después apareció un camello perdido. El camello le aplastó la cabeza y lo pisoteó hasta darle muerte. El impacto le hizo saltar los ojos de las cuencas". Mientras ponderaba lo ocurrido en absoluta perplejidád, reflexionando acerca del triste destino de aquel hombre, recibí esta información por medio de la inspiración divina:

'Si alguien que se dice Mi amante desvía la mirada hacia cualquier otra cosa, ved como queda aplastada su cabeza y botados sus ojos.'

"Entonces comprendí que el error del Santo había sido mirar al objeto de su amor como distinto de Dios."

Ibrahim Adham, santificado sea su muy noble espíritu, eligió el trono del corazón, prefiriéndolo al trono del imperio, y se fue a vivir a la Meca, la Ennoblecida. Muchos años habían pasado desde que abdicara en favor de su hijo y abandonara su país, mientras tanto su hijo se había convertido en un joven bello y lleno de donaire. Un día se enteró de que su hijo, como soberano de su pueblo, se había encaminado a La Meca con la loable intención de cumplir la obligación religiosa de la Peregrinación. El venerable Ibrahim Adham se dirigió hacia la reverenciada Caaba con el objeto de ver a su hijo, aunque fuera de lejos, por última vez en la tierra. Entre los peregrinos que hacían la circunvalación, pudo distinguirlo y sintió que la sangre se agitaba en sus venas.

En ese instante se dio cuenta que el amor a su hijo se había elevado en su corazón al mismo nivel de intensidad que su amor a Dios, Alabado Sea, y rompiendo en llanto allí mismo exclamó:
"¡Señor! Soy incapaz de conciliar en mi corazón el amor que siento hacia Tu Divina Esencia, y el que me inspira mi hijo cuyo rostro no había visto en todos estos años".

Antes de que las palabras terminaran de salir de sus labios, el Señor del Universo, que es el Verdadero Amado, actuó en respuesta a la plegaria; el joven soberano cayó allí mismo, en plena circunvalación, entregando su alma a Dios.

¡Oh, amante sincero!

Siempre y cuando puedas ver a Dios en el hombre o la mujer que amas, estarás libre del pecado de igualar tu pareja a El. Pero si divides el amor en dos, ¡Dios te ampare!, caerás inevitablemente en ese error. El amor de Dios es exclusivo, no se comparte. El amor al Creador y el amor a las criaturas no pueden coexistir en el mismo corazón. Si te atas a tus propiedades y a tu familia, alguna calamidad los atará a ellos a Dios. Si sabes que Dios es la causa de todo, enhorabuena, ¡qué afortunado eres!

El es todo. El es el amor. El es el amante. El es el amado. El es el querido. El es el anhelado. El es el enamorado. El es el desposado. Aparte de El, no hay nada. El es el que ve y el que es visto. El es tu esencia. El es tu palabra. El es Todo. Todo viene de El. El es Dios.

Muchos son los amantes de Dios que se han entregado a El en el camino del amor, abandonando las limitaciones del yo, y han logrado alcanzar la unión con el Amado; se han regocijado en el Amado. Por su negligencia hacia el Amado, ¿acaso no le fue ordenado a Abraham, la paz sea con él, que inmolara a su propio hijo?

Los amantes de Dios deben estar listos y preparados para las pruebas. El amor de Dios es una prueba tal, que resulta un placer y una delicia dentro de la tribulación. Abraham, la paz lo acompañe, fue arrojado al fuego por su amor a Dios, pero el fuego abrasador de los hornos de Nimrod se convirtió en luz. Debido a ello, los que se consumen en el fuego se convierten en amigos íntimos de Dios.

Si eres el amante del Amado
No mires a nadie;
que te abrase el fuego
como a Abraham.
Haz como él
Y hallarás las rosas,
cesará el dolor.

¡Déjalo todo y únete al amor! Aparta el corazón de todo lo demás. ¡Siente como el amor inunda tu personalidad! Toma el amor como guía en el viaje hacia la tierra del ser, para que puedas alcanzar al Verdadero Amado y entrar en el paraíso de la Esencia, contemplar la belleza del Amigo, cortar la rosas en el jardín de la Unión. En el camino del Amor, el amante se sacrifica, pero al final encuentra al Bienadorado.
Todos los santos que han pasado por la tierra y han gustado el vino del Amor, todos se han sacrificado a sí mismos por el Amor. ¿Acaso no has escuchado lo que sucedió a Mansur alHallaj? ¿No has leído cómo en el camino del amor, su cuerpo fue quemado y sus cenizas esparcidas en el Tigris?
¿No has escuchado cómo los átomos de su cuerpo se repartieron entre los amantes de Dios, quemándolos e inflamándolos con el fuego del amor?
Mansur al Hallaj fue capturado por gente que no pudo comprender el secreto de las palabras ANA L HAQQ proferidas por él. El venerable Shibli, fue a visitarlo para preguntarle el significado oculto de su extraña conducta:

"Dime, ¡Oh Mansur! ¿Qué es amor?"

Mansur al Hallaj respondió con una sonrisa:

"Mañana responderé a tu pregunta".

Al día siguiente condujeron a al Hallaj hacia el patíbulo.

Se dirigió al sheikh Shibli que se encontraba entre la multitud que había acudido a mirar, y le habló así:
"Oh Shibli , el amor comienza quemando y acaba matando".

Mansur al Hallaj amaba tanto la Verdad que sus ojos nunca vieron otra cosa más que a Dios. Esta condición hizo que se olvidara de sí mismo; por eso profirió las palabras ANA L HAQQ. De otra manera jamás las hubiera pronunciado por su propia voluntad y deseo. Cuando dijo ANA L HAQQ, se hallaba literalmente intoxicado con la Verdad, haqq. En realidad no era él el que hablaba sino Dios, haqq en él.

De la misma manera que las palabras INNI ANA LLAH "En verdad, Yo soy Dios" que Moisés escuchara en el Monte Sinaí, no salieron de la bendita zarza en llamas, en la afirmación del santo Mansur "Yo soy haqq ", las palabras vinieron de Dios. La palabra árabe haqq está usada aquí como adjetivo cuyo opuesto sería batil, falso.
Yunayd al Baghdadi, santificado sea su espíritu, fue interrogado acerca de este acontecimiento:

"¿Qué quiso decir Mansur al Hallaj cuando exclamó ANA LHAQQ , yo soy lo verdadero?

A lo que el venerable Yumyd replicó:

"¿Qué otra cosa podía haber dicho? ¿Acaso podía haber dicho Ana 1 batil, yo soy falso?"

La palabra haqq no sólo significa Dios. Por ejemplo en las expresiones: "El paraíso es haqq, el Infierno eshaqq, la Duda es haqq, la Cuenta y el Balance son haqq es evidente que la palabra haqq, aquí, no significa Dios". Aunque todo el mundo sabe que esto es así, las palabras de al Hallaj 'yo soy haqq ' fueron interpretadas como 'yo soy Dios', y por este motivo fue condenado a muerte. Según lo entendemos nosotros, sufrió por la Verdad y por el Amor en el camino del Amor, y se convirtió en jefe de los auténticos amantes de Dios, Alabado sea.

Las palabras de aquellos a quienes el amor divino embriaga e intoxica no provienen de ellos, amigo mío, ¡pero cuántos dicen

ANNA L HAQQ y no son Mansur!
Mansur respondía "Yo soy haqq " a quienes le preguntaban quién era y a los que indagaban cúal era su nombre les contestaba "Mi nombre es haqq ".
Así vemos que con la simple afirmación de la Verdad, este santo dio la vida por la causa del amor, y estableció un patrón de conducta para los que aman a Dios. Por eso los amantes de Dios han hecho de esa afirmación la letanía de su lengua y la clave de su corazón.
El amor verdadero, el cariño real se manifiestan a través de tres condiciones que se encuentran en el auténtico amante:

1) A1 amante cada palabra, cada deseo, cada orden del ser amado le parece una corona y un remedio para su corazón doliente: considera estas cosas como la más grande fortuna y las cumple de inmediato, con preferencia a las palabras y deseos de los demás.

2) El amante prefiere estar con el ser amado que con otras personas, y no separarse de él.

3) Para el amante, complacer al objeto de su amor se vuelve más importante que agradar a cualquier otra persona.

Si eres realmente amante de la Verdad, debes preferir siempre la palabra de Dios a las palabras de los hombres. Si amas a Dios, está con El y encuéntralo en tí mismo, hagas lo que hagas y dondequiera que estés. Expulsa de tu corazón todo lo que no sea Dios, implanta en tu corazón única y exclusivamente el amor.

No dejes de procurar complacerlo, ni de desear Su belleza divina.
¡Y no olvides esto!

El amor significa rasgar los velos. El amor significa develar los misterios y contemplar la belleza del Amado aquí y ahora. Quienes son ciegos a la belleza del Amado en esta vida, serán igualmente ciegos en el Más Allá, e incapaces de contemplar Su Hermosura.

Escucha lo que Niyazi dice:
Nada puede ocultar el rostro de Dios Aparte de El, nada se manifiesta
aunque el ciego lo crea invisible.
El amor nos hace penetrar montañas. El amor nos conduce a la meta. El amor nos pone en éxtasis, estado en que el amor y el anhelo inundan el alma, de .la técnica del zikr, del que adora a Dios. Este estado es tal que si en ese momento el individuo fuera cortado en pedazos, ni siquiera sentiría el dolor, sumergido como está en la dicha y el deleite que le ocasiona la visión que observa con el éxtasis del amor y la remembranza al hacer zikr de la Belleza perenne, por eso cuando les llega la muerte, los amantes se encuentran de pronto inmersos en la Belleza Divina y no sufren cuando el espíritu abandona el cuerpo, tan profunda es su dicha de reunirse con el Amado.

Un amigo de Dios vio en una ocasión a un joven pálido que sollozaba y gemía cerca de la reverenciada Caaba. Conmovido ante el dolor del joven, se acercó y le preguntó qué le acontecía.
"Estoy enamorado", contestó el joven.
El amigo de Dios se compadeció al ver el estado de aquel hombre, y le urgió:
"Dime quién es ella: déjame ir en busca de tu amada, quien quiera que sea".
Pero el joven, lamentándose en medio de sus lágrimas, recitó esta copla:
"Apegarse a cualquier cosa que no sea Dios sería sólo un exceso. Amo la Belleza Imperecedera, Allah es mi testigo". En cuanto nuestro personaje se dio cuenta de que aquel joven era un amante de Dios, exclamó: "Yo también soy amante de ese Amado", entonces el joven profirió en voz alta "Allah" y en ese mismo instante alcanzó su meta, la unión con Dios, volviéndose uno solo con el objeto de su deseo.
El amigo de Dios termina así el relato: "Inmediatamente lo cubrí y me dirigí a la Sagrada Mezquita a buscar ayuda para transportar los amados restos de aquel hombre, pero cuando regresé, no pude encontrar el cuerpo de ese feliz y afortunado joven. Mientras me preguntaba, en medio de la más grande sorpresa, diciendo: "¡Gloria a Dios! ¿Qué habrá sucedido?", una voz se dejó oir desde lo invisible:

"Amigo, ¿por qué te sorprende no encontrar a ese amante? La Santidad de este hombre era tal, que durante años Satán lo buscó para engañarlo, pero jamás pudo hallarlo en este mundo. Malik, el guardián del Infierno, también lo buscó sin encontrarlo. Ridwan, el guardián del Paraíso, tampoco pudo dar con él".
"Oh Señor, ten la bondad de decir a este tu esclavo, ¿siendo así dónde está ese hombre?"
"Debido a que su amor a (Dios creció con cada una de sus respiraciones a lo largo de toda su vida; debido a su sinceridad y obediencia en el servicio divino, y a su arrepentimiento inmediato por cualquier olvido o rebeldía, ha sido unido por el Todopoderoso, el Unico poseedor del Poder, al grupo de los verdaderos amantes, quienes gozan de la presencia del Rey omnipotente, en el concilio de la Verdad, y ha sido honrado en compañía de los amantes de Dios".

Cuando se les preguntó a los sabios cúal era la marca y la señal de los amantes, esta fue su respuesta:
"Los amantes conversan con la gente solamente lo indispensable, casi siempre prefieren la soledad, pues añoran estar en íntima comunión con el Amado, están constantemente en meditación. No se complacen en excesiva plática y prefieren no hablar. No entienden conversación alguna que no se refiera a Dios. Cuando les ocurre alguna desgracia no externan ninguna queja; saben que el infortunio viene del Amigo también, y pueden ver los beneficios que encierra la aparente desdicha. El amor divino los posee y se lanzan confiados al fuego del amor. Si andan descalzos, con la cabeza al aire y vestidos pobremente, eso no les preocupa en absoluto. Adoloridos los ojos de llorar, y el pecho quemado por el fuego del amor, no escuchan nada más que la palabra de Dios, y sólo a Dios temen. Jamás desisten de la remembranza de Dios. En todas partes contemplan la belleza divina. Se encuentran en en perfecta comunión con El. No luchan con la gente del mundo por las cosas del mundo; no reparten su amor con nadie. Su meta es Dios, y su único deseo es complacerlo a El".
Jesús, la paz sea con él, un día vio a un hombre regando su jardín y le dio el saludo de la paz. El hombre reconociendo a jesús le dijo: "¡Oh Mensajero de Dios! Reza por mí al Altísimo para que me conceda un átomo de su amor".

A lo que Jesús replicó: "Debes saber que no podrías soportar ni un átomo del amor de Dios que deseas".
Pero el joven insistió: "En ese caso, ruega a Dios que me conceda la mitad de un átomo de Su amor".
Jesús, el Espíritu de Dios, alzó las manos al cielo, suplicando a la Divina Unidad: "Oh Señor, Concede a este joven tan sólo la mitad de un átomo de Tu amor". Luego, siguió su camino.

Transcurrido cierto tiempo, Jesús volvió a pasar por el mismo lugar, y como no viera al hombre que le había implorado sólo la mitad de un átomo del amor de Dios, preguntó dónde se hallaba. A lo que le respondieron:
"Oh Profeta de Dios, aquel joven se fue a las montañas y a vagabundear por los desiertos. No sabemos cómo está, ni qué ha sido de él". Jesús, la paz sea con él, rezó al Altísimo pidiendo que le fuera mostrado aquel hombre. Por inspiración divina supo dónde estaba el joven y Jesús dio con él. Lo encontró sentado en una roca, profundamente inmerso en la contemplación, Jesús lo llamó, pero el hombre ni siquiera volvió la cabeza para mirar. Jesús lo llamó por segunda vez identificándose, pero no hubo respuesta. Entonces Dios, Señor de la Majestad y la perfección, envío a Jesús esta inspiración:

"¿Cómo esperas que alguien que goza de la mitad de un átomo de Mi amor en su corazón escuche las voces de los hombres? ¡Oh Jesús!, por el amor de mi Señorío y Majestad, no pienses que te escuchó y no respondió. Si su cuerpo físico fuera cortado con una sierra, no sentiría dolor alguno. Si fuera arrojado al fuego, las llamas no lo quemarían, y ni siquiera sentiría su calor".

¡Oh Amante sincero!
Siguiendo la guía del amor, los seres de la Realidad alcanzan el Amor Real, encuentran al Amante Real y se unen a El para siempre. El amor es la fuente de todas las formas de conocimiento. El amor es el origen de todas las cosas creadas. Por el amor todas estas entidades, seres y entes sutiles han sido creados y formados como amantes. Al trascender el estado en que se encuentran, sin lugar a dudas alcanzarán el estado de Dios.

El Amado Real es la esencia íntima del amor y del amado. No hay nada antes que el amor. El amor es lo primero de lo primero. El amor es lo último de lo último. Lo esencial es el ser perfecto del amor externo e interno. Después de que todo se ha destruído y perecido, el amor queda y perdura para siempre; es eterno y durará eternamente. El amor no tiene fin.

El amor es un océano. Y es un océano sin fin, sin fondo, sin playa, sin principio y sin límites.
Los que tienen la bendición de comprender este misterio, aquellos a quienes les es concedida la gracia y la fortuna de poseer este favor divino, sólo ellos pueden conocer este secreto. Quienes alcanzan la felicidad de poder beber este vino divino del amor no podrán apagar jamás la sed. Entre más beban, más sedientos estarán, y no hallarán alivio. Con el amor nunca se tiene bastante, nunca se está satisfecho, nunca saciado ni colmado. Lo que es eterno perdura tanto como el amor y el amante amado. Pues el que ve no se puede saciar con lo que ve, como él que bebe, jamás puede así saciar su sed.

¡Oh Señor!
Deja que tu luz nos guíe, ofrécenos de Tu mano Poderosa la copa del amor, para que nuestros corazones no se aparten ni por un instante de Tu amor, que jamás se distancien de Tu afecto. Si quienes te aman se separan por medio segundo, no tiene sentido para ellos seguir viviendo. Para Tus amantes, solamente Tú eres la vida eterna, la vida infinita, la vida duradera. Es Tu bendito y adorado amor. En realidad nada existe aparte de Tí y de lo que Tú amas. Si como resultado de nuestra negligencia e ignorancia, amamos cualquier cosa como separada de Tí, retírala de nuestro corazón y de nuestros ojos y enséñanos a Quién realmente debemos amar, muéstranos lo que debe ser el amor y hacia Quién debe dirigirse, y permítenos gozar del sabor de ese Amor. Todo afecto es para Tí solo. Todos los amores son por Tu amor. Concédenos descorrer los velos de los amores particulares que ocultan Tu Belleza perfecta, la esencia del amor divino, para que el Amor se sume a nuestro amor y podamos saber Quién es el Verdadero Amado y gocemos de Tu amor en los dos mundos, y nunca nos alejemos de Tí. ¡Sólo Tú, Dios Mío, puedes darnos a conocer este secreto!

A través del amor divino, el infierno se convierte en el Paraíso para el amante. El amor transforma el fuego en luz. Cuando el amante entra en el Paraíso, se quema con Tu amor hasta que el Paraíso se vuelve un infierno para él. Los que se consumen en el amor divino, no sienten ni el fuego del infierno, ni las incontables bendiciones del Paraíso, ni tampoco las penas y placeres de este o el Otro mundo. Todo les sabe a amor, sólo ven amor, sólo saben del Amor. De hecho ellos son el amor. Así como el hierro, bajo la acción del fuego, se torna al rojo vivo, así el ser humano, bajo la acción del amor, se transforma en amor. Por eso todos los amigos de Dios, los santos y hasta los Profetas han reconocido al amor como su guía espiritual, y lo han adoptado como su conductor en el camino de la religión.


¡Tú que buscas el amor!
Hemos dicho que a menos que exista el amor metafórico, el Amor Real no podrá ser alcanzado. El amor Real sólo es posible a través del amor metafórico. Muchos santos, en efecto, han llegado al Amor Real a través del amor metafórico. Los amantes que mueren literalmente de amor metafórico, puesto que pasan al Otro mundo en estado de amor, son clasificados como mártires en virtud de la forma en que mueren.
En cuanto a los Mensajeros y los amigos íntimos de Dios, no tienen necesidad de experimentar el amor metafórico, ya que están siempre en comunión directa con Dios.

Sí, el amor metafórico es el camino que lleva al Amor Real. Lo único que se requiere para ello es que el amante descorra el velo del amor metafórico y logre el Amor Real. El amor metafórico es un velo de luz y es semejante a la paciencia y a la obediencia. Por esta razón, el venerable Shems arrojó los libros de Mevlana al agua. Naestro venerable maestro Jalaludin Rumi, sentía excesivo apego por sus libros, convirtiéndolos así en un obstáculo y un velo entre él y el Amor Real. En este sentido los libros eran un velo de luz que lo separaba de Dios y de Su amor.

Pero existen también velos de oscuridad entre el amante y el amado.
Estos son los pecados que cometemos y que nos apartan de Dios, pero es posible desaparecer y rasgar esos velos con el arrepentimiento.
En cuanto a los velos de luz, se desvanecen en cuanto reconocemos el poder de Dios en todas las cosas. Pero esto es una Gracia Divina pues, a menos que Dios ame a Su siervo, éste no podrá amar la verdad. Así la persona que se enamora metafóricamente llega a darse cuenta de por qué siente ese amor y a Quién ama realmente, y de ese modo alcanza el Verdadero Amor y abandona el amor metafórico.
El amor metafórico puede definirse con la siguiente parábola. Imaginemos una montaña cubierta de árboles y flores, cuyo interior está lleno de oro y piedras preciosas. Si vemos solamente la superficie, la vegetación que constituye su aspecto exterior, nos sentiremos atraídos y fascinados por ella; imposibilitados de ver el oro y las joyas ocultos en la montaña, no podríamos descubrir su tesoro interior. Eso es lo que pasa con el amor metafórico. Solo cuando comenzamos a percibir la belleza oculta en su interior pasamos al Amor Real.
Por lo, tanto hay que rasgar el velo de la metáfora para cobrar consciencia de la realidad. Si nos detenemos en la belleza aparente de las cosas, lo que atrae nuestros ojos y nuestro corazón se marchita y palidece, y acaba por desvanecerse.

El Amor Real, en cambio, permanece siempre joven y vital. No decae ni perece. Así pues no debemos apegarnos a las formas exteriores. Lo interno y lo externo son ambos cosas bellas. No hay que pensarlas separadas sino como una unidad. Si vemos doble, andamos con los ojos cruzados, y alguien que aspire a ser amante no puede andar con los ojos cruzados.

Ya hemos mencionado algo de la historia de José, que la paz lo acompañe.
Retomaremos el tema para considerar la forma en que Dios Poderoso y Glorioso como Es, se dignó guiarnos y enseñarnos con las más bellas e instructivas historias, relatando los hechos en el noble Sura Yusuf del Corán, la Prueba Decisiva:

Zulayka, esposa de Putifar, gobernador de Egipto, se enamoró de José a quien había comprado como esclavo en el mercado. Pero no mantuvo su amor en secreto; toda la sociedad de Egipto se enteró y era el tema de todas las conversaciones. Insidiosos rumores y horribles murmuraciones comenzaron a circular.
Tan grande era el amor de Zulayka por José que, aunque las cosas que se decían eran aparentemente en detrimento de ella, lejos de herir sus sentimientos la hacían feliz, porque estaba orgullosa de su amor. Aquellos que están verdaderamente enamorados derivan un placer especial del hecho de que su amor sea proclamado. Cualesquiera que sean las circunstancias, les deleita saber que se habla de su amor, que su nombre se pronuncia vinculado al del ser amado.

"En el fondo, todo el sabor del amor se pierde a menos que el amante sea capaz de "romper la botella de la vergüenza y la modestia".
Puesto que hemos empleado esta expresión más de una vez, conviene explicarla más ampliamente. El Amor es esencialmente un misterio y debería mantenerse siempre en secreto. La revelación de un secreto que debe permanecer oculto está en desacuerdo con la moralidad y las buenas maneras. Pero debido a la violenta intensidad de su amor, el amante no se sujeta a esta norma y por lo general se dedica a exhibir sus sentimientos. Al revelar su amor, que debería permanecer a resguardo, el amante viola las normas de la sociedad, hace público su secreto, y en consecuencia "rompe la botella de la vergüenza y la modestia". Ya que guardar los secretos es una obligación moral y humana, el revelarlos siendo lo opuesto es un pecado. Este es el sentido de la expresión "romper la botella de la vergüenza y la modestia" como la emplean los sufis; no debe entenderse como que desatienden toda noción de la decencia y la modestia.

Sí, el amante está dispuesto a ofrendar todo lo que posee en aras del ser amado. Ya sea riqueza, vida, honor, dignidad, rango, estatus, posición, títulos, para el amante es un orgullo sacrificarlo todo. Zulayka no prestó oídos a la maledicencia, no escuchó lo que se murmuraba en su contra. Pero la paciencia humana tiene 1 un límite; llegó el momento de demostrar cuan falsos e infundados eran esos rumores, de aclarar de quién estaba ella enamorada realmente, y de silenciar las lenguas mal intencionadas y hacerlos quedar en vergüenza.
Con este fin Zulayka invitó a las damas más prominentes de la sociedad egipcia a un banquete en su casa. Se sirvió fruta a las invitadas y se le dio a cada una de ellas un afilado cuchillo para cortarla. Tan pronto como las chismosas tuvieron el cuchillo en las manos hizo comparecer a José para que lo vieran.

Enfrentadas de súbito con la belleza sin par de José a quien no habían visto nunca, las mujeres se encontraron confundidas y sin saber qué hacer; como no podían apartar la vista de él, creyendo que cortaban la fruta todas sin excepción se cortaron las manos. Sin embargo era tal la, perplejidad y el arrobamiento que les provocaba la belleza de José que, mientras lo contemplaban con profunda admiración, ninguna de ellas sintió el dolor de las cortaduras en sus manos sangrantes e incapaces de contenerse, involuntariamente exclamaron:

"¡Este no es un ser humano; es un ángel!"

Me pregunto cómo habrían reaccionado esas mujeres, que se quedaron atónitas y mudas de asombro ante la belleza de José, si hubieran visto la Belleza Divina. Dejo la respuesta al discernimiento y perceptividad de cada uno.

El Profeta Muhamed, la paz sea con él, se hallaba un día clavando las suelas de sus zapatos. Como viera su bendita frente perlada de sudor, la madre de los creyentes, Aisha, la más sincera, Espejo de la Verdad, que Dios se complazca en ella y en su santo padre, recitó un poema cuyo significado es el siguiente:

"Cuando las mujeres egipcias contemplaron la belleza de José,
hirieron sus propias manos, pero no sintieron el dolor.
¡Oh bienamado de Dios!, si vieran la belleza Tuya,
sus corazones se harían pedazos y no sentirían pesar".
A esto, el Más Noble Mensajero, regocijado, exclamó:
"¡Pequeña mía! ¡Me has hecho muy feliz!"

Todos los Mensajeros son bellos. No existe un Mensajero feo.
Ninguno de ellos ha carecido de belleza. Adán y luego José, eran particularmente hermosos. Pero nuestro maestro, el bienamado de Dios, era el más bello de todos, porque él era el Espejo de la Verdad. Quien lo veía contemplaba la Verdad en el resplandor de ese espejo.

Este mundo es un espejo, y todas las cosas existen a través de la Verdad. En el espejo de Muhamed se ve la permanencia de Dios.
¡Oh amante sincero!

A través de su amor por José, con el deseo y el anhelo de hacerlo instrumento de su pasión e instintos animales, Zulayka se convirtió en esclava de su yo, y perdiendo todas sus posesiones, se empobreció en todos sentidos. En cuanto a José, la paz sea con él, mediante su obediencia y servicio a Dios, llegó a gobernar Egipto. En otras palabras, aquéllos que se vuelven esclavos de sí mismos, aunque sean poderosos como Zulayka, a la larga caen; mientras que los que se dominan a sí mismos, aunque sean esclavos como José se elevan hasta la soberanía y el poder. Además, no se quedan en la soberanía de este mundo, sino que se convierten en soberanos en los dos mundos y en amigos dilectos de Dios Clementísimo Todopoderoso.
Con el correr del tiempo, el rostro lozano de Zulayka se marchitó y desfiguró, se desvaneció su belleza y se perdieron los encantos que atraían a sus admiradores; las perlas de sus dientes desaparecieron también. Su pasajera belleza externa dejó de brillar, pero su belleza duradera residía en su total sinceridad, y esa belleza no tuvo final.

En su andar por las calles de Egipto, José se encontró un día con Zulayka y la reconoció de inmediato. Se dio cuenta de que ella, cuyo esclavo había sido cuando fuera la mujer más bella del mundo, había caído en ese estado debido a su amor por él; que ella en efecto había "roto la botella de la vergüenza y la modestia" y se había sacrificado por su amor. José se acercó y le preguntó por su condición y salud. Pero Zulayka había pasado del amor metafórico al Amor Real; había encontrado en José la oportunidad de admirar la maestría y el poder del Dueño y Creador del Universo, y al moverse del efecto a la causa su corazón se llenó del Verdadero Amado, Autor y Creador de tan magnífica obra.

José, con su belleza inmaculada que opacaba al mismo sol, comparaba el estado presente de Zulayka con el esplendor de su belleza de antaño que solía oscurecer a la luna llena y causaba que sus admiradores cayeran postrados ante ella. De pronto la piedad se apoderó de él, y abriendo las manos a la Divina Unidad, suplicó a Dios restaurar la belleza y juventud de Zulayka. Su plegaria fue escuchada, de acuerdo a esta máxima:
"Cuando el signo de amor es ganado, el amado debe quedar atrapado".

En un abrir y cerrar de ojos, Zulayka recobró su hermosura, encanto y lozanía. José se desposó por fin con esta mujer que había padecido agonías y tormentos todos estos años por él. De esta manera Zulayka logró lo que tan largamente había anhelado. Al casarse con ella, la convirtió en reina, después de haber caído en la miseria por su amor.

Sin embargo, como hemos mencionado antes, Zulayka finalmente había llegado a darse cuenta de Quién era al que amaba en realidad, de Quién debía con todo derecho considerarse amante. En el espejo de José, había visto la belleza del amigo, y ya no necesitaba de José, había encontrado al Verdadero Amado; El era su meta y su único fin.

Este es lo que Seza'i tiene que decir: ¿qué viste en lo que muere? El amigo ha mostrado su rostro, En un espejo que brilla como el día.

Pero no hay acceso a este camino a través del falso amor, pues para los falsos amantes la ruta está plagada de dificultades y obstáculos. Quienes alcanzan el Amor Real, no se dejan engañar por los impostores; no creen en nadie más que en El. Sacrifican cuerpo y alma por el Verdadero Amante. Los que se atreven a hacer este sacrificio hallarán deleite y serán festejados en compañía del Bienamado.

Si eres el amante del Amado,
Cuidado con enamorarte de ótro.
Arrójate a las llamas como Abraham.
En este jardín de rosas no causa dolor.

Para los que caen en el fuego por el amor a Dios, el fuego se convierte en un jardín de rosas; sus ojos ven a Dios, y mueren antes de morir. O más bien, no mueren sino que comienzan a vivir, pues se unen a la Vida Duradera:

Sigue el amor y deja lo demás, oh corazón;
La gente de la Realidad obedece al amor
El amor es más antiguo que todo lo que existe:
Por más que han buscado, no han hallado su principio.

He aquí lo que se proclama en el Reino de la Realidad:
"El que peca con amor tiene más mérito que el que cumple los rituales del culto sin amor". Porque el culto sin amor no merece mayor recompensa que un esfuerzo vano. El que peca con o por amor, sin duda será castigado, más por lo menos habrá disfrutado de su acción. Así hagas lo que hagas, ¡hazlo con amor! El venerable Suleyman Chelebi nos dice en su obra maestra, el Mevlid i Sheri:

Basta con que la lengua respire el nombre de Allah una sóla vez,
para que todos los pecados se desprendan como las hojas en el Otoño.

¡Cuán verdadera y exacta es esta afirmación! En vez de repetir "Dios Mío" mil veces sin amor y añoranza, basta exclamar "Dios Mío" con verdadero anhelo una sola vez. Muchos ha habido, muchos en verdad, que alcanzaron al Amado con sólo proferir su nombre una sola vez de todo corazón.
¡Oh viajero de la Realidad!

Tres letras y cinco puntos hacen que un derviche sea un derviche.
En árabe, la palabra Amor se forma con las letras 'ayn, shin y i gaf l C~'`'"'~
La letra shin lleva tres puntos la letra gaf lleva dos . Las tres letras y los cinco puntos que hacen que un derviche sea un derviche son el Poder Soberano del Amor. El que carece de amor no puede ser derviche; no es digno de ese nombre.
Sí, el amor es la provisión del derviche. El amor es su conocimiento. El amor es su experiencia. El amor es su cabalgadura. El amor es su deseo. Aquéllos que beben el vino de "El los ama y ellos Le aman" (Corán 5:54); aquéllos que no se olvidan de sí mismos en cuerpo y alma, que no andan el camino del amor descalzos y con la cabeza descubierta, no pueden ser derviches.
La vida del derviche es el Amor, su íntimo yo es el Amor ¡eso es todo lo que hay que decir!

Si no das la vida por tu amor,
no te atrevas a llamarte amante.

Dios, Poderoso y Glorioso como El es, es el amante de Su amado Profeta Muhamed; nuestro maestro, el bienamado de Dios, es el amante de Dios, Alabado Sea. El, jefe de los que aman a Dios, es nuestro capitán, el amado de Dios. Todos los amantes son herederos de ese amor, como Majnum, el de la historia.
El sol gira por el amor, la luna por la añoranza y las estrellas por seguir su ejemplo.
¡Oh derviche que te llamas amante!
¿Acaso Su amor no te hace girar? ¿Acaso Su amor no te hace atravesar los dieciocho mil mundos? Pues toma el piso y gira en él con Su amor, llámalo con amor, grita Su nombre con amor. En cuanto al derviche que es un auténtico amante, mientras sus manos trabajan, su corazón está con el Bienamado. Cualquiera que sea la tarea que realice, cualquiera que sea su negocio, jamás se distrae de la remembranza de Dios. Hay lágrimas en sus ojos por la añoranza de la visión divina, y su corazón estalla en llamas. Los ojos del derviche que es amante verdadero no ven nada más que a Dios; su corazón no conoce nada más que a Dios. Dios es el ojo con el que ve, la mano con la que sujeta las cosas y la lengua con la que habla. El derviche es el "hijo del instante"; está listo para renunciar a la renunciación. La letanía del derviche es el glorioso nombre de Allah. Pero el derviche no se queda con los nombres; descubre lo Nombrado y se entrega al Amado. El derviche no tiene preocupaciones ni cuidados. Su única inquietud es Dios, su dolor es Dios, su remedio es Dios; su cura es Dios, su causa es Dios. Si no estuviera enamorado, moriría. Si privara de amor su corazón por un sólo instante, no podría seguir con vida. El amor es la vida del derviche, su salud, su solaz. El amor arruina al derviche; lo hace gemir y llorar. La unión lo hace florecer, lo trae a la vida. El derviche encuentra la separación en la unión y la unión en la separación.

El amor nos hace hablar. El amor nos hace sollozar. El amor nos hace morir. El amor nos trae a la vida. El amor nos deja embriagados y perplejos y a veces, nos convierte en reyes. El amor y el amante no tienen doctrina rígida.

Sea cual sea la dirección que tome, el amante se acerca al amado. Dondequiera que esté, se halla con el bienamado, dondequiera que vaya va con el bienamado. No puede hacer nada; no puede sobrevivir ni un solo momento sin el ser amado. El amante constantemente recuerda al amado, y su amado lo recuerda. Amante y amado, el que recuerda y el que es recordado están siempre en compañía uno del otro, siempre juntos.
Una persona con frecuencia recuerda al objeto de su amor. Quien es amante de Dios, Alabado Sea, también lo recuerda siempre y en todas partes. Este es el deber y la prueba del amor. Todo ésto es lo que exige el amor. En la rama del rosal, el ruiseñor del amor canta su amor incesantemente.

El amor acerca a sus siervos a Dios, Glorificado Sea. El Amor nos recuerda que somos esclavos de Dios y aumenta nuestra devoción. El amor acaba con la vanidad y la hipocresía, fomenta la verdad y la sinceridad. El amor resuelve todos los problemas, y abre todas las puertas.
En aras del amor se han elevado los cielos y la tierra se ha extendido.
En aras del amor ha sido creado el Universo y su belleza. El amor nos hace cruzar los desiertos; el amor hace que nuestro viaje sea fácil. El amor tumba las montañas; aplana, suaviza todos los obstáculos. El amor ilumina el corazón y deleita el entendimiento. Con el amor no da sueño, hambre, ni sed. El amor nos hace llorar; el amor nos hace hablar. El amor nos hace gemir; el amor nos hace oír. Es el amor el creador de todas las artes. Todas las cosas deben el ser y el haber a que han sido creadas por amor. En aras del amor se luchan las guerras, y llena nuestros ojos de lágrimas de sangre. Cuántos rostros lozanos han palidecido a causa del amor.

El amor ayudó a Ferhad a penetrar las montañas, y dió a Majnun el conocimiento de sí mismo en su travesía por las ardientes arenas del desierto; a Wamiq el amor le concedió un respiro cuando atravesaba el mar. El amor convierte al amante lejano en amante íntimo, y hace de la humilde choza en la punta de una montaña un palacio, pero puede tornar la más espléndida mansión en una mazmorra. El amor hace del sultán un esclavo y del esclavo un sultán. El amor trae prosperidad a las tierras saqueadas por los ejércitos, y arruina comarcas en donde reina la abundancia. El amor fluye como la poesía de la boca del amante y eleva monumentos con su pluma; está enraizado como el árbol tierno del amor en el corazón de todos y cada uno de aquellos que lo buscan. El amor arrastró a Mansur al patíbulo; encendió el fuego en el corazón de Mevlana, dejó atónito a Ibrahim Adham e hizo a José soberano de Egipto. El Universo entero, el ser y la creación, todo comenzó con el amor, con el amor habrán de terminar. Todo en el Universo está destinado a pasar, pero el amor es eterno. Los portadores del Trono sostienen el Trono con amor. Y los ángeles en el cielo se felicitan en celebración del Amor Divino. El amigo bienamado de Dios Todopoderoso, cabalgando la montura del amor, pasó por el Trono y giró alrededor del Divino Escabel. Con amor, el amor atrajo al amado al "espacio entre dos reverencias". Todas las estrellas del Jardín del Paraíso, engalanadas en virtud del amor, fueron puestas en lo alto con amor.

En el cielo, amor; en la tierra, amor. A la derecha, amor, a la izquierda, amor. En todas partes todas las cosas son amor. El es el Amor; El es el Amante. El es el Bienamado. El es el Adorado. El es el Amigo. El caballero del amor alcanzará a su amor tarde o temprano. El que da su vida por el amor, encuentra lo que anhela su corazón tarde o temprano. Amadlo para que El os ame también. A menos que Dios nos ame, nosotros no Lo podemos amar. Nosotros no podemos amar a Dios, a menos que El nos ame. A menos que El nos busque, no podemos buscarle. Amad al Amado, pues el Amado es El. Ama a tu propio ser verdadero, porque tu verdadero ser también es El.

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