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Este versículo es un reproche contra el hombre,
por olvidarse del origen de su procedencia y por hacer
frente a su Creador, por olvidar el secreto de su manifestación
y rivalizar contra Quien le ha manifestado. ¿Cómo
puede disputar Sus Decretos, oponiéndose a lo
que Él hace o deshace, aquel que Él creó
de una gota de esperma? Guárdate, Dios sea misericordioso
contigo, del tadbîr frente a Él.
El tadbîr es uno de los mayores velos que impiden
el acceso a los secretos del mundo invisible. El tadbîr
del alma procede de sus deseos. Si tú te apartas
de ellos, por la extinción de la individualidad,
fanâ’ y por la permanencia en Dios, baqâ’,
a la vez, sin duda que harías desaparecer el
tadbîr de ti mismo y para ti mismo. ¡Qué
mal servidor es aquel que ignora la forma de operar
de Dios, olvidando la excelencia de Su atención!
¿No has prestado atención a lo que Él
dice? “Di: Con Dios es suficiente” (C. XIII.14
y otros). ¿Dónde está esa satisfacción
con Dios en alguien que practica el tadbîr frente
a Él? Si se hubiese contentado con el tadbîr
de Dios, habría cortado con su tadbîr frente
a Dios.
El tadbîr es el mayor contratiempo, que sobreviene
a los que se dirigen a Dios y aspiran a seguir la vía
espiritual, antes de que se consolide la certeza y se
adquiera la fuerza y la madurez.
La gente profana y extraviada responde por medio de
los pecados, de la desobediencia y de sus pasiones,
a la llamada de Satanás, de modo que éste
no tiene necesidad de sugerirles el tadbîr y,
si se lo sugiriese, inmediatamente lo aceptarían.
Pero no es esa la manera más poderosa que tiene
de hacerse con ellos. Sin embargo, con los hombres de
virtud que buscan a Dios, solamente puede entrar de
este modo, ya que no puede hacerlo de otra forma. Cuán
a menudo, la preocupación del tadbîr y
la reflexión sobre los propios intereses hacen
que el que practica un wird [i], descuide su wird y
su estado de presencia! ¡Cuán a menudo,
al que tiene un wird, Satanás busca su punto
débil y arroja en él las maquinaciones
del tadbîr enturbiando la claridad de tal momento!,
porque es tu mayor envidioso cuando te encuentras en
un estado de pureza y lucidez.
Las sugestiones del tadbîr acechan al hombre de
acuerdo con su estado. Hay quien está preocupado
en cómo lograr lo que necesita ese día
o al día siguiente. Su remedio está en
darse cuenta de que Dios, exaltado sea, es el responsable
de su sustento: “No hay ser que ande por la Tierra
cuyo sustento no sea cosa de Dios” (C. XI.6).
El desarrollo del tema sobre el sustento se hará
en un capítulo aparte, si Dios quiere.
Aquel cuyo tadbîr consiste en rechazar el daño
del Enemigo, que carece de capacidad propia, debe ser
consciente de que, quien teme a Dios, el mechón
de su cabello está en Sus Manos y Satanás
no puede actuar más que como Dios quiera que
actúe. Puede recordar todos estos versículos:
“Quien se confía a Dios, Él le basta”
(C. LXV.13), “¿Acaso Dios no le basta a
Su siervo cuando te intimidan con otro que no sea Él?”
(C. XXXIX.36), “Aquellos a los que se les dijo:
‘las gentes se han reunido contra vosotros, temedles’.
Esto acrecentó su fe y respondieron: ‘Dios
nos basta, ¡qué excelente Custodio’!
Volvieron con un beneficio y una gracia de Dios, sin
que ningún mal les alcanzara, y obtuvieron la
Satisfacción de Dios. Dios posee una gracia inmensa”
(C. III.173,174).
Presta atención con el oído de tu corazón
a lo que Él quiere decir con estas palabras:
“Cuando temas por él, arrójale en
las aguas y no temas ni te aflijas” (C. XXVIII.7)
[ii]. Date cuenta de cómo Dios es el mejor recurso.
Él ofreció su asilo al decir: “Él
da asilo y no recibe asilo de nadie” (C. XXIII.88).
Él es el mejor custodio de acuerdo con Su palabra:
“Dios es el mejor Custodio, y el más Misericordioso
de los misericordiosos (C. XII.64).
Cuando el tadbîr se deba a unas deudas que deben
pagarse sin falta y cuyos prestamistas no aceptan más
demora, piensa que Quien te lo facilitó con Su
gracia es Quien con Su gracia se hará cargo por
ti. “¿Puede pagarse el beneficio si no
es con el beneficio?” (C. LV.60) ¡Qué
calamidad la de quien se siente tranquilo con lo que
tiene entre sus manos y no se siente tranquilo con lo
que está en manos de su Señor!
Si el tadbîr fuese por una familia que has dejado
tras de ti, no debes preocuparte. Aquel que se ocupará
de ellos tras tu muerte, es Quien se preocupa de ellos,
cuando tú estás y cuando faltas, en el
transcurso de tu vida. Presta atención a lo que
dijo el Enviado de Dios: “Dios mío Tú
eres el Compañero de viaje y El que se queda
a cargo de los nuestros”. Aquel en quien confías,
cuando estás presente, es El mismo en Quien debes
confiar, cuando no lo estás. Mira lo que dijo
uno de ellos: “Hacia Quien vuelvo mi rostro es
a Quien dejo a cargo de los míos. Él siempre
es consciente de su estado y, Su favor con ellos, engloba
mi favor”. Si Dios es más misericordioso
con ellos que tú, no debes preocuparte por quien
Él mismo se ocupa.
Si tu preocupación y tu tadbîr se debe
a alguna enfermedad que te aflige, y temes que pueda
alargarse y complicarse más, piensa que las pruebas
y las enfermedades tienen un plazo. igual que ningún
ser muere sin que se cumpla el término de su
vida, ninguna prueba termina hasta que se cumpla su
plazo: “Cuando les llega su plazo no pueden retrasarlo
ni adelantarlo una sola hora” (C. X.49).
Cierto maestro dejó un hijo huérfano.
Al cabo de un tiempo, el hijo tuvo dificultades y, como
su padre tenía varios discípulos dispersos
por Irak, pensó en recurrir a alguno de ellos.
Por fin decidió ir a visitar al que, según
la gente, era el más digno de ellos. Este le
recibió y le trató con todo tipo dc atenciones.
Luego le preguntó: “Oh mi señor,
hijo de mi señor, ¿qué te trae
por aquí?”
— “Me encuentro sin posibilidades de ganarme
la vida y desearía que le hablases de mí
al gobernador de la región para que me concediera
algún puesto que solucione mi situación”,
le explicó. El shaij permaneció cabizbajo,
luego levantó su cabeza y dijo:
— “No está en mi poder convertir
el comienzo de la noche en una aurora. ¿Quién
seré yo a tu respecto cuando gobiernes Irak?”
El hijo del shaij salió de su casa enojado sin
comprender lo que había querido decir aquel hombre
piadoso. Pasó el tiempo, el califa buscó
a alguien como maestro de su hijo, y le hablaron de
él, diciéndole que era el hijo de fulano.
De este modo fue llamado para enseñar al hijo
del califa. Permaneció con él durante
su período de enseñanza y continuó
a su lado durante cuarenta años, de modo que,
al morir el califa, ese hijo que fuera su discípulo
le sucedió en el gobierno del Irak.
Si piensas en una esposa o una esclava que pueda hacerte
compañía y preocuparse de tus necesidades,
ten en cuenta que los bienes y favores de Aquel que
puede facilitártela no se interrumpen jamás.
Él es Todopoderoso para concederte beneficios
aún mejores que los que tú echas en falta.
¡No seas de los ignorantes!
Los aspectos y particularidades del tadbîr no
pueden enumerarse, y no puede hacerse un estudio profundo
y detallado de ellos ni siquiera de forma resumida.
Cuando Dios te otorgue la capacidad de comprensión
te hará conocer cómo debes actuar.
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