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El
legado de al-Andalus
Francisco García Duarte
Miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía
La primera imagen
que se nos viene a la memoria cuando hablamos del legado que hemos heredado
de la civilización andalusí es la de algunos monumentos
muy conocidos como la Alhambra, la Mezquita o la Giralda. Es decir; enseguida
pensaríamos, como un insigne académico nacido en Andalucía,
que de al-Andalus sólo nos quedan unas cuantas piedras. Esta visión
tan simplista del legado andalusí es como consecuencia de la, también,
simplista visión de la Historia de al-Andalus que se da en la enseñanza
y que se basa en historias "oficiales" de batallas, reyes, conquistas
y reconquistas sin profundizar en cómo era la vida normal y corriente
de la gente, incluidos la de los mismos mandatarios. Es, estudiando estos
aspectos más "banales" de la vida de los andalusíes,
como nos damos cuenta de lo poco que ha cambiado Andalucía desde
el Califato andalusí hasta nuestros días -exceptuando, obviamente,
los últimos cuarenta o cincuenta años en los que Andalucía
se ha transformado radicalmente en muchos aspectos-.
Es difícil hablar de lo que al-Andalus nos ha legado si primero
no desbrozamos su historia , aunque sea muy someramente, de los tópicos
que la han desvirtuado.
El primero de ellos es la confusión entre los términos musulmán
y árabe . Al-Andalus fue una civilización en la que muchos
de sus habitantes tenían como religión la musulmana y como
lengua culta y de rezos, la del Corán, es decir: el árabe.
Pero eso no quiere decir que la población andaluza de la época
fuera étnicamente árabe. Sin negar la existencia de algunos
componentes de etnia árabe, primero, y beréber después,
la gran mayoría de la población seguía siendo autóctona
que, o bien se había convertido al Islam o seguía siendo
cristiana pero islamizada. Para convencerse de ello sólo basta
con leer los anales palatinos de Medina Azahara en los que en ningún
momento, los propios andalusíes, se autocalifican de árabes
sino sólo de musulmanes o creyentes, o leer un excelente libro
sobre la vida en la Andalucía de aquella época como es el
de Henri Pérès ("Esplendor de al-Andalus"- Libros
Hiperión,) en el que el autor nos asegura que "la gran masa
de la población musulmana está constituida por hispanos
convertidos al Islam y que, al abrazar la religión de los vencedores,
han cambiado en realidad poco en su forma íntima de vivir"
y añade más adelante: "pero este país de Occidente
anexionado al Islam marcó por su parte con un fuerte sello todo
lo que le legó Oriente. La mayor parte de su población,
tanto en el campo como en la ciudad, es hispánica, no solamente
por su métodos agrícolas, sus prácticas estacionales,
su técnicas artesanales y el ritmo de sus fiestas, sino también
por su inspiración poética y sus preocupaciones morales
e intelectuales".
Otro de los tópicos históricos que se han hecho correr sobre
la historia de Andalucía es que después de la conquista
castellano-leonesa se produjo la expulsión de sus habitantes y
la repoblación con nuevas gentes venidas de los reinos cristianos.
La historiografía española, haciendo una gran simplificación,
ha decretado que con la conquista de Castilla desaparece en Andalucía
todo el sustrato cultural anterior, naciendo una nueva Andalucía
como apéndice de Castilla; "la novísima Castilla"
la han llegado a calificar algunos. Sin embargo, cuando las premisas son
falsas se cae en la contradicción. Los mismos que defienden que
con la conquista y repoblación de Andalucía nace una "Andalucía
nueva, distinta de la hasta entonces existente y radicalmente transformada
en sus estructuras básicas -demográficas... "(Manuel
González Jiménez, EN TORNO A LOS ORÍGENES DE ANDALUCIA:
LA REPOBLACION DEL SIGLO XIII, Universidad de Sevilla), reconocen la escasa
fiabilidad de las fuentes: "en algunos casos, del repartimiento sólo
han llegado a nosotros simples nóminas o listas de pobladores,
casi todas ellas de escasa fiabilidad"(pág. 24); "Nunca
llegaremos a conocer, ni siquiera de forma aproximada, el número
de las personas que acudieron a establecerse en Andalucía a raíz
de su conquista en el siglo XIII"(pág. 45). Incluso se reconoce
el fracaso de la repoblación oficial a la que aluden las crónicas
tendenciosas de la época: "Es evidente que puede hablarse
de un cierto fracaso, todo lo relativo que se quiera, pero fracaso al
fin, de la repoblación "oficial" realizada en tiempos
de Fernando III y de Alfonso X". (pág. 156). Por lo tanto,
es necesario aclarar que el fenómeno histórico de la expulsión-repoblación
apenas se produjo en la zona del valle del Guadalquivir y sí en
mayor medida en la zona del antiguo reino de Granada después de
la rebelión de los moriscos en 1569. Pero tampoco en este caso
se puede hablar de expulsión total (las crónicas hablan
de unos 75.000) y la repoblación se hizo en gran parte con pobladores
de las zonas limítrofes, es decir, andaluces en su mayoría.
Por último, otro de los tópicos que conviene aclarar para
poder entender la continuidad socio-cultural de al-Andalus con el período
bético-romano anterior y el de dominio castellano posterior es
la coexistencia de las denominadas "tres culturas" en una clara
confusión entre cultura y religión. No se trata de negar
la impronta cultural que supone la práctica de una religión
determinada pero en el caso de al-Andalus tenemos que hablar de una cultura
andalusí donde convivían personas que profesaban religiones
distintas pero con una gran interrelación entre ellas. Un claro
ejemplo de esta interrelación religiosa son los calendarios en
los que se mencionaban tanto las fiestas religiosas musulmanas, judías
o cristianas, como las continuas anécdotas que nos han llegado
de celebración conjunta.
Así pues, debemos tener en cuenta estas premisas; -que la gran
mayoría de la población de al-Andalus es la descendiente
de la bético-romana y que la gran mayoría de la población
de la Andalucía moderna es la descendiente de la población
andalusí y, por tanto, de la bético-romana que a su vez
, en gran parte, también tiene un gran componente de población
tartésico-turdetana- para poder entender la gran importancia del
legado de al-Andalus, no sólo en relación al patrimonio
artístico sino también a la idiosincrasia del pueblo andaluz
que tiene mucho que ver con la del pueblo andalusí.
Vamos a ir rastreando, de una manera no exhaustiva, por las distintas
facetas de la cultura andaluza en su más amplio sentido, todo aquello
que nos han legado aquellos "hombres de luz" que vivieron en
el solaz andaluz hace más de quinientos años.
El Patrimonio
Una parte importante
del rico patrimonio andaluz se debe a la civilización andalusí.
No solo los conocidos monumentos de la Alhambra, Mezquita, Giralda, Alcazabas,
...sino también esa multitud de pequeñas construcciones
que jalonan el territorio andaluz como son las mezquitas convertidas en
iglesias, las torres almenaras, los baños, aljibes, albercas y
antiguas acequias que aún quedan, algunas de ellas en uso, así
como casas y palacios de la época que han sufrido restauraciones
posteriores. Pero no nos importa tanto la enumeración del patrimonio
como resaltar la peculiaridades arquitectónicas del arte andalusí
que han influido con posterioridad y, de las que algunas de ellas, han
llegado hasta nuestros días.
El andaluz de entonces, lo mismo que el de ahora, concede una gran importancia
a la casa cuidando todos los detalles, no sólo del interior sino
también del exterior. Es una casa encalada con tejas rojizas -tejas
árabes se les llama actualmente en Andalucía y tejas andaluzas
se les llama en el magreb- con patio interior, si es posible, y un zaguán
a la entrada; todo ello adornado de plantas y flores. "Los burgos
de al-Saraf (el Aljarafe), nos decía el cordobés al-Saqundí
en el siglo XII, superan a todos los demás por la feliz elección
de las casas y por el cuidado que los habitantes dedican tanto a su interior
como a su exterior, de suerte que bajo el blanco encalado parecen estrellas
en un cielo de olivares". El visir y poeta Ibn al-Hammâra expresa
la misma idea en un verso: "Las aldeas de Andalucía aparecen
en medio de la verdura de los vergeles como perlas (blancas) engastadas
en medio de esmeraldas" (Esplendor de Al-Andalus, pág. 127).
También el andaluz de entonces, aunque viviera en la ciudad, al
igual que el de hoy, si sus condiciones económicas o familiares
se lo permitían gustaba de tener una casa de campo (la munya) con
su huerta.
La arquitectura andalusí en parte no hizo más que seguir
una tradición anterior de la época romana a la que le puso
su sello personal en la decoración y el revestimiento utilizando
materiales como el yeso, el azulejo, el ladrillo y la madera, que aunque
han sido catalogados por muchos como "pobres", la maestría
y el gusto de los albañiles, yeseros y artesanos de la madera andaluces
consiguió darle un toque personal lleno de exquisitez y sensualidad.
La influencia de la arquitectura andalusí pasó al mundo
cristiano, ya en muy tempranas fechas, a través de la diáspora
mozárabe que llenó de iglesias, entre otras cosas, el norte
peninsular. Pero esta influencia ha seguido en el tiempo a través
del arte mudéjar, llamado así al que eleboraban los alarifes
andalusíes ya bajo dominio de los reyes cristianos. Algunas de
las soluciones arquitectónicas introducidas por los andalusíes
tuvieron una gran aceptación en los estilos importados de Europa.
Como dice F. Sánchez Mármol (Andalucía Monumental,
de la Mezquita al Mudéjar, B.C.A. pág. 218) "Una de
las formas arquitectónicas de origen andaluz que logró una
mayor y más dilatada difusión, a través del arte
mudéjar, fue la bóveda nervada. Bóveda que había
llegado a su más pleno e inteligente desarrollo en las cúpulas
con nervios cruzados que se desarrollaron en la Mezquita de Córdoba
bajo el reinado de al-Hakam II. Su difusión alcanzó varios
puntos de la península: catedral de Oviedo, la del Salvador de
Sepúlveda, la de Jaca, etc. Ejemplos más completos los encontramos
en las cúpulas de S. Miguel de Alamazán (Soria) y de Torres
del Río (Navarra); edificios completamente románicos, pero
con cúpulas enteramente andaluzas, con sus arcos por parejas, cruzados,
y su ojo central con cupulilla o linterna."
Otra de las soluciones andaluzas, el recubrimiento de las naves con artesonados
de madera, tuvo una continuidad a través del mudéjar que
lo impuso como solución en muchas de las iglesias y palacios de
toda la geografía peninsular. Estos artesonados se caracterizan
por su decoración geométrica formada por líneas o
cintas que se entrecruzan formando polígonos o estrellas. Este
tipo de decoración es una de las características del arte
andalusí presente en todo tipo de revestimientos, desde los mismos
artesonados, hasta las celosías y enrejados, pasando por la profusión
de figuras geométricas de los alicatados; que por cierto son una
de las más claras pervivencias andalusíes en la decoración
arquitectónica actual.
Por lo tanto, lo andalusí ha pervivido en el tiempo a través
del mudejarismo mezclándose y transformando otros estilos impuestos.
Como señala L. Torres Balbá: "bien enraizado en el
alma popular, el mudejarismo persistió durante siglos a través
de múltiples transformaciones artísticas, más o menos
exóticas, que apenas lo rozaron. Y en ellas se mantiene latente
la afición a la riqueza decorativa, a la profusión ornamental,
a la policromía violenta, unida a la repugnancia por todo lo clásico
y equilibrado, esperando el momento propicio para crear un nuevo barroquismo"
(Andalucía Monumental. Pág. 251)
La Toponimia
En el caso de la
Toponimia está clara la procedencia andalusí de multitud
de nombres de nuestros pueblos, ciudades, ríos, lugares, pagos
agrícolas, etc, ya sea directamente del árabe, o bien a
través de la arabización de un topónimo anterior,
la corrupción de una palabra árabe o latina al arabizarse.
No se trata de hacer una mención exhaustiva de la gran cantidad
de topónimos andalusíes que perviven en la actualidad, sino
de resaltar su importancia a través de dos ejemplos muy ilustrativos,
el de Andalucía y el de Sevilla.
Está claro que el nombre de Andalucía viene del término
Andalus al que se le añadió el artículo árabe
al. El primer documento que conocemos con el nombre de Andalus son las
monedas bilingües del año 716 en las que aparece en una de
las caras de la moneda escrito en árabe y en la otra cara, escrito
en latín, aparece como sinónimo el término de Hispania;
por lo que debemos deducir que para aquellos primeros musulmanes el término
Andalus es sinónimo de Hispania. Y eso fue así en los primeros
siglos de la islamización. A pesar de que parezca sorprendente,
de las crónicas de los primeros reinos cristianos del norte se
deduce que Hispania era la zona de al-Andalus y no sus incipientes reinos,
como señala R. Menéndez Pidal (Orígenes del español,
pág. 442) "la voz Hispania fue, para los cristianos independientes,
sinónimo de tierra musulmana". Pero la "historia"
da muchas vueltas y la hispania andaluza (andalusí) es conquistada
y combatida por "la España, punta de lanza de Europa contra
Andalucía" que diría Blas Infante, y los reyes cristianos
como Alfonso VI "combaten el sentimiento hispano" (Orígenes
del español, pág. 480)
Pero continúa siendo un misterio el significado del nombre de Andalucía,
porque "Andalus" no es traducción de "Hispania".
Ha existido una versión, ya desechada, que lo hacía provenir
de los vándalos -vandalicia, tierra de los vándalos. Una
versión del significado de al-Andalus nos la da A. Medina en el
boletín "La identidad andaluza" que edita la Yama'a Islámica
de al-Andalus que nos dice que Andalus es una palabra de origen beréber
y viene a significar "tierra labrada y surcada por ríos o
por un gran río".
Otra posible etimología de al-Andalus nos la da Joaquín
Vallvé en "El nombre de al-Andalus", (Revista Al-Qántara,
Madrid) que cree que los vencedores de Rodrigo pusieron el nuevo nombre
por una especie de arrebato romántico identificando Al-Andalus
con la Atlántida. Isidro de las Cagigas también ve un "cierto
olorcillo, sabio y pedante" en la voz al-Andalus.
Si bien muchos topónimos vienen directamente del árabe,
aunque sufriendo alguna que otra corrupción, como Guadalquivir,
Almería, Jaén; hay otros que vienen de un topónimo
anterior pero que han sufrido una arabización fonética y
una corrupción. Es el caso de Sevilla que del Ispalis latino se
ha ido transformando hasta dar el Sevilla actual, cambiando la -p-, inexistente
en árabe, por una -b-, (Isbalia); añadiendo una -y- entre
la -i- y la -a-, -en árabe no se escriben las vocales y debe ir
una consonante entre dos vocales-_(Isbaliya) y corrompiéndose con
el tiempo la fonética hasta dar el actual nombre. Por lo tanto,
hoy Sevilla no se llamaría así si no hubiera existido al-Andalus.
También de la época de al-Andalus viene, indirectamente,
uno de los símbolos institucionales que identifican a la actual
Comunidad Autónoma de Andalucía, es la bandera blanca y
verde que los andalucistas históricos, con Blas Infante a la cabeza
recogen de la tradición andaluza y proponen como bandera de Andalucía.
El primer texto que conocemos referente a una bandera blanca y verde es
de la época de al-Andalus. Es un texto de un poeta de Guadix que
vivió en el siglo XI y que fue visir del rey Almutassim de Almería.
Abu Asbag Iben Arqam, que así se llamaba, escribió: "Una
verde bandera que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón,
despliega sobre ti un ala de delicia, que ella te asegure la felicidad
al concederte un espíritu triunfante". El verde y blanco ha
sido un color muy habitual en los estandartes andalusíes, así
vemos como en el escudo del Conde de Cabra, según nos cuenta el
padre Enrique Iniesta Collaut-Valera en su libro Blas Infante, una historia
de leyenda, (publicado por Almenara, Sociedad Cultural Andaluza en 1993)
"el escudo del Conde de Cabra que se haya tallado y policromado en
lo alto del retablo mayor del convento de la Madre de Dios en Baena alude
a la batalla de Lucena en 1483 en la que Boabdil fue hecho prisionero.
En ese escudo aparece su cabeza como trofeo. De las veintidós banderas
cogidas a los granadinos dieciocho son verdes y blancas".
La Lengua
Una idea muy común y simplista es la de pensar que en la Andalucía
islamizada solo se hablaba el árabe. Es cierto que el árabe,
la lengua del libro sagrado, fue la lengua de rezos, de civilización
y de cultura. También es cierto que el conocimiento del árabe
se fue extendiendo por al-Andalus gracias al fuerte grado de escolarización
que existía. También es cierto que la arabización
lingüística abarcó también a los cristianos
y judíos de al-Andalus como reconoce el propio Alvaro de Córdoba
en su "Indiculus Luminosus" (Alvaro de Córdoba y la polémica
contra el Islam, Feliciano Delgado, Cajasur publicaciones, pág.
185) ¿No es verdad que todos los jóvenes cristianos, de
brillante presencia, elocuentes, distinguidos en sus gestos y vestimentas,
sobresalientes en la sabiduría de los gentiles, notables por su
conocimiento de la lengua arábiga, se cuidan con avidez de los
libros de los caldeos...¡Ay dolor!". También es cierto
que el árabe traspasó los límites del al-Andalus
y se extendió a los países cristianos limítrofes,
llevado por los diáspora mozárabe andalusí -así
vemos en los monasterios del norte textos escritos en latín pero
que contienen anotaciones en árabe- (Gómez Moreno, Iglesias
Mozárabes). Pero a pesar de toda esta fuerza del árabe,
también es cierto que junto a él pervivió la lengua
romance proveniente del latín y no sólo entre los cristianos
mozárabes sino también entre los propios musulmanes y judíos:
"tan lejos de olvidarse estaba la lengua vulgar, que sabemos había
entre los musulmanes muy altos personajes que no sabían hablar
árabe y sólo se expresaban en lengua aljamiada o romance."
(R. Menéndez Pidal- Orígenes del español, Espasa
Calpe. pag. 418). El romance andaluz pervivió tan fuertemente enraizado
en la población que incluso en el muy arabizado reino de Granada
se hablaba un árabe vulgar salpicado por gran cantidad de palabras
romances como podemos deducir del vocabulario de Pedro de Alcalá
publicado en Granada el año 1505.
Es necesario entender este bilingüismo de la sociedad andalusí
para poder comprender el legado lingüístico de al-Andalus,
no sólo en lo que se refiere a la terminología proveniente
del árabe - apenas un 7% de las palabras de la actual habla andaluza,
según datos de Jose Mª de Mena en el "Polémico
dialecto andaluz"- sino también de otras muchas palabras de
origen latino provenientes directamente del romance aljamiado andalusí
que han pervivido en Andalucía, muchas veces catalogadas como arcaísmos,
o que han pasado a engrosar directamente el vocabulario actual, bien a
través de su incorporación al castellano en la propia Andalucía
después de la conquista del valle del Guadalquivir durante el siglo
XIII -época, no olvidemos, de formación del idioma castellano-
o bien directamente en los propios reinos cristianos del norte a través
de la gran emigración andaluza a esos territorios durante los siglos
VIII al XII. (ver F. García Duarte "Andaluces en la génesis
de Castilla y el castellano", actas del VI Congreso sobre el andalucismo
histórico, -Huelva-1993).
La idiosincrasia
Si en otros aspectos
de la cultura andaluza la influencia de al-Andalus se ha ido diluyendo,
mezclándose o incluso desapareciendo por los avatares de la vida
moderna, en el caso de la idiosincrasia podemos ver como la gran mayoría
de los rasgos, actitudes vitales, sentimientos y carácter de los
andaluces -pues esto, y no otra cosa, es la cultura, como dice el antropólogo
Isidoro Moreno- han permanecido inalterables a través del tiempo.
La cultura andaluza es eminentemente popular - paradójicamente,
la élite ilustrada heredera de los conquistadores, poco ha tenido
que ver en la conformación de esa cultura andaluza- pues es el
pueblo llano, el de raigambre campesina o el andaluz-morisco, que diría
Blas Infante, el que ha sido depositario de esa cultura a través
del tiempo.
En cuanto al carácter de los andalusíes podemos dar tres
ejemplos de escritos de la época; uno, referente a los andaluces
en general del historiador al-Maqqarî que nos dice que "los
habitantes del al-Andalus tienen en su conversación una forma de
bromear, decir las cosas con determinada dulzura y de dar réplicas
tan espontáneas, que reducen al silencio al interlocutor"
(Esplendor de al-Andalus- pág. 27). Otro, del geógrafo al-Zuhrî
que refiriéndose a Sevilla en el siglo XII dice: "sus habitantes
son amables, elegantes, descarados, insolentes y distinguidos". (el
mundo en el siglo XII, El tratado de al-Zuhrî, editorial Ausa, pág.
154). Y un tercero, del último rey zirí de Granada describiendo
a sus súbditos "granaínos": "La ciudad de
Elvira, situada en una llanura, se hallaba poblada por gentes que no podían
sufrirse unas a otras, hasta el punto que había persona que se
hacía construir delante de su casa un oratorio y unos baños
para no tropezarse con su vecino, Por un lado, no querían someterse
a nadie ni aceptar las decisiones de un gobernador; pero, de otra parte,
eran las gentes más cobardes del mundo, y temían por la
suerte de su ciudad, ya que eran incapaces de hacer la guerra a nadie,
aunque fuese a las moscas.." (El siglo XI en 1ª persona, Las
memorias de Abd Allâh, último rey Zirí de Granada.
Alianza tres, pág 84).
En estos textos podemos ver algunas de las peculiaridades del carácter
de los andaluces de aquella época que en muy poco difieren de los
de ahora, con la lógica "corrección" al rey granadino
de origen beréber que exagera la "malafollá" granaína
y el poco gusto por la guerra de unos andaluces que por encima de todo
aman la vida.
Vamos a ir rastreando con Henri Pérès en su libro "el
Esplendor de al-Andalus" diferentes aspectos de la idiosincrasia
de los andalusíes y nos daremos cuenta de lo poco que ha cambiado
comparandola mentalmente con la de los actuales andaluces.
Los habitantes de al-Andalus eran, sobre todo, amantes de la vida y de
sus placeres, a través de las fiestas, de la música, de
la poesía, de la comida y la bebida. Es curioso ver como para los
no andaluces de aquella época, tanto para los cristianos del norte
como para los beréberes, estas inclinaciones eran vistas como cobardía
o libertinaje. Ejemplos de ello los tenemos en que el principal reproche
que hacen los Almorávides por boca de su Califa Yusuf ibn Tasufín
para justificar la destronación de los reyes de Taifas es, precisamente,
el de amar demasiado el placer : "su poco interés en hacer
la guerra, sus disensiones internas.... Cada uno de ellos no tenía
otra preocupación que vaciar copas, escuchar a las cantantes, pasar
la vida en diversiones..." Curiosamente Alfonso VI les acusaba también
de "haber dado lugar a la aparición del libertinaje y el espíritu
de desobediencia, y de entregarse continuamente a los placeres del canto
y de la música". (Esplendor de al-Andalus. pág-363)
Poesía y música van íntimamente ligadas para los
andalusíes, hasta el punto de que muchos poetas son a la vez músicos.
Multitud de poetas pueblan las cortes reales y las casas pudientes. Son
poetas de toda condición social, desde campesinos y artesanos hasta
reyes y príncipes que tratan sobre todo de temas amorosos,. Como
dice Henri Pérès: "La poesía báquica
o amorosa parece caracterizar mejor al andaluz, que gusta de la vida placentera
y tiene una sensibilidad delicada, civilizada"(Esplendor de al-Andalus-
pág-361). Y añade: "los andaluces aman la poesía
por ella misma, por el ritmo que hay en ella, que la hace nacer de los
labios, porque, <<palabra alada>>, es música antes
de ser discurso. Se la canta, más que se la recita". Los andaluces
son los creadores de dos géneros poéticos, la muaxaja y
el zéjel, que son dos tipos de poemas destinados a ser cantados.
Los andalusíes eran muy fiesteros; cualquier reunión social
servía de excusa para una fiesta. Son famosas las fiestas andalusíes
llamadas zambras (veladas de noche) que siguieron conservando los moriscos
hasta que los edictos de los reyes castellanos terminaron por prohibírselas,
aunque han pervivido a través del pueblo gitano-morisco del que
más adelante hablaremos. Las fiestas no se pueden entender sin
música, bebida y comida. El poeta andalusí Abù Amir
Ibn Maslama nos dice: "¡Oh anfitrión mío!, levántate
para verter la copa de la mañana y en el laúd improvisa
una canción. La vida sólo es agradable por la música
, la flauta y el cubilete" (Esplendor de al-Andalus. pág-368)
El mismo rey-poeta al-Mutamid de Sevilla declara: "¿Te dejarías
llevar por la tristeza hasta la muerte cuando el laúd y el vino
fresco están aquí y te esperan?" (Esplendor de al-Andalus.
pág-365) El consumo del vino en la sociedad andalusí era
mucho más frecuente de lo que podríamos pensar de una sociedad
mayoritariamente musulmana. Son muchas las anécdotas que encontramos
en las fuentes históricas y poéticas del consumo del vino
en fiestas de todo tipo, no solo por la población normal, sino
por los mismo mandatarios.; "los cordobeses se distinguían,
según el padre de Ibn Sa'id, el historiador, por la elegancia de
su traje... y el celo en romper los recipientes de vino" (Esplendor
de al-Andalus. pág-370). En muchas ciudades andaluzas existían
tabernas que eran frecuentadas por los cristianos pero a las que también
se acercaban los musulmanes. Incluso muchas de estas tabernas eran regentadas
por mujeres, si hemos de creer al poeta Ibn al-Labbâna: "¡A
cuántas taberneras he despertado cuando ya el cielo había
quebrado y dispersado las perlas de su rocío!" (Esplendor
de al-Andalus. pág-371). Viñedos había en general
por todo el territorio, pero había un vino especialmente apreciado
por los andaluces, de antes y de ahora; el vino de Málaga. posiblemente
ya se conocía un vino de color dorado semejante al vino fino, según
podemos deducir de estos versos de al-Mutamid : "El escanciador nos
ha ofrecido, gracias a la alquimia, oro fundido en agua helada".
Frecuentemente los poetas hacen referencias a los aperitivos que se ponen
como acompañantes del vino o de otras bebidas y que se conocen
con el nombre genérico de "nadl" que tanto nos recuerdan
a las actuales tapas.
Los andalusíes eran amantes de la naturaleza, del ocio al aire
libre, de la casa de campo. Son muchas las referencias que nos hacen los
poetas de al-Andalus por estos placeres. Son muchas las anécdotas
de como los sevillanos se van a pasar el día o la noche a las orillas
del río Guadalquivir, o en los islotes que formaba el río
que "al atraer a los alegres vividores, vieron elevarse sobre su
suelo, consolidando con el tiempo, construcciones sin duda efímeras,
donde podían tomarse comidas y bebidas" (Esplendor, pág,
145). Los viajes de placer en barca por el río, tanto en Sevilla
como en Córdoba, es referenciado continuamente por los poetas.
Algunos versos "nos permiten adivinar todo el encanto que el Guadalquivir
encerraba para los sevillanos,; éstos no solamente se paseaban
por sus orillas sombreadas, sino que además navegaban en barcas
por sus aguas y parece ser que este género de distracción
era especialmente caro a los andaluces.....esta costumbre debía
existir desde hacía mucho tiempo en España y es posible
que se remontara a la época romana" (Esplendor de al-Andalus.
pág- 213). En los alrededores de las ciudades había lugares
preferidos para ir a pasar un día de campo. Eran sitios como la
"pradera de plata" a las orillas del Guadalquivir pero alejado
de Sevilla; un lugar de recreo que describe el poeta Ibn Said llamado
Al-Sultaniyya; el llamado "valle de las desposada"; Triana y
el islote de Qabtal, al lado de la ciudad, el valle de las Acacias en
el Aljarafe y el Mirador de la fuente. En los alrededores de Almería,
las personas importantes poseían villas llamadas "Bury (torre)
donde se retiraban a descansar de sus trabajos en la ciudad. En Granada
existía un paseo de álamos en la orilla derecha del Genil
que "a partir del siglo XII se hizo célebre por las citas
de los enamorados que los poetas nos han descrito" (Esplendor. pág-151).
en Córdoba existía una presa sobre el río Guadalquivir
a cuyas orillas acudían los cordobeses. Estas pequeñas presas
(los llamados azud y de los que todavía quedan) al igual que las
albercas, abundaban por todo el país y a la misma vez que servían
para el desvío y canalización del agua servían de
lugar de recreo y asueto de los andalusíes. En los alrededores
de las ciudades y los pueblos existían vegas y campiñas
salpicadas de casas de campo (munyas) con sus huertas y jardines. El visir
sevillano Abû Marwân tenía una munya a orillas del
Guadalquivir que "como todas las munyas, tenía un jardín
en el que las flores más diversas formaban perfumados arriates"
(Esplendor. pág-145).
El perfume -los olores- es parte esencial de una cultura sensitiva como
la andaluza desde tiempos tan remotos como Tartesos (recordemos las estatuillas
como la diosa de Galera con vasijas quemaperfumes o los "quemaperfumes"
tartésicos de Lebrija. . Tanto hoy como entonces, a los andaluces
nos gusta que todo huela bien, las casas se llenan de flores, frutos u
otros productos que impregnaban de intensos olores el ambiente. Como dice
Henri Pérès: "perfumes y ungüentos eran de uso
general en todas las clases sociales, y los hombres, lo mismo que las
mujeres, los usaban en gran cantidad" (Esplendor de al-Andalus. pág-314)
Una civilización tan refinada también hacía uso con
profusión de las joyas (los oros que gustaban lucir nuestras abuelas
y madres, sobre todo con motivo de las fiestas) siguiendo una tradición
muy antigua que se remonta al neolítico. Tradición que,
por supuesto, no es exclusiva de Andalucía, pero que aquí
ha tenido una especial importancia su fabricación y diseño
que va desde el repujado de las joyas tartésicas hasta los talleres
de los actuales plateros cordobeses, clara continuación de los
famosos orfebres de la Córdoba andalusí.
La música
Ya hemos visto lo amante que era el pueblo andalusí de las fiestas
en las que no faltaba la música y la danza. En cualquier tipo de
celebración estaba presente la música: bodas, circuncisiones,
veladas nocturnas (zambras) etc.. La música andalusí era
una mezcla de lo oriental con lo autóctono dando lugar a unos ritmos
con una marcada personalidad entre los que destacan las nubas en las que
el ritmo y la poesía se integran perfectamente. Con la música,
las composiciones poéticas creadas por los andalusíes como
la muaxaja y el zéjel adquieren carta de naturaleza. Es decir,
que para un andaluz, melodía y letra van íntimamente ligados.
En este sentido cabe recordar como la Copla andaluza une a la melodía
una auténtica y completa historia de la vida cotidiana en la que
prevalece el tema del amor y el desamor, normalmente contado desde el
punto de vista de una mujer al igual que la moaxaja, a diferencia de la
poesía tradicional árabe. "tanto o más que su
bilingüismo o su estructura estrófica, la novedad de la moaxaja
radica en haber incorporado a la poesía árabe, a través
de la coplilla romance recogida,(la jarcha) los tonos amorosos de la lírica
occidental cristiana, esa lírica un tanto ingenua que el poeta
coloca las más de las veces en labios femeninos" (Darío
Cabanelas y Maria Paz Torres en Poesía arabigo andaluza, revista
Litoral) La existencia de las cancioncillas romances que incluyen las
moaxajas demuestran la existencia "de una literatura romanceada en
Andalucía" como nos dice Emilio García Gómez
y profetizó el gran arabista andaluz Ribera. García Gómez
también pone de manifiesto la influencia de las jarchas en la poesía
y la música posterior: "es evidente la similitud, en métrica
y sentido, de las jarchas romances, o medio romances, descubiertas hasta
ahora con las coplas y villancicos castellanos posteriores". (E.
García Gómez, "Las jarchas romances de la serie árabe
en su marco"-Seix Barral, 2ª edicción). Henri Pérès
abunda también en este sentido: La música andaluza -nos
dice Pérès- "se enriquece con formas nuevas más
flexibles, más vivas que las que le habían sido legada;
deja cada vez más sitio a la inspiración popular al acoger
esas cantinelas y canciones que son especialmente "españolas",
la moaxaja y el zéjel. Es verdaderamente en el siglo XI cuando
la música andaluza adquiere la fisonomía que debería
mantener después; es ella la que , a su vez, se difundirá
entre los cristianos españoles e irradiará a Marruecos y
a Túnez, conservando hasta nuestros días el nombre bien
característico de canto andaluz o de palabras de Granada"
(El esplendor de Al.Andalus. pág- 395)
Aunque la influencia de la música andalusí ha sido más
patente en el norte de Africa a través de la persistencia de las
nubas también ésta influencia ha llegado hasta nuestros
días como pone de manifiesto Mahmoud Guettat en "El universo
musical de al-Andalus"- Música y poesía del sur de
al-Andalus-. "La música andalusí -nos dice Mahmoud-
fue la fuente de las expresiones más sobresalientes del lirismo
español y de los trovadores provenzales, ya sea en su cuadro métrico,
en su temática o en sus estructuras melódicas y rítmicas.........podemos
añadir que los râwi y las "troteras" moriscas,
los trovadores y los juglares (catalanes, provenzales, etc.) y más
tardíamente los cantaores de flamenco desempeñaron un papel
considerable en la transmisión y la continuidad del arte andalusí.
Por otra parte, a través de la conquista española y portuguesa,
la influencia de la música andalusí se ha extendido por
toda la América latina, donde hizo "buenas migas" con
la música nativa (según las regiones y la cualidad de los
emigrantes". Un apartado especial habría que dedicar a la
influencia de la música andalusí en la más genuina
expresión musical del pueblo andaluz: el flamenco. Como viera Blas
Infante, existe una relación, más o menos directa, entre
el fondo melancólico de la nuba andalusí cantada por ese
pueblo andalusí errante -cante jondo se llega a denominar a alguna
composición andalusí en Túnez- y la rabia melancólica
del cante jondo desarrollado en Andalucía por ese pueblo andaluz-gitano-morisco.
En este sentido cabe recordar que muchos de los "gitanos" -expresión
que se utilizaba en el siglo XVII para denominar a todos los marginados
en general- son de origen morisco y han guardado en su memoria histórica
muchas de las tradiciones moriscas.
Singular importancia tiene la cultura de al-Andalus en el movimiento cultural
que se ha denominado como modernismo, que en el caso de la arquitectura
nos ha dejado una serie de edificios calificados como de "neo-mudéjares"
y que en otros aspecto culturales como la música ha influido en
los grandes creadores del siglo pasado y de éste, no sólo
españoles como Pedrell, Albéniz, Granados, Morrera, Vives
y Falla, sino también en extranjeros, especialmente en la escuela
rusa.
Gastronomía
La gastronomía
es en uno de los aspectos culturales en el que también se ve claramente
el componente andalusí, sobre todo en la más popular, que
básicamente ha quedado inalterable. La hortaliza, sobre todo habas
y alcachofas -el tomate y la patata vendrían de América
después- junto con las legumbres, las frutas (frescas o secas),
el aceite y los cereales constituían la base de la alimentación
del pueblo. A ello se unía un poco de carne, pescado, leche y queso
en algunas ocasiones. En definitiva, la base de la alimentación
poco ha cambiado desde hace siglos pero en cada época se ha dado
un toque personal a la forma de preparar o cocinar los alimentos. En la
gastronomía actual podemos encontrar fácilmente muchos platos
que tienen una clara ascendencia de la época andalusí (ver
al-Andalus, la cocina y su historia, de L. Benavides-Barajas, editorial
Dulcinea-1992). Ya hemos mencionado, cuando hemos hablado del vino, de
los acompañantes que se servían y que constituyen un antecedente
de la peculiar costumbre del tapeo. Además, existen algunas formas
de preparar los alimentos que nos vienen de al-Andalus. Entre ellas podemos
destacar los cocidos en los que se mezclaban tres elementos básicos
de la alimentación: las verduras, carnes y legumbres; las albóndigas
y empanadas que servían para aprovechar las carnes sobrantes de
platos anteriores, las gachas, hechas sobre todo de harinas de garbanzos
y las migas hechas de trozos de pan sobrantes; los salazones -que ya tenían
una tradición reconocida desde la época tartésica-
y los escabechados con vinagres y plantas aromáticas -también
podemos ver en el garum un antecedente tartésico de éstos-
y los fritos, tanto en lo que concierne a los pescados y la carne, como
a las llamadas "frutas de sartén" (buñuelos, churros,
pestiños, roscos de huevo, piñonates..etc..). Otras características
de la cocina andalusí que nos han llegado hasta hoy es el uso de
los condimentos con multitud de especies y plantas aromáticas;
la utilización de los sabores dulces en platos salados a través
del empleo de frutos secos (almendras, castañas, piñones,,
etc.) y frutas secas (pasas, higos y dátiles, fundamentalmente)
o la miel en el guisado de carnes o pescados.
Uno de los componentes básicos de la actual gastronomía
andaluza es la chacina hecha básicamente con carnes de cerdo que
como es sabido no era consumida por la población musulmana de al-Andalus,
aunque sí por la cristiana. Sin embargo, tenemos constancia a través
de los poetas (El esplendor de al-Andalus, pág-318) de que los
andalusíes comían apreciadísimas salchichas que incluso,
-como recoge el cordobés Miguel Salcedo Hierro en su libro La Cocina
Andaluza, Editorial Nebrija- se vendían en puestos de los mercados
de los pueblos andaluces junto con el pescado frito, pinchitos, albóndigas
y otras viandas. Aunque el tema del legado gastronómico de al-Andalus
es muy amplio, no podemos dejarlo sin hacer una especial referencia a
la rica y variada repostería, en su gran mayoría legada
por el pueblo andalusí. No sólo nos referimos a las ya mencionadas
"frutas de sartén" sino a la variada pastelería
que tiene como componentes básicos la harina, el azúcar,
la miel, los frutos secos y los huevos. Los mazapanes, turrones, alfajores,
tocinos de cielo.... son algunos de los más conocidos dulces que
nos han legado nuestros antepasados de generación en generación.
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