El palacio de Alhambra
El
nombre Alhambra tiene sus orígenes en una palabra árabe
que significa "castillo rojo o bermellón", debido quizás
al tono de color de las torres y muros que rodean completamente la colina
de La Sabica, que bajo la luz de las estrellas es de color plateado,
pero bajo la luz del sol adquiere un tono dorado. Aunque existe una
explicación más poética, narrada por los cronistas
musulmanes que hablan de la construcción de la Alhambra "bajo
la luz de las antorchas". Creada originalmente con propósitos
militares, la Alhambra era una alcazaba (fortín), un alcázar
(palacio) y una pequeña medina (ciudad), todo al mismo tiempo.
Este triple carácter nos ayuda a comprender las numerosas características
de éste monumento.
No existe ninguna referencia de la Alhambra como residencia de reyes
hasta el siglo XIII, aunque la fortificación existe desde el
siglo IX. Los primeros reyes de Granada, los Ziritas, tenían
sus castillos y palacios en las colinas de Albaicín, y nada queda
de ellos. Los monarcas Ziries fueron con toda probabilidad los emires
que construyeron la Alhambra, comenzando en 1238.
El fundador de la dinastía, Muhammed Al-Ahmar, comenzó
con la restauración del antiguo fortín. Su trabajo fue
completado por su hijo Muhammed II, cuyos sucesores inmediatos continuaron
con las reparaciones. La construcción de los palacios (llamado
Casa Real Vieja) data del siglo XIV, y es la obra de dos grandes reyes:
Yusuf I y Muhammed V. Al primero se le adjudica, entre otros, el Cuarto
de Comares, la Puerta de la Justicia, los Baños y algunas torres.
Su hijo, Muhammed V, completó el embellecimiento de los palacios
con la Sala de los Leones, además de otros cuartos y fortificaciones.
La Alhambra se convirtió en una corte cristiana en 1452 cuando
los Reyes Católicos conquistaron Granada. Más tarde, se
construyeron varias estructuras para albergar a ciudadanos prominentes,
cuarteles militares, una Iglesia y un Monasterio Franciscano.
El Emperador Carlos V, que pasó varios meses en Granada, comenzó
la construcción del Palacio que lleva su nombre e hizo algunas
reformas en el interior de los edificios. Estas medidas provocaron una
gran controversia provocada por razones políticas. Los siguientes
reyes de la casa de Austria no dejaron en el olvido al monumento y cada
uno dejo su marca, aunque más discretamente.
Durante el siglo XVIII y parte del XIX, cayó en el olvido y sus
salones y cuartos fueron utilizados como bares y establos donde habitaban
gentes de mal vivir. Para rematarlo, las tropas napoleónicas
que ocuparon Granada desde 1808 hasta 1812, convirtieron los palacios
en cuarteles militares. Durante una retirada, minaron las torres y destruyeron
parte de ellas. Dos de ellas, la Torre de Siete Suelos y la Torre de
Agua quedaron en ruinas. Y de esta manera, este abandono increíble
continuó hasta 1870 cuando la Alhambra fue declarada monumento
nacional. Artistas y viajeros de todo el mundo hicieron causa común
por la defensa de este monumento. Desde entonces hasta nuestros días,
la Alhambra ha sido restaurada, protegida e incluso mejorada en muchos
aspectos para admiración y disfrute de todo el mundo.
Fortaleza-palacio
de los reyes nazaríes granadinos levantada sobre la colina de
la Al-Sabika, Assabica o Sabica, de 790 m de altitud que, junto al Mauror
(750 m), domina la ciudad de Granada (España) situada la orilla
izquierda del río Darro. Aquí fijaron su residencia los
primeros reyes nazaríes cuya fortaleza recibió el nombre
de "al-Hamrá" o la Roja, por el color ferruginoso de
sus ladrillos elaborados con la arcilla del cerro. Posteriormente, desde
el primer tercio del siglo XIV, los reyes de Granada Yusub I, 1334-1354
y Mohamed V, 1354-1391 levantaron una fortaleza amurallada y un palacio
que ocupan una extensión superior a los 750 m de largo por 200
de ancho. El conjunto constituye el más antiguo, bello y mejor
conservado de todos los palacios árabes que
quedan en el mundo.
En
su estructura se adivina la doble función, típica de los
palacios árabes, de residencia palaciega y al mismo tiempo sede
del aparato administrativo del Estado. El origen oriental y la diversidad
de sus funciones son la causa de la forma y disposición de los
palacios de este tipo, cuya estructura se asemeja con frecuencia a la
de una ciudad. En la Alhambra se diferencia claramente la ciudadela
o alcazaba, cuya función era la defensa militar, y el palacio
propiamente dicho. Todo el conjunto está circunscrito por poderosa
muralla que acentúa su aspecto externo de fortaleza y oculta
la riqueza de los palacios interiores. El palacio tiene una planta muy
compleja, articulada alrededor de tres unidades prácticamente
independientes entre sí: el mexuar (1), o parte del palacio abierto
a todos, donde el sultán o príncipe administraba justicia
y recibía en audiencia a sus súbditos, junto a la que
se abren otras estancias menores también públicas; el
diwan (2 a 4), o sector palaciego dedicado a las recepciones que los
reyes daban a los altos personajes de la corte, constituido por el Palacio
de Comares, y, por último, el harem (5 a 12) o dependencias privadas
del monarca; todas estas estancias se organizan en torno a patios, el
de los Arrayanes y el de los Leones, que son los verdaderos centros
articuladores del espacio. Esta estructura hace que el palacio árabe
carezca de un centro arquitectónico bien limitado y reconocido,
por lo que se crea la sensación de estar constituido por diferentes
edificios con características muy diversas, y no distintas estancias
de un mismo edifico. Así pues, la fragmentación de este
inmenso recinto en unidades más pequeñas adaptadas a la
dimensión humana y articuladas en torno de patios favorece que
lo vertical y las grandes alturas carezcan de importancia frente a la
horizontal.
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Materiales
y elementos constructivos |
La
tendencia islámica a resaltar los aspectos decorativos por encima
de los paramentos arquitectónicos alcanza en la Alhambra su máxima
expresión. La decoración se realiza a base de materiales
muy diversos y no se limita a resaltar algunas zonas del edificio, sino
que se extiende por todas partes hasta llegar a transformar totalmente
el aspecto original del edificio. La simplicidad de su estructura arquitectónica,
que consiste en una infinidad de pequeñas estancias arquitrabadas
con techumbres planas ordenadas en torno a patios, se enriquece con
elementos ornamentales que disfrazan sus líneas arquitectónicas
y, sobre todo, ocultan la pobreza de los materiales usados (ladrillo,
madera y yeso). Entre los motivos ornamentales destacan los artesonados
de las techumbres que reproducen complicadas estructuras geométricas,
frecuentemente policromadas; la cerámica de los azulejos que
recubren los arrimaderos o partes bajas de los muros (zócalos)
decorados con motivos geométricos muchos de ellos con irisaciones
metálicas.
El material más usado es el yeso, cuya extraordinaria blancura
lo convierten en el material ideal para crear una "segunda arquitectura"
que cubre paredes, techos y ventanas, arcos, etc. que diferencian a
cada estancia de las demás por la temática (epigráfica,
floral o de ataurique y de lacería). La decoración aportada
por los paneles de estucos coloreados proporcionan la sensación
de continua sorpresa por los falsos elementos constructivos, que al
no tener función arquitectónica, adoptan formas fantásticas
y caprichosas cuyos motivos más frecuentes son los mocárabes,
rosetones, palmetas, follajes y estrellados: la creación de falsas
paredes que, al no sostener en realidad ningún techo, están
hechas con estucos calados cuya superficie perforada de rombos y otras
estructuras geométricas dan el aspecto de un encaje ingrávido.
Particularmente rica es la decoración de mocárabes o mucarnas
de las techumbres aparentemente abovedadas en las que la madera y el
yeso policromado simulan estalactitas que penden del techo formando
alveolos a distintas alturas, idéntica disposición tienen
en los arcos llamados de cortina de cuyo intradós salen pequeños
arquillos que festonean su superficie. La luz es otro de los elementos
ornamentales sabiamente utilizados, el sorprendente efecto decorativo
producido por los mocárabes que adornan las bóvedas y
los nichos abiertos en las paredes, es acentuado por el papel de la
luz que tenuemente se matiza a través de las celosías
de yeso que cubren las ventanas abiertas en las bases de las bóvedas,
creando un firmamento de rico colorido y límites extensos sobre
una superficie finita al reflejarse en los mocárabes policromados
los destellos lumínicos. Pocos elementos tienen tanto protagonismo
decorativo en los palacios árabes como el agua que, a pesar de
ser un elemento ajeno a la arquitectura, forma una unidad inseparable
de los elementos constructivos; ésta se halla en las fuentes
y estanques que a la altura del pavimento discurre susurrante por los
canalillos que surcan los patios, avenidas e interior de algunas habitaciones
y sobre todo en los jardines exteriores.
Mediante la unión de todos estos elementos decorativos los arquitectos
de la Alhambra construyeron un conjunto urbanístico en el que
se respira una atmósfera de encantamiento no superado en ningún
otro edificio islámico.
El
ingreso en el recinto de la Alhambra propiamente dicho, rodeado de poderosas
torres y puertas, sólo es posible a través de sendos pasadizos
rectangulares construidos como medida defensiva. La Puerta del Vino,
del siglo XV, conduce a la plaza de los Aljibes; al oeste de la citada
plaza se extienden las antiguas edificaciones de la Alcazaba, en la
parte occidental se encuentra el Palacio de Carlos V, y al norte de
éste, el Palacio árabe. La Alcazaba, a la que se accede
por la parte izquierda de la plaza de los Aljibes, junto con la Torre
Bermeja, constituye lo más antiguo de la colina. Las actuales
construcciones datan de la gran reforma que hizo Alhamar a mediados
del siglo XIII. Mas tarde, Mohammed I construyó las murallas,
y levantó la Torre Quebrada y la del Homenaje, y en su lado opuesto,
la Torre de la Vela. El conjunto presenta el aspecto severo y cerrado
de las fortificaciones. Al lado de levante, encontramos los Jardines
del Partal y la Torre de las Damas. De entre las numerosas torres defensivas
del palacio, merecen especial atención: la Torre del Mihrab,
la de los Picos, la del Candil, la de la Cautiva, ricamente decorada,
y la Torre de las Infantas. Finalmente, la Torre del Agua que con el
acueducto remata el extremo oriental.
Patio
de los Arrayanes
La
parte más antigua de todo el conjunto es el Mexuar o Palacio
de Comares, su patio, con baldosas de mármol, se abre al Cuarto
Dorado por donde se accede al corazón del Palacio cuyos recintos
se agrupan en torno al Patio de los Arrayanes llamado así porque
en su centro hay un estanque o alberca rectangular flanqueado a ambos
lados longitudinales por setos de arrayanes (arbusto mirtáceo
de flores blancas y de hojas perennes). Este patio, popularmente llamado
de la Alberca es el núcleo central de la vida y ceremonial del
Palacio de Comares, está formado por numerosas habitaciones que
se articulan en su derredor, destacando la elevada Torre de Comares
y un pórtico de acceso a la Sala de la Barca y a través
de la cual se penetra en el Salón del Trono, la dependencia mayor
de la Alhambra. El pórtico está compuesto por siete arcos
que se agrupan en dos conjuntos de tres arcos, el central y los dos
laterales de mayor tamaño y altura, todos ellos rematados en
altura por un paño de sebka o celosía calada que resalta
la sobriedad de las columnas. Los arcos, de medio punto, son algo peraltados
y angrelados, tienen silueta de campana invertida, y carentes de función
constructiva son pura escenografía que recubre los dinteles y
tirantes que los sujetan. Las columnas, modelo exclusivo creado para
la Alhambra, son de fuste liso con anillos en la parte superior y rematadas
por capiteles de una gran originalidad, consistentes en un doble cuerpo,
el inferior con decoración de cintas típica de la Alhambra
y el superior de forma cúbica yestán profusamente decorados
con estilizaciones de volutas y acantos. Sobre los capiteles es frecuente
un cimacio con decoración epigráfica en los que se reproducen
frases coránicas. En el costado derecho del patio se encuentran
las instalaciones de los Baños Reales y dependencias anejas (salas
del Caldarium, de las Camas, de la Pila Grande, de la Pila Pequeña)
que reproducen en su conjunto y funcionalidad la disposición
de las termas romanas.
Patio de los Leones
Construido por Mohammed V en 1378 es la joya más valiosa de la
Alhambra. En sus costados oriental y occidental se destacan sendos pabellones
ricamente decorados de mocárabes y profusión de columnas;
en el centro del patio la magistral fuente de los Leones. Además
de las salas ya citadas despuntan la de los Abencerrajes, con cúpula
de mocárabes de gran belleza, y especialmente bella es la de
las Dos Hermanas, también con cúpula estalactítica
de gran monumentalidad; otras dependencias en torno al Patio de los
Leones son la Sala de los Reyes o la sala de los Ajimeces que conduce
al encantador mirador de Daraxa desde donde se pueden contemplar el
jardín del mismo nombre.
Generalife
El
palacio del Generalife, se encuentra emplazado en la parte más
oriental y elevada de la colina. En su conjunto, es un edificio residencial
sencillo del siglo XIV al que se accede, tras atravesar las ruinas semiexcavadas
de la ciudad, por un hermoso paseo bordeado de cipreses. Sus espléndidos
jardines, sus numerosos surtidores y su acequia, ofrecen bellísimas
vistas, como la que se contempla desde la llamada Silla del Moro.
Palacio de Carlos V en la Alhambra
Diseñado
por el toledano Pedro Machuca, en 1526, está calificado como
el edificio renacentista más bello de España. Se encuentra
junto al lateral meridional del Alcázar de la Alhambra. En el
interior, destaca su sorprendente patio circular rodeado de dos galerías
superpuestas. En sus dependencias se han instalado el Museo Provincial
de Bellas Artes y el Museo Nacional de Arte Hispánico-Musulmán.
Bibliografía
- Biblioteca
básica de arte - Monografías- “La Alambra y el Generalife”
, autor Gonzalo M.Borrás.
-
Moderna enciclopedia ilustrada, tomo “AB”, página
56.
-
Enciclopedia universal danae, tomo “A,CH”, página
87.
principio
- lugares