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Mezquita Catedral (España)

 

 

 

 
 




Mezquita Catedral

La Mezquita-Catedral de Córdoba (según F. Chueca) es el primer monumento de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo.

Resume en su historia arqueológica la evolución completa del estilo omeya en España, es decir, del estilo hispanomusulmán en la época de su mayor apogeo. Su influjo en todo el Occidente arabizado fue capital, y sus soluciones llegaron a ser ley en una vasta provincia del arte.
El edificio actual es producto de la mezquita inicial levantada por Abderramán I sobre y con los materiales de la basílica cristiana de San Vicente, ampliada posteriormente por Abderramán II, Alhaken II y Almanzor. En el siglo XVI se construyó el crucero de la Catedral sobre parte de las ampliaciones de Abderramán II y Almanzor
Las partes fundamentales del edificio son el antiguo alminar o torre, el patio y la sala de oración.


Alminar y torre

El alminar de la antigua mezquita se conserva en el interior de la actual torre. Fue levantado por Abderramán III sustituyendo el de Hixen I, en el año 931, después de derribar el antiguo y ampliar el patio. La torre actual se inició a fines del siglo XVI y se concluyó en el siglo siguiente.


Patio de los Naranjos


El patio original fue ampliado sucesivamente por Abderramán III y Almanzor en el siglo X. Los claustros actuales son producto de la remodelación total llevada a cabo en las primeras décadas del siglo XVI por el obispo Martín Fernández de Angula, bajo la dirección del arquitecto Hernán Ruiz I. Bajo los naranjos existe un amplio aljibe que aseguraba el agua necesaria para las purificaciones de los musulmanes. Ya en el siglo XIII se hallaba plantado con palmeras, y desde el siglo XV sabemos de la existencia de naranjos en él. En el siglo XVIII se añadieron olivos y cipreses.


Sala de oración


Abderramán I (756-788) comenzó la construcción de la primera mezquita sobre la basílica cristiana de San Vicente, y aprovechando gran parte de los materiales, posiblemente en el año 780, dándose prácticamente por finalizada siete años después. Su hijo Hixem I levantaría el alminar (788-796). Esta primera mezquita, de once naves, por la procedencia de los materiales conserva el espíritu de la vieja cultura helenística mediterránea. Es de destacar la variedad de las columnas y de los capiteles, digno muestrario de todos los estilos grecorromanos, egipcios y visigodos. Sobre las columnas se levantó una pilastra hasta lograr una altura apetecida, surgiendo así la arquería superpuesta con dovelas de piedra y ladrillo. En la nave occidental se encuentran alojadas capillas cristianas, entre las que destaca la dedicada a la Purísima Concepción del siglo XVII. El artesonado de la nave central fue restaurado en 1919, y el de las demás naves, en 1975-79, con madera de pino del Canadá.

Durante el reinado de Abderramán II (821-852) la ciudad goza de paz y prosperidad, convirtiéndose en la gran ciudad que nos describen las crónicas musulmanas. En el año 833 añadió siete tramos más a la mezquita de Abderramán I, ampliándola considerablemente hacia el sur.Las columnas, también aprovechadas y por lo general visigodas, se utilizan sin basas. Aparecen en ellas los primeros capiteles árabes salidos de un taller de la época sobre modelo corintio.
Alhakén II (961-976) vuelve a ampliar la mezquita de sus antepasados, realizando los trabajos con gran rapidez. El aumento consistió en alargar doce tramos de la sala de oración. Las arquerías repiten el modelo de Abderramán I. En ella hay que destacar la cúpula de la antigua capilla de Villaviciosa, así como la que precede del mihrab, recubierta de rico mosaico. Las columnas y capiteles fueron labrados para este edificio. Alternan los capiteles corintios y compuestos, así como los fustes de mármol azul y rosa. Elñ lujo de la decoración se concentra en la capilla del mihrab, destacando los suntuosos revestimientos de mosaico. El interior del mihrab se cubre con una enorme concha de yeso de gran valor decorativo. Inscripciones en loor del califa fechan esta obra en 965.

La ampliación de Almanzor, llevada a cabo entre 987 y 990, fue la última y más extensa de todas, no ofreciendo ya novedades arquitectónicas al edificio. La ampliación, por causa de la proximidad del río Guadalquivir, se hizo hacia el oriente, por lo que el mihrab quedó en el futuro descentrado. La ampliación de Almanzor -se ha escrito- es más que nada un alarde, hecho, sin duda, con miras políticas y para afirmar su poder. En la esquina se destaca la iglesia parroquial del Sagrario, con pinturas murales del italiano César Arbasia, del siglo XVI.


Crucero de la Catedral

La obra se inició en 1523 por mandato del obispo don Alfonso Manrique, con la oposición del cabildo de la Catedral y de toda la Ciudad. Forma un conjunto en que se desarrollan todos los estilos de los siglos XVI y XVII: arquerías y bóvedas hispanoflamencas, cúpula renacentista, bóveda del coro y altar mayor protobarrocos. Se concluyó a comienzos el siglo XVII. Fueron directores de la obra los arquitectos cordobeses Hernán Ruiz I, Hernán Ruiz II, Hernán Ruiz III y Juan de Ochoa. La sillería del coro, en madera de caoba, fue realizada por el escultor sevillano Pedro Duque Cornejo, en el siglo XVIII. Las pinturas del altar son de A. Palomino.


Tesoro de la Catedral

Muestra piezas de los siglos XV al XX, siendo la mayoría de ellas obra de talleres cordobeses. Destacan también magníficas obras italianas. Se accede a él por la capilla de Santa Teresa o del Cardenal, construida por el insigne arquitecto barroco Francisco Hurtado Izquierdo.
La obra más espectacular y grandiosa es la custodia procesional para el día del Corpus Christi, encargada a Enrique de Arfe, orfebre alemán, por el obispo Martín Fernández de Angulo entre 1510-1516. Salió por primera vez el año 1518.

Pueden verse también dos relicarios del siglo XV, llamado uno de San Bartolomé, con copa de cristal de roca y labores de estilo gótico, así como el de Santa Ursula, que representa el busto de la santa donado a la Catedral por el obispo don Fernando González Deza a comienzos del siglo XV.

Es digno de contemplarse el acetre de plata cincelada en forma de crátera, con escudos episcopales y cartelas con las fechas de 1561 y 1562.

Finalmente cabe detenerse ante las cruces procesionales, una de ellas atribuidas a Enrique de Arfe, y ante el magnífico Cristo crucificado de marfil, espléndida obra del barroco español.