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Capitulo 12
El Guía Espiritual
Estas son las obligaciones
que deben observarse en relación con el guía espiritual.
Es conveniente conocerlas a fondo e incluso aprenderlas de memoria:
1-Buenos hábitos
vinculados con la pureza de intención:
Con el fin de congraciarse con Dios, el amante debe controlar cuidadosamente
las manos, el sexo y la lengua.
2-Buenos hábitos
relacionados con el lazo de Unión:
El amante debe mantener al sheikh constantemente en su pensamiento. En
ausencia del Sheikh, debe observar la misma conducta que se impone en
su presencia.
Jamás ha de descuidar el amoroso servicio a su sheikh, comportándose
siempre como si el estuviera allí.
3-Cuando se encuentre
en la presencia del sheikh debe poner extraordinaria atención en
su conducta.
4-Al dirigirse al
sheikh, hay que ser extremadamente cortés y atento en las palabras
tanto como en el comportamiento en general. Si se le presta atención,
no debe envanecerse en ello, ni sentirse ofendido al recibir una amonestación.
5-El amante debe
considerar un privilegio el que se le permita servir al guía espiritual,
y debe hacerlo con fe y devoción.
6-Debe dirigirse
a su sheikh con extremada cortesía cuando tenga que solicitar de
él algún beneficio, ya sea espiritual o material, el don
de la sinceridad o la paz interna.
7-Es preciso conducirse
con la mayor propiedad cuando se reciten los pasajes obligatorios del
Corán y la Remembranza.
8-Durante los ejercicios
espirituales y la lucha contra el yo inferior, hay que tener especial
cuidado de comportarse correctamente.
Como hemos dicho,
el primer deber es comportarse con pureza de intención. No hay
que olvidar que todos los actos son juzgados de acuerdo a la intención
que hay detrás de ellos. Por eso, cualquier cosa que haga el amante,
cualquier acción que realice, debe hacerla por amor a Dios. Los
actos que se llevan a cabo con sinceridad y por amor a Dios, son aceptados
y aprobados por Él. Pero las cosas que se hacen para que las vean
los demás, para obtener la aprobación y las alabanzas de
los hombres, pueden estar adulteradas por la hipocresía. Las acciones
que se llevan a cabo con la intención de obtener el beneplácito
de la Verdad y por amor a Dios son aceptadas y recompensadas por Dios,
Alabado sea. Las acciones que se efectúan para que otros las vean
y que están de alguna manera mezcladas con la hipocresía,
pueden quizás atraernos la estimación de nuestros semejantes,
pero quien hace ostentación hipócrita no puede beneficiarse
en el Más Allá. Aquellos que trabajan para fines mundanos
pueden ganar el mundo y obtener todo lo que quieran. Pero quienes trabajan
por el Más Allá recibirán su recompensa en el Más
Allá. Los que sienten gratitud hacia Dios Todopoderoso pronto tendrán
un premio seguro. Esta verdad se afirma de manera inequívoca en
el Corán. Por lo tanto, quienes buscan la verdad y el beneplácito
de Dios deben hacer todo lo que hagan con la auténtica intención
de complacerlo sólo a El.
La segunda obligación se relaciona con el Lazo de Unión.
Por amor a Dios, el discípulo sincero en el camino de Dios, debe
dirigir su corazón, con la ayuda de su sheikh, hacia la Divina
Majestad. Debe buscar sólo a Dios, Alabado Sea, y estar en armonía
con la verdad; no debe buscar este mundo ni el Otro, sino a Dios mismo,
exclamando: "Dios Mío, Tú eres mi guía, Tú
eres mi meta, complacerte es lo único que deseo". El amante
deja los Nombres por lo nombrado, busca la Esencia, por esto no es apropiado
dirigirse a los atributos. Volverse hacia la Esencia, buscar la Esencia,
es ciertamente más elevado que buscar los atributos. Los que buscan
la Esencia de Dios no pueden y no deben perseguir este mundo ni el Más
Allá, porque su único fin es la Esencia. Y la Esencia es
indudablemente mucho más excelsa que los atributos. Además,
el que posee la Esencia por ende poseerá los atributos. El que
sólo posee los atributos no puede poseer la Esencia.
La tercera obligación del discípulo es comportarse correctamente
en la presencia de su guía espiritual. En ausencia del sheikh,
el discípulo se comportará exactamente como si el sheikh
estuviera presente, cumpliendo sus deberes al detalle y siendo extremadamente
cortés y correcto en todas partes y en todo lo que hace.
La creencia y la convicción de que aunque nosotros no podemos ver
a Dios El nos ve donde quiera que estemos y hagamos lo que hagamos, transforma
la sumisión pasiva de nuestro ser en bondad activa y nos lleva
a la condición de la creencia perfecta. El conocimiento de que
Dios, Alabado Sea, está más cerca de las criaturas que las
arterias de su propio cuello, aumenta el amor y la añoranza de
Dios en el corazón del discípulo por el camino que conduce
a Dios, Señor de la Majestad y la Perfección. Para aquellos
que están unidos con el sheikh por ese vínculo, esta unión
se convierte en una poderosa ayuda en el viaje hacia Dios.
Un discípulo perfecto y maduro debe sentir el más alto afecto
hacia la persona del guía de sus acciones, y el ejemplo de su obediencia
a la Verdad.
Con toda seguridad la influencia espiritual del guía no abandona
nunca el corazón del aspirante que logra sentir tal amor.
¿Cómo puede haber separación cuando una persona no
es capaz de olvidar al ser que realmente ama? Su mente, pensamientos y
memoria siempre están con el Amado. Por eso, cuando el discípulo
sincero se acerca a su guía espiritual con el respeto y el amor
debidos, siempre tendrá la compañía del sheikh en
su viaje espiritual y la presencia del guía será constante
en la mente del amante. Gracias a las mercedes y bendiciones de que gozará
en ese estado, el discípulo ferviente fácilmente alcanzará
el placer de la Verdad. Se le llama Lazo de Unión al acto de fe
que consiste en creer firmemente que esto es así. El respeto y
estima en que el discípulo tiene a su guía es tal que lo
lleva a olvidarse de sí mismo, pero nunca deja de estar pendiente
de su maestro. En este nivel, la dualidad de discípulo y maestro
desaparece y el aspirante es aniquilado en su guía. El Grado de
Aniquilación en el sheikh que resulta de la sinceridad del discípulo,
es concedido por Dios, Alabado Sea, como un inmenso favor hacia el que
tiene fe en Él. El éxito Divino alcanzado por el Guía
comienza a ser logrado por el discípulo también. Esta es
una bendición muy grande del Señor. Al discípulo
que tiene el privilegio de alcanzar esta bendición divina se le
conceden cuatro grados distintos:
El grado de Aniquilación
con el Sheikh
El grado de Aniquilación en el Santo Fundador de la Orden
El grado de Aniquilación en el Mensajero
El beneficio supremo de la Aniquilación en Dios
Aquellos que son
aniquilados en Dios, Alabado Sea, y se vuelven inmortales con la Verdad
se regocijan con Él y alcanzan el Sitial de la Veracidad.
El discípulo que desea servir a su guía, debe estar absolutamente
en estado de ablución ritual. Esta ablución debe ser tanto
interna como externa. Los cuatro elementos obligatorios de la ablución
ritual: lavarse con agua las manos y los antebrazos, lavarse la cara,
humedecerse una cuarta parte de la cabeza y lavarse los pies hasta los
tobillos. Los siguientes pasos son optativos pero recomendables: enjuagarse
la boca y la nariz después de lavarse las manos, peinarse la barba
con los dedos mientras se lava la cara; y lavarse tres veces cada una
de las partes mencionadas, excepto la cabeza.
En cuanto a la ablución interna, el amante que desea servir a su
guía espiritual, debe dedicarle el mismo cuidado y atención
que a las abluciones externas que acabamos de describir. Así como
la ablución externa limpia el polvo de las manos, los brazos, el
rostro, los pies, etc., la ablución interna purifica y limpia todas
esas partes del cuerpo del polvo espiritual. Mientras el polvo físico
que se adhiere al cuerpo puede lavarse con agua, el agua no basta para
desaparecer el polvo espiritual. A esto se debe en los lugares en donde
el agua escasea sea obligatorio lavarse con arena o tierra limpia (tayammum),
como un símbolo de la limpieza interna, para enfatizar la importancia
de la ablución espiritual, por lo tanto, cuando se hacen las abluciones
externas se debe pensar en estas cosas y repetir la fórmula BISMI-LLAH-I-RAHMAN-I-RAHIM
(En el Nombre de Dios Todo Misericordioso y Compasivo), declarando la
intención y dirigiéndose a Dios con las siguientes palabras:
"Dios mío,
no llevaré mi mano hacia ninguna cosa que Te cause disgusto. No
abriré mi mano para suplicar a nadie más que a Tu Esencia
Divina. Si, desde la última vez que hice las abluciones, he puesto
la mano sobre algo que Te desagrade ya sea inconscientemente, por equivocación
o por distracción, que así como se limpian mis manos con
el agua, me limpie espiritualmente también".
Lavarse entre los
dedos significa simbólicamente desprenderse del amor por las cosas
de este mundo. Mientras se enjuaga la boca tres veces, de acuerdo a la
práctica recomendada, como ablución interna hay que pensar
en estas cosas y dirigir a Dios Todopoderoso la siguiente súplica:
"Oh Señor,
con esta boca he recordado Tu Esencia Divina, proclamando Tu Unidad, recitando
Tu Libro y pronunciando alabanzas y gracias a Ti. No la usaré para
murmurar, mentir, ni decir palabras falsas y perversas en contra de los
demás; no la ensuciaré con palabras innecesarias, vacías
y sin sentido, con palabras de incredulidad, abuso o vituperación.
Haz que por Tu gracia tales palabras no salgan de esta boca mía
y concédeme sólo aquellas cosas que sean buenas y lícitas
y que cuentan con Tu beneplácito".
Así como la
boca se puede limpiar con agua y con la punta de un palillo -llamado miswak-
con el cepillo de dientes y pasta dentífrica, o en su defecto,
puede igualmente frotarse con los dedos, de igual manera la ablución
interna se hace pensando en las cosas arriba mencionadas y declarando
nuestra intención.
Sólo así es posible evitar las cosas prohibidas por Dios,
Alabado Sea, y estar conscientes de ellas para de esta manera asegurar
la limpieza interna y espiritual de la boca.
De la misma manera, al enjuagarse la nariz tres veces hay que decir:
"Oh Dios Mío,
vuelvo el rostro únicamente hacia Tu Esencia Divina, sólo
a Ti ruego y suplico, de nadie más que de Ti lo espero todo. Tu
divina aprobación es todo lo que busco. Concede a mis ojos la vista
de Tu bendita instrucción. Que contemple las bendiciones de Tu
Paraíso y de Tu belleza Perfecta".
Cuando llegue el
Ultimo Día, día en que el rostro de los que no creen se
tornará sombrío y sus ojos se cegarán, haz que mi
rostro brille, no borres de mi frente la huella de la postración,
que mi semblante brille con la luz del Corán y el esplendor del
Amado del Todopoderoso; y así como hiciste humano este ordinario
rostro mío, haz que mi rostro interno y mi rostro espiritual sean
humanos también.
En el noble Corán
encontramos evidencia de lo anterior en los versos que prescriben la ablución
como obligación religiosa. Esto es lo que Dios, Alabado Sea, manifiesta
en su Noble Corán.
"Oh creyentes,
cuando llega la hora de hacer la oración, es preciso lavarse las
manos y los rostros".
Esto significa que
los seres humanos tienen un rostro interno y un rostro externo, y es por
esto que el Glorioso Mandato Divino usa la forma plural "manos"
y "rostros" en lugar del singular "mano" y "rostro".
Sí, durante la ablución interna, debemos estar conscientes
de esto mientras lavamos nuestros brazos en la ablución externa,
haciendo esta humilde súplica y declarando nuestra intención:
"Dios mío,
que mis brazos no actúen en contra de Tu Divino Beneplácito.
Que no abracen más que por Tu amor, que escriban por Tu amor, que
trabajen para Ti, que luchen por obtener Tu Divina Aprobación.
No usaré mis manos ni brazos para los fines del mal, no escribiré
para el mal; no heriré a nadie golpeándole sin justa causa.
Más aún, te ruego que pueda recibir el recuento de mis actos
desde la derecha y en mi mano derecha, y que no sean mis manos encadenadas
ni sea yo arrojado al fuego del Infierno".
De la misma manera,
al lavarse la cabeza hay que decir:
"Dios Mío, has coronado mi cabeza con la fe verdadera. No
retires nunca esa poderosa corona de mi frente, ni me destierres con los
que no tienen fe".
Al mojarse la nuca
y las orejas:
"Oh Señor
permite que mis oídos escuchen solamente las palabras de la Verdad;
no me dejes oír nada que te disguste. Con la misma gracia con la
que me has llamado "creyente" en este mundo, haz que goce de
esa misma denominación en el Día de la Resurrección.
No des a mi cuello la carga de la falta de fe y la hipocresía,
después de que lo has honrado con el privilegio de tu servicio.
No le des la carga del pecado y la rebeldía. No le ciñas
el yugo y las cadenas del Infierno".
Finalmente, al lavarse
los pies:
"Oh Señor,
encamina mis pies firme y constantemente en los caminos que Tu guías.
No permitas que mis pies se alejen del sendero que lleva a Tu Divino Placer,
Tu Aprobación, Tu Paraíso y Tu Belleza. Permíteme
caminar, hasta el último aliento en el Camino Recto. Prometo que
no iré a donde Tu Beneplácito no esté, sino que mis
pasos me llevarán únicamente a donde pueda encontrar Tu
Divina Aprobación".
Los amantes que lleven
a cabo esto al pie de la letra, de manera precisa, al tiempo que hacen
su ablución externa habrán realizado también la ablución
interna, combinando y completando las dos en un solo acto, quien comience
las abluciones con BISMI-LLAH-I-RAHMAN-I-RAHIM, y las termine diciendo
AL-HAMDULILLAH (Alabado sea Dios), y repita la Afirmación de la
Unidad Divina y la Profesión de Fe mientras se lava cada parte
del cuerpo, habrán hecho una ablución perfecta interna y
externamente, acatando así el beneplácito de Dios, Alabado
Sea. Tal es la ablución de los amantes de Dios. Los que son piadosos
formalmente nada más, hacen sus abluciones solamente con agua,
y sin duda tendrán su recompensa. En cuanto a los amantes que realizan
las abluciones interna y externamente, mezclando el agua con sus propias
lágrimas ya que se lavan con llanto hirviente, caldeado por el
fuego del amor en sus corazones, ellos están en la presencia del
Rey, arrebatados, ebrios y perdidos en la maravilla del amor.
Por esto, el guía espiritual les recuerda sin cesar a los que aman
a Dios y buscan la Verdad que deben mantenerse siempre en estado de ablución.
Les recomienda y enseña a ser impecables en las abluciones. En
todo caso la Sagrada Ley recomienda conservarse constantemente en estado
de pureza ritual. Pero en el Camino Místico de Muhammed es necesario
y obligatorio hacerlo así en obediencia a la orden del guía.
Por lo tanto, para aquellos que desean servir al sheikh, el conservarse
en estado de ablución es un prerrequisito. El cumplimiento de esta
condición conlleva innumerables ventajas. Significa estar siempre
listo y preparado para adorar a Dios. Además, felizmente, es un
hecho que el que mantiene constantemente el estado de ablución
no será afligido de apoplejía.
El amante debe siempre arrepentirse de sus pecados, deficiencias y descuidos.
Al mismo tiempo, debe pedir Clemencia para todos los creyentes. Pedir
clemencia significa decir: "Dios mío, te suplico que me perdones".
El amante, como regalo al espíritu de su guía, ha de recitar
el glorioso Sura al-Fatiha y el noble Sura al-Ikhlas. El amante debe vincular
su corazón al corazón de su guía, y en este vínculo
debe ser absolutamente sincero y afectuoso. Pues hay un camino de corazón
a corazón. Gracias a su amor perfecto hacia su guía, el
discípulo sabe con certeza que la influencia espiritual de su guía
lo acompaña en dondequiera que esté. Pues ya sea que esté
dormido, despierto o soñando, el espíritu de su guía
nunca se aleja de él. Ya que el guía espiritual es el medio
por el cual el discípulo alcanza su objeto y su estación,
hay unanimidad entre la Gente de la Realidad en cuanto a que éste
no debe perder la consciencia de su guía ni siquiera por un segundo,
que si se olvida de él por el lapso de un parpadeo, el aspirante
no puede ser aceptado como buscador de la Verdad.
El discípulo fiel debe servir a su guía sin mirarlo a su
cara. Ha de pensar que la presencia del sheikh es como una fortaleza,
y comportarse tan mansa y dócilmente como si fuera un fugitivo
que hubiera sido recapturado después de haber desertado del servicio
de su rey. No deberá sentarse en su presencia, a menos que le sea
indicado por su guía. Si tiene algún problema, con la Ley
o de Jurisprudencia Sagradas o relativo al Camino Místico, preguntará
sobre ello con respeto y cortesía, hasta encontrar la repuesta
a su problema. No debe decir ni una sola palabra sobre sí mismo,
y en la presencia de su sheikh nunca debe conversar con sus hermanos.
Sin importar su edad, ni su antigüedad en la Orden, debe evitar hablar
en la presencia del sheikh, porque la conversación en voz alta,
con sus hermanos o con otras personas, puede ser un obstáculo para
el progreso espiritual, abriendo el camino del fracaso y la desilusión.
Se derivan muchas ventajas al abstenerse de hablar en la presencia del
sheikh; 1) el honor y el respeto por el sheikh y su posición y
2) la extremada cortesía.
Así como la persona enamorada no aparta los ojos de su amado, de
la misma manera debe comportarse el discípulo en presencia de su
guía. Su actitud ha de ser la del amante hacia el amado. No prestará
atención a las personas que se encuentren sentadas con el sheikh;
antes bien procurará aumentar su respeto, cariño y reverencia
por su guía. Ya que todos estos sentimientos se dan por el amor
a Dios y a su Mensajero, lo que aparentemente se hace por el sheikh, va
en realidad dirigido hacia Dios, Alabado Sea, y hacia el Mensajero. Por
esto es necesario permanecer calmado y humilde ante el sheikh, rogar y
suplicar que se llegue a alcanzar la meta y satisfacción de los
deseos y estar internamente resignado.
Puesto que el discípulo reconoce a su guía como representante
del Mensajero de Dios, que la paz sea con él, no puede olvidar
que el respeto y la obediencia al guía, son respeto y obediencia
al Mensajero, mientras que la desobediencia al guía es realmente
rebelión en contra del Mensajero y del propio Dios. Lo anterior
está expresado claramente en un noble Hadith, mismo que deberían
escuchar todos los incautos y cuy sentido es el siguiente:
"Obedecerme es obedecer a Dios, Alabado Sea. Desobedecerme es desobedecer
a Dios, al Señor de la Gloria y la Perfección. Obedecer
a tu jefe es obedecerme a mí. Desobedecer a tu jefe es desobedecerme
a mí".
Los que alcanzan la sabiduría son los herederos de los Profetas.
Otro hadith nos dice: "El sabio en medio de mi pueblo es como el
Profeta en medio de su comunidad".
Aún otra de las Tradiciones del Profeta dice: "Los sabios
de mi Comunidad son como los Profetas de los Hijos de Israel".
Vemos claramente que la reverencia que los derviches de la fraternidad
dedican a los guías es la causa de su avance y elevación.
El otro lado de la moneda es que despreciar o minimizar al guía
es causa del retroceso en el Camino Místico. Un corazón
incauto en la presencia del sheikh, y la oposición a él,
el desprecio o el comportamiento irrespetuoso provocan la separación
entre el guía y el discípulo, y como resultado final, éste
llega a perder el afecto de aquél. La gente de la Verdad ha dicho:
"Caerse desde el séptimo piso es una suave caricia en comparación
con la caída del corazón y el afecto del guía espiritual".
Todo el que habla dulce y razonablemente, para agradar a Dios, y con respeto
hacia el maestro que es el sheikh, será perdonado y gozará
del triunfo y la salvación.
No se debe pretender estar de acuerdo con las palabras del sheikh, cuando
lo contradecimos realmente en nuestro corazón. Porque el discípulo
que se opone y contradice a su guía, ya sea de hecho o en su corazón,
nunca encuentra la liberación. Esto es así porque la gente
de Dios algunas veces lleva en sí una importancia y un poder que
proviene del Poder Puro. Existen también el poder y el peso basados
en la sabiduría. Cuestionar las acciones del sheikh, inquirir sobre
su causa y motivo, oponerse al sheikh o contradecirle, aunque sólo
sea en el corazón; atreverse a disputar u objetar; todas estas
cosas constituyen una conducta tan impropia hacia este santo ser, que
amenazan con destruir al discípulo que se comporta de manera tan
malvada y alevosa.
Jamás hay que olvidar que la voluntad del guía no reside
en él mismo sino en la Verdad. Sus acciones no pueden ser tomadas
por su valor aparente, ya que tienen muchas causas y motivos ocultos.
Por lo tanto uno debe estar en actitud de aceptación total, aquietar
el corazón, mantenerse en silencio y no decir nada.
¡Buscador de la Verdad!
Como hemos dicho, es absolutamente impermisible en el Camino Místico,
hablar con el guía de una manera informal. Esto solamente se permite
cuando así lo exige la solución urgente de algún
problema religioso o inclusive mundano. Cuando se tiene un sueño
o alguna revelación que se ha tenido la bendición de recibir,
hay que esperar y escuchar con mucha atención cuando el guía
da una interpretación. Si no da ninguna, no se debe jamás
insistir en preguntar.
Hay que aceptar que el sheikh debe tener buenas razones para guardar silencio.
Como hemos mencionado, la quinta regla respecto al guía es la del
servicio del sheikh. Este servicio puede ser de índole física
o financiera.
El servicio al sheikh debe realizarse en la creencia de que en última
instancia es para Dios y su Mensajero, y en el conocimiento de que es
un grande y bendito favor de Dios, Alabado Sea.
Se debe estar contento y agradecido por el privilegio de poder servir.
La tarea asignada no debe molestar o llevarse a cabo con renuencia porque
de esa manera se perdería el beneficio espiritual. Quien sirve
y trabaja por amor a Dios, con seguridad será recompensado en este
servicio; las peticiones del sheikh deben tomarse como órdenes
que hay que obedecer sin demora, sin importar lo difícil que eso
sea. Sin embargo, la Ley Sagrada no obliga al cumplimiento de una orden
que pueda conducir a un acto de desobediencia a Dios, pues no puede ser
lícito obedecer a una criatura y desobedecer a Dios Todopoderoso.
No obstante en el Camino Místico el discípulo está
obligado a obedecer a su sheikh, pues debe saber que será sometido
a pruebas y tener absoluta confianza en las buenas intenciones de su sheikh.
Esta firme convicción le hará pensar:
"Sin duda, mi guía jamás me haría desobedecer
a Dios. Lo que me ha ordenado, aunque contradice la Ley Sagrada, seguramente
se basa en alguna sabiduría oculta".
ES un hecho conocido que los guías perfectos prueban y corrigen
a sus discípulos imponiéndoles tareas aparentemente ilícitas
en el curso del entrenamiento espiritual. Estas cosas sólo las
puede comprender quien ha alcanzado la madurez del entendimiento.
Había una vez un alumno que padecía la enfermedad de la
santurronería. Con el fin de corregirle este defecto de carácter,
su sheikh le hizo romper el ayuno de Ramadán durante el día
y en público sabiendo que esto expondría al joven al oprobio
e incluso al encarcelamiento, de acuerdo a la letra de la Sagrada Ley.
Cuando terminó el Ramadán, el Sheikh ordenó al discípulo
que ayunara sesenta días consecutivos como penitencia, más
otro adicional por aquél en que el ayuno había sido roto.
Existen innumerables guías perfectos como éste, ocultos
a la vista del público.
Otra historia cuenta que había un guía, un ser santo y consciente
que conversaba con Dios. Cuando estaba por irse al mundo de la eternidad,
quiso informar a sus discípulos de los estados que habían
alcanzado, darles a conocer el grado de sumisión al sheikh, e indicarles
quién de sus representantes era el más digno de sucederle
en el cargo. Así que los convocó y les dijo a cada uno:
"Te ordeno que traigas a tu esposa esta noche a mi habitación".
Aunque todos respondieron obedientemente "Así lo haremos,
Efendi", consideraron que ese mandato era ilícito. Se decían
para sus adentros, "¿Cómo puede esperarse que cumplamos
algo tan desagradable y que va en contra de la Ley?", censuraron
al sheikh y decidieron ignorar sus instrucciones. Pues la tarea que les
había sido encomendada parecía a todas luces contravenir
la noble Ley Sagrada y constituía un flagrante desacato a Dios,
Alabado Sea. Por lo tanto era impermisible obedecer a una de sus criaturas
en un asunto como ese.
Mas entre ellos se encontraba un hombre de auténtica sabiduría.
Este para sus adentros pensó: "En todos los años que
llevo de servicio y obediencia a mi sheikh, nunca me ha dado una tarea
en contra de las Reglas de la Ley Sagrada, el Islam, la humanidad o la
moralidad. Debe haber alguna secreta sabiduría en todo esto, que
me es incomprensible. Pero yo tengo absoluta confianza en mi sheikh".
De modo que fue a su casa en busca de su mujer y la condujo a las habitaciones
del sheikh. El sheikh lo mandó abajo a prender la estufa y hervir
agua diciéndole que se disponía a hacer las abluciones rituales.
Luego se metió en la cama, dirigiendo estas palabras a la esposa
de su representante: "Hija mía, estoy a punto de exhalar mi
último suspiro y rendir mi espíritu a Dios. Cuando esto
suceda, te ruego que ates mi mandíbula, los dedos de mis pies,
coloques algo pesado sobre mi vientre y me concedas tu perdón".
Habiendo dicho esto, exclamó: "¡Allah!" y expiró.
Sollozando y gimiendo, la pobre mujer corrió a dar la noticia a
su marido, atareado en encender la estufa y hervir el agua. Habiendo demostrado
su completa sinceridad en la sumisión a su guía espiritual,
fue unánimemente aceptado como sucesor del sheikh.
Damos estos ejemplos para mostrar cómo algunas cosas que pasan
en el Camino Místico aparentemente contradicen a la Ley Sagrada,
cuando en realidad están en completa conformidad con ella. A través
de tales experiencias, muchos han descubierto el significado de estos
misterios y alcanzado la comunión con Dios.
Al ponerse en manos de su guía, como un cadáver en las manos
del embalsamador, el discípulo asegura su progreso espiritual.
El guía es un hábil cirujano del espíritu. Aquellos
que desean convertirse en hombres bajo la influencia protectora de su
trato y entrenamiento, es esencial que se entreguen al guía en
completa sumisión. Sus instrucciones y órdenes encierran
inmensa sabiduría. El que desea alcanzar la meta, ha de obedecer
las indicaciones de su sheikh aunque no comprenda las razones subyacentes
de las mismas. El que ponga objeciones y resistencias, considerando tales
órdenes ilícitas, estará condenado a la inmadurez.
Como ya hemos dicho, la lucha con el yo inferior es el Gran Jihad (Guerra
espiritual). Sólo los seres maduros son aptos para esta contienda.
Guerra significa estrategia y no todos pueden captar la estrategia del
demonio y el yo inferior. Pero los que desarrollan la habilidad de combatir
a dichos enemigos, en ocasiones logran también engañar al
mismo diablo disfrazando la obediencia a Dios de simulada desobediencia,
derrotando así al Demonio en su propio juego y dejándolo
atónito. Hay numerosas historias que ilustran esta afirmación,
más falta el espacio aquí para exponerlo. Siempre que el
discípulo ha hecho una promesa a su guía, está absolutamente
obligado a cumplirla aun cuando sepa que está a las puertas de
la muerte. Ha de hacer a un lado todos sus asuntos hasta que haya cumplido
su promesa, y no deberá demorarse ni por un instante del plazo
señalado por su guía.
La manera apropiada de rendir servicio material o económico al
sheikh es como sigue:
El discípulo debe estar convencido de que tanto la riqueza como
los hijos que Dios le ha dado le han sido graciosamente concedidos como
un favor Divino gracias a la influencia espiritual de su guía en
el Mundo Eterno.
Por esto debe contemplar sus riquezas y sus hijos como pertenecientes
por entero a su guía. Debe verse a sí mismo como esclavo
de su sheikh, y ser consciente de que lo que come, lo que bebe y las ropas
con que se viste llegan a él a través de la generosidad
del sheikh. Si tiene algún presente que ofrecerle, no debe dárselo
en público, sino mandarlo o entregarlo a alguna persona del servicio
de la casa del sheikh. Se sentirá agradecido si su obsequio es
aceptado y dará gracias a Dios, Alabado sea, de que el sheikh no
lo haya rechazado.
Como hemos tratado de explicar, el discípulo debe reconocer y acatar
a su guía como representante vicerregente del Mensajero de Dios,
la paz sea con él, por eso, si el guía lo rechaza, debe
creer que Dios y Su Mensajero lo rechazan también, en tanto que
si el sheikh lo acepta, ellos lo aceptan también.
El discípulo debe mostrarse siempre respetuoso para con el sheikh,
y aún cuando duerma no debe estirar bruscamente las piernas pues
debe creer que el espíritu de su sheikh está siempre presente,
cuidando de él, y que está al tanto, con el permiso de Dios,
Alabado sea, de todos sus movimientos. Debe tratar a su guía con
afecto y respeto, bajo cualquier circunstancia, ansioso y temeroso siempre
de perder esos sentimientos. Debe estar consciente de que su guía,
ya sea en esta vida o en el Mundo Eterno, está siempre dispuesto
a salvarlo con su influencia espiritual, aún al borde de la muerte,
de los engaños y astucias de Satán y derrotarlo. El espíritu
del guía está a su lado cuando se enfrenta a las preguntas
que los ángeles Munkar y Nakir le dirigen en la tumba, y le ayuda
a contestarlas. Hasta en la tumba lo protege de los trucos y estrategias
del Demonio. Satán siempre huye de la influencia del guía
espiritual.
Hermano, si buscas
la Verdad,
sólo hay un camino:
un guía perfecto.
Si buscas del Mensajero la belleza,
sólo hay un camino:
un guía perfecto.
Muchos han llegado
en busca del guía
y al encontrarlo, hallaron la paz.
Puedes leer y tratar de entender.
Sólo hay un camino:
un guía perfecto.
Vamos, hermanos,
que el corazón
de los amantes se desborda.
El Arcángel Gabriel reveló este
secreto de Muhammed:
el guía perfecto es el camino.
Jueces y abogados todos en tropel
preguntan entre sus libros:
"¿Quién te ha dicho esto?"
Sólo hay una respuesta:
el guía es el camino.
Abrir puedes todos
los libros,
Y leerlos si quieres
interprétalos si puedes.
Sólo hay un camino
El Guía perfecto.
Hay sentido en esto,
Dijo Yunus Emre,
Busca a tu guía perfecto,
Busca a Moisés y Khidr,
Sólo hay un camino,
el Guía perfecto.
¡Tú
que eres fiel en el amor!
Debes estar consciente de que el poder espiritual no tiene restricciones
de tiempo ni espacio. Los sabios relatan lo siguiente:
"Cierto día nuestros hermanos se acercaban a la tumba de un
compañero que había pasado a la presencia de Dios, cuando
fue revelada una visión en la cual vieron al espíritu del
guía perfecto que venía en ayuda de su discípulo
para consolarlo y mitigar en él el terror y la soledad de la tumba"
tales sucesos deben atribuirse al Poder de Dios, pues la creencia en el
Poder o la Fuerza de Dios, Alabado sea, es fundamental para la verdadera
fe. En asuntos espirituales como éste, se necesita la simple aceptación,
ya que rebasa la profundidad de la mente. Estos son todos Misterios Divinos.
Es evidente que los Secretos de la Divinidad están fuera de la
capacidad de la razón humana.
Un ser verdaderamente inteligente debe tener la firme convicción
de que su guía es consciente de él y lo observa, con la
venia de Dios, haga lo que haga, y cualquiera que sea su condición
aunque no se encuentre físicamente en su presencia. Sólo
Dios, Alabado y Glorificado sea, conoce el Mundo Invisible, pero también
concede ese conocimiento a quien Él escoge de entre Sus siervos.
Por estas razones, el discípulo no debe depositar su confianza
en sus riquezas y propiedades, rango y situación, vida y salud.
No debe tomar esas cosas en cuenta, sino contar únicamente con
la generosidad de Dios Todopoderoso.
Ninguna posesión material puede compararse con la bondadosa munificencia
de Dios, Alabado sea. Jamás hay que olvidar que ésta es
la fuente de todas las bendiciones.
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