La
Oración del Yuma
Iman Al-Ghazzali
Debes saber que el día Viernes es un día
Sagrado.
En ese día del salat Yuma, Allah regala a los musulmanes un día
de Gloria al decir:
”Cuando escuchen el Adhan de la oración, corran a Recordarme
y dejen atrás las compras y las ventas”.
El Profeta Muhammad (swas) dijo:
”Si un hombre pierde sin razón alguna, 3 salat al-Yuma,
Allah pone un sello en su mente”.
El Profeta Muhammad (swas) cuenta que una vez vino Gabriel
(as) con un espejo muy limpio y dijo: “Esto es el Yuma. Allah
lo ha hecho obligatorio para ti y será un verdadero festival
también para tus seguidores”. El Profeta Muhammad (swas)
le preguntó: “¿Que tiene de bueno para nosotros?”.
Gabriel respondió: “Uds. tendrán un día auspicioso
en él, si un hombre busca algo en Allah, lo obtendrá ese
día. Si algo no le es dado, le serán entregada otras cosas
en ese día”.
El Profeta Muhammad (swas) le preguntó: “¿Porque
era llamado ese día, el día de gracia?”. En un día
viernes el sol salio por primera vez, en un día viernes Hz. Adán
fue creado, y entró al Paraíso un viernes también.
Fue sacado del paraíso un viernes y su arrepentimiento fue aceptado
otro viernes también. Hz Adam murió un viernes y el Día
del Juicio Final será un viernes. Si una persona muere un viernes,
es tomado como mártir y esta exonerado del martirio de la tumba”.
Reglas del Yuma:
1- Es recomendable preparase para la oración
del Yuma desde el día Jueves, después del ASR de ese día,
e invocar y buscar perdón.
2- Tenga sus ropas limpias ese día, y guarde su mente libre de
preocupaciones y ansiedades para poder levantarse libre el viernes.
Trate de ayunar este día, existe un gran merito en ello. En la
noche del jueves trate de leer el Coran y hacer salat.
3- Tome un baño en ese día, así lo dice un Hadiz
del Profeta Muhammad (swas).
4- Toda acción estética es recomendable, cortarse el cabello
y todo acto referente a limpieza o pureza es conveniente. Use el color
de la ropa mas querida por Allah, el color blanco. El Profeta Muhammad
(swas) recomendaba el uso del turbante ese día.
5- Es recomendable ir a la mezquita temprano en la mañana. El
Profeta Muhammad (swas) dijo que quien va temprano recibe la recompensa
del sacrificio de un camello, El que concurre a la segunda hora recibe
la recompensa del equivalente del sacrificio de una vaca. El que va
en la tercera hora, la recompensa del sacrificio de una cabra. El siguiente
la recompensa del sacrificio de un gallo. El siguiente de un huevo.
Cuando el Iman se levanta para dar su Jutba, el record es cerrado y
el lápiz es levantado. El Profeta Muhammad (swas) dijo que si
una persona supiera las bendiciones de este día, se levantaría
a la madrugada, iría a la mezquita y se pondría en la
primera fila.
6- No es recomendable llegar tarde a la mezquita y tampoco es recomendable
cruzar a los demás para colocarse en primera fila.
7- No es recomendable cruzar a otro creyente cuando esta rezando y pasar
por delante de el. Dijo el Profeta Muhammad (swas) que es mejor ser
reducido a polvo que cruzarse frente de un hombre rezando.
8- Trate de sentarse en la primera fila.
9- El valor del Yuma puede ser perdido si uno tiene charla innecesaria
en el momento en que el Iman habla y se dirige a la comunidad.
10- Siga al Iman en el Yuma y una vez terminado, recite antes de hablar
nuevamente el capitulo “Al-hamdu-Lil-lah” siete veces, Ikhlas
7 veces, Falaq 7 veces, y Nas 7 veces. Así estará bajo
protección del Demonio hasta el próximo Yuma.
Buenas Acciones en Yuma
1- Trate de estar presente en la Asamblea de enseñanza
al amanecer o después de la oración. Existe un Hadiz donde
dice que estar presente en esta asamblea es mejor que hacer una oración
subrrogatoria de 1000 rakats.
2-Existen varias señales que en el día
de Yuma existe un momento en el cual Al-lah concede todo tipo de pedido
formulado por un creyente. Algunos dicen que es cuando amanece, otros
dicen en el momento del Adhan, cuando el Iman sube al pulpito, otros
lo ubican después de la oración del Asr. Otros la ubican
a la noche. El Profeta Muhammad (swas) dijo que existe un día
entre todos los días, donde Al-lah nos da nuestro pan. Manténgase
preparado para ese día. El día del Yuma es el día
entre todos los días.
3-Es recomendable recitar Darud (salawats) al Profeta
Muhammad (swas). Aquel que lo haga 80 veces en el día del Yuma,
recibirá 80 años de perdón para sus faltas menores.
4-Recite el Coran en este día, especialmente
el Capitulo Qahaf. Dice el Profeta Muhammad (swas) que quien lo realiza
durante la noche o el día, recibirá perdón sobre
sus faltas hasta el próximo Yuma y 3 días mas, Además
70.000 Ángeles lo bendecirán hasta el amanecer. Estará
salvo de enfermedades dolores de estomago, pleuresía.
5- Es recomendable recitar salawats al entrar a la mezquita
y no sentarse hasta realizar un salat de 4 rakats recitando en cada
uno 50 ikhlas. El Profeta Muhammad (swas) dijo: “Quien haga esto
no morirá sin haber visto su lugar en el Paraíso.
6-Durante el Yuma es preferible dar caridad y realizar
buenas acciones, dejando de lado la importancia de las cosas mundanales.
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Vigila
tu estaca
Un día
el Diablo dijo: “¿Qué es esto? ¡Qué
injusto! Haga lo que haga la gente, siempre que ocurre algo malo me
echan la culpa a mí. ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy
inocente! Mira, te mostraré como me culpan por todo”.
Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda, que a su vez, estaba
atada a una estaca. El Diablo aflojó la estaca y dijo: “Esto
es todo lo que voy a hacer”.
El carnero dio un tirón y arrancó la estaca del suelo.
La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada,
había un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su
reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna
quedó destrozada.
La dueña de la casa corrió escaleras abajo y vio su hermoso
.espejo, que había estado en la familia durante años,
completamente destrozado. Enfurecida, les gritó a los sirvientes:
“¡Cortadle la cabeza a ese carnero! ¡Matadlo!”.
Así que los sirvientes mataron al animal.
Pero aquel carnero era una bestia especialmente querida de su marido,
que le había dado de comer de su mano cuando era pequeño.
Así que al llegar a casa halló a su hermoso carnero muerto.
“¿Quién le ha matado? ¿Quién ha podido
hacer algo tan terrible?”.
Su mujer gritó: “Yo maté a tu carnero. Lo hice porque
había destrozado ese espejo tan hermoso que me habían
legado mis padres”.
El marido, airado, replicó: “En ese caso, me divorcio de
ti”.
Los chismosos del vecindario les dijeron a los hermanos de la mujer
que su marido iba a divorciarse de ella por causa del carnero que había
matado.
Los hermanos se pusieron furiosos. Reunieron a sus parientes y salieron
a por el marido, armados con fusiles y espadas. El marido oyó
que venían y llamó a sus propios parientes a defenderle.
Las dos familias comenzaron una disputa en la que se quemaron muchas
casas y murieron muchas personas.
El Diablo dijo: “¿Ves? ¿Qué he hecho yo?
Tan sólo mover la estaca. ¿Por qué voy a ser responsable
de todas las cosas terribles que se hicieron los unos a los otros? Yo
tan sólo aflojé un poquito la estaca”.
Vigila tu estaca.
Anonimo.
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Explicar
al islam
Alhamdulilahi
al Haqq al Kabir. Las alabanzas son para la Realidad, Única,
Inabarcable, Grandiosa… Que Su báraka y Su salam siempre
acompañen al profeta y a quienes siguen su rastro espiritual.
Que Allah nos haga comprensibles Sus signos y que nuestros corazones
se orienten hacia Él y sean los receptáculos de Su Rahim,
masha Allah.
Assalamu aleikum:
Cualquier
tentativa de explicar el islam está destinada al fracaso por
la imposibilidad de expresar una fórmula fija de sometimiento
a la Realidad. Precisamente porque la Realidad no se deja atrapar en
conceptos o en fórmulas. Siempre las excede.
Si pudiésemos definir la Realidad, podríamos abarcarla
con la mente y disponer con ello de una serie de fórmulas de
sometimiento. El islam podría así ser explicado de una
vez por todas y para siempre.
Pero precisamente lo que constatamos una y otra vez es que la mente
no es capaz de definir la Realidad, y empieza y acaba siempre nombrando
relatividades y polaridades en un ciclo inacabable de preguntas y respuestas.
Comprobamos sin cesar que la mente vive prisionera de los sentidos,
que sólo se sostiene en el ver, oir, imaginar, actuar, y en las
emociones, en el miedo y en el deseo. Sentimos que esa mente que vive
prisionera del shirk no es sino un cuerpo constreñido, una expresión
inevitable de nuestra condición de siervos de la Realidad.
Vamos comprendiendo que someternos a la Realidad es, en gran medida,
acabar con la tiranía de los sentidos, con la tendencia que tenemos
a atribuir realidad a los aspectos y anécdotas de nuestra vida
—me encontré con fulano, me duele la cabeza—, un
shirk que conlleva la experiencia de una realidad fragmentaria, y por
tanto un olvido de lo real, que es Único y sin fisuras, que no
tiene momentos ni partes. Nos sometemos a lo real cuando nuestros ver,
oir, oler, gustar o tocar se convierten en una experiencia de reconocimiento,
de identidad. Nos sometemos a la Realidad cuando reconocemos lo Único,
cuando nos miramos en Sus espejos que nos devuelven la plenitud de lo
vacío. Ni lo otro ni yo somos reales en sí mismos, sino
piezas de un juego cuyo sentido y finalidad sólo comprendemos
reconociendo a su Creador.
El sometimiento
a la Realidad hace a nuestra mente trascender el círculo vicioso
del pensamiento lógico sin quebrarlo, hace que lo consideremos
tal y como es: una herramienta en manos de la Única Sabiduría
Real, de la Conciencia Única. Entonces el pensamiento se expande
fuera del nosotros y abarca el universo entero. El sometimiento a lo
real implica que nuestras formas mentales, las imágenes y recuerdos
personales, los rostros de nuestro miedo o de nuestro deseo aparezcan
como expresiones de las formas puras de ser, como el tayali de Allah
y el dikra de Sus Nombres.
Como no
tenemos forma de comprender la Realidad, la adoración o el olvido
son las alternativas más inmediatas. Como no podemos comprender
la Realidad a pesar de ser lo más inmediato y evidente, la adoramos,
reconocemos Su Grandeza y tratamos de acercarnos a ella, reconociendo
Su Revelación e interpretándola. O bien, al no poder comprenderla,
nos alejamos de ella, como si ello fuera posible, sin poder eludir en
ese olvido la necesidad de una respuesta y de un sentido, encontrándola
por todos sitios, a cada paso.
El sometimiento
consciente y voluntario a la Realidad nos reviste de realidad, nos va
tornando luminosamente reales, mientras que la negación y el
olvido va disolviéndonos en la inexistencia y en la inconsciencia,
en el universo opaco de la realidad, porque no podríamos estar
fuera de ella en ningún caso. El Qur’an nos insta constantemente
a esta conciencia, por eso reconocemos en la revelación la huella
divina, porque sentimos que Allah quiere volvernos hacia Él,
hacia una experiencia única, viva e irreproducible.
Siendo
musulmanes encontramos salam. La balanza se nivela y los mundos se reflejan
unos a otros como una expresión inabarcable de la Realidad, Majestuosa
y Bella, Única y sin fisuras. El islam nos hace vivir en la conciencia.
Por eso nos equivocamos siempre que tratamos a Allah como si fuese una
persona, como si tuviese nuestra propia manera de pensar, cuando en
realidad es todo lo contrario: nuestra mente existe en Allah y por Allah,
y es para nosotros un misterio. Allah no necesita adaptarse a nuestros
deseos, no nos necesita para nada, pero no deja de contemplarnos desde
dentro y desde afuera, desde el lugar donde las aguas se juntan sin
mezclarse. Las personas de Allah no son lo elementos de ninguna trinidad
ni de ninguna otra panoplia: son los profetas, los santos, la paz sea
con ellos, y los mu’minún, la expresión humana y
universal de lo divino, Su tayali. Y el profeta Muhámmad, sala
Allahu aleihi wa salem, consideraba que la expresión humana del
sometimiento a la Realidad es la equidad.
Ser equitativo y ecuánime son virtudes básicas de todo
musulmán que lo sea realmente, porque expresan la forma humana
del sometimiento a lo real, la acción realmente islámica,
porque nos alejan de los extremos cerrando el paso a las energías
separadoras, a los ídolos creados en nuestra mente, porque el
shirk es un desajuste necesario que cesa cuando encontramos el equilibrio,
el salam. Ser capaz de pensar y obrar con justicia sólo es posible
para quien se libera de los velos de los sentidos y de las emociones,
para quien ve y siente con taqua.
Estamos
siendo musulmanes, estamos viviendo el sometimiento a lo real. Y nuestra
conciencia nos pertenece por una Rahma. Esa es la grandeza que Allah
quiere para nosotros, la propia conciencia, la propia vida que emerge
entre las cenizas de lo seres creados en nuestra mente, las vibraciones
que surgen de los nombres y se reflejan en un espejo limpio. Allah Subhana
wa Ta’ala limpia cuando quiere el espejo y devuelve la luz a las
profundidades, y crea cuando Él quiere la oscuridad y crea la
confusión y crea la muerte, y las agota a todas en Él,
siempre Viviente y Autosubsistente. Él es el creador de nuestra
mente y de nuestros sentidos, y del sentido que tienen para nosotros.
Allah es nuestro creador constante e inconstante, consciente e inconsciente,
nada hay sino Allah y nosotros no vivimos sino en Allah y por Allah.
Allahumma:
2. Para
limpiar el espejo donde nos miramos arrojamos sobre su superficie nuestro
aliento, la humedad radical que nos constituye y pasamos luego la palma
abierta de nuestra mano. Los espejos se limpian con nuestra humedad,
se purifican con el aliento de nuestra vida. Cuando nos miramos en el
espejo, cuando nos abrimos al otro vemos nuestra imagen invertida, contradicha
e intocable. Nos reconocemos como lo que somos, una imagen, una forma
sin sustancia ni identidad reales, y al vernos así encontramos
una identidad más verdadera, más alejada de cualquier
imagen de nosotros mismos que hayamos podido adorar, subhana Allah.
Pero ¿Cómo hemos de mirarnos en los espejos? Nuestra mirada
al otro debe templarse en el medio, ser consciente de que la superficie
del espejo no es una barrera sino una puerta, un barzaj. El profeta,
la paz sea con él, nos dio como siempre las claves para encontrarnos
en el otro, la forma mejor de mirarnos en el espejo, cuando dijo:
“Quien
haya tratado a los hombres sin ser injustos con ellos, les haya informado
sin mentirles y les haya prometido sin defraudarles, será un
hombre cabal y de manifiesta justicia, cuya estima es un deber.”
(Al-ajlaq
wal-wa yibat, 121)
Tres aspectos básicos de nuestra relación con los demás,
pilares fundamentales de toda comunidad que avanza hacia la Realidad.
Y también la expresión humana del hombre y la mujer universales,
del insan al Kamil, que en este caso son el hombre y la mujer cabales,
Kamulat muruatuh, palabra árabe que, según el profesor
Abdurrahmán Sheriff Chergui, es equiparable a Kamal al Ruyuliy,
es decir el desarrollo integral del individuo.
Trato equitativo,
información veraz y lealtad. Los tres pilares del ajlaq, de nuestra
forma de ser comunitarios y universales, de ser miembros de una sociedad
y de una naturaleza universales, alhamdulilah.
Lo primero
que hemos de hacer es tratar, encarar, escuchar al otro, exponernos
a él sabiendo que es un espejo de nosotros mismos que devuelve
precisamente la imagen que necesitamos para trascender, la imagen que
rompe la imagen de nosotros mismos, alhamdulilah. Y ser equitativos
en el tato supone reconocer eso y reconocer que el otro también
se está mirando en nuestro espejo. ¡Menuda responsabilidad,
subhana Allah, ser espejos unos de otros y todos del Único! No
ser un espejo injusto es fundamental. No ofrecer una imagen lamentable
y triste, ni triunfal ni una expresión arrogante ni falsa. Y
al mismo tiempo tratar al otro, no como nos tratamos a nosotros mismos,
sino como Allah quiere que nos tratemos, con conciencia, con humildad
y cariño, con agradecimiento, hasta donde alcance nuestro imán.
Así nos vamos tornando cabales, alcanzando el camino de en medio.
Expresarnos sin mentir, sin actuar, sin representar ningún papel.
No somos precisamente los musulmanes muy aficionados al teatro, en general.
Nos gusta presentarnos, vivir los hechos tal y como vienen, aunque a
veces hagamos representaciones con las palabras, porque, alhamdulilah,
no estamos tan distanciados del escenario humano, ni tan condicionados
por la historia o por las culturas. Limpiamos el espejo de la comunidad
cuando expresamos nuestra mejor sinceridad. Es parte de nuestro ajlaq,
de nuestra responsabilidad illáhica, tayali de Su ámana.
La comunidad se construye con hechos, tratos y palabras. La palabra
veraz construye un espacio diáfano donde es posible nuestro sometimiento.
Es la dawa más intensa e inmediata, porque la palabra verdadera
borra las sombras mentales más persistentes. A mayor veracidad,
más firme es el espacio conquistado, más tierra de Al
Haqq.
Veracidad que no quiere decir sólo la lógica de lo que
decimos, sino la realidad creadora, el inmenso caudal de signos que
se concentran en nuestras expresiones, en nuestros gestos y palabras.
Lo que desciframos y lo que permanece aún oculto. Todos los universos
Le pertenecen.
Leales en nuestros compromisos, lealtad que es la prueba de la realidad
e intensidad de nuestro imán. Lealtad es hacer realidad la presencia
divina en las relaciones humanas, dar cabida a la expresión divina
en nuestras vidas, alhamdulilah. Muy diferente todo ello de vivir con
una conciencia meramente materialista de nuestra existencia, aunque
por ser claramente un camino medio los aspectos materiales tienen su
lugar junto a los morales y espirituales. No hay distinción ni
barrera que nos cierren el paso.
Y todo
ello para hacernos “seres cabales”, completos, habitantes
de la conciencia más pura, seres distinguidos por nuestro Creador,
alhamdulilah. ¿No podríamos ser más agradecidos?
El profeta, la paz sea con él, nos augura así, una vida
social y comunitaria constructiva, un ámbito humano de realización.
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Pradera de Gacelas
Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión
no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido
en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera
de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos
y kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán,
porque profeso la religión del Amor y voy a donde quiera que
vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe.
Ibn ‘Arabi.
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