Develacion del Amor
 
 

Capitulo 2
El amor verdadero

El amor que desea Dios, Alabado sea, es el amor que nunca cesa por ninguna causa o razón y que se sustenta a sí mismo sin consideraciones de recompensa o beneficio. Este sentimiento se designa con las palabras árabes hubb fi-allah, amor por el amor a Dios. Quien ama por el amor a Dios continúa amando aún cuando la belleza se convierta en fealdad, la juventud en vejez, la salud en enfermedad, y la vida en muerte. Porque este amor es amor por el amor a Dios.

 
 

El amado que es amado por el amor a Dios es siempre bienamado. Es soberano del amor entronizado en el corazón. Esta clase de amor es un regalo de Dios. El ama a Sus siervos y provoca en ellos el amor; El hace que ellos sientan el amor. En ocasiones Dios ama a Sus siervos, pero oculta su amor a los demás, y no siempre permite que estos amen a quien El ama. Dios puede hacer que su siervo sea querido y respetado por todos, pero a veces deja que sea apelado. Cuando en el medio de los golpes le escucha decir, "Dios mío, Dios mío", El dice "Mi siervo se acuerda de mí y busca refugio en mí". Entre sus siervos predilectos, ¿acaso no permitió que Zacarías, la paz sea con él, fuera descuartizado con una sierra? ¿No permitió que Juan, la paz sea con él, fuera cortado en pedazos? ¿No dejó que Noé, la paz le acompañe, fuera azotado? ¿No permitió también que Abraham, la paz sea con él, se consumiera en el fuego? ¿Y que José, bendito sea, fuera arrojado a un pozo y vendido por sus hermanos como esclavo? ¿No hizo igualmente, posible que quisieran crucificar a Jesús, la paz sea con él? ¿No permitió Dios también que María fuera calumniada, y que Moisés, la paz sea con él, fuera separado de su madre y arrojado al río Nilo? ¿No dejó que destrozaran un diente al bendito Profeta Muhamed? ¿No hizo mártir de la sed al imán Hussein junto con sus setenta y dos amigos? ¿No dio El a Abu Bakr Al-Siddiq, y a Alí, el León impetuoso, el de la espada envenenada, después de cien mil aflicciones? ¿No atrajo Dios hacia Sí al Imán Hasan, concediéndole el regalo de la unión con El tras de morir envenenado? ¿Y cuántos amigos y amantes de Dios perecieron encadenados, cortadas las inocentes cabezas de unos, ahogados o quemados los otros? En efecto, en ocasiones, así es como se muestra y manifiesta el amor.

Muestra el fuego de la Belleza,
deja que la mariposa se queme en él
dichoso el destino del amante en esa llama arder.
La escuela y la mezquita dejó al piadoso hipócrita,
para adorar la Verdad basta una ruina.

El amado, gacela de ojos aterciopelados,
acabó con mi autoestima;
Aprieta la cadena del amor, en mi locura no me dejes huir.

No abjuraré del Vino, pero no me hagas beber de la mano rival.
Entre todas las torturas y el dolor, Shemsi no se olvida de Ti.
Que se canse de amarte eso es impensable.

El amor a Dios es posible por medio de la obediencia al objeto del amor, mediante el no querer ni desear nada más que ser Su esclavo y cumplir Sus mandatos con fervor, llevando a cabo las obligaciones de Su servicio.

En otros términos, este amor se logra dejándose caer como una gota de agua en el océano. Significa saber que venimos de Dios, reconocer que estamos con Dios, que estaremos con El eternamente, sin olvidar nunca que somos Sus siervos, agradeciendo de palabra y obra todas las bendiciones espirituales y materiales que El graciosamente nos confiere, concientes de nuestra impotencia y nulidad.

Lo que es absolutamente cierto es que el amor espiritual es incomparablemente más alto en grado que el amor material al amor espiritual, del afecto material al afecto espiritual. Aquellos que no encuentran este puente de luz se quedan atrás, en el plano de la materia; no pueden emprender el camino ni alcanzar la meta anhelada. Hemos tratado de explicar esto antes. Cuando las cualidades y atributos que ocasionan el amor material cesan de existir, el amor mismo desaparece. Pero el amor espiritual es duradero e inacabable.
Si observamos cuidadosamente la historia humana obtendremos de ella una gran lección. Veremos como en la mayoría de los casos el afecto material se ha extinguido, a veces olvidado, acumulando polvo en las páginas decoloradas de los libros y en el mejor de los casos como tema de novelas y cuentos. En cambio notaremos cuantos amigos y amantes de Moisés, Jesús y el amado Profeta Muhamed, la paz sea con ellos, se encuentran hoy en el mundo, deseosos y dispuestos a sacrificar todo por ellos, y estarán allí hasta el fin de los tiempos. En nuestros días, considerados por muchos como la época del materialismo, hay millones de seres que con su amor y devoción a Dios, Alabado Sea, a Sus Mensajeros y a Sus nobles bienamados suspiran y se estremecen día y noche, derramando lágrimas de fervor reverente.

Porque ¿acaso entramos hoy a alguien que llore por Antonio y Cleopatra?

En todo caso, el amor y el afecto, ya sean materiales o espirituales, son sagrados. Hemos pretendido explicar que el amor espiritual es inmensamente superior al amor material, pues existe una diferencia fundamental entre los dos. El amor material a menudo tiene motivos ulteriores.

Pero el amor espiritual es por amor a Dios y por eso decimos que es amor por amor a Dios. El que ama a Dios, Alabado Sea, debe estar preparado y dispuesto para toda clase de desventuras. En realidad, lo que aparece como desgracia es una gran bendición. Los amantes de Dios se afligen y lamentan cuando no los alcanzan las penas. Para ellos la desdicha es pura alegría. No debemos olvidar que los más severos sufrimientos han estado reservado a los Profetas, a los santos que son sus herederos y a los de rango similar en la presencia de Dios. Si alguno dice amar a Dios, Alabado Sea, mas en la desgracia se queja de su Señor y reniega de su infortunio, miente al decir que ama a Dios. ¿No habéis leído o escuchado que el Profeta Job no externo una sola queja por todas las miserias que le acontecieron, tanto en su propiedad como en sus hijos, y jamás lamentó su suerte? Como recompensa, Dios, Señor de la Majestad y la Perfección, le confirió el título de Siervo de la Penitencia. En medio de todas las pruebas, el Santo Job buscaba refugio en la Majestad de Dios en Su belleza: es decir, se amparaba de Dios en Dios, propiciando la Misericordia Divina con esta oración:

"¡Oh, Señor! Me ha acaecido una desgracia. ¡Tú eres el Más Misericordioso de los Misericordiosos!"

Si uno es sincero en su amor a su bienamado, habrá de obedecerle. La característica del amor del amor sincero es no ofender al amado. El signo del amor es no quejarse del amado con nadie, tolerar sus caprichos, y llevar a cabo amorosamente todo lo que pida. Esto es, ni más ni menos, lo que hizo el Profeta Job. Con ninguno fue a quejarse de su Señor. Buscó refugio de Su Majestad con la Belleza infinita de Dios: buscó amparo de Dios en Dios. ¿Pues dónde más podría uno refugiarse? Buscar amparo de Dios con Dios es no quejarse de Dios, Alabado Sea. Es más bien mostrarle a los seres humanos cuál es el verdadero lugar de refugio. El que clama sinceramente amar a Dios, nunca le desobedece y se niega a ofenderle, El amante obedece amorosamente al amado. La verdadera prueba de su sincero afecto se demuestra al seguir al amado, al obedecerle y al poner esmero en evitar las cosas que el amado desprecia o le causan disgustos. Los que reúnen estas condiciones han desplegado, proclamando y comprobando su amor. Este amor sí es genuino.

Cualquiera que no pueda tolerar los caprichos de su amado o sus crueldades, y que muestre pereza o descuido en servirlo, no podrá ser jamás un amante verdaderamente afectuoso.

El verdadero Shibli, santificada sea su alma, se vio en una ocasión arrebatado en un estado místico, y fue por ello encerrado en un asilo de lunáticos. Imaginando que lo amaban, muchos fueron a visitarlo ahí.

"¿Quién sois?", preguntó el Sheikh Shibli
"Somos algunos de los que te aman", replicaron.

Shibli comenzó a juntar piedras para arrojárselas a sus visitantes, con lo cual comenzaron a dispersarse diciendo, "¡Ay, el venerable Sheikh en verdad se ha vuelto loco!"

Cuando se iban los llamó: "Me pareció oír que decían que me amaban. Ni siquiera pueden aguantar que les lance una piedra sin huir de mí; ¿qué ha sido del amor que sentían por mí? Si realmente me amaran, habrían tolerado esta pequeña excentricidad mía y sufrido con paciencia cualquier molestia que les causara".
Con esto nos da una gran lección sobre el amor, iluminándonos acerca del afecto verdadero. Los expertos en amor beben el vino del amor en la copa del amor; para ellos este mundo, tan ancho como es, se vuelve estrecho. Aman a Dios, Alabado Sea, con amor perfecto y completo.

Realmente temen a Dios y retroceden ante Su Grandeza y Majestad. Viven maravillados y anonadados ante Su poder creativo. Consideran Sus órdenes como un gran favor que El les hace y que los corona de éxito. Aquellos que beben el vino del amor de Su Mano Poderosa y de la copa del amor, se regocijan con El en el mar de la amistad íntima de Dios. Por medio de sus plegarias y súplicas gozan de su compañía. Tal es ese estado de contento, placer y delicia, que para ellos el día y la noche, lo blanco y lo negro, el mundo y su contenido, los títulos, posiciones y dignidad sociales dejan de existir y quedan aniquilados en Dios. Y quienes son aniquilados en Dios, es una certeza absoluta que vivirán eternamente.


siguiente