Develacion del Amor
 
 

Capitulo 14
UNA PLEGARIA

¡Piedad, Dios mío! ¡Piedad, pues Tú eres el que perdona! De nuestra parte sólo recibes ofensas; nosotros de Ti, sólo magnificencia. Hemos llegado a Tus puertas, ¡Oh dadivoso Señor! Nuestros sucios corazones están llenos de la escoria de este mundo y del sórdido infortunio de todo lo que no es Dios, cuando estos nuestros pobres corazones son por derecho propio el sitial de la Visión Divina.

 
 

Ilumínalos con el esplendor del amor de Dios y el amor del Mensajero de Dios, en honor de Tu bienamado Muhammed el árabe, su familia, sus esposas, sus compañeros, los ayudantes, sus amigos y sus santos y por el amor de Hasan y Husein, el par más agraciado. Da a esos corazones la dicha a través de los secretos contenidos en el Corán, la Prueba Decisiva, y hazlos conscientes a través de la graciosa manifestación de Tu Belleza. Concédenos refugio entre las criaturas privilegiadas que han alcanzado la bendición de Tu amor y gozo ardiente. Déjanos apagar nuestra sed con el más puro vino del amor, de las luminosas manos del Profeta Elegido, de Alí el que recibió la Aprobación de Dios, portador de la copa de Kawthar en el Paraíso, y de las benditas manos de Hasan y Husein, los agraciados. Déjanos bebes hasta saciarnos, déjanos pasar más allá del cuerpo y del alma con el amor a Dios, déjanos vestir las ropas del Paraíso, y déjanos tomar el camino del amor, ¡Dios Mío! Somos criaturas desobedientes, perversas y pecadoras. Reúnenos, Dios Mío, con la caravana de los amantes fieles que aman verdaderamente Tu Esencia Divina y la Luz Profética de Tu amado Mensajero; cuyos ojos están anegados y cuyos corazones están encendidos con ese amor. Inclúyenos entre aquellos siervos tuyos a quienes has concedido el honor y el privilegio de salvarse, por el amor de la sangre inocente y pura del Imán Husein y los mártires de Karbala. ¡Oh Dios Mío! Tú eres clemente y Misericordioso, El más Bondadoso de los Bondadosos. Oh Dios Mío, Tú eres El que Perdona, y amas el Perdón, Eres dador de Gracia y la Gracia Te es propia. Confesando nuestras faltas hemos llegado a Tu puerta, a buscar refugio en el umbral de Tu Gracia. Tú no rechazas las plegarias y las súplicas de los pobres pecadores que llegan a Tu puerta. No dejas ir con las manos vacías a quienes imploran piedad, alégranos con Tu piedad, haznos prosperar con Tu graciosa generosidad. Cuenta nuestros nombres entre aquellos de tus siervos a los que amas. Ayúdanos en todas nuestras dificultades y aumenta nuestras bendiciones materiales y espirituales, ¡Oh Dios Mío!

¡Ten piedad, oh Intercesor de los pecadores! ¡Oh Mensajero de Dios! Somos pecadores y sabemos que sólo tú puedes interceder. Intercede por nosotros. Sabemos y creemos que tu intercesión es aceptada por Dios, que Él nunca la rechaza, ¡ayúdanos, oh Mensajero de Dios! ¡Piedad, oh familia del Profeta Elegido! Tú eres la fuente de la piedad y la clemencia puras. Nos refugiamos en tu compasión y buscamos amparo en tu bondadosa simpatía. Sí, somos culpables, desdichados, huérfanos y sin amigos. Tú eres lo único que tienen los que no tienen a nadie. Mi maestro compasivo, mi Rey generoso, tú eres el compañero de los extraños, el intercesor de los culpables. No nos niegues tu compasión, miserables como somos y esclavos de nuestro yo inferior, juguetes de nuestras pasiones; por el amor de Dios, extiende tu mano y ayúdanos. Hemos naufragado en el mar de la rebeldía y desperdiciado nuestras preciosas vidas en la desobediencia y el olvido y nos encontramos hoy exhaustos y débiles. Compensando nuestros errores y pecados, alzamos las manos hacia Tu Divina Merced a las puertas de Muhammed. Posando nuestros rostros manchados por el pecado en la estera para orar, con fuego en el corazón, suspirando y sollozando, con lágrimas en los ojos, hemos llegado al lugar en el que se adora Tu Presencia Divina.

Por favor acepta graciosamente nuestro arrepentimiento, como aceptaste el de Adán, la paz sea con él. Somos sus descendientes y somos la Comunidad de Muhammed, el bienamado de Dios, el refinado. Lamentamos nuestros errores y mucho nos pesan las ofensas que hemos cometido. Somos hostiles hacia nuestro yo dominante, y te suplicamos que aceptes nuestro arrepentimiento y nos alegres con Tu perdón y Tu gracia. ¡Oh Señor Mío! Tú eres el Dios generoso y excelso que regocija a quienes buscan Tu perdón, liberas del Infierno a los que se refugian en Él y les concedes el bendito favor de Su Paraíso y Su Belleza. Tú eres el Dueño del reino. Obtienes el triunfo en todo lo que haces. Excelentísimo eres, en todas Tus obras. ¡Oh Dios Mío, Tú eres el Altísimo, el único digno de adoración y el Verdadero Amado! No hay nadie a quien valga la pena servir más que Tú. Sólo Tú eres. Tú eres Uno. No tienes par, no tienes igual. Si lo deseas, quemas y desgarras; si es Tu Voluntad, haces prosperar y florecer. Sólo Tú tienes la última palabra en todas las cosas, simplemente ordenando que así sea. Si quieres, perdonas. Si Tú decides castigarnos, somos Tus pobres siervos y estamos desamparados. Si Tú nos perdonas es porque eres el más Misericordioso de los Misericordiosos. Tu clemencia es tan grande que concedes el derecho de vivir aún a los incrédulos que Te niegan. A pesar de que Te niegan, no los privas del sustento y permites que se beneficien de Tus bendiciones. Tú eres el que da a los hipócritas lo que quieren y satisfaces los deseos de los creyentes. Sin dudas no dejarás ir con las manos vacías a aquellos que se acercan a Tus puertas para afirmar Tu Unidad y Te entregan su corazón, pues ahora hemos llegado a las puertas de Tu Misericordia y extendemos nuestras manos hacia Tu Bondad, ¡No nos dejes ir con las manos vacías! Oh Dios Mío, nosotros, pobres criaturas mortales, no rechazamos a quien toca a nuestra puerta, sino que le ofrecemos lo que Tú nos has dado. No puede ser, no puede ser jamás, que Tú dejes desamparados a aquellos que acuden a Ti en la tristeza y la desesperación. ¡Ten piedad, Glorioso Dios, ten piedad, Rey mío, Dios Mío a Quien adoro! ¡Mi excelso Maestro, Mi Señor y Mi Dios! Nuestros rostros y nuestros corazones están manchados con el pecado y la rebeldía, mas no permitas que nos perdamos en el Día del Juicio; pues Tú eres El que vela todos los pecados. Lléname con Tu amor, convierte mis lágrimas en sonrisas, haz arder mi corazón con la añoranza de Ti. ¡Mi única aspiración y añoranza es reunirme contigo, Dios Mío! Así como rescataste a Noé, la paz sea con él, junto con los que creían en él, de las aguas del Diluvio, sálvanos también a bordo del barco de Tu religión, que es como el Arca de Noé, de perecer ahogados en el mar de la incredulidad, en el océano de la desobediencia y el pecado. Concédenos gozar de la dicha y el deleite de la fe, del bendito sabor de la adoración; de la corona y la buena fortuna del afecto, de la soberanía del amor.

Permítenos llegar a ser dignos siervos tuyos en los dos mundos y formar una comunidad digna del Mensajero Bienamado de Dios. déjanos seguir el ejemplo (sunna) del Profeta. Danos la gracia de mantenernos firmes en el Sendero Recto. Déjame extinguirme en Tu esencia y permanecer eternamente en Tu Corte Divina. Al unirme a la compañía de Tus Amantes, permite que sea bendecido con la vida duradera y eterna. ¡Oh Dios Mío!
Dios Mío, Tú que concediste diez favores especiales a diez Profetas, Tú que aceptaste el arrepentimiento de Adán y de David, que en paz gocen, acepta también nuestro arrepentimiento e inclúyenos en la caravana de los penitentes. Así como elevaste a Idris al cielo, la paz sea con él, dejándolo entrar al Paraíso, limpia nuestros corazones del polvo de este mundo y elévanos. Permite que nos caractericemos por la moralidad del Islam y de Muhammed, que poseen la naturaleza del Paraíso. Inclúyenos entre los que entran al Paraíso en este mundo coronados con su buena conducta, engalanando el corazón con la luz de la fe, luciendo como vestimenta la Sagrada Ley; con los ojos alerta, los oídos atentos y con la lengua ocupada en pronunciar Tu
Remembranza, la afirmación de Tu Divina Unidad y Tus Alabanzas; con los pies resueltamente dirigidos hacia la bondad; generosos con las manos y usándolas para el bien, pero dejando el corazón con el Amado,

conversando con Dios, yendo al encuentro de Dios, muriendo antes de morir y convirtiéndose, a través de esta muerte, en amantes. ¡Oh Dios Mío! Del mismo modo en que te dirigiste a Moisés con Tu poderosa palabra, la paz sea con él, envía la inspiración a nuestros corazones, Concédenos conversar con Tu Esencia Divina en nuestro Monte Sinaí. Recíbenos entre tus siervos privilegiados que llegan a gozar del señor de lo espiritual, ¡Oh Dios Mío!

Oh Dios Mío, así como rescataste a Tu fiel amigo Abraham del horno de Nimrod, sálvanos del fuego siniestro de nuestro yo inferior y no nos dejes a solas con él ni por un momento. Oh Dios Mío, protéjenos del demonio del yo y haz que el fuego de la carne se convierta en luz. Así como elevaste a Abraham a la amistad íntima contigo, cuéntanos entre el número de los amantes y preséntanos corporalmente en el círculo de los que te aman, ¡oh Señor Mío!

Oh Señor, así como rescataste al santo Job, la paz sea con él, de todas sus aflicciones y calamidades, sálvanos de los temores y ansiedades, sufrimientos y penas de este mundo y del Otro y condúcenos a la Felicidad.

Oh Dios Mío, así como liberaste a Jonás, la paz sea con él, de las entrañas de la ballena, líbranos de las manos del enemigo, de la tiranía de la ignorancia, de la desgracia que la falta de fe, y llévanos a puerto seguro.
Así como restauraste el reino de Salomón, la paz sea con él, haznos tan puros como lo éramos el día en que nacimos y gratifícanos con la fortuna material y espiritual. ¡Oh Dios Mío!

Así como elevaste al Imán Husein, que Dios se complazca en él, al rango del martirio, danos licencia de vivir una vida próspera y feliz y obtener la intercesión de todos los mártires.
¡Oh Señor! Por el amor de la bendita sangre de los mártires, protégenos de cualquier creencia corrupta, ayúdanos a alcanzar Tu noble placer y haznos verdaderos creyentes, que podamos alcanzar la perfección de nuestra fe, en conformidad con la fe de Tu Amado Mensajero. ¡Oh Señor!

Que nuestras últimas palabras sean la afirmación de la Divina Unidad y el Glorioso Corán, Oh Señor Mío, mientras nuestra lengua expresa Tu Remembranza y declara Tu Unidad Divina, y mientras nuestros ojos contemplan el Paraíso y Tu Belleza, manifiéstanos Tu Esencia e inclúyenos entre Tus siervos dilectos a quienes dirigiste este mandato glorioso:

"Oh alma segura en tu fe. Alma tranquila, vuelve a tu Señor, (Corán 89:27-30) satisfecha y complacida con Él y Él contigo. Entra junto a mis servidores especiales. Entra con ellos en mi Paraíso".

Reúnenos, Oh Señor Mío, con todos los seres dichosos y benditos que pasan desde Tu Majestad hasta Tu Belleza, a quienes concedes el perdón de Tu Justicia y que entran al Paraíso por Tu Gracia; que contemplan la belleza de Tu Profeta Amado, que llegan a morar en el Paraíso, en lo alto, cerca de Tu exquisito Bienamado y que alcanzan la Belleza inextinguible de Tu rostro.

¡Conquistador inconquistable! Haz posible la justicia en nuestra Nación. Danos la Fuerza con el secreto contenido en la expresión coránica: wa-yausuraka'-llahu nasran 'aziza ("Que Allah te conceda una gran victoria"- Corán 48:3). Glorifica a los que sirven a la religión y al estado en los dos mundos, y especialmente a todos los pueblos que aman la justicia y la igualdad por el amor a la verdad. Reúnenos bajo el estandarte de Omar ibn al-Khattab, la paz sea con él, y haznos resucitar bajo la bandera de la gloria. Eleva el estado de los mártires y el rango de los guerreros campeones. Oh Dios Mío, reúne a todos aquellos que se ganan el sustento honradamente bajo el estandarte de Abu Bakr el Veraz, que Dios se complazca en él; a los que trabajan por la enseñanza, el Corán, la religión, la fe y a todos los creyentes bajo la bandera de Osman ibn'Affan, que Dios se complazca en él; y a todos los héroes que con su hombría han dado ejemplo a toda la humanidad, practicando el conocimiento a través de la tolerancia, la paciencia, la resolución y la valentía, el celo y la magnificencia, la virtud y la generosidad, a todos ellos reúnelos bajo la bandera de Alí, que Dios ennoblezca su rostro y se complazca en él; Oh Dios Mío, resucita a todos los que sufrieron la injuria y el agravio, junto con el Imán Hasan el Elegido, y a los mártires que sufrieron una muerte injusta y violenta, resucítalos junto con el Imán Husein, mártir de Karbala' (que Dios se complazca en todos ellos). Oh Dios Mío, reúne bajo el estandarte de Hamza, el León del Mensajero de Dios, a todos aquellos que mueren en el mar, en la tierra o en el aire por las causa de Dios, por difundir la palabra de Dios, por el ideal de la humanidad, por la independencia y la libertad, por la nación y la patria, por el honor, la castidad y el buen nombre, por el amor de todo lo que es sagrado. Por el amor de los ojos que derraman lágrimas por temor a Dios, por el amor del corazón que arde y se consume en la llama del amor a Dios, por el amor de la palabra hablada en el nombre de Dios, por el amor de la Torah, el Evangelio, los Salmos y el Corán; por el amor de las criaturas que nunca, ni por un momento, dejan de recordar Tu Esencia Divina, por el amor de Uways al-Qarani y todos los grandes santos fundadores; por el amor de los amantes, los veraces, los sinceros, los devotos y los piadosos; por el amor de la doctrina de Abu Hanifa al-Nu'man; por el amor de la belleza del rostro de José de Canaan, dígnate aceptar graciosamente estas súplicas. ¡Oh Dios Mío!

¡Oh Dios Mío, perdona a los que en sus oraciones se acuerdan de este pobre y humilde siervo tuyo, Muzafer Ashki; perdónalos en los dos mundos por amor a tu fino Amigo y Profeta Bienamado, y haz que aquellos que reciten la noble oración Fatiha por mí después de mi muerte, sean recibidos en la bienaventuranza de Fatiha en la hora de su muerte!

Dios Mío derrama Tus bendiciones sobre Tu amado Profeta, su familia, sus hijos, sus esposas, los que brindaron ayuda, sus compañeros y amigos, y especialmente sus legítimos califas Abu Bakr, Omar, Usman y Alí; concédeles Tu amor, junto con todos aquellos que los aman, hasta el Día de la Resurrección y el Juicio.
¡Danos Tu guía! Ilumínanos interna y externamente con la Luz Divina a todos los que lean este pequeño libro, a quienes hagan que sea leído o lo hayan escuchado. Alégrales con Tu Gracia y Tu Guía; bríndales Tu dirección, para que puedan exhalar su último aliento como creyentes. ¡Oh Señor Mío, que este humilde trabajo nuestro encuentre aceptación, aprobación y benevolencia a los ojos de Dios y Su noble Mensajero! Haz a los amantes que lo lean dignos de Tu amor. ¡Haznos felices aceptando nuestras súplicas, oh Señor!

Subhana Rabbika Rabbi-l-'izzati 'amma yasifun wa-salamun'ala-l-mursalim wa-l-hamdu lillahi Rabbi-l- 'alamin. Al-Fatiha...

(Gloria a tu Señor, el Señor del Poder, más allá de lo que puede describirse. Y la Paz sea con los Mensajeros. Gratitud y alabanzas al Señor de los Mundos. Recitemos Fatiha)

El Amado desde dentro hace prosperar la vida del amante.
Encuentra su camino más allá del velo del conocimiento en sí.

En la Unidad del círculo, si vivo está,
de su gota nace el mar, encuentra del Océano la vastedad.

Quien bebe la copa del amor de manos de un guía perfecto
de inmediato verá a su amor con él;
llega el amor, y la voluntad del amante se anula,
luego acude al llamado, "¡vuelve!" y por fin halla a Dios.

La base y sustento del mundo transitorio es amor;
aquí y en el Más Allá la meta del amante es el amor;
sirve, obedece y trabaja para proclamar su amor;
quien vive con amor, al Paraíso llega al fin.

De oriente a occidente, y en cualquier dirección,
la experiencia te muestra que los amantes son legión;
el hombre de nuestro tiempo añora la Verdad,
en lo profundo de su corazón al fin lo hallará.

Llamando ILLAH-LLAH las esferas rotan.
Llamando ILLAH-LLAH los ángeles giran.
Llamando ILLAH-LLAH los corazones vibran.
Cura para su pena cada uno encontrará.

En el arduo sendero del amor es fácil perderse.
El camino de la unión no se cruza tan ligero.
Este secreto puede conocerse pero no sin costo.
El auténtico amante halla al fin la gracia de Dios.

Ashki siente del mundo el apremio,
entra al palacio de la Unión como huésped;
en su penar, el maestro a él se dirige,
encuentra a Nureddin Jerrahi, el Sultán, al fin.

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