Develacion del Amor
 
 

Capitulo 11:
La ley sagrada y el buscador de la verdad

Como hemos dicho, el camino más corto hacia Dios, Alabado y Glorificado sea, es el Camino radiante que se encuentra al seguir los pasos del Profeta Bienamado. Este camino de luz tiene cuatro puertas, una dentro de otra. Estas radiantes puertas no están una al lado de la otra sino dentro de sí mismas.
La primera puerta es la Ley Sagrada (Shari'a)
La segunda puerta es El Camino Místico (Tariqa), La tercera puerta es La Realidad (Haqiqa)
La cuarta puerta es El Conocimiento (Ma'rifa)

 
 

Más allá de la cuarta puerta hay tres palacios, uno dentro del otro:
El primer palacio es el de la Centralidad Axial (Qutbiya), El segundo es el palacio de la Proximidad (Qutbiya), El tercer palacio es el del Servicio Devoto (Ubudiya ).
No es posible describir con la pluma o definir con palabras el puro deleite y los misterios divinos escondidos aquí. Estas cosas no se pueden conocer sin la experiencia, y sólo la experiencia nos hace poder comprenderlas. No hay forma posible de mostrarlo a alguien que no puede ver. Exclusivamente los que pueden ver, los que pueden gustar, son capaces de alcanzar este puro deleite.
La ley Sagrada consiste en las dulces palabras del noble Mensajero. Se llama también "Discurso del Mensajero".
El Camino místico consiste en las acciones ejemplares del Profeta Bienamado de Dios. Se le dá el nombre de "Hechos del Mensajero".
La Realidad consiste en los estados particulares del Príncipe de los Dos Mundos. Esto se define como "Estado del Mensajero".
El Conocimiento Interno consiste en el secreto del ser más santo, la Merced de la Humanidad. Estos son los "Secretos de Muhamed".

Los seres afortunados y benditos que son admitidos en este secreto, realmente alcanzan la pureza, cortan las rosas del jardín del amor y se regocijan con el Verdadero Amado. Dios, Alabado sea, los ama y ellos aman a Dios. Este amor entre el verdadero amante y el verdadero Amado es un secreto muy poderoso, incomprensible para todo el que no lo haya experimentado.
La Ley Sagrada y el Camino Místico llevan a la meta. La Realidad y el Conocimiento Interno se encuentran en un nivel más profundo.

Como hemos dicho, la primera puerta en el Camino hacia la Verdad es la Ley Sagrada. Pero para quienes tienen el corazón enfermo, para quienes no tienen la luz de la fe, esta noble Ley Sagrada de Muhamed es tan amarga al gusto como la cáscara exterior de una nuez verde. La observancia de la ilustre y Sagrada Ley, correcta y apropiadamente, es decir, realizar obedientemente los actos de adoración que Dios manda, hacer las cosas que nos ha dicho que hagamos, huyendo como de una plaga de las cosas prohibidas por Dios: todo esto le pesa mucho al yo inferior del ser humano. Por ejemplo, la Ley Sagrada nos manda ayunar, cuando el yo inferior preferiría comer. La Ley Sagrada marca que hay que rezar, cuando el yo inferior prefiere la desidia.
La Ley Sagrada nos dice que debemos dar limosna, en tanto que el yo inferior piensa que es dueño de todo lo que tiene y es posesivo con el dinero. La Ley Sagrada prohibe el adulterio y la fornicación, pero el yo inferior, esclavo de su lujuria y pasiones animales, quisiera gozar de la belleza bajo todas las formas en que se le presentan.
¿Cómo podría el ser inferior apreciar la Ley Sagrada, cuando ésta pone obstáculos a todos sus deseos e inclinaciones? Por eso la Ley Sagrada y las benditas palabras del Profeta, tan dulces como la miel, saben tan amargas como la cáscara de una nuez verde al yo inferior, inmerso como está en su propia satisfacción. ¿Acaso la misma miel no es amarga para el que no está acostumbrado a su sabor, o para el que está enfermo?

Quienes tienen el corazón enfermo por la perversidad de su yo inferior, y quienes carecen de la luz de la fe, encuentran la Ley Sagrada amarga como la cáscara de una nuez verde.
Si analizamos el meollo del asunto, es obvio que la Ley Sagrada está enfrascada en una lucha sin cuartel con el yo inferior y esta batalla es más ruda y salvaje que cualquier batalla que se haya librado en contra de los enemigos de la religión y de la patria. Esto es lo que el Mensajero, que Dios lo bendiga y le dé la paz, quiso decir cuando declaró que la lucha contra los enemigos externos constituye lo que se llama al jihad al asghar (el jihad menor), mientras que la batalla contra el propio yo inferior constituye lo que se llama al jihad al akbar (el jihad mayor).

Seguimos la senda Halveti Camino de la Verdad En esta magna campaña Nuestro guía es Alí.
La luz de la Ley Sagrada es el faro que nos guía. La perla de la Ley Sagrada es la corona de la felicidad. El misterio de la Ley Sagrada hace a la criatura que la sigue aceptable a Dios. La Ley Sagrada es lo que hace a los hombres humanos.

La Ley Sagrada es un elíxir cuya dulzura devuelve la vida.
La Ley Sagrada es la que hace que los hombres sean humanos, pues la Ley Sagrada es la luz del Mensajero. La luna llena de la Ley Sagrada muestra la maldad de lo mundano y enseña el camino hacia la Unión. La Ley Sagrada es el sistema de cada uno de los dos universos; la vida de los dos mundos es el océano de la Ley Sagrada. La confusión es el estado del que carece la Ley Sagrada.
El sol de la Ley Sagrada lleva a la plenitud. Actúa de acuerdo a la Ley Sagrada, oh amante, porque conduce al cenit del triunfo.

El palacio de la verdad se funde en la Santa Ley;
el Señor del Camino Verdadero es la Ley.

Esta es la puerta del convento de ta Verdad,
pues el Camino comienza con la Santa Ley.

El final de estos caminos está ahí también;
el Destino final es la Santa Ley.

El grito del heraldo nos llama
a emprender los pasos de la Santa Ley.

Del Profeta la huella es la Ley,
a todos guía la Santa Ley.

En la noche de la ascensión sé su Bienamado,
Dios le obsequió la Santa Ley.

Durante veintitrés años Gabriel le
dio Revelaciones Divinas que son la Ley.

El mundo ciencias varias posee,
la enciclopedia es la Ley.

La ejecución de este yo que no quiere creer,
tal es el juicio de la Santa Ley.

Los alegres guerreros del gran libad
refrescan su valor en la Santa Ley.

Para guiar la caravana en su camino
confiamos en la Santa Ley.

La Realidad es soberana, verdad es,
más su bandera es la Ley.

Los santos no la olvidan,
son amigos de la Santa Ley.

La Ley Santa sostiene a la Tierra y al Cielo,
todo el edificio se apoya en la Ley.

Y los ateos, ¿qué saben de la Ley pura?
el enemigo de tal enemigo es la Ley.

Por su razón saben que de lo alto
viene la orden de la Santa Ley.

Atención, amigo mío, no los sigas,
no desprecies la Ley.

Realidad sin Ley es ateísmo;
la Luz de la Realidad es la Santa Ley.

Si no brilla su luz, ya sabrán:
como la Realidad, la Ley también.

No hay santo que al mundo venga
sin el bastón de la Ley.

La cabeza coronada y los hombros cubiertos,
lo que lo protege es la Santa Ley.

La Realidad es el alma del santo;
por encima de su alma, estd la Santa Ley.

Cuando el cuerpo muere, se va el alma;
la fortaleza del espíritu es la Santa Ley.

Dios no ha decidido que el alma perezca;
la Realidad sobrevive en la Santa Ley.

La Realiad es belleza exquisita;
con el oro se adorna la Santa Ley.

Ningún extraño su rostro ha de ver;
su modestia y honor es la Santa Ley.

La Realidad es sin duda el Trono Exaltado;
el equilibrio del Trono es la Santa Ley.

De todos los Profetas y Santos,
el guía de Niyazi es la Santa Ley.

El yo inferior abarca cuatro aspectos:
El Yo Dominante (al nafs al ammara)
El Yo Crítico (al nafs al lawwama)
El Yo Inspirador (al nafs al mulhima)
El Yo Tranquilo (al nafs al mutma' inna)
El Yo Tranquilo se subdivide en tres grados:
El Yo Satisfecho (al nafs al radiya)
El Yo Complacido (al nafs al mardiya)
El Yo Puro (al nafs al safiya)

Cuando definimos el estado de Conocimiento Interno, describimos estos grados como tres diferentes "palacios".

El Yo Dominante siempre lleva al hombre a las cosas prohibidas por Dios, alejándolo de Sus Divinos mandatos. Para este Yo, la Ley Sagrada es amarga y difícil de cumplir. Quienes están controlados por este Yo, encuentran disgusto en la Ley y tratan de evadirla. Este es el Yo de los no creyentes, pecadores, rebeldes, y de la gente inmoral. Sometiendo a este Yo con la espada de la Ley Sagrada, el ser humano triunfa sobre su peor enemigo; esto significa que, además de poseer la forma humana externa, ha dado el primer paso para convertirse internamente en humano también, se ha comenzado a elevar. Si, por el contrario, el ser humano sucumbe al Yo Dominante, se pierde en una forma de vida animal, y puede llegar aún más bajo que el nivel animal.
Tales personas pueden parecer humanas superficialmente, pero por dentro y en esencia, son peores que bestias hambrientas.

Esto quiere decir que la Ley Sagrada es lo único que hace al hombre realmente humano. Con la ayuda de Dios, aquéllos que tienen fe en El, Alabado sea, y en Su Mensajero, pueden entrar en el Camino Luminoso por la Primera Puerta que es la Ley Sagrada. A continuación se ven envueltos en la lucha con el Yo Dominante, el Gran Jihad, Sin embargo una cosa es hablar sobre este combate contra el Yo Dominante y otra cosa es participar en la acción. La lucha contra uno mismo está muy lejos de ser fácil, pues para triunfar en ella hay que aprender a través de los múltiples trucos y engaños del Yo Dominante, combinado con los susurros que el
Demonio nos manda desde el exterior. Por ejemplo, al guerrero que intenta aplicar los preceptos de la Ley Sagrada en contra de su Yo inferior, le acechan innumerables trampas que si bien no le impiden realizar sus actos de adoración, lo llevan a nulificarlos, perdiéndose en los pantanos de la santurronería e hipocresía.
Basta mirar alrededor ! Todo el mundo reza, pero ¿hay alguien que haga sus oraciones tan bien como tú? Hay mucha gente que ni reza ni guarda ayuno. Pero tú no sólo rezas y ayunas, sino que también das limosna y practicas la caridad. ¿Qué criatura te sobrepasaría en mérito? No seas modesto y tímido, deja que el mundo sepa cómo cumples con el servicio y la adoración a Dios. Dí a todos cómo ayunas y practicas la virtud; que se den cuenta qué musulmán tan perfecto eres tú. Diles que no hay nadie que te pueda igualar. Tan tentadoras sugestiones halagan nuestra auto estima, nos engañan acerca de nuestra piedad, quieren infectarnos con la vanidad y la hipocresía, la envidia y la intolerancia, la sensualidad y el apego a la riqueza y el status. Hacen lo imposible para enloquecernos por obtener fama y reputación. Ya que no pueden, impedirnos adorar y obedecer a Dios, nos llevan a transgredir los preceptos divinos y a salirnos de los límites. Hacen todo lo posible por obligarnos a pecar, tratando de desencaminarnos con sugerencias tales como esta: Dios, Alabado sea, es muy generoso y sabe perdonar; no temas, pues El también te perdonará.
Sólo con la ayuda de Dios podemos escapar a estos y otros trucos y engaños del yo inferior y del Demonio.
Así, vemos que quienes entran por la puerta de la Ley Sagrada tienen que enfrentar muchas dificultades para poder discernir si sus acciones son correctas o no. Como les falta la fuerza para controlar su propio yo, caen en la confusión.
Para los que entrando por esta primera puerta de la Iey Sagrada encuentran los peligros que hemos descrito, la única salvación es tener acceso a la segunda puerta, que es la del Camino Místico y recibe el nombre de los Hechos del Mensajero.

Los que entran por esta puerta deben confiar su yo inferior al control de un guía espiritual perfecto. El que trata de aplicar la Ley Sagrada por sí mismo es como un enfermo que pretende curarse solo. Por lo tanto es más sensato dejar el tratamiento a un médico experimentado. Como el galeno más calificado, el guía espiritual perfecto prescribirá la dieta correcta para el paciente, especificando la dosis y el medicamento, llevándolo rápidamente a la vía de la salud. El guía sana las heridas abiertas por el yo inferior y el Demonio, y se esmera por todos los medios en curar las enfermedades del yo. Lucha por rescatar a su paciente de las insinuaciones, trucos y engaños del yo inferior y del Demonio. Siempre y cuando el aspirante siga las instrucciones y recomendaciones de su guía al pie de la letra, su bienestar aumentará rápidamente y además encontrará facilmente la puerta de la Realidad.

Sin embargo, es un prerrequisito que la persona que sea el guía dentro de la puerta del Camino Místico, sea un sheikh consciente, digno representante del más Noble Mensajero, que Dios lo bendiga y le dé la paz, cuyo carácter se haya formado en la moralidad del Corán y de Muhamed, la paz sea con él, que siga el sublime ejemplo del Profeta, que converse con Dios y esté cerca de El.

Alguien que aparezca con el disfraz de guía espiritual, pero mantenga a la gente lejos de la adoración y la obediencia a Dios, que lleve al siervo a alejarse del servicio, no puede ser un guía espiritual perfecto. Tales personajes diabólicos bajo la forma de guías son desgraciadamente innumerables; gente como ésta son los guías del Demonio. No hay por qué asustarse de esta expresión. Así como hay santos que son guías hacia el Todo Misericordioso, existen también no pocos guías perversos del Demonio.
Que por el amor del Profeta Bienamado, Alabado y Glorificado sea, seamos protegidos junto con toda la Humanidad, de tales Demonios. Amén, en nombre del jefe de los Mensajeros.

Sentados igual que Satanás a la vera del camino que lleva a la presencia de la Unidad, tratan de impedir que la gente alcance la verdad, y en el nombre del camino de la verdad la llevan a perderse en el error. No les basta con atacar a las personas en su fe, sino que hasta se atreven a jugar con sus vidas, propiedades, honor y castidad.

El humilde consejo que doy a los viajeros del Camino de la Verdad es que se mantengan alejados de tales individuos, pues al alejarse de ellos se acercan a Dios, Alabado sea.

El guía espiritual perfecto, en el sentido en que lo entendemos aquí, es recto tanto en su ser como en sus acciones.

Ha alcanzado el honor y la distinción de ser verdadero y digno representante del Guía más grande, que es el Amado Profeta.

Poseedor del carisma propio de Muhamed, no espera nada de nadie más que de Dios. No consume él mismo las bondades que Dios le confiere, sino que alimenta con ellas a otro; no las usa para sí mismo, sino que se las da a los demás para que las usen.
No estorba, sino que ayuda. Protege a sus discípulos y los rescata de todos los tipos concebibles e inconcebibles del mal. Lucha por dirigir a su gente siempre por el camino de la Verdad. Enseña la rectitud y el servicio a la humanidad.

Inculca la compasión y la bondad, como los únicos medios de alcanzar la Unión con el Amor Divino. No envidia los talentos ocultos de sus estudiantes, sino que los saca a la luz, educándolos.

Los que tienen la buena fortuita de conocer a un guía con esas características, descubren la dicha y la felicidad de dos caminos: la Ley Sagrada y el Camino Místico. Alcanzan las puertas de la Realidad y el Conocimiento Interno y llegan al Palacio de la Centrafidad Axial; se sientan en el Trono de la Proximidad y gozan del esplendor del Servicio Divino.

Estos seres benditos y afortunados son aniquilados y logran la permanencia en la Verdad. Logran el estado de la Veracidad y alcanzan el sitial de los Verdaderos a los ojos de Dios, Alabado sea, el Todopoderoso Rey. Entran al Paraíso de la Esencia en compañía de los profetas los que dicen la Verdad, los santos, los mártires y los justos. Reciben la bondad y el favor divinos. Oh Allah, facilítanos el camino, pues Tú tienes el poder de facilitar, Oh Dios.

¡Hermano mío, tú que eres fiel en el amor y buscas la Verdad!
Permíteme que trate humildemente de explicarte la Ley Sagrada con la alegoría de la rosa. La espina de la rosa es el símbolo de la Ley Sagrada, el tallo es el Camino Místico, la flor es la Realidad y el perfume es el Conocimiento Interno.

Para preservar su belleza y su perfume, la rosa necesita de la espina y del tallo; sin espina y sin tallo ni la rosa ni su aroma sobrevivirían, éstos la protejen. De la misma manera, la Realidad y el Camino Místico se preservan gracias a la Ley Sagrada y al Camino Místico. El que quiere la rosa y su perfume tiene que aguantar la espina y el tallo, pero para quien ama la rosa y su perfume esto no es un sacrificio. No hay nunca que olvidar esto: donde hay una espina, crece una rosa. La sobrevivencia de la rosa depende de la espina. Debemos recordar que todos los comienzos son difíciles. Pero por otro lado el Corán afirma claramente que a cada sufrimiento corresponden dos consuelos.

¿Acaso puede alguien, que no ha terminado la escuela primaria, estudiar la secundaria? Si lo hace, ¿tendrá la capacidad de aprender las cosas que le enseñan, y alcanzar el éxito en este nivel educativo? Y los que no terminan la secundaria, ¿acaso están listos para ingresar a la preparatoria? ¿Acaso quienes no son capaces de acabar la escuela superior pueden ingresar a una Universidad?
La Ley Sagrada es la escuela primaria. El Camino Místico es la secundaria. La Realidad puede compararse a la preparatoria, y el Conocimiento Interno es como la universidad.

Si los cimientos y los muros de un edificio no son firmes, el techo no se sostendrá en su lugar. Es imposible vivir en una casa sin techo. Así pues, podemos comparar la Ley Sagrada con los cimientos de una casa; el Camino Místico con las paredes; la Realidad con el techo; y el Conocimiento Interno consiste en la habitabilidad de la casa. Sin la combinación de estos cuatro elementos no se puede decir que exista la casa.

¿Podemos alcanzar la verdadera fe sin cortar las amarras de una creencia imperfecta? ¿Se puede llegar al Paraíso sin cruzar por el estrecho puente? En otras palabras, la incredulidad debe salir del corazón, para que la fe pueda entrar en él.

Para convertirse en monoteísta una persona debe dejar de pensar que hay otras deidades además del Dios Unico.

¿Acaso puede nacer un hombre sin que la semilla sea depositada en el vientre de su madre? ¿Cómo adquirirá la existencia física?

Comparemos a nuestra pareja con la rosa, y a nuestra suegra con la espina; si no fuera por ésta, la compañera a la que amamos no habría nacido. El que no acepta la espina, no puede decir que ame a la rosa. Rara situación sería que alguien incapaz de soportar a la espina, fuera en búsqueda de la rosa.
Quienes desean alcanzar la felicidad perfecta, deben estar listos para enfrentar numerosas dificultades y riesgos. Pero nunca deben olvidar que todos los problemas pueden superarse a fuerza de perseverancia y determinación.

Más aún, el que no sabe que va a morir, no tiene derecho a vivir. El que no puede enfrentarse al esfuerzo de arar la tierra y sembrar no podrá gozar de la cosecha. Quien no resiste ver sufrir a una mujer no conocerá la dicha de la paternidad.

Podríamos dar muchos ejemplos de este tipo, pero sin duda bastan para aclarar el punto. Para resumir, consideremos este último conjunto de comparaciones:

Lo que mejor corresponde a la Ley Sagrada en el Islam, es lo que el yo inferior encuentra difícil y pesado; en el Camino Místico son los beneficios que se obtienen a través de tales dificultades; la Realidad significa estar en el Camino de la Verdad; el Conocimiento Interno es el logro de pura bendición a través de la Unión con la verdad, y la obtención de la soberanía en los dos Mundos.

Cuando la Majestad de la Verdad estaba creando el Paraíso y el Infierno, le dijo al Arcángel Gabriel, que la paz sea con él: "Ve y observa el Paraíso que he creado". Obedeciendo la orden divina, Gabriel fue al Paraíso, y contempló sus bondades y grados, sus pabellones y palacios, quedando encantado y asombrado.

Mas se dio cuenta de que había numerosos obstáculos para entrar al Paraíso y comprendió que tales obstáculos eran las obligaciones religiosas, los abluciones, los rezos, el ayuno, la peregrinación, la limosna, y la lucha sagrada contra el yo inferior (jihad ) Gabriel hizo entonces la siguiente suplica a Allah:

"Oh Señor de todos los mundos, el Paraíso que has creado supera toda descripción. Has preparado tal belleza como no vieran jamás los ojos, o las mentes imaginaran, ni los corazones concibieran. Benditas sean las criaturas que logren derribar los obstáculos para entrar. ¿Habrá alguna criatura que lo logre?"

El Todopoderoso se dignó contestar:
"Hay criaturas mías tan especiales, que me aman y Yo las amo a ellas. Estas ven mis mandatos con gratitud, como corona de su buena fortuna. '

Para estos seres ningún obstáculo puede ser una barrera para entrar al Paraíso; antes bien, los obstáculos se convierten en el medio de su entrada al Paraíso".

Una vez más, por mandato divino, Gabriel, la paz sea con él, descendió a los Infiernos. Vió los círculos descendentes, las cadenas, los hierros y los grilletes de fuego, el agua hirviente, los árboles de zaqqum, de fruto amargo, las serpientes del grueso de una palmera, los escorpiones del tamaño de una mula, los océanos de fuego y los ataúdes hechos de fuego.

Temblando de espanto ante la Majestad Divina, en el dolor agónico del pavor, vio que el Infierno estaba rodeado de todas las cosas gratas al ser inferior del hombre, tales como la bebida, el juego, las mujeres y otros objetos de deseo, preparados por Satán como una trampa. Una vez más, el Arcángel pregunto: "Oh Señor, ¿habrá alguna criatura a la que estas cosas no engañen y que no entre aquí?"

Dios, a quién Glorificamos y Alabamos, respondió:

"Sí, Gabriel. Mis criaturas especiales nunca serán atraídas por esta inmundicia y obscenidad. Jamás se apartarán de mi Sagrada Ley, y por ningún motivo desatenderán jamás mis órdenes y prohibiciones. He dejado el Infierno fuera del alcance de esas criaturas mías".

¡Tú, que conservas la fe!

El Poderoso Corán es cura para los creyentes y consternación para los no creyentes. La Sagrada Ley es pesada y difícil para quienes no creen, para los que niegan. Pero para los amantes que sinceramente creen es bendición y buena fortuna. Sí, para los hipócritas, incrédulos, maleantes y pecadores, la Ley Sagrada es como la lluvia de abril, que cae como una merced del cielo, trayendo nueva vida y haciendo florecer la tierra, derramando vitalidad, verdura y belleza sobre ella, haciendo abrir los capullos en el jardín de las rosas y llenando el mundo con esencias de musgo y ambar; así, la Ley confiere a los creyentes frescura y vitalidad, embriagándolos con los más exquisitos aromas y sensaciones. En cambio, cuando esa misma lluvia de abril cae sobre los depósitos de basura, sólo aumenta los olores inmundos; así se extiende el hedor nauseabundo de los que no creen, de los hipócritas y pecadores. Por eso no les gusta la Ley Sagrada, porque es como la lluvia de abril.

La Ley Sagrada es bondad y fortuna para los creyentes, mas para los incrédulos es infortunio y degradación. Para los creyentes la Ley Sagrada es fácil y confortable, mientras que los no creyentes la encuentran dura y difícil. La Ley Sagrada es luz y merced para los amantes; para los impíos, temida obscuridad; la Ley Sagrada es dulce y ligera para los que aman a Dios, para los que carecen de ese amor es sinónimo de dolor y castigo.

Por esto, para que podamos cumplir los mandatos divinos que tanto pesan a nuestros seres inferiores debemos rogar a Dios que nos haga ligera la carga, diciendo por lo menos cuarenta veces al día, "¡Oh Señor de todos los mundos sólo a Ti te adoramos, imploramos Tu ayuda para poder seguir adorándote!" Porque a menos que Dios Todopoderoso acepte a Sus siervos en Su presencia, quedan expulsados de la Ley Sagrada, de la adoración y la obediencia que están obligados a rendir a Su Divina Esencia y no podrán derivar ninguna alegría del culto, ningún deleite de la Remembranza de Dios.

Los sabios dicen que cuando un fiel falta a su plegaria a la hora prescrita, debe considerar y preguntarse a sí mismo:

"¿Qué ofensa habré cometido contra mi Señor, para que no me haya aceptado en Su Presencia?" Dicen también que ha de arrepentirse e implorar perdón con lágrimas de arrepentimiento.

Estas palabras no deben parecer extrañas, Dios, Alabado sea, ama de tal manera a Sus siervos que condesciende a admitirlos en Su presencia cinco veces al día. En consecuencia, los que tienen sed de amor a Dios no escatiman ningún sacrificio que los lleve a la consecución de ese amor. Se someten a Dios con total sumisión, cumplen Sus órdenes y mandatos, agradecidos, tomándolos como la mayor felicidad posible.
La vida de este mundo es transitoria y fugaz. La inversión más provechosa para la vida permanente y eterna es la fe y sólo la fe; es la adoración, la obediencia y el amor a Dios, Alabado sea. Venimos de Dios y tarde o temprano hemos de regresar a El. Por lo tanto, el que posea inteligencia, consciencia y sentido común nunca olvida ni por un momento, que El es digno de ser adorado en todas las formas, que El es el único Amado verdadero.

Tales personas ven Su servicio como la verdadera soberanía y añoran estar con El a cada momento y con cada respiración. Les gustan las cosas que a El agradan y les disgusta todo lo que le disgusta a El. Culpan lo que El culpa, exaltan lo que El exalta.
Son veraces, se conocen a sí mismos, viven el amor a Dios, y pasan de este mundo transitorio al mundo imperecedero de los amantes de la Verdad. Estos seres benditos no mueren. Es decir, no quedan sin realizarse.

El Camino Místico no llega a ninguna parte sin la Ley Sagrada; mientras que la Sagrada Ley sin el Camino Místico es para los incrédulos e hipócritas. Para los amantes, la Ley es más dulce que la miel; para el sediento, el Camino Místico es más deleitable y puro que el agua fresca. La Realidad es una corona y el Conocimiento Interno una soberanía duradera que no caduca. Sin la Ley Sagrada y sin el Camino Místico, la Realidad y el Conocimiento Interno sólo son accesibles a través de la Gracia, el Favor y la Guía de Dios, Alabado sea. Porque Dios, Glorificado y Alabado sea, es dueño y señor absoluto en Sus dominios, con el poder de conceder lo que El quiera a quien El quiera. Guía por el recto sendero a quien El desea guiar, y deja ir a quien El desea que se aparte. Castiga a quien El quiere y beneficia a quien Le place con Su perdón.

El Paraíso y la Belleza Divina no se alcanzan mediante actos de adoración, sino sólo por Su Gracia. Si lo desea, El lo perdona todo excepto el error que consiste en pensar que El no es el único Dios.
El es indulgente y ama el perd6n. El es generoso y ama la generosidad. Corre al encuentro de los que caminan hacia El. Se acuerda de los que recuerdan Su esencia Divina. Es Misericordioso y no abandona. a los, que reconocen la Esencia de Su Unidad. Es lento

siguiente