Agosto del 2009
 
 

Doce Pensamientos Sufíes

1- Hay un Dios Eterno, Ser Único: nada más existe.

2- Hay un Maestro, el Espíritu Guía de todas las Almas, que conduce a todas las almas hacia la Luz.

3- Hay un Libro Sagrado, el sagrado manuscrito de la Naturaleza, única escritura que puede iluminar al lector.

4- Hay una Religión, el progreso que no se aparta de la dirección correcta hacia el ideal que realiza el propósito de la vida para cada alma.

Consejos de sabios: Doce Pensamientos Sufíes.
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Articulo 1: Trabajo Espiritual.
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Articulo 2: ¿Cómo Caminar?
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Selección de mensajes enviados a la lista Sufinet.
 
 

5- Hay una Ley, la ley de la reciprocidad, que puede ser observada por el alma carente de ego que se despierta a la justicia.

6- Existe una Hermandad, la familia humana, que une a los hijos/as de la tierra sin discriminaciones en la Paternidad/Maternidad de Dios.

7- Hay una Moral, el amor que, desde el olvido de sí, florece en obras de beneficencia.

8- Existe un Objeto de Alabanza, la belleza de todo lo Visible y lo Invisible, que eleva el corazón de sus adoradores.

9- Hay una Verdad, esencia de toda sabiduría: el conocimiento auténtico de nuestro ser, tanto interno como externo.

10- Hay un Camino: aniquilar al falso ego en el verdadero, elevando lo mortal a la inmortalidad en la que mora toda perfección.

11- Hay Dolor. El dolor es la puerta del amor, ambos se pertenecen. "El dolor del amor se transformó en la medicina para cada corazón, la dificultad jamas podría haberse remediado sin amor".
Si tu corazón está abierto, también está abierto al dolor. Uno de los antiguos Maestros dijo: "Si quieres herirme, aquí están las piedras, y aquí estoy yo".
Si evitas el dolor también evitas el amor; ambos se pertenecen.

12- Hay anhelo... Él. El gran poeta sufí Rumi dijo: "Le lloraré, y Le lloraré y Le lloraré hasta que la leche de Su bondad hierva". Él está expresando lo que es más valioso para un sufí: el anhelo por Dios. El sufí sabe que el anhelo nos brinda el camino más directo hacia nuestro Amado, hacia Dios. Profundamente en el corazón, se encuentra el dolor primordial del anhelo, el llanto del alma separada de su fuente. Es un dolor que llega como una memoria de cuando estábamos junto a Dios, lo que el sufí llama "la dulzura que existía antes de la miel o la abeja". En algunos momentos especiales en nuestra vida recibimos una muestra de esta unión, un sorbo de recuerdo divino. Es tan increíblemente dulce e intoxicante que despierta el conocimiento hasta entonces latente en el alma de estar junto a Dios. Entonces, la pasión del corazón comienza a abrasar como un dolor en el corazón, y despierta el anhelo. En todo romance, tú ansías aquel a quien amas. Esperas que suene el teléfono, que llegue una carta. Esperas que tu amante vuelva al hogar. En el romance con Dios es lo mismo, pero amplificado. Tú anhelas y esperas. Esperas por el instante en que el Amado sorpresivamente llegue a tu corazón, el momento cuando sientas la caricia gentil de tu Amado.

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Trabajo Espiritual

En el sufismo siempre se recomienda a los discípulos "estar en el mundo sin ser del mundo". A diferencia de los monjes cristianos, el discípulo sufí es un hombre o una mujer que vive plenamente en este mundo: trabaja, se casa, tiene hijos, amigos, cuida a sus familiares etc. Y lleva una vida que, a simple vista, podría calificarse de banal, al menos en el plano exterior.

En esta época donde la "originalidad" es un valor positivo, donde cada uno busca marcar la diferencia con los demás ya sea por el lenguaje, el vestido, la alimentación o las actividades realizadas, una indicación de éste tipo resulta particularmente útil para luchar contra nuestro ego. Si seguimos una vía ascética llena de ejercicios complicados y difíciles pruebas, la mirada de los demás sobre nosotros llevará implícito el grave riesgo de alimentar nuestro orgullo.

Buscar y aceptar hoy en día una vía banal es lo más pesado para el ego. Viviendo en el mundo pero esforzándose por no dejarse llevar por él, el discípulo se mantiene en cada instante, en su interior, firmemente enraizado en la Presencia Divina. Cuando hablamos de pobreza espiritual, lo que cuenta no es lo que uno posee sino la huella que dejan las cosas sobre nosotros. Cuando hablamos de actividad es más importante la intención de los actos y el espíritu con que han sido realizados que ellos por sí mismos. Y cuando hablamos de contemplación se sale de éste mundo material para acceder a otra dimensión, la del mundo del misterio y el espíritu.
Es desde esta óptica desde la cual el discípulo podrá realizar un verdadero trabajo espiritual.

Como ya hemos visto anteriormente aquello que va a hacer cambiar nuestra relación con el mundo no van a ser los intentos de modificarlo sino, más bien, la percepción del mismo.

Para realizar este trabajo necesitamos exponer nuestro corazón a los efluvios espirituales que vienen a nutrirlo y purificarlo. La concentración progresiva del conjunto de nuestro ser sobre la percepción del corazón nos ofrecerá las oberturas y los estados que nos llevaran a seguir el camino.
Ya hemos hablado de la disciplina que implica el respeto de la sharia; con ella le recordamos al ego que no es nuestro único maestro sino que, contrariamente a lo que piensa, es Dios el que tiene las riendas de nuestra existencia. El ritual de las cinco plegarias diarias nos permite adquirir una conciencia cada vez más profunda del tiempo cósmico en el cual vivimos y, paralelamente, nos ofrece la posibilidad de suspender el curso del tiempo para detenernos y reencontrarnos. El ayuno de Ramadán nos recuerda la total dependencia corporal respecto a nuestro Creador. La limosna nos enseña a desapegarnos de los bienes materiales y a valorar la gracia que supone poder disponer de algo para ofrecer. Y el peregrinaje es como una muerte iniciatica, un símbolo de este camino de vuelta hacia Aquél con el que estamos ligados desde siempre. Hemos visto también que el dhikr, ya sea individual o colectivo, es el alimento del corazón, es decir, la que nos va a permitir de hacerlo crecer y desarrollarse.

Verdadera contemplación, es el lazo de unión con nuestro Guía y el canal que él utiliza para transmitirnos su educación. Él es la fuente del conocimiento y de los estados espirituales. La fraternidad, entendida como la práctica de compartir, es parte fundamental de esta educación y es por esto precisamente que las reuniones regulares con los hermanos es una de las actividades fundamentales de la tariqa.
La asistencia de personas interesadas en conocer sinceramente la tariqa se convierte en la posibilidad de enriquecerse mutuamente mediante la circulación entre los foqqaras del secreto, de ése tesoro que uno no lo puede guardar para sí. No se trata de convencer sino de mostrar aquello que uno ha encontrado; esa fuente de agua viva a disposición de los que necesitan beber.

El trabajo espiritual es una obra a largo plazo que exige paciencia y perseverancia. No se debe esperar que las cosas vayan a cambiar en un abrir y cerrar de ojos por el simple hecho de entrar en contacto con un Guía vivo. Si el secreto divino está efectivamente contenido en el pacto iniciático nos pertoca a nosotros descubrirlo y hacerlo fructificar.

"La sabiduría está en el corazón: el que quiere tener agua en su pozo debe cavar: cuanto más cava más agua encuentra; si deja de cavar, el agua no sobrepasa nunca el nivel inicial. El que cava este pozo no debe creer que el agua ha alcanzado el nivel máximo, debe continuar cavando pues el pozo no tiene límites", explica Sidi Hamza.

 

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¿Cómo Caminar?

"Los hay que vienen a mí con una demanda comparable a la de llenar un vaso, y lo lleno. Otros vienen con una demanda comparable a un océano, y yo lleno ése océano: a cada uno según su petición. "nos dice Sidi Hamza.

Así pues el Sheykh es el escanciador que derrama el vino espiritual en la copa de nuestro corazón según la capacidad de recibir y la intensidad de nuestra sed de Dios.

Esta sed aumenta a medida que vamos probando el vino: "En un cierto grado la necesidad de Dios es comparable a la necesidad de asistencia de alguien que se está ahogando y clama socorro desesperadamente. Esta necesidad destruye todo deseo que no sea Dios".

Es pues esta necesidad y esta energía las que nos mueven a caminar. Porque Dios responde a la llamada de su servidor y el socorro divino deviene cada vez más y más tangible, más y más concreto para aquél que tiene los ojos bien abiertos. Ciertas cosas que parecerían imposibles de resolver, se solucionan por ellas mismas sin que uno tenga la sensación de haber hecho un esfuerzo, y cuando uno mira hacia atrás se sorprende de constatar el camino recorrido.

No se trata de imponerse metas muy difíciles sino dejarse guiar y vigilar muy de cerca las astucias de nuestro ego. Como se dice en la Vía se trata de"hacer lo que uno pueda y un poco más". Para evitar la fijación sobre tal o cual punto es mejor dejar los sucesos en manos de Dios quedando, eso sí, firmemente anclados en las prácticas rituales.

Para aquél que quiere domar su alma no se trata de forzarla bruscamente, con el evidente riesgo de romperla, sino solamente de velar por mantener la suficiente cierta tensión espiritual para empujarla a abandonar sus pasiones. El resultado de todas maneras, siempre está en manos de Dios. Y si es que uno puede hablar de combate cuando se habla del alma pasional, tan solo se puede hablar de amor cuando uno observa la relación con la gracia divina.

Decimos que "el amor es la corona de las obras", es decir, todas las prácticas nos evocan y concluyen en una sola cosa; alumbrar y reforzar en el corazón del discípulo la llama del amor divino. Una vez que esta llama se ha alumbrado se quema toda entera, y los conceptos mismos de esfuerzo o trabajo pierden su sentido. No significa que las prácticas sean abandonadas sino que ellas se convierten en lo que realmente son: puros actos de adoración. Citando de nuevo a nuestro Sheykh,"El mar se forma y la lluvia que cae sobre él crea tal oleaje que éste desborda la costa, la arena y se lleva con él todo lo que encuentra a su paso. Al final sólo queda el mar. Sucede lo mismo el día en que Dios quiere beneficiar a Su servidor con Su Gracia; insufla en su corazón un soplo de amor ".

" Es el amor el que pone los corazones en movimiento, el que los hace actuar. El amor es la montura del espíritu y es a través de él que lo conocemos todo". "Cuando el amor habita en el corazón uno prueba el sabor de todo lo que realiza. Nada parece difícil y se saca provecho de lo que nos llega. Por la gracia del amor el velo que nos separa de la realidad cada vez es más tenue. Uno experimenta el gozo profundo de esta proximidad, y es entonces cuando es invadido por la percepción de la Belleza. Porque, verdaderamente, no hay nada más que la unidad divina. Los velos enturbian la percepción y el mundo es como una sombra efímera; la sombra no dura nada. Cuando el sol se eleva sobre un objeto crea, durante un momento, una sombra que luego desaparece. Lo mismo sucede con el mundo con relación a la Realidad".

"Quiero al amor mas que a cualquier otra cosa. Recemos para que Dios no nos lo retire".

Si las actuaciones de ciertos discípulos pueden parecer a veces extrañas, o incluso incongruentes, para aquellos que no comparten su experiencia interior, debemos esforzarnos en respetar lo que no conocemos. Si alguien realiza un trayecto de catorce horas de viaje para pasar solamente una hora con su amado/a se le puede tratar de loco, pero también se puede pensar que lo hace porque ahí encuentra algo que no lo ha podido encontrar en ningún otro lado.

No es una cuestión de querer cambiar a los demás sino de trabajar sobre uno mismo. No se trata de imponer algo a alguien sino de darse a uno mismo una regla de vida que nos ayude a liberarnos de nuestro ego. "Amad a todas las criaturas cualquiera que sea su religión, raza u opinión. Cada uno está en el lugar donde Dios lo ha puesto y a nosotros no nos toca juzgarlo. Evitad todo odio y toda forma de disensión: "Dios no visita un corazón que odia" nos aconseja Sidi Hamza.

La progresión espiritual del discípulo se traduce por un embellecimiento de su comportamiento sobre el conjunto de las cosas y los seres creados mediante la práctica del amor, el respeto, la tolerancia, el altruismo y la humildad. Jesús decía " juzgaremos al árbol por sus frutos". Si éste embellecimiento no se produce es que el discípulo tiene un problema de orientación y que su intención no es justa.
No se trata de adoptar una máscara suplementaria, otra etiqueta más a las ya adquiridas o de adherirse a un comportamiento o a unas técnicas: se trata de transformar.

Es el camino de toda una vida y este camino es ilimitado. Pero sólo una Vía viva puede ofrecernos los medios para esta transformación aunque éstos parezcan, a primera vista, irracionales; aquí no estamos hablando de la razón.

"No nos podemos fiar de la sola comprensión mental. Existe un mental sensible y un mental luminoso. El mental sensible tiene un límite y para traspasarlo hay que trabajar sobre uno y frecuentar a los hombres de Dios. Sólo Dios puede transformar el mental sensible en el mental luminoso, un mental iluminado por la luz del corazón.

La comprensión no se adquiere con los libros, sería muy fácil de reunir todos los tratados de sufismo para adquirirla. La verdadera ciencia os vendrá del interior, de vuestro corazón. Sólo el corazón comprende que nada esta fuera de Dios. La Vía entera es pura experiencia espiritual y ella se inscribe en lo más íntimo y profundo de todo el que la sigue. La Vía no es conjetura y menos aún erudición. Ella es aprehensión directa de la luz divina por el corazón; es posible ver a Dios en todas partes, no os penséis que es imposible para vosotros".

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Últimos mensajes de la lista sufinet:

1- Bismillah

“El mundo como tal no puede hacernos felices.
¿Por qué permanecemos enraizados en el mundo y le guardamos rencor por no darnos lo que no posee?
¿Por qué luchamos con él, como si pudiéramos obligarle a dar lo que no puede dar, precisamente porque es el mundo?
Hay dos maneras de morir: una es la muerte natural, que en sí misma no ofrece ninguna solución, y la otra es establecer nuestra morada en Dios, el recuerdo perpetuo de Él, que no es de este mundo”...

"No busques perlas en un cubo de agua.
Has de sumirte en el profundo océano para encontrarlas"

2- Bismillah

Tener certeza de algo es un regalo de Dios, existen diferentes clases de "certezas"
La primera clase es para el creyente que actúa de acuerdo con aquello que cree,
En este caso Allah le desvela los aspectos ocultos y las realidades esenciales de las cosas.
Es el “conocimiento de la certeza” (‘ilm al-yaqin), luego lo lleva hasta el grado del “ojo de la certeza” (‘ayn al-yaqin), y, finalmente, al de la “realidad de la certeza” (haqq al yaqin)
La diferencia entre las tres certezas descritas más arriba, consiste en: el “conocimiento de la certeza” requiere una prueba y admite dudas; el “ojo de la certeza” también requiere pruebas pero no admite dudas; la “realidad de la certeza” no requiere pruebas ni admite dudas. Todo conocimiento que es el fruto de una realización espiritual efectiva, esto es, el conocimiento que Allah concede por medio de sus teofanías a aquellos de sus siervos que Él quiere, pertenece a la tercera categoría.

3- Bismillah

Hz Rumi (ra) dice: observen como la lana en manos de una tejedora inteligente se transforma en una alfombra hermosa;
Observen cómo la tierra en manos de campesino da exquisitos frutos y alimento para la gente.
Como una persona a través del intelecto crea, escribe y da forma a conocimientos y descubrimientos
Un arquitecto puede transformar materiales en un palacio hermoso.
Un músico acomodaría sonidos para crear una bella sinfonía.
¿Acaso debería sorprendernos lo que podría resultar de un ser humano que está en manos de un maestro del amor?

4-Bismillah

La sabiduría está en el corazón: el que quiere tener agua en su pozo debe cavar:
Cuanto más cava más agua encuentra; si deja de cavar, el agua no sobrepasa nunca el nivel inicial.
El que cava este pozo no debe creer que el agua ha alcanzado el nivel máximo, debe continuar cavando pues el pozo no tiene límites. ".
Los hay que vienen a mí con una demanda comparable a la de llenar un vaso, se le llena.
Otros vienen con una demanda comparable a un océano, y se le llena ése océano: a cada uno según su petición.
Así pues el Sheykh es el escanciador que derrama el vino espiritual en la copa de nuestro corazón según la capacidad de recibir y la intensidad de nuestra sed de Dios.
Esta sed aumenta a medida que vamos probando el vino:
"En un cierto grado la necesidad de Dios es comparable a la necesidad de asistencia de alguien que se está ahogando y clama socorro desesperadamente. Esta necesidad destruye todo deseo que no sea Dios".