Mayo del 2009
 
 

El derviche es el hijo del momento

Un verdadero derviche vive momento a momento; no le preocupa lo que pueda ocurrir en el siguiente momento. No tiene un plan para el siguiente momento. El sufí no tiene futuro.

Este momento lo es todo. Vive en él, vive totalmente en él, porque no hay ningún otro lugar donde ir.

Si tiene un futuro, no puede vivir con totalidad en el momento. Es natural, una parte de su ser estaría fluyendo hacia el futuro. Si tiene un pasado, no puedes vivir en el presente, parte de su mente estaría fluyendo hacia el pasado. Se fragmentaría.

Consejos de sabios: Hijo del Momento.
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Articulo: El Esfuerzo.
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Cuento: El Filo del Cuchillo.
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Selección de mensajes enviados a la lista Sufinet.
 
 

Si no vive en el momento una gran parte de su ser se quedaría "colgada" en alguna parte del pasado y el resto ya se habría movido a algún lugar en el futuro. No quedará nada para el presente. Y el presente es tan pequeño que puedes perdértelo muy fácilmente. La gran mayoría de la gente se lo está perdiendo. Esta gente tiene pasado y tiene futuro, pero no tiene ningún presente...

El Esfuerzo
Muÿâhada

La palabra árabe Nafs se emplea en el lenguaje corriente para el concepto de mismo. El Nafs de algo es lo que es en sí esa cosa o, mejor dicho, aquello con lo que se identifica a sí misma o con lo que se la identifica, es su identidad. En su raíz, significa aliento, respiración, y en estos sentidos es una vida concreta, una persona. También, el Nafs de alguien es su personalidad, su carácter propio. Con frecuencia, el término ha sido traducido por alma. Mejor es verterlo por el sí mismo de algo, su fuero interno, o su conciencia de sí, o su ego, su yo.

El Nafs sin más adjetivos- diciendo que, conforme a la descripción que hace el Corán de la materia prima con la que fue creado el ser humano, el Nafs de manera innata tiene como naturaleza la debilidad propia de la tierra y el polvo; la avaricia propia del barro primordial; el apetito propio del cieno; y la ignorancia propia de la arcilla. De esa naturaleza innata que consiste en la debilidad (du'f), la avaricia (bujl), el apetito (sháhwa) y la ignorancia (ÿahl), se derivan cuatro comportamientos: la búsqueda de dominio (arrogancia, amor propio, receptividad ante la adulación); la actuación demoníaca (el engaño, la argucia, la envidia); la naturaleza animal (amor a la comida y a la bebida, la incontinencia sexual); la bajeza de los esclavos (miedo, bajeza). De acuerdo con esto, el Nafs es el origen de todas las acciones censurables, a las que llamamos rebeldías (porque son contrarias a lo que Allah quiere del ser humano) y carácter vil. Al-Bistâmi decía que el Nafs es "la patria de todo mal".

El Imâm 'Abd al-Qâdir al-Yîlâni también nos ofrece una imagen que define lo que debemos entender por Nafs (siempre refiriéndonos, como hacen los sufíes, al an-Nafs al-Ammâra): "Es el peor de tus enemigos, peor que Iblîs, el demonio, tal como afirmó el Profeta en un hadiz. El Ego es ciego, sordo, ignorante de quién es su Señor. Su naturaleza lo hace encontrar reposo en la hipocresía y el fingimiento, la falsa pretensión, y se satisface en ser adulado. Es voraz, pretencioso, rebelde, se forja vanas esperanzas. Su verdad es mentira, sus afirmaciones son engaños, y todo lo suyo es engreimiento. Si se confía en él, se atasca; si se le da libertad, se hace indómito; si se le da lo que quiere, se destruye a sí mismo; si no se le piden cuentas, te vuelve la espalda. Si no puedes llevarle la contraria, acabarás ahogado. Si lo sigues, te conduce al Fuego. No tiene entidad ni puede volver al bien. Es la cabeza de tus desgracias, la mina de tu vergüenza, la alacena de Iblîs y el albergue de todo mal ".

Los sufíes distinguen entre el Nafs (el Ego) y el Rûh (el Espíritu). Cada uno de ellos es un órgano inmaterial (latîfa) constituyente de la conciencia del ser humano. El Nafs es el manantial de los comportamientos viles (ajlâq madzmûma); por su parte, el Rûh es de lo que derivan los comportamientos nobles (ajlâq mahmûda). También hablan de otros órganos inmateriales del hombre: el Pecho, el Corazón, el Centro del Corazón, el Núcleo del Centro, etc. No nos interesa aquí detallar estas latîfa-s, que al final son en el fondo una misma cosa, la conciencia, sino destacar que, como resumen, los sufíes enseñan que es de vital importancia domeñar el Nafs y alzarlo por sus siete grados hasta que alcanza la plenitud.

En teoría, luchar contra el egoísmo parece simplemente algo bueno, moralmente aprobable, y hasta relativamente fácil, pero cuando se avanza por esa senda se descubre que el egoísmo es mucho más que unos cuantos comportamientos claramente perversos: es nosotros mismos. Volvemos así a los primeros significados de la palabra Nafs. Hasta la bondad que creíamos perseguir está sembrada de egoísmo, y eliminar esos últimos rescoldos sólo puede hacerlo alguien entendido en las trampas más sutiles del Nafs.

Todo musulmán ha sido invitado a combatir su egoísmo, y hacerlo desplegando un gran esfuerzo (Muÿâhada). Toda victoria sobre el Nafs produce en el ánimo una satisfacción que es reflejo de la Satisfacción (Ridâ) de Allah, y un anuncio del Jardín (al-Yanna).

La Muÿâhada es un instinto en todos los seres humanos, y es el esfuerzo que realizan para no dejarse conducir por sus inclinaciones a la autodestrucción. Para los musulmanes, además, es una prescripción. En la medida de sus fuerzas y lucidez, cada musulmán debe doblegar su egoísmo, faltando a un principio fundamental del Islam si no lo hace. Pero para las sufíes, que son aquellos que se han propuesto descubrir a su Señor y bañarse en su luz llevando al extremo la obediencia que le deben en sintonía con la esencia del universo, sujetándose por completo a Él, la Muÿâhada es la quintaesencia del Camino. Al-Yîlâni dijo: "Quien desee seguir el Camino de la Verdad, que dulcifique primero su carácter. Con la constancia en la Muÿâhada se abre el ojo del Nafs y se cierra su boca ".

La Muÿâhada es un proceso largo y penoso. Cada vez que el peregrino derrota un aspecto de su Nafs con la espada de la contravención, Allah le devuelve la vida y de nuevo lo desafía y busca someterlo, y esto sucede una y otra vez, convirtiéndose en una larga batalla, ésa a la que el Profeta llamó Yihâd Mayor. Y es porque, en realidad, el Nafs es tremendamente complejo y tramposo, y cuando se cree que se le ha vencido en un frente sus rescoldos reaparecen en otra parte. Todo esto es lo que hace necesaria la asistencia de un Maestro capaz de advertir lo que se le escapa al aspirante, que se apresura a creer en la victoria cuando aún le queda mucho camino que recorrer.

El Corán enuncia la necesidad de realizar la Muÿâhada y mantenerse constante en ella: "A quienes se esfuerzan por Mí, los guiaré por mis caminos ". El peregrino hacia Allah (el sâlik) permanece a las puertas de Allah y cada uno de sus esfuerzos es una llamada hasta que accede guiado por Allah mismo hasta su Presencia cuando no queda nada de su Nafs. Al-Yîlâni dijo: "Quien en sus comienzos no empieza por la Muÿâhada, no encuentra nada en el Camino".

El fruto de la Muÿâhada es la Mushâhada, la Contemplación. En la soledad del vacío que deja la ausencia del Ego, el aspirante (el murîd), convertido ahora en pobre (faqîr), en alguien sin nada, sin ninguna maldad y puro, contempla los Secretos de Allah, los Misterios de su Unidad Envolvente, y gana su Protección y es abarcado por la Misericordia. Según los maestros, la intensidad de la Mushâhada depende del rigor de la Muÿâhada. Al-Yîlâni dijo: "Es aspirante necesita la Muÿâhada en la misma medida en que me necesita a mí ". Efectivamente, la Muÿâhada, complementada por la asistencia de un maestro experto que le evite al discípulo los autoengaños, da un fruto extraordinario.

Los modos de la Muÿâhada:

Los maestros proporcionan algunas claves generales para sostener la lucha contra el Nafs y reducir hasta matar su influencia sobre el corazón que pretende entrar en la Presencia del Rey. Puesto que el Nafs es de naturaleza esquiva y traicionera, las medidas que aconsejan que se adopten contra él son severas.

1- En primer lugar, está la ruptura con las costumbres (qat' al-mâ-lûfât). La rutina acomoda al Nafs, y las costumbres acaban adormeciendo el ánimo y humillan al corazón. Es muy difícil despertar de aquello a lo que se acostumbra el ego, y cuando éste se hunde en la repetición es asaltado por enfermedades que debilitan su voluntad. La Muÿâhada no es posible más que cerrando la puerta a la rutina. Las principales costumbres son la comida, la bebida, y la obsesión por la subsistencia. En todo ello, el aspirante deberá limitarse a lo que permita la Ley revelada, absteniéndose de relajarse en esas cuestiones que se convierte en rutinas a la que el ser humano consagra la mayor parte de su tiempo. El sufí deja de adorar las costumbres hasta que la atención que merece a Allah las sustituye y Él se convierte en la verdadera Costumbre.

Nos referimos a las grandes obsesiones en las que el hombre ocupa la mayor parte de su tiempo. Esa dedicación a subsistir y a asegurarse la vida acaba en excesos que consumen todo el tiempo, y resulta que el ser humano no deja de preocuparse por mantenerse vivo hasta que se cumple su destino que es la muerte, lo cual es un contrasentido. Salir de esa rutina que absorbe la mente a la mayoría de la gente es una de las primeras condiciones para la Muÿâhada.

2- En segundo lugar, está contrariar (mujâlafa) al Nafs. El ser humano se acomoda a las costumbres de modo que abandonarlas se le hace penoso. Junto a las rutinas y costumbres, es decir, junto a las grandes obsesiones absorbentes, está el hawà, las inclinaciones del ánimo, la sháhwa, los apetitos sensuales, y los amânî, las falsas esperanzas. Los maestros enseñan que debe serles llevada la contraria. Conceden una gran importancia a esa contravención (mujâlafa ), porque las inclinaciones frívolas, los apetitos animales y los supuestos forman parte esencial del Nafs. El Corán dice: "No sigas al Hawà, porque te desviará del Camino de Allah ", "(Los idólatras) no hacen sino seguir suposiciones y lo que le apetece al Nafs", "No sigas a quien hemos hecho descuidar nuestro Recuerdo y se subordina a sus inclinaciones ".

La Mujâlafa es la clave de la Muÿâhada. Llevarse a uno mismo la contraria es plantear una querella. El Imâm al-Yîlâni decía: "La realización de la sujeción a Allah consiste en que tú mismo seas tu contrincante. Esa querella es el camino en el que se hará verdadera tu sujeción a Allah ".
La Mujâlafa , llevar la contraria al Ego, empieza rechazando lo que le apetece e imponiéndole lo que le resulte pesado, y nada hay más pesado para el an-Nafs al-Ammâra, el Yo Imperante, el Ego Animal, que la 'Ibâda, las prácticas espirituales en las que se reconoce el Dominio de Allah en todas las cosas y se rompe con la costumbre ('âda). La constancia en la realización de la 'Ibâda hace despertar al corazón hasta que éste comienza a saborear su adhesión a Allah. Se trata de un placer espiritual en el que se van diluyendo las inclinaciones del Nafs hasta quedar relegadas. Los sufíes siempre han insistido en que se debe enderezar el Nafs en el yunque de la 'Ibâda.

La austeridad con la que se rechaza las exigencias del Ego y la práctica severa de las 'Ibâda-s que el Islam enseña son formas de Muÿâhada con las que se entra en el ámbito del desapego que asoma al sufí a la Realidad de Allah, concentrando el ánimo en el objeto de la búsqueda del peregrino hacia el Rey.

3- En tercer lugar, está la disciplina, el ejercicio (Riyâda). La Riyâda, con la que se quiebra la tendencia del ego hacia sí mismo, tiene cuatro pilares: el hambre (ÿû'), el silencio (samt), el insomnio (sahr) y el retiro (jalwa). Quien se somete al rigor de estas disciplinas, debilita la fuerza de su Ego. Son el destete que con el deja atrás al alma infantil y se permite despegar al corazón. At-Tustari enunció esos pilares diciendo: " Los Abdâl (representantes de una categoría dentro del sufismo de elevado rango espiritual) alcanzan su grado gracias a la práctica de cuatro virtudes: vacían su estómago, pasan en vela las noches entregados al recogimiento, callan y se apartan de la gente ". Al-Yîlâni dijo: "El peregrino sincero sólo come cuando tiene hambre, no duerme más que cuando es vencido por el sueño, dice lo estrictamente necesario y se retira apartándose primero de sí mismo y después de los hombres, y después del mundo, y después del Otro Mundo, y al final se queda a solas con Allah ".

Esos cuatro ejercicios son las claves de una auténtica Muÿâhada, son la disciplina que acaba dando consistencia a todos los demás esfuerzos. Algunos autores añaden la Siyâha, el viaje, que consiste en ir de un sitio a otro sin nada, dejándolo siempre todo atrás. No se insiste en este punto porque el sufismo no es una negación de las responsabilidades. El sufí, a pesar de las disciplinas que se imponga, debe estar al cuidado de su familia, respondiendo por el bien de los demás, compaginando su aspiración espiritual con sus deberes para con la comunidad en la que vive, y sólo cuando las circunstancias se lo permitan o no tenga otro remedio para limar su Ego puede 'abandonar el mundo'.

También se cuenta entre las disciplinas con las que se pule al Ego la paciencia y la constancia en el estudio del Islam, pues una de las características del an-Nafs al-Ammâra es la ignorancia, que debe ser combatida para que el ser quede iluminado.

4- En cuarto lugar hay que situar el ajuste de cuentas (Muhâsaba) y la vigilancia ( Murâqaba). En resumen, quieren decir que hay que estar siempre alerta. La Muhâsaba es un medio de constante prevención que consiste en una auto recriminación regular que mantenga la tensión del esfuerzo. El Profeta ( s.a.s.) dijo: "Pedios cuentas a vosotros mismos antes de que os las pidan". La Muhâsaba es una manera de proteger y preservar la voluntad, no dejando que se diluya la fuerza de la aspiración inicial. En la práctica, consiste en no apresurarse. Antes de realizar cualquier acto, es necesario darse tiempo para una reflexión que busque el acierto, corrigiendo antes la intención, teniendo en cuenta las enseñanzas de la Ley al respecto, evitando las trampas del egoísmo, etc. La Muhâsaba, clave para el éxito, es lo contrario al descuido, la desidia, la dejadez, el abandono, las prisas, la inconciencia.

Por su parte, la Murâqaba, la Vigilancia, es tener presente siempre que Allah está al tanto de nosotros, que su Conocimiento nos abarca y su Ojo nos ve en todo momento. Quien presiente ese peso sobre su existencia corrige todos sus actos y no deja espacio a su frivolidad, ni a su inconsistencia, ni a su maldad. La Murâqaba genera un pudor (hayâ) que es síntoma de plenitud en la Muÿâhada. Es más, se considera que la ausencia de Murâqaba es indicio de una ignorancia mortal, y sin el presentimiento de la Presencia de Allah toda actividad, por recta y bella que sea, está vacía de lo esencial y no está inmersa en la Unidad y Unicidad. Toda práctica espiritual y todo esfuerzo carecen de valor si no van acompañados de Murâqaba, y acaban convirtiéndose en gestos fingidos, en hipocresía, o en gérmenes de soberbia y autosuficiencia.

5- Por último, está la Constancia (Mudâwama). La realización de Esfuerzos puede creerse coronada alguna vez por un éxito definitivo, y en ello hay una trampa mortal. Hay quienes se disciplinan hasta convertir sus vidas en actos de prácticas espirituales, con constantes ayunos, recogimientos, noches en vela consagradas a la recitación del Corán. Pulen su carácter, mejoran el comportamiento, exilan al Nafs, etc. Pero en realidad nada de ello es un fin en sí, y suponer que se ha alcanzado la meta es que ésta no estaba clara al principio. La Mudâwama, la Constancia en la Muÿâhada, consiste en saber que el objetivo es siempre Allah, y por ello no tiene techo ni límite. Por ello, el peregrino sincero no ceja en el empeño y siempre está limando su ser, haciéndolo cada vez más trasparente. No se deja engañar por sus éxitos, no presta atención a la adulación, no se apodera de él la peor de las arrogancias que es la del santo, sino que avanza hacia Allah, constantemente, y cada una de sus respiraciones es un paso hacia delante. El Imâm al-Yîlâni dijo: " No levantes de sobre tu ego el bastón de la Muÿâhada. Con la constancia en la Muÿâhada se abrirá el ojo de tu ego y su lengua callará, desaparecerá su estupidez y se desvanecerá su ignorancia. Nada de esto es el resultado de un Esfuerzo que dura una hora, sino que es el producto de una hora tras una hora, tras un día que viene después de otro, tras un año que sigue a otro."

La humildad (tawâdu'):

El objetivo de la Muÿâhada es alcanzar el grado de la humildad (tawâdu'), que es la verdad de cuanto existe. Ante Allah, todo es nada, y reconocer la propia pequeñez es el modo de estar vacío ante el Único.

Los malâmatíes, que son los sufíes más rigurosos en la práctica de la humildad, son tenidos como modelos en la censura del ego propio hasta su completa extinción, lo que hace de ellos, según Ibn 'Arabi, 'los mejores de la creación', pues en un hadiz el Profeta ( s.a.s.) dijo: "Allah alza a quien se muestra humilde". Son quienes ahondan en su indignidad y descubren su nada, mientras dejan en paz a los demás seres (y esto es el signo de la verdadera humildad). Al-Yîlâni enunció otros signos, que son: no jurar, no mentir (ni en bromas), no traicionar la palabra dada, no maldecir a nadie, aguantar las ofensas, pensar bien de los musulmanes, no acusar a nadie de no-musulmán o hipócrita, ser recatado, evitar causar a alguien cualquier mal, no cargar a nadie con dificultades, prescindir de la gente, abandonar toda ambición y tener bastante con Allah.

Tienen la función de ayudar a aquel a desarrollar sus capacidades latentes ("los ángeles son las capacidades latentes del hombre"). Creen en la evolución conciente del hombre, claro es, siempre que el hombre quiera evolucionar. Según ellos, la humanidad duerme. Podríamos ser mucho más de lo que somos, pero nos hemos quedado dormidos en un prisión cuando podríamos tener todo el ancho mundo como morada. Pero si realmente queremos despertar, podemos lograrlo, y los sufíes proporcionan las técnicas especiales para nuestro desarrollo.

El Filo del Cuchillo

Cuando el sultán Mohammed Alp Ulug Harezmshah hubo tomado la ciudad de Sebvar por asalto, los ciudadanos imploraron su piedad:
“¡Oh Sultan! Somos tus servidores. Perdónanos la vida y pagaremos el tributo que exigen ¡Perdónanos la vida aunque no sea más que por unos días!”

El sultán les respondió:
“Hay entre vosotros un hombre llamado Abu Bekr. Mientras no me lo hayáis traído, vuestra vida sólo tenderá de un hilo. Si fracasáis, ¡os pasaré a todos por el filo del cuchillo!”

Un hombre trajo entonces una bolsa de oro y dijo:
“¡No nos pidas tal cosa pues, en nuestra ciudad, no existe nadie con ese nombre! ¡Es como si buscases polvo en el fondo de un río!”

Sin dirigirle siquiera la menor mirada a la bolsa de oro, el sultán dijo:
“¡Oh, adoradores del fuego! No esperáis salvación si no me traéis a ese hombre. ¡No creáis que me contentaré cómo un niño con bolsas de oro y de plata!”

Los habitantes de la ciudad se pusieron pues a registrar hasta los menores rincones de la ciudad, con la esperanza de encontrar a aquel hombre…
después de tres días de búsquedas, acabaron por encontrar a un hombre llamado Abu Bekr. Era endeble y flaco, y vivía, enfermo y afligido, en medio de unos escombros:
- “¡Ven aprisa! -Le dijeron los ciudadanos. El Sultán te reclama. Sólo tú puedes salvar nuestra ciudad del degüello.”
- “Si tuviera fuerza para caminar -replicó el hombre. Habría abandonado este lugar desde hace muchísimo tiempo. No me habría quedado entre mis enemigos y habría ganado lo más aprisa posible, el país del amigo.”
Entonces colocaron Abu Beckr en un féretro y los llevaron al sultán.

Este universo es cómo la ciudad de Sebvar. Muchos hombres de Dios están extraviados en él. Y Dios, como el sultán, pide al pueblo un corazón puro. El profeta (sws) dijo ”Dios no mira vuestra apariencia. No busquéis más que la pureza del corazón”
Sólo los hombres de corazón merecen Sus miradas. Tú te has creído un hombre de corazón y te has vuelto orgulloso. Así es cómo has salido el camino de los hombres de corazón.
Tú dices al sultán: “¡he aquí un corazón puro!. Es lo mejor que pude encontrar en la ciudad.”
Te responderán: “¡Esto no es un cementerio por qué me traes un cadáver!. ¿No existe un corazón puro junto al cual se refugien los ciudadanos aquí?”

No olvides que los corazones puros están disimulados en este universo, pues la luz es lo contrario de la oscuridad.

Últimos mensajes de la lista sufinet:

1- Bismillah

Cierto día dijo Dios a Moisés: "Coré te ha llamado setenta veces sollozando y no obtuvo tu respuesta.
Si me hubiera llamado a mí una sola vez de esa manera, yo habría rescatado su corazón del pozo del politeísmo y cubierto su pecho con una vestidura de fe.
Oh, Moisés, lo has hecho perecer en un pozo de agonía, lo has arrojado a la tierra de la desgracia.
Si fueras su creador, no habrías sido tan severo con él".
El que es piadoso aun con los que no tienen piedad se ve favorecido por los hombres de compasión.
Si cometes las mismas faltas que cometen los que no se dan cuenta, te contarás entre los malvados.

2- Bismillah

Aquel que trata de controlar la mente de los demás pierde su tiempo como quien desea construir una casa sobre las olas del mar.
Pretender controlar la mente de los demás, sus pensamientos y tratar de remover la enemistad de la gente , la envidia de los demás, es realizar una tarea inútil.
Es mantenerse ocupado en cosas mundanas y perder tiempo en tratar de convertir este tipo de esperanzas, en realidad
La mayoría de la gente busca que los demás los alaben y reconozcan.
Nada mas lejano de la realidad.

Un cierto sabio decía que El demonio anida en la mente de aquellas personas que disfrutan de las alabanzas y reconocimiento de los demás.
Reconocemos 4 tipos de personas en este sentido:
Un primer grupo se aleja de la critica o de la murmuración de los demás hacia nosotros.
Solo buscan la alabanza y reconocimiento.
Ofrecemos nuestro agradecimiento a quien nos alaba y tomamos venganza sobre quien nos critica. Sin embargo la critica puede servirnos para evitar futuros problemas.
Generalmente la critica es considerada como un problema, pero ayuda a encontrar el error o defecto. Tendría que ser considerado como un beneficio.

Un segundo tipo de personas no reacciona contra quienes los acusan o critican y controlan sus lenguas. No toman acción de venganza, interiormente siguen sintiendo resentimiento y exteriormente no muestras satisfacción por lo sucedido.

Un tercer tipo de personas son aquellas que temerosas de Allah, reciben las alabanzas y las criticas de la misma manera. Las criticas no los enojan ni los alegra las alabanzas.

Un cuarto tipo de personas son las de mas alto nivel espiritual son quienes no aman a quienes los alaban pues reconocen que estas alabanzas les pueden generar problemas. Por el otro lado aman a a quienes los critican porque les hacen ver sus culpas y errores.

El Profeta Muhammad (swas) dijo una vez :
”Pena sobre aquellos que ayunan todos los días del año, sobre quienes oran toda la noche, sobre los Sufis, y alegría sobre un pequeño grupo de personas.
Se le preguntó y quienes son este pequeño grupo?
Y Respondió: “Aquellos que se mantienen alejados del mundo , Odian las alabanzas y aman las criticas”

3- Bismillah

El ser humano es hijo de lo que está sucediendo en este momento (dicho sufi).
No aceptar lo que está sucediendo, es un error que ha veces se paga muy caro. Todo diagnóstico erróneo lleva a un tratamiento erróneo.
¿Cómo diagnosticas? desde la cabeza, desde la experiencia de otros? hay pobre de ti...

Hz Abdel Qader Al Yilani dice: Presentarle quejas al señor de la Verdad cuando los decretos divinos descienden de las alturas, es algo absurdo, la muerte de la afirmación de la Unidad, la muerte de la confianza absoluta y de la sinceridad [ikhlas].

El corazón del creyente no sabe “¿por qué?” y el “¿cómo?” no lo sabe; dice simplemente: “¡Sí, en verdad!” El yo en su totalidad [nafs] es rebelde y discutidor, por lo que cualquiera que desee corregirlo debe luchar con él hasta estar a salvo de su malicia. Su totalidad es mal dentro de mal, pero cuando se lo ha combatido y llega a estar en paz, se transforma enteramente en bien dentro de bien. Se torna obediente con todo lo que se le requiere acatar, y con el abandono de toda desobediencia pecaminosa, por lo que ahora se le dirá:
"Oh alma en paz, retorna a tu Señor, satisfecha y satisfactoria" (89:27,28).

"Dios ha creado a vosotros y a lo que hacéis", "No maldigas lo que está pasando en estos momentos, pues es creación de Dios". (Hadices)

4-Bismillah

Un hombre que había cometido diversos errores, se arrepintió amargamente y retomó el justo sendero.

Después de un tiempo, los deseos de cosas mundanas se le volvieron a presentar con más fuerza que antes y nuevamente se entregó a malos actos y pensamientos.

Luego, la pena estrujó su corazón y lo redujo a un estado miserable.
Nuevamente deseó cambiar de actitud pero no tenía la fuerza necesaria para hacerlo.

Día y noche, como un grano de trigo en la sartén, su corazón no encontraba sosiego; sus lágrimas mojaban el polvo del camino.

Una mañana, una voz misteriosa le dijo:
"Escucha al Señor del Mundo. Cuando te arrepentiste por primera vez, acepté tu penitencia. Podría haberte castigado y no lo hice.
Cuando caíste en pecado por segunda vez, te tuve paciencia, y a pesar de mi cólera no causé tu muerte.
Hoy reconoces tu perfidia y deseas regresar a mí por tercera vez. ¡Hazlo, retoma el Camino, te abriré la puerta y te esperaré! Cuando tu actitud haya cambiado verdaderamente tus pecados serán perdonados".

Extraido de la Asamblea de os Pajaros
de Farid Ud-Din Attar