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El
derviche es el hijo del momento
Un verdadero
derviche vive momento a momento; no le preocupa lo que pueda ocurrir en
el siguiente momento. No tiene un plan para el siguiente momento. El sufí
no tiene futuro.
Este momento
lo es todo. Vive en él, vive totalmente en él, porque no
hay ningún otro lugar donde ir.
Si tiene
un futuro, no puede vivir con totalidad en el momento. Es natural, una
parte de su ser estaría fluyendo hacia el futuro. Si tiene un pasado,
no puedes vivir en el presente, parte de su mente estaría fluyendo
hacia el pasado. Se fragmentaría.
Si no vive
en el momento una gran parte de su ser se quedaría "colgada"
en alguna parte del pasado y el resto ya se habría movido a algún
lugar en el futuro. No quedará nada para el presente. Y el presente
es tan pequeño que puedes perdértelo muy fácilmente.
La gran mayoría de la gente se lo está perdiendo. Esta gente
tiene pasado y tiene futuro, pero no tiene ningún presente...
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El
Esfuerzo
Muÿâhada
La palabra árabe Nafs se emplea en el lenguaje corriente para el
concepto de mismo. El Nafs de algo es lo que es en sí esa cosa
o, mejor dicho, aquello con lo que se identifica a sí misma o con
lo que se la identifica, es su identidad. En su raíz, significa
aliento, respiración, y en estos sentidos es una vida concreta,
una persona. También, el Nafs de alguien es su personalidad, su
carácter propio. Con frecuencia, el término ha sido traducido
por alma. Mejor es verterlo por el sí mismo de algo, su fuero interno,
o su conciencia de sí, o su ego, su yo.
El
Nafs sin más adjetivos- diciendo que, conforme a la descripción
que hace el Corán de la materia prima con la que fue creado el
ser humano, el Nafs de manera innata tiene como naturaleza la debilidad
propia de la tierra y el polvo; la avaricia propia del barro primordial;
el apetito propio del cieno; y la ignorancia propia de la arcilla. De
esa naturaleza innata que consiste en la debilidad (du'f), la avaricia
(bujl), el apetito (sháhwa) y la ignorancia (ÿahl), se derivan
cuatro comportamientos: la búsqueda de dominio (arrogancia, amor
propio, receptividad ante la adulación); la actuación demoníaca
(el engaño, la argucia, la envidia); la naturaleza animal (amor
a la comida y a la bebida, la incontinencia sexual); la bajeza de los
esclavos (miedo, bajeza). De acuerdo con esto, el Nafs es el origen de
todas las acciones censurables, a las que llamamos rebeldías (porque
son contrarias a lo que Allah quiere del ser humano) y carácter
vil. Al-Bistâmi decía que el Nafs es "la patria de todo
mal".
El Imâm 'Abd al-Qâdir al-Yîlâni también
nos ofrece una imagen que define lo que debemos entender por Nafs (siempre
refiriéndonos, como hacen los sufíes, al an-Nafs al-Ammâra):
"Es el peor de tus enemigos, peor que Iblîs, el demonio, tal
como afirmó el Profeta en un hadiz. El Ego es ciego, sordo, ignorante
de quién es su Señor. Su naturaleza lo hace encontrar reposo
en la hipocresía y el fingimiento, la falsa pretensión,
y se satisface en ser adulado. Es voraz, pretencioso, rebelde, se forja
vanas esperanzas. Su verdad es mentira, sus afirmaciones son engaños,
y todo lo suyo es engreimiento. Si se confía en él, se atasca;
si se le da libertad, se hace indómito; si se le da lo que quiere,
se destruye a sí mismo; si no se le piden cuentas, te vuelve la
espalda. Si no puedes llevarle la contraria, acabarás ahogado.
Si lo sigues, te conduce al Fuego. No tiene entidad ni puede volver al
bien. Es la cabeza de tus desgracias, la mina de tu vergüenza, la
alacena de Iblîs y el albergue de todo mal ".
Los sufíes
distinguen entre el Nafs (el Ego) y el Rûh (el Espíritu).
Cada uno de ellos es un órgano inmaterial (latîfa) constituyente
de la conciencia del ser humano. El Nafs es el manantial de los comportamientos
viles (ajlâq madzmûma); por su parte, el Rûh es de lo
que derivan los comportamientos nobles (ajlâq mahmûda). También
hablan de otros órganos inmateriales del hombre: el Pecho, el Corazón,
el Centro del Corazón, el Núcleo del Centro, etc. No nos
interesa aquí detallar estas latîfa-s, que al final son en
el fondo una misma cosa, la conciencia, sino destacar que, como resumen,
los sufíes enseñan que es de vital importancia domeñar
el Nafs y alzarlo por sus siete grados hasta que alcanza la plenitud.
En teoría,
luchar contra el egoísmo parece simplemente algo bueno, moralmente
aprobable, y hasta relativamente fácil, pero cuando se avanza por
esa senda se descubre que el egoísmo es mucho más que unos
cuantos comportamientos claramente perversos: es nosotros mismos. Volvemos
así a los primeros significados de la palabra Nafs. Hasta la bondad
que creíamos perseguir está sembrada de egoísmo,
y eliminar esos últimos rescoldos sólo puede hacerlo alguien
entendido en las trampas más sutiles del Nafs.
Todo musulmán
ha sido invitado a combatir su egoísmo, y hacerlo desplegando un
gran esfuerzo (Muÿâhada). Toda victoria sobre el Nafs produce
en el ánimo una satisfacción que es reflejo de la Satisfacción
(Ridâ) de Allah, y un anuncio del Jardín (al-Yanna).
La Muÿâhada
es un instinto en todos los seres humanos, y es el esfuerzo que realizan
para no dejarse conducir por sus inclinaciones a la autodestrucción.
Para los musulmanes, además, es una prescripción. En la
medida de sus fuerzas y lucidez, cada musulmán debe doblegar su
egoísmo, faltando a un principio fundamental del Islam si no lo
hace. Pero para las sufíes, que son aquellos que se han propuesto
descubrir a su Señor y bañarse en su luz llevando al extremo
la obediencia que le deben en sintonía con la esencia del universo,
sujetándose por completo a Él, la Muÿâhada es
la quintaesencia del Camino. Al-Yîlâni dijo: "Quien desee
seguir el Camino de la Verdad, que dulcifique primero su carácter.
Con la constancia en la Muÿâhada se abre el ojo del Nafs y
se cierra su boca ".
La Muÿâhada
es un proceso largo y penoso. Cada vez que el peregrino derrota un aspecto
de su Nafs con la espada de la contravención, Allah le devuelve
la vida y de nuevo lo desafía y busca someterlo, y esto sucede
una y otra vez, convirtiéndose en una larga batalla, ésa
a la que el Profeta llamó Yihâd Mayor. Y es porque, en realidad,
el Nafs es tremendamente complejo y tramposo, y cuando se cree que se
le ha vencido en un frente sus rescoldos reaparecen en otra parte. Todo
esto es lo que hace necesaria la asistencia de un Maestro capaz de advertir
lo que se le escapa al aspirante, que se apresura a creer en la victoria
cuando aún le queda mucho camino que recorrer.
El Corán
enuncia la necesidad de realizar la Muÿâhada y mantenerse constante
en ella: "A quienes se esfuerzan por Mí, los guiaré
por mis caminos ". El peregrino hacia Allah (el sâlik) permanece
a las puertas de Allah y cada uno de sus esfuerzos es una llamada hasta
que accede guiado por Allah mismo hasta su Presencia cuando no queda nada
de su Nafs. Al-Yîlâni dijo: "Quien en sus comienzos no
empieza por la Muÿâhada, no encuentra nada en el Camino".
El fruto
de la Muÿâhada es la Mushâhada, la Contemplación.
En la soledad del vacío que deja la ausencia del Ego, el aspirante
(el murîd), convertido ahora en pobre (faqîr), en alguien
sin nada, sin ninguna maldad y puro, contempla los Secretos de Allah,
los Misterios de su Unidad Envolvente, y gana su Protección y es
abarcado por la Misericordia. Según los maestros, la intensidad
de la Mushâhada depende del rigor de la Muÿâhada. Al-Yîlâni
dijo: "Es aspirante necesita la Muÿâhada en la misma medida
en que me necesita a mí ". Efectivamente, la Muÿâhada,
complementada por la asistencia de un maestro experto que le evite al
discípulo los autoengaños, da un fruto extraordinario.
Los modos
de la Muÿâhada:
Los maestros
proporcionan algunas claves generales para sostener la lucha contra el
Nafs y reducir hasta matar su influencia sobre el corazón que pretende
entrar en la Presencia del Rey. Puesto que el Nafs es de naturaleza esquiva
y traicionera, las medidas que aconsejan que se adopten contra él
son severas.
1-
En primer lugar, está la ruptura con las costumbres (qat' al-mâ-lûfât).
La rutina acomoda al Nafs, y las costumbres acaban adormeciendo el ánimo
y humillan al corazón. Es muy difícil despertar de aquello
a lo que se acostumbra el ego, y cuando éste se hunde en la repetición
es asaltado por enfermedades que debilitan su voluntad. La Muÿâhada
no es posible más que cerrando la puerta a la rutina. Las principales
costumbres son la comida, la bebida, y la obsesión por la subsistencia.
En todo ello, el aspirante deberá limitarse a lo que permita la
Ley revelada, absteniéndose de relajarse en esas cuestiones que
se convierte en rutinas a la que el ser humano consagra la mayor parte
de su tiempo. El sufí deja de adorar las costumbres hasta que la
atención que merece a Allah las sustituye y Él se convierte
en la verdadera Costumbre.
Nos referimos
a las grandes obsesiones en las que el hombre ocupa la mayor parte de
su tiempo. Esa dedicación a subsistir y a asegurarse la vida acaba
en excesos que consumen todo el tiempo, y resulta que el ser humano no
deja de preocuparse por mantenerse vivo hasta que se cumple su destino
que es la muerte, lo cual es un contrasentido. Salir de esa rutina que
absorbe la mente a la mayoría de la gente es una de las primeras
condiciones para la Muÿâhada.
2-
En segundo lugar, está contrariar (mujâlafa) al Nafs.
El ser humano se acomoda a las costumbres de modo que abandonarlas se
le hace penoso. Junto a las rutinas y costumbres, es decir, junto a las
grandes obsesiones absorbentes, está el hawà, las inclinaciones
del ánimo, la sháhwa, los apetitos sensuales, y los amânî,
las falsas esperanzas. Los maestros enseñan que debe serles llevada
la contraria. Conceden una gran importancia a esa contravención
(mujâlafa ), porque las inclinaciones frívolas, los apetitos
animales y los supuestos forman parte esencial del Nafs. El Corán
dice: "No sigas al Hawà, porque te desviará del Camino
de Allah ", "(Los idólatras) no hacen sino seguir suposiciones
y lo que le apetece al Nafs", "No sigas a quien hemos hecho
descuidar nuestro Recuerdo y se subordina a sus inclinaciones ".
La Mujâlafa
es la clave de la Muÿâhada. Llevarse a uno mismo la contraria
es plantear una querella. El Imâm al-Yîlâni decía:
"La realización de la sujeción a Allah consiste en
que tú mismo seas tu contrincante. Esa querella es el camino en
el que se hará verdadera tu sujeción a Allah ".
La Mujâlafa , llevar la contraria al Ego, empieza rechazando lo
que le apetece e imponiéndole lo que le resulte pesado, y nada
hay más pesado para el an-Nafs al-Ammâra, el Yo Imperante,
el Ego Animal, que la 'Ibâda, las prácticas espirituales
en las que se reconoce el Dominio de Allah en todas las cosas y se rompe
con la costumbre ('âda). La constancia en la realización
de la 'Ibâda hace despertar al corazón hasta que éste
comienza a saborear su adhesión a Allah. Se trata de un placer
espiritual en el que se van diluyendo las inclinaciones del Nafs hasta
quedar relegadas. Los sufíes siempre han insistido en que se debe
enderezar el Nafs en el yunque de la 'Ibâda.
La austeridad
con la que se rechaza las exigencias del Ego y la práctica severa
de las 'Ibâda-s que el Islam enseña son formas de Muÿâhada
con las que se entra en el ámbito del desapego que asoma al sufí
a la Realidad de Allah, concentrando el ánimo en el objeto de la
búsqueda del peregrino hacia el Rey.
3-
En tercer lugar, está la disciplina, el ejercicio (Riyâda).
La Riyâda, con la que se quiebra la tendencia del ego hacia sí
mismo, tiene cuatro pilares: el hambre (ÿû'), el silencio (samt),
el insomnio (sahr) y el retiro (jalwa). Quien se somete al rigor de estas
disciplinas, debilita la fuerza de su Ego. Son el destete que con el deja
atrás al alma infantil y se permite despegar al corazón.
At-Tustari enunció esos pilares diciendo: " Los Abdâl
(representantes de una categoría dentro del sufismo de elevado
rango espiritual) alcanzan su grado gracias a la práctica de cuatro
virtudes: vacían su estómago, pasan en vela las noches entregados
al recogimiento, callan y se apartan de la gente ". Al-Yîlâni
dijo: "El peregrino sincero sólo come cuando tiene hambre,
no duerme más que cuando es vencido por el sueño, dice lo
estrictamente necesario y se retira apartándose primero de sí
mismo y después de los hombres, y después del mundo, y después
del Otro Mundo, y al final se queda a solas con Allah ".
Esos cuatro
ejercicios son las claves de una auténtica Muÿâhada,
son la disciplina que acaba dando consistencia a todos los demás
esfuerzos. Algunos autores añaden la Siyâha, el viaje, que
consiste en ir de un sitio a otro sin nada, dejándolo siempre todo
atrás. No se insiste en este punto porque el sufismo no es una
negación de las responsabilidades. El sufí, a pesar de las
disciplinas que se imponga, debe estar al cuidado de su familia, respondiendo
por el bien de los demás, compaginando su aspiración espiritual
con sus deberes para con la comunidad en la que vive, y sólo cuando
las circunstancias se lo permitan o no tenga otro remedio para limar su
Ego puede 'abandonar el mundo'.
También
se cuenta entre las disciplinas con las que se pule al Ego la paciencia
y la constancia en el estudio del Islam, pues una de las características
del an-Nafs al-Ammâra es la ignorancia, que debe ser combatida para
que el ser quede iluminado.
4-
En cuarto lugar hay que situar el ajuste de cuentas (Muhâsaba) y
la vigilancia ( Murâqaba). En resumen, quieren decir que
hay que estar siempre alerta. La Muhâsaba es un medio de constante
prevención que consiste en una auto recriminación regular
que mantenga la tensión del esfuerzo. El Profeta ( s.a.s.) dijo:
"Pedios cuentas a vosotros mismos antes de que os las pidan".
La Muhâsaba es una manera de proteger y preservar la voluntad, no
dejando que se diluya la fuerza de la aspiración inicial. En la
práctica, consiste en no apresurarse. Antes de realizar cualquier
acto, es necesario darse tiempo para una reflexión que busque el
acierto, corrigiendo antes la intención, teniendo en cuenta las
enseñanzas de la Ley al respecto, evitando las trampas del egoísmo,
etc. La Muhâsaba, clave para el éxito, es lo contrario al
descuido, la desidia, la dejadez, el abandono, las prisas, la inconciencia.
Por su parte,
la Murâqaba, la Vigilancia, es tener presente siempre que Allah
está al tanto de nosotros, que su Conocimiento nos abarca y su
Ojo nos ve en todo momento. Quien presiente ese peso sobre su existencia
corrige todos sus actos y no deja espacio a su frivolidad, ni a su inconsistencia,
ni a su maldad. La Murâqaba genera un pudor (hayâ) que es
síntoma de plenitud en la Muÿâhada. Es más, se
considera que la ausencia de Murâqaba es indicio de una ignorancia
mortal, y sin el presentimiento de la Presencia de Allah toda actividad,
por recta y bella que sea, está vacía de lo esencial y no
está inmersa en la Unidad y Unicidad. Toda práctica espiritual
y todo esfuerzo carecen de valor si no van acompañados de Murâqaba,
y acaban convirtiéndose en gestos fingidos, en hipocresía,
o en gérmenes de soberbia y autosuficiencia.
5-
Por último, está la Constancia (Mudâwama). La
realización de Esfuerzos puede creerse coronada alguna vez por
un éxito definitivo, y en ello hay una trampa mortal. Hay quienes
se disciplinan hasta convertir sus vidas en actos de prácticas
espirituales, con constantes ayunos, recogimientos, noches en vela consagradas
a la recitación del Corán. Pulen su carácter, mejoran
el comportamiento, exilan al Nafs, etc. Pero en realidad nada de ello
es un fin en sí, y suponer que se ha alcanzado la meta es que ésta
no estaba clara al principio. La Mudâwama, la Constancia en la Muÿâhada,
consiste en saber que el objetivo es siempre Allah, y por ello no tiene
techo ni límite. Por ello, el peregrino sincero no ceja en el empeño
y siempre está limando su ser, haciéndolo cada vez más
trasparente. No se deja engañar por sus éxitos, no presta
atención a la adulación, no se apodera de él la peor
de las arrogancias que es la del santo, sino que avanza hacia Allah, constantemente,
y cada una de sus respiraciones es un paso hacia delante. El Imâm
al-Yîlâni dijo: " No levantes de sobre tu ego el bastón
de la Muÿâhada. Con la constancia en la Muÿâhada
se abrirá el ojo de tu ego y su lengua callará, desaparecerá
su estupidez y se desvanecerá su ignorancia. Nada de esto es el
resultado de un Esfuerzo que dura una hora, sino que es el producto de
una hora tras una hora, tras un día que viene después de
otro, tras un año que sigue a otro."
La
humildad (tawâdu'):
El objetivo
de la Muÿâhada es alcanzar el grado de la humildad (tawâdu'),
que es la verdad de cuanto existe. Ante Allah, todo es nada, y reconocer
la propia pequeñez es el modo de estar vacío ante el Único.
Los malâmatíes,
que son los sufíes más rigurosos en la práctica de
la humildad, son tenidos como modelos en la censura del ego propio hasta
su completa extinción, lo que hace de ellos, según Ibn 'Arabi,
'los mejores de la creación', pues en un hadiz el Profeta ( s.a.s.)
dijo: "Allah alza a quien se muestra humilde". Son quienes ahondan
en su indignidad y descubren su nada, mientras dejan en paz a los demás
seres (y esto es el signo de la verdadera humildad). Al-Yîlâni
enunció otros signos, que son: no jurar, no mentir (ni en bromas),
no traicionar la palabra dada, no maldecir a nadie, aguantar las ofensas,
pensar bien de los musulmanes, no acusar a nadie de no-musulmán
o hipócrita, ser recatado, evitar causar a alguien cualquier mal,
no cargar a nadie con dificultades, prescindir de la gente, abandonar
toda ambición y tener bastante con Allah.
Tienen la
función de ayudar a aquel a desarrollar sus capacidades latentes
("los ángeles son las capacidades latentes del hombre").
Creen en la evolución conciente del hombre, claro es, siempre que
el hombre quiera evolucionar. Según ellos, la humanidad duerme.
Podríamos ser mucho más de lo que somos, pero nos hemos
quedado dormidos en un prisión cuando podríamos tener todo
el ancho mundo como morada. Pero si realmente queremos despertar, podemos
lograrlo, y los sufíes proporcionan las técnicas especiales
para nuestro desarrollo.
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El Filo del Cuchillo
Cuando el
sultán Mohammed Alp Ulug Harezmshah hubo tomado la ciudad de Sebvar
por asalto, los ciudadanos imploraron su piedad:
“¡Oh Sultan! Somos tus servidores. Perdónanos la vida
y pagaremos el tributo que exigen ¡Perdónanos la vida aunque
no sea más que por unos días!”
El sultán
les respondió:
“Hay entre vosotros un hombre llamado Abu Bekr. Mientras no me lo
hayáis traído, vuestra vida sólo tenderá de
un hilo. Si fracasáis, ¡os pasaré a todos por el filo
del cuchillo!”
Un hombre
trajo entonces una bolsa de oro y dijo:
“¡No nos pidas tal cosa pues, en nuestra ciudad, no existe
nadie con ese nombre! ¡Es como si buscases polvo en el fondo de
un río!”
Sin dirigirle
siquiera la menor mirada a la bolsa de oro, el sultán dijo:
“¡Oh, adoradores del fuego! No esperáis salvación
si no me traéis a ese hombre. ¡No creáis que me contentaré
cómo un niño con bolsas de oro y de plata!”
Los habitantes
de la ciudad se pusieron pues a registrar hasta los menores rincones de
la ciudad, con la esperanza de encontrar a aquel hombre…
después de tres días de búsquedas, acabaron por encontrar
a un hombre llamado Abu Bekr. Era endeble y flaco, y vivía, enfermo
y afligido, en medio de unos escombros:
- “¡Ven aprisa! -Le dijeron los ciudadanos. El Sultán
te reclama. Sólo tú puedes salvar nuestra ciudad del degüello.”
- “Si tuviera fuerza para caminar -replicó el hombre. Habría
abandonado este lugar desde hace muchísimo tiempo. No me habría
quedado entre mis enemigos y habría ganado lo más aprisa
posible, el país del amigo.”
Entonces colocaron Abu Beckr en un féretro y los llevaron al sultán.
Este universo
es cómo la ciudad de Sebvar. Muchos hombres de Dios están
extraviados en él. Y Dios, como el sultán, pide al pueblo
un corazón puro. El profeta (sws) dijo ”Dios no mira vuestra
apariencia. No busquéis más que la pureza del corazón”
Sólo los hombres de corazón merecen Sus miradas. Tú
te has creído un hombre de corazón y te has vuelto orgulloso.
Así es cómo has salido el camino de los hombres de corazón.
Tú dices al sultán: “¡he aquí un corazón
puro!. Es lo mejor que pude encontrar en la ciudad.”
Te responderán: “¡Esto no es un cementerio por qué
me traes un cadáver!. ¿No existe un corazón puro
junto al cual se refugien los ciudadanos aquí?”
No olvides
que los corazones puros están disimulados en este universo, pues
la luz es lo contrario de la oscuridad.
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Últimos mensajes de la lista sufinet:
1-
Bismillah
Cierto día dijo Dios a Moisés: "Coré te ha llamado
setenta veces sollozando y no obtuvo tu respuesta.
Si me hubiera llamado a mí una sola vez de esa manera, yo habría
rescatado su corazón del pozo del politeísmo y cubierto
su pecho con una vestidura de fe.
Oh, Moisés, lo has hecho perecer en un pozo de agonía, lo
has arrojado a la tierra de la desgracia.
Si fueras su creador, no habrías sido tan severo con él".
El que es piadoso aun con los que no tienen piedad se ve favorecido por
los hombres de compasión.
Si cometes las mismas faltas que cometen los que no se dan cuenta, te
contarás entre los malvados.
2-
Bismillah
Aquel que trata de controlar la mente de los demás pierde su tiempo
como quien desea construir una casa sobre las olas del mar.
Pretender controlar la mente de los demás, sus pensamientos y tratar
de remover la enemistad de la gente , la envidia de los demás,
es realizar una tarea inútil.
Es mantenerse ocupado en cosas mundanas y perder tiempo en tratar de convertir
este tipo de esperanzas, en realidad
La mayoría de la gente busca que los demás los alaben y
reconozcan.
Nada mas lejano de la realidad.
Un cierto
sabio decía que El demonio anida en la mente de aquellas personas
que disfrutan de las alabanzas y reconocimiento de los demás.
Reconocemos 4 tipos de personas en este sentido:
Un primer grupo se aleja de la critica o de la murmuración de los
demás hacia nosotros.
Solo buscan la alabanza y reconocimiento.
Ofrecemos nuestro agradecimiento a quien nos alaba y tomamos venganza
sobre quien nos critica. Sin embargo la critica puede servirnos para evitar
futuros problemas.
Generalmente la critica es considerada como un problema, pero ayuda a
encontrar el error o defecto. Tendría que ser considerado como
un beneficio.
Un segundo tipo de personas no reacciona contra quienes los acusan o critican
y controlan sus lenguas. No toman acción de venganza, interiormente
siguen sintiendo resentimiento y exteriormente no muestras satisfacción
por lo sucedido.
Un tercer tipo de personas son aquellas que temerosas de Allah, reciben
las alabanzas y las criticas de la misma manera. Las criticas no los enojan
ni los alegra las alabanzas.
Un cuarto tipo de personas son las de mas alto nivel espiritual son quienes
no aman a quienes los alaban pues reconocen que estas alabanzas les pueden
generar problemas. Por el otro lado aman a a quienes los critican porque
les hacen ver sus culpas y errores.
El Profeta Muhammad (swas) dijo una vez :
”Pena sobre aquellos que ayunan todos los días del año,
sobre quienes oran toda la noche, sobre los Sufis, y alegría sobre
un pequeño grupo de personas.
Se le preguntó y quienes son este pequeño grupo?
Y Respondió: “Aquellos que se mantienen alejados del mundo
, Odian las alabanzas y aman las criticas”
3-
Bismillah
El ser humano
es hijo de lo que está sucediendo en este momento (dicho sufi).
No aceptar lo que está sucediendo, es un error que ha veces se
paga muy caro. Todo diagnóstico erróneo lleva a un tratamiento
erróneo.
¿Cómo diagnosticas? desde la cabeza, desde la experiencia
de otros? hay pobre de ti...
Hz Abdel Qader Al Yilani dice: Presentarle quejas al señor de la
Verdad cuando los decretos divinos descienden de las alturas, es algo
absurdo, la muerte de la afirmación de la Unidad, la muerte de
la confianza absoluta y de la sinceridad [ikhlas].
El corazón del creyente no sabe “¿por qué?”
y el “¿cómo?” no lo sabe; dice simplemente:
“¡Sí, en verdad!” El yo en su totalidad [nafs]
es rebelde y discutidor, por lo que cualquiera que desee corregirlo debe
luchar con él hasta estar a salvo de su malicia. Su totalidad es
mal dentro de mal, pero cuando se lo ha combatido y llega a estar en paz,
se transforma enteramente en bien dentro de bien. Se torna obediente con
todo lo que se le requiere acatar, y con el abandono de toda desobediencia
pecaminosa, por lo que ahora se le dirá:
"Oh alma en paz, retorna a tu Señor, satisfecha y satisfactoria"
(89:27,28).
"Dios ha creado a vosotros y a lo que hacéis", "No
maldigas lo que está pasando en estos momentos, pues es creación
de Dios". (Hadices)
4-Bismillah
Un hombre que había cometido diversos errores, se arrepintió
amargamente y retomó el justo sendero.
Después de un tiempo, los deseos de cosas mundanas se le volvieron
a presentar con más fuerza que antes y nuevamente se entregó
a malos actos y pensamientos.
Luego, la pena estrujó su corazón y lo redujo a un estado
miserable.
Nuevamente deseó cambiar de actitud pero no tenía la fuerza
necesaria para hacerlo.
Día y noche, como un grano de trigo en la sartén, su corazón
no encontraba sosiego; sus lágrimas mojaban el polvo del camino.
Una mañana, una voz misteriosa le dijo:
"Escucha al Señor del Mundo. Cuando te arrepentiste por
primera vez, acepté tu penitencia. Podría haberte castigado
y no lo hice.
Cuando caíste en pecado por segunda vez, te tuve paciencia, y a
pesar de mi cólera no causé tu muerte.
Hoy reconoces tu perfidia y deseas regresar a mí por tercera vez.
¡Hazlo, retoma el Camino, te abriré la puerta y te esperaré!
Cuando tu actitud haya cambiado verdaderamente tus pecados serán
perdonados".
Extraido
de la Asamblea de os Pajaros
de Farid Ud-Din Attar
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Sufinews
Correspondiente a
Mayo del 2009.
Editado en
Buenos Aires, Argentina.
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