Mayo del 2005
 
 

Cuando el hombre despierta en la mañana...

Cuando el hombre olvidadizo despierta en la mañana, piensa en lo que va a hacer hoy… Cuando el hombre inteligente despierta en la mañana piensa qué esta haciendo Alah con él.

Explicar el Islam

Alhamdulilahi al Haqq al Kabir. Las alabanzas son para la Realidad, Única, Inabarcable, Grandiosa… Que Su báraka y Su salam siempre acompañen al profeta y a quienes siguen su rastro espiritual.

Consejos de sabios: Cuando el hombre despierta
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Articulo: Explicar el Islam
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Cuento: El Hombre que no ve más allá de sus narices...
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Que Allah nos haga comprensibles Sus signos y que nuestros corazones se orienten hacia Él y sean los receptáculos de Su Rahim, masha Allah. Assalamu aleikum:

Cualquier tentativa de explicar el islam está destinada al fracaso por la imposibilidad de expresar una fórmula fija de sometimiento a la Realidad. Precisamente porque la Realidad no se deja atrapar en conceptos o en fórmulas. Siempre las excede.

Si pudiésemos definir la Realidad, podríamos abarcarla con la mente y disponer con ello de una serie de fórmulas de sometimiento. El islam podría así ser explicado de una vez por todas y para siempre.

Pero precisamente lo que constatamos una y otra vez es que la mente no es capaz de definir la Realidad, y empieza y acaba siempre nombrando relatividades y polaridades en un ciclo inacabable de preguntas y respuestas. Comprobamos sin cesar que la mente vive prisionera de los sentidos, que sólo se sostiene en el ver, oir, imaginar, actuar, y en las emociones, en el miedo y en el deseo. Sentimos que esa mente que vive prisionera del shirk no es sino un cuerpo constreñido, una expresión inevitable de nuestra condición de siervos de la Realidad.

Vamos comprendiendo que someternos a la Realidad es, en gran medida, acabar con la tiranía de los sentidos, con la tendencia que tenemos a atribuir realidad a los aspectos y anécdotas de nuestra vida —me encontré con fulano, me duele la cabeza—, un shirk que conlleva la experiencia de una realidad fragmentaria, y por tanto un olvido de lo real, que es Único y sin fisuras, que no tiene momentos ni partes. Nos sometemos a lo real cuando nuestros ver, oir, oler, gustar o tocar se convierten en una experiencia de reconocimiento, de identidad. Nos sometemos a la Realidad cuando reconocemos lo Único, cuando nos miramos en Sus espejos que nos devuelven la plenitud de lo vacío. Ni lo otro ni yo somos reales en sí mismos, sino piezas de un juego cuyo sentido y finalidad sólo comprendemos reconociendo a su Creador.

El sometimiento a la Realidad hace a nuestra mente trascender el círculo vicioso del pensamiento lógico sin quebrarlo, hace que lo consideremos tal y como es: una herramienta en manos de la Única Sabiduría Real, de la Conciencia Única. Entonces el pensamiento se expande fuera del nosotros y abarca el universo entero. El sometimiento a lo real implica que nuestras formas mentales, las imágenes y recuerdos personales, los rostros de nuestro miedo o de nuestro deseo aparezcan como expresiones de las formas puras de ser, como el tayali de Allah y el dikra de Sus Nombres.

Como no tenemos forma de comprender la Realidad, la adoración o el olvido son las alternativas más inmediatas. Como no podemos comprender la Realidad a pesar de ser lo más inmediato y evidente, la adoramos, reconocemos Su Grandeza y tratamos de acercarnos a ella, reconociendo Su Revelación e interpretándola. O bien, al no poder comprenderla, nos alejamos de ella, como si ello fuera posible, sin poder eludir en ese olvido la necesidad de una respuesta y de un sentido, encontrándola por todos sitios, a cada paso.

El sometimiento consciente y voluntario a la Realidad nos reviste de realidad, nos va tornando luminosamente reales, mientras que la negación y el olvido va disolviéndonos en la inexistencia y en la inconsciencia, en el universo opaco de la realidad, porque no podríamos estar fuera de ella en ningún caso. El Qur'an nos insta constantemente a esta conciencia, por eso reconocemos en la revelación la huella divina, porque sentimos que Allah quiere volvernos hacia Él, hacia una experiencia única, viva e irreproducible.

Siendo musulmanes encontramos salam. La balanza se nivela y los mundos se reflejan unos a otros como una expresión inabarcable de la Realidad, Majestuosa y Bella, Única y sin fisuras. El islam nos hace vivir en la conciencia. Por eso nos equivocamos siempre que tratamos a Allah como si fuese una persona, como si tuviese nuestra propia manera de pensar, cuando en realidad es todo lo contrario: nuestra mente existe en Allah y por Allah, y es para nosotros un misterio. Allah no necesita adaptarse a nuestros deseos, no nos necesita para nada, pero no deja de contemplarnos desde dentro y desde afuera, desde el lugar donde las aguas se juntan sin mezclarse. Las personas de Allah no son lo elementos de ninguna trinidad ni de ninguna otra panoplia: son los profetas, los santos, la paz sea con ellos, y los mu'minún, la expresión humana y universal de lo divino, Su tayali. Y el profeta Muhámmad, sala Allahu aleihi wa salem, consideraba que la expresión humana del sometimiento a la Realidad es la equidad.

Ser equitativo y ecuánime son virtudes básicas de todo musulmán que lo sea realmente, porque expresan la forma humana del sometimiento a lo real, la acción realmente islámica, porque nos alejan de los extremos cerrando el paso a las energías separadoras, a los ídolos creados en nuestra mente, porque el shirk es un desajuste necesario que cesa cuando encontramos el equilibrio, el salam. Ser capaz de pensar y obrar con justicia sólo es posible para quien se libera de los velos de los sentidos y de las emociones, para quien ve y siente con taqua.

Estamos siendo musulmanes, estamos viviendo el sometimiento a lo real. Y nuestra conciencia nos pertenece por una Rahma. Esa es la grandeza que Allah quiere para nosotros, la propia conciencia, la propia vida que emerge entre las cenizas de lo seres creados en nuestra mente, las vibraciones que surgen de los nombres y se reflejan en un espejo limpio. Allah Subhana wa Ta'ala limpia cuando quiere el espejo y devuelve la luz a las profundidades, y crea cuando Él quiere la oscuridad y crea la confusión y crea la muerte, y las agota a todas en Él, siempre Viviente y Autosubsistente. Él es el creador de nuestra mente y de nuestros sentidos, y del sentido que tienen para nosotros. Allah es nuestro creador constante e inconstante, consciente e inconsciente, nada hay sino Allah y nosotros no vivimos sino en Allah y por Allah.

Allahumma:
2. Para limpiar el espejo donde nos miramos arrojamos sobre su superficie nuestro aliento, la humedad radical que nos constituye y pasamos luego la palma abierta de nuestra mano. Los espejos se limpian con nuestra humedad, se purifican con el aliento de nuestra vida. Cuando nos miramos en el espejo, cuando nos abrimos al otro vemos nuestra imagen invertida, contradicha e intocable. Nos reconocemos como lo que somos, una imagen, una forma sin sustancia ni identidad reales, y al vernos así encontramos una identidad más verdadera, más alejada de cualquier imagen de nosotros mismos que hayamos podido adorar, subhana Allah.

Pero ¿Cómo hemos de mirarnos en los espejos? Nuestra mirada al otro debe templarse en el medio, ser consciente de que la superficie del espejo no es una barrera sino una puerta, un barzaj. El profeta, la paz sea con él, nos dio como siempre las claves para encontrarnos en el otro, la forma mejor de mirarnos en el espejo, cuando dijo:

“Quien haya tratado a los hombres sin ser injustos con ellos, les haya informado sin mentirles y les haya prometido sin defraudarles, será un hombre cabal y de manifiesta justicia, cuya estima es un deber.” (Al-ajlaq wal-wa yibat, 121)

Tres aspectos básicos de nuestra relación con los demás, pilares fundamentales de toda comunidad que avanza hacia la Realidad. Y también la expresión humana del hombre y la mujer universales, del insan al Kamil, que en este caso son el hombre y la mujer cabales, Kamulat muruatuh, palabra árabe que, según el profesor Abdurrahmán Sheriff Chergui, es equiparable a Kamal al Ruyuliy, es decir el desarrollo integral del individuo.

Trato equitativo, información veraz y lealtad. Los tres pilares del ajlaq, de nuestra forma de ser comunitarios y universales, de ser miembros de una sociedad y de una naturaleza universales, alhamdulilah.

Lo primero que hemos de hacer es tratar, encarar, escuchar al otro, exponernos a él sabiendo que es un espejo de nosotros mismos que devuelve precisamente la imagen que necesitamos para trascender, la imagen que rompe la imagen de nosotros mismos, alhamdulilah. Y ser equitativos en el tato supone reconocer eso y reconocer que el otro también se está mirando en nuestro espejo. ¡Menuda responsabilidad, subhana Allah, ser espejos unos de otros y todos del Único! No ser un espejo injusto es fundamental. No ofrecer una imagen lamentable y triste, ni triunfal ni una expresión arrogante ni falsa. Y al mismo tiempo tratar al otro, no como nos tratamos a nosotros mismos, sino como Allah quiere que nos tratemos, con conciencia, con humildad y cariño, con agradecimiento, hasta donde alcance nuestro imán.

Así nos vamos tornando cabales, alcanzando el camino de en medio.

Expresarnos sin mentir, sin actuar, sin representar ningún papel. No somos precisamente los musulmanes muy aficionados al teatro, en general. Nos gusta presentarnos, vivir los hechos tal y como vienen, aunque a veces hagamos representaciones con las palabras, porque, alhamdulilah, no estamos tan distanciados del escenario humano, ni tan condicionados por la historia o por las culturas. Limpiamos el espejo de la comunidad cuando expresamos nuestra mejor sinceridad. Es parte de nuestro ajlaq, de nuestra responsabilidad illáhica, tayali de Su ámana.

La comunidad se construye con hechos, tratos y palabras. La palabra veraz construye un espacio diáfano donde es posible nuestro sometimiento. Es la dawa más intensa e inmediata, porque la palabra verdadera borra las sombras mentales más persistentes. A mayor veracidad, más firme es el espacio conquistado, más tierra de Al Haqq.

Veracidad que no quiere decir sólo la lógica de lo que decimos, sino la realidad creadora, el inmenso caudal de signos que se concentran en nuestras expresiones, en nuestros gestos y palabras. Lo que desciframos y lo que permanece aún oculto. Todos los universos Le pertenecen.

Leales en nuestros compromisos, lealtad que es la prueba de la realidad e intensidad de nuestro imán. Lealtad es hacer realidad la presencia divina en las relaciones humanas, dar cabida a la expresión divina en nuestras vidas, alhamdulilah. Muy diferente todo ello de vivir con una conciencia meramente materialista de nuestra existencia, aunque por ser claramente un camino medio los aspectos materiales tienen su lugar junto a los morales y espirituales. No hay distinción ni barrera que nos cierren el paso.

 

Y todo ello para hacernos “seres cabales”, completos, habitantes de la conciencia más pura, seres distinguidos por nuestro Creador, alhamdulilah. ¿No podríamos ser más agradecidos? El profeta, la paz sea con él, nos augura así, una vida social y comunitaria constructiva, un ámbito humano de realización.

El hombre que no ve más allá de su nariz

Un día un buscador, un verdadero creyente, se encontraba envuelto en una gran contradicción. Había llegado a una encrucijada a la que arriban mucho buscadores espirituales en algún momento de su camino.

Él había estado repitiendo constante mente la frase "LA-ILAHA-ILALLAH", que su significado místico es "Nada existe sino Al-lah (Dios)". Entonces, su mente comenzó a preguntar: "Nada existe sino Al-lah. Pero si el yo no es verdadero, si el ego no existe; ¿quien es el pecador?, ¿quien es el que se equivoca?, ¿quien puede ser el incrédulo?. Si La-Ilaha-ilal-lah es nada existe sino Dios, entonces ¿quien ira al paraíso y quien al infierno? ¿y quién repite La-ilaha-ilal-lah..."

Éste buscador comenzó a preguntar entre los estudiosos, pero ninguno de éstos podía responder sus preguntas, ó no lo entendían o se burlaban de él.

Hasta que un día llegó a donde vivía un gran maestro sufi. Entonces le pregunto por ésta contradicción que él encontraba en la religión.

El Maestro le respondió:
"Hijo mío, en la religión no hay contradicciones, salvo lo que se puede producir en el entendimiento de la mente del creyente. Tu te estás haciendo esas preguntas porque algo esta comenzando a cambiar en ti. Algo del más allá esta comenzando a entrar en tu corazón.

Cuando puedas comprender la religión con tu corazón no necesitaras entenderla con tu mente, ese es el salto que tu necesitas dar en este momento.

Pero, como éste conocimiento no se puede transmitir con palabras, como si fuese una formula matemáticas, te lo explicaré con un cuento. Le paso una vez a un hombre llamado Alfred:

Alfred era un hombre que no veía más allá de su naríz. Él había estado preso por más de 30 años. Hasta que un día llego un decreto firmado directamente por el rey para que sea puesto en libertad inmediatamente.

Alfred se sentia tan feliz con su libertad que para agradecerlo corrió hacia el Papel y le dijo a éste. "Oh Papel, ¡gracias!, ¡muchas gracias!".

Pero el Papel le respondió: "¿Gracias de qué?, yo no fui, fue la Tinta. Ella vino y se disperso sobre mi, haciendo éstas manchas".

Entonces Alfred fue y agradeció a la Tinta. Le dijo: "Oh Tinta, gracias a ti he sido liberado, ¡muchas gracias!". Pero la Tinta le dijo: "Míra, no se de que me estás hablando, lo único que se es que yo estaba muy tranquila y cómoda en mi tintero hasta que un día vino la Pluma, me quito de allí y me esparció por todo éste Papel".

Entonces Alfred, el hombre que no veia más allá de su nariz, fué donde estába la Pluma, y le expresó su enorme agradecimiento: "Oh Pluma, he venido a agradecerte por mi libertad, ¡gracias!, ¡muchas gracias!". Ha lo que la Pluma respondió: "De nada... pero... las gracias a mi no me las debe, ya que yo no he manchado ese Papel intencionalmente, sino que fue la Mano la que me tomo y me llevo desde el tintero hasta el Papel una y otra vez dejando al Papel todo manchado".

Alfred, ya un poco cansado, se dirigió a la Mano, y le expreso su profundo agradecimiento "¡Oh tu!, ¡generosa mano!...". Pero la Mano también se negó a aceptar su agradecimiento diciendo: "Mira Alfred, yo no he echo nada, sino que fue la Fuerza la que me llevo a hacer los movimientos musculares que devinieron en tu indulto".

Entonces Alfred creía que podía llegar al verdadero responsable de su libertad dirigiéndose a la Fuerza. Fue y le dijo: "¡Oh Fuerza!, gracias por haber movido la Mano para que ésta tome la Pluma, para que ésta manche con la Tinta el Papel y todo ésto devenga en mi indulto"... pero la Fuerza, lo miró y le dijo: "Yo no he echo nada de eso, en realidad el que me a empujado a mi a desencadenar todo fue el Conocimiento, así que no me lo agradezcas a mi".

Alfred se encontraba mareado, pero sentía que quizás éste si sería el responsable de su libertad. Entonces fue y le dijo: "¡Oh Conocimiento!, gracias por haber movido a la Fuerza para que mueva a la Mano para que tome la Pluma y ésta manche con la Tinta a el Papel". Pero el Conocimiento tambien se negó a aceptar sus agradecimientos diciendo: "¡Oh Alfred!, no me des las gracias a mi, yo no soy el responsable de tu indulto, ni de nada de lo que a pasado, yo solo obedezco al Intelecto, sin él yo no ejecuto ninguna acción, ni dejo de ejecutar ninguna otra acción".

Entonces Alfred se sintió muy bien y se dijo a si mismo, "¡Ya esta!, ¡he aquí!, ¡he llegado a el querido responsable de mi preciada libertad!". Se dirigió al Intelecto y con entusiasmo y agradecimiento le dijo: "¡Oh amado intelecto!, he venido a agradecerte porque tu eres el único responsable de mi libertad, ¡gracias!, ¡muchas gracias!". A lo que el Intelecto respondió: "A caso no sabes que nada se mueve en ésta creación si no es por el mandato exclusivo de Dios. Sin Su voluntad ni se mueve una hoja de un árbol. Yo obedezco solo a El, no muevo un pelo sin su orden. Así que inclínate ante El y deja ya de deambular"

¿Usted nunca se sintió como Alfred?..."

Últimos mensajes de la lista Sufinet:

1)
Los actos de culto son el aspecto exterior de la servidumbre, la servidumbre es interior en su espíritu. Cuando hayas comprendido que el espíritu y el secreto de la servidumbre está en el abandono de la elección propia y en la total ausencia de oposición a los decretos del destino , te resultará evidente que la servidumbre consiste en dejar toda autodeterminación y preferencia frente a la Señoría.
La estación de la servidumbre, la más noble de todas, no se realiza, de hecho, más que con el abandono de sí mismo. El auténtico servidor debe abandonarse, entregarse a Dios, dejar todo por Él, siguiendo el camino que conduce a la estación más perfecta por la vía más excelsa.

¡Oh criatura! reflexiona sobre esto y, cuando choquen contra ti las olas de los decretos divinos, no te vuelvas hacia la montaña de tu inteligencia engañosa, para que no seas de los sumergidos en el océano de la ruptura. Vuélvete al Arca de la protección divina y de la confianza en Dios, “ Quien busca protección en Dios, es guiado hacia la Vía Recta (C. lII.101). “ A quien se remite confiado a Dios, Él le basta” (C. LXV.3). Si actúas así, el Arca de la salvación te posará sobre la tierra de la seguridad, luego descenderás en el estado de proximidad, libre de todo mal, y obtendrás las bendiciones de la Unión, así como todas las especies que están contigo y que son los mundos de tu existencia. Comprende esto y no seas de los distraídos, sirve a Tu Señor y no seas de los ignorantes.
Convéncete de que la pérdida de la elección propia es lo más importante que tienen los hombres de la certeza, lo que más buscan los que practican la piedad y el mejor adorno con el que se visten los gnósticos.

2)
Bismillah ir Rahman ir Rahim
¿Quién llama a mi puerta?
Preguntó, " ¿Quién llama a mi puerta?"
Respondí, "Tu humilde servidor".
Preguntó, "¿Qué asunto te trae por aquí?"
Respondí, "Vine a saludarte, oh Señor".

Preguntó, "¿Cuánto más viajarás?"
Respondí, "Hasta que me detengas".
Preguntó, "¿Hasta cuándo hervirás en el fuego?"
Respondí, " Hasta que puro quede".

"Este es mi juramento de amor.
Por amor,
renuncié a fortuna y posición".

Dijo,"Has defendido tu caso
Pero no tienes testigos".
Respondí, "Mis lágrimas son mis testigos;
la palidez de mis rostro es la prueba".'
Dijo, "Tu testigo no tiene credibilidad;
tus ojos están demasiado húmedos para ver".
Respondí, "Por el esplendor de tu justicia
mis ojos están limpios y libres de culpa".

Preguntó, "¿Qué buscas?"
Respondí, "Tenerte como mi constante amigo".
Preguntó, "¿Qué quieres de mí?"
respondí, "Tu abundante gracia".

Preguntó, "¿Quién fue tu acompañante en el viaje?"
Respondí, "El pensar en ti Oh, Rey".
Preguntó, "¿Qué te ha llamado aquí?"
Respondí, "La fragancia de tu vino".

Preguntó, "¿Qué te da la mayor satisfacción?"
Respondí, "La compañía del Emperador".
Preguntó, "¿Qué encuentras aquí?"
Respondí, "Cien milagros".
Preguntó, "¿Por qué está el palacio desierto?"
Respondí, "Todos temen al ladrón".
Preguntó, "¿Quién es el ladrón?"
Respondí, "El que me impide estar contigo".

Preguntó, "¿Dónde se puede estar a salvo?"
Respondí, "En el servicio y la renuncia".
Preguntó, "¿A qué hay que renunciar?"
Respondí, "A la esperanza de la salvación".

Preguntó, "¿Dónde hay calamidad?"
Respondí, "En la presencia de tu amor".
Preguntó, "¿Cómo te beneficias de esta vida?"
Respondí, "Manteniéndome verdadero conmigo mismo".

Ahora hay que guardar silencio.
Si te contara sobre Su verdadera esencia
¡saldrías volando de ti mismo para siempre,
y no habría puerta ni techo que te pudiese frenar!

Rumi - In the Arms of the Beloved, Jonathan Star
Jeremy P. Tarcher/Putnam, New York 1997

 

3)
Bismillah ir Rahman ir Rahim
As salamu aleykum wa Rahmatullah wa Barakatu hu
Dice el Iman al Gazzali en su obra Ihya Ulum Id Din:
Allah le reveló a David (as) ;Oh habitantes de la tierra mirad en el auto engaño en el que vivis.
Ven a Mi y observa Mi habilidad.
Mantente en Mi compañia,y trata de estar conmigo en s0ledad.
Mantente satisfecho con Mi compañia y Yo estare satisfecho con tu presencia.
Aquel que quiere conocerme lo consigue.
Quien no me desea , no me alcanzará. Tu crees que Me amas.
Si tu amas al mundo y a sus tentaciones, tu amor no puede ser integro.
El amor por Mi y el amor por el mundo no pueden convivir en el mismo corazon y en la mente de Mis criaturas.