Develacion del Amor
 
 

Capitulo 13
CONSEJO AL AMANTE


Deben evitarse los defectos de carácter, que deshonran a Dios y a Su Mensajero. Entre éstos se cuenta la arrogancia, la hipocresía, el orgullo santimonioso, la búsqueda de fama y reputación, la envidia, la irascibilidad, la sensualidad, la avaricia en lo material, y la búsqueda de los status.
Arrogancia (kibr) significa pensar que se es superior a otros, tener indiferencia hacia la verdad y caer en la autoalabanza y la pretensión. Hipocresía (riya') significa hacer el bien, realizar acciones dignas de admiración, pero no con el fin de agradar a Dios, sino para ganar la aprobación y el aplauso general. Al hipócrita ostentoso se le da el nombre de mura'i.

 
 

El orgullo santimonioso ('ujb), consiste en considerarse a sí mismo más piadoso que los demás; vanidad en la propia estima; actitud arrogante hacia la devoción de los demás y excesiva presunción de la propia piedad.
La búsqueda de fama y reputación (sum-a) significa exhibir una conducta admirable, más no con la intención de obtener la aprobación de Dios, sino con la esperanza de atraer la atención y adquirir popularidad entre la gente.

Envidia (hasad) es la condición de aquel que experimenta un resentimiento celoso hacia los méritos de otros y las bendiciones que le son conferidas y no tendría escrúpulos en anularlas su pudiera. A una persona tal se le llama hasid. El simple deseo de poseer las mismas bendiciones que otros se denomina ghibta, que quiere decir envidia libre de malicia. Aunque esto es permisible desde el punto de vista de la Ley Sagrada, no es aceptable en el Camino Místico ni en la Realidad.

Irascibilidad (ghadab) es la tendencia a tener explosiones de carácter e inflamarse de ira ante la menor cosa, y comportarse muy mal cuando se está en tal estado de descontrol.
La irascibilidad -presteza para enojarse- es un defecto de carácter nefasto, que puede destruir a una persona espiritual y materialmente.

Sensualidad (shahwa) es la esclavitud hacia el yo inferior, un anhelo por las cosas prohibidas por Dios; la persecución inescrupulosa e implacable de las ambiciones personales, anteponiendo los deseos egoístas a los mandatos y decretos de Dios. Quienes tienen la desgracia de aficionarse a la lujuria sensual, están dispuestos a sacrificarlo todo por ella, sin pensar en el Día de la Resurrección, sin detenerse a considerar de dónde vienen, ni si lo que hacen es correcto o equivocado.

Codicia material (hubb al-mal) es el atributo de los que se podrían llamar mundanos o materialistas. Tales personas vacían su corazón de cualquier otro sentimiento para llenarlo con el amor a la riqueza y las cosas de este mundo. "Ensucia" su corazón que debería ser el lugar de la visión Divina.
La búsqueda de status (hubb al-jah) es la persecución de rango y status. Los que son presa de este defecto no se paran ante ninguna maldad, no hay sacrificio que les parezca excesivo para lograr satisfacer sus ambiciones. Desafortunadamente, en el mundo de hoy podemos ver innumerables ejemplos de esto en todos los países. Todas estas características son atributos del Demonio.

Es nuestro deber liberarnos de ellos, trasformando la arrogancia en modestia, y humildad; la hipocresía en sinceridad; la santurronería en satisfacción con nuestros logros; la confianza exagerada en nosotros mismos, en confianza en Dios. Debemos asegurarnos de que hacemos las buenas obras, no por el prestigio que acarrean, sino sólo por la Verdad. La envidia debe rendirse a la gratitud y la conformidad con lo que Dios nos ha dado. El temperamento violento debe dar lugar a la suavidad y la docilidad. La sensualidad y el deseo egoísta deben subordinarse a los deseos y mandatos de Dios, Alabado sea. El amor a las cosas materiales y mundanas ha de convertirse en amor a Dios y a Su Mensajero. La búsqueda implacable de rango y status deben reemplazarse por el honor y la dignidad del servicio a la Verdad. No hay otro camino para salvarse de dichas cualidades negativas y de los peligros que originan y los que no pueden limpiarse y purificarse de estos atributos satánicos no pueden llegar a ser derviches, ni siquiera considerarse verdaderos creyentes.
Una de las prácticas en el Camino Místico consiste en retirarse de la compañía de los demás para reflexionar y arrepentirse de los errores y faltas cometidos, implorando con lágrimas el perdón de Dios, Alabado sea.
En todo momento, el amante debe suplicar a Dios, Alabado y Glorificado sea, la fuerza para mantenerse firme en el Camino Recto. Al mismo tiempo, debe rezar por la salud y el bienestar de su guía para que sea elevado en el plano espiritual, para compartir con él el éxito en promover la causa de la Ley Sagrada y el Camino Místico y revivir el digno ejemplo del Profeta, para obtener la gracia de morir como verdadero creyente. Así mismo, el amante debe recitar el glorioso Sura al-Fatiha y el noble Sura al-Ikhlas por el descanso del alma que fue bendecida con revelaciones para el Profeta, que Dios lo bendiga y le dé la paz.

Después de esto, debe cerrar los ojos e imaginarse que ha muerto; que su cuerpo ha sido despojado de toda vestidura, tendido sobre una banca, lavado y amortajado, con las oraciones debidas y puesto finalmente a descansar en la tumba. Debe meditar cada uno de los pasos de este proceso, pues esta meditación que llamamos tazakkur al-mawt (recuerdo de la muerte), es una de las prácticas de las Ordenes Místicas. Ponderar la propia muerte no es atraerla, pero es perjudicial evitar el pensamiento de la muerte porque nadie puede escapar al fin seguro que le está destinado y que llaga tarde o temprano a todo ser mortal: la muerte.
Por tanto esta meditación es una necesidad esencial para el amante de Dios que cree que su guía lo acompaña siempre en su búsqueda de la Verdad, suplicando así: "Dios mío, Tú eres mi meta: lo único que deseo es el placer que Tú me das", así el derviche se vuelve hacia el espíritu de su guía y busca refugio en él, caminando con él y por medio de él hacia la unión con Dios, Alabado sea. Los que de esta manera se acercan a la Puerta de Dios no se irán con las manos vacías de esa puerta. Sabemos con absoluta certeza que quienes limpian su corazón de todos los cuidados y preocupaciones del mundo cuando tocan a la Puerta Divina, quienes proclaman la unidad de la Verdad con cada respiración, purificando su corazón de cualquier idea politeísta con la repetición de LA ILAHA, y la afirmación que le sigue de ILLA-LLAH; quienes en esta forma recuerdan al Señor, serán a su vez recordados por el Señor de Todos los Mundos y alcanzarán la unión mediante la mutua Remembranza del que recuerda y el que es recordado por la Gracia y la Merced de Dios Todopoderoso. El que recuerda a Dios debe comenzar con el nombre de la Majestad, diciendo: ALLAH, ALLAH..., a lo que el Señor de los Mundos responde "Aquí estoy, a tus órdenes, siervo mío (Labbayk, labbayk). Luego se continúa con el Nombre de la Esencia: HU... HU... HU... completando así la Unión, y de esa manera comienza la Remembranza. Esta condición es inseparable del júbilo de que hace la remembranza. Mientras más tiempo permanece Allah en este estado mayor será su euforia y deleite. Si se mantiene inmerso en la Remembranza día y noche, encontrará estímulo para su progreso y gozará de la merced que Dios otorga al amante.

Por todo esto, el amante no debe olvidar nunca al Señor, ya sea que se encuentre de pie, sentado o acostado. Debe recordar al Señor de los Mundos abiertamente o en secreto, de noche o de día, con la lengua o con el corazón, en público o en privado. La Remembranza nunca debe abandonar su corazón.
Cuando el amante se ha entregado a la Remembranza Divina con la palabra y desde las profundidades de su corazón, observando en su corazón la Palabra de la Majestad y la Manifestación Divina, puede llegar a encontrarse en un estado en el que sus labios permanezcan sellados y su lengua pegada al paladar, y con su solo corazón comienza a llamar ALLAH... ALLAH. En el lenguaje de los sufis, esta Remembranza se llama walad al-qalb (el niño del corazón).

Cuando se dicen las alabanzas a Dios, hay que poner atención en el número de repeticiones que se hacen. Es necesario hacer la Remembranza por lo menos cinco mil veces durante el día y la noche, es decir en un lapso de veinticuatro horas. Mejor aún si se excede de este número. Si se repite ALLAH mil veces después de cada uno de los cinco rezos prescritos, serán cinco mil en un día. Obligación diaria importante para todo el que desea andar por el Camino es afirmar la Unidad Divina por lo menos setecientas veces, repetir el Nombre de la Majestad (ALLAH), quinientas veces y el Nombre de la Esencia (HU) quinientas veces.

Los que quieran progresar con mayor rapidez hacia la Unión con Dios, deben recitar por lo menos setecientas veces la Afirmación de la Unidad, seguidas de cinco mil Nombres de la Majestad y quinientos Nombres de la Esencia. Los que puedan practicar esto, pronto alcanzarán la Unión. Este es un consejo general. Hay casos excepcionales, porque Dios, en su Misericordia, todo lo abarca, Alabado sea.

Otro consejo importante es éste:

Si un pensamiento mundano entra en el corazón durante la Remembranza, se debe decir: "Dios mío, Tú eres mi meta; lo único que deseo es el noble placer que Tú me das". Antes de comenzar la Remembranza, se debe repetir ASTAGHFIRU-LLAH; por lo menos quince o si no veinte, setenta o cien veces. Esto significa: "Dios mío perdóname: imploro Tu perdón". Antes y después del zikr, una forma de asegurarse la aceptación a los ojos de Dios es recitar bendiciones para el Más Noble Mensajero, que Dios le dé la paz, por lo menos quince o veinticinco veces.

El Mensajero Bienamado de Dios expresó: "Cuando una criatura comienza a proclamar la Unidad Divina, el Trono del Todopoderoso empieza a temblar, y sigue temblando hasta que Dios, Señor de la Majestad y la Perfección perdona a esa criatura".

Antes de iniciar cualquier acto de adoración de los prescritos en el Libro de Dios, debe uno arrepentirse e implorar el perdón de Dios, Alabado sea. Este es un remedio para el pecado y la desobediencia: triturar la hoja del arrepentimiento y la raíz de la súplica - del - perdón con la mano de la Afirmación de Unidad en el mortero del corazón; humedézcase la mezcla con lágrimas, cocínese en el fuego del amor y sírvase con la cuchara de la conformidad. Esta receta ha sido probada por gente de profundo conocimiento, con excelentes resultados.
Aquéllos que desean seguir este camino deben buscar solamente la Esencia del Creador y desear únicamente el Placer Divino. No deben atarse a nada material ni espiritual, ni a los estados internos, ni a las experiencias y revelaciones, ni a la santidad y los poderes carismáticos; deben buscar sólo a Dios Todopoderoso con absoluta integridad y sinceridad. No tendrán meta alguna ni deseo fuera de Dios, Alabado sea, rezando así: "Dios mío, Tú eres mi meta. Lo único que deseo es Tu Divino Placer". Esta abnegación es una de las marcas del amor y del amante.

El amante debe tomar cada respiración como si fuera la última, y acordarse del Señor con cada respiración. Debe pensar en cada oración que hace como si fuera la última de su vida, en cada sesión de Remembranza a la que asista como si también fuera la última. Jamás, ni por un solo instante, abandonará o descuidará la Remembranza de Dios, estando siempre listo y preparado par la muerte; constante en la Remembranza, firme en al oración, inmune a la negligencia.

El amante debe estar consciente del desafortunado fin que le espera -Dios no lo quiera- si alguna vez descuida la Remembranza y en ese momento su espíritu abandonara el cuerpo. Por eso debe ser extremadamente meticuloso y atento en ese respecto.
Pero el amor es espiritual. Muy pocos pueden captar los secretos espirituales a través de lo material, ya que esto sólo es posible por medio de la Gracia y la Guía de Dios.
Si quienes aman a Dios con amor perfecto, siguen al Noble Mensajero, Él los amará también, como nos lo afirma llanamente en su Prueba Poderosa el Sagrado Corán en los nobles versos 31 y 32 del glorioso Sura Al'Imram: "Si amáis a Dios, seguidme. Dios os amará y perdonará vuestros pecados, pues Dios es Indulgente y Misericordioso".

Siguiendo el ejemplo del Noble Mensajero, que Dios lo bendiga y le dé la paz, se llaga primero a la Ley Sagrada y luego al Camino Místico, después a la Realidad, y finalmente al Conocimiento Interno. Es decir, la Ley Sagrada es la puerta que da acceso a la Develación del Amor. A una casa solamente se debe entrar por la puerta. El Camino Místico corresponde a las habitaciones de la casa, la Realidad al cofre que ahí se guarda y las joyas guardadas en el cofre al Conocimiento Interno. Si no entramos a la casa no podremos entrar a la habitación. A menos que entremos a la habitación, no podremos encontrar el cofre. Si no hallamos el cofre no se puede tomar el tesoro. Por supuesto, el dueño de la casa puede regalar algunas de las joyas a alguien que no ha entrado a la casa ni a la habitación, ni conoce la ubicación del tesoro ni su contenido. Pero es bien sabido que son muy pocos los que logran su objetivo por este medio. Sólo el verdadero dueño de todos los tesoros, que es Dios, Alabado y Glorificado sea, sabe quiénes son ellos. Así ha sido y siempre será la costumbre de Dios. El ser maduro que se aventura en el Sendero del amor tiene el deber de no escatimar esfuerzos y avanzar con paso firme hasta llegar a la meta.

Dejo a la perceptividad del lector juzgar el grado de sinceridad del amor de alguien que protesta ante su amante con objeciones como esta: "Te amo, pero los servicios y deberes que me impones en este camino son demasiado pesados para mí y no puedo llevarlos a cabo. La carga que me das es superior a mis fuerzas".
Supongamos que el ser a quien amas dice: "Abre la puerta de la casa y entra. Ven a mi habitación a reunirte conmigo". Si a esto respondes: "No puedo abrir la puerta, no puedo ir a tu habitación. Es demasiada molestia para mí, es muy complicado". Seguramente el ser amado entonces dirá: "No hay otra forma de hacerlo. Si se te dificulta abrir la puerta y no vienes a mi habitación, nunca podrás encontrarme para unirte conmigo".
Si eres un amante verdadero y auténtico, debes estar acostumbrado a hacer lo imposible para cumplir las órdenes de la persona que amas, aún arriesgando la vida. Desde luego, puede también suceder que el amado o la amada se digne venir hacia ti.

Como hemos dicho, la Ley Sagrada es la palabra del Príncipe de los Mensajeros, mientras que el Camino Místico son los Hechos del Profeta Bienamado de Dios. Por lo tanto, ¿cómo podrá alguien que no tiende a la palabra inspirada del Profeta, que Dios lo bendiga y le dé la paz, que no sigue el ejemplo de sus hechos, que no experimenta sus éxitos a través del conocimiento de la Realidad, cómo podría alguien así acercarse a los Misterios que constituyen el Conocimiento Interno del Mensajero? Quienes no observan las palabras, hechos y estados del Príncipe de los dos mundos, si actúan de acuerdo con la Ley Sagrada ¿acaso podrán alcanzar su secreto? Todas las cosas se dan paso a paso y por grados sucesivos. Todo edificio tiene cimientos y hasta la escalera más alta tiene un primer peldaño. El mismo principio se aplica en los planos espiritual y material. No se puede estudiar la secundaria, para no hablar de la universidad, sin haber cursado la primaria. Aún si esto fuera posible, no se obtendría ningún beneficio. Al no comprender los estudios, no seríamos capaces de asimilar la instrucción y sería sólo una pérdida de nuestra preciosa vida. Una persona necesita saber de dónde viene y adónde va, por qué viene y por qué va; debe entender la razón de su existencia. "Man'arafa..." significa, en árabe, "el que se conoce a sí mismo y conoce a su Señor"; el que logra captar el secreto que encierra este concepto, entiende el significado de la vida. La regla de los dos mundos es servir a la Verdad. Sólo verdaderamente sirviendo a la Verdad es posible ser aceptado en la presencia de la Verdad. Dios, Alabado y Glorificado sea, ama a quienes aman Su Esencia Divina. Dios Magnificado y Glorificado sea, creó al hombre, a Adán y a toda su descendencia, a los ángeles, a los "jinns", y a todas las demás criaturas, para que conocieran y sirvieran a su Esencia Divina.

Alcanza la Verdad el que a la Verdad sirve;
el que sirve contempla de la Verdad el secreto.
El servicio comienza con la fe y la creencia, el amor y el afecto.
El punto de partida o el fundamento de la fe religiosa es la Ley Sagrada. Su techo es la Realidad; su contenido, el conocimiento Interno. Un edificio sin cimientos, paredes, ni techo, no puede ser. El soberano no visitará una ruina.

Un corazón sin amor es la casa de Satán. La Verdad no visita un corazón sin fe. Para merecer la visita del Rey, la casa debe estar bien conservada. Para recibir al Rey de Reyes, la casa debe estar adornada con la fe, el amor y el afecto, y debe lucir impecable. Por esto, el trabajo debe comenzar con la sinceridad perfecta y con la Ley Sagrada; la casa del corazón debe estar perfectamente aseada y engalanada con el Camino Místico; se debe alcanzar la Realidad y lograr el Conocimiento Interno. Los pasos siguientes son la Centralidad y la Proximidad... Los que alcanzan la Centralidad son firmes y constantes en el Servicio Devoto. Este es el estado de Muhammed, Virrey de Dios y Hombre Perfecto. Este estado consiste en ser espejo de la Verdad. El estado de Muhammed es el estado de servicio devoto a Dios, Alabado y Glorificado sea. Es por esto que en el Testimonio de la Creencia, de entre los atributos del Profeta, su calidad de Siervo de Dios se menciona primero que su calidad de Mensajero (".... y testifico que Muhammed es Su sirvo y Su Mensajero").
Sin embargo, no debemos hacer el vano intento de comparar nuestra condición de siervos a la del Profeta Bienamado de Dios. Porque si ponemos el servicio de todas las criaturas en un lado de la balanza y el del Profeta en el otro, sin duda pesará más el platillo del Mensajero de Dios.

El principio del servicio a Dios es la Afirmación de Su Unidad y es también el fin. La parte interna y la externa, son asimismo iguales, son Tawhid (Unidad).
Haz de tu corazón un Paraíso con el jardín de Tawhid,
da a tu mente la fragancia del perfume de Tawhid.
Viajes sin fin a la Caaba, negra y radiante,
hacen los enamorados cuando contemplan Tawhid.
Aunque tu rostro el error obscurezca,
lo hará brillar de nuevo la luz de Tawhid.
Se levantó del Trono, vio pasar hombres y jinns
el que ascendió en el éxtasis de Tawhid.
Oh Niyazi, con un solo rayo de Tawhid,
se levantan dieciocho mil velos del corazón.




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